Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 35

POV Edward

—¿Siempre se sintió así de bien? —pregunta Bella, se le atora la voz cuando embisto con más fuerza mis caderas.

—Es mejor —le digo. Es la jodida verdad. Siempre hemos sido bueno juntos, pero esto es… esto es algo más.

Entonces ella se monta sobre mí, sus caderas se mueven lentamente ahora. Deslizo mis manos hacia arriba por sus costillas, mis pulgares trazan el contorno de sus tetas. Acelera la velocidad y gimo, en parte por lo mojada y caliente que está, y en parte por la presión de su pierna enterrándose en mi muslo. Sin embargo, el dolor es bienvenido. Está mezclado con placer y ella, y de ninguna maldita manera voy a decirle que se detenga.

Nota mi mueca de dolor y se detiene.

—¿Debería…?

—No.

—Pero…

—Sigue —le insto.

Sus rodillas se entierran en el colchón y se deja caer hacia enfrente hasta que nuestros pechos están pegados, luego cubre mi boca con la suya. Su cabello está en mi cara y su beso es apasionado hasta que se encuentra chupándome el cuello, sus dientes me rozan ligeramente.

—No te detengas porque sé que estás cerca. —Lo digo para provocarla y atormentarla, y cuando se aparta un poco, la mirada en su rostro es exactamente lo que estaba buscando: sorpresa mezclada con un poco de engreimiento.

Se ríe de forma seductora.

—Oh, ¿de verdad?

Así es. Cuando solía estar arriba, siempre enterraba la cara en mi cuello justo antes de correrse. Acelero el ritmo y agarro su culo, la follo y la amo y le muestro lo mucho que la conozco. Embisto y empujo hasta que escucho sus pequeños jadeos y gemidos. Hasta que la siento apretarse a mi alrededor. Hasta que también me estoy corriendo.

No quiero dejar nunca esta cama y le digo justamente eso. Después de meses de no saber lo que va a pasar con nosotros, no saber si iba a poder sanar lo suficiente para regresar, o si es que ella me querría otra vez si regresaba, las cosas se sienten… bien. Yo me siento bien.

Tampoco duele que la forma en que me estaba montando se sintió jodidamente grandiosa.

Sin embargo, sé que no puede seguir así para siempre. Hemos estado envueltos el uno en el otro los últimos dos días. Sin distracciones. Sin interrupciones. Solo horas infinitas de estar juntos. Ella no lo sabe, pero casi se siente como solía ser. Como si fuéramos nosotros otra vez. Como si pudiera cerrar los ojos y, durante un segundo, sería otra vez el verano pasado con días de flojera en su cama y todo el tiempo del puto mundo. Pero no podemos regresar. Han sucedido demasiadas mierdas. Incluso si no somos las mismas personas que éramos hace dos meses, lo que sentimos el uno por el otro no ha cambiado. Solo tenemos que ser cuidadosos. Tenemos que esperar el momento hasta que podamos irnos. Es por eso que más tarde esta noche ella irá a casa de sus padres para celebrar el convertirse en una jodida Witherdale. Yo estaré aquí intentando no atravesar la pared con mi puño cuando piense en cómo es que James cree que ella es suya.

Si la mano de él encuentra su espalda baja, su cuerpo habrá sido marcado por mí. Si él intenta besarla otra vez, su boca tendrá el sabor de la mía. Pensar en esos detalles me mantiene en pie. Me mantienen jodidamente cuerdo.

—Hola —murmura Bella, su cara está cerca de la mía.

Sonrío.

—Hola.

La forma en que me mira hace que mi pecho se sienta raro de la mejor manera. Sus ojos son tiernos y deja un simple beso en la piel sobre mi corazón, como si supiera que estoy preocupado. Como si su beso pudiera llevarse todo el dolor. Desearía que así fuera.

—Te amo —le digo. Creo que todavía no se lo he dicho. Al menos no con esas palabras exactas. No obstante, se lo he demostrado, y no hay manera en que ella no lo sepa. No hay forma en que no sienta esa intensidad de mí. Su mirada se suaviza, pero se mantiene callada. Tal vez es demasiado pronto para confesar cosas como esas, pero no me importa. Es la jodida verdad.

