Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 38

POV Edward

Todo pasa de prisa.

Llamo a Jasper y le cuento, sin darle muchos detalles, que necesitamos un carro y que le avise a Jake que tenemos que movernos esta noche. Media hora después, Jasper y Lo llegan a mi casa en un vehículo que nunca he visto. No pregunto de quién es ni de dónde lo sacaron. Entre menos sepa, mejor.

Cuando entran les cuento todo. Lo que sabe James. Lo que le contó a Bella. Que los ejecutores la están buscando, y quieren llevarla para interrogarla. Cuando Jasper y Lo hacen preguntas que no puedo contestar, Bella interviene. Todos nos quedamos callados en este momento, es como un pequeño respiro antes del caos potencial. Si no me hubiera jodido ya la mano por haberle dado un puñetazo a la pared, lo haría otra vez solo para sacar mi frustración.

—Tenemos que escondernos hasta que podamos irnos esta noche —le digo a Jasper, hay urgencia en mi voz.

—Dudo que vengan aquí a buscar a Bella —dice Lo—. Nadie sabe que has regresado, Edward, y no es como que sepan que ustedes se recuerdan, ¿cierto?

—No me importa —digo con enojo—. No vale la pena. ¿Y si ven su carro aquí? O… —Todos los peores escenarios posibles pasan por mi mente—. No podemos quedarnos aquí hasta que sea hora de ver a Jake. No es seguro.

—¿Podemos ir a la casa del lago de mis padres? —sugiere Bella, se rodea la cintura con los brazos como si intentara mantenerse unida—. Está a casi una hora de aquí, tampoco está tan lejos del lado este de la cerca. Es una parte muy aislada del lago y no hay otras casas alrededor.

—¿No es muy obvio? —pregunto, no estoy convencido con la idea. No me doy cuenta de lo condescendiente que suena mi voz hasta que Bella me frunce el ceño.

—No. Más bien pensaría que podrían asumir que ese es el último lugar al que iría —murmura, y estiro la mano para jalarla a mi regazo. Su cuerpo no se relaja necesariamente, pero me siento mejor al tenerla cerca—. Nadie ha ido a la casa del lago en años —añade—. Al menos que yo sepa.

—¿Podrían esconderse en mi casa hasta que se vayan a la casa del lago? —ofrece Jasper. Aunque no quiero involucrarlo más de lo necesario, no es la peor idea, y no tenemos muchas otras opciones.

—Bien —digo con tono cortante—. Agarra tu teléfono y tus llaves —le digo a Bella, y se levanta para sacarlas de su bolso. Miro a Lo en ese momento—. ¿Puedes llevar su carro a otra parte? Solo… llévalo a una parte cualquiera de la ciudad y abandónalo. No puede quedarse afuera de mi casa. También deja su teléfono en el carro.

Lo asiente de inmediato y agarra ambos objetos de las manos de Bella, se despide con un beso de Jasper y luego se va.

Cuando Bella desaparece en el baño, rápidamente repaso el plan que tengo en mente con Jasper. Bella y yo nos esconderemos hasta después de la medianoche cuando sea más seguro reunirnos con Jake. Dejaré a Bella con él y lo dejaré llevarla a las tierras no incorporadas. Jasper acepta que es demasiado arriesgado para mí intentar cruzar varias veces. Y si quiero que Esme logre salir con nosotros, tiene más sentido esperar el momento y llevarla cuando pueda hacerlo.

—¿Bella está de acuerdo con este plan? —pregunta Jasper, y niego con la cabeza, tensando la mandíbula.

—Ella no sabe. Cree que también me iré esta noche y alguien más traerá después a Esme.

Jasper frunce el ceño.

Amigo.

—No me digas nada.

—Se va a enojar.

La culpa se hunde en mí y me pesa todavía más.

—Lo sé.

Pero si ella supiera que todavía no me iré, se pondría terca e intentaría quedarse. Eso es demasiado arriesgado y no tengo tiempo para convencerla de lo contrario. Así que si tengo que mentirle para mantenerla a salvo, eso es lo que haré. Prefiero que me odie a que la obliguen a olvidarme otra vez. Prefiero que esté en las tierras no incorporadas, que viva sin mí por un tiempo, a que esté aquí en la misma ciudad y piense que soy un desconocido.

Tal vez es muy egoísta de mi parte, pero estoy haciendo esto por ella. Todo lo que he hecho es por ella. Solo espero que ella lo entienda.

XXX

Cuando el último rayo de luz se consume en el cielo, salimos de casa de Jasper.

