Advertencia: Spoilers de todo el juego de Little Nightmares 2, incluido el final, así que, si no lo has visto o jugado, te recomiendo leerlo bajo tu responsabilidad. También incluye spoilers de los mini comics de la franquicia. Si no los has visto, te recomiendo buscar tanto en IOS como en Android "Little Nightmares comics" y te saldrá una aplicación con exactamente ese nombre y un icono negro con la figurita de Mono y un ojo a su alrededor. Consta de 6 capítulos que expanden un poco el mundo de LN, a los cuales, se les hacen referencia tanto al primero como al ultimo publicado hasta la fecha. Y tal como dice la propia app, pónganse audífonos mientras los ven.


Pistantrofobia

Def. Como toda fobia, es un miedo irracional y exagerado, y está orientado, en concreto, a la confianza en otras personas. Es decir, es el miedo irracional y exagerado a confiar en terceras personas.

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Su cabeza dolía y sus oídos rezumbaban sin parar. Intentó con todas sus fuerzas recobrarse, levantándose lentamente del suelo hasta quedar apoyado en sus codos.

–"Six". – Vino a su mente, enfocando por fin los ojos, la vio tirada a su lado, al igual que una fusca del doble o triple de su tamaño.

Claro, el cazador, le dispararon al cazador. Miró hacia la puerta con miedo de que regresara a asomarse por el agujero que dejaron en esta, tal como lo había hecho antes de accionar el arma, pero pasaron los segundos sin que nada ocurriese, aliviándolo.

La niña por fin se movió, intentando recuperarse también. Sintió como le empujaba la pierna para intentar llamar su atención, así que decidió por fin moverse. Se levantó tambaleante, aun escuchando un ligero pitido en sus oídos, apoyándose levemente de la mano que ella le ofreció.

Le preguntó si se encontraba bien, a lo que ella asintió y se alejó de su agarre, parecía que aún no confiaba de todo en él.

Salieron del cuarto, caminando hasta encontrar una puerta en la orilla del mar. Sabía que, si se subían, irían a Ciudad Pálida, era algo inevitable, por más que no quisiera ir, y el hecho de que Six tomase posición para empujarla, no ayudaba en nada su negativa. Suspirando, se acercó a su lado y empujó la puerta, subiéndose un poco detrás de ella al otro lado de la plancha para emprender el viaje a la continuación de su pesadilla.

Sin quererlo, su mente viajó a los recuerdos de otros Mono pasados, pasando a través de cada fragmento como en un simple sueño. Cuando recordó la parte de la escuela, sentía una bruma cubriendo cierta parte, una neblina que no dejaba rememorar algo importante que le oprimía el corazón y llenaba de alertas de peligro su cabeza, pero no comprendía ni sabía el porqué, es como… si algo bloquease esa memoria. Parpadeó varias veces al divisar televisores en el agua, saliendo de su incertidumbre.

Estaban cerca, podía sentirlo, la señal de La Torre estaba llamándolo, su yo del futuro lo esperaba dentro. Se levantó en su balsa improvisada y la vio, alzándose entre la bruma, las exageradamente grandes murallas de Ciudad Pálida. Percibió a Six pararse junto a él, observando con su inexpresivo rostro el nuevo e inexplorado territorio, por lo menos, para los niños del presente, apenas percibiéndose la sutil pasada de saliva a través de su garganta.

Tenía miedo, lo sabía, era un nuevo lugar donde era más probable que llegasen a morir en cada esquina que salir con vida, pero era Six, una guerrera que ha sobrevivido a tanto adultos como a la cruel naturaleza del mundo, y tal como otras veces, saldría adelante incluso si eso significaba soltar su mano sobre un oscuro abismo en el proceso. Sus hombros se tensaron y la respiración se le cortó, de nuevo sentía esa opresión en el pecho y el amargo sabor de la traición subió a su boca, llenándole la mente con tantas cosas dolorosas.

Una parte de él quiso empujarla al agua y dejar que se ahogara, sería una forma más sencilla de acabar con ese maldito bucle y liberarse de una vez de tanto sufrimiento, pero otra parte, el niño amable y considerado que pensaba que todo el mundo lo odiaba -no por nada usaba una bolsa de papel para cubrir su rostro del cruel exterior-, rechazaba la idea con creces. No la había rescatado de la cabaña del cazador para luego asesinarla y terminar con todo eso rápido. No, lo había hecho porque quería salir junto a ella, ser libre a su lado por fin y prevenir que siguiese escondida detrás de una máscara de porcelana rompiendo cuantos espejos tenía en frente para no ver su horrible reflejo.

¿Eh? ¿De dónde vino ese último pensamiento? Intentó pensar con más claridad, pero un fuerte dolor de cabeza se lo impedía.

–Ey. –Miró a Six al escuchar su llamado, pareciendo que ya estaban cerca de la orilla. Le agradeció internamente al sentir como su mente se despejaba y el dolor se iba, decidió que pensaría mejor sobre eso más tarde.

Caminaron a por la suave arena, sintiendo cosquillas en las plantas de los pies. A lo lejos observó una sombra delante de un televisor, entristeciéndolo de sobremanera. Se acercó cauteloso a ella, siendo seguido un poco de lejos por Six, viendo a la figura ennegrecida y con la silueta de un niño, sin notarse sus facciones más allá de algunos gestos con el cuerpo; al estar cerca, la tocó y absorbió, sintiendo un cosquilleo doloroso por la estática que desprendía. La pelinegra lo observaba desconfiada, pareciendo haber notado lo que había hecho, pero, aun así, seguía sin decir ni una palabra.

Le indicó a Six que lo siguiera corriendo hasta la puerta que estaba abierta, entrando y encontrando una habitación solitaria, sin ninguna alma alrededor, solo una prenda de ropa colgando de una televisión, la cual, a su vez, parecía colgar del techo, tan entretenidos y curiosos estaban con la vista de la extraña imagen que se exaltaron un poco por el pequeño portazo de la puerta al cerrarse. Calmándose, caminaron hasta encontrar una ventana por la cual salir, llegando a un callejón desolado.

No importaba cuantas veces llegue a esa ciudad, siempre le daba la misma sensación de vacío y miedo, más al saber lo que se avecinaba más adelante. Miró de reojo a Six, quien también parecía tener la misma sensación que él.

