Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 29
Presente
POV Bella
Aunque las respuestas de Jasper y Carmen me dan claridad, no me ofrecen nada de paz. Paso una semana sumida en la miseria, permitiendo que la desesperanza se apodere de mí. Hasta que un día ya no puedo soportarlo más. Si existe incluso la posibilidad más pequeña de que Edward esté vivo y encerrado en alguna parte, necesitamos descubrirlo. No saber no nos está haciendo ningún bien, a mí menos que a nadie.
Más de una vez le insisto a Jasper que necesitamos buscar a Edward. En mi cabeza parece ser un plan firme. No sé cómo empezar ese proceso, pero sé que quedarnos sentados sin hacer nada no está ayudando. Pero Jasper es un hombre paciente. Está ganando tiempo, esperando hasta que el polvo se asiente por completo, para presionar en busca de respuestas. La confianza se ha roto dentro de la resistencia en el pasado, y le preocupa lo que pueda pasar si actuamos con demasiada prisa. Tampoco cree que sea sabio para mí investigar por mi cuenta porque buscar a Edward significa que lo recuerdo. Significa que el Procedimiento falló. Si ese conocimiento se escapa, tendría que hacerme otra cirugía para remover los recuerdos que me quedan de él.
Así que también aprendo a ser paciente. Es una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida.
Cuando se acerca el final de febrero, los toques de una primavera temprana empiezan a aparecer de la noche a la mañana.
Un toque de verde asomándose en el suelo que una vez estuvo congelado. Pequeños brotes en los árboles que solían estar desnudos. Todo parece ser un cruel recordatorio de que la vida sigue, y nosotros deberíamos hacer lo mismo.
Pero no estoy lista.
Dicen que el tiempo sana todas las heridas, pero ¿cómo puedes sanar cuando el daño es demasiado profundo? ¿Cómo sanas de un corazón que no solo está roto, sino destrozado?
La respuesta es que no lo haces. Al mundo no le importa si estás lista para seguir adelante.
Me recuerdan esto cuando recibo noticias sobre mi Asignación de pareja.
No me sorprende. Ni siquiera un poco. Pero tampoco estoy enojada. Esa emoción requiere energía, y no tengo nada. La emoción requiere un poco de pasión, y todo lo que siento es apatía. Entumecimiento. Tal vez menos que entumecimiento. Soy el cascaron de una persona, un fantasma.
Cuando llega oficialmente la primavera, el día que una vez ansiaba pero que ahora temo, llega.
Soy emparejada con James Witherdale.
Nos paramos en una oficina en el centro y repetimos promesas y juramentos para convertirnos en marido y mujer. Es la parte comercial de la situación. No es romántico, pero no se supone que deba serlo. Nada de todo este proceso es dulce o sentimental. Y todo lo que lo rodea me revuelve el estómago.
Cuando se recitan las últimas palabras y se firman los papeles, sellamos el emparejamiento con un beso casto. Nuestros padres sonríen en grande. Yo miro el suelo. Y el último rayo de esperanza de que Edward podría regresar y estaríamos aquí parados haciendo esto finalmente se desvanece.
XXX
Pasado
POV Edward
—¿Qué vas a hacer este fin de semana? —pregunta Bella.
Está acostada sobre su estómago en el colchón, me da la espalda, su concentración está en el libro que está leyendo.
—¿Qué voy a hacer? —repito—. O sea, ¿aparte de hacértelo a ti?
Cuando voltea sobre su hombro, mi sonrisa es presumida. Así que se mueve de su sitio y gatea hacia mí para quitármela con un beso.
—Sí, aparte de hacérmelo —se ríe, su cara sigue cerca de la mía.
—Trabajaré todo el fin de semana. ¿Por qué?
Se aparta un poco.
—¿Trabajarás o… trabajarás?
—Ambos —le digo, mirando su rostro.
Han pasado unas semanas desde que le confesé lo que hago de verdad y las cosas han estado bien. Me preocupaba que fuera demasiado para ella, es por eso que me contuve por tanto tiempo. Pero entre más me metía a esto con ella, más me destrozaba no decirle la verdad. Ella me sorprendió, como siempre. Está de mi lado. Lo entiende. También quiere ayudar, pero no creo que esté lista para eso. Amo su tenacidad y su disposición de apoyar, pero necesito pensar de forma lógica. Tener a la hija del alcalde formando parte de lo que hacemos parece ser demasiado por ahora.
