Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 30

Presente

POV Edward

Morir es fácil.

Pacífico.

Es la parte de intentar mantenerme con vida la que duele.

Cuando puedo dormir, mi mente reproduce esa noche. Me veo torturado otra vez, mi subconsciente me lleva de regreso a la cerca. A todas las cosas que jodí. Es como si pudiera escuchar los disparos resonando. Sentir las balas perforar mi piel y el estrés de mi cuerpo mientras trepaba hacia la libertad.

Luego la veo. Bella. Cada noche, siempre es su cara la que llega a mí antes de despertar.

Me despierto sobresaltado cubierto en sudor y hago una mueca ante el dolor en mi pierna. Me muevo en el incómodo catre y toso antes de ponerme de espaldas para mitigar la presión en mi muslo.

Cuando vuelvo a toser siento el pecho congestionado y ronco. Mis pulmones se calman, inhalo lo más profundamente que puedo y miro el techo de la caravana. La puerta se abre e intento sentarme un poco.

—Alguien despertó temprano.

—Sí. —Mi voz suena ronca—. ¿Qué hora es?

—Apenas pasan de las seis. —El farol que sostiene Leah brilla mientras ella avanza hacia mí—. ¿Agua? —pregunta.

—Puedo tomarla yo solo.

Me dedica una mirada, como diciendo que necesito ajustar mi actitud. Tal vez sí. Pero de verdad que puedo tomarla yo solo. Al fin.

Me duele la garganta, y ella me entrega la cantimplora. Le doy un trago, un poco del agua me cae sobre la barba porque estoy tomándomela con demasiada rapidez.

Al otro lado de la caravana, Waylon se mueve sobre su catre, la tos se sacude de sus pulmones. Él apenas lleva una semana aquí, se está recuperando de una neumonía o alguna mierda así. Ha sido agradable tener a alguien más con quien hablar.

Leah saca una botella de un morral que lleva en la cintura y pone una píldora blanca en un pedazo de madera lijado. Con su navaja la corta a la mitad y me la entrega. Me trago la píldora en seco.

—Sé que no es mucho, pero ya es algo —murmura Leah—. Sam piensa que finalmente quedará todo despejado para viajar otra vez en unos días. Tal vez una semana. Así que podremos conseguir más analgésicos.

—Estoy bien.

Tengo una relación amor/odio con los analgésicos. Sí, hacen que sea más fácil soportar el dolor, pero también me dejan aletargado. Cansado. Tal vez el descanso obligado es necesario para que mi cuerpo sane, pero también me enoja. No quiero estar atorado aquí día tras día sin saber qué carajos está pasando allá.

Incluso si no estuviera tan jodido como estoy, no es como que pudiera regresar con Bella. Desde que pasó toda esa mierda con Emmett y Rose, los ejecutores y guardias han estado con la guardia alta. Eventualmente volverán a relajarse. Las cosas regresarán a la normalidad y podremos cruzar. Hasta entonces, estamos un poco atorados. Llevamos meses sin poder conseguir suministros. Afortunadamente, había suficientes cosas almacenadas para pasar el invierno. Pero sé por escuchar las charlas de Leah y Sam que se están acabando las cosas necesarias y la gente está desesperada por cruzar la frontera para traer provisiones.

—¿Cómo te sientes? —pregunta Leah.

Es una pregunta sin sentido, pero me la hace todos los días. Me siento de mierda. Estoy muy seguro que morir se habría sentido mejor que esto. Estoy sanando, pero sigo sin ser tan fuerte como solía. Por muy frustrante que sea, intento no pensar mucho en eso. Porque pensar en eso solo me hará perder el enfoque y necesito regresar con Bella.

Tengo que hacerlo.

Ella es la única razón por la que he durado tanto. Ella es la única razón por la que no me he rendido todavía ni he escondido un montón de analgésicos para tomarlos todos a la vez.

—Me siento genial. Podría ir a correr y a boxear un poco más tarde —miento. A veces se siente mejor fingir que esta mierda es normal. Sin embargo, hoy solo resalta lo deprimido que estoy.

—Oh, ¿sí? —La sonrisa de Leah es alentadora y no hace nada para mejorar mi actitud—. No hay nada que te detenga.

