Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 20

No me atrevo a contarle a Emmett sobre Edward. Simplemente no puedo. Porque una vez que les dé voz a mis miedos, se sentirán demasiado reales y no quiero que lo sean. No quiero contemplar la idea de que Edward pudo haberlos reportado.

Emmett revolotea por ahí, hace más preguntas que no puedo responder. Está irritado, pero igual yo. Ambos estamos atrapados en este desastre y preocupadísimos. Su angustia se manifiesta al destrozar el apartamento y golpear ocasionalmente las paredes. La mía se manifiesta en forma de silencio.

Me quedo encerrada en mi cabeza, yendo y viniendo, convenciéndome de que Edward no los reportaría, luego se me ocurren razones por las que sí lo haría.

Pienso de nuevo en esta mañana, en escuchar a Edward al teléfono, pero eso pudo haber sido nada. Pudo haber estado llamando a Lauren para avisarle que no necesitaba cuidar a Esme. Aunque incluso si no estuviera reportando a Em y Rose en ese momento justo, hubo muchas otras oportunidades entre anoche y esta mañana en las que no estuvimos juntos y él pudo hacerlo. Como cuando me dormí en su sofá antes de empezar a beber. O cuando me dejó sola en su habitación antes de que él llegara a acostarse conmigo. O incluso esta mañana, cuando despertó horas antes que yo.

Todo lo que habría necesitado es hacer una simple llamada con pocos detalles. Los ejecutores pudieron haber llegado a la casa en minutos a pesar de la nieve. Incluso si se resistía, no habrían tardado nada en llevarse a Rose. Y ella se habría resistido, sé que lo habría hecho.

Pero también conozco a Edward. Él detesta al gobierno. Incluso insinuó que ha hecho algunas cosas ilegales. Y yo le importo. Sé que sí. Lastimar a Rose significa lastimarme a mí y él no haría eso. Simplemente no lo haría.

Así que cuando Emmett me vuelve a preguntar si estoy segura de que nadie más lo sabe, miento. Me cubro a mí misma. Protejo a Edward. Y decido que más tarde esta noche regresaré a su casa y descubriré la verdad por mi cuenta antes de hacer alguna acusación.

XXX

Emmett busca más pistas en la habitación de Rose mientras yo nos preparo un poco de té. Es tentador servirnos algo más fuerte, pero sé que necesitamos enfocarnos justo ahora.

Entra a la cocina arrastrando los pies y miro su cara, esperando que tenga alguna nueva noticia para compartir. Sus ojos no se encuentran con los míos al sentarse en la mesa.

—¿Te podrías poner esto en la mano, por favor? —murmuro, empujando una bolsa de hielo hacia él.

—Así estoy bien.

—Se está hinchando. —Pero a él no le importa. Así que dejo el tema y me siento frente a él—. ¿Deberíamos llamar a papá? —pregunto con cautela.

He estado pensando en eso durante la última media hora, pero no había podido convencerme de decirlo hasta ahora. Cuando éramos niños y nos metíamos en problemas, teníamos un pacto en el que nunca nos delatábamos. Nunca involucrábamos a nuestros padres a menos de que fuera necesario. Por supuesto, esos días involucraban circunstancias y repercusiones de menor gravedad. Esto es de vida o muerte, no juegos tontos de niños. Pedir ayuda a nuestros padres ahora significa la derrota.

Em alza la cabeza de golpe.

—¿Qué?

—Dije que tal vez deberíamos llamar a papá.

—Te escuché —murmura—. No le dijiste nada a él, ¿cierto?

—No. No he hablado con ellos ni los he visto desde tu incómodo desayuno de cumpleaños. —Me llevo las rodillas al pecho y recuerdo lo que parece haber sucedido hace tanto tiempo. Pero fue apenas ayer en la mañana que Em y Kate nos estaban presentando a su hijo nuevo, Liam. Creo que Rose lo sabía. Debe ser por eso que se fue tan repentinamente de la casa de mis padres—. ¿Le contaste a Rose sobre Liam? ¿Es por eso que no se quedó al desayuno?

