Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 33

POV Edward

Ella lo recuerda.

Ella lo recuerda, carajo.

—Estuvimos juntos. Estábamos enamorados —dice, y su voz suena tan jodidamente pequeña, como si estuviera preocupada o algo así. Tal vez como si pensara que no voy a creerle.

—Lo sé —le digo, trago con pesadez porque tengo el corazón en la puta garganta y se siente muy cerrada—. Bella, yo… yo lo sé.

—¿Lo sabes?

—Recuerdo todo.

No reacciona de inmediato. Permanece extrañamente tranquila, y la espero a que hable. Quiero que ella cuestione todo y que finalmente conozca la verdad. Le contaré sobre sus padres y lo que le pasó a su hermano. Le contaré todo lo que no pude decirle antes de irme.

—¿A qué te refieres con que recuerdas todo? —pregunta, su ceño se profundiza.

—Recuerdo todo sobre nosotros —admito, mirándola de cerca—. El Procedimiento no funcionó en mí.

Una vez que lo digo, siento que un jodido peso ha sido levantado de mi pecho.

—¿Qué? —pregunta. Cuando abro la boca para repetir lo que dije, ella me interrumpe—. No, te escuché. Pero… —Sacude la cabeza con confusión y estira la mano para encender la lámpara junto a su cama—. Se supone que el Procedimiento siempre funciona.

El alivio que siento se ve rápidamente remplazado con pánico.

—Pero acabas de decir que lo recuerdas —señalo.

—Sí. ¿Algo así? Pero incluso si lentamente estoy empezando a recordar ciertas cosas, ciertamente no lo recuerdo todo —aclara—. ¿Tú lo recuerdas todo?

Solo asiento. Cada caricia. Cada risa. Cada beso. Cada pelea. Lo recuerdo todo.

—¿Por qué no funcionó? —pregunta.

Me encojo de hombros.

—No sé. No me importa. Si hubiera funcionado, entonces no estaríamos aquí justo ahora. Así que… me alegra que no funcionara. Pero no necesariamente sé la razón.

Se queda callada entonces, sumida en sus pensamientos. Es como si tal vez estuviera recordando cada interacción que tuvimos antes de que desapareciera. La miro en silencio, memorizo su rostro en caso de que esta sea la última vez que la vea, y le permito asimilar lo que necesita.

—Entonces, ¿lo sabías? ¿Todo este tiempo? —Finalmente sus ojos se vuelven a enfocar en mí—. Cuando nos conocimos ese día en la clínica, ¿sabías que habíamos estado juntos antes? ¿Y que esa no era en realidad la primera vez que nos conocíamos?

Frunzo el ceño y me muevo para sentarme recargado en la cabecera. No puedo descifrar si ella está a punto de enojarse o no. Si está enojada, tiene todo el jodido derecho de sentirse así, y necesito estar listo para eso.

—Sí, lo supe todo este tiempo.

—Entonces, ¿por qué no solo me lo dijiste? Si no al principio, ¿eventualmente?

—Tal vez debí decírtelo —murmuro, luchando contra la urgencia de estirar la mano y tocarla—. Pero solo estuve contigo durante una semana antes de que todo se fuera al carajo, Bell. No sentí que fuera tiempo suficiente. No estaba seguro de cómo reaccionarías. No estabas lista —enfatizo—. Eras… no sé. Diferente, supongo. No eras la misma Bella que antes. Al menos, no al inicio. Pero entre más tiempo pasaba contigo… —Estoy diciendo todo mal. Sonaba bien en mi cabeza, antes cuando me convencía de que no debía decirle de inmediato. Ahora solo parece calculador y egoísta.

Ella frunce el ceño, sacudiendo la cabeza.

—¿Por qué fingir todo este tiempo?

—No tenía idea de qué más hacer. No podía simplemente aparecer en el autobús y decirte que te amo, carajo. Era un desconocido para ti. Sabes que eso no habría funcionado.

Su mirada se suaviza.

—¿Me amas? —pregunta en voz baja.

