Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 22

Me quedo en el sofá, intentando encajar todas las piezas de sueños pasados. Ninguno tiene sentido, los fragmentos más pequeños no crean una imagen completa.

Aunque, si mi sueño fue en realidad un recuerdo, significa que estaba comprometida con Edward. Iba a desechar toda posibilidad de ser emparejada con alguien y lo elegiría a él. Esa comprensión me hace tartamudear el corazón y mis ojos se empañan.

Pero luego recuerdo que a final de cuentas no terminamos eligiéndonos. Rompimos. Ambos nos hicimos el Procedimiento y nunca sabré por qué. Si es posible que esté empezando a recordar nuestro pasado, y nos estamos enamorando una segunda vez, no sé cómo es posible.

Nunca he escuchado que la cirugía presente fallos, pero eso no significa necesariamente que sea infalible. Se supone que no debemos tener sueños después del Procedimiento, sin embargo, algunos de nosotros sí soñamos. Tal vez el que los recuerdos resurjan es otro efecto secundario del que no se habla.

Cierro los ojos y vuelvo a rememorar ese recuerdo de nosotros en mi cama, hago mi mayor esfuerzo por aferrarme a él. Me concentro en las cosas que no resaltaron de inmediato al principio, me siento ansiosa por tener todos y cada uno de los detalles. Como que la habitación estaba oscura. Y que Edward estaba a punto de irse, la sensación general de una despedida era prominente. Pero no era un final, definitivamente era un comienzo. Me aferro un poco más a la visión, me concentro en la sensación de su boca en mi piel y el sonido de su risa. Éramos felices. Jodidamente felices. Me hace anhelarlo todavía más ahora. Me hace sentir desesperada por tener el conocimiento de lo que pasó y por qué terminamos como extraños.

Abro los ojos con reticencia y dejo que el recuerdo desaparezca. Incluso si soy afortunada por recordar esta captura de lo que una vez fue, dudo que alguna vez pueda recordar por completo cada momento que compartimos. Pero tal vez se supone que no debo recordar. La gente se hace el Procedimiento por una razón. Se distancian y dejan de amarse. Siguen adelante y los emparejan. El pensar que esto ocurra entre nosotros hace que me duela el corazón de una manera en que nunca he sentido. Me devasta saber que lo de Edward y yo no funcionó. Lo que siento por él ahora, tan jodidamente esperanzador y excitante, no explica por qué nos habríamos separado.

Con un suspiro profundo, me levanto del sofá y camino hacia la cocina. La casa está en silencio, ambas puertas al final del pasillo están cerradas. Lauren debe estar en la habitación de Edward. Tal vez eso no debería molestarme, pero sí me molesta.

Estoy a punto de agarrar un vaso del gabinete cuando veo un papel en la encimera con mi nombre garabateado en el frente.

Está doblado a la mitad y lo abro.

Es de Edward.

Le pedí a Lauren que te diera esto si venías a la casa, pero no tengo forma verdadera de saber si vendrás a buscarme. Intenté llamarte, pero no contestaste. Tengo que encargarme de algo importante, pero regresaré el miércoles. Estaré pensando en ti todo el tiempo. Hay muchas cosas que quiero decirte, pero se siente mal decirlo todo en una nota. ¿Como decir que te amo? Puede que eso sea demasiado intenso para este pequeño pedazo de papel. Pero es verdad. No se sentía bien el irme sin hacértelo saber, así que vas a tener que aguantarte si es demasiado para ti. Te amo, y te veré pronto. Cuídate, por favor.

El nombre de Edward está firmado en la parte de abajo junto con los corazones dobles que dibujamos ayer en la ventana de mi carro. Los trazo con el dedo y mis lágrimas salpican la página.

Él me ama. Regresará mañana, y me ama.

Todo este tiempo estuve pensando que la historia no se repetía. Eso fue lo que nos enseñaron a creer. Pero tal vez Edward y yo no fuimos historia para empezar. Tal vez reaccionamos de forma irracional o muy impulsiva. Tal vez nunca sabré por completo qué fue lo que salió mal. Pero nuestra historia no había acabado y es por eso por lo que, incluso después de habernos borrado el uno del otro, seguimos enamorados.

La anticipación burbujea en mi garganta. No puedo esperar para contarle todo.

Leo la nota tres veces, luego el crujido del piso me sobresalta. Me giro para encontrar a Lauren parada en el marco de la puerta. Enciende la luz y ambas parpadeamos ante la repentina luminosidad. Miro sus ojos moverse hacia la carta en mis manos y la doblo por instinto.

