Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 26

Presente

Unas lágrimas de enojo y angustia amenazan con caer de camino a casa. Provocan que las luces nocturnas exploten y se decoloren en mi visión, pero parpadeo con furia para alejarlas. Intento no pensar mucho en la falta de corazón de mis padres, pero es difícil. No entiendo la falta de empatía tras sus acciones y creo que jamás lo entenderé.

Mi calle está más vacía que la última vez que estuve aquí, y lo agradezco. Nada de reporteros, nada de ojos vigilantes. Supongo que se han rendido en su intento por obtener una historia. Tal vez ese es el lado positivo de tener a Charlie y Renée fingiendo que todo está bien. Eventualmente tendrá que ser así. Eventualmente, el mundo tendrá que seguir adelante y concentrarse en las indiscreciones de alguien más.

La casa está fría e inquietante. Estar aquí me hace sentir ansiosa y sola. Pero Pepper, siendo la cosita valiente que es, se contonea delante de mí y guía el camino.

Encendiendo las luces al cruzar la casa, paso la habitación de Rose para encender la calefacción. Su puerta está cerrada y así la dejo. No sé cuándo podré entrar ahí, pero hoy no es ese día.

Me tomo mi tiempo haciendo diferentes cosas, como alimentar a la gata, desempacar mi maleta y lavar ropa. Es como si estuviera haciendo tiempo. Retrasando lo inevitable. Me preocupa qué le pasará a mi corazón si voy a casa de Edward y él no está ahí. Pero también estoy vibrando con la anticipación de pensar que si está ahí, tendré que decirle lo que he descubierto sobre nosotros. Incluso si no me cree de inmediato, se merece saber la verdad. Sin embargo, antes de decirle algo, quiero saber dónde estaba y por qué ha estado tan callado. También merezco un poco de honestidad de su parte.

Manejo más rápido de lo que debería para llegar a su casa. El alivio que siento es abrumador cuando veo que, a diferencia de mi visita la semana pasada, las luces está encendidas dentro de la casa. Apago el motor y me apuro en subir los escalones hacia su porche y tocar tres veces. Cuando la puerta se abre, Lauren me recibe otra vez. Hay menos enojo y molestia detrás de su mirada que la última vez que la vi. Queda claro por qué estoy aquí, pero aun así me hace hablar primero.

Me retuerzo las manos.

—¿Edward está aquí?

Secuestra sus palabras, y cuando finalmente habla, casi desearía que no lo hubiera hecho.

—No.

Se me revuelve el estómago.

—¿Se volvió a ir?

—Todavía no ha regresado.

—Pero ha pasado…

—Una semana. Lo sé.

—¿Esto ha sucedido antes?

—No. Nunca. No dejaría por tanto tiempo a su mamá —me dice Lauren—. Honestamente estoy muy preocupada, pero estoy intentando… —inhala profundamente—. Estoy intentando mantenerme positiva. No tener noticias debe ser algo bueno, ¿cierto?

Me siento enferma. Ese fue el pensamiento exacto que tuve sobre Emmett y Rose antes de descubrir las peores noticias posibles. Pero no es lo mismo. Su situación era completamente diferente. Edward no está escapando, no como ellos.

—No sé —murmuro, tragándome mi terror—. Pero también estoy preocupada.

Nos miramos la una a la otra y durante un momento, se siente como si Lauren y yo estuviéramos en el mismo equipo. Ambas solo queremos tener a Edward en casa, sano y salvo.

—Supe lo de tu hermano y tu amiga —dice después de un momento, frunciendo el ceño—. Lo siento. Eso es… jodidamente terrible.

No sé qué decir, y no tengo ganas de meterme en ese asunto con ella. Las heridas siguen frescas y temo que empezaré a llorar si lo digo en voz alta. Así que no digo nada.

—Mira —murmura, cruzando los brazos sobre su pecho—. No te lo pediría si no estuviera desesperada, pero necesito un favor.

—Bien —digo vacilante, me pregunto si Esme necesita más medicamentos.