Ella abre la boca y espero.

Y espero.

Y luego me lo dice.

—Yo también te amo.

Le agarro la nuca, mis dedos se enredan en su cabello, y acerco su cara otra vez a la mía. Nuestras narices se rozan. Nuestras bocas se suspenden una cerca de la otra. Y cuando le pido que lo diga una vez más, se siente incluso mejor que la primera vez.

POV Bella

He intentado pensar en un millón de razones de por qué no debería ir a casa de mis padres esta noche, y Edward me ha lanzado un millón más de por qué sí debería. Más que nada no queremos atraer la atención a mi ausencia. Si creen que todo está bien y avanzando de acuerdo con su plan de emparejarme con James, entonces todo puede salir de acuerdo con nuestro plan.

Edward tiene razón. Sin embargo, todavía no me agrada la idea.

Me baño y me depilo, me seco y rizo el cabello. Mi estómago se retuerce a causa de los nervios. La idea de ver a mis padres y estar cerca de ellos después de todo lo que Edward divulgó sobre nuestro pasado va a ser difícil, tal vez una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en la vida. Pero me he estado mordiendo la lengua cerca de ellos durante los últimos meses, así que tal vez nada será tan diferente.

James me llama cerca de las dos para avisarme que pasará por mí a las seis y entro en pánico. No es como que él vaya a entrar e incluso si entra, Edward se esconderá hasta que nos vayamos. Pero aun así se siente innecesariamente arriesgado, así que cuando se acerca más la tarde, me la paso mirando por la ventana en busca de su carro, estoy dispuesta a interceptarlo antes de que llegue a la puerta.

Edward se acerca detrás de mí, me rodea la cintura con sus brazos, y cierro la cortina.

—Amo como se te ve este vestido —murmura con los labios en mi hombro, sus dedos rozan sobre la seda negra y se posan en la parte baja de mi espalda.

Me giro para verlo. Él sigue diciendo cosas así, demostrando lo mucho que recuerda.

—¿Me has visto antes con este? —pregunto, le rodeo el cuello con los brazos.

Sus ojos brillan.

—Lo usaste la noche en que te propuse matrimonio… para un evento de beneficencia que tus padres organizaron. Aunque cuando te propuse matrimonio estabas desnuda en la cama, así que… —Hace una pausa, sus ojos bailan con diversión antes de que la luz en ellos se desvanezca—. Esa fue también la noche que tu padre me amenazó si no terminaba contigo.

¿Qué?

—Me ofreció dinero, luego insinuó usar la violencia cuando me negué.

—Jesucristo, Edward. —Me tapo la boca. Tal vez no debería sentirme sorprendida por esto, pero sí lo estoy. Obviamente sé lo que hicieron mis padres, pero no sé todo lo que nos llevó a eso. Escuchar esto me hace sentir enferma. Me hace sentir a la defensiva por Edward y enfurecida por mí—. ¿Te lastimaron? ¿Te…?

—No. O sea, aparte del Procedimiento, no.

—Lo siento. Lo siento muchísimo —murmuro, dejando caer la cabeza sobre su pecho.

—No lo lamentes. Tú no eres el cabrón corrupto.

—No quiero ir esta noche —murmuro. No creo que pueda hacerlo. No puedo estar cerca de ellos sabiendo lo que han hecho. No puedo mirarlos a los ojos—. Puedo fingir que estoy enferma o algo así. Puedo quedarme en casa y…

Sonríe, pero no le llega a los ojos.

—Es tentador, pero creo que debes ir.

—Se siente raro. Incluso mal.

—Lo sé. —Traga—. No me agrada la idea de que vayas y seas de alguien… quiero decir… carajo. Supongo que eres la esposa de James, ¿cierto?

Se me hunde el corazón.

—Supongo que legalmente. Pero eso no significa nada para mí.

—Sí. —Asiente solemnemente—. Solo… regresa pronto, ¿sí?

Por muy difícil que sea para mí irme y fingir esta noche, comprendo que será todavía más difícil para Edward quedarse aquí y esperar.

—Lo haré —prometo. Sus manos pasan sobre mis caderas y bajan por mi culo—. Entonces, ¿nos iremos a tu casa esta noche? ¿Al regresar de la cena?

