Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 37
POV Edward
Es extraño pretender que estás muerto.
O supongo que técnicamente no se supone que esté muerto. No sé cómo se supone que debo estar. Aunque definitivamente se supone que ya no existo.
Estoy ansioso al no poder ir a ninguna parte ni hacer nada. La espera me recuerda al tiempo que pasé en las tierras no incorporadas. Por supuesto, es mejor estar aquí, así que no debería quejarme. No estoy en el limbo, esperando para cruzar la frontera. No estoy sufriendo. No siento incertidumbre sobre dónde me encuentro con Bella. Pero aun así es difícil no comparar las sensaciones. El estancamiento. La inhabilidad de hacer que sucedan cosas por mi propia cuenta.
Mis días consisten en esconderme y cuidar a Esme. También las tardes. Pero mis noches… mis noches son solo de Bella. Su tersa piel. Sus suaves sonidos. Amo la forma en que exhala mi nombre cuando me muevo entre sus piernas. Más que eso, amo que soy el único que sabe exactamente cómo hacerla desmoronarse. Puede que James esté legalmente atado a ella, pero es mía en todas las otras jodidas maneras.
El sonido de la puerta de un carro cerrándose me llama la atención y me muevo discretamente hacia la ventana. Me sorprende ver a Bella aquí tan temprano ya que por lo general trabaja hasta pasadas las cinco. Sé que detesta tener que continuar cada día con normalidad. Dice que de todas formas se irá pronto, así que ¿qué caso tiene seguir trabajando? Cada mañana al irse, ruega poder quedarse y me recuerda todas las cosas que podemos hacer con su tiempo libre, y a veces también me lo demuestra. Pero le recuerdo que debe mantener su horario. No debe haber cambios repentinos. Todo necesita permanecer igual para que no llame la atención sobre sí misma.
Pero está aquí ahora, un par de horas antes, y aunque estoy jodidamente feliz de verla, me preocupa.
Le quito el seguro a la puerta antes de que entre, pero me aseguro de quedarme fuera de vista cuando abre y cierra la puerta. Deja un beso rápido en mi boca. A pesar de que quiero profundizarlo, no lo hago, me siento ansioso por saber por qué ya está de regreso.
—¿Qué sucede? ¿Por qué no estás en el trabajo? —le pregunto, poniéndole seguro a la puerta detrás de ella.
—James apareció hace rato, y estaba muy alterado. Él…
—Carajo —inhalo, interrumpiéndola—. ¿Lo sabe? ¿Sobre nosotros?
—No. También pensé eso al inicio, pero… tenía otras noticias inquietantes. —Bella se sienta en el sofá, pero yo me quedo parado porque tengo los nervios de punta—. No sé cómo en realidad, pero… encontró unos archivos que tienen los detalles de todas las personas a las que han obligado a hacerse el Procedimiento.
—¿Qué?
—No fuimos los únicos, Edward. Tenías razón; esto ha pasado antes. Y ahora tenemos pruebas —dice de forma casi triunfante.
Estas no son las noticias que esperaba escuchar, así que tardo un segundo en reaccionar. Sigo atorado en ser potencialmente descubierto y obligado a hacerme otro Procedimiento para deleitarme con esta información.
—¿Le dijiste? —exclamo.
—¿Decirle qué?
—¿Que ya sabías que a ti y a mí nos habían obligado a hacernos la cirugía?
Me siento mal cuando ella se muestra ofendida.
—No —murmura—. Me hice la tonta y actué como si fueras un desconocido para mí.
Duele escucharlo, pero es lo que tiene que pasar. No confío en nadie y tampoco ella debería.
Bella entra en detalles, explica que también obligaron a James a realizarse el Procedimiento con alguien llamada Bree, la misma chica a la que obligaron a eliminarse los recuerdos de su bebé hace meses. Ella explica la conexión, y cómo es que probablemente James es el padre del bebé que Kate ahora está criando sola. Entiendo que está mal, es inmoral y una putada, pero a una parte de mí no le interesan ellos. Necesitamos concentrarnos en nosotros y salir al carajo de aquí. Estoy a punto de decirle eso, pero luego saca un USB de su bolsillo y me lo extiende.
—¿Qué es eso? —Lo miro, pero no lo toco.
—James hizo copias de todo. Esto tiene a cada persona a la que han obligado a hacerse el Procedimiento. Detalles, nombres, fechas. —Su voz está teñida con determinación, pero todo lo que esta noticia hace es retorcerme el estómago—. Es toda la información faltante de nuestros archivos reales.
—Jesucristo —murmuro—. ¿Qué estás haciendo con eso?