Subieron por una ventana, entrando a lo que parecía ser una cafetería abandonada, habiendo solo ropa adornando las sillas el suelo. A primera vista, la ciudad parecía más un pueblo fantasma que otra cosa, aunque claro, ellos no tenían mucho con que comparar.

–¿Tienes hambre? –Le preguntó, pensando en si buscar algo de comida, ya sea para ese momento o para el largo camino. La vio negar con la cabeza. –De acuerdo, pero lo mejor es llevar provisiones por si acaso. –Le sonrió, claramente sin que se notara por su bolsa de papel, solo expresándose con el movimiento alegre de su cuerpo. –Ayúdame a buscar algo para después. –Asintió, apoyándolo para subir a una de las sillas vacías y luego saltó a la barra, sería más fácil encontrar algo de comer ahí arriba que en el suelo. Buscó con la mirada algo apetecible o, por lo menos, comestible.

Encontró algunos pedazos de pan con apenas algo de moho, quitándolo al arrancar esas partes afectadas por el hongo, metiéndolos en su abrigo y regresando entre saltos con ella. Volvieron a caminar hasta encontrar una puerta al otro lado de un pasillo. La empujó y entraron a otra habitación con una televisión en el centro rodeada de otras más, atada por una cuerda al techo. Ignorando eso, llegaron a una ventana alta, donde Six se posicionó debajo para hacerle escalerita y darle un empujón.

Al estar al otro lado, examinó el lugar para encontrar una forma de hacer que Six pasase, caminando detrás de otra TV y se trepó, saltando hasta una cuerda que colgaba justo por encima de un agujero, sabía lo que pasaría si se balanceaba y golpeaba el aparato amarrado con una cuerda, el subiría hasta el segundo piso donde contraria otro televisor y así subiría su compañera, así que, hizo justamente eso, se balanceó varias veces, empujando la televisión, mientras escuchaba que Six lo llamaba para ayudarla a subir, sin poder responderle por el continuo choque contra el aparato, la derribó y salió disparado al segundo piso.

–¡Un momento, Six! ¡Ya voy! –Gritó al estar por fin en el suelo de madera, volviendo a escuchar su tierno "ey", pasando por un marco sin puerta para tirar otra televisión que servía de contrapeso para otra, viendo como la niña subía encima de otra caja hasta un piso arriba del suyo.

Corrió escalera arriba, llegando a donde no había mas piso, Six justo llegó al otro lado, llamándolo para ayudarle a cruzar. Retrocedió un poco y corrió, tomando un pequeño impulso hasta caer y lograr tomar su mano. Recuerdos tan parecidos inundaron su mente, por un momento temió que no lo levantara y lo dejara caer para morir al no ser La Torre para que lo "salvara" de la muerta entre sus carnosas paredes, pero aun contra su desconfianza, la niña lo alzó hasta dejarlo en "tierra firme". La miró con extremo agradecimiento, aunque con su bolsa no lograba apreciarse, así que solo soltó un pequeño "gracias, Six", recibiendo un asentimiento de su parte, para seguir con su camino. Pasó por donde vino la pequeña, llegando a donde otra sombra fantasmal de un niño lo esperaba, e igual que antes, se acercó y quejó levemente al sentir la estática pasar nuevamente por su cuerpo.

Ignoró el peso de la mirada de Six y volvió a subir, pasando por unas maderas partidas y llegando al otro lado, entrando a un cuarto con más prendas colgando del techo, como si la persona se hubiese colgado y desapareciera en el acto, nada más que su ropa quedándose atrás. Se introdujo por una puerta, cayendo en la habitación al haberse atorado con la madera rota.

Una televisión se encendió de la nada y su cabeza comenzó a dolerle, conocía demasiado bien esa sensación, la conocía tanto que no quería hacerlo, no quería acercarse a la pantalla y entrar en ese infernal pasillo, pero su cuerpo, aun en contra de su voluntad y el extremo dolor que estaba sufriendo, nublando por completo su juicio, avanzó hasta el aparato con la mano izquierda extendida y la derecha sujetando un costado de su cabeza intentando mitigar la horrible migraña.

Lo llamaba, el Hombre Delgado lo llamaba, su futuro yo exigía que lo liberase. Cuando al fin tocó la pantalla, se concentró entre tanta estática, canalizando y sintonizando una imagen con sus poderes en desarrollo. El pasillo por fin se visualizó, tragándolo a su espacio-tiempo, ralentizando sus movimientos desesperándolo. Odiaba esa sensación, odiaba ese sentimiento de saber que algo malo habría cuando llegase a la puerta y la abriera. Según antiguas memorias, antes tenía curiosidad y quería llegar al final para saber de su extraña ansiedad e intriga, pero sabiendo por fin lo que había y lo que ocurriría, quería que algo le clavara los pies al suelo para evitar seguir moviéndose en la única dirección posible.

Continuó corriendo, estando a unos pocos metros cuando su alrededor comenzó a temblar y fue sacado abruptamente de la televisión, cayendo sobre el firme suelo de la habitación con Six a su lado. Ella fue la primera en levantarse, aun confundida y sin saber que había pasado realmente, mirando constantemente entre el chico y el aparato, cuando entró al cuarto, vio a Mono colgado del televisor con la mitad superior de su cuerpo dentro de la pantalla y parte inferior fuera de esta, viéndose una extraña imagen del muchacho corriendo lentamente por un pasillo, actuó por instinto y lo saco de lo que sea que estaba haciendo, sintiendo un raro pánico recorrerla, sintiendo que lo que estaba haciendo era peligroso y, siendo ella, intentaba mantenerse alejada del peligro. Mono, en cambio, aun se recuperaba en el suelo, sentándose y quedándose así un momento, intentando descifrar y desechar el recurrente sentimiento de ira y miedo de su interior, ira por no poder controlarse, miedo por saber lo que pasará mas adelante.

Se puso de pie con una respiración profunda, soltando el aire lentamente, ambos sin decir ni una palabra, ella mirándolo bajo su flequillo intrigada y con algo de miedo, y él, simplemente evitando mirarla para dar una explicación silenciosa. Sabía que tenía que decirle algo, pero no sabía ni que, así que actuó como en vidas anteriores, sin saber lo que había pasado y dejarlo pasar.

Al estar listo, se dirigió a la ventana que daba al exterior del edificio, seguido un poco de lejos por Six; dio un salto y dio unos pocos pasos para caer sobre un basurero, afortunadamente lleno para salvarlos de una dolorosa caída. Espero a la pelinegra y siguieron andando hasta llegar a otro basurero pegado a una reja, el cual movieron y se encontraron con un agujero lo suficientemente grande por el cual pasar sin problemas, lo cual hicieron.

