Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 23
La semana siguiente pasa de forma borrosa.
Me mantengo alejada de las noticias, no quiero escuchar ni ver nada que involucre el accidente. No puedo comprender lo que pasó. Mi corazón no puede asimilarlo. Todavía no puedo obligarme a creer que Rose y Em se han ido de verdad.
Un montón de reporteros permanecen en la calle afuera de mi casa, están desesperados por una declaración de mi parte. Se mantienen lo suficientemente lejos para evitar allanar la propiedad, pero lo suficientemente cerca como para hacerme mantener todas las cortinas fuertemente cerradas. Se mofan y me provocan. Están ansiosos por una frase o un comentario que pueda denigrar a mi hermano y mi mejor amiga.
Mis padres sugieren que me quede con ellos hasta que todo se calme. Esas son las palabras exactas que dice mi papá. Que se calme. Como si después de unos días todo volverá a la normalidad y podremos volver a seguir con nuestras vidas. No tengo la fuerza para pelear con ellos por eso. Estar rodeada por recuerdos de Rose en el interior y ojos curiosos en el exterior termina siendo insoportable. Así que cedo y empaco una maleta. Cuando finalmente me voy, mantengo la cabeza en alto y no les doy nada más que mi indiferencia a los reporteros.
Eventualmente me llevan para interrogarme, y me siento nerviosa durante todo el tiempo. Los agentes son duros y me tratan como si supiera más de lo que estoy admitiendo. Sí sé, pero no les digo jodidamente nada. Se portan como si quisieran culpar a alguien de esto, ya que no pueden castigar a Em y Rose. Me acusan de saber todo durante todo el tiempo, pero me mantengo firme. Me preguntan si fui yo la que dio la pista anónima, y con una conciencia limpia niego sus acusaciones. Quieren que les dé nombres de personas que pudieron haberlo hecho, pero me muerdo la lengua y me guardo para mí el nombre de Edward.
Después de unos días de revolcarme en mi antigua habitación, cedo ante mi curiosidad morbosa y paso todo un día viendo las noticias y leyendo sobre lo qué pasó. Es extraño, pero no lloro, como si el shock de todo lo que ha pasado hubiera paralizado cada sentimiento dentro de mí. Sin embargo, quiero llorar. Quiero gritar y chillar y derramar lágrimas. Pero no sucede, y me quedo sintiéndome atrapada.
Aparte de no poder llorar, tampoco puedo comer. Rara vez me llega el sueño. Pero el vodka fluye. Le robo una botella a mi padre del bar que tiene en el piso de abajo y relleno mi copa cada pocas horas. No bebo lo suficiente para olvidar, solo lo suficiente para relajarme y mantenerme entumecida.
Cuando puedo dormir, me veo atormentada por lo que pasó. Mi mente me lleva a ese campo nevado al conocer los detalles de lo que ocurrió debido a ver una infinidad de cobertura informativa. Soy una espectadora en mis sueños y veo cómo se desarrolla todo. Puedo escuchar los balazos y puedo ver la sangre. Puedo sentir la total desesperación que debieron sentir Rose y Em para electrocutarse voluntariamente en la cerca.
Cada vez que tengo ese sueño, me despierto sudando y gritando en mi almohada. Es la única liberación que tengo para calmar el dolor.
Los reporteros y periodistas dicen que lo que Em y Rose hicieron fue una cobardía. El rendirse así para evitar el castigo. Pero yo digo que fue valentía.
Por supuesto, nadie más sabe lo que pienso al respecto. Se supone que no debo empatizar con ellos. Parece que soy la única que sigue del lado de Rose y Emmett, y es un sentimiento muy solitario y sofocador.
Así que bebo y me torturo imaginando diferentes escenarios de cómo se pudo haber evitado todo esto. Pero, eventualmente, mi mente despejada se vuelve brumosa y siempre me quedo con las manos vacías. Nada cambiará el hecho de que Rose y Em tomaron una decisión hace años y finalmente sufrieron las consecuencias.