Estoy al borde de los nervios mientras nos dirigimos hacia la casa del lago. Manejo lento, pero con determinación. No es hasta que estamos en las carreteras serpenteantes y bajo la cubierta de árboles perennes que acelero la velocidad. Bella y yo manejamos en silencio, ambos estamos demasiado ansiosos para hablar.

Ella me indica cuándo bajar la velocidad y señala dónde tengo que girar. Y luego estamos avanzando por una entrada larga y oscura. Apago las luces delanteras por si acaso. Se ve escalofriante al no tener nada que ilumine nuestro camino. La estrecha carretera eventualmente se abre hacia una casa enorme y detrás de la casa está el lago.

Nos bajamos del carro. Bella se mueve hacia el jardín que está enfrente, agarra varias rocas diferentes hasta que encuentra una que es de plástico y tiene una llave escondida adentro. El foco encima de nosotros se enciende automáticamente, pero apenas ilumina el porche. Ella intenta abrir la puerta, pero su mano está temblando así que estiro el brazo y lo hago por ella.

Suena una alarma cuando abrimos la puerta, pero ella mete el código rápidamente. El sonido no dura mucho, pero de todas formas hago una mueca, me preocupa que alguien cercano pueda oírlo. Aunque sé que ese no es el caso. Incluso si no hay nadie a millas de distancia, sigo sin sentirme seguro aquí. Pero tal vez no me sentiría seguro en ninguna parte. No podré respirar ni pensar con claridad hasta que sepa que Bella está fuera de aquí y a salvo.

Solo necesito que ella esté a salvo.

La sigo dentro de la casa a oscuras, cerrando la puerta a nuestras espaldas. Ella enciende de inmediato una de las luces, y me apuro a apagarla.

—¿Qué…?

—Hay que mantenerlas apagadas —le digo.

—Nadie…

Agarro su mano y avanzo hacia la parte trasera de la casa para asomarnos por la pared de ventanas que dan vista al lago.

—Mira. ¿Ves todas esas casas al otro lado del agua? Podemos ver sus luces. Así que ellos también pueden vernos. Y dijiste que tus padres nunca vienen aquí, ¿cierto?

—Cierto.

—Esas personas podrían pensar que es raro ver este lugar iluminado. Así que las luces se mantienen apagadas.

Asiente con comprensión.

—Las luces se mantienen apagadas.

—Solo por si acaso —le digo, mis labios rozan su sien—. Por precaución o así.

—Lo entiendo —murmura—. Y debería acostumbrarme a esto, ¿cierto? ¿No hay electricidad en las tierras no incorporadas?

Miro su perfil, pero ella sigue viendo hacia la ventana.

—O sea, tampoco es que vayamos a estar sentados en oscuridad todas las noches —le digo.

Se mueve, así que yo también me muevo. La sigo por detrás mientras ella cruza la casa, toca diferentes artículos, sus ojos se quedan pegados en diferentes fotos y adornos.

—No he venido aquí en mucho tiempo —dice, mira brevemente las fotos que decoran la pared—. Creo que desde que… ¿tenía dieciséis?

Miro todas esas fotos de su vida, la vida que está dejando atrás. Me pregunto si se arrepiente de esto, de renunciar a todo por mí. Si se arrepiente, no lo aparenta. Apenas mira los recuerdos, se da muy poco tiempo para rememorar, y me siento un poco mejor.

Se mueve hacia la puerta trasera y la abre para salir a la terraza.

—Olvido lo hermoso que es aquí —murmura, mirando el paisaje. El agua es tan silenciosa, y la luna se refleja en la superficie. Sí, es hermoso, supongo, pero todavía no me gusta ni un carajo estar aquí. Es difícil apreciar un lugar como este cuando estamos huyendo.

—Es un poco espeluznante —me río, parándome cerca de ella.

Se gira hacia mí y sonríe.

—Sí, justo ahora. Pero en la mañana… —Su mente la lleva a otra parte y sacude la cabeza—. De todas formas, no es como que vayamos a estar aquí al amanecer, así que no importa.

Cuando se da la vuelta para regresar adentro, la detengo, frotando gentilmente la parte trasera de su cuello.

—Oye.

—¿Hmm?

—No tienes que irte —le digo, dándole una salida. Tal vez debí haber hecho esto antes, haberle dado una opción de retractarse—. Nada está decidido. No hasta que cruces. Puedes decir que solo fuiste a dar un paseo o algo. Di que las mierdas de James te alteraron y necesitabas un minuto para…

—¿Qué? —Frunce las cejas, sus labios se hunden.