—No, nada.

Sé que hay lástima en su mirada, pero tampoco me permito pensar mucho en eso.

—Déjame cambiarte las vendas —se ofrece y quita la manta para levantarme la camiseta.

Tengo cicatrices y heridas en mi cuerpo que no puedo explicar. Hay todo un período de tiempo que está perdido para mí. Pero tal vez eso es lo mejor.

Puedo recordar el antes y un poco del después. Es lo que pasó en medio de eso lo que no recuerdo.

El antes involucra intentar ayudar a Emmett y Rose a escapar. El después es puro dolor.

Me dijeron que casi muero. Me dispararon tres veces, en el hombro y el muslo, aunque la última bala solo me rozó el costado. A Em también le fue mal. Entre los tres teníamos suficiente adrenalina para seguir avanzando hacia las tierras no incorporadas. Después de alejarnos lo suficiente, me dijeron que Rose y Em intentaron recortar un poco de tiempo y cruzar un lago congelado. Supongo que yo estaba sufriendo demasiado dolor para sugerir otra cosa. Otra cagada de mi parte. Esa parte está borrosa, pero a veces tengo pesadillas donde me encuentro atrapado bajo una capa de hielo. Es sofocante, y siempre me despierto jadeando en busca de aire. Con la cantidad de sangre que perdí aunado a la hipotermia, probablemente debí haber muerto.

No sé. Algunos días me pregunto si en realidad estoy muerto. Como si estuviera atorado en una especie de purgatorio.

En vez de eso, me dicen que tuve suerte. Tuve suerte porque las balas no pegaron en ninguna arteria principal ni un hueso. Tuve suerte porque Emmett me pudo sacar del agua antes de ahogarme.

Suerte.

Detesto esa jodida palabra.

Suerte habría sido llevar a Em y Rose a las tierras no incorporadas a salvo, sin ninguna complicación. Suerte habría sido regresar a casa y ver a Bella al día siguiente. Suerte habría sido que ella recordara que estábamos juntos y enamorados.

No, esto no es suerte. Es una puta tortura. Un incidente innecesario en el plan.

Miro el techo mientras Leah quita la gasa y presiona algo frío en mi costado. Hago una mueca, pero duele menos, lo que supongo que es algo bueno. Con su ayuda me quito la camiseta por completo y ella me cura el hombro. Está tenso y el dolor nunca se va por completo, pero es mejor de lo que solía ser. O tal vez ya estoy acostumbrado a eso.

—La infección se ve mejor.

—Grandioso —digo secamente.

Ella trabaja con gentileza, me pone un ungüento y reemplaza mis vendas.

—¿Todavía tienes el mismo sueño? —pregunta y evito su mirada mientras me vuelvo a poner la camiseta.

—No diría que es un sueño.

—No, supongo que no.

Exhalo profundamente, cerrando los ojos para pensar en Bella.

A veces tengo que pasar días sin que entren en mi mente pensamientos sobre ella porque duele jodidamente mucho. No sé qué está haciendo o qué está pensando. Un día simplemente desaparecí. Le dejé una nota prometiéndole que regresaría, pero no lo cumplí. Me pregunto si está enojada o molesta. Me pregunto si es que siquiera le importa.

Luego me pregunto si ya ha sido emparejada.

Cuando al fin estuve lo suficientemente coherente al inicio, quería saber qué fecha era. Preguntaba todos los días. Una vez que empezamos a acercarnos más y más a su fecha de emparejamiento, dejé de preguntar. No quería pensar en ella estando con alguien más.

Usualmente es entonces cuando tengo que obligarme a dejar de pensar en ella.

Luego mi mente vaga hacia Lauren y Jasper, y le rezo a quienquiera que me esté escuchando para que ellos sigan cuidando a mi mamá. Cuando estoy teniendo días de mierda, me preocupo de que Esme ya esté muerta. La culpa me consume vivo al pensar en no estar ahí para ella, pero sé que ella entendería. Incluso si a veces está confundida, entendería si supiera la verdad. Querría que yo ayudara a estas personas a intentar escapar. Querría que hiciera todo lo que estuviera en mi poder para mantenerlos a salvo.

