Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 4

Te amo.

Por favor.

No lo hagas.

—¿Bella?

Mis ojos se abren de golpe y encuentro a Rose sentada en la orilla del sofá, mirándome con confusión.

Parpadeo para quitarme el sueño de encima y me siento más rápido de lo que pretendo. Mi corazón late con fuerza cuando miro alrededor de la casa. Más allá de las ventanas, el cielo está oscuro. Sigo llevando puesta la ropa del trabajo, lo que significa que debí quedarme dormida en cuanto llegué a casa.

—¿Estás bien? —pregunta, la preocupación está clara en su rostro.

—Sí. —Me aclaro forzosamente la garganta—. Me quedé dormida.

—Lo noté. Hasta estabas babeando un poco.

Me limpio la boca, riéndome ligeramente.

—Cierra la boca.

—Preparé la cena —dice, poniéndose de pie—. Se me ocurrió que a ambas nos podría venir bien un poco de comida casera.

—Eres demasiado buena para mí.

Llenamos los tazones con sopa de tomate y los platos con sándwiches de queso. Comemos en silencio, más que nada porque ambas estamos exhaustas, y el final del día nunca es tan ajetreado.

—Necesito decirte algo —dice Rose más tarde mientras estamos acostadas en mi cama.

Después de que Emmett fuera emparejado con Kate y se mudara a una casa nueva, odié vivir sola. El lugar era demasiado grande y vacío y frío, así que le pedí a Rose que se mudara conmigo. Su familia no tiene mucho, el apellido Hale está ligeramente manchado desde hace cuarenta años cuando uno de sus familiares intentó huir. La historia es que la atraparon antes de que llegara a la frontera y la enviaron a prisión, donde después murió.

A veces me pregunto si el pasado de la familia de Rose la afectará en el Grupo de Parejas. Ella se merece lo mejor, pero los evaluadores podrían elegir una pareja con un puntaje más bajo debido a eso.

A pesar de que Rose tiene su propia habitación, algunas noches nos quedamos dormidas juntas, hablando y riendo.

Parece que esta noche ella quiere compartir secretos.

—¿Está todo bien? —pregunto. Había asumido que algo pasaba porque ella apenas tocó su cena, y solo le dio un par de mordidas a su sándwich.

Vacila.

—No sé.

—Puedes contarme lo que sea.

—Yo… —pausa ligeramente mientras la preocupación le llena el rostro—. ¿Eres feliz?

Eso no es en realidad lo que esperaba que dijera.

—¿Sí? ¿Por qué?

—O sea, ¿feliz de verdad? —aclara.

—Rose, ¿qué pasa?

—Es que… nada. De verdad.

—Dime.

—Solo olvida que dije algo.

—Pues técnicamente no dijiste nada —señalo.

La miro jalarse el labio inferior entre los dientes con preocupación, sé que no va a ceder.

—¿ eres feliz? —susurro.

Tarda un momento, pero luego dice:

—Sí. Sí, creo que sí.

—O sea, ¿feliz de verdad? —aclaro esta vez y ella forma una sonrisa.

—Sorprendentemente… sí.

—Quiero decir, ¿cómo podrías no ser feliz conmigo de amiga? —bromeo.

Se ríe, pero pone los ojos en blanco.

—Sí, sí. Eres genial. Muy humilde también.

La pesadez del momento se desvanece, y cambiamos a temas más ligeros. No es hasta que mi cuerpo está relajado y cerca del sueño cuando la escucho preguntar:

—¿Estabas soñando hace rato?

—Creo que sí —susurro, abriendo los ojos.

Los sueños son raros. Especialmente después del Procedimiento. Sin embargo, puede suceder, y no es señal de ningún mal funcionamiento. Es un efecto secundario. Incluso si ocurre seguido, rara vez se habla de eso. La gente debe ignorarlos, o simplemente pretenden que los sueños no existen.

Se acerca más, como si estuviera intrigada.

—¿Qué estabas soñando?

—No lo sé —le digo. En realidad, no sé. Nada de eso se añade a algo coherente.

—¿Con quién soñabas? —pregunta, en voz casi demasiado baja para escucharla.

—No lo sé —repito, un poco más bajo. Es la verdad.

—A veces te oigo hablar dormida.

—Oh.

Sé que no debería sentirme avergonzada, pero sí lo estoy. Algo así.

—Es… triste —susurra—. Suenas triste.

—Los sueños no son inusuales —le digo, como si intentara defenderme. Más que nada porque no sé qué responder a esto. No me siento triste. Algunos días no siento nada.