Asiente de forma solemne.

—Me preocupaba cómo reaccionaría ella al escuchar esta noticia frente a todos. Sería demasiado… —se detiene y se pellizca el puente de la nariz—. No quería lastimarla de esa manera —me dice, sus ojos se ven honestos y llenos de remordimiento—. Adoptar a Liam no fue idea mía.

—Lo sé. —Suspiro, mi corazón se hunde al pensar en lo devastada que debió sentirse Rose al saber que Em estaba jugando a la "familia" con Kate y ella era solo su secreto—. ¿Crees que tal vez papá haya sabido algo o…?

—No sé ni me importa. Él no se va a involucrar. ¿Entendido?

Me irrito ante su tono y me trago mi actitud defensiva.

—Fue solo una sugerencia.

—Es una estupidez, eso es lo que es.

—No estoy diciendo que le digamos todo. Ni siquiera te mencionaría a ti. Podría preguntar…

—No.

—Pero…

—Bella, dije que no. Déjalo. ¡No lo vamos a involucrar!

—Dios, Em.

Su mirada se suaviza por un momento antes de dejar caer la cabeza en sus manos.

—Lo siento, es que… —exhala profundamente—. ¿Qué carajos voy a hacer?

No lo sé.

No sé qué decir o hacer, así que permanezco callada.

Nos quedamos sentados en silencio por demasiado tiempo y es el teléfono de Emmett el que rompe la tensión. Murmura que es Kate y me siento más erguida, como si ella pudiera saber algo.

—Hola —responde, parándose para caminar por la habitación—. No, estoy con Bella. Ella necesitaba ayuda con algo. El calentador de agua o alguna mierda. —Me pregunto cuánto tiempo me ha estado usando como una excusa para ver a Rose. Mi mente reproduce cada visita sorpresa, cada vez que llegaba a casa y él estaba aquí con una explicación que no cuadraba del todo.

Rose tenía razón. No sé cómo estuve tan ciega por tanto tiempo.

—¿Qué le pasa a Liam? —pregunta Emmett con cansancio—. ¿Intentaste darle de comer? ¿Cambiarlo? —Puedo escuchar la agudeza del tono de Kate al otro lado de la línea, y Em suspira exasperado—. Volveré a casa pronto. —Ella debe decirle que lo ama porque todo lo que él dice es yo también antes de colgar la llamada.

—¿Todo está bien? —pregunto con cautela.

Sus hombros se hunden.

—No.

—¿Qué sucede?

—¿Qué no sucede? —pregunta con tristeza. Me refería a qué sucedía con Liam, pero no puedo hablar antes de que Em diga—: Estoy en un matrimonio sin amor, criando a un hijo que no quiero, y la mujer a la que amo, que lleva en su vientre a mi hijo, está perdida. Todo está mal, Bella. Cada maldita cosa está mal.

—Lo siento —susurro.

—No lo sientas, solo… carajo. No sé.

—Sé que estás estresado. Yo también, Em. —La emoción se alza de forma pesada en mi garganta, pero me la trago—. Estoy preocupada, y yo también la quiero.

—Lo sé. —Se vuelve a sentar, pasándose una mano por la boca. Después de un momento de silencio, él habla con ojos entornados—. Espera, ¿entonces en dónde estabas?

—¿Qué?

—Dijiste que no estabas aquí así que no sabías exactamente qué había pasado con Rose. ¿Dónde estabas?

Se me acelera el corazón. Sé que Em dijo que Rose lo llamó anoche, pero hay una buena posibilidad de que ellos hayan hablado antes de que yo hablara con ella. Si lo hicieron, él no sabría que yo estaba en casa de Edward. Creo que si lo supiera ya habría mencionado ese detalle.

—Estaba en la tienda.

—En la tienda —repite, mirándome.

