Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 34
El alivio que siento al despertar y ver a Edward en la cama junto a mí es suficiente para hacerme llorar. Sin embargo, no lo hago. Me quedo en silencio, acostada ahí y viéndolo. Mirando sus labios partidos. Sus cejas fruncidas. Incluso mientras duerme, se ve preocupado y nervioso, como si todavía tuviera mucho peso sobre él.
Quiero despertarlo con un beso. Quiero quitarle su preocupación. Quiero hablar más sobre… todo. Su tiempo en lo salvaje, cada momento que recuerda sobre nosotros. Pero sé que está exhausto y necesita descansar. Así que me deleito en el confort de tenerlo aquí.
Mi cabeza sigue sintiéndose pesada, casi brumosa, después de todo lo que hablamos. Después de todas las verdades que Edward me ofreció. Tal vez debería sentirme más ligera al encajar finalmente todas las piezas de mi historia, pero no me siento así. Cada verdad me aplastó más y me destrozó el corazón. A juzgar por la culpa en su rostro mientras confesaba que Emmett no había sobrevivido, su corazón también ha sido fracturado. Detesto que le pasara eso, y detesto que sienta que fue su culpa porque no lo fue. Él ha hecho lo mejor posible en un mundo que causa dolor y sufrimiento. Es bueno y puro, y estoy tan orgullosa de él. No lo dejaré creer que una acción, que ni siquiera fue por su propia voluntad, define su carácter porque no es verdad.
Sin embargo, no puedo decir lo mismo de mis padres. Y una acción sí los define, y lo hará por siempre. Una acción los ha despojado de su humanidad, y ha eliminado el poco respeto que todavía tenía por ellos. Una acción desconsiderada y desalmada ha cambiado completa e irrevocablemente mi futuro. Nunca los entenderé ni los perdonaré. Nunca sanaré de lo que me hicieron.
Cuando pienso en eso ahora, el resentimiento y la devastación se hinchan en mi pecho. Ni siquiera tengo el recuerdo completo, no igual que Edward. Solo fragmentos sin rostro de la noche en que nos obligaron. Sentí que estaba en shock cuando él me reveló lo que hicieron. Porque es terrible. Todo eso. Estoy llorando en este momento, lágrimas silenciosas caen por mis mejillas mientras intento no despertar a Edward.
Por mucho que quiera hacer algo ahora y confrontar a mis padres, sé que no nos hará ningún bien. Necesito ser inteligente y esperar el momento adecuado. No puedo dejar que sus decisiones por control y poder me asfixien más. No puedo sumirme en la pena, o permitir que me tumbe. Necesito usar este enojo que siento ahora para ser fuerte.
Edward se remueve y sus ojos parpadean unas cuantas veces antes de abrirse al fin. Me sonríe adormilado y todo estrés que estaba en su rostro desaparece. Durante un momento, se ve como el Edward que conocí antes de que se fuera. Engreído, pero de la manera más encantadora y juguetona. No el hombre torturado y cansado que apareció anoche en mi porche. No el hombre desconsolado que estaba llorando en mi cama hace unas horas.
—Buenos días. —Su sonrisa se desvanece al mirar mi expresión, tal vez nota que he estado llorando—. Oye… ¿qué sucede? —Siento su mano tomar mi cadera debajo del edredón antes de jalarme hacia él.
—Nada. —Intento sonreír, pero se siente triste y forzada—. ¿Todo? Solo estoy pensando en todo lo que hablamos. Todo es tan… no se siente real. No sé.
—Bella…
—Son muchas cosas. Siempre serán muchas cosas. Me alegra saber todo ya. Pero… podemos solo… —Sé que no necesariamente podemos dejar atrás esto, pero hay tantas otras cosas que quiero hacer y compartir con él. No quiero pasar el poco tiempo que tenemos para estar juntos solamente recordando todo el sufrimiento por el que hemos pasado—. ¿Dormiste bien?
Vacila antes de responder, como si no estuviera seguro de si deberíamos cambiar este tema.
—Dormí mejor de lo que he dormido en un tiempo —dice al fin.
Ahora mi sonrisa no se siente forzada o ni siquiera un poco triste.
—Yo también.
Pepper aparece al pie de la cama, dando alaridos, y Edward se ríe.
—Necesito darle de comer, pero… ¿no te muevas? ¿Por favor?