—Todavía no lo sé. Pero le pedí que regresara e hiciera copias…
—Bella.
—¿Qué?
Se ve molesta. Tal vez porque no estoy exactamente emocionado con estas noticias. Entiendo la necesidad de vindicar, pero es peligroso. Ella está jugando con fuego y ni siquiera lo sabe. No recuerda lo cerca que estuvimos de huir la vez pasada y cómo todo llegó a un abrupto final. Ella no recuerda que la separaron de mí. O el miedo justo antes de la inyección. A una parte de mí le alegra que no recuerde nada de eso porque fue jodidamente traumático. Pero el que no lo sepa está jugando en mi contra. La admiro por ser valiente, pero justo ahora necesito que sea inteligente. Y que esté a salvo. Necesito que mantenga un perfil bajo. Escabullirse con James y jugar al detective no es mantener un perfil bajo. Es rogar por una repetición de la vez pasada.
Me agacho frente a ella para quedar al nivel de sus ojos, y tomo el USB de su mano.
—Tenemos que deshacernos de esto —digo, y de inmediato me lo arrebata.
—¿Por qué?
—No confío en James. No confío en nadie. Y tú tampoco deberías.
—No va a pasar nada —argumenta.
—¿Y si te está poniendo una trampa?
—¿Por qué lo haría?
—No lo sé —murmuro, irritado—. ¿Por qué carajos no lo haría?
—A él también lo obligaron a hacerse el Procedimiento, Edward. Obligaron a cientos de personas. Y eso no está nada bien —espeta.
—Sé que no está bien, pero no es nuestro trabajo derrotar al gobierno. No tenemos esa clase de tiempo ni protección. Necesitamos irnos de aquí. Esa es mi principal preocupación justo ahora —digo y le acomodo un mechón de cabello detrás de la oreja. Se queda extrañamente callada, se muerde la parte interna de la mejilla y evita mi mirada. Comprendo demasiado tarde la razón—. ¿Qué hiciste? —pregunto, poniéndome de pie.
—Le di la otra copia a Carmen. Pensé que ella podría ayudar de alguna manera y… —Empiezo a caminar otra vez de un lado a otro y ella se pone de pie, sus palabras ahora salen apresuradas—. No lo sabía. Debí hablar contigo antes.
No puedo evitar sentirme enojado.
—Sabías que te diría que no. Sabías que te diría que te mantuvieras fuera de esta mierda. No es nuestro trabajo…
—Si no lo hacemos nosotros, ¿entonces quién? ¿Quién carajos va a dar un paso adelante para exponerlos? ¿Cuándo terminará? ¿Eh? Tuvimos suerte de que no funcionara contigo. No todos tienen una segunda oportunidad como nosotros —murmura—. Enójate conmigo. Está bien. Pero no puedo simplemente saber todo esto y no hacer nada.
Exhalo un aliento y se acerca a mí, sube sus manos por mis brazos, obligándome a verla.
—Si ninguno de nosotros hubiera recordado al otro… ¿no querrías saberlo? ¿No querrías que alguien nos lo dijera? ¿Que le pusiera un fin a esto?
—Por supuesto que sí lo querría —murmuro de forma casi resignada. Lo que sea que haya hecho, ya está hecho, y no hay forma de retractarnos. Rodeándole la cintura con mis brazos, la jalo a mí y apoyo mi frente en la suya—. No puedo perderte otra vez.
—No me perderás —susurra, su voz suena tan desesperada como la mía.
—Necesitamos irnos de aquí. Detesto que esté tardando tanto… —exhalo un suspiro frustrado y presiona su boca sobre la mía—. ¿Y qué te dijo Carmen? —pregunto—. ¿Qué va a pasar?
—No tengo idea. Creo que todavía no va a pasar nada. Le di la información y ella se asegurará de que llegue a las manos correctas. Probablemente nosotros nos iremos antes de que resulte algo de esto.
—¿Y James?
—James sabe que debe mantenerse callado —dice Bella con seguridad.
—¿Y sí lo sabe? Es un hombre que acaba de descubrir que su vida es una mentira y le han jodido los recuerdos. Es impredecible. No confío en él.
—No va a hacer nada —me promete. Detesto que ella lo esté defendiendo. Pero lo dejo ir. Si voy a poner mi confianza en alguien, será en ella.
Pero eso no significa que no esté ideando un plan nuevo para sacarnos al carajo de aquí más pronto.
