Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 25
Presente
—Eres tan guapo —murmuro, ajustando la corbata de Edward. Tiene la mirada en su reflejo en el espejo que está detrás de mí, y cuando ato la corbata justo a la medida, retrocedo un paso para que él pueda ver el resultado final.
—¿No parezco idiota? —pregunta divertido.
—Detente —me río, subiendo las manos por su saco finamente planchado—. Te ves increíble
—Me veo como si estuviera interpretando un papel —murmura, y durante un momento siento un poco de incertidumbre en su mirada.
—Pues esta noche ambos lo estamos haciendo —digo con naturalidad, le rodeo la cintura con los brazos para alzar la vista a su rostro.
—Oh, ¿en serio? —pregunta, está más tranquilo conmigo en sus brazos.
—Ajá.
—¿Y qué papel estás interpretando tú?
—La hija cariñosa y respetuosa de las leyes del alcalde.
Su sonrisa brilla y sus manos bajan por la seda de mi vestido para tomarme el culo.
—¿Estás escondiendo secretos, Swan? —pregunta con voz baja y ojos brillantes.
Dejo un beso dulce en su mentón, luego le limpio mi labial.
—Sí.
XXX
La habitación está a oscuras cuando despierto, pero al mirar mi teléfono noto que apenas va a atardecer.
Con la cabeza latiéndome, me quedo quieta por un momento y recuerdo mi conversación con Carmen de hace rato. Después de que Carmen confirmó que estuve con Edward, Renée la llamó, necesitaba su ayuda. Carmen y yo compartimos un acuerdo silencioso de que lo que acabábamos de divulgar se quedaría entre nosotras, aunque en realidad ella no había dicho mucho. Solo lo suficiente para que yo tuviera la certeza de que mis sueños eran en realidad recuerdos y Edward había sido mío.
Me quedé en mi habitación después de que ella se fue y me permití ser absorbida por mis pensamientos. Intenté con todo mi esfuerzo recordar algún momento que pudiera haber compartido con Edward antes de nuestros procedimientos. Pero no se me ocurrió nada concreto. Es como si los únicos recuerdos de los que tengo conocimiento son los que llegan a mí en mis sueños. Así que me terminé la botella de vodka, esperando que me adormeciera en algún tipo de letargo. Es por eso que mi cabeza se siente pesada y mi garganta está seca.
El recuerdo no fue mucho, pero Edward estaba definitivamente ahí. Estábamos arreglados, pero no recuerdo a dónde íbamos. Así que intento visualizar otra vez ese momento. Luego lo recuerdo, yo guardaba un secreto. Me pregunto qué podría ser.
Avanzando hacia el baño, me estremezco por el azulejo frío bajo mis pies y empiezo a llenar la tina. No es hasta que me estoy remojando en el agua tibia con los ojos cerrados que se escucha un golpe en la puerta.
—¿Sí? —Asumo que es Carmen. En vez de eso, es la voz de mi mamá la que hace eco a través del espacio. Pregunta si puede entrar, luego abre la puerta de todas formas. Me hundo más debajo de las burbujas, me molesta que preguntara sin esperar a recibir una respuesta. Habría dicho que no, pero creo que ella ya lo sabe.
—Te ves mejor —dice, me mira mientras baja la tapa del retrete y se sienta.
—¿Sí? —Había mirado brevemente mi reflejo antes de meterme a la tina y me encontré con ojeras oscuras debajo de mis ojos, una cara hundida y piel pálida. No sé cómo es que ella piensa que me veo mejor porque nunca me he sentido peor.
—Las visitas llegarán pronto.
Muevo la llave con el pulgar, cerrándola y abriéndola.
—¿Quién?
—Los Witherdale.
Por supuesto. No sé por qué pregunté.
Renée se pone de pie y agarra una toalla del armario, la deja sobre la encimera.
—¿Por qué no terminas con esto y bajas? Te vendría bien enseñar la cara.
—¿Por qué?
—Porque es algo amable.
—No me siento con ganas de socializar.
—No es una solicitud, Bella.
El enojo arde en mi pecho e intento aplastarlo.
—No me importa una mierda ser amable, y ciertamente no me importan los Witherdale.
—Si fuera tú, me importaría —dice con desdén.
—De todas formas, ¿por qué querrían venir aquí? ¿No están molestos? ¿No les avergüenza que su hija fuera despreciada públicamente por Emmett?
—Las acciones de Emmett no se reflejan en nosotros. Saben que estamos del lado de Kate.
—Oh, ¿lo estamos? —Ciertamente yo no estoy de su lado. Sin embargo, no se lo digo porque sé que no hará ningún bien.
—Por supuesto que sí. Nada de esto fue su culpa. Ella no pidió esto. Emmett tomó una horrible decisión, y no podemos condonar ese tipo de comportamiento. Ahora, baja y ofrécele tus condolencias a su familia.