—¿Te podrías quedar un ratito aquí con Esme? Necesito ir a la tienda por unas cosas. Usualmente mi novio me ayuda, pero todavía no ha llegado. No tardaré mucho, pero no me siento cómoda dejándola y…

—Por supuesto.

Se ve sorprendida.

—¿En serio?

—Sí. No me causa problemas. También te puedes llevar mi carro.

—Así está bien.

Me encojo de hombros.

—La oferta sigue en pie. En serio no me molesta prestarte mi carro. Será más fácil que tener que subir las cosas al autobús. Y se está haciendo tarde.

Me mira por un momento, luego abre más la puerta para dejarme pasar. No esperaba ver el colchón de Esme en el piso de la sala, y la visión me atrapa con la guardia baja.

—¿Qué uh…? —Señalo a Esme, que está durmiendo.

—Ya que empezaron a cortar la luz durante el toque de queda, tuve que moverla aquí para poder usar la chimenea para obtener calor.

Se me hunde el corazón.

—Oh.

Lauren se encoge de hombros, como diciendo que así son las cosas. Se pone el abrigo y le ofrezco mis llaves, las toma después de un latido de reticencia.

—Regresaré pronto —dice—. Gracias, Bella.

Le ofrezco una sonrisa pequeña y amigable cuando se va.

La casa se queda en silencio entonces, solo se oyen unos cuantos crujidos del fuego menguante. Con Esme todavía profundamente dormida, atravieso el lugar. Paso junto a la cocina, avanzo por el pasillo y me abro camino hacia la habitación de Edward.

Tal vez no debería husmear, pero lo hago. Tal vez debería sentirme culpable, pero no me siento así.

De la misma forma en que destrocé mi habitación, busco cualquier cosa que pueda asociar con nosotros dos estando juntos. Aunque soy más gentil con sus cosas, no quiero llamar mucho la atención al hecho de que estoy aquí sin ser invitada.

Abro algunos cajones del escritorio, rebusco entre las cosas, nada capta mi atención. Cerillos, pilas, lápices. Inspecciono después el librero, mis ojos se fijan en los lomos de sus libros. En realidad, nada sobresale, pero sigo buscando. Me dirijo a su armario y jalo el cordón sobre mi cabeza para iluminar el pequeño y oscuro espacio. Agarro algunas de sus ropas y las muevo, las perchas de alambre se atoran entre sí.

Y luego mis ojos se posan en una caja de zapatos en la esquina superior de su armario.

Me pongo de puntillas y estiro las manos hacia la caja, el contenido se siente lo suficientemente pesado para asumir que dentro hay más que solo un par de zapatos. La llevo a su cama y abro la tapa.

Acomodada ahí adentro hay una bola de nieve. Y debajo de eso hay docenas de cisnes de papel. Agarro uno y me doy cuenta de que tienen hilos atados en la parte superior, de la forma en que Carmen y yo solíamos hacerlos para poder colgarlos de mi techo.

Esta caja grita a .

Tengo el corazón en la garganta cuando agarro la bola de nieve y miro dentro del cristal. Poniéndola de cabeza, dejo que la nieve se amontone en la parte de abajo antes de crear una tormenta invernal ahí adentro. Miro el silencioso frenesí de la nieve hasta que se calma y luego lo vuelvo a hacer.

Dejando la bola de nieve sobre la cómoda, vuelvo a buscar en la caja, pero no encuentro nada más. No debería sentirme desanimada, pero sí me siento así. Los cisnes de origami son suficientes. Igual que la bola de nieve.

Con un suspiro, me recuesto en la cama y me aferro a su almohada. Debió haber escondido esas cosas antes de hacernos el Procedimiento. Sin embargo, no sé por qué querría guardarlas. E incluso si le pregunto, no es como que él vaya a recordarlo.

Presiono mi cara contra el algodón desgastado e inhalo su leve aroma mientras recuerdo la última vez que estuvimos en esta cama. Sus besos desenfrenados y sus dulces palabras para mí.

Sus palabras.

El poema.

Es el que me recuerda a ti.

