Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 12
POV Edward
El autobús se aleja de la banqueta y me quedo parado en mi sitio, mirando hasta que ya no puedo verlo más.
Bella ni siquiera voltea hacia atrás. Creí que tal vez la vería girarse. Creí que podría cambiar de parecer, bajarse del autobús y aceptar mi oferta de pasar otro rato juntos.
Porque eso es todo lo que necesito, carajo.
Solo necesito un poco más de tiempo con ella antes de que finalmente me recuerde.
Y está tan cerca.
Tiene que recordar.
Si no lo hace, entonces, ¿por qué carajos yo sí la recuerdo?
Tiene que haber una razón.
Esta noche más temprano, cuando le dije que todavía soñaba, estaba mintiendo. En realidad, no son sueños. Son pesadillas.
Cada noche recuerdo lo que me fue arrebatado. Lo que perdí. No estoy seguro de si tengo suerte porque el Procedimiento falló y todavía recuerdo cada momento que Bella y yo compartimos, o si los recuerdos permanecen para torturarme.
Algunos días parece que es por la última razón.
Recuerdo la primera vez que la vi en el autobús y todos los días que siguieron después de eso. Hermosa, distraída, enojada. Se subía, mantenía la cabeza agachada y se bajaba. Nunca sonreía. Pero no tenía que sonreír. Y nunca me miraba. Si me miraba, era cuando yo no la estaba viendo. Pero yo siempre la estaba mirando.
Y luego un día, hablamos. O más bien, ella me gritó. Algo así.
Había escuchado una conmoción en la parte frontal del autobús y comprendí que ella estaba peleando con el chofer. Todos los demás solo veían confundidos, no querían involucrarse, pero yo avancé hacia el frente para ver qué estaba pasando. Reuní toda la información posible de su discusión y entendí que el chofer casi había golpeado a un gato, y ella estaba intentando hacerlo detenerse para poder ir a ver cómo estaba. Pero él se negaba. Incluso culpaba al gato. Dijo que no debió haberse atravesado corriendo por la carretera. Que había recibido lo que se merecía.
Así que intervine.
A Bella no le gustó eso.
De repente su enojo iba dirigido a mí, e insistía en que no necesitaba mi ayuda, que ella se estaba haciendo cargo. Le señalé amablemente que no se estaba haciendo cargo porque el chofer todavía no detenía el autobús.
Tampoco le gustó eso. Que yo tuviera razón. Dijo que era un presuntuoso, y necesitaba meterme en mis propios asuntos.
Ella pudo haberme insultado, pero no me importó. Solo miraba el rojo de sus labios, preguntándome a qué sabrían. Preguntándome si ella alguna vez había sido besada de la forma en que yo quería besarla. Y ese pensamiento era tan extraño, tan nuevo para mí. No pensaba mierdas como esas de mujeres que no conocía. Pero lo pensaba de ella, y a una parte de mí le preocupaba que ella pudiera notarlo. Que estaba muy jodidamente claro en mi rostro lo atractiva que creía que era.
Ya que al fin estaba lo suficientemente cerca para mirarla sin descaro, noté cosas que no había notado antes. Como las pecas en su nariz, el tinte rojo de su cabello. Finalmente podía ver que sus ojos no eran solo verdes, sino que tenían tintes de café. Como los míos.
Estaba perdido.
Y nunca antes en toda mi puta vida me había sentido más como un pervertido.
Aunque no me importaba.
Sabía que ella era la hija del alcalde. No era estúpido. También sabía que no tenía ni la más mínima oportunidad con ella. Así que solo le sonreí ante su evidente irritación conmigo y le pregunté si se había levantado por el lado equivocado de la cama, lo cual solo aumentó su frustración.
Eventualmente el chofer llegó a la parada designada, y Bella salió corriendo de inmediato del autobús, empujando a desconocidos que intentaban subirse.
Cuando se fue, le murmuré al chofer que era un idiota. Así que me corrió del autobús. Lo cual estaba bien, porque de todas formas iba a seguir a Bella. La encontré a un par de cuadras, agachada en medio de la calle, revoloteando sobre un gato negro.
Debió sentir mi presencia porque alzó la vista, la preocupación era evidente en su rostro. Pero no se mostró sorprendida al ver que la había seguido. Y me gustó eso. Me gustó que no me cuestionó por qué vine tras de ella. La verdad era que no tenía ni idea de por qué lo había hecho. Solo que quería hacerlo. Tal vez incluso lo necesitaba.
—Está herida —dijo, alzando la vista hacia mí, como si yo supiera cómo arreglar esto.
Fue tentador espetarle en respuesta que tal vez sí necesitaba mi ayuda después de todo, pero me mordí la lengua y me puse de rodillas junto a ella, inspeccionando el daño. Comprendí entonces que había visto a esa gata vagar por mi vecindario.
—Es Pepper —dije. Estaba herida, pero no era tan malo como pensé. Había estado dispuesto a apostar que el autobús no le había pegado, y ya había estado herida por otras circunstancias.