Su sonrisa es suave y hace que mi estómago revolotee con deseo.
—No iré a ninguna parte —dice en voz baja.
Me levanto de la cama y le doy de comer rápidamente a Pepper, luego me aseguro de que todas las puertas sigan cerradas con seguro y que las cortinas estén cerradas. Por suerte no tengo que ir a ningún lugar hoy, pero eso no significa que no vaya a venir nadie.
Si alguien supiera que Edward está aquí, las consecuencias por esconder a un fugitivo serían suficientes para encerrarme. Sumándole a eso el hecho de que nos besamos y hemos dormido en la misma cama cuando yo ya fui emparejada con alguien más… sin mencionar todas las otras cosas que muero desesperadamente por hacer con él. Estoy perdida.
Esto debe ser por lo que pasaron Emmett y Rose. Los secretos, esconderse. La voluntad de romper la ley una y otra vez para intimar entre ellos. Ahora lo entiendo. Sin embargo, el resultado pesa muchísimo más que las consecuencias. Nunca me negaría la oportunidad de estar con él, especialmente no después de todo lo que hemos pasado para regresar otra vez a este sitio.
Me meto otra vez a la cama y Edward se pasa una mano por la cara, ahogando un bostezo. Estoy nerviosa, pero él parece sentirse también de esa manera.
—¿Tienes hambre? —pregunto—. Puedo prepararnos algo. O…
Se mueve para sentarse apoyado en la cabecera, la capucha de su sudadera está amontonada detrás de su cuello. Se ve tan lindo así, cálido, desaliñado y adormilado.
—Podría comer —responde con un encogimiento.
—Yo también. ¿Alguna petición? Creo que no sé qué es lo que te gusta.
Él lo piensa, sus ojos se posan en los míos.
—Podríamos preparar tu favorito… ¿tostadas francesas?
Tiene razón. Es mi comida favorita. Es un detalle pequeño y estúpido, pero me hace sonreír. También me hace anhelar esos momentos entre nosotros que nunca podré recordar. Me pregunto cómo solíamos ser juntos. Me pregunto si siempre fue fácil y si éramos felices. Incluso comparándonos con apenas hace unos cuantos meses, ambos somos muy diferentes. Ahora ambos somos unas versiones entumecidas y rotas de nosotros mismos. Pero quiero conocerlo otra vez. Por completo. Quiero amarlo y cuidarlo. Quiero estar con él.
Sintiendo mi ansiedad, toma mi mano y entrelaza nuestros dedos. Veo nuestras manos unidas y su pulgar rozando sobre mi piel. Es algo íntimo. Tierno. Mi corazón tartamudea cuando se lleva mi mano a la boca y deja un beso en la parte interna de mi palma. Me hace arder. Miro sus labios, amo la forma en que deja otro beso en la parte interna de mi muñeca.
—¿Es raro? —pregunta. Su aliento sopla sobre mi piel, pero sus ojos están en mí.
—No es raro.
—Extraño poder tocarte siempre que quiero. No tienes idea de lo difícil que fue. —Expulsa una risa sin aliento—. ¿La noche de la tormenta? ¿Esa noche en mi cama? Cuando nosotros… —se queda callado, pero ese es un momento que recuerdo de verdad. Es lo que me ayudó a sobrellevar algunas noches cuando él no estaba. Es en lo que pensaba al tocarme. Se me seca la garganta, pero no se lo digo.
—Sí. —Todavía no había pensado en ese aspecto. Si él recuerda todo, recuerda… todo—. Entonces, antes nosotros… quiero decir, ¿tuvimos sexo?
Lo miro tragar, su rostro se torna serio.
—Todo el tiempo.
—Oh. —Mi cara se siente sonrojada, y sonríe un poco. Aunque es sincera.
—No te avergüences. Puedes preguntarme lo que sea y te lo diré.
—¿Éramos buenos? —pregunto, siento un dolor entre las piernas—. ¿Yo te… te hacía sentir bien?
—Eras la mejor y sí, siempre me hacías sentir bien.
—¿La mejor? Cállate —me río, rompiendo la tensión sexual y empujándolo de forma coqueta en el pecho—. Tienes que decirlo porque no lo recuerdo.
—Lo digo en serio —dice, su voz y su rostro se muestran fervientes—. Éramos tan buenos juntos. Apuesto a que todavía lo somos.