Desafortunadamente, no lo hice.

Pero lo intenté. Con todas mis putas fuerzas. Recibí tres balas y casi me ahogué por ellos.

Me dijeron que hice mi mejor esfuerzo y que tengo suerte de seguir vivo. Incluso me dijeron que soy un héroe. La mayoría de los días resiento eso. Ser un héroe significaría que Emmett y Rose están los dos aquí en este momento. Pero no están.

Solo uno de ellos logró llegar.

Y eso es lo que pesa en mi conciencia.

Eso es de lo que más me arrepiento.

XXX

—Toc, toc. —La voz de Rose suena afuera de la puerta antes de asomar la cabeza dentro de la caravana. Su estómago está notablemente hinchado debajo del abrigo de lana que está usando—. ¿Tienes ánimos de dar un paseo?

—¿ tienes ánimos de dar un paseo? —pregunto.

—No, pero debería. —Su sonrisa es gentil, pero la mirada que le dedica a Leah no es sutil. Ellas no se agradan—. De hecho, quería platicar contigo… a solas.

—No me presten atención —dice Waylon desde su cama—. Me encantaría escuchar el chisme.

—De acuerdo, de acuerdo —le digo a Rose, ignorando a Waylon—. De todas formas, necesito moverme. Vamos.

Rose entra para ayudarme a ponerme de pie, lo cual es risible. Su estómago está tan grande ahora que dudo que pueda verse los pies. Pero todavía le faltan un par de meses.

Salimos de la caravana, abrigados con las chaquetas y bufandas de segunda mando. El invierno ya casi termina, y aprecio la falta de frialdad en el aire.

Nuestro ritmo es más lento debido a mí, pero a Rose no parece importarle. Caminamos alrededor del campamento hacia el bosque, y lejos de las docenas de caravanas y tiendas de campaña que están situadas como si fueran una pequeña comunidad propia. Y sí es una comunidad. Un hogar. No es mucho, pero esto es todo lo que algunas personas han conocido en su vida.

Está soleado hoy, así que todos están aprovechando el clima. Hay una fogata al avanzar por ese camino, parece que alguien está cocinando algo. Huele bien y me ruge el estómago. Lo tomo como una buena señal de que mi apetito finalmente ha regresado.

Justo antes de desaparecer entre la línea de árboles con Rose, un grupo de niños jugando béisbol detienen su juego para apartarse del camino para nosotros.

—¿Vas a jugar hoy con nosotros? —pregunta Seth sonriéndome mientras lanza una pelota al aire, usa una rama grande en vez de un bate para golpear la pelota hacia mí.

Apenas logro atraparla, luego se la aviento de regreso.

—Tal vez en un rato —digo. A veces jugar con ellos cuenta como una parte de mi ejercicio del día. Son brutales conmigo, pero aprecio el reto. Hace poco que empecé a poder hacer flexiones otra vez en la barra de metal atorada entre dos árboles. Necesito recuperar mi fuerza si planeo poder escalar de nuevo la cerca de más de cincuenta pies que separa la frontera.

—No te la vamos a poner fácil —se burla Seth.

Sonrío, meneo la cabeza.

—Nunca lo hacen, mocosos.

Rose y yo seguimos avanzando por el sendero, el que lleva hacia el río. Ella está sonriendo para sí y la miro.

—¿Qué?

—Nada —miente.

—Vamos —la animo, chocando su hombro con el mío—. ¿Qué?

—Eres bueno con ellos. Con los niños. Les agradas.

—Sí, sí que les agrado… para molestarme —digo secamente.

Ella solo sacude la cabeza en respuesta y seguimos avanzando por el camino, seguimos el sonido de la corriente. Ella dijo que quería hablar en privado y yo en realidad no tengo nada que decir, así que me quedo callado hasta que ella habla.

—Escuché a Sam decir que algunas personas pueden intentar viajar pronto. Necesitamos comida y otros víveres —dice. En realidad, no sé por qué esta conversación tenía que ser a solas, pero tal vez ella solo quería un poco de aire. O alejarse de Leah.

—Sí, lo sé. Leah me lo dijo. —Rose hace una mueca—. ¿Qué? —me río.