—Sabía que iba a caer una tormenta. Y necesitábamos algunas cosas. Papel de baño, té. —Le estoy dando demasiada información, pero mencionar la tienda no explica por qué no estuve aquí en toda la noche. Así que añado—: Luego fui a casa de Vanessa y me quedé ahí.

—Uh. —Lo considera—. Creí que la detestabas.

—No es tan mala.

—¿Luego regresaste esta mañana y Rose ya no estaba?

—Sí. —Trago—. Quiero decir, supongo. Definitivamente no la vi después de irme anoche. —Esa parte ni siquiera es una mentira, pero mi estómago se retuerce de todas formas. Si se la llevaron, me arrepiento de no haber estado aquí, pero al final sé que no hay nada que pude haber hecho para detener su futuro.

—Ya veo —es todo lo que dice.

—¿Qué?

—Nada.

—No me crees —lo acuso.

—No, no te creo.

—Emmett, yo no la reporté, carajo —digo bruscamente, consolándome con el hecho de que eso no es una mentira—. Lo juro por Dios.

—Pues tienes una coartada de mierda.

Todavía no puedo contarle sobre Edward. Quiero tener la oportunidad de hablar con Edward antes de complicar esto más de lo necesario. No tiene sentido culpar a nadie cuando ni siquiera estamos seguros de qué fue lo que le pasó a Rose.

—No necesito una coartada —enfatizo—. ¿No crees que te habrían llevado a ti también si se la hubieran llevado a ella?

Miro su mandíbula tensarse.

—Supongo.

—Te habrían llevado. De ninguna manera te habrían dejado salirte con la tuya al romper la ley también.

—Gracias por el recordatorio, hermanita —dice enfurruñado—. Siempre he sabido en qué lado de la ley estás. —Su voz tiene tanto desdén que la culpa me devora.

Mi silla se desliza sobre el piso de madera al ponerme de pie.

—No. No seas un patán conmigo solo porque estás molesto. Yo también tengo miedo, ¿de acuerdo?

—¿ tienes miedo? —Alza la voz y hago una mueca—. Yo soy el que podría perderlo todo, Bella. ¿Qué carajos tienes tú para perder? —Un destello de duda pasa inmediatamente sobre su rostro después de decirlo. Casi como si se arrepintiera.

—¿Qué? —digo enfadada.

—Nada —murmura, pasándose una mano por la boca—. Carajo. Lo siento.

Le doy la espalda y me muevo hacia el fregadero para tirar mi té por el desagüe.

—Bella, lo siento. ¿Sí?

—Está bien —digo, encogiéndome para quitarle importancia.

—No está bien. Estoy desquitando mi enojo contigo y no es justo.

Cuando me doy la vuelta, sus ojos se encuentran con los míos. Quiero abrazarlo. Quiero asegurarle que todo estará bien. Pero ni siquiera yo creo eso. Así que me quedo parada con la espalda hacia el fregadero y no digo nada.

—No puedo quedarme aquí sentado —dice después de un segundo—. Necesito ir a buscarla.

—¿A dónde?

—No tengo idea. Solo necesito manejar.

—Iré contigo.

—Bella, no. Espera aquí en caso de que regrese.

—No. No puedo quedarme a esperar aquí más de lo que tú puedes. No quiero estar sola. Iré contigo —digo, pasando junto a él para ponerme mis botas y abrigo.

—Eres tan terca —me grita desde la cocina.

—Igual que tú —grito en respuesta.

Suspira con reticencia cuando me encuentra lista y esperando junto a la puerta principal.

—Bien —dice con severidad—. Vamos.

XXX

Emmett y yo manejamos por toda la ciudad por casi dos horas. No hay mucha gente en la carretera o afuera en general, así que sería fácil localizar el brillante abrigo rojo de Rose en medio de toda la nieve.

Con el silencio enervante, empiezo a hablar. Lleno el carro con divagaciones al azar antes de preguntar finalmente lo que quiero saber.

