Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 27

Presente

Clases.

Trabajo.

Casa.

Repito ese ciclo día tras día, no me desvío de mi horario. Descubro que apegarme a una rutina me ayuda a mantenerme responsable. Me mantiene distraída. Lo que no hace es sanarme. Sigo atorada en este limbo entre estar de luto y extrañar. Extrañar y estar de luto. El alivio solo llega cuando duermo. Porque cuando duermo, puedo olvidar que la realidad existe. Cuando duermo, Edward está ahí.

Algunos días cambio la rutina y visito a Esme. A veces Lauren está ahí y en otras ocasiones está Jasper. Los tres hemos formado una especie de nueva amistad, una que existe únicamente para asegurarnos de que Esme está bien cuidada ante la ausencia de su hijo.

Eventualmente los padres de Rose celebran un memorial para ella. Asisten menos personas de las que esperaba. Eso me hace enojar, saber que la gente no quiere se etiquetada como "simpatizantes" por celebrar su vida, pero intento no dejar que ese resentimiento se apodere de mí. El día se trata de ella y de honrar su recuerdo. Uso mi energía para eso e intento no enfocarme en los que piensan de otra forma.

Me sorprendo cuando James aparece. Me pregunto si sus padres saben y aprueban esto, y luego decido que no importa. Permanece en silencio a mi lado durante todo el día y me trae un poco de consuelo que no sabía que necesitaba. Lo aprecio más de lo que le dejo ver.

Se derraman muchas lágrimas, y se escuchan incluso más risas. Rose era tan amada, tan terca, tan frustrantemente ella misma. Su papá solloza durante su elegía, y es difícil verlo. Eventualmente incluso dice unas palabras amables sobre Emmett, convirtiéndola en una especie de elegía conjunta. Sus palabras me hacen llorar más fuerte de lo esperado y esa pequeña generosidad casi elimina el dolor por la negación de mis padres de honrar la vida de Em.

Casi.

Los días largos y oscuros del invierno traen consigo una tristeza que no me puedo quitar de encima.

Y luego pasa algo extraño, los recuerdos de Edward se detienen por completo. Al principio no le doy mucha importancia. Pero después de una serie consistente de noches donde él no está en mis sueños, empiezo a entrar en pánico al pensar que nunca regresará. Se ha ido de mi vida y ahora de mi subconsciente. Parece cruel.

Una noche cuando no puedo dormir, un pensamiento sombrío entra en mi mente, uno que solo he considerado una sola vez, tal vez Esme estaba equivocada y él está muerto. Que dónde sea que esté, él finalmente dejó esta tierra, así que de repente también dejó mi mente.

Ya no me permito pensar de esa manera. Esme me dice que no piense así. Ella insiste en que él regresará cuando pueda. Cuando sea seguro. Cuando sea el momento. Cuando dice cosas así, me da esperanza.

Pero la esperanza solo puede durar un tiempo antes de que la realidad se asiente.

XXX

Pasado

—Toc, toc —digo en voz alta en vez de tocar la puerta de verdad. Mi papá alza la vista de su escritorio, está sonriendo.

—¿A qué le debo este placer? Mis hijos nunca me visitan.

—Es que estaba… cerca del vecindario.

Me siento en el alfeizar de la ventana de su oficina, mirando hacia los inmensos terrenos. Todo está tan frondoso y verde. En solo un mes, octubre consumirá todo en rojos y dorados antes de que todo se asiente y muera hasta la primavera.

—Vivimos a media hora de la salida de la ciudad —se ríe entre dientes—. Ciertamente no estabas en el vecindario. —Puedo escuchar como gira su silla para poder verme, pero yo sigo mirando por la ventana—. ¿Hay algo de lo que quieras hablar conmigo?

—Algo así.

Estoy nerviosa. Sin embargo, no debería sentirme así. Si me muestro confianzuda, entones Charlie notará eso y no cuestionará mis decisiones. Es solo que nunca he compartido un interés por salir con nadie, así que esto podría parecer un poco sorprendente. He sido criada para esperar mi fecha de emparejamiento y pensando que solo entonces mi vida comenzará de verdad.

Sin embargo, con Edward ya he empezado a vivir.

Cuando miro a mi padre, creo que él puede notarlo. Debe estar escrito en toda mi cara que estoy enamorada. O tal vez esa es la culpa asentándose, pero juro que me mira de forma acusadora. No con desaprobación, pero siento cierta preocupación ahí.

—¿Y bien? El suspenso me está matando, niña —dice con otra risita. Pero suena forzada, y sé que es más para mi beneficio que porque realmente encuentre graciosa mi demora.

—Conocí a alguien.

Sostiene mi mirada.

—Ya veo.

Muevo mis piernas a un lado para que queden colgando del alfeizar.

—Su nombre es Edward.