—Para que… puedas regresar…

—No —dice de inmediato.

—Bien, pero…

—¿Por qué me estás diciendo esto?

Bajo la vista entre nosotros, me siento estúpido por decirlo y todavía peor por saber a lo que ella está renunciando.

—Solo no quiero que te arrepientas de nada. No podría vivir conmigo mismo si salieras allá y luego…

—No me arrepiento. No lo haré. —Se aferra a mi camiseta, luego jala mi nuca hasta que puede alcanzar mis labios para darme un beso—. Quiero estar contigo —dice sobre mi boca y aprieto mi agarre en su cintura—. Te amo. No queda nada aquí para mí. Emmett se fue. Rose está allá afuera. Mis padres son unos traidores y este mundo es… tóxico. No puedo quedarme aquí y vivir la vida que quiero porque no sería contigo.

En este momento, la amo más de lo que la he amado jamás.

—Bien —murmuro, sus palabras me calman—. Lo siento. Mi cabeza está… en todas partes.

—No te disculpes. Solo… ¿estás bien? —pregunta con voz suave y preocupada—. Me estás preocupando.

—Estoy bien. —Mi cabeza no ha estado bien desde hace meses, pero alejo cualquier rastro de ansiedad, no quiero preocuparla todavía más. Cuando sepa que ella está a salvo, podré respirar con más facilidad.

—¿Estás seguro? —pregunta y solo asiento. No se ve muy convencida, pero no presiona—. Por favor, confía en que estoy tomando la mejor decisión para mí. Para nosotros. ¿De acuerdo?

Asiento otra vez y la beso con un gracias silencioso. Toma mi mano y nos lleva hacia adentro para rebuscar en la cocina algo que comer, pero no encontramos nada. Me siento mal por no pensar en eso antes, pero con todo lo que sucede, la comida era lo último en mi mente. Me promete que está bien, que buscar algo de comer fue más por costumbre, aburrimiento, que por hambre de verdad. No le digo que muy pronto cualquier momento en el que comamos será por necesidad. Por energía. Para sobrevivir. Comer por aburrimiento no existe en la naturaleza. Comeremos lo que podamos cazar y consumiremos las verduras y frutas que podamos cultivar.

La sigo otra vez a través de la casa hasta que regresamos a la sala.

—¿Deberíamos subir? —pregunta.

—Preferiría quedarme aquí abajo en caso de que… —No termino mi frase. Ella empieza a quitarse los zapatos—. Déjatelos puestos.

—¿Por qué?

Detesto tener que decirlo en voz alta.

—En caso de que tengamos que correr.

Su asentimiento es pequeño, su boca forma un mohín.

—Bien.

Quita la sábana blanca que está cubriendo el sofá y la deja caer al piso. Hundiéndose sobre los cojines, deja salir una exagerada exhalación. Me saco la pistola de la funda y la dejo en la mesa junto al sofá antes de sentarme.

Bella la mira, pero no dice nada.

—No estoy intentando alterarte —le prometo—. Con esto de tener las luces apagadas, dejarte puestos los zapatos y la pistola…

—No estoy alterada. Agradezco que pienses en estas cosas —dice con suavidad—. Quiero decir, ser precavida no me reconforta necesariamente, pero… preferiría estar preparada.

—Deberías intentar dormir —le digo.

—No estoy cansada.

—Igual deberías intentarlo. Cruzar la cerca te exigirá demasiado.

Se mueve para recostarse y con su cabeza en mi regazo, alza la vista hacia mí. Me hace pensar en la última noche que compartimos en mi casa antes de que Rose y Em intentaran huir. Cuando estábamos coqueteando y borrachos con whisky, y ella ni siquiera sabía lo jodidamente mucho que la amaba. Todavía no. Tampoco recordaba que ella ya me había amado.

Le aparto un poco de cabello de la cara y me permito relajarme. También necesito calmarme un poco. No dormiré, pero sería bueno descansar antes de tener que irnos en cinco horas.

Cuando finalmente me encuentro con su mirada, me doy cuenta que está llorando en silencio, las lágrimas se arrastran por el nacimiento de su cabello. Las limpio y me trago mi propia emoción.

—¿Qué sucede? —susurro.

—Es que tengo miedo —dice en voz baja.