—¿Alguna vez amaste a Kate? —pregunto.

Siento que pasan minutos, pero probablemente solo han sido segundos. He aceptado que probablemente él no responderá esto cuando lo hace.

—No —responde simplemente—. Ya amaba a Rose antes de estar con Kate.

Me permito imaginarme una vida donde Em y Rose pudieran estar juntos, pero considerando todo lo que ha pasado, eso solo me entristece.

—Solo hubo una vez cuando pensé… —me detengo y comprendo que Rose probablemente estaba con Royce al mismo tiempo que con Emmett—. Un momento que llama la atención cuando se me ocurrió que tal vez ustedes dos tenían algo.

Suspira, como si no quisiera escucharlo, pero la curiosidad debe ganarle.

—¿Cuándo?

—Fue después de que Royce y ella terminaron —digo, y aprieta el agarre en el volante. Nunca le agradó Royce y lo dejaba en claro. Pero a mí tampoco me importaba Royce. A nadie. Así que el desagrado que sentía Emmett por él no era tan obvio.

—¿Qué hay con eso?

—Te dije que ella se había hecho el Procedimiento, y tú estabas actuando muy… raro. Un poco extraño. No sé cómo describirlo. Pero luego viniste un par de días después y estabas bromeando con ella sobre si te recordaba.

—Sí. —Emmett debe recordar ya ese día—. Cuando escuché que se hizo el Procedimiento, creí que tal vez nos estaba borrando a nosotros. Como si se arrepintiera de andar a escondidas o… carajo, no sé. Pero al entrar y ver la forma en que me miraba, supe que no fue a mí a quien eliminó.

—Dijo que ella nunca te borraría. Lo dijo de forma tan sincera. Yo solo… —Mis ojos escocen al mirar por la ventana—. La expresión en tu rostro cuando ella lo dijo. No tenía ni idea de por qué se sentía como un momento tan intenso. —Lo miro—. Estoy muy segura de que les dije perdedores a ambos y me reí.

Sonríe ante el recuerdo, pero no dura.

—Una semana después me emparejaron con Kate.

—Debiste haber intentado estar con Rose. No debiste dejarlos emparejarte. Todavía tenías tiempo.

—Pues sí. Debí haber hecho un montón de cosas de forma jodidamente diferente. Pero no puedo jugar ahora al hubiera. Me volvería loco.

—Sí.

—Para que lo sepas, sí lo intenté —me dice.

—¿Qué?

—Lo intenté. Seis meses antes de que me emparejaran, le dije a papá que quería estar con Rose. Pero él no creía que fuera buena idea. Me dio todo un sermón sobre expectativas y obligaciones. —Se encoge de hombros, como si ya estuviera resignado a todo eso—. Así que en lugar de registrar nuestra relación como debimos hacerlo, Rose y yo empezamos a salir en privado. No le di mucha importancia al principio. Mantenerlo en secreto era divertido. Creí que tal vez nos acostaríamos durante un tiempo y…

—No necesito esos detalles, por favor.

Sonríe.

—Todo lo que intento decir es que no creí que nos enamoraríamos. Pero lo hicimos.

Mi pecho duele por él.

—Em.

—Fui con papá una segunda vez. Incluso entonces no le dije que Rose y yo ya nos estábamos acostando ni nada parecido. Lo mantuve casual porque me preocupaba que él captara el hecho de que no nos habíamos registrado, y nos haría hacernos el Procedimiento. Pero sí insinué que estaba pensando en salirme del Grupo de Parejas. Dije que quería elegir a Rose. —Em hace una pausa—. Me preguntó por qué, Bella. Me dio la oportunidad de decir la verdad, de admitir que la amaba. Pero me quedé en silencio. No reconocí nada.

—Pero ¿por qué tendrías que dar explicaciones? Puedes elegir a quien quieras.

Él mira por el parabrisas.