Me siento y avanzo otra vez hacia el librero, busco con desesperación algo que sobresalga. Luego lo encuentro, un libro de poesía de Pablo Neruda. El lomo está desgastado, las letras que una vez fueron doradas ahora están despegadas y tenues. Lo saco del librero para hojear las páginas mohosas hasta que algo revolotea hacia mis pies. Cuando me agacho para recogerlo, veo que es una foto de Edward y de mí en la playa. Estamos sentados en una mesa para picnic, pero yo estoy en su regazo con ambos brazos rodeándole el cuello. Le estoy sonriendo a la cámara y sus labios están en mi mejilla. Me pregunto quién tomó la foto, pero más que eso, me pregunto cuánto tiempo pasó después de esto antes de hacernos el Procedimiento.

Detesto no tener ni un solo recuerdo de este momento. Sin embargo, fue real. Lo nuestro fue real. Y nos veíamos tan felices y enamorados.

Este recuerdo es exactamente lo que quería. Vuelvo a acomodar la foto entre las páginas del libro y lo meto en la caja junto con la bola de nieve. La llevo conmigo de regreso a la sala, pretendo llevármela a casa. No estoy segura de qué hacer con todo esto, pero definitivamente quiero mantenerlo a salvo. Incluso me aferro a la esperanza de que mirar los contenidos de la caja refrescará algo más en mi memoria.

Estoy sentada en el sofá leyendo los diversos poemas cuando Esme se remueve y empieza a toser. Le doy un minuto, pero empeora. Me está dando la espalda, así que dudo que sepa que estoy aquí.

—¿Esme? —digo con gentileza, no quiero espantarla.

Ladea el cuello en su almohada, mirándome. Si está sorprendida de verme aquí, eso no dura mucho.

—Bella —grazna, su tono es difícil de identificar.

—¿Quieres un poco de agua? ¿O té? —pregunto con gentileza.

—¿Tienes whisky?

Me río un poco.

—No creo que Lauren esté muy contenta conmigo si te surto de alcohol.

—No, supongo que no. —Esme sonríe—. Un poco de agua está bien.

Agarro la taza de la mesita de centro y se la entrego.

—Gracias.

—¿Estás lo suficientemente cálida? —pregunto.

—Oh, estoy bien —dice con un suave suspiro—. ¿Y dónde está Lauren?

—Salió un rato. Espero que esté bien que me haya pedido quedarme.

—Está bien. ¿Asumo que Edward sigue sin aparecer?

No se lo iba a mencionar. Iba a mantener ese tema fuera de límite para no molestarla. Pero ahora que ella lo sacó a colación, él es todo de lo que quiero hablar.

—Todavía no aparece —le digo tranquilamente, analizando su reacción.

Durante un segundo me pregunto cuánto sabe y cuánto podrá decirme. No quiero entrometerme ni aprovecharme de este tiempo con ella, pero estoy desesperada por saber qué está haciendo y por qué se fue.

—Me dejó una nota —le digo—. Dijo que regresaría la semana pasada, pero no ha vuelto.

Esme suspira, está mirando el fuego.

—Estoy segura de que tiene una buena razón para tardar tanto.

—Y… ¿cuál sería esa razón? —pregunto en voz baja.

Esme me mira en ese momento, me analiza durante un largo rato.

—Conociendo a mi chico, probablemente está ayudando a alguien. Y hasta que estén a salvo, no regresará.

Trago con pesadez.

—¿Él está a salvo?

—Eso espero.

—Entonces, ¿no crees que él… se fue? —pregunto en voz demasiado baja, temo que si lo digo en voz más alta lo peor se volverá realidad.

—No creo que esté muerto, si a eso te refieres. —Es sincera, y aprecio eso. Porque eso es a lo que me refería. Sé que podría no significar mucho, pero escucharla decir que no cree que él esté muerto me brinda un poco de alivio. Especialmente después de pasar la última semana de luto por mi hermano y mi mejor amiga—. Mi chico tiene mucha pelea en él. No pienses ni por un segundo que se rendiría así de fácil.

—¿No te dijo a dónde iba? ¿O por qué?

—No.