XXX
Ya es casi medianoche y Bella está acurrucada en mi cama, junto a mí. Hace rato sugirió ir a casa por su cuenta, en caso de que James apareciera. Para mantener las cosas "normales" como yo sigo sugiriendo. Pero la idea de que ella se fuera y saliera de mi vista fue demasiado. Prefería tenerla aquí, donde puedo protegerla, que sola en casa.
Si alguien va a venir tras nosotros otra vez, esta vez estaré preparado.
—¿Cómo es vivir en la naturaleza? —pregunta bostezando.
—Es… diferente. —No sé qué es lo que quiere escuchar. ¿Que va a ser terrible los primeros seis meses que esté allá afuera? ¿Que acostumbrarse a esa vida no es para todos? ¿Que cuando llegue el invierno se va a arrepentir? Tal vez. Pero como todo lo demás, eventualmente mejoran las cosas. Te vuelve más fuerte. Más resiliente.
—Pues supuse que sería diferente —se ríe—. ¿Dónde duermes?
—Tengo una casa pequeña —le digo—. No es mucho. Solía ser de mi papá. —Ella musita en respuesta—. Algunas personas están en tiendas de campaña. Supongo que prefieren eso. Pero hay toda una comunidad de caravanas.
—¿Cómo llegaron ahí?
—Han estado ahí por… carajo, no sé cuánto tiempo. Mucho antes de que el Procedimiento fuera obligatorio. —Es difícil imaginar una época en que el Procedimiento no fuera una obligación legal. Sin embargo, que fuera por elección nunca fue una opción en nuestra vida. Tampoco en la de mi padre—. Las caravanas estaban ahí antes de que se construyera la cerca, supongo que había gente que vivía ahí.
—¿Como los hippies? —pregunta riéndose.
Sonrío a pesar de que ella no puede verlo.
—Claro. Los hippies.
—¿Me vas a amar incluso cuando sea una hippie? —pregunta juguetona—. Cabello sucio… ¿ropa de segunda mano sucia?
—Te voy a amar para siempre —digo con seriedad.
—¿Incluso cuando esté embarazada y me queje todas las noches de que desearía poder estar en una cama de verdad?
Trago y asiento. Todavía no he pensado en eso, en tener una familia. No he pensado en mucho más allá de nosotros saliendo y estando juntos para siempre. Pero ahora que ella lo dijo, lo quiero carajo, todo eso. Con ella.
—Entonces, ¿es ahí donde nos quedaremos cuando vayamos allá? ¿En tu caravana? —pregunta, cambiando el tema a algo más ligero. Algo más inmediato que nuestro futuro distante.
—Sí. Rose se está quedando ahí ahora.
—Oh. —Su humor juguetón cambia y me siento jodidamente estúpido por mencionar a Rose—. Entonces, ustedes dos… ¿ambos se quedaban en tu caravana? O sea, dormían ahí juntos o…
—No, no, no. La dejé quedarse en mi caravana para que estuviera más cómoda, pero yo estuve en una diferente todo el tiempo. En la que usa la gente para… sanar y esas mierdas.
Bella se queda en silencio por un momento antes de apretar los brazos a mi alrededor.
—Detesto imaginarte sufriendo. Me mata.
—Ahora ya estoy bien —murmuro, deslizando un dedo bajo su mentón para que pueda verme a los ojos—. Mejor que bien. —No es exactamente la verdad, pero estoy mejor de lo que estaba.
—Bien —susurra y me besa.
Nuestro beso se profundiza y se transforma en algo más. Algo apasionado. Me muevo sobre ella para recostarme entre sus piernas. Beso ese lugar debajo de su oreja, luego el área sobre sus clavículas.
Cuando me aparto un poco y miro su rostro, tiene una expresión presumida.
—¿Qué? —pregunto, conteniendo mi propia sonrisa.
—Es que somos… jodidamente buenos en esto, ¿cierto? En estar juntos o como sea.
La miro y me pongo de lado para estar acostado a su lado.
—Sí lo somos. Siempre ha sido fácil contigo.
—¿Incluso la primera vez? —pregunta y sus mejillas se sonrojan, así que sé que está preguntando sobre la primera vez que tuvimos sexo.
—Incluso entonces.
—¿No fue incómodo, o…?
—No, en realidad no. Yo estaba un poco nervioso —admito, pensando en ese abrasador día de verano en mi cama—. Pero tú no estabas nerviosa.
—¿No?
—No. Estabas jodidamente sexy —murmuro y sonríe con timidez.
—Tal vez es porque siempre se sintió bien contigo —dice en voz baja. Beso la comisura de su boca, luego encuentro sus labios—. Aunque detesto no recordar nuestra primera vez.