—¿Por control? ¿Por quién es su familia? No sé. No importa por qué; todo lo que importa es que él no iba a permitirlo. Y en lugar de enfrentarme a él, cedí porque soy un maldito cobarde.

—No lo eres —digo con vehemencia—. ¿Qué se suponía que debías hacer, Em?

Se encoge de hombros.

—¿Luchar por ella? No sé. Solo me preocupaba que descubrieran que estábamos juntos en secreto y nos obligaran a borrarlo todo. No quería perder eso. Así que me quedé en silencio e incluso después de casarme con Kate, Rose y yo permanecimos juntos. Ha sido… algo jodido, supongo. Pero prefiero estar con Rose en secreto antes que no tenerla en absoluto.

Sopeso sus palabras y pienso en Edward. Me pregunto cómo reaccionarían mis padres al escuchar que quiero elegirlo. No estaba nerviosa por eso antes, pero ahora sí. A pesar de que ellos no deberían tener voz ni voto sobre a quién elegimos, o si es que decidimos renunciar a nuestros emparejamientos, el que Emmett no los presionara sobre estar con Rose me preocupa. Me hace darme cuenta de que tal vez ellos tienen más control del que estoy consciente.

Regresamos a la entrada de la casa y Em estaciona el carro.

—Debería llamar a los papás de Rose, ¿cierto? —pregunto con nerviosismo—. Por si acaso. No les diré nada específico, pero…

—Sí. Llámalos. Pero sé ambigua, ¿por favor?

—Lo haré.

—Debería irme a casa —dice con un suspiro de derrota—. Mantener la farsa de que todo está bien.

Me muerdo la parte interna de la mejilla.

—Suena terrible.

—Llevo años haciéndolo.

Se ve tan jodidamente derrotado, así que me desabrocho el cinturón y me inclino sobre la consola para abrazarlo. Él se tensa por un momento, luego se relaja y me regresa el abrazo.

—Ella estará bien —murmuro—. Tiene que estar bien.

—¿Y si ya la obligaron a hacerse el Procedimiento? —pregunta, todavía abrazándome—. ¿Y si no me recuerda?

El vacío en su voz hace que mi estómago se retuerza con agonía. Sin embrago, no sé qué decirle para consolarlo. Considerando que sé lo que le pasó a Bree, su miedo es una posibilidad real.

—Entonces tendré que recordarle que te amaba —digo con naturalidad.

Nos separamos y se limpia los ojos.

—¿Lo harías?

Me encojo de hombros.

—No te hagas ilusiones con que ella se enamoraría otra vez de ti —bromeo—. Me sorprende que hayas logrado enamorarla la primera vez.

—Cierra la boca. —Esboza una sonrisa, pero se vuelve agridulce—. Rose y yo no nos volveríamos a enamorar. Así no es como funciona, y ellos se aseguran de eso.

—Tal vez ustedes dos son diferentes —digo, ofreciéndole un consuelo del que ni siquiera yo estoy segura—. Tal vez serían la excepción.

—¿Desde cuándo actúas tan llena de esperanza y esas mierdas? —pregunta, mirándome.

—Desde ahora, supongo.

Suspira.

—Avísame si sabes algo. Por favor.

—Lo haré. Tú también mantenme al tanto.

—Lo intentaré.

Abro la puerta, pero antes de bajarme por completo del carro, Emmett me detiene.

—¿Bella?

—¿Sí?

Abre la boca para hablar, pero tarda un segundo antes de poder sacar las palabras.

—He sido un hermano de mierda. Debí haberte cuidado.

Niego con la cabeza y frunzo el ceño.

—¿De qué estás hablando?

Con un encogimiento, agacha la mirada.

—Nada, es que… te creo, ¿de acuerdo? Sé que tú no nos reportarías.

Durante un momento mi corazón se llena de alivio antes de verse reemplazado rápidamente con culpabilidad. Porque incluso si no los reporté, yo pude haber ayudado en eso. Hasta no saberlo con certeza, me quedo en silencio, simplemente asiento y cierro la puerta.