Se toparon con un gran edificio y un patio de juegos, sacándoles escalofríos por lo aterrador que se veía. Volvió a oír el pasar pesadamente saliva de Six, incluso ella sentía el peligro que se encontraba dentro, un peligro muy estricto y con un cuello ridículamente flexible. Repaso de nueva cuenta los hechos que se encontrarían en su interior, pero a partir de cierta parte, su cabeza volvía a doler y esta vez escuchaba y veía estática, como ruido blanco, que le impedía saber lo que pasaría.

Negando con la cabeza, intentó aligerar un poco el ambiente trotando a la pequeña zona de juegos, el cual consistía en solamente un columpio de una llanta amarrada a un poste de madera, otro de una pequeña placa de madera colgando por dos cuerdas a unas barras de metal, un sube y baja, dos canchas de futbol, una a cada extremo, y un balón justo delante de la más cercana al edificio.

–Ven, Six. –La tomó de la mano, llevándola al sube y baja, subiendo por el extremo de madera que estaba en el suelo y caminando hacia el otro que estaba hacia arriba, bajando lentamente hasta quedar pegado al piso, repitiendo el proceso algunas cuantas veces. Entre los movimientos de un lado a otro, de pronto resbalaban, sacando algunas risillas nerviosas de Mono y una que otra sonrisa de Six. Cuando ambos se aburrieron, bajaron del juego y fueron hasta los columpios, incitándola a que se subiera al que estaba más a su altura, el de madera, para poder empujarla, al oírlo, lo miró de mala forma. –Digo, balancearte, solo serán pequeños empujones, para divertirnos. –Intentó explicarse nerviosamente, negando con las manos delante de él. Se le quedó viendo unos segundos aun desconfiada, pero con darle una mirada de advertencia, subió, sujetándose fuertemente de las cuerdas en caso de que realmente la tirase. Se posicionó detrás de ella, poniendo las manos en su espalda y empujándola delicadamente, logrando que se moviera con un suave balanceo. –Cuando vayas para el frente, extiende las piernas, y cuando vayas hacia atrás, dóblalas, así tomarás más impulso y será más divertido. –Le dio instrucciones, las cuales obedeció al pie de la letra, provocando que poco a poco se alejara de ella por el ritmo y altura que estaba tomando.

Sonrió feliz, escuchándola soltar de repente algunas risitas divertida, hasta convertirse en pequeñas carcajadas. De reojo alcanzó a ver una sombra, así que, mientras ella se entretenía y divertía balanceándose, caminó hasta el remanente sombrío de los niños que el Hombre Delgado dejaba al llevárselos en su afán de querer salvarlos de ese mundo, lo sabía porque, eso es lo que él haría si pudiera hacerlo, incluso es lo que hacía cuando salvaba a otras pobres almas en desgracia. Sus ojos se desviaron hacia Six, viéndola a través de los hoyos de su bolsa, nunca la vio divertirse de esa forma, apenas y un poco cuando llegaron a la zona de juegos del hospital, pero verla riendo y fascinada por la física del columpio le hizo tener un extraño sentimiento de impotencia. "¿Habrá sido divertido para ella haberlo dejado caer?" fue el pensamiento que se cruzó por su mente, mientras tocaba la sombra y el cosquilleo lo recorría entero. "¿Su futuro yo se habrá divertido cuando la convirtió en esa cosa deforme obsesiva con su caja musical?", quiso creer que no, pero el odio y resentimiento del Hombre Delgado ensombrecía cualquier otro sentimiento que pudiese tener debido a la traición y no podía percibirlos con claridad.

–Ey. –Volteó al oír su llamado, encontrándola de pie al lado del columpio ya quieto, notó que le hacía un gesto con la mano y luego apuntaba a la pelota al lado de la cancha más cercana al edificio. El niño sonrió, entendiendo su duda.

–¿Quieres jugar con ella, Six? –Al verla asentir, corrió hacia esta, tomándola en sus brazos. –Atrápala. –Pidió cuando la tuvo cerca, dando unos pasos para atrás, aventándosela y siendo apenas atrapada por ella, repitiendo su misma acción. Se la estuvieron pasando de brazos en brazos, luego con patadas entre risas, por un momento, se sintió en paz, olvidándose de todo lo malo del mundo, del pasado y futuro, solo concentrándose en el presente de él jugando con Six como niños que eran sin tener que escapar ni preocuparse de las cosas crueles como los adultos o animales que los comieran.

Cuando se cansaron, se sentaron en el primer peldaño de la entrada, tomando un respiro. Disfrutando del inquietante silencio que los rodeaba, aunque no era incómodo.

Al pasar unos minutos, Six se levantó, dando a entender que era hora de avanzar, así que él también se puso de pie, se sacudió el saco y caminaron hasta las sabanas unidas y colgantes que serían su entrada a la escuela.

–Iré primero, ¿te parece? –La miró, ladeando la cabeza. Ella asintió después de jalar las sabanas y ver que era seguro subir, dejándole espacio para que pudiese escalar sin problema, lo cual hizo, dio un salto y se aferró a la tela, comenzando a trepar, siendo seguido por ella. Al llegar a la cima, entró por fin al pasillo, ignorando el olor de algo quemado de una papelera por entre unos bancos de madera, esperando que no fuese algo que antes estuvo vivo. Llegaron al final del corredor donde había unos cuadros, siendo el más grande el de una mujer anciana, y un interruptor en una de las paredes, al cual saltó y apagó la iluminación, filtrándose la luz por entre los ojos vacíos de la pintura de la mujer, por lo que supusieron que debían encontrar la forma de tirarlo. Accionó de nueva cuenta el interruptor, encendiendo las luces otra vez.

Le hizo una señal a su acompañante para que lo siguiera a una de las puertas que estaba abierta, entrando y viendo literas donde creyeron que antes dormían niños. Six, como muchas veces en vidas anteriores, era la que pensaba más rápido y le daba una solución, esta vez tomando un cubo de juguete y lanzándolo, dándole a entender que podían usarlo para tirar el cuadro al golpearlo. Asintió de acuerdo, tomando otro cubo y ella el que anteriormente había arrojado, volviendo al pasillo principal.