Solo he tenido que irme dos veces a las tierras no incorporadas desde que le conté sobre mi involucramiento con la resistencia. Lloró la primera vez que me fui, lo que me mató. Ella no podía comprender que estaría bien. Que esto es lo que hago, lo que sé, y que nunca me atrapan. Hubo menos lágrimas la segunda vez, tal vez porque ya sabía qué esperar. Se volverá cada vez más fácil con el paso del tiempo.
—¿Trabajarás en ambos sitios? —aclara.
—El viernes en la noche seré barman, luego el sábado temprano tengo que viajar por trabajo.
Seguimos buscando formas de hablar sobre lo que hago sin decirlo en realidad. Más que nada porque eso disminuye la posibilidad de que ella pueda equivocarse frente a otras personas. "Viajar por trabajo" se ha convertido en la forma más fácil para entendernos entre nosotros sin que ninguno tenga que hacer preguntas.
—Oh. Entonces mentiste cuando dijiste que me lo harías este fin de semana —dice a la ligera con una sonrisa pícara en su bonito rostro.
—No mentí —murmuro, inclinándome para besarle el cuello—. Todavía queda el tiempo antes del evento de beneficencia y después del evento. Si logro regresar el domingo temprano, tenemos todo el domingo.
Sonríe ante este plan, apartándome el cabello de los ojos.
—Espera, ¿entonces vas a trabajar en el evento de beneficencia? ¿El que está organizando mi familia? —pregunta.
—No sé. En realidad, no me fijo en qué es o quién lo organiza. Solo voy y sirvo bebidas.
—Probablemente es el de mis padres. Es por eso que te estaba preguntando qué vas a hacer este fin de semana. ¿Podrías pedir el viernes libre y asistir al evento conmigo en vez de ir a trabajar?
—Te amo, pero las cenas de beneficencia no son, uh, lo mío.
Frunce el ceño.
—Tampoco son lo mío, pero tengo que ir.
—Entonces ve, yo te serviré bebidas muy fuertes y después podemos regresar aquí, y puedo cumplir mi promesa de hacértelo.
—Qué romántico —dice inexpresiva, pero está luchando contra una sonrisa—. Pero necesito una cita.
—¿Por qué?
—Supongo que no necesito una, pero te quería ahí.
—Estaré ahí. Solo que estaré trabajando.
—Pero te quiero a mi lado —dice en voz baja.
—La clase de gente que va a esas cosas no me quiere ahí.
Estoy hablando más que nada sobre sus padres, pero no intento hacer que esta mierda se ponga rara. Ellos ni siquiera me quisieron en su casa para cenar, entonces ¿por qué carajos me querrían en sus eventos a menos de que estuviera trabajando?
—Yo te quiero ahí —dice simplemente—. No me importa un carajo nadie más.
Suspiro. No sería difícil zafarme de tener que trabajar en el evento. No obstante, aguantar las mierdas y ver a todos esos cabrones corruptos socializar entre ellos será más difícil. Pero supongo que tendría que lidiar con eso sin importar si trabajo o no, o si soy un invitado. Tal vez sería más fácil soportarlo si estoy a su lado y me puedo emborrachar en vez de emborrachar a otras personas.
—Vamos —me anima—. ¿Por favor?
Pienso en lo que sus padres dirían si aparezco con ella, luego dejo que me resbale. No me importa lo que piensen y no me importa con quién está relacionada. Ella es una buena persona, y la amo, carajo. La quiero para siempre. Así que si aguantar algunos eventos de mierda de vez en cuando es lo que tengo que hacer, está bien.
—Veré si puedo pedir la noche libre —le digo, y la forma en que su rostro se ilumina hace que todo valga la puta pena.
—Gracias.
—Pero probablemente no tengo nada que usar. ¿Crees que Emmett tenga algo que pueda tomar prestado?
—Ya tengo cubierto eso.
La miro escépticamente.
—¿Cómo?
—Podemos ir de compras.
—No —digo en automático.
—Pero quiero hacer algo lindo por ti.
La pongo de espaldas para poder recostarme entre sus piernas.