—Yo… carajo. —Me acerco y tomo su cara en mis manos—. Nunca dejé de amarte, Bella. O de pensar en ti. O de desearte —confieso porque puedo hacerlo ahora. Puedo decirle la verdad. Puedo poner todo sobre la mesa y rezar al carajo para que no se vuelva contra mí—. ¿No recibiste mi carta? ¿La que dejé con Lauren?

Asiente y parpadea para alejar las lágrimas, sube una mano para agarrar mi muñeca. Quiero besarla. Quiero quitarle con un beso cualquier duda o cuestionamiento que ella pueda estar teniendo sobre todo esto. Pero no lo hago. En vez de eso, solo la miro a los ojos con la esperanza de que ella vea que no soy malicioso y que no le oculté esto para herirla. Es jodidamente lo opuesto. Estaba intentando protegerla. Eso es lo que he estado intentando hacer durante todo este maldito tiempo.

—Sé que es mucho —digo con gentileza—. Lo entiendo. Pero entiende por favor por qué no podía decírtelo de inmediato. Apenas me prestabas atención después de nuestros procedimientos. No podía simplemente decirte que te conocía y que habíamos estado juntos… íntimamente. —Sus mejillas se tiñen de rojo, y con su rostro todavía entre mis manos, rozo el sonrojo con mis pulgares—. No podía decirte que queríamos casarnos. No podía decirte nada. Es que… necesitaba que me conocieras otra vez. —Mi voz suena baja y sus lágrimas se acumulan, como si en cualquier segundo se pudieran derramar sobre su rostro—. Habrías pensado que estaba loco o algo así.

Solloza y aparta la mirada de mí, así que dejo caer mis manos de su cara. No tengo idea de lo que está pensando, y me mata, carajo.

—Bell… lo siento. Entiéndeme, por favor.

Se queda callada por demasiado tiempo.

—Tienes razón —dice al fin, encontrándose con mis ojos—. Creo que no te habría creído. Te habría ignorado, y seguiríamos siendo desconocidos. No te habría conocido otra vez ni me habría enamorado de ti por segunda vez.

Mi pecho se siente ligero y me agarro un poco de cabello con el puño, permitiéndome asimilar sus palabras.

Ella se ha enamorado de mí otra vez. Todavía me ama después de todo lo que ha pasado.

—Las cosas habrían sido muy diferentes si no te hubieras ido para intentar ayudar a Rose y Emmett —dice, y me tenso de inmediato.

—¿Sabes que ahí es donde estaba? ¿Sabes que eso es lo que estaba haciendo?

—Sé más de lo que te das cuenta —murmura—. Desapareciste y quería respuestas. Así que las busqué. Pero no sé todo. Carmen me contó algunas cosas sobre la resistencia. —Dice la palabra con tanta facilidad, ni siquiera hace una mueca. Ella lo sabe, carajo—. Jasper también me dijo algunas cosas. Pero nadie podía decirme dónde estabas. Nadie sabía si estabas vivo o…

Hace una pausa, menea la cabeza. Ella pensaba que estaba muerto. Nunca sabré qué daño le causó eso, y me rompe el maldito corazón. Estoy a punto de consolarla cuando ella se inclina y me rodea el cuello con sus brazos. Nos abrazamos por un segundo antes de que ella se suba a mi regazo. No me importa si es demasiada presión para mi muslo o si se está aferrando tan fuerte a mí que no puedo moverme. Solo la abrazo contra mí y la respiro, exhalando en su cabello.

—Carajo. Lo siento —le digo, una y otra vez—. No te volveré a dejar.

Nos separamos, pero se queda donde está. Todavía hay muchas cosas que ella no sabe, y quiero confesarlo todo, pero encuentro que es más difícil de lo que pensé. Necesito que ella tome el mando. Necesito que me haga saber cuánto quiere escuchar justo ahora para no abrumarla.

—Te diré todo lo que quieras saber —murmuro, apoyando mi frente en la suya.

—Quiero saber todo —dice, sollozando—. Pero ¿podrías contarme lo que pasó con Em y Rose?

Tardo un segundo en reunir el valor.

—No sé qué fue lo que escuchaste sobre esa noche, pero probablemente es una mentira.

—Nos dijeron que Rose y Em se electrocutaron en la cerca para evitar el castigo. Nos dijeron que están muertos.