Es como si pudiera verlo tachando mentalmente cada Edward que conoce. Los hijos de sus colegas. Los amigos de Emmett. No obstante, mi Edward no sería asociado con nadie en su grupo social, y es por eso que lo amo.

—No lo conoces —le digo, ahorrándole la molestia a Charlie.

—Oh. —Se pasa una mano por el bigote—. ¿Cómo se conocieron?

Técnicamente nos conocimos en el autobús. Pero no creo que eso le guste a mi padre. También nos topamos en otros lugares, como la escuela, la tienda, y una fiesta en el campus. Es como si alguien lo hubiera dejado caer en mi vida y me hubiera obligado a notarlo.

No había forma de escapar de él. Definitivamente estábamos destinados a conocernos.

—Nos conocimos en la escuela —digo, eligiendo esa opción.

—Y ustedes dos… —Finalmente veo un poco de diversión ahí y me relajo—. ¿Están saliendo?

—Sí. Hace unos días registramos nuestra relación. —De hecho, fue hace más tiempo, pero de repente me siento nerviosa por decirle eso. No sé por qué.

No se ve feliz.

—¿Esperaste hasta ahora para decírmelo?

Ahora de verdad se filtra la culpabilidad.

—Todo esto es territorio nuevo para mí —le digo, intentándolo hacer ver mi lado de las cosas—. No sé qué estoy haciendo.

—No, no sabes —acepta.

Ahora me arrepiento de decir eso porque sí sé qué estoy haciendo. Es solo que fue algo fácil de decir para salirme de esta.

—Papá…

—Ya hemos hablado de esto antes, cariño. —Suspira y repasa el sermón de siempre. Que no es inteligente salir antes de ser emparejados. ¿Por qué darle a alguien cualquier parte de ti cuando no estás con la persona con la que estás destinado a estar? Siendo nuestra familia quién es, es difícil notar quién está con nosotros por las razones correctas. Sé que Edward no está conmigo por el dinero ni el poder de mi familia, pero me guardo eso para mí. Charlie no quiere escucharlo, quiere que yo asienta y lo escuche.

Así que lo hago.

Pero luego le digo que Edward es diferente y eso hace que me escudriñe de una forma en que no ha hecho antes.

—Diferente —repite.

—Sí. Esperaba que tú y mamá pudieran conocerlo.

—Tu madre no actuará tan agradable como yo en esta situación —dice con tono de advertencia.

Me pelo la piel alrededor del pulgar.

—Es por eso que vine primero contigo.

Suspira y se pellizca el puente de la nariz.

—Una cena, ¿eh?

—¿Por favor? Te agradará. Él es… —me detengo antes de decir que es todo para mí. Mi padre no quiere escucharlo, y honestamente, no quiero llevar mi corazón en la palma de mi mano de esa forma. No con él. Necesito mantener a raya mis emociones para que Charlie no piense que estoy actuando irracional o emocional—. Es agradable —digo al fin. La palabra ni siquiera se acerca a describir lo que siento por Edward o lo que él significa para mí.

—Entonces, ¿esperas que yo le dé estas noticias a tu madre o lo harás tú? —pregunta, finalmente regresa el tono ligeramente divertido.

—Esperaba que tú pudieras hacerlo.

Con un suspiro pesado, simplemente asiente.

—Bien.

—Entonces, ¿una cena? ¿Tal vez el domingo?

—Claro. El domingo.

Me bajo del alfeizar y avanzo hacia él, agachándome para abrazarlo. Me regresa el abrazo con reticencia, sigue sin estar emocionado con esta situación.

—Gracias —inhalo, alejándome.

—Todavía no me agradezcas. Tu madre todavía no lo sabe —me recuerda.

Sin embargo, ella no me asusta. Ella ladra mucho, pero no muerde, puedo lidiar con eso. Edward vale el infierno por el que me hará pasar mi madre.

Ya casi estoy en la puerta cuando Charlie habla.

—Sabes, siempre pensé que sería tu hermano el que intentaría tener citas antes de su emparejamiento —dice, su voz está teñida de pesar—. No pensé que serías tú.

Se me hace un nudo en el estómago.

—¿Estás decepcionado?

—Decepcionado no es la palabra correcta —dice con voz distante—. Más que nada sorprendido.

Estoy a punto de disculparme, pero me detengo. No tengo nada que lamentar. Nada de lo que he hecho hasta ahora con Edward se siente mal.

—¿Había algo más? —pregunta Charlie, moviendo unos papeles en su escritorio.

—No. Eso era todo.

—Bien. —Asiente—. Es mejor que te vayas antes de que tu madre se entere. Te daré una ventaja.

Su sonrisa es leve, y me río ligeramente.

—Gracias, papá.

Evita mi mirada y me vuelve a recordar que todavía no le agradezca.

XXX

Edward me despierta con un beso.