—Hay muchas otras cosas lindas que puedes hacer por mí.
—Algo que no involucre sexo —corrige.
—No estaba hablando de sexo —murmuro y empujo mis caderas contra las suyas.
Definitivamente estaba hablando de sexo.
Se ríe y, carajo, amo ese sonido.
—No estabas hablando de sexo, ¿eh? Entonces, ¿por qué estás duro?
—Porque mi novia locamente sexy está acostada debajo de mí y no puedo contener la forma en que mi cuerpo reacciona a ella. —Le beso la boca y luego le chupo el cuello, sacándole un gemido.
—Oye —murmura.
—¿Hmm?
—Te amo. No quiero que pienses que quiero que seas como esa gente. Pero sabes que tengo que seguir el juego. Interpretar el papel. Es más seguro de esa manera. ¿Cierto?
—Lo sé, nena.
—Bien. Entonces… ¿la ropa?
Gimo, enterrando la cara en su cuello.
—Bien —murmuro sobre su piel—. Después.
—¿Después de qué?
Alzando la cabeza, le sonrío.
—Después de quitarte la tuya.
XXX
Me siento fuera de mi zona de confort en el evento de beneficencia, pero con Bella en mi brazo es fácil no concentrarme en lo incómodo que estoy. Ella se queda conmigo, pegada cerca de mi costado, incluso cuando la gente intenta jalarla para conversar. Rose está con nosotros un rato, luego desaparece cuando Emmett y su esposa Kate se unen a nosotros. Bella me presenta a diferentes personas que no recodaré, y participamos en conversaciones vanas que probablemente olvidaremos.
La noche avanza de esa manera por un rato. Sin incidentes. Bebemos, comemos, socializamos. Hay tanta gente aquí que termino conociendo a sus padres a la mitad del evento.
Puedo notar de inmediato que me están evaluando, pero para darles su jodido crédito, no son tan obvios.
Sin embargo, puedo notarlo. Siempre puedo notarlo.
—Mamá, papá, este es Edward Cullen —nos presenta Bella. Si está nerviosa, lo esconde bien.
—Edward, sí. Es un gusto conocerte al fin —dice su padre con rigidez. No señalo que nos pudimos haber conocido hace un mes, pero él lo canceló. Extiende una mano y nos damos un apretón, pero su agarre es más firme de lo necesario.
—Gusto en conocerlo también, alcalde Swan. —Sonrío porque sé cómo carajos portarme bien.
—Bella no nos dijo que fueras tan guapo —dice su madre al inclinarse para besar mis mejillas en el aire.
—¿En serio, Bell? —bromeo, sonriéndole.
—Oh, como sea —se ríe, medio pegándose otra vez a mi costado—. No le sigas la corriente, mamá. Sabe que es apuesto.
—Ah, sí. Pero en la vida hay más que la apariencia —comenta Charlie, ofreciéndome una sonrisa condescendiente—. Dime, Edward, ¿a qué te dedicas?
—Ya lo sabes, papá —dice Bella, y su voz suena pequeña por un momento, como si ya estuviera nerviosa—. Te conté todo sobre él.
—Claro. ¿Cómo podría olvidarlo? —se ríe—. ¿Asistes a la universidad con Bella? —La forma en que lo dice me hace pensar que me estuvo investigando y está bien. No encontrará nada ahí. Tengo un expediente limpio. No encontrará nada que delate que soy parte de la resistencia que tiene lugar debajo de su jodida nariz.
Ese pensamiento me hace sentir engreído, y me bebo el resto de mi whisky antes de hablar.
—Técnicamente no estoy inscrito —digo, y el brillo en sus ojos se atenúa cuando comprende que no puede avergonzarme ni revelar una verdad que Bella ya conoce.
—¿No atenderás la barra esta noche? —pregunta mejor con una sonrisa condescendiente en el rostro.
—Papá —murmura Bella.
—¿Qué? —pregunta con inocencia—. Por supuesto que tenía que investigar al hombre con el que mi hija parece estar pasando todo su tiempo.
—No trabajo esta noche —le digo—. Bella me pidió que fuera su cita.
Charlie me mira, su mirada es más severa que antes, y aparto la vista. Cambian de tema en ese momento, ya no están interesados en mí, lo cual está bien. No necesito que me conozcan. Si investigan, encontrarán cosas que no aprobarán. Así que prefiero no ser el tema de interés.