—Sí —acepta—. Será bueno pasar un poco de tiempo con mi mamá. No es que no haya disfrutado esconderme aquí los últimos dos días. Definitivamente no habríamos podido… reconectar tanto en mi casa.

Me río.

—Reconectar, ¿eh?

—Es verdad. —Su sonrisa es presumida y sexy, y quiero quitársela de la cara con un beso—. No habríamos podido compensar el tiempo perdido con mi mamá y Jasper cerca. Las paredes son demasiado delgadas para lo que hemos estado haciendo aquí.

—Tienes razón —digo coqueta.

Musita y agacha la cabeza para besarme lenta y suavemente.

—Oye.

—¿Sí?

Apoya su frente en la mía.

—No lo dejes besarte esta noche.

La culpa tira de mi corazón.

—No planeaba hacerlo.

—Bien. Detesto pedírtelo, pero… me hará sentir mejor al pensar que vas a ir.

—No quiero besarlo. —Finjo una tos—. Además, creo que me estoy enfermando de algo. No querría contagiarlo.

Esta vez su sonrisa le llega a los ojos y hace volar mi corazón. Cuando se inclina para otro beso, nuestros labios no alcanzan a tocarse antes de escuchar un carro afuera, el motor se apaga frente a mi casa. Mis ojos se mueven a la ventana a pesar de que todas las cortinas están fuertemente cerradas.

—Bien. —Respiro profundamente y miro a Edward—. Regresaré pronto. Te amo. —Lo digo primero en esta ocasión, y eso envía un estremecimiento a través de mí.

Te amo. —Me rodea la cintura con sus brazos y me jala para darme un abrazo—. Buena suerte —respira en mi cabello.

Nos besamos brevemente, luego nos soltamos a pesar de que no quiero hacerlo, y lo miro hasta que desaparece en la habitación. Con otra profunda respiración, me aliso el vestido con las manos y abro la puerta principal.

Le sonrío a James, pero estoy pensando en Edward.

Será la única manera en que podré salir adelante esta noche.

XXX

La noche se alarga. De todas formas habría sido doloroso, pero saber que Edward está en casa esperándome me hace sentir ansiosa por irme antes.

Me mantengo lejos de mis padres lo más que puedo. Sin embargo, en cierto momento Charlie se acerca para ver cómo estoy. Sonrío al mentir y agradecerle por celebrar aquí la fiesta. Es increíble cómo es que puede verme a los ojos. Cómo es que puede pretender que le importa. Hace que me hierva el estómago con ácido y enojo, pero me lavo la sensación con el conocimiento de que ahora sé la verdad. Ya no soy un peón en su juego. Ahora también estoy jugando. Soy un oponente. Solo que ellos todavía no lo saben.

Tampoco James y yo pasamos mucho tiempo juntos durante la fiesta, cada uno nos vemos jalados en direcciones diferentes. Me hacen un millón de preguntas sobre la inminente boda, y yo me bebo la champaña y ofrezco detalles sobre una celebración que no va a suceder. Al menos, espero que no. Respondo que prefiero el color crema en vez del blanco para el vestido. Definitivamente el encaje va con mi estilo. Los arreglos florales incluirán hortensias de los arbustos del jardín de mi familia. Y sí, quiero hijos de inmediato. Con dos será suficiente, tres sería lo ideal. Al decirlo, mi mente vaga hacia Edward. Mi sonrisa es genuina cuando pienso en hacer todo eso con él algún día. No sé si es posible o qué nos depara el futuro, pero sé que aceptaré lo que sea que pueda tener con él.

Unas cuantas veces durante la noche capto la mirada de Carmen y cuando ella finalmente se acerca a mí, me da un apretón en la mano.

—Escuché las buenas noticias —dice deliberadamente, sonriéndome con calidez—. Estoy muy feliz por ti.

Si alguien nos escuchara, pensarían que ella está hablando de James y de mí. Pero por el brillo en su mirada sé cuál es la verdad.

—Gracias —digo con efusión, tragándome la emoción que siento por el regreso de Edward—. Todo es un poco sorprendente, ¿no? Todavía siento que no es real.

