Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani B por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 13
Estoy temblando cuando me subo al autobús vacío y me tropiezo por el pasillo hasta que elijo un asiento.
Hay un breve segundo donde todavía puedo ver a Edward en mi visión periférica, parado en la calle bajo la nieve. Una pequeña ventana de tiempo donde puedo girar la cabeza y mirarlo antes de empezar a irnos.
Pero no lo hago.
Eso me da un momento de poder. Me recuerdo a mí misma que sigo en control. No estoy completamente abrumada por mis emociones como hace unos minutos, cuando estaba tan metida en él.
Durante un breve segundo, es más fácil respirar.
Pero luego el autobús se aleja de la banqueta y mi pecho se contrae con arrepentimiento.
En lugar de voltear a verlo, cierro los ojos con fuerza y recuerdo nuestro tiempo juntos esta noche.
Cada mirada.
Cada caricia.
La sensación de sus labios en los míos.
El anhelo en su voz cuando me pidió que fuera a casa con él.
El fuego lento que se arrastró a lo más profundo de mi vientre. Esa sensación ahora está reemplazada con culpa por haberlo dejado atrás.
Y sí me siento culpable. Incluso impotente. Ya no estoy en control de mis emociones. Estas se alimentan de deseo. Las sustenta él.
Por mucho que intento luchar contra eso, sé que no tiene caso.
Edward Cullen me está desenredando.
Lenta y firmemente.
Y es solo cuestión de tiempo antes de desmoronarme.
XXX
La casa está a oscuras cuando entro.
Silenciosa.
Me quito la bufanda y el abrigo, los cuelgo en el gancho junto a la puerta.
Agarrando un vaso del gabinete, me muevo hacia el fregadero para llenarlo justo cuando la puerta de Rose se abre de golpe. Me asusta, y dejo caer el vaso en el fregadero, hago una mueca cuando se destroza.
—Mierda.
—¿Bella?
—Me asustaste —murmuro, cierro el agua y acerco el bote de basura para poder tirar las piezas más grandes de cristal.
Rose enciende la luz.
—Tú me asustaste. ¿Por qué estás a oscuras?
—Estaba intentando ser… silenciosa. Creí que seguías dormida y no quería despertarte. —La mentira sale con mucha facilidad.
—No estaba durmiendo. —Todavía no la he visto a los ojos, ni siquiera he volteado hacia ella—. ¿Dónde has estado? —pregunta.
—Salí a tomar un poco de aire.
—¿Durante tres horas?
—No fue tanto tiempo.
—Está nevando.
Hay irritación en mi voz.
—Lo sé.
—Habrá una tormenta esta noche —dice, sus ojos se mueven hacia la ventana—. Estaba preocupada por ti. Intenté llamarte, pero dejaste tu teléfono.
Ni siquiera me había dado cuenta de eso. Todavía está sobre la encimera.
—Lo olvidé.
Rose entrecierra los ojos.
—¿Qué sucede contigo?
—Nada. —No quiero contarle sobre Edward o lo mucho que me atrae. No quiero admitir que tenía la esperanza de topármelo, y que he pasado las últimas horas viajando por el pueblo en autobús, dándole pedacitos y fragmentos de mí. Pequeñas migajas que llevarán a nada.
Ciertamente no le contaré sobre el beso y cómo es que quiero volver a hacerlo.
Luego una extraña comprensión se apodera de mí. No estoy segura de por qué estoy tan firme en mantener a Edward en secreto de Rose. Soy honesta con ella. Siempre lo soy. Pero hay algo burbujeando bajo la superficie, una sensación fantasma. Un instinto básico.
Creo que no confío en ella, y no sé por qué.
—Bella. —Su voz suena más aguda, y al fin la miro. Cuando lo hago, noto que ha estado llorando. Ojos rojos, cara hinchada. Durante un momento, el instinto me hace querer llegar a ella y abrazarla. Pero luego me recuerdo que no soy la única guardando secretos.
—¿Qué sucede con esta interrogación? —pregunto, abandono el vaso roto en el fregadero y rodeo la encimera para estar más cerca de ella—. Fuiste tú la que se fue de casa de mis padres sin decir ni una sola palabra.
—Dejé una nota.
—Sin una explicación real —le recuerdo.
—No me sentía bien. Necesitaba salir de ahí.
—Yo me habría ido contigo.
—Está bien. Estoy bien.
—¿En serio lo estás? —pregunto, pero es más que nada retórica—. ¿Podrías decirme de verdad qué es lo que está pasando contigo?
Tal vez estoy ansiosa por poner la atención sobre ella, pero también me siento desesperadamente preocupada.
El silencio cuelga entre nosotras, y estoy esperando que ella me diga que no pasa nada. En vez de eso, dice:
—No puedo.
—¿Por qué no?
—Simplemente no puedo.
