Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 31

—Eres tan afortunada, Bella.

Vanessa piensa que somos amigas. Piensa que ahora que Rose ya no está, de repente ya somos confidentes de oficina. Mejores amigas de trabajo.

No lo somos.

Yo nunca le he agradado, y ciertamente ella no me agrada. Pero por alguna extraña razón, se ha portado demasiado amigable conmigo últimamente. Durante un tiempo se lo achaqué a que sentía compasión por las muertes de Rose y Emmett. Sin embargo, todos me trataban de forma diferente. Como si fuera frágil. Como si pudieran ver las grietas en mi piel y saber que estaba muy cerca de romperme. Pero creo que con Vanessa se trata de algo más. Algo que le beneficia, estoy segura. Esa es la clase de persona que es.

—¿Soy afortunada? —pregunto, desenvolviendo mi sándwich—. ¿Cómo?

—¿James Witherdale? —Se abanica dramáticamente—. Moriría por ser emparejada con él.

Jess asiente mostrándose de acuerdo y mastica una papita.

—Es un gran partido.

Supongo que no se equivocan. James no es la peor persona para ser emparejada. Es apuesto y ha sido más amable conmigo de lo que yo he sido con él. Solo que no siento por él nada más que amistad, y no sé si alguna vez sentiré algo. No siento ni de cerca algo tan profundo como lo que siento por Edward.

Mi mirada cae y mi corazón se aprieta cuando pienso en su nombre. Hace dos días Jasper ofreció nuevas noticias, Edward no está encerrado. La esperanza que sentí no duró mucho porque, si no está encerrado, entonces ¿en dónde está? ¿Por qué no ha regresado? No quiero creer que está muerto, pero no estoy segura de qué otras opciones hay. Le dije todo esto a Jasper justo antes de que él lanzara otro escenario a las posibilidades, tal vez Edward escapó y no puede regresar. No puedo imaginar que eso suceda, pero Jasper no parecía pensar que fuera tan descabellado. El único problema con ese concepto es que Edward podría no regresar porque sabe que no puede. Es un fugitivo. Lo buscarían.

Tal vez fue atrevido de mi parte, pero yo lancé otra opción, Jasper y yo cruzamos la cerca y buscamos a Edward. La idea fue rechazada de inmediato. Jasper dijo que no valía la pena el riesgo. La frontera sigue en alerta máxima. E incluso si lográramos salir, él no sabría a dónde ir, y si de alguna manera supiera, no hay ninguna garantía de que pudiéramos encontrar a Edward, mucho menos encontrarlo vivo.

Justo así regresé a la posición inicial. Sin respuestas. Sin esperanza. Y todavía con el corazón destrozado.

No escucho lo que Vanessa está diciendo, pero me mira a la expectativa. En lugar de aceptar abiertamente lo que sea que haya dicho, le doy una mordida a mi sándwich y trago.

—Tan afortunada —insiste Jess—. Y James está, o sea, muy interesado en ti. No creo gustarle ni un poco a Mike. Está bien y lo que sea, pero no es amor. Aunque mi mamá dice que será así por un tiempo. Que cambiará.

—Sí —digo, pero mi voz suena apagada y mi sonrisa es falsa, y todo es un poco falso.

Extraño a Rose. Ella no me diría que soy afortunada ni endulzaría sus palabras. Ella lo diría como es, que incluso si James no es la peor persona con quien ser emparejada, aun así es un asco y no debería sentirme obligada a amarlo.

—¿Cuándo te mudarás con él? —pregunta Vanessa.

—Oh, Dios mío. Ustedes han… ya sabes. —Jess se ríe—. Eso es lo primero que yo haría después de hacerlo oficial. Apuesto a que es bueno en la cama.

Vanessa le pega en el brazo, pero también se está riendo.

—¡No puedes preguntarle eso a la gente, Jess!

—Como sea. Oh, ¿van a tener una ceremonia de bodas? —añade Jess—. Sé que ya son esposos, pero no se siente real hasta que tienen una boda. Y, o sea, la ciudad lo espera. Estoy segura de que tu familia también.

—Sería la fiesta del año —grita Vanessa—. ¿Quiénes serían tus acompañantes? Quiero decir, obviamente Rose habría sido la dama de honor, pero ya que está muerta…

Jess jadea.

—Hablando de ser insensible.

Vanessa se encoge de hombros.

—Pues, ¿qué? Es verdad.