—No me gusta la forma en que te mira —responde molesta.

—Ella no es mala.

—Es como si pensara que solo porque te cuidó hasta traerte de vuelta a la vida… tú eres suyo. Es desagradable.

—Tú también me ayudaste —señalo, agradezco que el tiempo que Rose pasó en la clínica fuera útil para algo—. Y no piensas que soy tuyo. Entonces, ¿por qué lo pensaría ella?

—Es solo una vibra que transmite, ¿de acuerdo?

—Sabes que Leah era enfermera, ¿cierto? ¿Antes de venir a vivir aquí? Así que no es como que me esté haciendo un favor porque le intereso. Ella ayuda a todos.

Rose resopla.

—Nadie recibe el mismo tratamiento que tú.

—Cierra la boca —digo sin mucha convicción. Yo no percibo esa vibra de Leah. Además, ella sabe sobre Bella. Sabe que estoy agradecido por todo lo que ha hecho por mí, pero en cuanto pueda salir al carajo de aquí, iré a recuperar a mi chica.

—Escuché a Leah diciéndole a alguien que tú…

—No me importa lo que ella diga o piense —le digo a Rose—. En serio que no.

—Si no estuviera embarazada, pelearía con ella. —Hace una pausa, luego añade—: Pelearía con ella por el bien de Bella.

Eso me hace sonreír.

—Detente.

—Como sea. —Sacude la cabeza—. Culpa a las hormonas.

—¿Cómo te trata mi caravana? —pregunto, cambiando el tema.

Yo me he estado quedando en la caravana de los "enfermos" desde que llegamos aquí y Rose se ha estado quedando en mi casa. Era de mi papá antes de convertirse en mía. Es difícil conseguir las caravanas, y la mayoría ya están ocupadas. Sin embargo, si alguien muere, su caravana queda disponible para la primera persona que pueda reclamarla.

—Bien —responde Rose—. Especialmente ya que la arreglé un poco.

Pongo los ojos en blanco.

—¿Qué? ¿No hay quejas sobre lo incómoda que es la cama, o lo sucias que están las cortinas improvisadas, o…?

No —dice con sarcasmo—. Estoy intentando sentirme… agradecida hoy.

—Uh. —Entorno los ojos hacia los árboles que hay arriba, al cielo azul asomándose entre la cubierta de las ramas.

—Entonces, ¿vas a intentar regresar a la ciudad? ¿Cuando nos den el visto bueno?

—Quiero. De verdad que quiero hacerlo, carajo. —Tan solo pensar en ver a Bella otra vez me acelera el corazón de una manera muy jodidamente buena. Es como tener esperanza. Es algo que no he sentido en muchísimo tiempo, y se siente bien.

—Supuse que querrías salir de aquí en la primera oportunidad que tuvieras. —Mantiene la mirada en el suelo e intento ubicar su tono—. Me preocupa, ¿sabes? Ya te salvaste de milagro una vez…

—Sí, así fue. Pero no estoy muerto. —De inmediato me arrepiento de haberlo dicho. Se siente como algo insensible después de lo que le pasó a Em, pero afortunadamente Rose no reacciona.

—Todavía no estás muerto.

La irritación se filtra en mí. Parece que ella no quiere que me vaya, pero debería. Su mejor amiga sigue allá, estancada en esa vida, sin saber que Rose y yo estamos vivos. Bella se merece la verdad. Se merece la opción de dejar esa vida atrás y venir con nosotros. Pero a una parte de mí le preocupa que no vaya a querer. Una parte de mí se preocupa de que Bella decida elegir su vida actual en vez de estar conmigo. Ella ni siquiera me recuerda, carajo. No por completo. Y no tengo mucho que ofrecerle. Si decidiera quedarse, no creo que pudiera culparla. Pero me mataría.

—¿Cómo te sientes? —pregunto. Tal vez es injusto cambiar el tema porque sé que típicamente Rose se siente muy animada para hablar del bebé. Algunos días el tema está fuera de límites. Pero hoy parece estar de buen humor.

—Me siento fea, gorda, hinchada… —enlista y cuando sacudo la cabeza, ella me da un empujón en mi hombro sano.