—¿Qué estás haciendo? —pregunta bostezando.

—Encontré esto.

—Olvidé dártelo anoche. Perdón.

Me mira con atención y me limpio discretamente debajo de los ojos, intento no demostrar lo vulnerable que me siento justo ahora.

—Dice que regresará mañana —le digo, incapaz de mantener la esperanza fuera de mi voz. Estoy más desesperada que nunca por hablar con él.

Lauren empieza a hablar, pero se detiene para aclararse la garganta.

—Mira, aprecio mucho que ayudaras con Esme, pero probablemente deberías irte a casa, ¿de acuerdo?

Parpadeo, estoy un poco sorprendida por su franqueza. No esperaba que fuéramos amigas ni nada así después de ayudarla con Esme, pero supongo que pensé que sería un poco más amigable.

—Claro.

Llega la realidad. El que todo esté de cabeza justo ahora no significa que pueda simplemente desaparecer. No puedo esconderme aquí esperando a que regrese Edward. Necesito llamar a Emmett y a los padres de Rose para ver si han sabido algo. En un par de horas tengo que ir a trabajar. Pero me quedo quieta, incapaz de irme todavía porque hay un dolor en mi pecho que no quiere irse.

Quiero respuestas y me las merezco. Tal vez entonces me iré.

—¿Qué? —pregunta Lauren, tal vez siente mi curiosidad.

—Tuve un sueño muy raro —le digo.

—¿Y?

—Era sobre Edward. O sea, tal vez lo conocía desde antes —digo, analizando su reacción.

—¿Antes de qué?

—¿Antes de conocerlo hace una semana? Fue raro.

—Los sueños son raros —dice—. ¿Y no se supone que son inusuales después del Procedimiento?

—¿Cómo sabes que me he hecho el Procedimiento?

La estoy escudriñando con demasiada atención como para no notar la forma en que titubea.

—Quiero decir, ¿acaso no nos lo hemos hecho todos? —pregunta casi como si fuera una estupidez preguntar eso.

—No necesariamente —respondo—. ¿Tú sí?

Se encoge como si no fuera para tanto.

—Tengo dos cicatrices detrás de la oreja, así que debí hacérmelo.

Pienso sobre los dos Procedimientos de Edward. Si uno de ellos fue el resultado de removerme a mí, me pregunto quién fue la otra. Mi mente va directo a Lauren y un golpe de celos explota en mi estómago. Pero es irracional. Incluso si salieron y se hicieron el Procedimiento, no podrían saberlo. Y es de de quien él se está enamorando una segunda vez. No de ella.

—Yo no le daría mucha importancia al sueño, ¿de acuerdo? —dice, mirándome con detenimiento.

Su tono es demasiado gélido y entorno los ojos. Pero así es cómo se supone que ella debe actuar, como si Edward y yo nunca hubiéramos estado juntos. Es la ley. No puedo culparla por seguir las reglas y mantenerse en línea. Esa era yo también… hasta hace poco.

La tos de Esme suena al final del pasillo, llamando mi atención.

—¿Está bien? —pregunto.

—No creo que los antibióticos vayan a hacer magia de la noche a la mañana, pero estoy segura de que estará bien. Gracias otra vez —dice con cautela—. No olvidaré esto. —Aunque me acaba de agradecer, a su voz le falta cierta calidez.

—No te agrado, ¿cierto? —pregunto sin pensar.

Alza un poco el mentón.

—¿Por qué lo piensas? Ni siquiera te conozco.

Es algo atrevido, y ni siquiera tengo la certeza, pero de todas formas pregunto:

—¿Segura que no?

Su expresión flaquea una segunda vez.

—¿Qué?

—¿Podrías dejar estas mierdas y decírmelo? ¿Por favor?

—¿Decirte qué? —pregunta en voz más baja.

Pepper entra de golpe a la sala y le maúlla a Lauren. Casi me hace sonreír, es como si incluso la gata estuviera de mi lado.

—¿Nos hemos conocido antes de ayer? —presiono—. ¿Conocí a Edward antes? ¿Fue él el que…?

—No —me interrumpe, sacudiendo la cabeza—. Incluso si eso fuera cierto, sabes que no puedo decir nada.

—Pero no le diría a nadie —digo desesperada—. Solo necesito que algo de esto tenga sentido. Por favor, Lauren. Tienes que decirme si sabes algo.

—En realidad, no. Y no puedo.