Ambas se dan cuenta de que he permanecido en silencio y me miran para encontrarme viéndolas fijamente.

—No, tienes razón. Es verdad. Rose está muerta. —No lo digo para hacerlas sentir incómodas, pero queda claro que eso es lo que he hecho.

Honestamente no he pensado en mudarme con James. O en nuestra boda, que sucederá en dos semanas. Y definitivamente no he pensado en acostarme con él. La última persona que me tocó íntimamente fue Edward. La idea de tener en mí las manos de alguien más me revuelve el estómago.

Como justo ahora. He perdido el apetito. Envuelvo mi sándwich que apenas probé y empujo mi silla al ponerme de pie.

—Debería regresar a trabajar —les digo, evitando sus miradas.

Murmuran que están de acuerdo, pero puedo escuchar sus susurros cuando salgo del comedor.

XXX

Se escucha un golpe en mi puerta poco después de las siete. Al asomarme por la mirilla veo que es James. Lo miro durante un momento sin que él lo sepa. Se despeina el cabello, luego se lo aplaca. Se para más erguido. Carraspea.

Abro la puerta.

—Hola.

El cielo detrás de él se ve gris y enojado, y el aire está denso. Parece que caerá una tormenta más tarde y hace que la tarde se vea imposiblemente más oscura.

—Hola. —Busca algo en mi cara, me ofrece una sonrisita—. ¿Puedo entrar?

Me hago a un lado.

—Claro.

—¿Cómo vas con la mudanza? —pregunta, mirando alrededor de la desordenada casa. Hay cajas tiradas por toda el área. Algunas están vacías; algunas están llenas. Definitivamente me estoy tomando mi tiempo empacando. Entre más tiempo pueda quedarme aquí como Bella Swan y posponer el convertirme en Bella Witherdale, mejor.

—Pues ahí va.

—No parece que hayas progresado mucho desde la última vez que estuve aquí.

Tiene razón. No he hecho ni mierda. Sin embargo, no invento una excusa para mí ni para decir por qué me estoy tardando. Solo sonrío, y cuando Pepper serpentea entre mis piernas, me agacho para cargarla.

—¿Puedo quedarme a cenar? —pregunta—. Cocinaré para ti. Haremos todo un evento. Para celebrar nuestro emparejamiento y eso.

Sonrío con ironía.

—¿Y no haremos ya eso en dos días?

Su cara se descompone un poco.

—Con nuestras familias, sí. Es que pensé…

—Ya comí.

—Bien. —Se aclara la garganta, se ve desanimado.

—Pero iba a abrir una botella de vino —digo, intentando eliminar la incomodidad—. ¿Quieres hacerme compañía?

—¿Estás segura? —Se ilumina un poco cuando asiento—. Bien. Me encantaría.

Me muevo hacia la cocina, agarro dos copas y una botella de vino. Mis ojos caen en el carrito de bebidas que está en la esquina, en la última botella de whisky que Edward y yo bebimos juntos. Está llena, sin abrir. No sé por qué la compré, pero quería tenerla. Como un recuerdo o algo. Solo está ahí acumulando polvo y mis miradas de enojo. Tal vez un día la abriré. Pero hoy no es ese día. Al menos, no con James.

—No creo que le agrade a tu gata —dice James desde la sala.

Me río y lleno nuestras copas, le entrego una al sentarme en el lado opuesto del sofá. Tal vez a Pepper no le agrada mucho porque extraña a Edward. Miro a James cuando intenta acariciarla y ella se mueve fuera de su alcance. Casi me siento un poco mal. No es culpa de James que a ambas nos guste alguien más que él.

—¿Tal vez solo se hace la difícil? —comento, intentando mantener el ambiente ligero.

Los ojos de James se encuentran con los míos y sonríe tímidamente.

—¿Igual a ti?

El ambiente se pone pesado y aparto la mirada.

—Lo dices como si no me tuvieras ya. —No lo digo de forma coqueta, ni siquiera pícara. Lo digo porque es verdad. Legalmente soy suya.

Se ríe entre dientes.

—Dime que soy anticuado, pero estar legalmente atado a alguien y comprometido emocionalmente son dos cosas diferentes.

Tiene razón, pero no digo nada. El cielo truena a la distancia y permito que este responda por mí.

—Entonces, ¿estás lista para el sábado? —me pregunta después de un silencio.