Sacudo ligeramente la cabeza.

—Eso no es exactamente verdad. Lograron salir.

Bella jadea.

—¿Qué?

—Rose y Em no se electrocutaron en la cerca. Ni siquiera estaba jodidamente encendida. Pero…

Entierra de inmediato la cara en sus manos y empieza a llorar. Me doy cuenta de que son lágrimas de alivio, no tristeza. Alzo una mano para posarla en la parte trasera de su cuello y lo aprieto gentilmente.

—Nena…

—¿Lograron salir? —repite, su cara se derrumba con emoción cuando me vuelve a ver—. ¿Siguen vivos?

Cuando mis propios ojos se llenan de lágrimas, su cara se descompone.

—Emmett no sobrevivió. Él está… Bella, él ya se fue. —Lo digo primero para no darle una falsa esperanza—. Pero Rose está viva. Ella está bien.

No importa en qué orden lo diga. La mirada en su rostro probablemente seguiría siendo la misma. No puedo verla después de decir eso, así que alzo la capucha de mi sudadera y me la bajo sobre los ojos para esconder mis lágrimas. Me odio ahora mismo. Odio hacerle esto a ella. Porque soy responsable de esto. Debí saber que los ejecutores nos estarían esperando. Debí haberles sugerido a Em y Rose que se escondieran lo mejor que pudieran antes de intentar escapar. Pero ellos insistían en irse. Estaban jodidamente desesperados. No escuché a mi instinto porque quería ayudarlos con todas mis fuerzas.

Ahora su hermano está muerto y yo estoy vivo.

No puedo evitar pensar que debí haber sido yo.

Ella dice mi nombre de forma ahogada y me aparta la capucha de los ojos. No puedo esconderme de ella entonces, no cuando me necesita. Contengo mis propias lágrimas y mi dolor porque es ella la que necesita el apoyo. Nos recostamos en la cama, en los brazos del otro, y ella llora mientras la abrazo. Ni siquiera sé qué decir para consolarla. No creo que haya algo por decir. Así que me quedo en silencio, dejo que la culpa me consuma mientras ella llora a su hermano por segunda vez.

—Debí haberme esforzado más —murmuro cuando sus lágrimas se ralentizan—. Yo…

Se mueve para alzar la vista hacia mí, sus ojos están rojos e hinchados.

—No. Nada de esto es tu culpa. Nada en absoluto, Edward.

Escucharla decir eso no me hace creerlo, pero no discuto.

Cuando sus lágrimas finalmente se detienen, me pide todos los detalles, y empiezo desde el principio. Le cuento que recibí una llamada de último minuto sobre dos personas que necesitaban salir. Me dijeron desde antes que este movimiento sería complicado, pero cuando supe que eran Emmett y Rose, no pude decir que no.

Decir que se sorprendieron de verme sería un puto eufemismo. Pero no teníamos tiempo para ponernos al día ni platicar mierdas. Estábamos con tiempo prestado desde el momento en que escaparon de custodia. La única manera en que pudieron hacer eso fue con la ayuda de la resistencia.

Tenemos ojos y oídos en todas partes, pero esta fue la primera vez que intentamos mover a alguien que ya había sido reportado. Usualmente la gente a la que ayudamos a escapar solo quiere una mejor vida. Libertad. No necesariamente están huyendo, o si lo están todavía no han sido atrapados. No como Em y Rose. Eso fue lo que hizo que todo fuera jodidamente complicado.

Bella está atenta a mis palabras mientras recuento que ya había dos ejecutores esperándonos en la frontera. No importó que yo hubiera cambiado la ruta e intentara pasar por un área diferente de la cerca a la que usamos normalmente. Probablemente estaban esparcidos a lo largo de todo el perímetro, esperando. Como si supieran que íbamos a intentar huir.

Los ejecutores fueron los que nos dispararon primero. Nos dieron a Emmett y a mí, pero no le dieron a Rose porque Em la estaba bloqueando. Después de esa primera vez no tuve más opción que disparar de regreso. Recuerdo que mi mano estaba temblando y me zumbaban los oídos. Pero los lastimé lo suficiente para poder trepar la cerca. Todo el tiempo que estuvimos ahí arriba yo estaba a la espera de que me dispararan. Pensar en eso ahora me acelera el corazón y hace que me suden las palmas, pero le quito importancia para Bella.