—Rose, por favor. Me estás preocupando. Toda esa charla anoche sobre… —me detengo de repetir las palabras exactas que dijo porque con solo recordarlas me asustan. En vez de eso, todo lo que digo es—: ¿Sobre las historias de Carmen?
—Me niego a involucrarte, Bella. —Suena muy triste cuando lo dice, y mi corazón se hunde—. No me hagas involucrarte, por favor.
—Soy tu mejor amiga. Me involucro te guste o no.
—Esta vez no es así como funcionan las cosas.
—¿No confías en mí?
—No eres tú en quien no confío —susurra con una fiera determinación.
—Rosalie —le suplico, estirando el brazo para tomar su mano. Sus dedos se aferran con desesperación a los míos y, durante un momento, parece que su firmeza podría desmoronarse—. Habla conmigo. Lo que sea, no me importa. Déjame ayudarte.
Suspira, sus ojos miran hacia arriba como si estuviera diciendo una plegaria silenciosa.
—No puedes.
—Pero puedo intentarlo.
—Estoy…
—¿Estás enferma?
Su mirada cae por un momento.
—No.
—¿Tus padres están bien?
—Sí.
—¿Te preocupa tu inminente fecha de emparejamiento?
—No.
—Bien. Entonces no sé…
—Estoy embarazada.
Mi mano suelta la suya, pero no estoy segura de quién soltó primero.
—¿Qué? —Sin embargo, solo lo dice una vez—. ¿Cómo? Quiero decir, ni siquiera estás… ni siquiera estás saliendo con alguien.
—Sí salgo con alguien. Algo así.
Estas son noticias nuevas para mí.
—¿Quién?
—No puedo decirte.
—¿Por qué no?
—Porque no nos hemos registrado en el sistema.
—¿Por qué no? —repito mi pregunta, esta vez más firme. No porque me sienta molesta, sino porque ahora de verdad estoy asustada por ella. La gente tiene dos semanas para registrar su relación una vez que han decidido salir con alguien. Así es cómo el gobierno lleva un seguimiento de quién necesita realizarse el Procedimiento una vez que terminan. Si ella está embarazada, queda claro que esta relación ha estado sucediendo por más de dos semanas—. ¿Por qué no se han registrado, Rose?
Ella no responde de inmediato, tira de la orilla de su enorme camiseta. Miro su estómago, buscando un evidente bultito, pero no puedo verlo. Con el cabello atado en un chongo y nada de maquillaje se ve muy joven. Una vez más me veo asaltada con la urgencia de abrazarla y el instinto de proteger.
—No hemos registrado nuestra relación porque no podemos. Él ya está emparejado —admite.
Me quedo boquiabierta por un momento antes de empezar a pasear por la cocina.
—¿Rose? ¿Qué?
—Lo sé.
—Esto es malo.
—Lo sé —repite, su voz se rompe en la última palabra.
El no registrar una relación ya es razón suficiente para ser castigados, pero embarazarte de alguien que ya está emparejado con otra persona es algo insólito. No tengo idea de qué pasará ahora.
—¿Por qué no me quieres decir quién es?
—Porque es mejor que no sepas todo. Confía en mí.
—No. Al carajo con eso. Dímelo, ahora mismo.
—Bella.
—¿Lo conozco?
—Sí.
Pienso en las últimas semanas. Pequeños detalles empiezan a tener sentido. Sus cambios de humor. Su virus estomacal, que en realidad eran náuseas matutinas.
Y hay una cosa que sobresale de las demás.
—La otra mañana, cuando escuché la puerta cerrarse —recuerdo—. ¿Ibas saliendo o venías llegando?
Sostiene mi mirada.
—¿Te refieres a la mañana en que entraste a hurtadillas?
—No lo hagas —le advierto—. En realidad, eso no es nada comparado a esto.
—¿No me vas a decir dónde estabas?
Mis mejillas arden, pero me niego a hacer que esto sea sobre mí.
—No hasta que me respondas.
—Bien. No venía llegando ni iba saliendo. Él se fue.
—¿Lo sabe? ¿Lo del bebé?
Sus ojos se llenan de lágrimas y su mentón tiembla.
—Sí.
—¿Y qué piensa de esto? —pregunto.
Solloza y se limpia las mejillas.
—Está feliz. Está jodidamente feliz, Bella.
—¿Cómo puede estar feliz? —murmuro.
Todo lo que hace es encogerse de hombros.
—Porque me ama.
Mi pecho se siente lleno de pánico.
—¿Quién más lo sabe?
—Solo tú.
No puedo creer esto.
Es que no puedo.
Así que no lo creo.
Mi mente entra en autopiloto, y enlisto mentalmente todo lo que tiene que pasar para poder arreglar esto para ella.
—Sabes que tengo que reportar esto con los agentes, ¿verdad? —El momento en que las palabras salen de mi boca, me siento enferma de ansiedad y arrepentimiento.