–A la cuenta de tres. –Indicó al posicionarse delante de la pared con ella a su lado. –Uno, dos, ¡tres! –Arrojaron los juguetes, y tal como predijeron, el cuadro de la anciana cayó, mostrando un túnel que daba a otra habitación. –Bien, Six. –La felicito, subiendo y llegando al cuarto con una silla debajo de la lámpara, teniendo una cuerda alrededor del respaldo, definitivamente habían tenido cautivo a alguien en algún momento, y no quisieron imaginar lo que le pasó después, pero podían suponerlo, aun así. Detrás de la silla estaban algunos rayones en la pared, indicando que esa persona -o varias- habían pasado muchos días encerrados en ese cuarto.

Trató de averiguar cómo salir de ahí, hasta que escuchó un rechinido y se giró hacia dónde provino, siendo Six pasando una y otra vez por un pedazo de piso suelto que era el origen del ruido. Se acercó a ella, imitándola para ver si con el simple hecho del peso de ambos caía, no obstante, al no ver resultado, dio un salto algo molesto, sintiendo que la madera floja se movía mas. Miró a Six, quien pareció tener la misma idea y comenzó a saltar al igual que él. Y aunque esta vez sí vieron un poco de movimiento, no fue mucho como para que cayeran.

–Hagámoslo juntos, Six. –Tomó sus manos sin pensarlo mucho, ella asintió de acuerdo. –Bien. Uno, dos y… ¡tres! –Saltaron, aflojando aún más el suelo. –De nuevo. –Saltaron una última vez, cayendo de pie sin lastimarse por la corta distancia. –¿Estás bien? –Asintió. –De acuerdo, sigamos.

Continuaron su camino hasta encontrar una zona en la que tenían que bajar, lo cual hicieron con cuidado y encontraron una rejilla de ventilación, entre los dos la jalaron y pudieron abrirla, entrando para caer en otra parte de la escuela. Dieron unos cuantos pasos hasta ver, muy apenas debido a acostumbrarse a la oscuridad, una taquilla tirada, aunque claro, ellos no sabían el nombre especifico del mueble. Se acercaron para subirse encima y continuar, pero se detuvieron abruptamente al ver una luz y sombra provenientes del pasillo doblando la esquina, algo con un cuello extremadamente largo cerró la puerta.

Miró de reojo a su acompañante, la cual estaba en una pose de alerta para en caso de huir rápidamente. Cuando escuchó los pasos de esa cosa alejarse, le hizo una seña para seguir, llegando hasta un balde colgando por una cuerda del techo, la miraron curiosos, a Mono se le hacía familiar, pero no lograba descifrar de donde, hasta que pasaron por la puerta de al lado y vio una pelota en el suelo, y queriendo acercarse a ella para pasársela a Six como en el patio de juegos, pasó por encima de una tabla algo levantada, escuchándose un pequeño rechinido por parte de esta y el accionamiento de un mecanismo.

–¡Cuidado! –Se le echó encima a Six para evitar que otro balde, esta vez a toda velocidad, chocara contra ambos. Se mantuvo sobre ella en el suelo en lo que el movimiento de la pieza dejaba de efectuarse, hasta que escuchó un gruñido de su parte, provocando que se alejara de inmediato con las manos alzadas. –¡Lo siento!

Six lo observaba con recelo sentándose, para después levantarse y mirar el suave balanceo del cubo de agua, acercándose y viendo que estaba lleno de arena o algo parecido para hacerlo más pesado y, en consecuencia, más letal.

–Hay trampas por todo el lugar, ten cuidado donde pisas. –Se encogió levemente al sentir la pesada mirada de la pelinegra. –Sí, lo sé. Yo accioné esa, pero eso no significa que no tendré más cuidado y que tampoco tú lo tengas. –Jugueteó con sus manos, escuchándola gruñir. –Vamos, continuemos. –Avanzaron, pasando por debajo de una lámpara suspendida sobre el suelo, escuchando los pequeños pasos de alguien del otro lado de una pared. Se miraron, asintiendo al estar de acuerdo de que no estaban solos en ese sitio. Pasaron a través de un agujero y entraron a otro pasillo, evitando otra madera levantada de un salto hasta llegar a un cruce, escuchando y viendo por el rabillo del ojo a un niño correr. Los bullies los estaban cazando, él sabía lo que eran, pero Six no. Fue a revisar por donde lo había visto irse, seguido por ella cautelosamente, esquivando otro piso levantado y al no ver nada, volvió a su lado, no sin antes haber tropezado con la madera y saltado justo a tiempo para no ser aplastado por un casillero que cayó del techo. –¡Lo siento! –Lloriqueó cuando Six se cruzó de brazos como un claro mensaje de "¿es en serio?", para después ayudarlo a ponerse de pie.

Tomó un respiro, mirando el mueble metálico con un puchero, sintiendo un jaloneo en su brazo, posando sus ojos sobre la niña, quien apuntaba una puerta abierta detrás de unas taquillas amontonadas. Treparon y entraron a otro corredor, caminando hasta encontrar un juguete de madera con forma de pato, alcanzó a detener a Six antes de que siguiera avanzando para tomarlo.

–Es una trampa. –Apuntó a lo que parecía ser la tabla de un escritorio mallugada, miraron al techo y vieron una lámpara de techo sujetada por un mecanismo. –La soltaré para poder usarla como escalón, ¿bien? Quédate detrás. –Caminó hasta estar a medio metro del pato, observando el piso delante de este. Tomó un profundo respiro y se detuvo justo delante del juguete, escuchando el mecanismo que soltaría la lámpara y se agachó justo a tiempo para sentirla pasar sobre su cabeza y chocar contra la mesa. –¿V-ves? Pa-pan comido. –Se levantó tembloroso, si no hubiese tomado esa acción, probablemente su querida bolsa de papel habría volado con todo y su cabeza incluida dentro.

Subieron y pasaron al otro lado de lo que realmente era un escritorio viendo una figura cruzando la puerta, no tomándole tanta atención, ellos también entraron. Los hombros de Mono se tensaron, sintiendo un escalofrió pasando desde la nuca hasta los pies y un dolor de cabeza le hizo ladearla. Un efímero recuerdo pasó por su mente, pero ni siquiera pudo visualizarlo bien, solo sabía que algo ocurriría en ese lugar, pero no tenía ni idea de que, su cerebro aun no podía procesar nada. Unos toques en su brazo le llamaron la atención, siendo Six que lo miraba confundida.