Sus manos están en mi cuerpo, cálidas e insistentes.

Solo ha pasado una semana desde la primera vez que estuvimos juntos íntimamente, y hemos pasado nuestro tiempo conociendo mejor el cuerpo del otro.

Sabe que si me despierta con su boca en mi cuello y sus manos en mi cintura, me empujaré contra él y me pondré caliente, desesperada por sus caricias.

Sé que si beso el sitio detrás de su oreja y le chupo la piel, gemirá diciendo que quiere más.

Siempre más.

En realidad, ese es el asunto. Simplemente queremos más el uno del otro. Más tiempo. Más besos. Más momentos pequeños envueltos el uno en el otro.

Con su boca en la mía, se mueve para posarse sobre mí. Sus manos acarician y exploran, y cuando está empujando dentro de mí, jadeo.

Es lento, hasta que ya no.

Es tierno hasta que nos vemos empujados a la orilla.

Con las respiraciones agitadas y nuestra piel resbalosa a causa del sudor, apoya su frente en la mía al gemir. Por primera vez desde que empezamos a tocarnos el uno al otro, mi cuerpo pierde el control al mismo momento que el suyo.

Es la mejor sensación de todo el mundo.

XXX

Cuando llega el domingo me siento nerviosa. Intento que Edward no lo note porque no quiero que mi ansiedad le sume a la suya.

Creo que lo que me molesta es que no estoy segura de que fuera justo de mi parte decir que mis padres lo amarían cuando no sé si eso sea cierto. Se sintió bien decirlo en ese momento. Quiero con todas mis ganas que eso sea cierto. Pero al final no lo sé y eso me preocupa. Tampoco ayuda que no he sabido nada de mi madre desde que le conté todo a Charlie. Ella rara vez se queda callada. Rara vez se guarda sus opiniones y pensamientos para sí. Así que no tener ningún comentario sobre mi nueva relación por parte de mi madre me pone nerviosa.

—¿Estás bien? —pregunta Edward, jalándome juguetonamente un mechón de cabello.

Me espabilo.

—Sí.

—Bien. Porque esa es la tercera vez que te lo pregunto y apenas ahora me escuchaste. Así que…

Le ofrezco una sonrisa irónica.

—Lo siento.

—No lo lamentes. —Se inclina para besarme—. ¿Qué sucede? —Solo niego con la cabeza—. ¿Estás nerviosa por lo de esta noche?

Le quito importancia al decir:

—Un poco.

—¿Qué es lo peor que podría pasar?

—Bueno…

—En serio. Permítete pensarlo. Porque te garantizo que lo peor que se te pueda ocurrir no será lo que suceda. —Me muerdo la parte interna de la mejilla—. ¿Te preocupa que no les vaya a agradar? Porque a mí no me importa lo que piensen. Todo lo que me importa es lo que siente su hija por mí.

Mi corazón golpetea salvajemente y me permito relajarme un poco.

—Y a ella le importas. Mucho.

Él sonríe.

—Oh, ¿sí?

Me muevo para sentarme en su regazo, nuestro almuerzo ya ha sido abandonado.

—Te ama por completo.

—Yo también la amo por completo —murmura, mete una mano debajo de mi blusa para tocarme el pecho.

Cuando su mano se mete por la orilla de mis shorts y sus dedos acarician el lugar donde más lo deseo, exhalo temblorosamente.

—También escuché que ella piensa que eres supersexy —murmuro, besándolo entre cada palabra—. Y encantador, y dulce, y…

—Qué asco. —La voz de Rose corta el momento, pero está luchando contra una sonrisa.

La saludo, pero me quedo en el regazo de Edward. Intentamos mantener las manos para nosotros.

—Adiós —se ríe.

—No te vayas solo por nosotros —le digo mientras se pone sus sandalias.

—No es así. Tengo algo que hacer.

—Algo que hacer —repito, alzándole las cejas a Edward, que se ríe—. Suena muy vago.

Rose solo se encoge de hombros.

—¿Ustedes dos seguirán aquí haciendo esto —señala en nuestra dirección con una mano— cuando regrese?

—Depende de a qué hora regreses —le digo con una sonrisita sarcástica.

Pone los ojos en blanco.

—¿Después de las cinco?

—No. Esta noche iremos a cenar a casa de mis padres.

Eso la detiene.

—¿En serio?

Sonrío.

—En serio.

—Impresionante. ¿No le dio un infarto al alcalde Swan?

—No que yo sepa. Todavía no he sabido nada de mi mamá, así que todavía no hay veredicto sobre sus pensamientos.

Rose se ríe, pero puedo notar que, debajo de su exterior tranquilo, está preocupada.

—Pues la mejor de las suertes para ti, Edward. Espero que salgas vivo de ahí —bromea.