Yo también tengo miedo. De que está mierda salga mal. De perderla. Me da miedo que me odie cuando descubra que no iré con ella, pero tiene que suceder de esta forma. Me da miedo que ella logre cruzar, pero que suceda algo que me mantenga aquí. No puedo hacer eso otra vez. No puedo pasar meses lejos de ella, pero la culpa de dejar a Esme atrás me comería vivo.

No le cuento mis pensamientos más oscuros, los que me mantendrán despierto toda la noche mientras ella duerme. Me aterra que alguien descubra que estamos aquí y en lugar de obligarnos a ambos a hacernos el Procedimiento otra vez, me borren de su memoria y me maten. Porque ¿por qué no lo harían? Soy un problema. Soy fácil de resolver. De deshacerse de mí.

—No tengas miedo —le digo en vez de vocalizar mis miedos. Ella necesita que sea fuerte y no que ponga ideas horribles en su cabeza.

—Voy a extrañar a Pepper —llora, luego se ríe un poco como si fuera ridículo. Pero no lo es.

—Pepper estará bien. Jas y Lo la cuidarán.

—Lo sé —solloza, sus lágrimas caen con más rapidez ahora. Se tapa la cara con las manos, como si estuviera avergonzada. La dejo llorar y froto de forma tranquilizadora su estómago con mi mano, enredando la otra en su cabello.

—Nena —digo con gentileza, intentando reconfortarla. Sus manos se apartan de su cara e inhala temblorosamente, intentando calmarse.

—¿Sabes cuál es el código de la alarma? —pregunta y niego con la cabeza—. Es una variación de mi cumpleaños y el de Emmett. Igual que la contraseña de la computadora de mi papá. Eso es tan… jodido. Como si le importáramos, ¿sabes? Como si nos amara. —Me quedo callado, la dejo resolver lo que necesita—. Dios —gime—. No creí que me pondría tan sentimental.

—Es mucho. Lo sé.

Nos quedamos sentados en silencio y la miro, alejando la jodida culpa que amenaza con filtrarse en mí. Esto es lo mejor, me recuerdo. Ella saldrá y yo la seguiré pronto. Es demasiado arriesgado que se quede. Y es demasiado arriesgado para mí cruzar en múltiples ocasiones. En especial si se dan cuenta pronto que ella está perdida. Podrían reforzar la seguridad en la frontera durante un tiempo.

Me mata saber que no seré yo quien la lleve a las tierras no incorporadas. Detesto que sea Jacob. Ni siquiera lo conozco, pero detesto que sea otra persona aparte de mí. Aunque sé que ella estará en buenas manos y eso es todo lo que importa. Mi orgullo puede irse al carajo por su seguridad.

—Está bien —le aseguro—. Todo está yendo de acuerdo con el plan. Para cuando alguien empiece a buscarte de verdad, ya estarás fuera de aquí.

Me preocupo por un segundo, pero ella no capta que dije "tú" y no "nosotros".

—Eso espero —murmura, moviéndose para sentarse a horcajadas en mi regazo.

Empuja su cara en mi cuello y respiro su aroma. Lo memorizo. Lo inhalo. Exhalo. Nos abrazamos así durante un rato hasta que creo que al fin se queda dormida. Hasta que deja un beso sobre la piel debajo de mi oreja.

Sus labios están ahí otra vez, pero ahora hay pasión detrás de ello. El asunto se calienta cuando su lengua sale un poco, haciéndome gemir. Si ella quiere esto, se lo daré. Si necesita esto, la urgencia por estar cerca y perdernos el uno en el otro, la reconfortaré de esta manera. Yo también lo necesito. La necesito a ella y la deseo y tomaré todos los últimos momentos que pueda obtener.

Ella se aparta un poco, así que puedo ver su cara, y mueve ligeramente las caderas. Mi polla ya está dura y sé que puede sentirme. La tristeza se va ya de sus ojos. Ahora es pura lujuria, puro amor. Acuno sus tetas, y sus caderas giran de nuevo con más intención esta vez.

Nos desvestimos frenéticamente. Como si nuestra piel no pudiera tocarse lo suficientemente pronto. Me recargo en el sofá y ella se hunde en mí, sus brazos están entrelazados detrás de mi cuello. Es demasiado buena, está demasiado mojada y cálida, y nunca tendré suficiente de ella. Jamás.

Con su pecho presionado con el mío, chupa mi cuello, pero la hago enderezarse. Quiero verla. Quiero memorizar su piel y sus tetas, y quiero mirar la forma en que sus caderas golpetean contra las mías mientras me folla. No sé si esta será la última vez, y no sé cuándo será la siguiente, así que lo necesito. Necesito capturar el momento y grabarlo en mi memoria porque ella es tan jodidamente perfecta.