–No es nada. –Le sonrió para tranquilizarla, siendo su voz suave lo que realmente lo hizo. Agarró su mano, dándole un ligero apretón para sentirse mejor, provocando que la preocupación llenara su corazón de forma aún más pesada que antes, cortando su respiración. ¿Qué es? ¿¡Qué era!? ¿¡Qué había en ese corredor para hacerlo sentir de esa forma!? El apretón de manos fue correspondido, sacándolo de sus alterados pensamientos, volviendo a mirar a la niña, quien le hacía un gesto con la cabeza para seguir su camino. –Sí, lo siento. Tienes razón, debemos seguir. –Soltó el agarre, volviendo a andar.

Seguía sintiendo esa inquietud, y mientras más avanzaban, esta aumentaba. Frunció el ceño con confusión al ver un martillo, alertándose un poco al oír un golpeteo de las taquillas, pero pensando que era algo que podía ignorarse, siguió acercándose a la herramienta. Otro recuerdo inundó su mente, un casillero cayendo encima de él y los gruñidos de pelea de Six, fue demasiado tarde cuando se dio la vuelta para advertirle que corriera, cuando la taquilla fue empujada y cayera encima suyo, atrapándolo inevitablemente.

–¡No! ¡Six, corre! –Golpeó con sus puños, escuchando como los niños de porcelana peleaban contra la pelinegra y los gruñidos de ella. –¡Six! ¡Six! –Oía como poco a poco entre jadeos y empujones se iban, y haciendo uso de toda su fuerza, levantó lo que pudo del casillero y rodó debajo de él, tomando un respiro antes de levantarse y correr por donde se escuchaba la pelea en pos de liberación de la chiquilla, alcanzando a ver como una de las muñecas subía por unas escaleras de cuerda hasta el techo, sacándole la lengua y llevándose consigo la única forma de subir. Golpeó la puerta molesto, ahora recordaba con claridad ese suceso, ¿por qué demonios no pudo verlo antes? ¿Acaso era parte de su subconsciente que quería que Six muriera? Aunque después de todo, la rescataría al final.

Regresó con rapidez hasta donde estaba el casillero tirado, pasando silenciosamente sobre este y tomando el martillo, posicionándose detrás del bully que estaba espiando por la puerta y, sin darle tiempo de reaccionar, le golpeó la cabeza con la herramienta, rompiéndola en pedazos. Si antes, en otras vidas pasadas, se habían metido con el Mono equivocado, esta vez, era el peor de todos.

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Estaba molesto, no, estaba furioso, cansado y aun con el miedo y la adrenalina recorriendo su cuerpo por completo. Había tenido que pasar por un salón de clases repleto de alumnos de porcelana y la aterradora maestra para poder conseguir una llave que le permitiera usar el elevador. Pasó por una zona del techo del aula donde fácilmente la maestra podía estirar su cuello y buscarlo por los grandes agujeros que había con el simple hecho de que hiciera ruido. Oh, y no hablemos de la biblioteca, fue un momento de tensión pura pasar entre las columnas de libros tratando de hacerlo en silencio, sin mucho éxito al caerse un par de libros, juraba que odiaría cualquier sitio de ese tipo desde ahora.

Luego de resolver un puzzle que le rompía la cabeza entre pensar que hacer y tratando de recordar que es lo que había hecho en sus vidas pasadas, obteniendo la llave que le abriría el paso al pasillo que iba a la cocina, donde más de esos mocosos falsos estaban y les partiría las cabezas con un cucharon, salvándose apenas una de estas para utilizarla y poder pasar "tranquilo" entre otros chicos.

Antes los despreciaba, pensando que simplemente imitaban acciones que niños reales llegaron a hacer tiempo atrás, antes de La Señal, pero el hecho de secuestrar a Six -quien sabe cuántas veces antes lo hicieron, esta vez molestándolo de verdad-, interferir de muchas maneras en su camino, lograron que su desdén hacia ellos evolucionara a odio.

Escaló a quien sabe cuántos metros del suelo solo para obtener un cerebro de quien sabe qué cosa, solo para poder abrir una puerta de la cual no alcanzaba su botón, sip, ni él sabia porque había hecho eso, pero supuso que el enojo provocaba que hiciera cosas algo… alocadas.

Esconderse en total silencio delante de las narices de la maestra cuando estaba guardando lo que parecía ser una cosa asquerosa en un frasco igual de asqueroso fue algo sencillo, ocultándose bajo las sombras de las encimeras del cuarto contiguo al aula; lo realmente difícil fue pasar disimuladamente justo delante de ella sobre la mesa del salón de ciencias, logrando salir por una ventanilla sin que lo descubriera.

Y acababa de pasar por un pasillo lleno de niños de porcelana, lo que lo había aun molestado más, debido a saber que Six estaba cada vez más cerca y ellos solo se interponían en su camino, hasta sintió un poco de satisfacción al destrozarles la cabeza. Se detuvo por un momento antes de entrar al baño donde se encontraba su amiga después de accionar una trampa, negando varias veces con la cabeza, no podía dejar que ese tipo de pensamientos atravesase su mente, ya que esas ideas eran del Hombre Delgado, no de Mono, no podía siquiera considerar el hecho de sentir alegría "asesinando" a esas cosas. Tomó una respiración profunda y por fin entró y encontró a esos monstruitos junto a la tabla de madera clavada a un cubículo, la cual funcionaba como contrapeso para sujetar a Six de cabeza. Y el odio solo aumentó, cuando uno de ellos lo vio llegar y corrió hacia él, sonrió al momento de destrozarle su cráneo falso, solo por un momento disfrutó de eso, y con el ultimo, simplemente lo golpeó para liberar el estrés de todo lo pasado.

Tenía que ayudar a Six ya, se dirigió hacia la tabla dispuesto a golpearla con el martillo y romperla, pero recordó que la niña siempre caía rudamente sobre el suelo, y aunque se levantaba bien al final, no quería lastimarla más de la cuenta y que eso fuese algún tipo de detonante para su traición.