Estar a la expectativa de morir es el peor sentimiento en todo el jodido mundo.

—Lograron salir —susurra con incredulidad—. ¿Y todo este tiempo se suponía que debíamos creer que se mataron ellos mismos?

—Lo sé —murmuro, no estoy seguro de cuánto más quiere escuchar—. ¿Debería… quieres que siga contándote?

Asiente, sus ojos se ven sombríos, pero expectantes. Mis labios rozan su frente e inhalo profundamente antes de seguir.

Esta es la parte que está un poco confusa, pero hago mi mejor esfuerzo. Cuando estuvimos lo suficientemente lejos de la cerca, nos detuvimos para cortar nuestras camisetas y usarlas como vendaje para aplicar presión a nuestras heridas. Le cuento lo valiente que fue Emmett y lo fuerte que es Rosalie. Flaqueo un poco en la línea de tiempo, luego me adelanto a nuestro atajo sobre el lago congelado. Cómo es que resultó contraproducente y me caí a través del hielo, pero Emmett me salvó. Bella está llorando otra vez, pero sonríe con valor a través de su tristeza, como si estuviera orgullosa de su hermano. No puedo contarle mucho después de eso, pero le digo lo que he escuchado de otros y lo que Rose me dijo. Intento mantener la expresión neutral cuando le explicó cómo fue que las heridas de bala de Emmett se infectaron y que la falta de antibióticos lo dejó demasiado débil para luchar. Le prometo que todos hicieron todo lo posible para salvarlo. Le prometo que no murió solo, sino con Rose a su lado. No sé si le brinda alguna especie de alivio escuchar eso, pero si fuera yo, habría querido saber.

—¿Cómo está Rose? Dios, no puedo… —Bella inhala temblorosamente—. Ni siquiera puedo imaginar por lo que está pasando.

—Está bien. Te extraña. —No le cuento lo que pasó entre Rose y yo ese día junto al río porque ahora no parece ser el momento adecuado.

—Gracias —murmura Bella, aferrándose más cerca de mí—. Gracias por mantenerla a salvo. Gracias por intentar ayudarlos.

—Desearía…

Pero no me deja terminar mi pensamiento.

—Lo sé. Yo también. Pero gracias —repite, suena tan jodidamente agradecida y aliviada—. Significa tanto…

Está llorando otra vez, pero yo me estoy conteniendo. Mi garganta arde por intentar no llorar. Detesto verla sufrir. Pero saber que estoy aquí ahora y que ella no tiene que estar de luto sola, como probablemente lo hizo la primera vez, alivia un poco de mi culpa.

Nos quedamos callados por un largo tiempo después de eso hasta que ella pregunta otra vez por Rose.

—¿Ya tuvo al bebé?

—Todavía no. —Subo y bajo distraídamente los dedos por su brazo. Es algo que solía hacer para ayudarla a dormir. Incluso ahora su cuerpo se relaja bajo mi caricia—. Creo que todavía le faltan un par de meses.

—Debe estar tan asustada.

—Lo está haciendo bien. Ha sido difícil, pero… ella se ha mantenido fuerte.

—Porque te ha tenido —murmura Bella, y la culpa me carcome—. No puedo creer que recibieras un disparo. Dios —exhala, sus dedos rozan mi mandíbula—. Pude haberte perdido a ti también. No puedo…

—Shhh, no pienses en eso. Estoy bien. —Me trago los recuerdos del dolor y los meses que se sintieron como una maldita tortura. Me guardo todo mi sufrimiento y días de depresión para mí porque no quiero preocuparla. Eso ya terminó. Estoy bien—. Pensar en ti fue lo que me mantuvo jodidamente cuerdo.

—Yo también pensé en ti todos los días. —Sus labios rozan mi mejilla antes de avanzar besando hasta mi boca—. Pero ¿ya estás bien? ¿No sientes dolor?

