Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 5
Esta vez es Rose la que está acostada en el sofá cuando llego a casa.
—¿Estás bien? —pregunto, dejando mis bolsas en el piso de camino a la cocina.
—Estoy muy cansada —gime, pausando lo que sea que esté viendo.
—Yo también.
—Hizo frío hoy —bosteza, y sus palabras me recuerdan a Edward. Luego estoy pensando en su sonrisa presumida y su tono bromista. Como es que sus animados ojos se habían llenado de decepción cuando me fui.
Lo fácil que fue para mí irme y dejarlo en el autobús.
—Sí, hace frío —acuerdo.
—¿Cómo estuvo tu clase?
—Igual que siempre. —Lleno un vaso de agua y me lo tomo—. Adivina a quién me topé.
Lo piensa durante un segundo.
—¿A James?
—Pues sí —digo, pero en realidad iba a mencionar a Edward. Sin embargo, no tengo oportunidad de decírselo antes de que se ría.
—Saca a James de su miseria y acepta salir con él de una vez.
Hago una mueca al sentarme en el sofá junto a ella.
—Rose.
—¿Qué?
—No voy a salir con él.
Pone los ojos en blanco.
—Noticia de última hora, de todas formas los evaluadores te asignarán a él. No puedes luchar contra el destino.
—No puedes saber que nos emparejarán. Nadie lo sabe.
—No con certeza, pero todas las señales apuntan a James Whiterdale.
—Está bien —digo sin sonar del todo convencida—. Si me colocan con él, entonces así será. Pero no le veo sentido a estar con él en el remoto caso de que no sea con quién se supone que debo estar.
Rose me lanza una mirada, y es como si pudiera leer su mente. Ya lo has hecho una vez antes, probablemente lo está pensando. Estuve con alguien y no funcionó.
Pero eso solo demuestra más mi punto.
—Crees que es raro que… —me detengo, sintiéndome ligeramente cohibida.
—¿Que no quieras acostarte con alguien antes de verte obligada a tener sexo con la misma persona por el resto de tu vida? Sí.
—Cierra la boca —me río—. Igual no es como que podamos recordarlo.
Su sonrisa es pícara.
—Eso no lo hace menos divertido en el momento.
Bufo.
—Como si estuvieras teniéndolo por ahí. —Igual sonríe—. Lo que te iba a preguntar es que si es raro que no pueda recordar mi Procedimiento.
—Es normal. Si pudieras recordarlo, me preocuparía. Esa mierda dolería.
—No, o sea… no recuerdo haber entrado. ¿O el después? No sé.
Comprendo que esto debe sonar ridículo porque Rose entrecierra los ojos con confusión y dice:
—No lo entiendo.
Yo tampoco. Todo está un poco brumoso y se siente raro, pero he intentado no pensar mucho en eso. Sé que los efectos secundarios varían de paciente en paciente. Los míos podrían atribuirse a pérdida de la memoria y sueños que no tienen sentido.
—Tal vez en realidad no te hicieron el Procedimiento y es por eso que no lo recuerdas —bromea Rose—. ¿Esa cicatriz es siquiera real?
Me río con ella mientras me levanto del sofá.
—Olvídalo —respondo despreocupada y dejo el tema con la misma facilidad con la que lo saqué.
XXX
—No iré a trabajar hoy —dice Rose con voz rota la mañana siguiente.
Sigue usando su pijama y se ve muy mal. Tiene la cara pálida y la mirada cansada.
—¿Qué pasa? —pregunto preocupada, pero manteniendo la distancia.
—Creo que tengo un maldito resfriado.
—Probablemente te enfermaste de lo que tenía Rachel.
—Quizá después de todo no está fingiendo para faltar al trabajo. —Rose gime con incomodidad y se lanza sobre el sofá—. Odio mi vida.
—Probablemente significa que no podrás ir a la fiesta de Emmett el sábado.
—Supongo que no —acepta.
—Pues descansa. Yo te prepararé a ti algo de sopa esta noche, ¿bien?
Me ofrece una sonrisa sombría.
—Tu forma de cocinar podría ponerme más enferma.
—Calla —me río, aventándole un cojín.
El aire de la mañana está fresco y ofrece una especie de estado de alerta que mi café no me da. Ya que no tengo clases hoy, manejo hacia el trabajo.