—¿No querrías saberlo tú? Si sintieras algo tan fuerte por alguien, ¿no querrías saber si has estado con esa persona antes? —Ella debe pensar que es una pregunta retórica porque no contesta—. Edward me dio esto, ¿cierto? —pregunto, alzando la mano para enseñarle el anillo.

Me mira por un momento más largo de lo que es cómodo o amable. Me convenzo de que tal vez ella está sopesando los pros y contras de decirme la verdad.

Al final, no me dice nada más que tengo que irme.

Así que lo hago. Y me llevo a Pepper conmigo.

XXX

El viaje en autobús a casa se siente frío y solitario. Mantengo a Pepper metida en mi abrigo, su cabecita se asoma por encima, apoya las patas en el cristal empañado. Recibo miradas raras de extraños, pero los ignoro y me aíslo.

Entre más nos acercamos a mi casa, más vibro con ansiedad. Estoy nerviosa sobre lo que voy a encontrar, o lo que no voy a encontrar, cuando llegue a casa. Dudo que Rose esté ahí; creo que ya habría sabido algo de ser así. Una parte de mí se siente culpable por no ir a casa anoche. Pero no hay nada que pude haber hecho, y la parte egoísta y asustada de mí no quería estar sola. No me sentí necesariamente confortada con tener a Lauren y Esme al final del pasillo mientras dormía, pero estar en mi propia casa y dejar que mi mente se descontrolara con imágenes de Rose siendo capturada me habría hecho caer por una espiral.

Incluso ahora las lágrimas amenazan con caer e intento no pensar demasiado en eso.

Así que pienso una y otra vez en el recuerdo donde estamos Edward y yo en la cama. Una parte de mí se preocupa de que si dejo de pensar en eso, desaparecerá. Como si nunca hubiera existido.

Pepper me lame la nariz, aliviando solo un poco el pinchazo en mi corazón.

No puedo evitar sentirme frustrada al quedarme con tantas preguntas sin responder. Estoy atrapada en este estado de incertidumbre, pero ni siquiera tengo permitido hablar de esto con nadie. Tal vez Rose me diría la verdad, pero ella no está aquí. Cuando le mencione esto a Edward, no será una situación donde él pueda recordar algo ya que también se habría removido todos los recuerdos que tenía de nosotros. Puede que suene como una loca al decirle esto.

Tal vez podría preguntarle a Emmett. Creo que, después de todo, él me diría la verdad. Decido que eso es lo que haré. La próxima vez que vea o sepa algo de Em, le contaré lo de Edward y dónde estaba exactamente la noche en que Rose desapareció. Y tal vez, solo tal vez, él podrá darme una perspectiva de mi pasado.

XXX

La casa está muy silenciosa sin Rose. Llamo a sus padres, luego a Emmett, pero ninguno responde sus teléfonos. Aunque todavía es algo temprano, así que calmo mis nervios diciéndome que me llamarán pronto. Además, puede que ellos todavía no tengan nada de información. Tal vez en este momento no tener noticias es algo bueno.

Faltando una hora para entrar a trabajar, destrozo mi habitación mientras Pepper explora su espacio nuevo. Necesito alguna pista, algo, lo que sea, que me diga si tengo razón sobre Edward. Necesito una baratija o una carta o una foto como evidencia de que estábamos juntos, así para cuando le diga podré respaldar mi historia.

Pongo mi habitación de cabeza. Vacío los cajones, y tiro la ropa por todos lados. El contenido de mi armario termina en mi cama y el piso.

Sin embargo, al final quedo con las manos vacías. Ni siquiera sé qué estoy buscando. Sin ver en realidad una foto de Edward o tener su nombre escrito en algo, todo significa nada.

El resentimiento hacia el Procedimiento empieza a arder en las orillas de mi corazón. ¿Qué punto tiene el quitarnos nuestros recuerdos? ¿Qué propósito tiene? ¿Por qué no nos permiten tomar nuestras propias decisiones cuando se trata de amor?

Sin conocimiento no hay poder.

Sin recuerdos estamos destinados a cometer los mismos errores una y otra vez.

Pero tal vez no somos nosotros los destinados a tener el poder. Tal vez esa es la forma en que lo quiere el gobierno. La amargura empieza a hervir dentro de mí. Edward tenía razón. De todo. Y yo fui demasiado terca para comprenderlo en su momento.

Estoy a punto de detener mi búsqueda y prepararme para trabajar cuando algo en mi escritorio capta mi atención.

Una grulla de papel.

O más bien, un cisne de origami.

Paso sobre la ropa y zapatos y lo agarro, mirándolo como si tuviera las respuestas de mi pasado.