–Six, si me escuchas, espérame, volveré en un momento con algo para amortiguar tu caída. –Salió del baño, buscando alguna prenda que le sirviera para tal propósito, viendo la alfombra que estaba antes de doblar la esquina por donde antes llegó, corrió hacia ella y le quitó los restos de las figuras de porcelana rotas, luego comenzó a enrollarla para hacer más fácil y rápido su transporte. Al acabar, la tomó de uno de los extremos, arrastrándola lo mejor que pudo, tardando un par de minutos para volver con Six. La desenrolló, luego la dobló algunas veces para crear un colchón que hiciera menos dolorosa la caída de la pelinegra. –Voy a quebrar la madera. –Le advirtió, agarrando el martillo de nueva cuenta y dando el primer golpe, que pareció despertar un poco a la niña, logrando que moviera pies, manos y un poco la cabeza. Al dar el segundo golpe, la tabla se rompió, y un poco después, la cuerda que la suspendía sobre el suelo también, tumbándola sobre la alfombra, sacando algo de polvo en el proceso. –¡Six! –Se acercó corriendo, revisándola lo mejor que pudo desde su lugar. –Ey. –Tocó su cabeza, exaltándola.

Se fue sentando débilmente, mirando alrededor asustada, concentrándose en Mono al notar por completo su presencia, mirando entre los agujeros de su bolsa de papel y su mano extendida.

–Ven, dame la mano. –Su suave voz la tranquilizó un poco, acomodándose mejor para extender la propia y tomarla, apoyándose en él para bajarse de la alfombra y estabilizarse al momento de tocar el suelo, en todo momento sin dejar de verlo a la "cara". Mono asintió hacia ella, sonriendo sin que pudiese verse. –Ya estás bien.

–Viniste. –La miró sorprendido, no esperando a que alguna palabra saliera de ella, después de todo, desde que le había dicho su nombre no había pronunciado ninguna.

–Por supuesto que vendría, eres mi amiga. –Aseguró. –"Una amiga que me abandonará". –Intentó alejar ese pensamiento. –No podía dejarte aquí.

Bajó la cabeza, jugando con sus manos -gesto que a Mono le resultó tierno-, para volver a mirarlo y notarse un brillo nunca antes visto en sus ojos, o lo que se alcanzaba a ver de ellos debido al enmarañado cabello negro.

–Te conozco. –Susurró con voz ronca, pasmando aún más al pobre chico, y antes de que pudiera preguntar algo, ella continuó. –El día que me atrapó el cazador en el bosque, tú estabas sobre una rama de un árbol, mirándome.

Parpadeó varias veces, intentando entender a que se refería, buscó entre sus recuerdos, cruzándose con los de otros Mono y Hombres Delgados en el camino, hasta llegar al momento que ella decía. ¡Claro! Hablaba de la noche en que él se había tomado un descanso en el bosque del cazador, trepando un árbol para poder sentarse sobre una de sus ramas y así evitar cualquier tipo de depredador, ya fuese animal o humano.

Esa noche estaba concentrado en sus pensamientos después de huir del incendio y no haber podido rescatar a los otros niños cuando más lo necesitaban, se había escondido cobardemente en un televisor con la pantalla rota esperando a que el intruso que llegó a llevarse a los demás en un momento de pánico lo encontrase, y cuando estuvo a punto de hacerlo, otro niño salió en su rescate inconscientemente al pasar corriendo delante de la habitación donde estaban, llamándole la atención al adulto y alejándolo de él para darle la oportunidad de escaparse.

Y de pronto, oyó un disparo, distrayéndolo para bajar la mirada y ver a un niño (¿o niña?) observándolo igual de estupefacto que él, hasta que el cazador apareció, asustándolo en el proceso y provocando que se escondiera un poco más en la rama, viendo cómo se llevaba al pequeño desconocido. Siendo como era, Mono los siguió de lejos, procurando saber a dónde se dirigía y saber cómo ayudarla.

Ahora lo recordaba con claridad, estaba en ese bosque al despertar en cada ciclo del bucle, exactamente con un camino directo a la cabaña del cazador, por el simple hecho de ir a rescatar a Six de éste, no había sido pura casualidad, aun cuando eso llegó a tomarle cerca de un mes.

–Viniste… a ayudarme. –Volvió a repetir. –¿Por qué?

–No podía dejarte ahí. –Soltó honestamente. –Ni en la casa del cazador, ni aquí. Sonará raro, pero cuando me propongo algo, no me rendiré hasta lograrlo.

–¿Por eso fuiste capaz de hacer todo esto… por mí? –No sabía si fue su imaginación, la iluminación o a Six le dio frio, porque notó un pequeño sonrojo en sus mejillas, no obstante, por su cabello no podía visualizarlo bien.

–Y lo haría las veces que fuesen necesarias. –Dijo con determinación. –"A pesar de que tu no seas capaz". –Suspiró, sin poder evitar ya que esos juicios llegasen a su mente.

–Oh. Mm… gracias. –Miró a otro lado, pareciendo que no estaba muy acostumbrada a decir tales palabras.

–No me agradezcas. –Sujetó su mano, apretando el agarre. –Para eso están los amigos. –Se mordió la lengua antes de que alguna frase hostil saliera de su boca sin querer, sintiendo que su extremidad ardía y quería alejarla, pero la mantuvo allí, sujeta a la de ella.

–Hay que irnos. –Sentenció, dando un ligero apretón antes de soltarse. Ahí estaba la Six de pocas palabras que conocía en cada bucle.

–Sip.

Con eso, subieron por la ventana y pasaron a otra atravesando por una larga tabla de madera, entrando a un cuarto con un piano sujetado con cuerda.

–Ahí hay una manivela, supongo que hay que subirlo. –Se encaminó al mecanismo, deteniéndose al lado del piano, mirándolo pensativo. –Six, ¿alguna vez has tocado este instrumento? –Lo miró como diciendo "¿y eso a que rayos viene ahora?" –Eh… ¿recuerdas la tonada de tu caja de música? –Dio un saltó, sonando una estridente y desafinada nota al pararse sobre las teclas, la vio asentir y mantener su pose de duda. –¿Crees poder tocarla? –Se inclinó, extendiéndole la mano. Lo observó insegura, luego al gran instrumento y de vuelta a él, suspirando y tomando su mano, subiendo a su lado.

Dio suaves pasos intentando descifrar el tono de cada tecla, nunca había tocado un piano, ni siquiera lo había escuchado más allá de las horribles notas que Mono hizo al pisarlo. Él la observaba con curiosidad, viéndola enteramente concentrada en su faena de descubrir cada sonido, sonriendo levemente al encontrar un suave ritmo, el cual comenzó a imitar en su lado, sabiendo de memoria la música que tocaba aquella caja musical, tanto cuando rescataba a Six de esa casa y como cuando lo hacía de su monstruosa versión. A ella le traía paz, a él solo sufrimiento y pena, dolorosa y triste pena, pero la hacía feliz y eso es lo único que le importaba, al menos de momento.