Dejo que las preguntas se queden en mi lengua, no estoy segura de cuánto debería presionarla. Sus ojos permanecen en mi rostro y una conocida sensación de confort se filtra en mí.

—Esme, necesito decirte algo. —Me sorprendo al decirlo. No planeaba decirle que sé sobre mi pasado con Edward porque, la verdad, no sé mucho. Solo tengo una idea vaga de que estuvimos juntos, pero no conozco los detalles. Estoy consciente de que se supone que ella no debe decírmelo, pero no puedo detenerme.

Al no decir nada de inmediato, ella me dice:

—Pues adelante. No dejes adivinando a esta anciana.

—¿Me recuerdas de antes? ¿De la primera vez que salí con Edward?

Mantiene su mirada en mí. Hay cierta gentileza en ella. Una comprensión. Pero se queda callada por demasiado tiempo, así que decido decirle más con la esperanza de que ella sea honesta conmigo.

—Está bien. Yo… lo sé —es todo lo que digo.

—¿Qué es lo que sabes, cariño?

—Sé que Edward y yo solíamos salir.

Su cara se mantiene extrañamente tranquila.

—¿Cómo lo sabes? —reflexiona.

—Encontré esto. —Tomo la caja y saco la foto sin mencionar mi charla con Carmen. Acercándome a ella, me siento en la orilla del colchón y le extiendo la foto para que pueda verla—. No recuerdo haberme tomado esta foto, lo que sugiere que me hicieron el Procedimiento, y he estado teniendo sueños que creo que en realidad son recuerdos.

—Una pareja muy atractiva. —Sonríe gentilmente, su dedo traza sobre el perfil de su hijo—. Él te amaba tanto. Todavía te ama, supongo.

Me trago la emoción, no estoy segura de qué decir. Estoy a punto de presionar por más respuestas cuando su mirada aterriza en mi cara. Está sonriendo, muy feliz, y por un instante siento que ya no está en este mismo momento.

—¿Ya lo saben tus padres? —se pregunta.

—¿Saber qué?

—¿Sobre tu compromiso? —Toma mi mano entonces, la mano donde reside el rubí rojo—. Le dije que comprara uno nuevo, pero él insistió en usar el mío. Dijo que de esta forma tendría más significado.

—¿Este anillo es tuyo? —pregunto con la garganta seca. Pequeños fragmentos del sueño regresan a mí y lo recuerdo. Recuerdo a Edward diciéndome que el anillo era de su madre.

—Bueno, ahora es tuyo. —Sonríe—. Carl me lo dio hace muchos años. Es mi piedra de nacimiento. En fin, ¿dónde está el granuja? —pregunta.

—¿Edward?

Sonríe.

—Sí.

—En la tienda —miento, todavía tengo la certeza de que su mente ha viajado en el tiempo y no está verdaderamente aquí—. Regresará pronto.

Esta respuesta debe aplacarla porque vuelve a cambiar de tema, olvidándose por completo de su ausencia.

—Sabes, le dije que tus padres lo entenderían —me asegura—. Además, ellos en realidad no pueden opinar en esto. Es tu vida, tu decisión.

—Claro —murmuro, frunciendo un poco el ceño.

Pienso de nuevo en la última conversación que tuve con Emmett. Es un recuerdo agridulce, pero me siento agradecida por nuestra charla. Él me dio cierta claridad, y creo que ahora comprendo qué fue lo que pudo haber pasado entre Edward y yo. O mis padres no estaban contentos porque yo quería elegir a Edward en vez de ser emparejada con alguien así que eventualmente terminamos, o mantuve a Edward en secreto por completo, igual que Emmett lo hizo con Rose. Pero si salimos en secreto, no tiene sentido que nos hayamos hecho el Procedimiento.

Lentamente las piezas del rompecabezas empiezan a encajar en su sitio, pero la imagen completa sigue siendo borrosa. Hay pequeños detalles que todavía no encajan.

—Control, control, control. —Esme suspira—. Es todo lo que quieren. Pero no puedes controlar a quien amas. El gobierno nunca podría regular eso.

