CAPITULO ÚNICO

Marina era malhumorada, sarcástica, con un toque de arrogancia y superficialidad…

Bueno… esa fue la impresión que tuvo de ella el día que se conocieron.

Un sorprendente contraste con Lucy y Anaís, pero tal vez eso fue lo que hizo que el trío funcionara.
Se habían complementado entre sí y encajaban perfectamente como un rompecabezas.

De cualquier forma él no podía cuestionarlo ya que Mokona las había elegido y, después de todo, eran las únicas aceptadas por los míticos y legendarios genios de Céfiro.

Pero las cosas habían cambiado un poco a lo largo de estos años. No estaba muy seguro de que manera habían cambiado él o la misma Marina.

Sin embargo, había algo de lo que estaba completamente seguro, y eso era de que ambos habían dejado ir a esas personas que alguna vez habían amado con todo su ser.

De una forma u otra, su mente y su corazón se habían curado mientras se encontraba dentro de ese coma. Por lo que, llegó a la conclusión de que lo que había sentido por Lucy no era en realidad amor verdadero, sino una extensión de su deseo de vivir y la necesidad de una pizca de esperanza en su vida.

El mundo de Céfiro, Latis y Lucy habían complementado su ser de alguna forma, y él había tratado de aferrarse a ellos como el moribundo desesperado que era. Pero ahora, completamente sano reconoció que, sus sentimientos y deseos no eran más que un apoyo más para sobrevivir.

Marina, por otro lado, tuvo una relación de lo mas insólita con Gurú Clef. Se había perdido un poco del cómo fue que había comenzado debido al coma. Todo lo que sabía era que se trataba de un amor apasionado y tortuoso, todo un torbellino de romance.

Dada la personalidad de ambos, no se sorprendió del todo. De lo que no estaba seguro fue qué causó que Marina se alejara de Clef de esa forma tan abrupta.

A pesar del dolor que claramente reflejaba su ser, ella jamás suplico, ni volvió su mirada atrás. Por otro lado, Guru Clef parecía ser él más afectado, su semblante serio y cabal, ahora era el reflejo del más puro arrepentimiento y culpa al haber dado por terminado a ese idílico romance.

Todo esto había dado como resultado que casualmente ambos pasaran mucho tiempo juntos. Jamás había imaginado lo mucho que le agradaría el pasar tiempo a su lado.

Había tropezado con los esfuerzos de Marina al aprender a cocinar, Por lo que al inicio comenzó con un total desastre, desastre que se compensaba con la forma de hornear esas delicias de azúcar que ella preparaba. Marina lo había atraído y capturado sin saberlo, a él, el mayor amante de dulces en todo el castillo.

Y aunque en un inicio su percepción hacía Marina no era del todo agradable (Malhumorada, sarcástica, y arrogante), comenzó a ver estos rasgos de manera más positiva, y a tomar en cuenta, muchas otras cualidades más, sin duda alguna.

Por ejemplo, ella era una persona sumamente lista y estaba armada de respuestas ingeniosas. Sus conversaciones eran siempre animadas y su pelea verbal siempre lo había mantenido alerta.

Ella era amable y considerada, aunque a veces le era muy difícil expresarlo adecuadamente, un ejemplo claro son, las largas horas que pasa horneando para los residentes del castillo, cuando a ella misma no le agradan tanto los dulces.

Ella siempre ha poseído esa elegancia y sutileza cuando se batía en duelo con movimientos suaves y fluidos que hacían que pareciera que estaba bailando.

Ahora lograba entender por qué Clef se había sentido atraído por ella.
También tenía sus momentos de debilidad y melancolía, aspectos que prefería no mostrar a la gente para que no se preocuparan por ella. En esa ocasión, la había encontrado junto al mar, perdida en sus propios pensamientos. Era una imagen hermosa y era un recuerdo que atesoraba en secreto.

Ceres, sin lugar a dudas, había elegido a la persona adecuada. Marina era tan profunda, misteriosa, tranquila y a la vez salvaje como los océanos.

Había tanto en ella que él ahora apreciaba.
Solo así, Marina se había deslizado sin saberlo muy dentro en su corazón.
Apoyado en la isla de la cocina, la vio sumamente concentrada, mientras terminaba de decorar su último proyecto de repostería.

Tardó en darse cuenta, pero sus ojos delataban la profundidad de su ternura por la chica de cabello azul. Sin lugar a dudas, Águila estaba total y completamente fascinado y enamorado.

-"Prueba esto. ¿Es la cantidad adecuada de azúcar.?- Marina le dio una cucharadita en la boca.

Asintió, saboreando el dulce sabor del chocolate, perdiéndose en la mirada profunda de Marina frente a él.

Por lo general, ella era muy cuidadosa al hornear, pero aun así, tendía a ensuciarse un poco. Allí estaba ella, con una mancha de harina en la mejilla derecha y una pequeña mancha de chocolate en la comisura de la boca.

Si había algo que había aprendido de Lucy, era que a veces todo el amor solo necesitaba un poco de impulso.
Así que no lo pensó y actuó instintivamente.

Toco suave y delicadamente su mejilla para limpiar la harina con el pulgar, para después, atraerla hacia sí y depositar un dulce beso en el lugar exacto donde estaba el chocolate.

Y pensar que ella no le agradaba en absoluto….