—Dios, ¿qué? —Frunzo el ceño, alejándome de su alcance, casi tropezándome con un tronco.

—Se supone que debes discrepar conmigo —me regaña.

—Eso hice.

Suspira y vuelvo a caminar junto a ella.

—Sigo convencida de que es una niña —me dice.

—¿Por qué?

—¿Tal vez es intuición de madre? No sé. Es una niña cuando sueño.

—Supongo que lo descubrirás pronto —digo, encogiéndome de hombros.

Se queda callada. Sé que le preocupa tener que dar a luz aquí, pero la gente lleva años haciéndolo. Será brutal, pero estará bien. Incluso si Emmett no está aquí, yo sí estaré. Y si de mí depende, Bella también estará aquí.

Rose se frota el vientre de forma cariñosa con una mano y sé a dónde va este tema. El bebé siempre la hace pensar en Emmett y en todo lo que ella ha perdido. Detesto esto para ella.

—Lo extraño muchísimo —dice Rose en voz baja.

—Lo sé.

Yo también extraño a Bella. Pero al menos ella sigue allá afuera. Al menos no tuve que verla tomar su último aliento.

La parte más jodida es que Emmett logró llegar a las tierras no incorporadas con nosotros. Pero sus heridas eran peores que las mías y no pudo luchar contra la infección. A una semana de estar aquí, murió. Yo ni siquiera estaba despierto cuando pasó. Seguía inconsciente, mi propio cuerpo luchaba por su vida. Así que Rose tuvo que llevar el luto por su cuenta. Es solo otra capa de culpa que siento.

—¿Qué crees que piensen todos en casa? De lo que nos pasó —reflexiona Rose.

—El gobierno probablemente dijo que Emmett y tú están muertos para cubrir el hecho de que se escaparon —digo tranquilamente. No lo sé con certeza, pero parece probable.

—¿Y qué hay de ti?

Me encojo de hombros. No tengo idea. Dudo que el gobierno me haya mencionado en absoluto. Soy un don nadie. Si me pierdo, a nadie le importaría. Pero Emmett era el hijo del alcalde. No podría haber desaparecido sin que nadie se diera cuenta.

—¿Qué supones que Bella cree? —pregunta en esta ocasión.

—No sé —murmuro, porque en realidad no quiero pensar en eso. Ella probablemente cree que estoy muerto o algo así, y eso hace que el pecho me duela jodidamente mucho.

—Siempre pienso en ella —dice Rose en voz baja.

—Yo también. —Todos los días. Todas las malditas noches. Es su cara la que veo y su risa lo que recuerdo. Su sonrisa. Cuando estoy solo, también es su cuerpo y su boca lo que imagino.

—¿Crees que ella todavía se pregunta sobre nosotros?

—Eso espero, carajo —digo en voz baja, metido en mi cabeza.

—El otro día me di cuenta de que probablemente ya fue emparejada con alguien.

—No digas esas mierdas —murmuro irritado. Yo también lo pienso todo el tiempo, pero el que Rose lo diga en voz alta hace que sea jodidamente real.

—¿Qué? Estoy intentando ser realista, Edward. Tú también deberías serlo. Puede que ella haya seguido adelante. Han pasado cuatro meses.

No me importa una mierda si Bella ya fue emparejada con alguien. No me importa si le gusta su vida. Tal vez no lo aceptará cuando le diga que salíamos en el pasado y estábamos enamorados. Tal vez no me creerá cuando finalmente le cuente que fueron sus padres los que nos forzaron a separarnos y nos obligaron a hacernos el Procedimiento.

Pero tengo que intentarlo. Tengo que intentarlo, carajo.

Caminamos en silencio durante un minuto hasta que llegamos al río. Nos paramos lo más cerca que podemos sin meternos al agua. Me agacho, haciendo una mueca por la rigidez de mi muslo, para recoger una roca. La aviento y la miro saltar tres, cuatro veces seguidas hasta que se hunde.

—Entonces, ¿de qué querías hablar? —pregunto, aventando otra roca. En esta ocasión uso mi otro brazo, la tensión en mi hombro quema—. ¿Aparte de ofrecer un consejo jodidamente desalentador sobre Bella siguiendo con su vida?