—Ustedes dos me están asustando —se ríe entre dientes y le beso la mejilla para calmar su preocupación.

—Saldrá bien —le prometo.

—Sí —acepta Rose—. Saldrá genial. Solo deja que ellos hablen.

Edward asiente.

—Bien.

—Nos vemos después —dice Rose, abriendo la puerta principal—. Por favor, no me dejen encontrarlos otra vez teniendo sexo en la cocina cuando regrese a casa.

—No estábamos teniendo sex… —empiezo a decir, pero ella solo se ríe y cierra la puerta.

—O sea… estábamos a punto de hacerlo —dice Edward con voz baja y seductora.

Sonrío.

—¿Sí?

—Oh, sí. Definitivamente estaba a punto de tomarte aquí mismo.

Puedo sentirlo endureciéndose debajo de mí, y cuando se acerca para capturar mi boca en un profundo beso, gimo. Cambio mi posición para quedar a horcajadas sobre él en la silla y sus ojos se nublan un poco cuando me muevo formando pequeños círculos sobre su regazo.

—Eso se siente bien —murmura, me quita la blusa para quedar desnuda de cintura para arriba.

Lleva su boca a mi pecho al mismo tiempo que se abre otra vez la puerta principal.

—¡Qué carajos les dije! —grita Rose, medio divertida y horrorizada.

Dándole la espalda, me pego más a Edward y él me rodea con sus brazos para esconder mi piel expuesta.

—Lo siento —me río—. No sabía que solo te irías por menos de un segundo.

—Olvidé mi bolso —es todo lo que dice antes de escuchar que la puerta se vuelve a cerrar.

—Ups. —Le sonrío con culpabilidad a Edward—. ¿A la habitación?

Se pone de pie y me levanta, mis piernas quedan envueltas en su cintura. Mientras nos lleva a través de la casa, el brillo en su mirada me hace saber que le gusta este plan.

XXX

No es hasta que vamos manejando de camino a casa de mis padres que recibo la llamada, se cancela la cena.

Le pido a Edward que se detenga en un lado de la carretera mientras escucho la voz de mi padre. No se disculpa. Ni siquiera intenta inventar una excusa medio creíble. Todo lo que dice es que no podrán atender la cena y que deberíamos hacer otros planes.

Podría preguntarle por qué, pero creo que ya lo sé. No soy estúpida. Ellos no aprueban a Edward. Tal vez Charlie indagó un poco y se dio cuenta de que Edward no es tan estimado o respetado como esperaba.

Lágrimas de enojo y vergüenza arden en mis ojos al colgar. Puedo sentir la mirada de Edward en mí.

—¿Todo está bien? —pregunta en voz baja.

—Se cancela la cena.

—Bien.

—No. No está bien. Mis padres están siendo ridículos.

—¿Dijeron por qué?

Sollozo y miro por la ventana.

—No exactamente. Pero puedo suponer.

Edward inhala profundamente y mis ojos encuentran los suyos.

—No te molestes. De verdad está bien así.

—No está bien. Quiero que te conozcan. Que les agrades. Pero ¿cómo podrán hacer eso alguna vez si no te conocen, carajo?

—Bella. —Su voz es suave y estira una mano para limpiar mis lágrimas—. No es para tanto. Solo dales tiempo.

Bufo, limpiándome debajo de la nariz.

—¿Tiempo?

—Dijiste que tu hermano y tú no salían con otras personas, ¿cierto? ¿Que se esperaba que esperaran hasta que fueran emparejados? —Asiento—. Probablemente esto es difícil para ellos.

—No me importa si es difícil para ellos, necesitan superarlo.

Él se ríe en voz baja, buscando algo en mi rostro.

—Bell.

—Quiero que les agrades —murmuro.

—Nena, ya te dije que no me importa si les agrado —susurra, se inclina para acercar nuestros rostros.

—¿Por qué no?

—Porque tú me amas. Eso es todo lo que necesito.

Mi corazón tartamudea y cierro la corta distancia hasta que nuestros labios se encuentran.

—¿Eso es todo lo que necesitas?

—Sí.

—¿Solo a mí?

Su mirada se suaviza al sonreír.

—Solo a ti.

Trago, y la punzada de rechazo indirecto se alivia solo un poco.

—Más que querer la aprobación de mis padres, quería que conocieras a Carmen —digo, sigo sintiéndome ligeramente frustrada.

—En otra ocasión —dice con despreocupación.

No sé cómo lo hace, le quita importancia al momento tan fácilmente, con cero decepciones y la habilidad de ser flexible con el cambio de planes. Pero eventualmente su humor supera el mío y atribuyo la cena cancelada como una pérdida para mis padres.

Si no quieren conocer al hombre del que su hija está enamorada, está bien. Sus ideas y sentimientos sobre él no cambian los míos.

Y nunca lo harán.