Después de unos minutos de hablar trivialidades, Charlie habla, su atención está otra vez en mí.
—¿Puedo tener un momento a solas con Edward?
Bella nos mira con nerviosismo.
—Claro —digo con confianza sin apartar la vista de él.
—¿Papá? ¿Qué…?
—Cariño —se ríe, interrumpiéndola. Tal vez su sonrisa pretendía ser cariñosa, pero la encuentro jodidamente condescendiente—. No te robaré a tu cita por mucho tiempo, lo prometo. Estará en buenas manos.
—Sé amable —le advierte sin soltarme del todo.
La sonrisa de él es inocente. Sin embargo, puedo ver a través de su fachada.
Bella sube sus manos por mi pecho, dedicándome una sonrisa suave. Puedo sentir la mirada de Charlie en nosotros, pero no volteo a verlo.
—Ahora vuelvo —murmuro, rozando su sien con mis labios.
—Ni siquiera notarás que no está —bromea Charlie, pero hay una tensión subyacente debajo de su tono que no me gusta.
—Por supuesto que lo notaré —dice ella, pero Charlie ya se está alejando.
Me giro para seguirlo y los dedos de Bella agarran los míos para mantenerme en mi sitio.
—¿Estás de acuerdo con esto? —susurra—. ¿Y si él sabe sobre…?
—No lo sabe. No estaría aquí justo ahora si lo supiera. Está bien.
Se agarra el labio inferior entre los dientes.
—¿Estás seguro?
—Sí —asiento, pero en realidad no lo estoy—. Está bien.
—No tardes mucho. ¿De acuerdo?
Asiento otra vez y ahora beso sus labios antes de seguir a Charlie entre la multitud.
Esperaba que nos detuviéramos en un lado donde hay menos gente y más privacidad. Pero salimos por completo de la fiesta y nos dirigimos hacia dentro de la casa. Es enorme y está en silencio. No se siente para nada como un hogar, y no sé cómo es que Bella resultó tan cálida y buena cuando este lugar es tan frío.
Caminamos en silencio, pero nuestras pisadas hacen eco por el pasillo. Estoy a punto de preguntar a dónde vamos cuando finalmente entra a una habitación. Es toda de madera, cuero y techos altos. Hay un fuego encendido y una botella de licor en su escritorio. Debe ser su oficina, y es pomposa, igual a él.
No me siento, ni siquiera cuando él lo hace. Me quedo parado cerca de la puerta, esperando a que me diga qué demonios quiere.
—Por favor. —Señala la silla frente a él.
—Estoy bien.
Sonríe ligeramente.
—¿Brandy?
Me meto las manos a los bolsillos del pantalón y no respondo. Él sirve dos vasos de todas formas.
—Oh, disfruta un poco —dice alegremente—. Probablemente este es el mejor brandy que alguna vez tendrás la oportunidad de consumir.
Avanzo hacia su escritorio y tomo el vaso, pero no bebo.
—¿Había algo que quería hablar conmigo, señor Swan? —pregunto, sosteniendo su mirada.
—Es alcalde Swan. —Parpadea—. Parece que eres un hombre al que le gusta ir directo al punto. Puedo apreciar eso. —Cuando bebe su brandy, sus ojos se mantienen en mí—. También parece que mi hija está bastante fascinada contigo.
No respondo a esto, y su risa no es más que una exhalación brusca.
—Oh, siéntate, Edward. No muerdo.
Me siento en la enorme silla de cuero para que él siga con cual sea la maldita razón por la que me ha traído aquí.
Se queda callado por demasiado tiempo, me mira con mucha intensidad, y me quiebro.
—¿Me va a decir que me mantenga lejos de ella? —pregunto malhumorado.
Se ríe.
—No, solo porque sé que la gente no hace simplemente lo que quieres sin algo a cambio.
No me gusta lo que está insinuando, y entorno los ojos.
—¿Qué está diciendo?
Bebe otro trago de brandy antes de inclinarse hacia enfrente con los brazos sobre su escritorio.
—¿Qué se necesita para hacer que te alejes?
Lo dice de forma tan simple. Como si tuviera el poder para hacerlo suceder.