Quiero decirle tantas cosas. Lo mucho que la extrañaré. Lo mucho que la amo. Lo jodidamente hermosa que es y cómo fue que la quise desde el primer momento en que la vi. Que haría cualquier cosa por ella. Pero sé que las palabras podrían fallarme. Así que en vez de eso, se lo muestro. La muevo para dejarla recostada sobre el sofá, con las rodillas dobladas, de modo que yo quedo entre sus piernas. Con el brazo sobre su cabeza, meneo mis caderas, embistiendo en ella a un ritmo lento. Quiero hacerlo durar, y quiero hacer que ella se corra. Quiero follarla para siempre.

Sin embargo, no dura para siempre. Ella empieza a rogarme que vaya más rápido y más fuerte, así que le doy lo que quiere. Gira un poco la cabeza y gime, muerde mi antebrazo que está cerca de su cara. Eso ahoga sus jadeos por un momento, pero luego me suelta, gritando en voz alta y apretándose a mi alrededor. Intento aguantarme, hacerla sentir bien primero, pero a medio camino me pierdo. Colapso sobre su pecho y entierro la cara en su cuello, palpitando dentro de ella mientras me abraza con fuerza.

Recuperamos el aliento y nos mantenemos cerca. Está llorando otra vez, pero intenta esconderlo, se limpia los ojos, fingiendo que las lágrimas agridulces no están ahí. Las veo, pero no digo nada porque a mí también me duele. Así que solo le beso la boca, la mandíbula, el cuello, y espero que cuando se vaya recuerde cómo se siente esto. Lo jodidamente mucho que nos amamos. Lo mucho que me importa. Porque al final, solo tendremos nuestros recuerdos. Y ella estará grabada a fuego para siempre en los míos.

POV Bella

La habitación está tenuemente iluminada. Una débil luz amarilla brilla más allá de las cortinas transparentes, el solitario foco parpadea de vez en cuando.

Es tarde. O tal vez temprano. No he mirado el reloj en un buen rato.

Nuestro tiempo, que una vez fue calculado por horas y minutos, ahora se mide en prolongados besos y pesadas respiraciones.

—¿Estás dormida? —La voz de Edward es apenas un susurro.

—No.

Estamos acostados juntos en un pequeño sofá en la casa del lago de mis padres. Las alacenas están vacías, y hay sábanas blancas cubriendo los muebles del polvo. Nadie ha visitado este sitio en años, y pensamos que sería el último lugar donde alguien vendría a buscarnos. Con cada hora que pasa se siente muy obvio que estaríamos aquí y me sobresalto por cualquier sonido extraño.

—Estaba pensando… —Puedo escuchar la sonrisa en su voz, y eso le quita peso a la oscuridad—. En el día en que nos conocimos.

Sé que está intentando distraerme con los recuerdos, pero todo lo que hace es causar una profunda sensación de nostalgia por una época que nunca conoceré.

Quiero visualizar ese día a través de sus ojos.

—¿Qué es lo que más recuerdas de ese día?

—Recuerdo todo.

—¿Todo?

—Sí.

Y eso hace. Recuenta nuestra conversación en el autobús y mi discusión con el chofer que casi atropella a Pepper. Mi actitud mordaz. Su inquebrantable seguridad. Me dice que nunca olvidará el rojo de mis labios, la forma en que se sentía atraído a ellos cada vez que hablaba. Cómo es que yo vibraba con una energía nerviosa que él estaba desesperado por domar.

Y lo hizo.

Termina el recuerdo con esto:

—Incluso entonces sabía que te amaría.

Me muevo un poco para alzar la vista hacia él, manteniendo mi cuerpo entrelazado con el suyo. Memorizo los ángulos de su rostro, la ardiente sinceridad de su mirada. La ternura del momento se desvanece cuando mi estómago se llena de terror. No quiero que termine nunca esta noche porque mañana podría ser posiblemente justo eso: el final.

Nuestro final.

Los peores escenarios posibles llenan mi mente y causan que las lágrimas ardan en las esquinas de mis ojos. Les permito que caigan libremente por mis mejillas, manchando su camiseta con sal y tristeza.

—Nena, no —susurra, acunando mi cara y limpiándome la tristeza. Me silencia y aprieta mi hombro, rozando mi cabeza con sus cálidos labios—. Saldremos de esta. Tenemos que hacerlo. Me niego a creer que no hay ninguna otra opción para nosotros.