Entro por la parte de atrás, me preparo, luego encuentro a Jessica en la recepción. Está extrañamente tranquilo, sin charlas matutinas ni personal pasando el rato por ahí antes de que comience el día. Comprendo que es porque mi primer paciente llegó veinte minutos antes. Cuando miro a Jessica con confusión, ella me regresa la mirada como si yo fuera el inconveniente, no el paciente excesivamente puntual.
—Te hemos estado esperando —dice Jessica con voz baja y molesta.
—No tenías que dejarla pasar —murmuro por lo bajo, un poco a la defensiva. No es como si yo hubiera llegado tarde.
Jessica solo sonríe amablemente, pero puedo leer entre líneas. Me está diciendo que me vaya al carajo y me ponga a trabajar.
Rápidamente repaso el archivo de Bree.
Le falta una semana para cumplir dieciocho y este será su segundo Procedimiento.
Debes tener permiso parental para que te hagan el Procedimiento antes de los dieciocho porque no está considerado seguro antes de entonces. Me sorprende que sus padres permitan esto.
Repaso algunos de los adjuntos y veo que el permiso parental fue completado.
—¿Señorita Tanner? —la llamo después de que se abren las puertas—. ¿Estás sola? —pregunto, pensando en por qué sus padres no vinieron.
—Solo soy yo —dice dócilmente—. Mis padres están esperando afuera.
—Bien. Puedes pasar.
Está usando ropa holgada, y sus ojos están rojos e hinchados.
A veces encuentro irritante el sufrimiento de las personas. Qué esperabas, quiero decir. Aunque hoy todo lo que siento por esta jovencita es compasión.
—Mi nombre es Bella, y estaré ayudando con tu Procedimiento.
Es tímida, la ansiedad se nota en ella.
—Soy Bree.
Le ofrezco una sonrisa amistosa.
—¿Cómo estás, Bree? —pregunto, indicándole que se siente.
Inmediatamente rompe en llanto.
Esto no es inusual. En realidad, esto es normal. De hecho, el comportamiento parlanchín de Edward no es para nada el humor típico que veo en la mayoría de los pacientes.
Le entrego un pañuelo.
—Está bien. Todo esto terminará pronto, y no sentirás…
—Quiero sentir —llora con voz rota—. Quiero recordar.
—Sé que eso es lo que piensas ahora, pero te prometo que esto es lo mejor.
—No lo es —gimotea—. Todos lo dicen, pero no lo crees. ¿O sí?
—Sí lo creo —digo automáticamente, evitando su sombría mirada.
Solloza y le ofrezco un vaso de agua mientras repaso todo con ella antes de darle privacidad para cambiarse. Cuando regreso a la habitación, le tomo los vitales y le pido que se haga una prueba para confirmar que no está embarazada. Sus lágrimas comienzan de nuevo después de eso y continúan durante el mapeo cerebral, pero intento concentrarme y hacer mi trabajo. No es hasta que está acostada y yo la estoy preparando para la cirugía que ella habla de nuevo.
—No quiero hacer esto.
—Puedo darte un minuto —le ofrezco suavemente—, pero es todo. En serio necesitamos mantenernos de acuerdo con el horario.
—No. —Se sienta con los ojos salvajes y frenéticos—. Por favor. Por favor, no me obligues. ¿No tengo opinión en esto?
—Lo siento, pero los Procedimientos son obligatorios después de terminar una relación.
La verdad me sorprende que sus padres la hayan dejado salir con alguien. La mayoría de la gente no tiene relaciones hasta que cumplen los dieciocho. Por supuesto, estoy segura de que esta no es la primera vez que alguien menor de dieciocho se ha hecho el Procedimiento. Es solo el primer caso del que estoy consciente.
—Recuéstate, por favor —le digo—. La doctora llegará en cualquier momento.
Antes de alejarme de la camilla, Bree se aferra a mi bata de laboratorio. Es tan inesperado que me congelo por un momento.
Algo no está bien.
—Oye —digo con gentileza, apartando sus manos de mí—. Está bien. Yo estaré contigo durante todo el tiempo. Lo prometo.
Su respiración es superficial, pero está llorando de nuevo.
—Ellos me obligaron… me obligaron…
—Respira —la animo, tomando su mano—. ¿Quieres hablar… o…?
—Bella, por favor —me ruega. El horror en sus ojos y la desesperación de su voz son suficientes para detenerme finalmente.