En algún punto llegaron a tener el ritmo constante y suave de la caja de música, sacándole lindas sonrisas de felicidad de Six y entregándole a Mono paz, por una vez en muchos ciclos, no sabía si lo estaba haciendo bien o no, si algo de lo que estaba haciendo cambiase el rumbo maldito de anteriores rutas, o si todo realmente no importaba y al final terminaría sentado toda una vida en esa silla en el fondo de La Torre, robándose a los niños para protegerlos y llevándose las vidas de las personas para alimentar su "hogar", esperando el momento justo de partir al pasado y atormentar a su versión más joven para que lo liberase, repitiendo todo de nuevo.

Six lo tomó de la manga, apuntando a la manivela en una de las columnas.

–¿Ya acabamos? –Le preguntó suavemente. Asintió lentamente, aunque con una gran sonrisa en sus labios, parecía no querer irse, pero sabía que tenían que continuar. –Bien. –Bajaron y él se dirigió al manubrio en la pared, comenzando a darle vueltas y subiendo el piano. Al no poder soportar el peso, la cuerda se rompió, dejando caer el instrumento, pero sin llegar a atravesar el suelo por completo.

Six se subió encima, comenzando a saltar y moviéndolo un poco, indicándole a Mono que hiciera lo mismo. Cuando se detuvo de saltar, se trepó y le pidió que saltaran ambos al mismo tiempo, a lo que obedeció y dando unos cuantos brincos, el piso por fin cedió y cayeron al piso de abajo.

–¿Estás bien? –La miró y ella asintió, bajando del piano para explorar el nuevo lugar, dándose cuenta que había una niña de porcelana al lado de una puerta corrediza y al otro extremo una puerta con candado. –Psst, Six, ayúdame a subir. –Apuntó a una ventanilla que daba justo al lado de la bully.

Cuando cruzó al otro lado y le quebró la cabeza con un tubo cuando su compañera la distrajo pisando el piano, obtuvo la llave del candado. Al salir del pequeño cuarto, llevando a rastras el tubo, ya saben, por si acaso, fue a la puerta, abriéndola con la llave, entrando a lo que antes había sido un salón de clases, estando otro mocoso de porcelana haciendo lo que creyó eran dibujos. Se acercó cautelosamente, tratando de que el tubo que llevaba arrastrando no se escuchara, pero se detuvo cuando Six le saltó encima al niño y comenzó a estrangularlo y luego golpear su cabeza contra el suelo, quebrándola.

Recordaba algo por el estilo con respecto a lo que hizo con el "pobre niño", pero no dejaba de sorprenderlo que fuese capaz de hacer algo así… esperen, olvídenlo, era muy capaz de algo así y hasta de más cosas era capaz. Al levantarse agitada y tomando un momento de descanso, él solo le extendió su mano; se le quedó viendo sin decir ninguna palabra, pero después la tomó, ambos dándose un sentimiento mutuo de comprensión, después de todo, ella era muy vengativa y esos monstruitos la habían torturado, Mono había hecho lo mismo cuando fue en su rescate.

Continuaron con su recorrido, escuchándose poco a poco el toque de un piano por manos expertas, mucho mejor a lo que habían hecho antes. Cuando llegaron al cuarto de donde provenía la música, después de subir escaleras y algunos muebles, encontraron a la maestra completamente concentrada en su trabajo de tocar bellamente las teclas. Se quedaron escuchándola un poco embelesados, tensándose cuando se detuvo de la nada, pensando que de alguna forma los descubrió, sin embargo, solo escribía las notas en una hoja, volviendo a tocar tranquilamente.

Suspirando de alivio, Mono bajó por una pila de libros, pidiéndole a Six que esperase a bajar una alargada plataforma que los ayudaría a cruzar por sobre la mujer, caminando silenciosamente detrás de la maestra, deteniéndose cuando ella dejaba de tocar y volviendo a avanzar cuando continuaba con su música. Al bajar la plataforma, volvió sobre sus pasos y pasando al otro lado del cuarto por encima de la señora, donde había una puerta que daba a los conductos de ventilación.

Entre él y Six la abrieron, pero alertaron a la maestra, quien dio un fuerte golpe sobre el piano, haciendo que sonara de forma desafinada, y estiró su cuello al momento de entrar al ducto. Empujaron una rejilla que les estorbaba el paso, mientras la mayor golpeaba su rostro contra la única entrada, cuando por fin pudieron seguir, la cabeza de la docente lanzó un mordisco que juraba casi le arrancaba un pie. Avanzaron lo más rápido posible por el estrecho lugar, Six adelantándose al ser más pequeña y rápida que él. El niño subió unas escaleras, donde de nuevo parecía que la mujer lo alcanzaba a comer, pero por fortuna se golpeó contra el techo del conducto y ralentizó su paso.

Vio la salida por fin, donde Six lo esperaba en otra ventila con una de sus manos extendida hacia él y la otra sujetándose. Al abrirse más el conducto, pudo correr, dando un salto de fe hacia su amiga.

–"Atrápame y no me sueltes. Atrápame y no me sueltes. ¡No me sueltes!" –La niña lo atrapó justo en el momento que la maestra dio un mordisco letal, cayendo ambos y resbalando por unas maderas hasta caer en un bote de basura medio lleno que amortiguó su caída. Se abrazaron inconscientemente, escuchando el rezongar de la mayor al buscarlos y no encontrarlos, suspirando de alivio, aun sin soltarse, cuando ya no oyeron nada. Se miraron por unos instantes, agradeciendo al otro de estar vivos.

Six fue la primera en soltarse y salir del basurero, seguida de él. Estaba lloviendo, así que el ambiente exterior era más fresco que dentro de la escuela, y Six, al solo traer un suéter roto y un par de pantaloncillos cortos, parecía ser la que más sufría frio a comparación de él, con un pantalón, camisa y abrigo, además de su fiel y querida bolsa de papel que rechazaba todo orden natural y no se deshacía con el agua, cubriéndole la cabeza de cualquier gota y manteniéndolo seco.

–Oye. –La llamó, desabrochando el único botón que sujetaba su abrigo para poder dárselo y se cubriera, pero al ver lo que estaba haciendo, ella declinó la idea con un movimiento de cabeza y se alejó un poco de él. –Pero te estas mojando. Anda, ten. –Hizo un puchero cuando le apartó las manos y volvió a abotonarle el saco. –Six, no seas terca. –Rodó los ojos cuando se apartó de nuevo, esa terquedad tan característica suya no se quitaría ni siquiera en años venideros.