Yo también detesto que ella no lo recuerde. Ha estado haciendo mucho esto: quiere saber sobre todos mis recuerdos de nosotros y los detalles, pequeños y grandes. Sin embargo, hay un límite para lo que puedo contarle, y siempre se queda un poco triste después. A veces me preocupa que el pasado que no recuerda la vaya a derrumbar. Pero justo ahora me sorprende, su humor se mantiene ligero y juguetón.
—¿Me recuerdas otra vez qué hicimos esa primera vez? —sugiere sonriendo—. Ya que mi memoria está un poco brumosa.
Solo sonrío, deslizo mis dedos entre sus piernas y le muestro exactamente lo que recuerdo.
XXX
Cuando suena la alarma de Bella la mañana siguiente, ella la pospone cuatro veces antes de apagarla.
—No quiero ir a trabajar —se queja y parpadeo para abrir los ojos.
—Normalidad —le recuerdo.
—Pedir un día por enfermedad de vez en cuando es normal —gruñe.
—Sí, pero…
—Está bien. Me reportaré enferma hoy. Un día. Nadie le dará importancia.
Quiero decir que no, pero tampoco quiero perderla de vista. Así que ella llama a la oficina y finge una tos, tomándose el día libre.
La dejo dormir un rato más, pero me levanto para ayudar a Esme. Le preparo comida que ella no toca y alineo sus píldoras.
Está callada hoy. Sé que debo darle espacio cuando está así. Me muevo por el cuarto, me aseguro de que todo esté bien, intentando mantenerme ocupado.
—Hoy es el cumpleaños de mi niñito —dice de la nada.
No es mi cumpleaños y ya no soy su niñito. Soy su hijo, pero en este momento supongo que soy un desconocido.
—¿Qué edad tiene? —pregunto, jalo la silla que traje de la cocina y me siento más cerca de su cama.
—Seis. —Sonríe—. Me dijo que quiere ser igual a su papá cuando crezca.
No recuerdo haber dicho eso, pero estoy seguro de que es verdad. Supongo que mi sueño sí se cumplió. Soy igual a mi padre de muchas, muchas maneras.
—Suena a que es un niño genial —digo, imitando su sonrisa.
—Es el más alegre y el mejor.
Carl solía decirme eso todo el jodido tiempo, pero lo había olvidado por completo. La nostalgia de hace una vida me estruja el corazón.
Ella sigue hablando conmigo de mí, yo solo la escucho y me aferro a cada una de sus palabras. Recuerda historias que ya he escuchado antes, pero algunas también son nuevas. No sabía que me había roto el brazo al caerme de un árbol. Tampoco sabía que una vez amenacé con escapar.
—Estaba tan enojado porque su padre no quería llevarlo con él en sus viajes de trabajo —dice, riéndose del recuerdo. Supongo que ahora ya sé por qué. Sin embargo, cuando tenía seis años no tenía sentido por qué él se iba todo el tiempo—. Pero Carl le recordó que su trabajo era el más importante del mundo, así que después de eso estuvo de acuerdo en quedarse aquí.
—¿Cuál era su trabajo? —pregunto—. Me refiero al de tu hijo.
—Quedarse aquí para cuidarme —dice simplemente.
Se me cierra la garganta.
—Sí, eso es muy importante.
Sé que Jasper no lo entiende, no por completo, pero es por esto que no puedo dejarla atrás. Ella cuenta conmigo. Mi padre también querría que la cuidara. Lo decepcionaría si nunca regresara, haciendo que alguien más fuera responsable por ella.
—¿Estás bien? —pregunta Esme y me tallo la cara con una mano, la repentina emoción me atrapa con la guardia baja.
Pero antes de poder responder, se escucha un suave golpe en la puerta y Bella asoma la cabeza.
—Lo siento —susurra—. ¿Podemos hablar por un segundo?
Me giro hacia Esme y le digo que regresaré en un momento antes de salir al pasillo. Incluso antes de que Bella hable, sé que algo está mal. Tiene la cara pálida y los ojos como platos, pero intento no reaccionar antes de escuchar lo que tiene que decir.
—Acabo de recibir una llamada —me dice—. Del trabajo.
—¿Tienes que ir?
—No. Era Vanessa. Dijo que los ejecutores llegaron a buscarme.
Voy a vomitar, carajo.
—¿Por qué?
—¿Porque quieren detenerme para interrogarme? —murmura Bella, se le rompe la voz—. Vanessa dijo que está relacionado a James. Supongo que tenías razón. Es impredecible. Buscó a Bree y le empezó a decir todo este asunto de que habían estado juntos y cómo fue que los obligaron a hacerse el Procedimiento. Que tienen un bebé… —se queda callada, sacude la cabeza con incredulidad—. Bree se alteró ya que no lo recuerda y llamó a la policía.
