Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 39
Me despierto sobresaltada con una mano tapándome la boca.
Un grito se forma en mi pecho hasta que me doy cuenta que es solo Edward. Aunque la alarma que siento no se desvanece por completo porque tiene los ojos bien abiertos y se tapa la boca con un dedo, diciéndome que guarde silencio.
Espero. Escuchamos. Su mano se aparta de mi boca, pero sus ojos me penetran con una advertencia de que no estamos seguros. Formula una súplica silenciosa:
—Lo siento.
Se mueve rápidamente hacia la ventana que está a solo unos pies, pero me siento incómoda incluso con solo esa distancia. Es entonces cuando noto que su pistola ya no está en la mesita de centro y ahora está fija en su mano. El miedo que sentía antes ahora es pánico en toda regla, pero me quedo inmóvil en el sofá, mi cerebro se está poniendo al día con mi acelerado corazón.
Es entonces cuando escucho el golpetazo de puertas de carro afuera. Al menos cuatro, tal vez más. Antes de tener tiempo para procesar qué es lo que está pasando, Edward toma mi mano en la suya y nos movemos a través de la casa a oscuras, hacia la parte de atrás.
No sé quién está afuera, o qué esperar, pero saber que los ejecutores podrían estar aquí hace que me tiemble el cuerpo. El miedo casi me incapacita. No podemos movernos lo suficientemente rápido ni en silencio.
Cuando Edward señala el panel de la alarma cerca de la puerta trasera y me susurra que lo active, siento que estamos desperdiciando tiempo. No sé por qué quiere encender la alarma cuando estamos a punto de irnos, pero hago lo que dice. Con una mano temblorosa, tecleo el código y el panel emite un pitido dándonos una advertencia de treinta segundos. Tardamos menos de cinco pitidos antes de salir por la puerta.
No hay tiempo para preguntas mientras corremos hacia el lago. Me siento expuesta bajo la brillante luna, como si estuviéramos bajo un reflector, rogando a ser vistos. Edward suelta mi mano por un momento para meterse la pistola en la cintura de sus jeans, y necesito de toda mi fuerza para no mirar atrás.
Con su mano otra vez en la mía, sigo sus instrucciones mudas mientras entramos al lago implacablemente frío hasta que el agua llega a nuestros hombros. Sus movimientos son lentos, controlados. No perturba mucho el agua ni hace demasiados sonidos. Nos hundimos completamente y nadamos hasta que salimos debajo del muelle, para estar fuera de vista desde la casa. Nuestras respiraciones superficiales y desesperadas son el sonido más ruidoso. Me estremezco y me mantengo a flote, el entumecimiento ya se está apoderando mientras mi cuerpo se ajusta a la temperatura.
Miramos la casa desde debajo de las desgastadas tablillas de madera del muelle. Luego la alarma resuena desde adentro y casi se me sale el corazón por la boca.
—Carajo. Están adentro —susurra Edward, y entiendo por qué me pidió que pusiera la alarma, para darnos una mejor idea de dónde están. Vemos como se enciende luz tras luz, un efecto dominó desde la planta baja hasta el siguiente piso—. Tenemos que nadar. Quédate bajo la superficie todo el tiempo que puedas.
—Pero…
—Aprieta mi mano cuando necesites salir por aire, ¿de acuerdo?
Se abre la puerta trasera y aunque estamos a unos veinte metros de la casa, mi cuerpo se pone rígido por el sonido de las botas arrastrándose por la terraza y el resplandor de las linternas brillando al otro lado del patio.
—¡Bella! —grita Charlie.
Charlie.
Escuchamos el sonido de voces, pero no podemos distinguir lo que están diciendo. Grita mi nombre una segunda vez, su voz hace eco sobre el agua. Envía un estremecimiento por mi espalda y aunque estoy más aterrada que antes, estoy todavía más decidida a sacarnos de aquí. La historia no se repetirá esta noche. Me niego a ser separada otra vez de Edward o tener que sacarlo de mi memoria. Lucharé todo lo que pueda. Incluso moriré intentándolo si tengo que hacerlo.