—Lo sé —comenta gentilmente. Puedo notar una leve sonrisa en sus labios gracias a la luz de luna que brilla a través de la ventana—. No voy a, o sea, a decirle a nadie ni nada. Solo estoy… viendo cómo estás.

—Lo aprecio, pero te prometo que estoy bien.

—De acuerdo.

Nos quedamos calladas. Rose se da la vuelta para darme la espalda.

Mis ojos se cierran, y cuando mi mente se desplaza, pienso en lo que pasó hoy más temprano. Los ojos avellana de Edward y su irritante y presumida sonrisa. Mi corazón hace esa cosa rara donde cae, cae, cae hasta que se siente como si estuviera en el fondo de mi estómago.

—Yo nunca sueño —murmura Rose cuando estoy de nuevo en el precipicio del sueño.

No sé si lo digo o lo pienso, pero la palabra permanece en mi lengua y en mi mente: bien.

XXX

Ya son casi las cinco para cuando terminan mis clases del miércoles.

Algunos días manejo hacia el campus. Cuando el clima es lindo y tengo tiempo, camino. Está helado afuera hoy, así que opto por el transporte público.

Estoy esperando en la parada del autobús cuando escucho mi nombre. Me giro ante el sonido, encontrando a James avanzando hacia mí.

—Hola tú. —Está sonriendo en grande, y cuando se detiene junto a mí, queda demasiado cerca. Retrocedo un paso—. Te esperé afuera de tu clase.

Me muevo de un pie a otro mientras me abrocho el abrigo.

—Oh. Lo siento. Salí un poco temprano.

—¿Estás segura de que no me estás evitando? —Se ríe, así que me río, pero luego comprendo que está esperando una respuesta.

—No te estoy evitando —respondo, apartando la vista mientras mantengo mi tono ligero a propósito.

—Bien. Podría matarme si estuvieras haciéndolo.

Eso sí me hace reír.

—No seas tan dramático.

—No soy dramático. —Unos ojos cafés sostienen mi mirada—. Soy honesto.

James es muy obvio sobre sus sentimientos por mí. Lo ha sido durante los últimos años, y yo sigo ignorando sus intentos. Es amable, guapo y "todo el paquete completo", según Rose. También es el hermano de mi cuñada, lo que significa que lo veo más seguido de lo que me gustaría. Sin embargo, él sabe que estoy esperando a ser emparejada. Se lo he dicho muchas veces. Aun así coquetea conmigo y suelta indirectas y se relaciona con mi padre en cada oportunidad que tiene.

—¿Cuándo me vas a dejar invitarte a salir? —pregunta.

—James. —Me acomodo un mechón de cabello detrás de la oreja.

Alza las manos.

—Lo sé, lo sé. Estás esperando a ser emparejada. Pero ¿qué daño podría hacerte salir conmigo?

Pasa un segundo y alguien pasa a nuestro lado, saludándonos. Le regreso el saludo, agradeciendo la distracción. James solo mira el piso, como si hubiera desinflado su ego.

En ocasiones me pregunto si le frustra saber que cedí ante mi regla de no salir con nadie por alguien más. Pero claramente ese fue un error en mi juicio. A veces saber que he salido con alguien se siente como un accidente. Completamente fuera de carácter para mí. Detesto tener el punzante recuerdo de la cicatriz, lo que significa que cedí y al final de cuentas fallé.

—¿Te veré en el cumpleaños de Emmett el sábado? —pregunta James, cambiando de tema.

—Viendo que es mi hermano, sí. Ahí estaré.

—Claro. —Se pasa una mano por su pálido cabello rubio, y unos cuantos mechones vuelven a caer de inmediato sobre sus ojos—. Dios, debes pensar que soy un idiota.

—Detente. No lo pienso. —Intento regresarle una sonrisa para aliviar su frustración.

—¿Por qué no me dejas darte un aventón a casa?

—Así estoy bien.

—No me molesta. Podría ser agradable evitar el autobús.

Me encojo de hombros.

—Está bien. Me gusta el autobús.

Mira mi cara durante un segundo demasiado largo.

—Mira, sé que me puse algo insistente, pero es que tengo un buen presentimiento, ¿sabes?

No, no lo sé.

—¿Sobre qué?

—Sobre nosotros.

He escuchado esto antes. Ya que nuestras familias son cercanas y él es el hijo del comisionado de policía, cree que nos van a emparejar. Creo que incluso lo está esperando. Supongo que podría irme peor. Solo que pensaba que con quien quiera que los evaluadores me emparejaran haría que mi corazón se sintiera… diferente.