—Carajo. Carajo, carajo, carajo. —Me alejo de ella y le doy un puñetazo a la pared, me arden los nudillos y se abre la piel—. ¡Carajo!
Estira la mano para detenerme de atravesar la pared otra vez con el puño.
—Edward, detente. Por favor.
—Pues, ¿qué hago? ¡Esto era lo que temía, carajo! —grito—. Sabía que iba a pasar algo malo. Sabía que el jodido James… ¡carajo! Él lo está jodiendo todo.
Bella se encoge ante mi tono y entierra la cara en sus manos.
—¿Por qué quieren llevarte a ti a interrogarte? —pregunto con brusquedad.
Alza la cabeza, sus ojos están brillando.
—Supongo que porque… ¿porque soy su esposa? ¿Puede que él haya confesado que me contó todo? —supone—. ¿Puede que haya mencionado los archivos y tal vez dijo que me los dio? Pero no sé. No tengo ni puta idea. —Está llorando ahora y me siento mal por enojarme, pero esto es exactamente lo que necesitaba evitar. Ahora la gente la está buscando. Quieren llevarla para interrogarla. Incluso si no tiene nada que ver conmigo, sigue sin ser algo bueno. Si están conscientes de que ella sabe que la obligaron a hacerse el Procedimiento la primera vez, ¿quién puede asegurar que no lo harían una puta segunda vez?
—Lo siento —llora, agarro la parte trasera de su cuello y la jalo con fuerza hacia mí, encerrándola en mis brazos.
—Lamento haber gritado. No estoy enojado contigo, es que… estoy jodidamente aterrado.
Entierra la cara en mi pecho, se aferra a mí como si yo pudiera salvarla. Y quiero hacerlo. Lo intentaré.
—Me lo advertiste —murmura entre lágrimas.
No voy a jugar ese juego, en el que le digo que yo tenía razón y ella estaba mal. Porque no pude haber adivinado que algo como esto pasaría. Solo tenía miedo. Estaba siendo precavido. En realidad no lo sabía. No podía saberlo.
Me aparto y agarro su cara con ambas manos.
—Está bien, ¿sí? —No lo está, pero si me altero de nuevo, entonces ella también lo hará. Necesitamos mantener la calma y pensar en esto con racionalidad.
—¿Debería dejar que los ejecutores me interroguen? ¿Debería aparecer y pretender que estoy en contra de James? ¿Actuar tal vez como si de todas formas planeara reportarlo, pero todavía no lo había hecho?
—No. Al carajo con eso. No. No te acercarás a ellos. Quién sabe qué carajos harían. Incluso si te creyeran, sigues sabiendo demasiado. No vacilarían en hacerte otro Procedimiento. ¿Y si te quitan los recuerdos de mí una segunda vez? —Ni siquiera puedo dejarme considerar la idea.
—Entonces, ¿qué hacemos? —pregunta desesperada.
Intento pensar con rapidez.
—Necesitamos salir de aquí. Ahora. Esta noche. Necesito llamar a Jasper para que contacte a Jake.
Sus lágrimas se detienen y de pronto se pone seria. Tal vez incluso asustada.
—O sea, nos iríamos… ¿hoy?
—Esta noche. Solo tenemos que escondernos hasta entonces.
Se muerde el pulgar.
—Nos iremos, ¿y ya? Nos iremos para siempre, ¿cierto?
—Sí. —Lo digo sin pensarlo. Sin tomar a Esme en consideración—. Espera. Carajo. Mi mamá. —Ha estado muy confundida hoy. No está bien. De ninguna manera puedo llevármela esta noche. Nos retrasaría, nos frenaría. Y el tiempo no está de nuestro lado. No puedo solo arrancarla de la cama, esperar que vaya voluntariamente y hacerla trepar una cerca de quince putos metros. Necesito tener conversaciones lúcidas con ella para prepararla a lo que puede esperar.
—No puedes dejarla —dice Bella con seriedad.
Asiento estando de acuerdo. No puedo. No lo haré. Pero tampoco puedo dejar que nada le pase a Bella. Justo ahora ella es la prioridad número uno. Su seguridad está en riesgo.
—Necesito hablar con Jasper, y encontraré una manera —le digo, y lo mantengo así. Porque sé qué es lo que tiene que pasar. Sí lo sé. A Bella no le gustará, y me va a romper el puto corazón. Pero haría cualquier cosa en mi poder para mantenerla a salvo. Incluso si me lastima.