Incluso si fue bajo sus propios términos, nada cambia el hecho de que no están. Jamás regresarán.
XXX
Alguien toca en la puerta de mi habitación.
No le digo que pase a quienquiera que sea, pero de todas formas esa persona entra.
—¿Bella? —Es Carmen. Su voz es tranquilizadora y sosegada. No sé quién más esperaba que fuera. Charlie y Renée han mantenido su distancia durante este tiempo. No creo que sea por mi bien, más bien es porque quieren fingir que nada pasó y seguir adelante. Cuando los veo, actúan como si mi duelo los hiciera sentir incómodos. Pero su falta de pesar me hace sentir amargura a mí.
No sé cómo pueden dormir en las noches sabiendo que su hijo ya no está. No puedo imaginar cómo pueden desprenderse de sus sentimientos y seguir como si todo estuviera bien.
La puerta se cierra con un clic suave, pero me quedo donde estoy en la cama. Está gris el día afuera, y desde donde estoy acostada solo puedo ver el cielo y los árboles a la distancia.
—¿Estás despierta? —pregunta Carmen.
Me doy la vuelta para verla y me tallo los ojos. Si voy a hablar con alguien, ese alguien sería Carmen.
—Estoy despierta.
—¿Por qué no vienes a comer? —Se sienta en la orilla de mi cama, mirándome. Pepper se mueve desde su sitio en medio de mis piernas y acaricia a Carmen con la cabeza antes de acomodarse en mi costado—. Preparé tu pasta favorita. Puedo traértela si no quieres ver a nadie.
—Tal vez en un rato —digo, más que nada para apaciguarla. La comida no suena tan bien, pero el vodka sí. Ella mira la botella medio vacía en mi buró, pero no lo menciona. Siempre ha sido buena eligiendo sus batallas.
—No me preocuparía tanto si comieras algo —dice en voz baja.
—Estoy bien. —Mi voz suena vacía y me duelen los huesos. Hay una inquietud dentro de mí que no quiere ceder.
—¿Puedo prepararte mejor una sopa? —ofrece.
Mi mente se va hacia Edward entonces, y ahora me duelen más que solo los huesos. Me duele el corazón. Lo extraño. Tal vez no debería, pero lo extraño.
No sé si regresó el miércoles como había dicho. He intentado llamarlo todos los días, pero eventualmente su celular empezó a mandarme directo al buzón de voz. Si es que está apagado a propósito o se le murió la pila, no tengo idea. No sé nada, y esa es otra cosa que me mantiene despierta en las noches.
Tal vez es patético que, a pesar de que sé que no responderá, siga llamando a su teléfono solo para escuchar su voz. La última vez que miré mi registro de llamadas había un número junto a su nombre. Veintiuno. Lo he llamado veintiuna veces seguidas. Y veintiuna veces me he quedado sin nada.
Es Edward, ya sabes qué hacer.
Es Edward, ya sabes qué hacer.
Es Edward.
Ya sabes qué hacer.
Lo llamo esperando que responda. Esperando que diga algo diferente. Tal vez su mensaje de voz cambiará de repente, un nuevo saludo para que solo yo pueda descifrarlo. Pero eso nunca pasa y la pregunta sobre su paradero permanece.
A pesar de la cantidad de veces que he escuchado su buzón de voz, nunca le he dejado un mensaje. Pero sí le envié un mensaje de texto, solo una vez. Le envié "Te extraño" tarde una noche cuando no podía dormir. Dos palabritas que podrían expandirse a muchísimo más. Pero luego apareció una diminuta notificación debajo de mi confesión: no enviado. Aunque eso no me decía nada que no supiera ya, aun así dolió. Necesité de todas mis fuerzas para no aventar mi teléfono al otro lado del cuarto.
Incluso si todavía no estoy segura de si fue Edward el que reportó a Em y Rose, algo dentro de mí sigue anhelando por él. Algo sigue susurrando no, no, no. No fue él, no pudo ser él. Él no haría eso. Quiero creerlo con tantas ganas.