No soy Bella, la especialista, que está aquí para entrar, salir y hacer su trabajo.
De repente soy Bella, la humana, que comprende que algo está terriblemente mal.
—¿Quién exactamente te hizo hacer qué? —pregunto en voz baja.
—Mis padres. —Ahoga un sollozo—. Ya… ya me han hecho el Procedimiento antes.
—Lo sé. Lo vi en tu archivo.
Se queda callada entonces, y solo sus suaves sollozos llenan la habitación.
—Después de mi último Procedimiento, descubrí que estaba embarazada.
—Oh.
Usualmente se hace un examen de embarazo en las mujeres antes de esto, así que a menos de que haya sido un descuido por parte del especialista, o ella haya recibido un falso negativo, no estoy segura de qué sucedió.
—No lo sabía. Nadie lo sabía. No hasta que se me empezó a notar. —Baja la vista a sus manos y no puedo evitar notar su holgada camiseta, preguntándome qué tan recientemente ha dado a luz.
—¿Estabas saliendo con alguien más mientras estabas embarazada? O…
—No.
No tiene sentido.
—Entonces, ¿por qué estás aquí? ¿Por qué te harás el Procedimiento otra vez si no has salido con nadie?
—Mis padres me obligaron a dar al bebé en adopción hace tres días. Quieren eliminar a mi bebé, Liam, de mi memoria. No confían en que no iré a buscarlo ni intentaré recuperarlo —murmura a través de una nueva ola de lágrimas—. Pero no lo haría. Sé que él está mejor así. Solo quiero conservar su recuerdo. No necesito tenerlo a él.
Comprendo ahora que sus padres no le estaban dando permiso para realizarse el Procedimiento. La están obligando.
Es raro, y necesitas tener la aprobación de un doctor, pero he escuchado de personas que se hacen el Procedimiento para disminuir su dolor después de la pérdida de un ser querido. Pero nunca he escuchado sobre algo como esto.
Se siente mal.
—No quiero olvidar a mi bebé —dice en voz baja—. Todo un mes de tenerlo durmiendo conmigo en la cama. Mirándome mientras le doy de comer. Y la mano más pequeñita de todas agarrándome un dedo. —Me mira entonces, y su angustia es palpable—. Su olor y su sonrisa. Todo se irá. Mi cuerpo recordará, pero yo no.
Mi corazón se rompe por ella y parpadeo para alejar las lágrimas antes de que pueda verlas. Es poco profesional y completamente fuera de lugar involucrarme emocionalmente con los pacientes.
Usualmente no lo hago. Usualmente soy buena para mantener separados mis sentimientos de mi trabajo.
—Bree, mira… —Intento ser honesta con ella—. No sé qué puedo hacer para ayudar, pero… esto parece complicado. Puedo intentar hablar con la doctora, pero dame un minuto. ¿De acuerdo?
Sonríe débilmente, sus ojos brillan a causa de las lágrimas.
—Gracias.
Dejando sola a Bree en la habitación, voy en busca de la doctora Howard. Toco dos veces en la puerta de su oficina antes de que ella me diga que entre.
—¿Está lista para mí? —pregunta, alzando la vista de su computadora.
—No aún. Quería comentarte algo antes de comenzar el Procedimiento en Bree.
Su cara se muestra abierta, expectante.
—Bien.
—Bree se hizo el Procedimiento hace más de nueve meses para remover a su última pareja.
—Correcto. Hoy es su segundo Procedimiento.
—Pues estábamos hablando y… el Procedimiento de hoy es para remover los recuerdos de su hijo, Liam. Lo dio en adopción, y…
—Te reitero que estoy consciente de eso —dice secamente la doctora Howard.
Frunzo el ceño, confundida.
—Legalmente su única obligación es remover los recuerdos de su relación. No a su hijo.
—Pero ella sigue siendo menor de edad, y esto es lo que sus padres pidieron.
Una sensación enfermiza e incómoda se posa sobre mí.
—Gianna —digo. Pocas veces uso el primer nombre de la doctora Howard, pero necesito que entienda lo mal que está esto—. Bree no quiere el Procedimiento. Está de acuerdo con la adopción. No creo que sea necesario…
—Pues sus padres sí.
—Pero…
Alza un dedo bien cuidado.
—Tengo las manos atadas, Bella. Después del error que hubo con su prueba de embarazo que no fue registrada correctamente, me rehúso a negarles esto a sus padres. No puedo tener una demanda en mis manos. Tenemos que hacerlo.