Aparto la vista de él, pero antes de poder preguntarle algo más, él tiene una pregunta propia.
—No quiero preguntar, pero es algo que me ha estado matando —comenta, se ve un poco incómodo.
—Bien.
Espera un latido, luego dice:
—Es sobre James y tú.
—Oh. —Creo que ya sé a dónde va esto.
—No tienes que responder si no quieres, pero ¿ustedes dos han… estado juntos?
—No. Ni por asomo. —Frunzo el ceño—. Ni siquiera hemos dormido en la misma cama.
Puedo sentir un poco de la tensión salir de él.
—¿No se han besado ni nada?
Mi mente vaga de regreso a hace un par de semanas cuando nos emparejaron inicialmente. Sí nos besamos. Sin embargo, fue un roce de labios, ni siquiera fue un beso real. Era lo que se esperaba y sucedió frente a nuestras familias. No es como si hubiera sido algo íntimo o que significara algo. Pero el que sucedió después de eso, más tarde esa noche, definitivamente no tenía que suceder. No necesariamente le correspondí el beso, pero tampoco lo aparté. Solo dejé que pasara y no sentí nada. Menos que nada. La verdad fue muy deprimente.
—Nos hemos besado. —La mandíbula de Edward se tensa cuando lo digo, pero permanece en silencio—. Aunque no fue nada. Solo fueron dos veces. Y una fue porque teníamos que…
—No necesito los detalles.
La incertidumbre se alza en mi pecho, pero lo entiendo. Yo también estaría enojada al imaginarlo con alguien más, lo cual me lleva a mi propia pregunta.
—¿Y tú? —pregunto, dejo la pregunta abierta para que la interprete como quiera hacerlo.
Su risa suena corta, casi amarga.
—No. No estaba en posición de intimar con nadie. E incluso si lo hubiera estado, no habría querido. Tú eras todo en lo que pensaba.
—Bien. —El alivio me llena el pecho, pero su expresión flaquea por un segundo antes de tornarse sombría—. ¿Qué?
—Si estamos siendo honestos, hubo una situación. Solo un beso, y ni siquiera fue… —vacila, me mira con atención—. Solo quiero que sepas que yo no lo inicié.
—¿Quién fue? —pregunto, como si conociera a la persona de la que está hablando. Entre más tiempo se queda callado, más crece mi curiosidad—. ¿Sucedió mientras estabas allá en las tierras no incorporadas?
—Sí, pero… yo no, uh… —se queda callado, hace una mueca.
—¿Quién fue? —Entre más permanece en silencio, más comprendo la razón—. ¿Fue Rose? —pregunto, es más una suposición que otra cosa. Espero en Dios estar equivocada. De verdad que sí. Pero luego su rostro lo confirma todo.
—Fue Rose.
La traición se clava en mí al imaginar a mi mejor amiga besando a Edward.
—¿Por qué pensó que podía hacerlo? —pregunto, en mi tono hay una clara acusación de que él pudo haberle dado una razón para pensar que podía hacerlo.
—Fue… no sé. Definitivamente fue un error. Ella ha estado algo deprimida allá, y creo que estar sola le estaba pasando factura.
—Yo he estado sola. Yo he estado deprimida —murmuro, me escocen los ojos—. Dime cómo pasó. Quiero saberlo. —A diferencia de él, quiero los detalles. Los necesito.
Él empieza desde el principio, con lo mucho que Rose y él se apoyaron el uno en el otro después de todo. Cómo fue que ella se quedó a su lado sin tener la certeza de si él sobreviviría. Después de que él estuvo fuera de peligro, ella dependió muchísimo de él. Me explica cómo fue que el conocimiento que ella tenía de trabajar en la clínica lo ayudó con su recuperación. Y estoy agradecida por eso. De verdad, de verdad que sí. Una parte rara de mí se siente aliviada de que ellos se tuvieran. Yo he estado muy sola por meses, así que me suaviza saber que ellos no estuvieron solos. Pero también me hace sentir enferma saber que pudo haber sido algo más de parte de Rose.
Cuando he escuchado suficiente del por qué, quiero saber el cómo. Mientras él lo explica, puedo verlo todo. Los dos dando un paseo. La preocupación de ella por su seguridad y el deseo de él por irse. Y luego las lágrimas de ella. El consuelo de él. Cuando él murmura la parte donde se estaban abrazando y ella lo besa, le digo que se detenga. Ya he escuchado suficiente.