Me enderezo un poco y agarro mi vaso para beber más vodka. El que no arda como solía arder probablemente es una mala señal.
—Si vas a beber eso, necesitas comer —dice Carmen con tono severo.
—¿Cómo puedo comer cuando todo esto es mi culpa? —susurro.
—¿Cómo es que todo es tu culpa? —Me aparta un poco de cabello de la cara—. No hiciste nada. ¿Me escuchaste?
—Es que… —vacilo—. No estaba ahí cuando se llevaron a Rose. Pude haberlos detenido. Tal vez.
Ella chasquea la lengua.
—No hay nada que pudieras haber hecho. Lo sabes. No te tortures con el hubiera.
Se me hunde el estómago y la culpa se entierra más profundo.
—Y si… —empiezo a decir y ella lanza una mirada—. Solo escúchame. ¿Y si conozco a alguien que pudo haberlos reportado? ¿Entonces qué?
Su cara cae momentáneamente.
—¿Quién?
Mis ojos se enfocan en el cisne de origami que está sobre el buró. Lo he mantenido conmigo durante todo este tiempo junto con la nota de Edward, esperando que me brinde un poco de claridad.
—Solo… a alguien. —Estiro la mano para agarrar el cisne y le abro las alas para que pueda volar.
—No puedes controlar las acciones de otras personas. Emmett y Rose hicieron lo que tenían que hacer. Los amo, y es terrible lo que pasó, pero… por favor, debes saber que están en un mejor lugar. De verdad que sí.
No sé qué tienen sus palabras, pero finalmente salen mis lágrimas.
—¿Cómo pueden estar en un mejor lugar? No están aquí.
—Exacto. —Me limpia con el pulgar debajo de los ojos para apartar las lágrimas. Sin embargo, mis mejillas permanecen mojadas, como si ella hubiera pintado sobre mi dolor—. Eres fuerte, Bella. Estarás bien.
—No solo los extraño a ellos —lloro, enterrando la cara en mis manos. Mi respiración es temblorosa al inhalar, pero las lágrimas no se detienen—. Yo… yo estaba…
—Shh —me tranquiliza—. Está bien.
Me deja llorar por unos minutos, se queda ahí sentada apoyándome en silencio. Tenerla aquí ya es consuelo suficiente, pero me carcome la abrumadora necesidad de confiarle todo sobre Edward. Me siento culpable por pensar en él cuando debería estar de luto, pero si alguien pudiera entenderme y no juzgar, ese alguien sería Carmen.
—Si te digo algo, ¿me juras que no se lo dirás a nadie? —pregunto, sollozando.
—Te doy mi palabra.
Suspiro pesadamente, ganando valor.
—Estaba con alguien la noche que se llevaron a Rose.
Su cara permanece extrañamente calmada.
—¿Quién?
—¿Recuerdas a uno de los camareros de la fiesta de Emmett? ¿El de cabello rojizo?
—Ojos verdes, sonrisa linda —añade, sonriendo levemente—. Lo recuerdo bien.
—Estaba con él.
Me analiza por un largo momento. El silencio que se extiende entre nosotras es enervante. Me preocupa que tal vez decirle fuera un error, así que divago.
—No pasó nada… nada así. Quiero decir, nos besamos, pero… —Evito su mirada, mis mejillas arden al recordar lo que hicimos en su cama y al teléfono—. La semana pasada me lo topé varias veces en el autobús. Sentía una atracción hacia él. Era tan abrumadora. Así que fui con él esa noche después de que Rose me contara todo porque estaba asustada. Él era reconfortante, y me sentía… segura. —Las lágrimas salen de nuevo y sigo sin poder verla a la cara—. Confié en él sobre Rose y Em. Luego, al día siguiente, ¿ellos ya no están? No sé. No tiene sentido, y me preocupa que él haya podido reportarlos.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Más que nada los tiempos. —Y el hecho de que él podría estarme evitando justo ahora.
—Hmm. No se ve muy bien —acepta pensativa—. Pero él no los reportó.