—Honestamente… no lo sé. —Siento que puedo ser honesta con James. Somos amigos; no exactamente aliados, pero él estuvo ahí para mí después de que perdí a Rose y Em, y está aquí ahora. Me está permitiendo tener espacio y libertad a pesar de que ya estamos emparejados. Sé que no es convencional que las parejas vivan separadas así. Nuestros padres piensan que es completamente extraño, pero él no me está presionando. No está dejando que las creencias y expectativas de ellos afecten sus decisiones. De verdad, de verdad aprecio eso.

Solo que no sé cuánto tiempo durará su generosidad.

—Lo que no entiendo es por qué debemos tener una fiesta para celebrar el emparejamiento y una boda dos semanas después —digo, mirando mi copa de vino.

—Nuestras familias nunca se pierden una oportunidad para hacer una fiesta. Lo sabes. Además, el evento de este fin de semana es fácil. Es solo una cena —me recuerda—. Todo saldrá bien.

—¿Cena con cincuenta de nuestros amigos más cercanos? —Le dedico una mirada y se ríe.

—De hecho, escuché que eran cien —me corrige, lo cual le hace ganarse otro gemido de mi parte—. Solo imagina la boda.

Afortunadamente no he tenido que imaginarla. Mi madre contrató un equipo de gente para que hiciera eso por mí. Pero cuando lo pienso ahora, se me cae el estómago a los pies. Avanzar por el pasillo al altar en un vestido marfil y comprometer mi vida a James enfrente de extraños se siente más válido que un pedazo de papel que puedo destrozar en pedacitos.

—Oye.

Alzo la vista a él.

—¿Sí?

—¿Estás bien?

—Sí. —Bebo mi vino—. Sí —repito, ahora un poco más convincente.

—Siento que… —se detiene—. Puede que esté muy equivocado, pero dejando a Rose y Em de lado, pareces… diferente.

—¿Cómo diferente?

Se encoge de hombros, le cae un poco de cabello en la frente.

—No digo que ya deberías estar sanada ni nada así porque ¿quién soy yo para decir cómo funciona el dolor? Pero parece que hay algo más que ha estado en tu mente.

Sí lo hay. No solo estoy en duelo por la muerte de mi hermano y mi amiga. También estoy en duelo por la pérdida de Edward. Estoy sufriendo de un corazón roto y de no saber lo que pudo haber sido.

—Espero que para este momento ya sepas que puedes hablar conmigo —dice James en voz baja, sacándome de mis pensamientos.

Aunque estoy tentada a contarle a alguien sobre Edward, sé que no puedo ser completamente honesta. Lo que sea que divulgue tendrá que ser verdades a medias sobre lo que realmente siento.

—Hay algo más en mi mente —murmuro—. O, más bien… alguien más.

Se ve sorprendido por un segundo, pero ninguna parte de él se ve herida.

—No lo entiendo.

—Me estaba enamorando de alguien —admito, resumiéndolo en una breve explicación—. Y creo que todavía no lo supero.

Escudriño su expresión, pero no me preocupa que él pueda juzgarme o enojarse. Ha sido muy amable durante los últimos meses. Comprensivo. Creo que darle un poco de perspectiva sobre dónde estoy podría ayudarlo a aceptar mi reticencia a estar con él.

—Ya veo —es todo lo que dice—. De verdad que no estaba esperando eso, pero… sí. Vaya. —Sus ojos se apartan de los míos y le da un gran trago a su vino—. ¿Esto fue reciente?

—En realidad, no. Fue de hace unos cuantos meses. Apenas estábamos empezando las cosas, justo antes de que Em y Rose…

No puedo decirlo. Algunos días todavía no se siente real.

—Oh, ya veo —repite.

—Sí. —Mantengo a salvo el nombre de Edward y otros detalles en caso de que James sepa que solíamos salir en el pasado. Una cosa es admitir que estoy enamorada de alguien más, pero admitir que de alguna forma el Procedimiento falló y pude retener ciertos recuerdos es enteramente otro asunto. No quiero arriesgarme a tener que eliminar a Edward una segunda vez.

—No sabía que estabas saliendo con alguien —responde James, y asumo que está intentando identificar el tiempo para ver si alguien sobresale.

—Era algo muy nuevo. Ni siquiera pudimos registrarnos como pareja.

—¿Y ya te habías enamorado de él? —No lo dice de forma grosera, solo lo declara un hecho.

—Sí. Tal vez suena estúpido, pero… sí. —Las lágrimas me escocen los ojos, pero me contengo. Se siente raro llorar con James por Edward.