—Yo no le correspondí el beso —dice con firmeza—. Quiero que lo sepas.
Mi estómago se retuerce de forma fea y enojada.
—¿Ella creía que si se te insinuaba cambiarías de parecer y te quedarías con ella?
—No sé. ¿Tal vez en ese momento? No creo que estuviera pensando con claridad.
—¿Te pidió que te quedaras? —No sé por qué necesito saber. Solo lo necesito.
—Sí, me lo pidió. Pero la verdad, cuando hablamos después, admitió que no se trataba de que me quisiera a mí. Solo tenía miedo y se aferraba a mí en busca de apoyo. Por normalidad y confort.
Entiendo lo que él está diciendo. En una manera extraña, tiene sentido. Ni siquiera sé si puedo odiarla por esto. En serio quiero odiarla, pero simplemente… no puedo. No obstante, eso no disminuye el dolor de la traición. En especial al saber que ella se preocupó por él y lo cuidó. Luego, después de que sanó, asumió que él se sentiría lo suficientemente agradecido para quedarse y estar con ella. Como si le debiera algo. Se siente más íntimo que cualquier situación entre James y yo. Imaginarlos encerrados juntos, día tras día, mientras él estaba desesperado por su ayuda. Puede que él nunca la haya querido, pero la necesitó.
—¿Qué más quieres saber? Te lo diré todo —dice suavemente.
—¿No había ninguna parte de ti que la quisiera? —Esto es importante. Necesito saber dónde estaba su cabeza en esto. Si le gustó besarla. Si incluso una pequeñísima parte de él quería quedarse allá.
—Ninguna —dice con una certeza innegable.
—Bien. —Mi cabeza y emociones se sienten dispersas—. Ya no quiero pensar en esto. —Me levanto de la cama y termino la conversación, desesperada por seguir adelante—. Vamos a comer.
No espero a que me siga antes de avanzar a través de la casa. Llego al cuarto de lavado y saco su ropa de la secadora, luego se la aviento a la cama donde todavía se encuentra.
—Oye —exclama, exigiendo mi atención.
—¿Qué? —Lo miro—. Ya no quiero escuchar más. Está bien. He escuchado suficiente.
—Sé que no está bien. Conozco esa cara y la forma en que te quedas callada. Sé cómo te pones cuando estás molesta. Así que por favor no me mientas. Quería ser honesto. Era importante para nosotros que lo supieras. Ella también quería que fuera honesto.
Se refiere a Rose y a él como un nosotros, y los celos que he intentado aplastar salen a la superficie.
Con los brazos sobre el pecho, digo:
—De acuerdo. Bien. Obviamente estoy molesta, y no sé qué pensar. Estoy confundida. Por un lado, estoy jodidamente enojada. No puedo creer esto de ella. Y por el otro, estoy extrañamente agradecida de que estuvieran ahí el uno para el otro. —Él asiente, comprensivo—. Pero ella te besó —murmuro, me escocen los ojos—. Eras mío. Ella lo sabía. ¿Ella quería que tú… te olvidaras de mí? ¿No le importaba?
—Sí le importaba. Se sintió horrible. Yo me sentí horrible de que hubiera sucedido. —Se pone de pie en ese momento, lo suficientemente cerca para tocarme, pero se guarda las manos para sí mismo—. Tú estuviste en mi mente todo el tiempo. Pensar en ti me hizo sobrellevar todo. Todo lo que he hecho… todo fue por ti.
Sus palabras me calman más de lo que creí posible. Tal vez esto no tenía nada que ver conmigo. Tal vez Rose no intentaba herirme a propósito. Intento imaginarme en su posición: embarazada, de luto, y obligada a vivir una vida nueva y desconocida. Puede que yo también hubiera actuado así. Puede que también me hubiera aferrado a cualquier normalidad que pudiera. Aunque eso no hace que me duela menos, sí hace que sea más fácil de entender.
—Si te hace sentir mejor, yo también me siento herido. Me rompe el jodido corazón saber que estás con James —murmura, su garganta se mueve al pasar saliva.