Sin decir otra palabra, Edward y yo respiramos una última vez antes de hundirnos bajo la superficie.
Está oscuro abajo del agua, pero Edward nada adelante, manteniendo su mano en la mía como dijo. Yo mantengo los ojos cerrados ya que de todas formas no puedo ver y confío en que Edward nos llevará a donde necesitamos ir. Mis pulmones empiezan a arder demasiado pronto, pero me contengo de apretar la mano de Edward para poder esforzarme más y mantenernos abajo por más tiempo. El miedo de salir y que nos apunten con sus linternas me empuja a mi límite.
Apenas salimos a la superficie para atrapar un aliento revitalizador antes de estar otra vez debajo del agua. Hacemos esto por demasiado tiempo y muchas veces. Lo hacemos hasta que me duelen los miembros, y mis huesos están entumecidos a causa del frío. Hasta que mi cuerpo se siente pesado y creo que ya no puedo seguir nadando.
Cuando finalmente salimos a la superficie por quinta vez, Edward se queda afuera del agua, mirando qué tan lejos hemos nadado. Apenas podemos ver la casa en la distancia. Las luces siguen encendidas, lo que significa que ellos todavía están ahí.
—¿Estás bien? —pregunta Edward, su respiración sale en jadeos.
—No puedo… —jadeo, tosiendo. Flotamos en el agua, pero mi cuerpo está rindiéndose. La idea de volver a sumergirnos es debilitadora.
—Agárrate a mí. —Aunque él sigue sin aliento, me agarro a su cuello y hombros mientras nada un poco más adelante, ahora con nuestras cabezas sobre el agua. No sé cuánto tiempo pasa antes de alcanzar a pisar el fondo del lago, y poder salir caminando hacia la tierra.
Ambos nos acostamos en el suelo por un minuto o dos para recuperar el aliento. Ahora que estamos fuera del agua mi cuerpo se estremece todavía más por el frío aire nocturno. Es casi insoportable, y mis dientes están castañeando, mis extremidades están entumecidas. Pero Edward ha pasado por cosas peores. Él, Emmett y Rose soportaron cosas peores y aun así lograron llegar a las tierras no incorporadas. Me concentro en eso. En su valentía. Su fuerza. Me motiva para no rendirme.
Edward me ayuda a ponerme de pie y nos guía hacia el bosque, nuestras ropas están empapadas y nos pesan. Caminamos hasta que estamos en la seguridad de los árboles, luego se detiene y me jala ciegamente hacia él. Está más oscuro aquí, y su boca choca con mi nariz, mi mejilla. Siento sus labios posarse en mi piel antes de encontrar mi boca. Es rápido, pero lo ansío.
—Lo estás haciendo muy bien, nena —murmura—, pero tenemos que seguir adelante.
Antes de saberlo nos estamos moviendo otra vez. Alternamos entre caminar y correr, mis pulmones arden de forma diferente a como lo hicieron en el agua. No tengo idea de cuánto tiempo pasa antes de que Edward detenga por completo su paso, mirando a su alrededor como si pudiera identificar exactamente dónde estamos. Tal vez sí puede, pero yo no lo sé. Me quedo callada y lo dejo hacer lo que mejor sabe hacer, guiarnos hacia la seguridad.
—Jake debería estar aquí —murmura Edward, tiene su cara cerca de la mía, un brazo protector a mi alrededor—. ¿Dónde carajos está?
Tengo demasiado miedo para hablar y demasiado frío para pensar. Estoy temblando, así que Edward frota de arriba abajo mis brazos, sus dientes también castañean. Esperamos durante lo que se siente una eternidad. Eventualmente los sonidos de hojas crujiendo y una sombra enorme moviéndose hacia nosotros hacen que se me acelere el pulso. Me aferro a Edward para acercarlo a mí, y me reconforta con una mano tranquilizadora en mi espalda y un suave beso en mi sien.