Mis ojos se alzan de golpe a los suyos. La forma en que lo dice con tanta confianza hace que el alivio viaje a través de mí.
—¿Qué? —Necesito que lo diga otra vez. Necesito que me explique por qué piensa eso.
—Sé con certeza que él no los reportaría —dice Carmen, su rostro y su voz son estoicos.
—¿Cómo lo sabes?
—Tengo mis métodos. Edward no haría eso.
Escuchar su nombre hace que mi pecho se contraiga. No es hasta momentos después que me doy cuenta de que nunca dije su nombre, sin embargo, Carmen sabe cuál es.
—¿Lo conoces? —la exhorto.
Su sonrisa en respuesta es suave.
—Conocía a su padre, y él era un hombre bueno. Si Edward es algo como él, no querría lastimar a nadie de ninguna manera.
—¿Cómo conocías a su papá?
—Trabajamos juntos por un tiempo.
Quiero saber tantas cosas, pero solo pregunto la única cosa que aliviará mi dolor.
—¿Sabes dónde está Edward?
—¿A qué te refieres?
—No he podido contactarme con él desde… desde antes de la noche en que Em y Rose murieron, creo. —Los días pasan en un borrón, pero creo que eso es certero—. ¿O tal vez fue desde ese día? Creo que lo vi temprano esa mañana.
Ella frunce el ceño, tal vez está tomando nota de esa información.
—No sé dónde está, pero no te preocupes, por favor. No es bueno para ti.
—Toda esta situación no es buena para mí. Quiero respuestas. —Quiero a Edward. Quiero que Rose y Em estén vivos. Quiero que todo vuelva a ser normal.
—Investigaré por ti, pero no puedo prometerte nada. Las cosas están un poco… delicadas justo ahora. Y por favor, no le menciones nada de esto a nadie más. —Me dedica una mirada cargada que no puedo descifrar del todo en la bruma que me encuentro—. ¿Bien?
—No lo haré. Gracias —exhalo. El alivio me llena el pecho, pero hay algo más ahí. Culpa, tal vez, por siquiera pensar que Edward pudo haberlos reportado—. Necesito saber algo más, Carmen.
Creo que sabe lo que estoy a punto de preguntar porque la preocupación le arruga el rostro. Tal vez no debería querer saber. Tal vez no debería usar mi energía para concentrarme en esto después de todo lo que pasó con Emmett y Rose. Pero necesito saber, y mi corazón no se calmará hasta que lo sepa.
—¿Estuve con Edward antes? ¿Él fue la razón de mi Procedimiento?
Todo lo que hace es suspirar y evitar mi mirada. Incluso usa a Pepper como distracción, y le frota detrás de las orejas.
—¿Carmen? Por favor.
—¿Por qué crees eso, cariño?
—Tengo sueños sobre él, pero se sienten más como recuerdos. En uno de ellos él me dio esto. —Me quito el anillo de granate del dedo y se lo entrego—. Definitivamente no sé de dónde viene, lo que puede significar que fue borrado de mi memoria durante el Procedimiento.
Carmen inspecciona la gema.
—Es muy hermoso —murmura con cariño.
—Sí lo es.
Me lo entrega.
—¿Qué me estás pidiendo?
—Que me digas la verdad —digo desesperada—. ¿Estuve con Edward?
Se ve tan dividida, casi me siento mal por preguntarle.
—Sabes que no puedo.
—No le diré nada a nadie —prometo—. Solo necesito saber.
—¿Has hablado con él de esto?
—No, yo… comprendí todo esto después de la última vez que lo vi. Pero tal vez él está en casa y simplemente no responde su teléfono. No he podido regresar con todo lo que está pasando.
—Ya veo. —Su mirada se vuelve distante, como si supiera más de lo que está admitiendo.
—Por favor.
—Oh, Bella…
—Por favor —repito con tono suave y suplicante. Tomo su mano y le doy un gentil apretón—. Le pregunté a su amiga y ella tampoco me lo quiso decir con claridad. Lo entiendo. De verdad que sí. Pero… es que… necesito algo. Una pizca de verdad. Después de todo lo de Em y Rose… —Me trago la emoción y el anhelo desesperado por un poco de luz durante este oscuro momento.