El papel doblado está en blanco, libre de dibujos. En realidad no es una pista, pero sí refresca algo en mi memoria. Me recuerda al cisne de origami que Edward tenía el día de su Procedimiento, pero ese tenía corazones dobles dibujados en un lado.

Los corazones dobles.

Iguales a los que dibujamos en la ventana empañada de mi carro antes de irme de su casa ayer. Y los corazones en su nota el día de hoy.

Me trago las emociones porque esto tiene que significar algo. Debe significar algo. No es concreto, para nada, pero siento que estoy avanzando en la dirección correcta. Es una coincidencia demasiado grande para que no sea nada.

Alguien toca a mi puerta, así que doblo rápidamente el cisne de origami y me lo meto al bolsillo trasero junto con la nota de Edward.

Aunque mi corazón quiere que sea Edward o Rose el que esté parado en mi porche, no lo estoy esperando. Probablemente es Emmett o incluso los padres de Rose. Pero cuando abro la puerta, me sorprendo al encontrar a James.

Tiene la mirada desorbitada, el rostro pálido y marcado por la preocupación.

—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto.

—Estaba preocupado por ti —responde, pasando junto a mí para entrar por su cuenta.

—¿Preocupado? ¿Por qué?

Pepper entra pavoneándose a la sala y se frota en la pierna de James, robándose su atención por un segundo.

—¿Cuándo conseguiste un gato? —pregunta.

—Es callejera. Espera, ¿por qué estás aquí tan temprano?

Me analiza por un momento, parpadeando lentamente.

—¿No lo supiste?

Se me hunde el estómago.

—¿Saber qué?

—Está en todas las noticias —dice con cautela como si todavía no quisiera arrancar la curita.

—¿Qué? —preguntó frenéticamente, cerrando la puerta.

—Emmett y Rose —es todo lo que dice—. Intentaron escapar.

El enojo y el miedo se alzan en mi pecho, calentándome el cuello y la cara.

—¿A qué te refieres con que intentaron escapar? —Paso apresurada junto a él para encender la televisión. Tiro los cojines al piso hasta que encuentro el control y pongo las noticias.

Lo primero que veo es a la presentadora de noticias parada en un campo nevado con la cerca eléctrica acechando detrás de ella. No puedo concentrarme en sus palabras, estoy demasiado envuelta con la idea de que tal vez se equivocan. Tal vez fue alguien más quien intentó huir. No podían ser ellos.

Pero luego aparece en pantalla una foto vieja de Emmett y Rose, y se me cae el estómago.

—¿Cómo? —susurro, pero James permanece en silencio junto a mí.

Miramos con horror mientras la presentadora recuenta con voz escalofriante los detalles de lo que sucedió.

Emmett y Rose intentaron escapar a mitad de la noche, pero los atraparon. Durante la lucha por alejarse de las autoridades, Emmett les disparó a dos ejecutores y se lastimó a sí mismo, pero no nos dicen cómo.

Todo esto se siente extraño, como si estuviera escuchando una historia sobre alguien más. Emmett no tiene una pistola. Creo que ni siquiera sabe cómo usarlas.

—No lo entiendo —murmuro entre lágrimas—. Em estuvo aquí apenas ayer en la tarde. ¿Cómo pudo pasar esto?

James pone una mano en mi hombro, pero apenas registro el toque.

—Es una jodida pesadilla —murmura—. Lo siento mucho, Bella.

Me siento lentamente en el sofá y me tapo la boca con la mano. Mi mente da vueltas mientras la reportera informa de forma impasible. Dice que los ejecutores recibieron una pista anónima sobre una indiscreción que estaba ocurriendo. Poco después se llevaron a Rose para interrogarla y a Emmett al día siguiente. Debieron venir por él después de que se fue ayer. No queda claro cómo Rose y Emmett pudieron escapar de los ejecutores para intentar huir. Hay una investigación para analizar a las autoridades que estaban a cargo de ellos durante el confinamiento para asegurarse de que no vuelva a ocurrir otra violación como esta.

La reportera resalta el hecho de que Emmett y Rose están teniendo una aventura, y de que Rose está embarazada. También menciona que Em y Kate acaban de adoptar un bebé. Su tono es compasivo cuando lee una declaración de Kate donde indica lo devastada que se siente por esta traición y que ella y Liam nunca se recuperarán.

Manipulan la historia a favor de Kate. Pintan a mi hermano y mejor amiga bajo una luz horrible y espantosa solo por haberse enamorado.