—Debió ser un gran tipo para que te enamoraras así de fuerte y rápido —musita James. Puedo detectar una ligerísima pizca de celos en su tono.

—Él era… —Todo, quiero decir. Pero no lo digo. En vez de eso, me trago mis sentimientos con vino esperando no parecer tan patética como me siento—. Sí lo era —digo de nuevo, dejándolo así.

—¿Y qué pasó? Dudo que él te haya rechazado y que sea por eso que no terminaron juntos. —Lo dice ligeramente, como si yo fuera inmune a ser abandonada.

—Supongo que la vida tenía otros planes. —Es una triste realidad, y mi corazón se aprieta con fuerza—. Vaya —me río, aligerando un poco de la tensión—. Estoy segura de que estás muy contento de haber venido, ¿eh?

Su sonrisa es un poco dulce.

—Sí. Vaya, Bella —dice con sarcasmo—. Esperaba que el ambiente estuviera un poco triste, pero no pensé que admitirías sentir algo por alguien más.

Me encojo visiblemente.

—Lo siento. —Pero no lo digo en serio. No lo siento ni un poquito.

—No. Lo entiendo. ¿Creo? —Menea la cabeza—. Me alegra que me dijeras.

—¿Sí?

—Sí. Ahora tiene sentido. Es difícil seguir adelante conmigo cuando sigues pensando en alguien más. Creí que yo estaba haciendo algo mal.

—No. No haces nada mal.

—Todo este asunto de "no eres tú, soy yo", ¿cierto? —Su risa es despectiva y sonrío con gentileza.

—En cierta forma, supongo… —Me voy quedando callada, mi corazón se llena de alivio y gratitud por lo bien que se está tomando esto—. Pero en serio no eres tú. Tú eres grandioso. —Puedo decir esto con honestidad ahora que he llegado a conocerlo mejor durante los últimos meses. Cualquier mujer sería afortunada de ser emparejada con él.

Se termina su vino y lo imito, apreciando la relajación que me brinda. Cuando le pregunto si quiere más, asiente empáticamente, como si emborracharse fuera la única cosa que podría ser de ayuda justo ahora.

Cuando nuestras copas vuelven a estar llenas y yo estoy de regreso en el sofá, se gira hacia mí, su expresión se ve suave y abierta.

—Yo, uh… —Se ríe un poco, parece avergonzado.

—¿Qué?

—Va a sonar estúpido.

—Dime.

—Sí me gustas —admite—. Y no porque me tienes que gustar.

—Oh —murmuro—. ¿Por qué?

Cuando se ríe, sus ojos no se entrecierran. No como los de Edward. La risa de James no hace que mi corazón se sienta de alguna manera en particular. Pero sí me hace sonreír suavemente en respuesta.

—¿Por qué? —repite, sigue sonriendo como si fuera una cosa muy extraña de preguntar.

—Supongo que me refiero a… sí, ¿por qué?

—Bueno —se recarga en los cojines del sofá y lo piensa—, ¿además de que obviamente eres preciosa?

Subo una mano para taparme la cara de forma juguetona, avergonzada.

—Olvídalo, no…

—Demasiado tarde —se ríe, apartándome la mano—. Te he conocido desde hace tiempo, ¿cierto? Desde que éramos niños.

Trago.

—Sí.

—Creo que en todo ese tiempo no he conocido a nadie tan tenaz como tú. O atrevida. No tienes miedo de alzar la voz ante tu padre y me gusta eso. —Está mirando mi cara, y aparto la vista—. Él puede llegar a ser muy aterrador.

—No lo es —replico.

—Como el demonio que no. Pero… no sé. Ese no es el punto de todo esto. Es solo que disfruto de tu compañía. ¿No es eso suficiente?

Y esa es la pregunta que he estado intentando evitar. ¿Es suficiente? ¿Alguna vez James será suficiente para mí después de haber conocido lo que es ser amada por Edward?

En serio no tenías que decir todo eso.

—Pues lo dije todo de verdad —dice en voz baja, el ambiente se siente más pesado ahora. Me está viendo los labios, me remuevo sobre el sillón y carraspeo.

—El cielo se ve muy loco justo ahora —murmuro, mis ojos se mueven a la ventana. Todavía no ha empezado a llover, pero las nubes están bajas, lloverá en cualquier momento—. Está a punto de caer una tormenta.

—Bella.

Lo miro.

—¿Sí?