Carmen mira sobre su hombro, tal vez para asegurarse de que la puerta de la habitación sigue cerrada.
—¿Qué te dice tu corazón? —susurra.
En ese momento puedo verlo en sus ojos. Una confirmación silenciosa. Incluso si pasé los últimos días creyendo ya que Edward y yo estuvimos juntos, quiero escuchar a alguien decirlo. Necesito saber con certeza que mis sueños son recuerdos y que no he inventado una historia a causa de mi deseo por él.
—¿Qué sientes en tu corazón? —pregunta otra vez.
—¿Mi corazón? —repito.
—Sí.
No es algo a lo que le preste atención. Nunca ha sido una fuente confiable.
—No sé —murmuro, las lágrimas calientes escocen en mis ojos.
—Sí sabes —me dice y me dedica una mirada cargada—. Piénsalo. Piénsalo de verdad.
Con los ojos cerrados recuerdo mis momentos con Edward. Pienso en la familiaridad que lo rodea, incluso desde ese primer día en la sala de examinación. La tranquilidad que sentí. Pienso en el café que me preparó la mañana que me quedé, cómo fue que lo hizo exactamente de la forma en que me gusta. Recuerdo nuestro primer beso en la nieve y cómo se sintió más como un reencuentro que un encuentro de labios. Pero sin evidencia concreta, es fácil hacer pasar todo esto como una coincidencia.
Luego las palabras de Esme resuenan ruidosamente en mi mente.
Recuerda que él te ama.
La voz de Carmen detiene mis pensamientos.
—¿Qué te dice tu corazón?
Mi corazón dice que Esme sabía quién era yo en ese momento. Me grita que ella estaba lúcida y sus palabras fueron, sin ninguna duda, para mí. Por cualquiera que fuera la razón, ella quería que recordara que su hijo me amaba, y que habíamos estado juntos.
Abro los ojos entonces y lo sé.
—Estaba con Edward. —Miro su rostro, buscando cualquier cambio sutil que pueda indicarme la verdad—. Estaba con Edward —repito, esta vez estoy más confiada en que es la verdad.
—Escucha más seguido a ese corazón tuyo, ¿de acuerdo?
—¿Estábamos enamorados? —pregunto, desesperada y mareada.
Su sonrisa es suave, teñida de tristeza, y su silencio dice más de lo que podría decir cualquier palabra.
Era amor. De alguna forma, sigue siéndolo. Incluso si hubo un malentendido o pensamos que era mejor separarnos y hacernos el Procedimiento, claramente hay asuntos pendientes entre nosotros.
Ahora que lo sé con certeza, mi corazón duele de una forma en que nunca he sentido. Es diferente del tipo de pérdida que siento con Em y Rose. Este sentimiento es incomparable. Es más profundo. Más pesado. Esta es una pérdida que siento en mis huesos. Pero comprendo que no es un sentimiento nuevo. Ha estado presente todo este tiempo. Solo que no tenía un nombre para él ni sabía cómo ubicarlo. Pero ahora lo sé.
Es desamor.
Lo que siento es que me han roto el corazón.
N/T: El final de este capítulo me eriza la piel, tanto doloooorrrr, pero bueno... nota informativa: a partir del próximo capítulo habrá algunas partes donde estaremos cambiando de tiempos y leeremos sobre el pasado de Edward y Bella. Cuando haya cambios de tiempo, es decir, cuando la narración retroceda en el tiempo lo indicaré como Pasado y cuando transcurra en el momento será Presente. Solo quería dejarlo en claro porque como hemos estado leyendo vistazos del pasado de ellos en los sueños de Bella, no quería que se confundiera con los sueños. Igual ya saben que cualquier duda me pueden mensajear ;)
Mil gracias como siempre por leer y comentar esta historia, ¡son las mejores!