—No les debemos ni mierda. Es tu hijo el que murió, no su hija. Más bien, ellos deberían estarnos ofreciendo su apoyo a nosotros.
—Ya basta de ese lenguaje vulgar —dice indiferente, como si mi enojo fuera solo un acto—. Termina y baja las escaleras. Estaremos esperando.
—¿Siquiera te importa? —le pregunto cuando me da la espalda y está a punto de abrir la puerta—. ¿Siquiera estás triste por la muerte de Emmett?
Tarda un momento en darse la vuelta. Al hacerlo, busco el remordimiento en su mirada. Si está ahí, desaparece antes de poder reconocerlo.
—Por supuesto que me importa —argumenta—. Era mi hijo.
—Entonces, ¿por qué todos actúan como si todo estuviera bien?
—Todo lo contrario, querida mía. No sabes ni siquiera la mitad de esto.
—Porque nadie me dice nada —digo fuertemente. Sin embargo, intento aplacar mi enojo. No quiero parecer muy sentimental. Es la forma más rápida para que mi madre me tache de inestable.
—No pretendas que tú no tienes tus propios secretos.
—¿Qué? —La preocupación vibra en mis venas, y mi mente se mueve inmediatamente hacia Edward y mi sueño—. ¿A qué te refieres?
—¿No fuiste a la clínica la semana pasada y tomaste antibióticos? —Cruza los brazos sobre su pecho—. ¿Te importaría darme una explicación?
—No fue nada —miento. Luego comprendo que probablemente no me saldré de esta sin ofrecer una excusa decente—. Los antibióticos eran para Rose —añado, mintiendo más—. Estaba enferma, pero no pude dárselos porque… por todo lo que pasó.
Renée me mira por un momento e intento no ceder bajo la presión de su mirada. En lugar de hundirme bajo la superficie como quiero hacer, me muevo para enderezarme un poco, y el movimiento del agua es el sonido más ruidoso en el baño.
—¿Por qué Rose no pudo recibir sus propios antibióticos?
—Le preocupaba ir al doctor, pero en ese momento no sabía por qué —vuelvo a mentir, mirando detenidamente a mi madre. No es la peor historia que se me pudo haber ocurrido porque Rose habría evitado ir al doctor para que no se enteraran que estaba embarazada. Pero tampoco puedo actuar como si hubiera sabido del embarazo.
—Hmm. —Debe creerme, porque no me presiona por más información. Mi corazón se calma y me deleito en la facilidad con la que esta mentira encaja en su sitio.
—Solo intentaba ayudar —murmuro y me pregunto desde hace cuánto sabe ella de esto—. ¿Cómo es que supiste que fui?
—La doctora Howard lo mencionó. La compañía de la alarma se puso en contacto cuando se activó fuera de horario. Así que ella revisó las cintas de seguridad. Afortunadamente tu padre le aseguró que no era nada de qué preocuparse.
—Oh. —Tomo en mi palma algunas de las burbujas y evito su mirada—. No volverá a pasar.
—No, no sucederá otra vez. Tenemos una imagen que mantener, Bella. Tu padre y yo tenemos esperanzas más altas para ti que actuar como una delincuente. ¿Allanamiento? Sin mencionar el robo. Es indecoroso e inapropiado, incluso si solo estabas intentando ayudar.
Abro la boca, pero no salen las palabras. Su mandíbula se tensa, como si quisiera añadir algo más, pero no lo hace. En vez de eso, inhala profundamente antes de alzar una mano para asegurarse de que su chongo sigue firme. Y lo está. Apretado, redondo y tenso. No tiene ni un cabello fuera de lugar, incluso después de regañarme.
—Reúnete con nosotros abajo en media hora —replica tranquilamente y sale del baño.
Cuando ya no puedo escuchar sus pisadas por el pasillo, contengo la respiración, me hundo debajo de la superficie del agua y grito.
XXX
Llego un poco tarde a la cena, pero nadie comenta al respecto. Me tomé mi tiempo para vestirme, pero mi ropa está arrugada. Me aseé, pero mi cabello sigue mojado. Puedo notar que mi madre quiere criticar la forma en que me veo, pero no lo hace.
Me pregunto si morderse con tanta fuerza la lengua la hace sangrar.
Las conversaciones que me rodean están enmudecidas y amortiguadas. No participo en ninguna, pero tal vez nadie espera que lo haga. Supongo que es suficiente con estar aquí.
Picoteo la comida en mi plato, comiendo unos cuantos bocados. No sabe a mucho, y me sirvo más vino en la copa. Si alguien nota que ya estaba medio llena, no comentan al respecto.
—Oye —susurra James, acercándose para llamar mi atención—. He estado preocupado por ti.
—¿Por qué? Todo está bien —le digo, le doy un gran trago a mi vino que arde en mi estómago—. Todo está normal, ¿cierto?