—¿Pepper? —preguntó Bella.
—La gata —aclaré—. Ese es su nombre.
—¿La conoces?
—Sí —sonreí—. Somos viejos amigos.
Su mirada estaba de regreso en la gata, así que mis ojos estaban en ella. Miraba la inclinación de su nariz, la curva de sus labios al murmurar el nombre de Pepper como si al repetirlo tuviera poderes de sanación.
—Necesita ir a un veterinario —dijo, su voz sonaba más suave que antes. No tenía un toque de sarcasmo como en el autobús.
—Probablemente —acepté—. Aunque creo que todavía le quedan unas cuantas vidas en ella.
Bella sonrió brevemente ante eso. Yo me desabroché la delgada chaqueta que llevaba puesta y cargué a Pepper con ella, mirando a mi alrededor en busca de la parada de autobús más cercana.
Me sorprendió cuando Bella me siguió a mí en esta ocasión.
Los dos regresamos al autobús y viajamos hacia la clínica veterinaria más cercana, con Pepper maullando a forma de protesta durante todo el camino. Al final terminó estando bien, solo la tuvieron ahí unos cuantos días, y la siguiente vez que vi a Bella en el autobús ya teníamos algo de que platicar.
Durante las siguientes semanas nos hicimos amigos. Algo así. Nuestras conversaciones comenzaban bajo la excusa del bienestar de Pepper, luego eventualmente empezamos a conocernos. Con el tiempo ella sonreía al verme subir al autobús. Cuando era yo el que se subía primero, la miraba voltear a su alrededor, como buscándome. Y eso hacía. Venía directo a mí y se sentaba a mi lado.
Quería pasar tiempo con ella afuera del transporte público, y por más de quince minutos a la vez. Así que la invité a casa usando a Pepper como excusa. Estaba un poco nervioso por permitirle ver donde vivía, pero me gustó que ella no juzgara. No pertenecía a mi barrio, pero me gustaba que tal vez, solo tal vez, a ella no le importaban esas mierdas.
Conseguí un poco de cerveza de un amigo al final de la calle, y Bella y yo jugamos con la gata en la sala. Eventualmente nos movimos a mi cuarto. Bebimos cerveza caliente. Nos reímos. Me abrí a ella sobre los problemas de salud de mi madre. Ella compartió conmigo su agobiante infancia, y cómo se sentía sofocada la mayoría de los días. Pero vivir automáticamente era más fácil que no hacerlo.
Con las ventanas abiertas, el verano sopló a través de la mosquitera. Ella se soltó un poco más, y en cierto punto estuve muy seguro de que estaba coqueteando conmigo. Después de unas cuantas cervezas más, me sentía valiente, así que le dije que había estado muriendo por hablar con ella mucho antes de la primera vez que hablamos. Supuse que no tenía nada que perder. Asumí que ella se reiría, me rechazaría y pasaríamos el resto de nuestros días en el autobús evitándonos incómodamente el uno al otro.
Pero me sorprendió.
Admitió que también me había notado meses atrás. Sin embargo, no le creí. Me habría dado cuenta de que ella me notaba. Pero no importaba si estaba mintiendo o no porque se inclinó y me besó. Ella hizo el primer movimiento. Sus labios se sentían cálidos y suaves, pero estaba un poco demasiado ansioso, le regresé el beso con brusquedad. Ella se rio en mi boca y me dejó intentarlo otra vez. Encontramos nuestro ritmo, nuestros labios se movían juntos, y fue la mejor sensación de todo el jodido mundo.
Pasamos casi todos los días juntos durante tres meses. Días de flojera en la playa. Parrilladas en mi patio trasero. Dormíamos afuera bajo el cielo nocturno. Le dije que existía una estrella por cada cosa que amaba de ella. Tal vez fue cursi, pero era jodidamente cierto.
Sigue siendo cierto.
Seguiríamos juntos si sus padres no hubieran intervenido. Les preocupaba que nos hubiéramos vuelto muy cercanos. Intentaron convencerla de que en realidad no me conocía y estaba cometiendo un error. El asunto era que ella sí me conocía. Le había contado todos mis malditos secretos, y sabía cosas sobre mí que nadie más sabía. Cosas que definitivamente sus padres no aprobarían. Cosas por las que podrían arrestarme. Y aun así, ella me quería. Todavía me elegía.
Tal vez lo nuestro había avanzado con demasiada rapidez, pero eso tiende a pasar cuando tienes fechas de emparejamiento cerniéndose sobre ti como una jodida nube negra de condena.
Yo no quería que me emparejaran.
No quería que el gobierno me dijera que me conocían mejor de lo que yo mismo me conocía. No quería que me obligaran a estar con alguien cuando ya había encontrado a la persona que quería.
Quería a Bella.
Y quería la libertad para tomar mis propias decisiones.
Pero Charles Swan se aseguró de que nada de eso pudiera pasar.
Desafortunadamente para él, recuerdo cada maldita cosa.
Es solo cuestión de tiempo antes de que Bella lo recuerde también.