Alejando las raras imágenes de una mujer con larga cabellera, máscara de porcelana y una extraña vestimenta por ese último pensamiento, abrió lo mejor que pudo su abrigo y la cubrió con él, haciendo que lo mirase confundida.

–Así ni tu ni yo nos mojaremos. –Dijo sin darle la posibilidad a una réplica, sacando un resoplido de su parte.

Pero el gusto le duró poco a Mono cuando vio que tenían que separarse debido a un puente de madera que unía dos partes de la ciudad entre un abismo gigantesco, y con una sonrisa de suficiencia temblorosa, ya que volvía a tener frio al no estar pegada al niño, Six le hizo un gesto para que él primero cruzase el puente.

Al estar del otro lado y con ayuda de Six, movieron un basurero vacío para poder saltar hacia lo que continuaba siendo la calle. Estando por fin arriba, volvió a cubrirla, continuando con su caminata.

Se detuvo al sentir un jalón en su costado, llevando sus ojos a su acompañante, quien apuntaba a un callejón; mirando en esa dirección, distinguió un remanente de un niño junto a un barco hecho de papel. Por lo que pudo notar, Six no cuestionaría del porqué de sus acciones con esas cosas, ya ni siquiera lo miraba desconfiado, simplemente aceptó lo que hacía sin decir nada. Le agradeció y la dejó para ir rápido con el fantasma de aquel pobre niño, absorbiendo, como siempre, la energía que transmitía.

Al volver con ella, la cubrió nuevamente, ahora sin réplicas de su parte, recorrieron el poco camino que les quedaba hasta una puerta con un gran agujero por el cual pasaron sin problemas, encontrándose con un impermeable amarillo en el suelo, Six, sin dudarlo, caminó hasta este, poniéndoselo con suma tranquilidad, disfrutando del momento. Mono la miraba, sintiendo un pequeño dolor en la cien, recordando algunos fragmentos importantes donde la veía a ella con esa ropa.

–Te queda bien, al menos así no tendrás tanto frio ni te mojarás. –Sonrió cuando asintió de acuerdo. –¿Sabes? Tengo hambre. ¿Qué tal si nos tomamos un descanso y comemos algo? –Volvió a asentir. –¿Abrimos la puerta para ver si es un buen lugar? –Apuntó esta, asintiendo de nuevo, yendo a posicionarse debajo de la manija para ayudarlo a subir. Le dio el suficiente impulso para sujetarse a la manilla, pudiendo abrirla y descubrir lo que probablemente era una tienda de ropa antes de ser abandonada, no hace mucho, por lo bien acomodado que estaba todo y no tan lleno de polvo. –Sí, definitivamente aquí es un buen lugar.

Alcanzó algunos vestidos, jalándolos para zafarlos del gancho y acomodarlos en el suelo, de esa forma, para estar más cómodos, mientras Six cerraba la puerta por la que habían entrado.

Ambos se sentaron cómodamente sobre la tela y Mono sacó la comida que recogió cuando llegaron a la primera cafetería, repartiéndola para los dos. Comieron tranquilos, sin preocuparse de nada más que en satisfacer su hambre, aunque estando algo alertas por si escuchaban algo que representase peligro, solo oyendo el suave caer de la lluvia en el exterior.

Se recostaron tomándose de las manos, cerrando los ojos para descansar un momento y quedándose dormidos arrullados por el calor que desprendían, la lluvia caer y sus suaves respiraciones.


N/A: Hola! Pues aquí esta el segundo capitulo, siendo por el hecho de que noté un buen recibimiento de la historia y mi mejor amiga me lo exigía XD.
Antes de aclarar un poco algunas cosas del cap, quiero en verdad agradecerles por el apoyo que le dieron al one-shot (al final siendo un short fic porque asi lo quisieron), no pensé que le prestasen mucha atención y aquí estamos XD.

En fin, como vieron la advertencia (si es que lo hicieron), habrán notado que hablé sobre unos comics, estos comics son cosas muy cortas, siendo la primera cuando Six es atrapada por el cazador y ve a Mono a lo lejos, cosa descrita en el capitulo, al igual que el sexto comic donde podemos apreciar un poco de Mono y sin saber lo que realmente pasa al final, donde solo podemos suponer ciertas cosas (tal y como en el mismo juego), y le di una libre interpretación a lo que pasó.

También pudieron haber notado que uso referencias de que Six se convertirá en La Dama y Mono claramente que en el Hombre Delgado, hay cierta conexión, pero no se hablará mucho, o eso creo XD.

Como mencioné antes, la historia será un short fic, a lo cual usaré un capitulo de la historia del juego como un capitulo de mi fic, en el caso de la primera parte, fue la del cazador. Este capitulo usó un poco de la ciudad y la escuela, por eso fue tan largo y me disculpo si se les hizo algo redundante leer los mismos hechos del juego, pero los usé para dar una perspectiva más cercana a los personajes. El siguiente tratará sobre la zona del hospital y el ultimo (espero yo) hablará de la parte de Mono en rescate de Six y el punto final de la historia, donde veremos si el ciclo continua su curso o hay algún cambio.

El nombre del capitulo es algo que relacioné mucho con los pensamientos de este Mono que sabe todo de sus vidas pasadas, tiene miedo e incluso llega a sentir aberración hacia Six debido a su traición, pero como es un niño bueno y su tarea de rescatarla por completo nunca acabó, sigue de aferrado en conseguirlo, aun en contra de los pensamientos de miles de otros Mono y Hombre Delgado que sienten odio hacia la niña.
En el caso de Six, es algo similar, después de todo, es una niña que en casi toda su vida ha vivido para sobrevivir adversidades y de alguna u otra forma el hecho de confiar en alguien más le causa cierto miedo y desconfianza, eso se muestra mucho cuando Mono no toma su mano y después le rompe su caja musical, siente traición hacia él.
Tengan en cuenta el nombre para el futuro, puesto que de eso trata el bucle, o por lo menos, así lo veo yo.

Y pues, a los pequeños les di un descanso al final, porque siento lastima que nunca se ve algo por el estilo en la jugabilidad XD. Nuestros niños también necesitan descansar de vez en cuando.

En fin, espero que les haya gustado este capitulo, también espero no haberlos decepcionado. Nos vemos a la próxima n.n