—No —respondo, estirando los brazos hacia él—. Eso me hace sentir peor. No quiero que te sientas herido. Él no fue mi decisión. Nada de esto lo fue.
—Tampoco quiero que tú te sientas herida —dice con gentileza, sus reconfortantes manos suben y bajan por mis brazos—. Ese asunto de Rose no fue nada. ¿De acuerdo?
Nuestras palabras cuelgan en el aire, nuestro dolor mutuo nos obliga a detenernos. Porque ninguno de los dos está bien o mal en la forma en que nos sentimos. Es una situación de mierda en general y ambos hicimos lo mejor que pudimos con las situaciones que nos dieron. Sí, ambos besamos a otras personas. Pero esas personas no eran a quienes queríamos. Y sería injusto para cualquiera de los dos desquitarnos con el otro por cosas fuera de nuestro control.
Mis ojos se llenan de lágrimas, enturbiando su hermoso rostro.
—Nena, no llores —murmura, tragando con fuerza—. Por favor. —Me tiembla el mentón, pero intento contenerme—. Solo… —suspira mirándome—. ¿Dime que podremos superar esto? ¿Todo esto?
—Por supuesto que sí —digo, tragándome mis emociones. Dejar que esto se meta entre nosotros ni siquiera es una opción.
Nos acercamos más hasta que nos estamos aferrando el uno al otro. Lo dejo abrazarme, le rodeo la cintura con mis propios brazos. Con la cabeza metida debajo de su mentón, nos quedamos así por un momento. Es la misma forma en que nos abrazamos anoche en la ducha, pero en esta ocasión hay un tipo de dolor diferente. Tiene el potencial de ser tóxico y resentido. Pero ninguno de los dos se merece eso.
—Mi cabeza también está hecha un lío —dice sobre mi cabello—. Sé que no tuviste nada que ver. Solo que me hace rabiar que tengas que seguir fingiendo con James hasta que podamos salir de aquí. Pero sé que esto tiene que suceder porque es lo que se necesita. Y yo tengo que lidiar con ello.
—O sea, voy a fingir, pero no pasará nada íntimo con él. No lo quiero y sé que él no me presionará.
—Más le vale que no —dice de forma sombría.
—No lo hará. —Alzo la vista hacia él—. Ya te lo dije, soy legalmente suya, pero soy tuya de todas las otras formas imaginables.
Con su dedo debajo de mi mandíbula, alza mi mentón y lleva mi boca a la suya.
—Dilo otra vez —murmura, sin tocar del todo mis labios.
—Soy tuya —digo sin aliento.
Él es todo lo que quiero. Todo lo que siempre he querido, y durante meses soñé con que él regresaba y era mío. Solo detesto que este momento se haya visto ensombrecido por los celos.
Me pongo de puntillas para besarlo. Es algo casto al principio, una especie de disculpa. No tarda mucho antes de que nuestro beso se vuelva apasionado. Insistente. Sus manos toman mi culo, me jalan hacia él, me presiona contra el bulto en su bóxer. Como si no pudiéramos acercarnos lo suficiente. Nos besamos hasta que estoy desesperada, en frenesí y ardiendo por él. Nos besamos hasta que se vuelve demasiado y necesitamos más.
Nos separamos, mirándonos el uno al otro. Mis labios cosquillean a causa de su barba y me sonríe un poco.
—¿Qué? —susurro.
—He extrañado esa mirada que me estás dedicando. Como si me desearas con todas tus fuerzas.
—Sí te deseo —digo con honestidad—. Es como si mi cuerpo recordara a pesar de que yo no lo hago.
—Podría ayudarte a recordar —dice con gentileza.
—¿Cómo?
—¿Podría enseñarte lo que te gusta? Lo que recuerdo.
Mi corazón late salvajemente.
—Bien.
Espero a que él dé el siguiente paso, quiero seguirlo a él.
—Quítate la ropa —susurra, me quito el short y me paso la camiseta sobre la cabeza. Sus ojos se posan de inmediato en mis pechos y engancha un dedo en la cintura de mi ropa interior. Pero no me la quita—. Acuéstate en la cama.
Me recuesto, tengo el pecho agitado. De pronto me siento nerviosa. No lo suficiente para no querer esto, solo lo suficiente para dudar de si será igual que antes. En esencia esta será la primera vez para mí, pero no para él. Él tendrá todas nuestras otras veces juntos para compararlas con esto. Solo quiero que sea bueno. Mejor que bueno. Quiero que sea perfecto.