Después de todo, se supone que la persona con la que te ubican es tu alma gemela.

No siento nada en mi alma por James.

—Supongo que ya veremos —digo simplemente justo cuando llega el autobús.

Le gusta esta respuesta, creo, porque sonríe y se agacha para besarme la mejilla.

—Te veré el sábado —le digo.

Su voz suena cálida mientras camina hacia atrás, manteniendo su mirada en mí.

—No si te veo antes de eso.

Presiono los labios y fuerzo una sonrisa antes de girarme para subir al autobús.

Encontrando un lugar disponible, me siento lo más cercano posible a la ventana antes de sacar un libro. El autobús hace unas cuantas paradas y diferentes personas suben y bajan. Sin embargo, unos minutos después de iniciado el viaje hay una conmoción enfrente, retrasando la ruta usualmente eficiente.

Nos detenemos a unas calles del campus. Es cuando veo a Edward en el pavimento, caminando junto al autobús. Solo ha pasado un día desde que lo vi y algo se agita en mi estómago.

Durante un momento él se queda quieto en la acera. No me ha visto mirando por la ventana, así que lo observo libremente.

Es desafortunado lo apuesto que es.

Una gorra negra esconde su cabello y su abrigo de lana está completamente abotonado para protegerlo del frío. Junta sus manos y se las lleva a la boca, soplándoles. Las puntas de sus mejillas están rosas por el penetrante aire, y me pregunto cuánto tiempo ha estado afuera. Me pregunto de dónde viene, a dónde va, y luego me pregunto por qué me importa.

Pero no me importa.

Solo siento curiosidad.

Cuando parece que ya resolvieron la conmoción en la parte de enfrente del autobús, comprendo un momento demasiado tarde por qué Edward está parado en la acera, está esperando para subirse al autobús.

Mi revelación coincide con el momento exacto en que él alza la vista y me atrapa mirándolo.

Un shock frío y avergonzado se extiende por mi cuerpo.

Mierda.

Me hundo más en mi asiento y subo mi libro para taparme la cara, un patético intento por esconderme. Luego me siento estúpida de inmediato por intentar esconderme cuando claramente él ya me vio. Bajo mi libro después de un momento, mis ojos se mueven hacia la ventana otra vez para encontrar que ya no está. Las puertas se cierran con un sonido de siseo, y el autobús comienza su ruta de nuevo en el mismo momento en que siento a alguien sentarse a mi lado.

Me acerco un poco más a la ventana antes de lanzarle una cuidadosa mirada a la persona que ahora está sentada demasiado cerca.

Estoy esperando unos ojos avellana, pero me encuentro con unos azules.

No es Edward.

El hombre a mi lado me ofrece una breve sonrisa antes de sacar su propio libro.

Me siento un poco más recta y escaneo las cabezas frente a mí, pero no veo el gorro negro por ninguna parte.

Tal vez no se subió al autobús.

Tal vez en realidad no me vio.

Tal vez obtuve exactamente lo que quería.

Sin embargo, no puedo evitar sentir una pequeña chispita de decepción. Ni siquiera sé por qué.

Me giro un poco para mirar detrás de mí, pero antes de que mi cuello esté volteado por completo, escucho su voz.

—¿Buscas a alguien?

Edward está sentado directamente detrás de mí.

Carajo.

—No —digo bruscamente y me giro hacia el frente del autobús mientras la vergüenza empieza a acechar de nuevo.

—¿A dónde vas? —Su voz se siente más cerca que antes, en mi oído derecho, y comprendo que debe estar inclinándose en el espacio entre la ventana y el asiento.

—La verdad no es de tu incumbencia.

—Te diré a dónde voy yo.

Miro directo hacia enfrente.

—No me importa a dónde vas.

Silencio.

Casi pienso que ha captado la indirecta, pero luego su voz está ahí de nuevo, es como si hablara directamente en mi oído.

—Ni siquiera me preguntaste cómo estoy —dice, sonando ofendido.

Me giro en mi asiento para verlo.

—Eso es porque…

—Déjame adivinar; ¿no te importa? —Sonríe, no está ni un poco desalentado—. ¿No se supone que debes ver cómo están los pacientes después de sus cirugías?

Tiene razón.

—Pues ahora ya no tengo que hacerlo. Porque estás bien. Claramente.

Sigue sonriendo.

—Claramente.

El autobús se detiene, y el hombre a mi lado se va. Edward mira el asiento, pero no se mueve.