—No tanto como antes. Por eso me tardé tanto jodido tiempo en regresar aquí. Tenía que sanar y tenía que aumentar mi fuerza. Inmediatamente después de eso la frontera empezó a ser monitoreada de cerca, así que eso también retrasó un poco la situación. —Sorbo por la nariz, intento quitarle peso a mi estrés por haber estado inmovilizado por tanto tiempo—. Si hubiera habido alguna manera para regresar a ti más pronto, créeme por favor que lo habría hecho realidad.

—Edward… lo sé —murmura—. No te culpo por nada de esto. Rose, Em… nada de esto. Así que por favor no te culpes.

No le digo que esa es una de las cosas en las que me he vuelto jodidamente bueno. Es fácil pensar de forma negativa y con dureza cuando no tienes nada más que hacer.

—¿Cuánto tardas en llegar ahí? ¿A las tierras no incorporadas? —pregunta.

—Usualmente unas horas. Pero tardé dos días en regresar aquí. Tuve que detenerme a lo largo del camino y acampar en el bosque. Mi resistencia no es lo que solía ser.

Ella asimila eso mientras yo alejo pensamientos sobre cómo no estaba seguro de lograrlo. Cada momento que me llevó a estar aquí con ella ha sido jodidamente desolador. Pero ahora que estoy aquí… al fin puedo respirar.

—Gracias por regresar. Por abrirte paso por mí. Por arriesgar tu vida otra vez.

—Haría lo que fuera por ti, Bella.

Deja un beso suave en mis labios, una, dos veces.

—Esme siempre me decía que tuviera esperanza. —Me sonríe con tristeza, luego estira la mano para apagar la lámpara antes de volverse a acomodar debajo de mi brazo—. Espera, ¿ya fuiste a casa?

—Eso fue lo primero que hice. Quería venir aquí, pero necesitaba asegurarme de que mi mamá estuviera bien.

Nos tapa con el edredón.

—Me alegra que fueras allá primero. Ella ha estado muy preocupada.

—Lo sé —murmuro al luchar contra otra capa de culpa—. Está peor de lo que recuerdo. Ni siquiera me reconoció de inmediato. Tardó una hora de conversación banal antes de que ella estuviera presente y se diera cuenta de que era yo.

—Ha estado así desde hace tiempo —suspira—. Lo siento.

—Es lo que es. Esperé a venir hasta que ella se volvió a dormir. Jasper y Lo dijeron que has estado pasando mucho tiempo allá.

—Así es. Ellos han… —Se toma su tiempo para pensarlo—. Tenerlos cerca ha sido bueno para mí. No me sentía tan sola con ellos.

—Siempre les has agradado —le digo—. Incluso desde el inicio.

—¿Incluso a Lauren? —pregunta Bella, pasando un brazo sobre mi estómago.

Exhalo una carcajada.

—Incluso a Lauren.

—Entonces, ¿por qué fue tan dura cuando la volví a conocer? Ahora ya está bien, pero es como… no sé. Actuaba como si no confiara en mí.

—Solo le preocupaba lo que había pasado antes —digo automáticamente, luego me doy cuenta de a dónde nos está llevando esta conversación.

—¿Qué pasó antes?

Me quedo callado por un momento, preparándome para lanzarle otra bomba.

—Carajo —exhalo y me aparto para poder verla. Se mueve y encuentra mi mirada—. Hay algo más que necesito decirte.

La preocupación pasa brevemente sobre su rostro, pero sé que puede lidiar con esto. Es Bella. Puede lidiar con cualquier cosa que le diga.

—Bien —dice vacilante—. ¿Qué?

Pauso durante un latido, no estoy seguro, luego le pregunto:

—¿Alguna vez te preguntaste por qué nos hicimos el Procedimiento para empezar?

—Sí. Asumí que nuestra relación terminó como la de todos los demás. Por alguna pelea grande o porque decidimos que era tiempo de seguir adelante. Pero también me he preguntado si yo lo terminé debido a que mis padres no lo aprobaban. De la misma forma en que se mostraban recelosos sobre Emmett y Rose.

—Tienes algo de razón en eso último —le digo, hay otra amarga verdad en la punta de mi lengua—. No queríamos terminar.

—¿No?

—No.