La urgencia de golpearlo en la cara se alza, pero la aplasto. No le voy a dar una excusa para correrme o hacer que Bella se aleje de mí.
—Perdón, ¿qué?
Charlie se ríe otra vez, pero suena más sombrío en esta ocasión. Incluso saca una pluma y papel.
—No te hagas el tonto. ¿Cuánto dinero quieres? Dime un número.
—No quiero su dinero.
—¿No? Porque parece que podrías usarlo. Tal vez para comprar una casa más linda… darle a tu madre el cuidado médico que necesita.
Se me tensa la mandíbula y se aprieta mi agarre en el vaso.
—Déjela fuera de esto.
—Oh, eso hago. No pensaría en usar a tu madre enferma contra ti. ¿Me puedes repetir su nombre? Esme, ¿cierto? Esme Cullen, que vive en Windmere Lane número 432. Una casa humilde para una familia humilde. Tiene inicios prematuros de Alzheimer, ¿cierto? Entre otras cosas. Es una pena. De verdad lamento mucho eso.
—¡Jódase! —escupo, odiándome por permitirle afectarme.
No menciona a mi padre, pero no lo hará. No sabe que estoy relacionado con Carl Masen, que es exactamente como lo quería mi padre. Por razones de seguridad, usaba el nombre de soltera de su madre. Estoy muy seguro que si Charles supiera con quién estoy relacionado, no estaría intentando sobornarme justo ahora. Me encerraría en prisión, igual que lo hicieron con mi padre hace tantos años.
—Jódase —repito porque pensar en mi padre ahora me llena de una rabia ciega. La muerte de mi padre no fue decisión de Charles, pero no importa. Todos estos cabrones son iguales. Bien pudo haber sido él.
—Oh, cálmate. Solo estamos hablando.
—Suena a que me está amenazando —señalo.
—¿Amenazándote? No, no, no. Te estoy ofreciendo una oportunidad, y tú estás siendo muy grosero en respuesta.
—Está intentando sobornarme para dejar a Bella, y no lo voy a hacer, carajo.
—Temía que dijeras eso. —Inhala profundamente—. De verdad preferiría que esto fuera tu decisión, así que espero que lo pienses. Detestaría que las cosas se pusieran… violentas.
—¿Violentas? —repito—. ¿Qué? ¿Me va a matar si no me mantengo lejos de ella?
Sonríe y se termina el resto de su bebida.
—Estás poniendo palabras en mi boca, Edward. Nadie está haciendo amenazas.
—Toda esta conversación es una amenaza.
—Entiendo cómo es que puede interpretarse de esa manera, pero es una oportunidad…
Me paro de la silla y dejo de golpe el vaso sobre el escritorio.
—Creo que ya terminamos aquí.
Alza las manos como si todo fuera solo un intercambio inocente.
—Si tú lo dices. Solo intento conocer al hombre del que mi hija cree que está enamorada.
Es mi turno de reírme.
—Debe estarlo matando esto, ¿cierto? Saber que no tiene control sobre ella. Saber que ella va en contra de sus deseos y me elige.
Veo la furia flamear en sus ojos y casi me hace sonreír.
—Todavía no se ha decidido nada —responde—. Ella podría cambiar de parecer.
—Seguro. Supongo que sí podría. Pero la amo y no la voy a dejar. No a menos de que ella me lo diga. Así que, puede tomar su dinero y metérselo por el culo. ¿Y si vuelvo a oír el nombre de mi madre salir de su boca? Le romperé la jodida mandíbula.
Se recarga en su asiento, como si estuviera complacido con mi enojo.
—Ahora eso sí suena a amenaza.
—No lo es —digo, imitando su tono casual—. Piénselo como una oportunidad para retroceder y mantenerse al carajo fuera de mi relación con su hija.
—Fue grandioso hablar contigo —responde tranquilamente—. Oh, y piénsalo dos veces antes de compartir algo de esto con Bella. Eso podría complicar las cosas entre ustedes dos.
Avanzo a zancadas hacia la puerta y la azoto al salir, esperando que eso lo zarandee hasta la médula.
Al avanzar entre la multitud me encuentro vibrando con adrenalina y la necesidad de salir al carajo de aquí. Encuentro a Bella y Rose a mitad de una conversación, rodeo la cintura de Bella con mi mano y le beso el costado de la cabeza.