Se posa sobre mí, calmando mis nervios. Me besa la boca, el cuello, el pecho. Baja besando por mi cuerpo hasta que sus rodillas están sobre el suelo y me jala a la orilla del colchón, tiene la cabeza entre mis piernas.
—Recuerdo cada sonidito que hacías —murmura, su aliento se esparce sobre el lugar donde más deseo—. Voy a poner mi boca en ti. ¿Está bien?
Todo lo que puedo hacer es asentir.
De forma lenta y deliberada me baja la ropa interior por las piernas hasta que estoy ahí acostada desnuda.
—Carajo —exhala. Es casi como si él también estuviera nervioso.
Alzo la vista al techo, esperando. Contengo el aliento. Estoy a punto de sentarme y mirarlo cuando siento su boca caliente en mí.
—Oh —exhalo.
—Abre más las piernas, nena.
Dejo que mis rodillas se abran un poco más, la sensación de su boca, su barba y su lengua me encienden. Mi piel se sonroja, mis entrañas se derriten.
Justo cuando pienso que eso es suficiente para hacerme caer por la orilla, él desliza un dedo dentro de mí y gimo en voz alta cuando me chupa el clítoris. Su boca se queda ahí mientras sus dedos entran y salen de mí. Es demasiado. Es muy bueno. No es como nada que haya sentido antes, pero ese es el asunto. Estoy segura de que él ha hecho esto antes. Imaginarnos haciendo esto todo el tiempo como él dijo me deshace. Me estremezco y jadeo, mi estómago se tensa y eclosiona con placer al correrme sobre su boca.
Recupero el aliento y parpadeo para abrir los ojos, estoy al borde de reírme porque fue demasiado bueno. Cuando se mueve para acostarse a mi lado, me tapo la cara con una almohada.
—¿Qué? —se ríe, me quita la almohada y me besa el hombro desnudo—. ¿Fue tan malo?
—Nada. No. Fue tan bueno. —Empujo juguetonamente su pecho y se ríe otra vez—. ¿Qué carajos? —pregunto con incredulidad.
Mi cuerpo todavía se siente de gelatina y él me besa, pone su mano en el costado de mi cuello, su pulgar me acaricia la mejilla.
—Te lo dije —dice sobre mi boca—. Sé qué es lo que te gusta y cómo te gusta.
—Desearía saber lo que te gusta a ti —susurro, deslizo mi mano dentro de su bóxer. Está duro y suave, y su boca se separa cuando lo acaricio.
—Estoy muy seguro de que todo lo que hagas será perfecto —dice con una sonrisa avergonzada—. No necesitaré de mucho. O sea, quiero decir, si quieres hacer otras cosas.
—Mi mano está en tu bóxer —bromeo—. Es seguro decir que quiero hacer otras cosas.
Se desviste y lo jalo para acostarlo entre mis piernas. Mis dedos rozan sobre la cicatriz en su hombro. Está dispareja, el tejido está abultado. Pero sigue de un feo color rojo, y hace que me duela el pecho. Presiono mis labios sobre ella, desearía poder quitarle todo el dolor que sintió.
Sus manos se posan en mi cabello y su boca está en mi cuello. Está tan duro contra mí, está empujando en el sitio correcto justo donde su boca estaba hace unos minutos.
—¿Y si no soy buena? —murmuro, me siento insegura.
Agita la cabeza, sigue meneando sus caderas sobre mí.
—No es posible.
Me congelo cuando hace una mueca de dolor.
—¿Qué?
—Es que… mi pierna… —Sus movimientos se ralentizan hasta detenerse—. Está bien. Solo dame un segundo.
—Oh. Puedo… puedo ponerme encima.
Traga, sus ojos se oscurecen con lujuria.
—Creo que eso podría ser peor —dice con una risita entrecortada—. Por mucho que quiera eso… y por muy bien que se sienta tenerte montándome…
Mi estómago revolotea con su propia lujuria ahora. Lo imagino follándome. Él encima, llenándome.
—Te necesito dentro de mí. O sea, justo ahora. No me importa cómo. Por favor —casi le ruego—. Por favor.