El miedo se instala.
—¿No hay nada que podamos hacer para ayudar?
—Sí. Sí lo hay. La estamos ayudando al hacerle el Procedimiento.
Está mal, está mal, está mal.
Sin embargo, no puedo obligarme a decirlo. No puedo obligarme a expresarme en contra de mi jefa, alguien que solamente está haciendo su trabajo, uno que es requerido por el gobierno.
—Es… —La palabra se queda en mi lengua.
—Es la vida —es todo lo que dice.
Las lágrimas escocen en las comisuras de mis ojos una vez me encuentro afuera de su oficina. Me tomo un momento para recuperar la compostura y Vanessa me ve con la espalda apoyada en la pared.
—¿Estás bien? —pregunta y le quito importancia. Lo último que necesito es que otra vez ande por la oficina chismeando sobre mí.
—Bien —digo secamente antes de regresar a la sala de examinación.
Bree está ahí sentada con una mirada de esperanza en la cara.
Sin embargo, cuando ve la mía su expresión flaquea.
—No —llora.
—Bree, lo siento. Es que… eres menor de edad. Tus padres quieren que esto suceda. No podemos hacer nada…
Se baja de la camilla de un salto y pasa deprisa junto a mí, pasa demasiado rápido para que la detenga de no salir corriendo de la sala.
Todo después de eso sucede muy rápido.
Aro y Marcus la detienen.
La arrastran de regreso a la sala de examinación.
Ella se retuerce y lucha y grita.
Rasguña la mejilla de Aro, patea la espinilla de Marcus.
Pero la lucha es por nada.
En ese momento salen las ataduras y es difícil escuchar las instrucciones de la doctora Howard sobre los gritos de Bree.
—Bella —me dice la doctora Howard con firmeza, mirándome—. Sédala.
Sacudo la cabeza una vez y me espabilo, moviéndome en autopiloto.
Jeringa.
Aguja.
Piel.
—Por favor, Bella. Por favor —me ruega Bree y tengo que apartar la mirada de sus ojos—. Por favor.
Lo siento, pienso.
Lo siento, lo siento, lo siento.
Los parpados de Bree se agitan hasta que se cierran, un último por favor apenas audible sale de sus labios.
Mi corazón se hunde y las palabras hacen eco ruidosamente en mi mente.
Es cruel.
Injusto.
Está mal.
XXX
—Fue una locura, ¿no?
Vanessa.
La ignoro.
—En serio, por un segundo creí que se escaparía.
Jessica se ríe con ella, pero yo permanezco callada. Puedo sentirlas mirándome, esperando una reacción.
—Bella, ¿puedes venir a mi oficina? —me llama la doctora Howard desde el final del pasillo.
—Oh, mierda —murmura Vanessa—. ¿Qué hiciste?
—Nada —digo a la defensiva y pongo los ojos en blanco antes de caminar hacia la oficina de la doctora Howard.
—Toma asiento —dice la doctora Howard, cerrando la puerta detrás de ella.
—¿Todo bien? —pregunto cuando se sienta frente a mí.
Parpadea unas cuantas veces, y su sonrisa normalmente cálida se siente forzada.
—Conmigo, sí. ¿Qué hay de ti?
Me arranco la piel alrededor del pulgar.
—Estoy bien, sí.
Cuando se inclina un poco hacia enfrente, junta las manos sobre su escritorio.
—Me preocupa, Bella. De verdad que sí.
—¿Qué?
—Tú.
Entrecierro los ojos.
—¿Por qué?
—Parecías estar un poco sentimental hoy.
—Estoy bien —repito.
—¿Y si te tomas un día? Descansa. Mímate y esas cosas.
—En serio, estoy…
—No es una sugerencia —dice la doctora Howard con severidad y mi expresión debe flaquear porque suaviza su voz—. Estás bajo mucha presión.
—¿Lo estoy?
—Por las clases y el trabajo y… —hace una pausa—. Termina el día, y luego creo que te vendría bien retroceder un poco. Regresa renovada el martes.
—Bien.
Me paro, pero no es hasta que llego a la puerta que ella dice:
—Jamás puede volver a suceder algo como lo de hoy. Nada de dudas de tu parte. Nada de empatía. Si alguien más se enterara…
Todavía dándole la espalda, digo:
—Lo entiendo.