—Ni siquiera lo pienses —advierto, poniendo a propósito mi bolso en el espacio libre junto a mí.

Sus ojos bailan con diversión.

Mi mirada vuelve directa al frente antes de intentar concentrarme en mi libro.

—Hace frío hoy.

Está hablando del clima.

—Típicamente así funciona el invierno —digo con sequedad.

—¿Siempre eres así de amigable? —pregunta, y suena como si estuviera sonriendo.

—No.

—No me quejo. Quiero decir, al menos esta vez estás hablando conmigo.

Escucho movimiento y luego él está poniendo mi bolsa en el piso para sentarse a mi lado.

Lo miro detenidamente y subo mi bolsa a mi regazo.

—¿Qué te dije sobre sentarte aquí?

—Dijiste que no lo pensara. Nunca dijiste que no lo hiciera.

Se hunde más en su asiento, se pone cómodo y abre las piernas, así que su rodilla queda casi rozando la mía.

Yo mantengo mis piernas bien juntas.

—¿De dónde vienes? —pregunta interesado.

No tiene sentido luchar contra él. Podría levantarme y cambiarme de asiento, pero creo que eso le daría más satisfacción que otra cosa.

Con los brazos abrazando mi bolso, digo:

—De la escuela.

—Yo también.

Tengo la sensación de que está a punto de decirme que asiste a la misma universidad.

—¿Vas a U-Dub?

—Pues… más o menos.

—¿Cómo puede uno ir "más o menos" a la universidad?

Casi sonríe.

—¿Sientes curiosidad por mí, Bella?

—Estás malinterpretando esto.

—No, creo que lo estoy interpretando bien —se ríe, de forma profunda y baja.

Cierro mi libro.

—Pues sigue. Escúpelo.

—Técnicamente no soy un estudiante. Hago trabajos ocasionales aquí y allá. Ayudo con temas de intendencia. Me escabullo en las clases. Algunos de los profesores me conocen y no se sorprenden cuando entrego un trabajo que en realidad no me asignaron. Me dan retroalimentación. Yo califico sus trabajos gratis.

—Entonces, eres como un… asistente de maestro no oficial.

—Seguro.

Lo miro anonadada.

—¿Por qué?

—¿Qué parte?

—Todo.

—La escuela es cara, y no necesariamente quiero estar en deuda o deberle a la sociedad más de lo que ya le debo. Además, no necesito a la escuela para saber qué quiero hacer con mi vida.

—¿Y qué quieres?

—Ser libre.

—Oh, cierto. Luchas contra la sociedad. Olvidé nuestra conversación de ayer. —La verdad es que no la olvidé. No olvidé nada, especialmente no la forma en que me miraba.

Parecido a la forma en que me está mirando ahora, con interés puro y una obvia atracción.

Creo que incluso pude haber soñado con esa mirada o al menos con la emoción que lleva consigo, pero no puedo decirlo con certeza.

De repente, el pequeño espacio que compartimos se siente sofocante.

—¿Por qué me miras así? —susurro.

Traga.

—¿Por qué estás susurrando? —pregunta igual de silencioso.

—No lo hago. —Me aclaro la garganta.

—¿Cómo te estoy mirando?

Suspiro.

—No… no voy a salir contigo.

Sonríe.

—No te lo pedí.

Mis mejillas arden.

—No, quiero decir, lo sé —tartamudeo—. Pero la vibra que estoy sintiendo… —hago una pausa y miro hacia la ventana para esconder mi vergüenza.

Su voz suena sedosa al decir:

—¿También lo sientes?

Ignoro su pregunta.

—No voy a salir con nadie. Estoy esperando a ser emparejada. Me quedan ciento dieciocho días.

—Vaya, tienes los días contados.

—Sí.

—Hmmm. Entonces, no tienes citas —repite—. ¿Nunca te han hecho el Procedimiento?

—No —miento, mirándolo—. No me lo he hecho.

Me observa por un momento, sus ojos se mueven a mi oreja izquierda. Pero sé con certeza que no puede ver mi cicatriz por el ángulo en el que está sentado, especialmente porque tengo el cabello suelto.

Abre la boca para decir algo, pero lo interrumpo.

—Esta es mi parada —digo. Eso también es una mentira. Mi parada no es hasta dentro de otras calles más, pero necesito bajarme de este autobús y alejarme de él y de todos los sentimientos cargados que está agitando dentro de mí.

Vacila por un momento antes de pararse en el pasillo. Y con la cabeza gacha, paso a su lado con una muda despedida.