—Tengo que irme —murmuro—. Te veré después.
—Espera, ¿qué? —la escucho decir, luego me está siguiendo, jalando la espalda de mi saco para detenerme—. Edward, espera.
Aminoro mi paso para caminar juntos, pero no me detengo hasta que estoy frente a la casa donde podemos tener un poco de privacidad.
—Edward, ¿qué demonios? —Se mueve frente a mí para detenerme de seguir caminando y agarra gentilmente mi cara, obligándome a verla—. ¿Qué sucedió?
—¿Qué crees? —Abre la boca para hablar, pero respondo por ella—. No nos quiere juntos, Bella.
—¿Te dijo eso?
—No esas palabras exactas. Pero su mensaje fue alto y jodidamente claro.
—No me importa —dice y se acerca, rodeándome la cintura con sus brazos mientras alza la vista hacia mí—. Dime qué te dijo.
—No te va a gustar.
—No me importa —repite—. Dime.
—Quiere sobornarme para terminar contigo.
—¿En serio?
—En serio.
—Y… ¿qué dijiste?
Mi cara se descompone.
—Dios, Bella. ¿Qué crees que dije? Dije que no, carajo.
—No sé. ¡No te enojes conmigo! Es una pregunta válida.
—No, en realidad no lo es. Te amo, carajo. No hay cantidad de dinero que aceptaría para no estar contigo. ¿Cómo puedes siquiera pensarlo?
—No sé —murmura con la cara roja—. Es que… no fue mi intención, pero a veces la gente puede aprovecharse…
Me río sin humor y me aparto de ella.
—No soy esa gente —digo bruscamente, alzando la voz. Su cara se arruga como si fuera a llorar. Me siento mal, pero al carajo con eso. Después de hablar con su padre mi cabeza está en un lugar muy raro y saber que ella piensa que podría caer potencialmente tan bajo hace que me duela el pecho.
Me jala el brazo, manteniéndome en mi lugar.
—Lo siento. ¿De acuerdo? Lamento haberlo preguntado. Lamento haber dejado que mi cabeza fuera a ese sitio. —Sube sus manos hacia mi cara, sus dedos trazan mi mandíbula.
Sin embargo, no puedo soltarlo.
—¿Crees que estoy contigo por tu dinero?
—No.
—¿Crees que arriesgaría todo y sería honesto contigo por… por qué? Podría perder todo al estar contigo. Podría perder, carajo… —Me paso una mano sobre la boca—. ¡Carajo!
Ella traga, deja caer las manos a sus costados.
—Fue una estupidez. Lo siento. Te amo muchísimo. Lo… lamento.
Aspiro y sacudo la cabeza, dejo que mi enojo se disuelva. Ni siquiera es con ella con quien estoy enojado. Es con su padre. Es la vida que ella tiene que llevar. El papel que tiene que interpretar.
—Está bien —suspiro—. Lamento haberte gritado.
—No está bien.
Miro el suelo, dejo que el silencio permanezca entre nosotros.
—Edward.
—¿Qué?
—Di algo.
—No sé qué decir.
—Solo… lo que sea —susurra desesperada—. Di lo que sea.
—No estoy intentando ponerte en una situación difícil. Tu familia no nos quiere juntos, así que…
—No estoy en una situación difícil. Sé qué es lo que quiero —murmura.
Aun así sigo en silencio y pensando. Sé cómo se desarrollará todo esto. Ella entrará pronto en razón. Su papá hablará con ella y la convencerá de terminar conmigo. Las chicas como ella no terminan con tipos como yo. Pero, debajo de esa verdad, todavía siento algo jodidamente profundo por ella. No quiero creer en mierdas como esa. Se siente diferente con ella. Ella es diferente. Me lo ha demostrado en este último par de meses. Necesito creer que esto terminará a mi favor.
—¿Crees que estamos en una situación difícil? —pregunta, jalando el nudo de mi corbata.
—Nena, no, es que…
—Te elijo, Edward. Siempre.
Lo dice de forma tan jodidamente sincera. Tan honesta. Vuelvo a bajar la mirada, viendo el pequeño espacio entre nosotros. Por instinto le rodeo la cintura con mis brazos y la jalo todavía más cerca de mí.