Estoy siendo burlona, pero así es como todos los demás están actuando. Como si este fuera solo otro día. Otra cena.
—No te ves bien —dice suavemente, sus dedos rozan mi codo.
—Gracias. —Hay cierta acidez en mi tono, pero no estoy segura de qué otra cosa estaba esperando él.
—No pretendía decirlo de mala manera. —Suspira—. Solo me refiero a que sé que estás pasando por mucho ahora. Estoy aquí si quieres hablar, ¿de acuerdo?
No respondo a esto, y la culpa me carcome cuando capto su expresión. Solo está intentando ser amable. Está intentando ver cómo estoy y yo lo estoy tratando mal. La verdad es que no tengo a nadie más en quien confiar. En realidad, no. No sé si aceptaré su oferta, pero una pequeña parte de mí aprecia su amabilidad.
—Bien —murmuro—. Lo siento, yo…
—No te disculpes. Solo… acepta mi oferta si lo necesitas.
—Gracias.
Su sonrisa es gentil cuando aparto la mirada para concentrarme en la conversación alrededor de la mesa. Me tardo un segundo en seguir la corriente, pero mi corazón se aprieta dolorosamente cuando entiendo lo que están diciendo.
No habrá funeral para Emmett. No estoy segura sobre Rose, supongo que eso dependerá de su familia. Pero si lo que escucho es correcto, mis padres van a renunciar a cualquier tipo de servicio para Em.
—Perdón, ¿qué? —espeto, y todos se quedan callados, mirándome—. Tiene que ser una puta broma.
—Isabella —me regaña mi madre. Le ofrece una sonrisa sardónica a los padres de James como diciendo No tengo idea de qué se le metió.
—¿No vamos a honrar la vida de Emmett?
—Es inapropiado —dice Charlie, mira alrededor de la mesa en busca de aprobación.
—¿Inapropiado? —repito. El enojo que siento sale angustioso y me trago la emoción—. Él lo jodió. Gran cosa. Pero aun así fue una buena persona. Aun así fue tu hijo —enfatizo, las lágrimas me empañan los ojos—. Díganme, por favor, que esto es una broma enfermiza.
La mesa se queda en silencio. Los padres de James evitan mi mirada, así que miro a Kate en busca de apoyo.
—Kate —digo, pero ella también evita el contacto visual directo conmigo—. Tú lo amabas. Sé que lo que hizo estuvo mal, pero…
Con los ojos pegados a la mesa, su sonrisa es tan amarga como su voz.
—Amaba al hombre que creía conocer —murmura.
—Bella, ya hemos decidido que no podemos celebrar las decisiones que tomó. Se vería extremadamente mal para nosotros —explica mi madre—. Necesitas aceptarlo.
—No aceptaré ni mierda —replico.
—Cuida tu tono, jovencita. —La voz de mi padre suena dura, y me quedo callada mientras la vergüenza me inunda las mejillas.
—Estoy de acuerdo con Bella —dice James después de un momento y los ojos de todos se mueven hacia él.
La señora Witherdale jadea, pero parece que es más por hacer drama que por shock real.
—¿James? ¿Qué estás diciendo?
—Creo que al menos deberíamos celebrar al hombre que era antes de que todo esto pasara —responde James, mira a su mamá antes de girarse hacia mí—. Al menos, algo en privado. Incluso si es solo para la familia.
—¿Privado? —repito con incredulidad—. ¿Como si celebrar la vida de Emmett estuviera tan mal que necesitamos esconderlo?
—Era solo una sugerencia —comenta James tranquilamente, luego se inclina más cerca, como si sus palabras fueran solo para mí—. Estoy intentando encontrar un punto medio, Bella. Nuestras dos familias están heridas.
—¿No lo has notado? Mi familia no está herida —espeto—. Ni jodidamente un poco.
—James, entiendo tu necesidad de suavizar las cosas, pero lo que sugieres queda fuera de cuestión —dice Charlie, luego me mira—. La forma en que tú estás actuando esta noche es completamente inapropiada.
—¿Inapropiada? Estoy… estoy de luto —lloro—. ¿Por qué demonios no lo estás tú?
—Eso es suficiente —dice Charlie con voz tranquila, pero su tono es severo—. Ya tuve a un hijo deshonrando el nombre de esta familia. No me quedaré sentado y le permitiré a la otra hacer lo mismo.
Mi risa es corta, pero llena el silencio. Mantengo la mirada fija en la de Charlie, y durante un breve segundo, puedo ver la angustia que llena sus ojos. Me muerdo la lengua para evitar decir las palabras de las que me arrepentiré.
—Me iré a casa —digo, en voz baja y determinada, al pararme de la mesa.
—Bella… —empieza a decir mi madre.
—No, Renée. —Charlie alza una mano para silenciarla—. Déjala ir.
Y eso hacen.
N/T: Les traigo este capítulo extra por haber llegado a los 600 reviews, ¡muchísimas gracias!