XXX
Esterilizo la habitación donde estaba Bree.
Espray.
Limpiar.
Espray.
Por favor.
Todavía puedo escuchar la desesperación en su voz.
No.
Pienso en el bebé al que renunció.
Pienso en su amor incondicional.
Mi cuerpo lo recordará, pero yo no.
De todas formas, le quitaron todo.
Recuerdo sus ojos.
El miedo.
La angustia.
Mis propios ojos arden en respuesta. Tal vez unos días lejos del trabajo me vendrían bien. Me aclararían la cabeza.
En el otro lado de la camilla, encuentro una liga. Es delgada. Sin forma. Debió pertenecer a Bree. En lugar de tirarla, me la pongo en la muñeca y apago las luces de la sala.
—¿Vas a cerrar? —pregunta Vanessa, asomando la cabeza en la sala de personal.
—Sí.
—B-ien —dice, extendiendo la palabra—. Nos vemos el martes.
Debe saber que me pidieron que no viniera mañana. Estoy segura de que ella y todas las demás estarán hablando de mí mañana. Tal vez debería sentirme avergonzada, pero no encuentro en mí la fuerza para que me importe.
Recojo lentamente mis pertenencias, luego me quedo ahí un rato. Ni siquiera estoy segura de por qué me estoy tomando mi tiempo hasta que todos se van. Es entonces que mi mente se decide.
El archivo completo de todos está protegido. Es confidencial. Están en el sistema y las únicas personas con acceso completo a ellos son los cirujanos. Los archivos a los que tenemos acceso los especialistas son los básicos con información estándar como dirección, números de teléfono, historial médico previo, y cada detalle del Procedimiento, pero los nombres de aquellos que han sido borrados están ocultos.
Pienso en Bree y hojeo el archivo del paciente, marco su número antes de cambiar de parecer.
—¿Hola?
—Hola. ¿Edward? Soy Bella. De la clínica.
—Hola. —Puedo escuchar su sonrisa a través de la línea—. Aunque me refiero a ti como "Bella del autobús".
Ignoro la vibración en mi estómago.
—Solo estaba… llamando para saber cómo estabas.
—Creí que no tenías que hacerlo ya que no te importa. —Suena divertido al hacer referencia a nuestra conversación de ayer en el autobús.
—Como tu especialista, sí me importa.
—¿Y qué hay de solo como Bella? —Permanezco callada el tiempo suficiente para que él tenga que hablar de nuevo—. Estoy… —Se toma un momento, luego dice—: De hecho, me siento un poco mareado.
—¿Qué?
—Débil, ya sabes. Aturdido. En realidad, no creo que deba estar solo.
Tampoco quiero estar sola. No después de hoy.
Jalo la liga que tengo en la muñeca y la dejo golpearme contra la piel.
—Pues —me aclaro la garganta—, ¿tienes alguien que pueda controlarte?
—No.
—Pondré una nota en tu archivo sobre tus síntomas. Tal vez deberías ir a tu clínica más cercana para que te revisen. Que sea lo antes posible, ¿por favor?
Pienso en todas las cosas que pueden salir mal con los mareos.
Hemorragia cerebral.
Epilepsia.
—Bien. Lo haré —dice, sin sonar para nada preocupado.
—Bien.
—¿Cómo estás tú? —pregunta y, por alguna razón, eso me sorprende.
—¿Yo?
—Sí, tú —dice, su voz suena más baja—. ¿Cómo estás?
—Estoy… —Miro sobre mi hombro, asegurándome de que no haya nadie más del personal cerca—. Hoy fue difícil —admito, en voz baja y vulnerable.
—¿Por qué?
—No quiero… —exhalo profundamente en el teléfono—. Simplemente lo fue.
—Lamento escuchar eso.
—Estaré bien.
Esperamos en silencio, pero no es tan incómodo como pensé que sería.
—Ve a la clínica, ¿de acuerdo? —lo aliento.
Su risa entrecortada se derrama sobre el teléfono.
—Dije que lo haré.
—Prométemelo.
Ni siquiera sé qué es lo que le estoy pidiendo en realidad, pero se siente importante. Lo es.
La línea se queda extrañamente en silencio, luego Edward dice:
—Lo prometo, Bella.
—Gracias.
Nos despedimos y, antes de poder analizar de más mi siguiente acción, anoto la dirección de su casa.