—Es un hombre muy afortunado —dice Carmen con un guiño.

Edward es afortunado. Por estar vivo. Por haber regresado.

—Estoy de acuerdo —digo suavemente—. Yo también soy afortunada.

No volvemos a hablar después de eso, pero tengo la sensación de que pronto volveré a verla o a saber de ella.

No es hasta que sirven la cena que James y yo nos encontramos cerca. Me saca la silla como haría un caballero y cuando se acerca a mí, intento no alejarme demasiado para que no sea obvio que no quiero tenerlo cerca.

—Te ves hermosa —me murmura al oído—. ¿Ya te lo había dicho?

Mis ojos se mueven sobre la mesa hacia mi madre, que nos está viendo.

Me inclino hacia él y rozo su mejilla con mis dedos, actuando el papel al sonreírle en respuesta. Por suerte no intenta besarme. No estoy segura de cómo explicaría el haberme apartado con Renée viéndonos, pero encontraría una manera de salirme de esta. Le prometí a Edward que no pasaría. Y no pasará.

Después de comer llegan los brindis. Primero por Charlie, luego por el papá de James. Nos desean lo mejor y nos prometen una vida de felicidad y riqueza, ganándose una risita de todos los invitados cuando Charlie enfatiza la parte de la riqueza. Me mantengo sentada estoicamente a través de todo el nauseabundo discurso, ni siquiera espero a que termine antes de beber. Nuestros padres de verdad deben pensar que todo está perfecto. Su plan funcionó. Se salieron con la suya en todo. Deben creer que al fin se han calmado las aguas por el escándalo que rodeó a Emmett y Kate, y todos podemos seguir adelante.

No puedo esperar al día en que descubran que me he ido. Que el único lugar donde podría estar es en las tierras no incorporadas. Es fácil sonreír después de eso. De hecho, estoy casi radiante. Miro a mis padres, luego a James. Sus expresiones reflejan la mía. Deben pensar que la felicidad que emana de mí tiene que ver con ellos. Pero tengo un secreto, y no lo sabrán hasta que yo ya no esté.

XXX

Después de la cena me disculpo para ir al baño.

Cuando voy en camino de regreso a la fiesta paso junto a la oficina de Charlie, ralentizando mis pasos. No sé qué me impulsa a entrar, pero lo hago. Está oscuro adentro. Frío. Dejo las luces apagadas y rodeo su escritorio, mirando sin tocar. No sobresale nada. Nada que exclame corrupción o mentiras. Aunque mi familia siempre ha sido buena en esconder sus verdaderas intenciones.

Abro unos cuantos cajones, indiferente ante lo que encuentro. Pero luego mi mano choca con el ratón de la computadora y la pantalla vuelve a la vida.

No planeaba fisgonear. No en realidad. Sin embargo, saber que Charlie tiene acceso a los archivos completos de todos, los archivos que solo los doctores pueden obtener en la clínica, me hace sentir curiosidad. Quiero saber con certeza qué fue lo que me quitaron. Quiero saber cuándo y dónde. A qué hora. Quiero ver el nombre de Edward grabado permanentemente en mi archivo de cuando nos obligaron a realizarnos el Procedimiento. No sé por qué se siente necesario, pero así es. Esto solo alimentará mi rabia, pero necesito mantenerme enojada.

Por supuesto, se necesita una contraseña para entrar a la computadora. Intento unas cuantas palabras, pero no funciona. Me pongo nerviosa, tengo miedo de bloquearme el acceso por demasiados intentos fallidos y llamar la atención al hecho de que estuve aquí para empezar. Pero luego mis ojos se posan en una foto enmarcada donde estamos Emmett y yo sentados en el escritorio. Es una foto donde éramos más jóvenes, de nuestros años de adolescentes. Tenerla aquí en el escritorio de mi padre me calentaría el corazón si no supiera la verdad sobre lo que él ha hecho y cómo trató la muerte de Emmett. Intento una variación de mi nombre y el de Emmett, incluyendo nuestros cumpleaños, y al fin la computadora se desbloquea después de teclear la contraseña correcta.