—Perdón. —La sonrisa de Rose es irónica—. No había nada en particular de lo que quisiera hablar.

—Pero dijiste que querías hablar a solas —le recuerdo.

Se agacha para recoger una roca lisa y extiendo una mano por si necesita ayuda para enderezarse. Agarra mi mano y se pone de pie, agradeciéndome. Cuando intenta hacer saltar la roca, falla completamente y me río.

—Tienes que hacerlo así. —Le enseño cómo una y otra vez, y aunque me mira con atención, todavía no puede agarrarle el truco.

—De acuerdo, de acuerdo, lo entiendo. Eres bueno en todo —se ríe, me empuja gentilmente.

Está equivocada. No soy bueno salvando gente. Si lo fuera, Emmett estaría aquí, haciendo esto con ella.

—Pues no había nada de lo que quisiera hablar —dice, regresando la conversación al tema—. Tal vez solo quería pasar un rato contigo. Lejos de Leah… y Waylon.

—Ah. Se puede llegar a sentir un poco concurrido ahí —digo tranquilamente, entornando la mirada al horizonte.

—Apuesto que sí. Siempre puedes dormir en tu caravana —me ofrece y la miro. Su expresión es neutral, tiene la mirada en mi cara.

—¿Contigo? —pregunto confundido.

—No conmigo. Pero hay un sofá en el que puedes dormir. Quiero decir, después de todo es tu casa.

Trago pesadamente, apartando esa sensación de que ella se refería a algo más.

—Así está bien. En serio. Si puedo cruzar la frontera pronto, no necesitaré un sitio donde dormir aquí por un tiempo. —Tendremos que ingeniarnos algo si Bella regresa conmigo, pero cruzaré ese puente cuando lleguemos ahí.

Rose se gira hacia el otro lado por un segundo, y el ambiente cambia. Tengo la sensación de que está molesta.

—Mira, sé que quieres regresar cuando sea seguro, pero… —se queda callada.

—¿Pero qué?

—No puedo perderte a ti también, Edward. —Al girarse de nuevo, noto que su nariz está roja como si intentara aguantarse el llanto—. No puedo estar aquí sola. No puedo hacerlo.

—Oye. —Me muevo hacia ella—. No estás sola. Hay otras personas aquí. Personas buenas. Ellos te cuidarán si algo me pasa a mí.

Niega con la cabeza y ya estoy lo suficientemente cerca para ver las lágrimas en sus ojos.

—No quiero que ellos me cuiden —susurra—. Y no quiero que te suceda algo.

—No me va a pasar nada.

—¿Podría?

Agarra mi chaqueta, así que la jalo a un abrazo. Es algo incómodo con su estómago de por medio, pero se las arregla para acercarse lo suficiente para enterrar su cara en mi pecho. Nos quedamos ahí parados, con ella llorando y yo intentando consolarla. Calmarla. Tarda un minuto más o menos en volver a hablar, sus palabras suenan ahogadas sobre mi abrigo.

—No podría soportarlo —llora, inhalando temblorosamente—. Perder a Emmett fue lo peor que me pudo haber pasado. No puedo volver a pasar por eso. No puedo.

—No tendrás que volver a pasar por eso. Te lo juro. —Tal vez es una promesa de mierda ya que no tengo ni puta idea de si lo lograré o no. Es solo que no sé qué más decirle para que deje de llorar. Solloza, se aparta un poco, sus lágrimas están deteniéndose—. Está bien —le repito, de forma más suave—. No te estreses así. No es bueno para el bebé.

—Tienes razón. —Asiente un poco—. Bien.

—¿Bien?

—Bien —repite, y luego se acerca más y se alza, sus labios rozan los míos.

Me sorprende completamente. Mi cerebro y mi cuerpo no registran lo que está pasando. Tiene los ojos cerrados y su boca está en la mía, y está mal. Tan jodidamente mal.

Empujo ligeramente sus hombros, rompo un beso que nunca quise.

—Rose. No. —Abre los ojos, se ve avergonzada e incluso más triste que antes—. ¿Qué… qué carajos?

Se tapa la boca.

—Lo siento. Es que… lo siento.

Retrocedo un paso para ya no estar tocándonos.