Alzándose con una mano, se agarra con la otra y frota la cabeza de su polla sobre mí. Lo miro vernos, y es algo tan excitante que podría explotar otra vez. Pasa otra vez sobre mi clítoris y mis ojos se cierran revoloteando por la sensación.
—Eso se siente tan jodidamente bien —suspiro. Lo hace unas cuantas veces, y la fricción entre nosotros me pone tan desesperada, tan deseosa, tan abrumada con deseo—. Edward.
Luego se guía dentro de mí, centímetro a centímetro, hasta que su cuerpo queda pegado al mío.
—Carajo —dice entre dientes—. Carajo. ¿Estás bien?
Asiento y se mueve lenta, lenta, lentamente. Demasiado lento. Agarro sus hombros y también muevo mis caderas contra las suyas.
—Te sientes tan bien. Mucho mejor de lo que recordaba —murmura, enterrando la cara en mi cuello—. Maldición.
—¿Se siente mejor?
—Sí. Dios.
Lo dejo tomar el mando y establecer el ritmo. Sus manos acarician y agarran. Su boca chupa y muerde. Cambia entre embestir rápido y duro, y cuando es demasiado, menea lentamente las caderas. Todo se siente bien y estoy desesperada por todo esto. Quiero lo que sea que él pueda darme. Porque a pesar de que todo esto es muy nuevo, la forma en que mi cuerpo reacciona a él no se siente nueva. Se siente correcta y salvaje y apasionada. Se siente como si ahora ya fuera suya, más que nunca.
—Carajo, nena. No puedo… no…. —Su frente se apoya en la mía, sus manos se hunden en la almohada sobre mi cabeza—. Nunca pensé…
No termina su pensamiento antes de que sus embestidas se tornen erráticas. Levanta una de mis piernas, pasando un brazo debajo de mi rodilla. Se siente muchísimo mejor así, más profundo, y siento esa sensación familiar en el vientre bajo, pero él es demasiado rápido para que esta culmine.
—Espera, carajo —exclama—. ¿Necesito salirme? —pregunta, casi con pánico.
—No, no te salgas. —No sé si hemos hecho eso antes, pero no me importa. Lo haremos ahora. Lo deseo todo de él. Quiero que se corra dentro de mí y me haga suya. Es algo carnal y estoy tan cerca otra vez, pero luego él está gimiendo sobre mi cuello, chupando y mordiendo mientras él pulsa dentro de mí.
Su cuerpo está pesado, y respiramos profundamente. Satisfechos y sudorosos. Cuando levanta la cabeza, noto sus mejillas sonrojadas. Sonrío un poco, le aparto el cabello de la frente. Lo amo tanto que hace que me duela el pecho. Lo amo tanto que arriesgaría todo por estar con él de esta manera.
—¿Estás bien? —pregunta—. ¿Fue…?
—Fue perfecto. ¿Está bien tu pierna?
—No, pero valió la pena —se ríe y me besa la boca. Se quita de encima de mí, acostándose cerca. Juega con mi cabello y traza con sus dedos mis pechos con una sonrisa engreída.
—¿Qué ibas a decir? —pregunto—. Antes tú… ¿tú dijiste que nunca pensaste qué…?
Aclarándose la garganta, se pasa una mano por la boca.
—Nunca pensé que volveríamos a hacer esto. Quiero decir, tenía la esperanza, pero… no lo sabía.
—Oh.
Busca algo en mis ojos.
—Me alegra haberme equivocado.
Agarro su cara con ambas manos, besándolo.
—A mí también.
Pasamos el resto del día envueltos el uno en el otro sin dejar mi cama. Con su cuerpo me enseña todas las cosas que me gustan. Somos tiernos el uno con el otro, ambos fascinados por lo nuevo y lo viejo. Besa el lunar sobre mi cadera, proclama que es su sitio favorito. Cuando sus dedos rozan la cicatriz descolorida debajo de mi rodilla, recuenta la historia de cómo sucedió sin que yo tenga que decírselo.
Hay un sentimiento agridulce que permanece en el aire cuando le digo que desearía saber también todo sobre él. Que desearía poder recuperar esos recuerdos. Pero él dice que podemos hacer recuerdos nuevos y tal vez eso tendrá que ser suficiente por ahora. Haremos lo mejor que podamos con lo que tenemos. Y si todo lo que tenemos es el uno al otro, entonces estoy bien con eso.