—Sé que no soy él —empieza a decir James después de un latido. Me quedo callada con el corazón martilleando—. Pero ¿crees que tal vez, eventualmente, puedas sentir algo como eso por mí?

—No lo sé —digo, en voz baja y honesta.

—No tiene que ser igual. Podría ser diferente.

Definitivamente sería diferente. Si alguna vez siento algún tipo de cariño por James, palidecería en grande comparándolo con lo que siento por Edward.

Pero necesito ser realista.

James está aquí.

Edward no.

Por primera vez desde que se fue, siento un toque de resentimiento. Está fuera de lugar y me hace sentir culpable, pero ahí está. He pasado meses esperando que Edward regrese. He intentado desearlo hasta hacerlo existir día tras día. Pero no ha vuelto. No tengo idea de dónde está. Todo lo que todos me pueden decir con certeza es que no está encerrado. Y ya no es suficiente para aguantar. No es suficiente para tener esperanza. No puedo vivir de esa forma para siempre, esperando a alguien que probablemente nunca regresará. Siempre me preocuparé y siempre me preguntaré. Pero enfocarme en lo que pudo haber sido no me hará ningún bien justo ahora.

—Creo que el tiempo ayudará —le digo a James. No es un , pero tampoco es un no.

—Tengo tiempo —dice con una sonrisa confianzuda.

Me termino mi segunda copa de vino e inhalo profundamente. De alguna manera, me siento más ligera después de hablar con James. No exactamente feliz ni completa ni nada así, solo… más ligera.

Odio el siguiente pensamiento que entra en mi mente, pero ahí está. Llega con rapidez y luego se va, dejando detrás un dolor en mi pecho.

Por mi cordura y mi corazón, necesito seguir adelante.

Necesito soltar finalmente a Edward Cullen.

XXX

Cuando James se va, limpio un poco, me lavo la cara y me meto a la cama. El sueño llega rápidamente, mi cansancio a causa del vino y mis sombríos pensamientos sobre Edward se apoderan de mí.

Por primera vez en un largo tiempo, sueño con él.

Empieza esperanzador. Somos felices, nos estamos riendo y jugando y besando. Luego, en el momento siguiente, nos están separando. Las sombras se ciernen y aunque no puedo identificar qué son, se siente violento cuando nos separan el uno del otro. Incluso en mi sueño me duele el pecho. Estoy llorando y Edward me está diciendo que está todo bien, que me ama. Lo dice más de una vez, y no sé cómo su voz se puede mantener tan tranquila cuando el pánico que siento es tan abrumador. No se siente bien. Se siente como si irrevocablemente este fuera nuestro futuro.

Me despierto entonces y estoy llorando. Lágrimas calientes en mejillas pegajosas. El corazón acelerado. Estoy sudando.

Se sintió demasiado real para no ser un recuerdo, pero no encaja. Era sufrimiento y angustia, y aunque he extrañado tener a Edward en mi subconsciente, no quiero eso. Pero tal vez mi mente me está jugando una mala pasada. Tal vez la conversación con James y mi comprensión de que necesito seguir adelante son las culpables de este doloroso sueño.

Me levanto para echarme agua fría en la cara, luego me muevo a la cocina buscando algo que beber. La lluvia sigue cayendo constantemente y la escucho por un minuto más o menos y le permito calmarme el corazón.

Considero la idea de quedarme despierta, tengo miedo de volver a dormir y tener otro sueño raro. Antes de poder decidirme, escucho un ruido afuera en mi puerta trasera que me hace detenerme. Podría ser cualquier cosa. El viento, un animal, o la lluvia. Pero luego lo vuelvo a escuchar y el miedo se filtra en mí. Enciendo inmediatamente la luz de la cocina para dar a conocer mi presencia.

Espero y escucho. No me muevo. Luego lo escucho, un ligero golpe. Un golpe en la puerta.

El corazón se me sale del pecho. Casi espero que sea James, pero no puedo pensar en una buena razón de por qué él estaría aquí a las dos de la mañana y en mi puerta trasera, ni más ni menos. Mis dedos se posan sobre el pestillo y sin pensarlo dos veces, lo quito y abro la puerta.

Durante un momento me veo sorprendida, como si tal vez estuviera imaginando cosas. Porque parado en mi porche está el hombre al que he esperado desesperadamente meses por ver. Tiene barba y está mojado a causa de la lluvia, sus ojos se ven suaves y nerviosos y suplicantes.

—Edward.