—¿Qué estás haciendo?

Con un encogimiento, comprendo que ella otra vez está al borde de las lágrimas.

—No sé. Estoy asustada. De hecho, aterrada. Emmett no está y tú te vas a ir, y yo carajo… te necesito, Edward. No puedo hacer esto sin ti.

—Si estás asustada, podemos hablar sobre eso. Pero no podemos hacer eso. Quiero decir, no es de esa forma. No para mí. Amo a Bella, carajo. Voy a regresar por ella. Lo sabes.

Rose mira el suelo, le tiembla el mentón.

—Lo sé. También la quiero. Pero probablemente ella ya está emparejada…

—¿Y qué? —Incluso si Bella ya no me quiere, eso no significa que yo quiera a Rose.

—¿No puedes solo… quedarte? —Lo dice de forma tan simple. Como si pudiera. Como si pudiera simplemente olvidarme de Bella. Como si todo por lo que he trabajado y superado en estos últimos meses no fuera por ella.

—¿Quedarme… contigo? —pregunto con la garganta seca. Incluso al decirlo, ella debe saber que no es una opción.

—Te necesito —murmura, su voz suena más bajita que antes.

—No —digo al instante. Me siento de mierda, pero es la verdad—. No puedo hacer eso. No podría… nunca podría hacer eso, Rose. Y honestamente no puedo creer que me lo estés pidiendo.

—No actúes como si tú no te hubieras apoyado en mí también —dice con resentimiento—. No actúes como si tú no me hubieras necesitado.

—Por supuesto, carajo, que me he apoyado en ti —digo, alzando la voz—. Eres todo lo que he tenido aquí. Hemos estado de luto juntos. Pasamos juntos por una mierda traumática, pero… nunca ha sido de esa forma.

Se le descompone la cara y me doy cuenta de que tengo que aceptar un poco de responsabilidad por esto. Sí, nos hemos vuelto cercanos. Sí, nos hemos apoyado el uno en el otro. Pero nunca se sintió como algo más de mi parte. Al menos, nunca pretendí que fuera así. Tengo que preguntarme cuánto de esto es Rose queriéndome en realidad y cuando es ella queriendo tener a alguien.

—Rose, lo siento —le digo, me tallo la boca con una mano—. No puedo. ¿De acuerdo?

Se encoge de hombros con tristeza, su mentón sobresale un poco, el orgullo se apodera de ella.

—Lo entiendo. También lo lamento. De verdad. No estoy intentando hacer que esto se vuelva raro. Es que pensé… —se queda callada y se limpia las mejillas—. No sé qué pensé. Lo siento. Puedes odiarme. Yo también me odio.

Justo ahora, sí la odio un poco. Por complicar esto. Por hacerle esto a Bella. Pero nunca se lo diría a Rose a la cara. Mi conciencia no necesita eso. Ya tengo suficiente pesándome en los hombros; no necesito tomar también su culpa.

—Está bien —digo, quitándole importancia a lo que pasó. Necesito analizar esto a solas, no con ella aquí parada—. Regresemos. ¿De acuerdo?

Terminamos nuestro paseo en silencio, y cuando los niños me vuelven a llamar, los ignoro. Rose intenta disculparse otra vez, pero simplemente lo desestimo al separarnos. Me empieza a doler la pierna y me palpita la cabeza. No sé si es porque ya es hora de mi analgésico o por todo lo que acaba de pasar. Cuando regreso a la caravana, Leah me da la mitad de una píldora y me recuesto para hervir con confusión.

—Llegaste un poco más lejos hoy —comenta Leah, mirándome con curiosidad—. Eso es bueno.

Sé que quiere preguntar por qué estoy molesto, pero no le cuento lo que pasó. Simplemente gruño en respuesta y tomo su comentario como una señal de que mi resistencia está creciendo más y más cada día.

Si fuera el tipo de persona que celebra, lo haría.

En lugar de hacer eso, me guardo mi energía y cuento los días hasta que pueda salir de aquí y regresar a Bella. Porque ese siempre ha sido el plan. Ella siempre ha sido el plan. Le dije que regresaría y mantendré mi palabra. Es lo único que me queda.