Durante un segundo me quedo sorprendida al ver que funcionó de verdad. Luego empiezo mi búsqueda. Abro el programa que usamos en la clínica para acceder a los horarios y los archivos de los pacientes. La información de inicio de sesión de Charlie ya está guardada, así que le doy enter. Tecleo mi nombre en la barra de búsqueda y abro mi archivo, pasando a través de diferentes páginas. Mi información personal, alergias, historial médico. Lo que no encuentro es documentación que indique que me hayan hecho el Procedimiento. Sintiéndome segura de que debí haberme pasado esa parte, vuelvo a mirar todo otra vez. Pero no hay ni una sola nota sobre mi cirugía.

Es como si nunca me la hubieran hecho.

Frunzo el ceño y releo una tercera vez. Esto no tiene sentido. Charlie, y todos los doctores, deberían tener acceso completo. El hecho de que falta información en mi archivo no solo es sospechoso, sino alarmante.

Tecleo el nombre de Edward para revisar esta vez su archivo, y resulta igual. Solo indica que se ha hecho un Procedimiento, el que yo asistí hace unos meses. Enlista el nombre de una mujer, Chelsea, pero no hay mención del mío en ningún lado. Sin mencionar el día en que nos obligaron a hacernos el Procedimiento. Durante un breve segundo, me pregunto si es que algo de eso es verdad. Pero tengo la cicatriz para demostrarlo. Y sé que Edward no me mentiría. Sin embargo, mis padres sí me mentirían. También el gobierno. Lo único que tiene sentido es que ellos intentaban mantenerlo todo en secreto, pero ¿aun así no debería haber un registro en alguna parte? Sin duda tendrían que llevar un registro, incluso si no fue decisión nuestra.

Cierro rápidamente la sesión y vuelvo a dormir la computadora. No tengo tiempo suficiente para fisgonear más ni cuestionar esto. Sé que todavía no tengo la historia completa, pero hago un plan para regresar cuando sepa que mi padre no está.

Antes de irme agarro el marco plateado y quito la foto de Emmett y de mí, dejo el marco vacío en su escritorio. Casi se me sale el corazón del pecho cuando la puerta se abre y entra Renée. Casi exclamo que me asustó, pero me muerdo la lengua. Si aparento nerviosismo, sabrá que algo escondo.

—Aquí estás —dice, encendiendo la luz—. ¿Qué estás haciendo?

—Solo necesitaba un minuto —digo, agradezco que la pantalla de la computadora esté negra—. Necesitaba un respiro. Es… mucha atención, ¿sabes?

Me mira con sospecha y rodea el escritorio, su mirada cae sobre la foto en mis manos.

—Y quería esto —le digo, mi voz suena pequeña—. Me encanta esta foto de Emmett y de mí.

—Hmm. —La toma y admira el recuerdo—. Este fue un buen día.

Lo dice como si hubiera estado ahí, pero no fue así. Emmett y yo estábamos en nuestra casa del lago con algunos de nuestros amigos, y Carmen estaba supervisando. En la foto, yo estoy sobre un flotador en forma de pizza y Em está en el agua junto a mí. Estoy sonriendo y me veo delgaducha, y hay una sonrisita malévola en la cara de él. Si recuerdo bien, me tiró después de que se tomó la foto.

—Lo extraño muchísimo —le digo, me pregunto si ella sabe la verdad sobre que él realmente escapó. Debe saberlo. Debe saber que se fue. Puede que incluso asuma que él sigue vivo. Pero solo yo sé la verdad y ni siquiera puedo decirle que él se ha ido para siempre. No puedo decirle que debería estar de luto porque su hijo no sobrevivió.

Me escudriña por un momento, sus ojos se posan en mi rostro.

—Me alegra ver que estás comprendiendo y aceptando tu emparejamiento —dice de forma neutral, evitando el tema de Emmett.

Me siento confundida por un segundo. Ni una sola vez intenté resistirme a estar con James ni dije que me sintiera infeliz. Más que nada porque sabía que era inútil. Así que no estoy segura de por qué ella habría pensado otra cosa.

—¿A qué te refieres?

—Podía verlo en tus ojos ese día. James no es a quien querías. Eso era obvio.