—Mírame —susurra, sus dedos rozan mi mandíbula.
Una sonrisita tira de mi boca.
—Siempre te estoy mirando —digo suavemente—. Siempre te estoy mirando y pensando en ti y… eres todo lo que quiero.
—Es lo mismo para mí. Te elijo. ¿De acuerdo? Eso es todo.
—Lo haces sonar tan fácil.
—Es fácil. Tú eres todo lo que importa. Nadie más.
—No puedo darte mucho.
—No seas idiota —me regaña, y la diversión brilla en sus ojos—. ¿Crees que me importa algo de estas mierdas? —pregunta—. No me importa. Solo te quiero a ti. No necesito nada ni a nadie más.
—Siempre estaré escondiéndome en las sombras. Lo sabes, ¿cierto?
—¿Y? Eres una buena persona. Haces cosas buenas. Te amo todavía más por eso.
Y justo así, sus palabras me calman.
—Me dijiste idiota —musito.
—Pues estás actuando como uno. Yo también actué como una.
Agacho la cabeza para enterrar la cara en su cuello e inhalar su aroma.
—Solo estoy siendo un idiota porque te amo. Y temo que te voy a perder.
—No me iré a ninguna parte. ¿De acuerdo? —Sus dedos se enredan en el cabello de mi nuca, y mi cuerpo se relaja. A nuestra derecha se oyen unos fiesteros borrachos y Bella suspira—. Vamos a casa.
Me aparto y beso suavemente su boca.
—Nada me encantaría más que meterte a la cama. Pero ¿qué hay de Rose?
—Ella estará bien.
—¿Y el evento?
—Ya estoy harta. Quiero decir, es tentador entrar para gritarle a mi padre y decirle que es un pedazo de mierda manipulador, pero… no sé qué tan bien resultará eso.
Sonrío ligeramente.
—Sí, no lo hagas. Especialmente ya que me dijo que no te contara sobre nuestra conversación. Pero ni siquiera él puede ser tan denso como para pensar que no te diría.
—¿Te dijo que no me contaras?
—Sí. También mencionó a mi mamá… de hecho, sabía mucho sobre ella. En serio que me hizo enojar.
—Edward. —Se tapa la boca y sacude la cabeza—. Al carajo con eso. Voy a entrar y…
La agarro de la cintura, jalándola.
—No vale la pena. No lo hagas, por favor.
—Lo siento. —Deja caer la cabeza en mi pecho—. Lamento que sea tan patán.
Me encojo de hombros. No lo voy a superar con facilidad, pero es injusto de mi parte desquitar mi rabia hacia su padre con ella.
—¿Qué puedes hacer? —pregunto simplemente.
Alza la cabeza y lo considera.
—Vivir mi vida, supongo. Elegirte. Ignorar sus expectativas.
—Eres una Swan. No sé si puedas simplemente dejar esas expectativas atrás.
—Pero muy pronto seré una Cullen —murmura, mirándome con muchísimo amor.
Le sonrío, mi corazón se acelera al pensar en ella siendo mía para siempre.
—Oh, eso crees, ¿eh?
Su sonrisa pícara me destroza.
—Quiero decir, todavía no me lo has pedido ni nada, pero aún me aferro a la esperanza.
—¿De verdad quieres eso?
Con sus brazos rodeándome el cuello, dice:
—Más que nada, Edward.
Agachando la cabeza, la beso con todo lo que tengo.
Dejamos el evento de beneficencia tomados de la mano y espero que su padre esté viendo desde la jodida ventana. Espero que él la vea elegirme y que sepa que me elegiría una y otra vez. Espero que sepa que no se puede meter entre nosotros sin importar cuánto lo intente.
El viaje a casa transcurre en silencio, pero no es incómodo. Aprovecho ese tiempo para idear un plan. No me importa ni una mierda lo que su familia piense, y ciertamente no voy a permitir que su padre me espante.
Esta noche le voy a pedir que se case conmigo.
Solo espero que diga que sí.
N/T: ¡Mil gracias por los 700 reviews! Aquí les dejo su capítulo extra como agradecimiento. Y por cierto, el siguiente capítulo es un EPOV... en el presente ;)