—Entonces, ¿por qué nos hicimos el Procedimiento?

—Porque tuvimos que hacerlo. —Sus ojos buscan algo en mi cara, pero quiero ser muy claro. No le doy un momento para procesar o llenar los espacios en blanco por sí misma. Quiero que no haya espacio para un malentendido—. Tus padres nos obligaron a hacernos el Procedimiento. Nos hicieron terminar. No les agradaba. No creían que fuera adecuado para ti o… carajo. No conozco su razonamiento. Pero estábamos comprometidos en secreto y cuando se enteraron se negaron a dejarte elegirme. Intervinieron y nos obligaron a ambos a hacernos la cirugía.

La dejo que se tome su tiempo, permito en ese momento que mis palabras se asienten en ella. Si es tan perceptiva como sé que es, entonces ha notado todos los detalles. Se ha dado cuenta que algunas verdades no encajan. Si la conozco, ella ya tenía las piezas del rompecabezas, pero ahora, con este último pedazo de información, puede acomodar finalmente todas las piezas. Puede ver a su familia por quiénes realmente son: ególatras hambrientos de poder sin humanidad.

Por mucho que quiero que recuerde todo igual que yo, una parte de mí se alegra de que no lo haga. No quiero que recuerde esa traumática noche. Fue jodidamente horrible. Incluso ahora, cuando lo recuerdo todo, hace que me duela el pecho.

—Mis padres nos obligaron —susurra, y puedo ver el reconocimiento en sus ojos y escucharlo en su voz como si supiera que es la verdad. Lágrimas silenciosas caen por sus mejillas y se las limpio, le tiembla el mentón.

—Quería decírtelo. En muchas ocasiones. Pero… —suspiro.

—Pensabas que no te iba a creer.

—Es mucho para procesar.

—Tuve una pesadilla antes de que llegaras —murmura—. Como si nos obligaran a separarnos a ti y a mí o algo así. Tal vez estaba soñando con esa noche. Estábamos aquí, ¿cierto? ¿En mi casa, fue cuando alguien vino y nos llevó?

Asiento solemnemente ante el recuerdo.

—Así es.

—No recuerdo nada después de eso, pero el sentimiento… era horrible. Fue… —Presiona su cara sobre mi pecho, sus dedos se cierran alrededor del cuello de mi sudadera—. Fue verdaderamente una pesadilla.

Desafortunadamente su pesadilla fue nuestra realidad.

Trago pesadamente y paso una mano tranquilizadora sobre su cabeza.

—Íbamos a escapar. Estábamos haciendo un plan para irnos y estar juntos. Estábamos tan cerca.

—No puedo creerlo. —Su tristeza no dura mucho antes de convertirse en algo más oscuro. Algo lleno de rabia y animosidad—. Esos hijos de puta. Debí saberlo —murmura, sacudiendo la cabeza—. Soy tan estúpida. Se lo hicieron a Bree, ¿por qué no me lo harían a mí también? ¿Por qué no se lo harían a otra gente?

—Nena, no eres estúpida. Te jodieron la cabeza. Se llevaron tus recuerdos. No podrías haberlo sabido.

—Es por eso que no recuerdo mi procedimiento —dice ausentemente como si los pequeños detalles estuvieran encajando en su sitio ante ella—. Probablemente también borraron esos recuerdos. Me trataron como un peón en su jueguito. —Exhala un aliento de enojo, frunciendo el ceño—. Después de la forma en que trataron la muerte de Emmett… ¿y ahora esto? Los odio, carajo. Los odio.

La dejo hervir en su enojo, pero me mantengo callado. Yo también los odio.

—¿No es ilegal? —pregunta—. ¿Cómo pueden salirse con la suya?

—¿Dinero? ¿Poder? No sé. Dudo que fuéramos los primeros, y estoy seguro de que no seremos los últimos. Es por eso que necesitamos irnos al carajo de aquí —le digo con vehemencia—. Si eso es lo que quieres, puedo sacarte. Podemos estar juntos. Podemos vivir allá afuera. Puedes dejar esta vida atrás.