Sus palabras traen una nueva ola de tristeza, mi corazón se encoge con anhelo por su hijo.

—No, supongo que no.

En ese momento se abre la puerta principal y entra Lauren. Nos mira por un momento, hay una mezcla de molestia y nervios clara en su rostro. Como si estuviera comprendiendo que dejarnos solas no fue una buena idea, pero ya no hay nada que pueda hacer al respecto.

Lauren me avienta las llaves con más fuerza de la necesaria.

—Gracias —dice.

—De nada.

Nos lanza otra mirada sospechosa antes de llevar las bolsas de víveres a la cocina. Ahora que volvemos a estar solas, me giro hacia Esme.

—Aprecio que hayas hablado conmigo —le digo suavemente.

—Apenas estamos empezando.

—Creo que mi presencia no será deseada aquí por mucho tiempo más —digo con una risa ligera—. Debería irme.

Frunce el ceño.

—¿No vas a esperar a que Edward regrese de la tienda?

—No. —Trago—. No puedo. Pero regresaré pronto.

—Le entristecerá no haber alcanzado a verte —murmura, apretando mi mano.

Me inclino para abrazarla, luego agarro la caja de zapatos y me abro camino hacia la cocina.

—Probablemente debería irme —le digo a Lauren—. Pero si necesitas ayuda…

De espaldas hacia mí, dice:

—Por favor, ¿no me digas que de verdad eres así de manipuladora?

Su acusación me sorprende.

—¿Qué?

Se da la vuelta, tiene el ceño fruncido.

—¿Aprovecharte de Esme? ¿Intentar sacarle respuestas? El que yo no haya respondido tus preguntas no te da el derecho…

—No es así —la interrumpo, entornando la mirada.

—Así parece.

—Ella no me dijo nada que no supiera ya —murmuro—. No le diré a nadie. Pero creo que merezco conocer mi pasado. —Permanece callada y nos miramos la una a la otra—. ¿Cuál es el problema?

—El problema es que no sé si puedo confiar en ti —admite.

—¿Y por qué dices eso? —pregunto, siento curiosidad de verdad—. Porque según tú, no me conoces. Tú y yo nos conocimos hace una semana, ¿cierto? Entonces, ¿por qué tendrías cualquier tipo de opinión sobre mí?

La atrapé con eso y ella lo sabe. Abre la boca para hablar, pero sus palabras no salen.

—¿Sucedió algo en el pasado? —pregunto—. ¿Al fin serás honesta conmigo?

—Eres la hija del alcalde —murmura—. ¿Por qué confiaría en ti?

—Está bien —digo, tragándome la actitud defensiva—. No tienes que confiar en mí. Pero no haría nada que pusiera a Esme, o a ti, en una situación difícil. Yo también arriesgué algo aquí —le recuerdo, señalando los antibióticos sobre la encimera.

—Bien. —Cruza los brazos sobre el pecho, la pelea en sus ojos se desvanece—. ¿Qué recuerdas exactamente sobre Edward?

—No mucho —digo con honestidad—. Pero definitivamente es su cara la que veo ahora en mis sueños. Recuerdo que estábamos comprometidos. Ese recuerdo es bastante claro.

—Entonces, ¿qué sucederá ahora? ¿Te harás un segundo Procedimiento para borrar lo que recuerdas de él?

—¿Qué? No. —No sé qué voy a hacer con nada de esta información, pero deshacerme de nuestros recuerdos no es una opción—. Se siente demasiado especial para volver a olvidarlo.

La tensión entre nosotras se desvanece y con ella se va la sospecha en su mirada.

—Bien. —Suspira—. Lo… siento —dice con reticencia.

Su disculpa me sorprende.

—¿Por qué?

—Por ser una perra. —Tal vez estaba esperando que la corrigiera, pero al no hacerlo ella se ríe—. Bien, sí, supongo que me lo merezco.

—Tal vez un poco. —Esbozo una sonrisa—. A mí también me importa él, ¿de acuerdo? Solo quiero que regrese.