Los ojos de Rose se agrandan durante un segundo antes de entrecerrarse con enojo.
—¿Qué?
—O tal vez tú puedas reportarlo —sugiero, me doy cuenta de que esto podría funcionar a su beneficio—. Tal vez es mejor así a que ellos lo descubran por su cuenta. Tuviste un error de juicio. Está bien. Tal vez…
—Detente —me advierte Rose—. No podemos hacer eso. Me niego a hacerlo.
—Pero ahora soy parte de esto. Si se enteran de que yo sabía y no lo reporté, podría…
—Pues te jodes. Solo eres parte de esto porque me rogaste —espeta Rose con enojo—. Intenté mantenerte al margen. Y lo has estado. Durante semanas. Durante años. No es mi culpa que de repente empezaras a prestar atención.
Siento que me han dado una cachetada.
—¿A qué te refieres con años? —Aparta la mirada entonces—. Solo te rogué para saber qué estaba pasando porque me preocupabas —digo, mi tono de voz se alza para estar a la par del suyo—. No pensé que hubieras roto las malditas leyes.
Alza un poco el mentón, todavía me mira acusadoramente como si ya la hubiera reportado, y ahora somos enemigas.
—Tal vez si lo confiesas, no será tan malo —vuelvo a intentar—. No puedes esconderlo por mucho antes de que se te empiece a notar.
—No puedes creer de verdad que esto no será malo para mí —dice inexpresiva—. Sin importar cómo salga la verdad, estoy jodida. Pero si tú lo reportas, será todavía peor.
—Y si no lo hago, entonces podría verme potencialmente implicada.
—Y si lo haces… —vacila, su voz tiembla—. Bella, si reportas esto, Emmett también estará en peligro.
—¿Por qué Emmett estaría en peligro? —Ella solo sostiene mi mirada, como si me animara silenciosamente a unir las piezas yo misma—. Rose, ¿por qué Emmett…? —empiezo a preguntar otra vez y es justo ahí cuando todo encaja.
Emmett y Rose.
Voces afiladas y conversaciones susurradas en la cocina esta mañana.
Rose yéndose aprisa antes de que Emmett anunciara que iba a adoptar a Liam.
Emmett diciéndome en el carro que se siente tan jodidamente feliz a veces y no cree merecerlo.
Sus sonrisas y ese aire coqueto que siempre traduje como amistad.
Ahora todo es tan evidentemente obvio.
—¿Emmett? —Mi voz suena demasiado baja para lo rápido que se acelera mi pulso.
—Sí.
—Rose… ¿por qué?
—¿A qué te refieres con por qué? —murmura, las lágrimas caen con furia por sus mejillas—. Lo amo, Bella.
—Pero él está con Kate.
—¿Y qué? Él no la ama. Él también me ama a mí. Quiere estar conmigo.
Me llevo las palmas de las manos a los ojos.
—¿Cómo pasó esto? —Empieza a abrir la boca, pero la interrumpo con—: ¿Cuánto tiempo ha estado pasando esto?
—Desde antes de Kate —moquea.
Han estado escondiendo esto por más de dos años.
—¿Antes de Kate? —Paseo de nuevo de un lado a otro—. Entonces, ¿por qué no solo… solo eligieron casarse? ¿Por qué dejar que emparejaran a Emmett con alguien más?
—Bella. —La forma en que dice mi nombre me hace sentir infantil, como si me estuviera regañando por ser ingenua—. Sabes que eso nunca podría pasar.
—¿Por qué no? Él todavía no era emparejado. Ustedes se pudieron haber elegido y haber evitado todo este desastre.
Sacude la cabeza y sonríe con tristeza.
—Tus padres nunca lo habrían aceptado. Sabes que siempre han sido muy recelosos con mi familia. Apenas querían que tú y yo fuéramos amigas. ¿Crees que una Hale sería emparejada con un Swan? Nunca le habrían permitido a Emmett casarse conmigo.
—Pero te quieren —le digo, se me retuerce el estómago con ansiedad porque en lo profundo de mí sé que tiene razón.
—Como tu mejor amiga, seguro. Pero ¿como esposa de Emmett? —Puedo sentir el dolor en su mirada cuando dice esas dos palabras juntas—. Nunca habría podido suceder.
—Pudiste haber intentado…
—No. No todo en este maldito mundo es perfecto y funciona de la forma en que queremos. Entre más pronto te des cuenta de eso, te irá mejor.
—¿A qué te refieres?
—Quiero decir que esta no es la primera vez que esto ha pasado. No soy la primera en embarazarse de alguien que ya ha sido emparejado. Emmett no es el primer hombre en engañar a su esposa. ¿Qué tan estúpida puedes ser?
Sus palabras duelen.
—No soy estúpida.