Tal vez la fachada que había puesto fue menos creíble de lo que pensé. En ese momento solo actuaba mecánicamente. Me sentía como un fantasma de mí misma. No sabía dónde estaba Edward y mi corazón estaba roto. Pero esta noche… esta noche es diferente. Esta noche ella se está creyendo mi acto. Todos se lo creen. Es más fácil pretender que estoy feliz y enamorada porque sí lo estoy. Solo que no saben que tiene que ver con Edward. No saben que muy pronto nos iremos.

—Tú y yo no somos tan diferentes, sabes —dice Renée en voz baja.

Es mi turno para escudriñarla ahora. Somos muy diferentes, quiero decir. Yo nunca lastimaría voluntariamente a alguien. Nunca me entrometería en la vida de alguien. En vez de arremeter contra ella, intento pensar en a qué podría referirse. Cuando la miro, hay cierta tristeza detrás de su mirada fría y distante. Nunca antes intenté identificarlo de verdad, pero justo ahora todo lo que puedo ver es desamor.

Me aventuro a suponer.

—¿No te emparejaron con quien querías?

Me dedica una mirada de apreciación.

—No, no fue así.

—Pero nunca te has hecho el Procedimiento —digo vacilante.

—Él y yo no estuvimos juntos el tiempo suficiente para registrarnos o requerir de la cirugía.

Su mirada se vuelve distante en ese momento, como si estuviera recordando un tiempo diferente. Si no estuvieron juntos el tiempo suficiente para registrarse, eso significa que estuvieron juntos por menos de dos semanas. Pero sé por experiencia que el amor puede suceder en una cantidad pequeña de tiempo. En realidad, es casi más triste saber que ella ha vivido con estos recuerdos por más de veinte años.

—Su nombre era Phil —me dice, y me sorprende porque no se lo iba a preguntar. Me esfuerzo en intentar pensar en cualquier amigo de la familia o conocido a lo largo de los años con ese nombre, pero no recuerdo a nadie—. Lo emparejaron poco después de que yo fui emparejada con Charles —dice, terminando con mi curiosidad—. Cada uno siguió su camino. Pero a veces pienso en él.

—¿No intentaste estar con él? ¿Elegirlo?

—No tenía caso intentarlo. Mi destino era estar con tu padre

No es tanto el destino como lo que se espera. Pero seguramente ella ya lo sabe.

—¿Lo amas? —pregunto.

Lo piensa por demasiado tiempo, y cuando habla, su voz suena más pequeña de lo que la he escuchado antes.

—Era un tiempo diferente. Era una mujer diferente. Pero sí, imagino que todavía lo amo.

—Preguntaba por papá —aclaro, y baja la vista a su copa de champaña.

—Bueno. —Es todo lo que tiene que decir al respecto.

Tal vez una parte de mí debería sentir lástima por ella, pero no lo siento así. La única cosa que puedo sacar de este pedacito de información es que a la miseria de verdad le encanta la compañía. Ella no pudo elegir con quién emparejarse, y cuando llegó el momento, se aseguró de que fuera lo mismo para mí. Ella pudo haber cambiado mi destino. Pudo haberme dado la oportunidad que nunca tuvo. En vez de eso dejó que la historia se volviera a repetir y permitió que un evento todavía más sombrío se desarrollara cuando Charlie nos obligó a Edward y a mí a hacernos el Procedimiento.

Aunque sí le envidio una cosa. Ella pudo mantener los recuerdos de Phil durante todos estos años. Aunque eso parece haberle causado más dolor, saber lo que pudo haber sido, pero no fue, yo nunca podré recordar estar con Edward la primera vez. Por eso nunca, jamás, la perdonaré. Sin importar qué tan destrozada intente parecer.

Ladeando un poco la cabeza, se termina su copa.

—Suficiente de esto —dice simplemente, de regreso en el aquí y el ahora—. No tiene caso vivir en el pasado.

—Tienes razón —accedo, ofreciéndole una sonrisa tensa propia. No voy a obsesionarme con lo que pasó, sino que lo usaré para mi ventaja. Voy a dejar que ese enojo me aliente en cada movimiento de ahora en adelante. Porque si hay una cosa segura, es que yo sí tengo un futuro. Y esta vez será bajo mis propios términos.