Con una inhalación profunda, ella dice:

—Lo sé. Dios, es toda una mierda por preocuparnos así. Juro por Dios…

Nos sobresaltamos cuando se abre la puerta trasera y durante un momento se me sube el corazón a la garganta. Pero no es Edward. Es un chico más o menos de nuestra edad con el cabello rapado. Cuando sus ojos se posan en mí, sonríe y me saluda por mi nombre. Luego se detiene, tal vez se da cuenta que no debe dejar ver que me conoce.

—Oh… mierda —exclama—. Quiero decir, hola… desconocida.

Lauren pone los ojos en blanco.

—Eres muy malo con esto, Jas.

—Pues, carajo, no sabía que ella estaría aquí —murmura, cerrando la puerta de atrás.

—Está bien —le dice Lauren—. Podemos confiar en ella.

Él asiente hacia mí.

—Soy Jasper.

—Soy Bella… pero ya lo sabías —digo, mirando su rostro con atención.

Sonríe, pero no lo acepta ni lo niega antes de besar rápidamente a Lauren.

—Lamento haberme tardado tanto. ¿Todavía necesitas ir a la tienda?

—De hecho, no. Bella se quedó con Esme mientras yo salía —responde.

—Claro. —Me mira, sus ojos son más amables de lo que alguna vez han sido los de Lauren—. Gracias.

Me encojo de hombros.

—Me alegra poder ayudar.

Los tres nos quedamos ahí parados de forma torpe, y me pregunto si alguna vez fuimos amigos cuando Edward y yo estuvimos juntos. Por muy extraño que sea esto para mí, debe ser un millón de veces más extraño para ellos estar cerca de mí cuando yo no tengo recuerdos de haber estado con ellos alguna vez.

—¿Qué es eso? —pregunta Jasper, sus ojos se mueven hacia la caja de zapatos que tengo en la mano.

—Unas cosas que dejé aquí —digo de forma casual—. De la primera vez que Edward y yo estuvimos juntos.

Es atrevido de mi parte el decirlo, pero no me importa. En este momento no tengo nada que perder. Al menos, no con ellos. No confiaría esta información a nadie más, pero siento que puedo confiar en ellos.

Jasper se pasa una mano por su cabeza rapada, se ve un poco incómodo.

—Entonces, ¿de verdad lo recuerdas? —comenta con cautela.

Me encojo de hombros.

—Algunas cosas. No mucho. Pero definitivamente sé que estuve con Edward.

—Esto es… jodidamente raro —dice después de un segundo.

—Jas —dice Lauren en voz baja, tirando de su mano.

—No, él tiene razón. Es algo raro —acepto, me río brevemente para eliminar la tensión.

—¿Sabes qué es lo que usualmente rompe el hielo? —pregunta, pero no espera una respuesta—. Scrabble. ¿Juegas?

Me río de nuevo, un poco confundida.

—¿Qué?

—Jasper, ella probablemente quiere irse a casa —dice Lauren, mirándome. La pelea en su mirada ya no está, y me pregunto si tiene que ver con que Jasper esté aquí o el hecho de que ahora ya confía un poco más en mí.

—Todavía no tiene que irse —responde él con facilidad—. Además, probablemente solo te preocupa que Bella te vaya a patear el culo en Scrabble como solía hacerlo.

Lo dice de forma tan despreocupada que casi me pierdo de la importancia detrás de sus palabras. El silencio que las acompaña es significativo. Todos jugábamos Scrabble antes. Probablemente con Edward. Los cuatro éramos amigos, y aunque no siento la pérdida como debería sentirla, de todas formas me duele algo dentro de mí.

—¿Sabes quién nos ha estado reventando las bolas últimamente en ese juego? La condenada Esme —dice él con una risita.

—Es despiadada —acepta Lauren, sonriendo.

—¿Y bien? —Jasper me mira—. ¿Juegas?

—Seguro —digo, mi corazón se hincha con calidez—. Juego.


N/T: Yo sé que se empieza a sentir la ausencia de Edward y ya queremos saber qué pasa con él, pero tranquilas. Todo se responderá a su tiempo. Mil gracias por leer y comentar ;)