—No, pero estás ciega. Mierdas como esta probablemente suceden todo el tiempo. El gobierno lo tapa todo.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque el mundo no es perfecto —enfatiza de nuevo—. ¿Crees que nunca nadie ha salido de este lugar? ¿Crees que todos solo sucumben a esta vida y eso es todo? Eso no puede ser así, Bella. No puede. No seas ingenua.
Otra cachetada.
—No estoy siendo ingenua —digo bruscamente.
—Sí lo eres. Solo que no quieres ver la verdad. Este lugar está muy jodido, y voy a encontrar una manera de salir. Igual que Emmett.
—No, no lo harás —digo, parpadeando para alejar las lágrimas.
—Lo haremos. —Lo dice como si fuera una promesa. Un reto. Se me hiela la sangre.
—¿Cuándo?
—Pronto. Antes de que alguien se entere de esto.
—Esto es… una locura —murmuro.
—Me siento loca. Como si me estuviera sofocando. El único respiro que me han dado en años es estar con Emmett, y me niego a dejar que alguien me quite eso. —Nos quedamos calladas, ambas lloramos en silencio—. Te dije todo esto como mi mejor amiga. Y como mi mejor amiga, te ruego que no digas nada. Porque si reportas esto… —Se cubre el vientre con una mano, y aunque apenas está levemente redondeado, mi corazón duele—. Estoy segura de que me obligarán a tener al bebé y sabrá Dios qué harán conmigo.
—Detente. No harían nada —exhalo, pero apenas lo creo yo misma ya que mi mente inmediatamente se dirige a Bree y Liam.
—Lo harían. Lo harán.
Mi estremecimiento sube por mi espalda.
Me da vueltas la cabeza y me siento mareada con angustia.
La repentina urgencia de escapar se apodera de mí.
—Necesito… necesito salir de aquí. Necesito un poco de aire.
—¿A dónde vas? —me pregunta Rose cuando agarro a toda prisa mi chaqueta y mis llaves.
—No sé.
Otra mentira.
Sé exactamente a dónde voy.
Rose corre hacia mí y me agarra el brazo para detenerme.
—Bella, por favor, no hagas nada estúpido. Por favor —me ruega, buscando mi mirada—. Prométemelo. Te necesito. Tu hermano te necesita.
Intento encontrar las palabras para consolarla. Quiero prometerle que nunca haría nada que la pusiera en peligro. Quiero decirle que puede confiar en mí. Pero no lo hago porque estoy asustada. Porque sé que tiene razón.
No saldrá nada bueno de esto, sin importar cómo se desarrolle.
Sin importar quién confiese primero.
XXX
Cuando Edward abre su puerta no se ve nada sorprendido de verme. Su falta de sorpresa rápidamente se convierte en preocupación cuando ve mi expresión.
—¿Estás bien?
La gentileza en su voz desentraña la emoción que he guardado en mí durante el viaje aquí. Pero, si soy honesta, he estado guardando estos sentimientos desde ese día en la clínica con Bree.
Apenas puedo pronunciar palabra antes de encontrarme llorando en mis manos. Sollozos que me agitan el pecho y me cierran la garganta.
Siento su toque en mis hombros, y me sobresalto por un momento antes de ceder y dejarlo que me lleve adentro.
—¿Qué sucede? —pregunta con suavidad, cerrando la puerta a sus espaldas.
Alzo la vista, me tiembla el mentón, no sé dónde comenzar.
»Bella… oye. —Con sus manos en mis hombros, Edward se agacha ligeramente para verme a los ojos—. Habla conmigo. ¿Estás herida?
—No. —Niego con la cabeza—. Estoy asustada —murmuro a través de los sollozos—. Perdón. Lamento haber venir aquí; es que no sabía a dónde más ir.
—No lo lamentes. Me alegra que estés aquí.
Cuando se endereza, deja deliberadamente que sus manos bajen de forma lenta por mis brazos. Es tierno, tranquilizante. Antes de que me suelte completamente, agarro su camiseta y lo mantengo en su sitio. Alzo la vista a él, suplicante, desesperada por su consuelo.
—¿Podrías…? —susurro, mirando su pecho.
Las palabras se quedan en mi lengua.
Abrazarme.
Arreglar esto.
Decirme que todo estará bien.
Susurra mi nombre, luego me jala hacia él, me rodea con sus brazos y me abraza con fuerza.
Puedo sentirlo inhalar.
Exhalar.
Como si al fin pudiera respirar.
Yo también estoy respirando con más facilidad ahora.
—Te tengo —murmura en mi cabello—. Está bien.
Con la cara enterrada en su pecho y mis brazos alrededor de su cintura, me deja llorar.
Lloro por Bree, por lo que perdió.
Lloro por Emmett y por Rose, por lo que enfrentarán.
Y lloro por mí, pero ni siquiera estoy segura de la razón.