—Si algo pasa… —comienzo a decir, solo para que me silencie de nuevo cubriendo mi boca con la suya. Permito que su abrazo me calme por un momento. Un beso suave. Labios abiertos. Lo profundizo, ansiando esa cercanía.

Cuando nos separamos, mi mente va a ese lugar de nuevo.

—Sabes lo que pasó con Emmett…

—Bella. Detente —dice con fuerza. Pero sé que está pensando en lo mismo. Sé que tiene los mismos miedos que yo. Solo desearía que me permitiera decirlos en voz alta. Me sentiría mejor sacándolos que teniéndolos atrapados en mi propia mente—. Te amo —expresa de forma casi desesperada—. Te amo, y no quiero imaginarme ningún escenario aparte de nosotros saliendo de esta. ¿De acuerdo?

Amo su determinación, pero no puedo evitarlo cuando mi mente va ahí. A lo que él y Rose y Emmett soportaron la última vez que intentaron escapar. Me preocupa que la historia se repita y que cuando lleguemos, los ejecutores estén esperándonos. Me aterra que si esta vez Edward recibe un disparo, no pueda sobrevivir.

Me dice que no piense de esa manera. Que estaremos bien. Lograremos llegar a las tierras no incorporadas. Me recuerda que esta vez es diferente porque a Rose y Emmett ya los habían llevado para interrogarlos y escaparon de custodia. Todo lo que yo he hecho es evitar ser llevada. Sin embargo, eso no borra mi preocupación.

El viento sopla afuera, agitando los árboles contra la ventana. Las ramas raspan sobre el vidrio y me tenso.

—También te amo —le digo al fin y me duele el corazón—. Pero estoy intentando ser realista —replico en voz baja—. Solo… quiero que sepas que regresaría aquí. Si alguien nos está esperando, o si algo te pasa otra vez, y logro salir sola, regresaría. Voy a regresar y pediré que me hagan el procedimiento.

—No puedes —murmura y sacude la cabeza en negación—. No digas esas mierdas. Por favor.

—Tengo que hacerlo —insisto—. Si no estamos juntos o si… —me detengo, incapaz de hablar cuando una abrumadora sensación se alza en mi garganta. Entierro la cara en su pecho, no quiero mirarlo al susurrar—: No quiero recordar nuestro tiempo juntos. No puedo. No lo haré. Y no puedo vivir allá afuera sin ti.

No puedo vivir con los recuerdos de él si no puedo estar con él.

—Prométeme que no regresarás —dice, su voz es más que una advertencia.

—Pero…

—No, Bella. Si algo me pasa no puedes regresar por el Procedimiento —me recuerda con reticencia—. No te dejarán pasar otra vez sobre la cerca sabiendo lo que has hecho. Que has escapado. Una vez que te vayas…

Tiene razón.

—Me matarán —termino por él, conociendo la razón que hay detrás de su vacilación. O me encerrarán y me dejarán pudrirme como a su padre. De cualquier forma, mi libertad no existiría, y bien podría estar muerta.

Mis palabras se quedan en el aire y él me alza el mentón para poder encontrar su mirada. Sus ojos se ven duros, determinados.

—No los dejaré lastimarte —me dice firmemente.

Lo dice con tanta confianza. Como si tuviera la habilidad de hacerlo realidad. De mantenerme a salvo. De intervenir si lo necesito.

Pero no hay nada que pueda hacer porque los hechos permanecen, ya he roto la ley. Especialmente si me encuentran ahora, con Edward, podrían llevarme y acusarme de una gran cantidad de cosas. Por no haber reportado a Edward y lo que sé sobre su involucramiento con la resistencia. Por esconder información del gobierno y entregarle a Carmen esos detalles. No haber reportado de inmediato a James también juega en mi contra, porque no hay forma de saber qué le confesó a los ejecutores sobre mi participación en conseguir esos archivos.

Y si Edward y yo logramos salir de aquí mañana… cuando salgamos de aquí… esa será la peor ofensa hasta ahora.

Saco todos los peores escenarios posibles de mi mente. No quiero que nuestros últimos momentos estén llenos de miedo y terror y preocupación. Pero hay un pensamiento persistente que no se aleja.

No importa quién seas. Nadie se escapa sin ser castigado.

Ni siquiera un Swan.


N/T: Nos acercamos ya al final de esta historia, quedan solo dos capítulos más y el epílogo, así que espero que estén listas para despedirse de esta versión de Edward y Bella. Gracias como siempre por leer y comentar :)