Eso me hace enfurecer.

—No puedo creer esto, carajo —murmuro, las lágrimas calientes escocen en mis ojos—. Ellos no hicieron nada malo. Solo querían estar juntos.

—Lo sé —dice James, sorprendiéndome—. No se merecen esto.

Lo miro. Aunque mi expresión contiene más angustia y secretos que la suya, sus ojos se ven sombríos. Esperaba que él se pusiera del lado de su hermana ya que tiene todo el derecho de hacerlo. Tal vez sí está de su lado, tal vez sí piensa que lo que Emmett hizo estaba mal. Pero aprecio a James en este momento por no presentar a mi hermano como el villano. Agradezco que no dice en voz alta el cómo esto afectará a su familia, porque sí los afectará. Estarán ligados para siempre a este escándalo. Pero Kate seguirá adelante. La emparejarán con alguien nuevo y empezará otra vez. Emmett, por otro lado… no tengo idea de qué le pasará a Emmett. Y eso me aterra.

Regreso mi atención a las noticias. Dan más detalles sin importancia, pero todo lo que estoy esperando escuchar es dónde se encuentran ahora Em y Rose, y si es que están bien. No imagino que nada de esto vaya a calmarse de forma tranquila, especialmente con la cobertura de los noticieros y la persona que es mi padre.

Charlie aparece entonces en la pantalla. Esto debió haber sido grabado antes porque el cielo sigue oscuro mientras mi padre habla frente a nuestra casa.

Se ve cansado. Desgastado. Pero habla con calma y confianza, su fanfarronería como líder nunca flaquea, incluso bajo el estrés de una crisis personal.

Cuando mira a la cámara y dice lo profundamente entristecidos que se sienten mi madre y él por este giro de eventos, no le creo. A su voz le hace falta empatía. Mi madre está parada junto a él, pero no llora. No pronuncia ni una palabra. Él termina su declaración diciendo que no perdió un hijo hoy, sino que lo perdió hace años cuando Emmett tomó libremente la decisión de ir en contra de la ley.

—Honestamente no puedo creerlo —murmuro, sigo en shock—. ¿Cómo puede decir eso sobre Emmett?

—Probablemente solo intenta guardar las apariencias —dice James—. No puede empatizar con esta situación. Se vería mal.

Sé que tiene razón. Mi padre no puede ponerse del lado de Emmett. Eso iría en contra de todo lo que él representa. Pero aun así me sienta mal porque en lo más hondo de mí sé que Charlie no solo está guardando las apariencias. Él cree en todo lo que dijo. Ya no considera a Emmett un hijo, y eso no solo me rompe el corazón, sino que me pone furiosa.

Se vuelve a escuchar la voz de la reportera, pero están mostrando lo que debe ser la grabación justo después de que sucediera todo. La cámara se enfoca en una parte de la cerca electrificada que está al fondo. La cinta amarilla delimita una parte del campo nevado. Las luces rojas y azules parpadean en la pantalla, iluminando el cielo nocturno. Los evaluadores rodean el perímetro con perros.

Y luego lo veo.

Rojo carmesí entre la nieve blanca.

Sangre.

Hay muchísima sangre.

Sé que nos dijeron que les dispararon a dos ejecutores, pero un terrible mal presentimiento se filtra en mí.

—Dime por favor que están bien —le digo a James, apartando los ojos de la pantalla el tiempo suficiente para ver el remordimiento en sus ojos—. ¿James? ¿Rose y Emmett están bien?

—No sé —dice—. Todavía no hemos sabido nada oficial.

La esperanza me llena el pecho y respiro profundamente. Pudieron habérselos llevado detenidos. Por todo lo que sabemos podrían estar ahora detrás de las rejas. Por muy terrible que sea, al menos estarían a salvo. Seguirían aquí.

Miramos el video, una energía frenética vibra entre James y yo. La reportera vuelve a estar en vivo y escucho cada una de sus palabras. En cierto punto James me toma la mano. No me consuela, pero de todas formas lo dejo.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero eventualmente el rayo de esperanza al que me aferraba empieza a deslizarse de mí cuando la reportera se lleva una mano a la oreja y pone una expresión sombría en su rostro.

Mi rodilla rebota y mi corazón se acelera. Quiero gritarle a la televisión y exigirle que hable. Pero no digo ni hago nada. Estoy atorada. Esperando.

Cuando vuelve a mirar la cámara, se me cae el estómago a los pies. Y mi peor miedo es confirmado cuando anuncia que Emmett y Rose están muertos.