No dice nada de inmediato, y mi estómago se tensa con nervios o rechazo o algo más que no puedo identificar, carajo. El tiempo pasa y entre más me hace esperar, más me duele el pecho.

—¿Bella? Di algo.

Sus ojos encuentran los míos, sus dedos rozando sobre mis labios.

—Eso es lo que quiero. Por supuesto que quiero eso. Quiero estar contigo. No puedo perderte otra vez.

El alivio penetra en mí y la jalo más cerca para tenerla por completo en mis brazos. Nos quedamos acostados así por un minuto, sosteniéndonos el uno al otro. Cuando nos apartamos, la beso profundamente. Mis labios se separan y gimo cuando su lengua roza la mía. La pasión sigue ahí, ese fuego que siempre hervía bajo la superficie con nosotros. Pero después de un momento, ella se aparta un poco, rompiendo nuestro beso. Por supuesto que quiero jodidamente más, pero no la presiono y no le pregunto por qué. Acabo de echarle un putero de bombas encima. Es comprensible que ella necesite tiempo para digerirlo todo.

—¿Y ahora qué? —pregunta, mantiene su rostro cerca del mío—. Necesitamos un plan.

—Lo sé. Ya tengo algunas cosas en marcha, pero necesitamos quedarnos quietos por ahora. Dame un par de semanas, ¿de acuerdo?

—¿Semanas? —pregunta, desanimada—. Tengo que casarme pronto con James y tengo que mudarme con él.

—¿Puedes retrasarlo? ¿Puedes…?

—¿La boda? No. ¿Todo lo demás? Tal vez. Depende.

Intento mantenerme tranquilo, pero la idea de ella casándose y viviendo con él me hace querer atravesar la pared con el puño.

—La gente siente recelo al pensar en cruzar ahora. Probablemente yo ni siquiera debí haber intentado regresar tan pronto. —Pienso en todas las advertencias de Leah y Sam antes de irme. De Rose. Toda su preocupación. Pero estaban jodidamente equivocados. Lo logré—. Definitivamente necesito a otra persona con nosotros porque si quiero que mi mamá también venga, no puedo ir solo yo —explico—. Si algo me pasa a mí, necesito saber que ustedes dos seguirán a salvo hasta llegar allá.

Chasquea su lengua como si le enojara que lo dijera en voz alta, pero estoy intentando ser realista. Necesito la seguridad de que alguien más estará ahí como respaldo en caso de que todo se vaya a la mierda. Definitivamente necesito ayuda con mi mamá porque no sé qué tan lejos puede llegar. Ni siquiera yo tengo toda mi fuerza, no como solía tenerla.

—Solo finge que todo está normal. Sigue con tu rutina, pórtate bien. Tengo que mantener un perfil bajo, pero cuando organice todo… huiremos.

Se ve nerviosa, pero debajo de todo eso sé que es fuerte. Está decidida.

—Bien. Puedo hacerlo.

—¿Pero, Bella?

—¿Sí?

—Si nos vamos… no podremos regresar. Jamás. —Necesito que entienda a qué está renunciando. Así que le digo, enlisto las pérdidas una a una. No llevará una vida de lujos. No tendrá muchas comodidades. Nada de compras, ni de fiestas. No como está acostumbrada. No tendrá acceso ilimitado a comida, no habrá agua potable. La única certeza que puedo ofrecerle es que la amaré, la mantendré a salvo y nunca la volveré a dejar. La única garantía que puedo darle es que finalmente será libre.

—No necesito regresar porque aquí ya no queda nada para mí —dice simplemente—. Todo lo que necesito es a ti.

Es la mejor cosa que he escuchado en mi puta vida.

Sin decir otra palabra, ella cierra la distancia y presiona su boca sobre la mía, me besa dulcemente antes de acurrucar su cuerpo otra vez cerca del mío. Estamos agotados. Emocionalmente exhaustos. El cansancio se apodera de nosotros en ese momento y nos relajamos el uno en el otro.

Con ella a mi lado, duermo mejor de lo que he dormido en meses.

Horas más tarde, cuando me despierto y comprendo que no es un sueño, cada momento de sufrimiento parece valer la pena. Estoy aquí y ella es mía. Y esta vez vamos a irnos al carajo de aquí.