—Solo es Jake —susurra, y aunque esto debería relajarme, estoy más nerviosa porque que Jake esté aquí significa que es hora de irnos.
No se intercambian palabras. No se hacen planes, pero supongo que ya hay uno establecido. Nos movemos rápidamente, pero en silencio, hasta que salimos por completo de la cubierta del bosque. La cerca acecha a la distancia.
Bajo la luz de la luna puedo echarle un buen vistazo a Jake, que guía el camino. Alto y moreno. Callado y determinado. Voltea brevemente hacia atrás, mirándome a los ojos. Todo lo que hace es asentir una vez. No intercambiamos saludos ni cortesías porque nada de esto es agradable.
En ese momento, me quedo atorada en mi cabeza. El terror se posa en mí cuando empiezan a llegar los posibles escenarios.
¿Y si Charlie y los ejecutores nos siguieron aquí? ¿Y si no podemos confiar en Jake? ¿Y si una parte de la cerca sí está electrificada?
Seguimos caminando y de alguna forma los sigo a pesar de la aprensión posándose en el fondo de mi estómago. Antes de poder darle voz a mis miedos, llegamos a la cerca.
Aunque mi mano sigue en la de Edward, mis palmas están sudando, la adrenalina está a todo lo que da en mis venas. Hemos sido condicionados para temerle a esta cerca durante toda nuestra vida. Nos enseñaron que un toquecito podría matarnos en un instante y aquí está, provocándonos con la promesa de la libertad al otro lado.
—No puedo… —empiezo a decir, mi cuerpo ya se sacude incontrolablemente.
Edward me tapa rápidamente la boca con un dedo, sus ojos están bien abiertos. Sacude la cabeza, luego se lleva el dedo a su propia boca, recordándome que guarde silencio.
Jake nos indica con una seña que sigamos moviéndonos. El agarre que tiene Edward en mi mano se aprieta, pero no lo sigo, no puedo caminar. Siento que el piso se está hundiendo debajo de mí, manteniéndome en mi sitio.
Él mira hacia atrás, confundido, pero debe sentir el pánico que sale de mí.
No puedo hacerlo, pienso. No puedo irme. No soy lo suficientemente valiente.
Abro la boca otra vez, pero recuerdo lo que me dijo. Tenemos que guardar silencio. Así que solo agito frenéticamente la cabeza, esperando que pueda sentir el terror en mis ojos. Edward lo capta y me rodea gentilmente con sus brazos para jalarme a un abrazo. Me sostiene por un segundo, exhala su cálido aliento en mi cabello mojado, sus labios rozan mi sien.
—Está bien —me susurra al oído, en voz baja y tranquilizadora. Sus palabras me brindan confort por un momento, y me trago mi miedo.
—Espera —susurro.
Jake voltea hacia atrás como si estuviera molesto.
—¿Por qué se detienen? Tenemos que movernos.
Edward lo mira con enojo.
—Danos un minuto —gruñe en voz baja.
Jake nos apacigua, pero justo antes de alejarse para darnos privacidad, le entrega una llave a Edward.
—Si te vas hacia el oeste desde aquí, mi moto está a unos cuarenta y cinco metros de distancia —explica Jake—. Puedes llevártela cuando te vayas. Solo no enciendas el motor hasta que estés lo suficientemente lejos.
Sus palabras me sobresaltan de inmediato y ver a Edward guardarse la llave me confunde todavía más.
—¿Qué? —pregunto, pero Edward evita mi mirada—. ¿Qué está diciendo? —Lo miro a él, luego a Jake y de regreso a Edward. La culpa aparece en su rostro y entro en pánico de inmediato—. ¿Tú… tú no vas a venir?
—Todavía no. Tienes que irte primero, con Jake. Yo llegaré allá pronto, tal vez en una semana más o menos.
Mi cuerpo se enfría más de lo que ya estaba.
—No.
—Todo estará bien. No soy yo a quien estarán buscando. Necesito más tiempo para planear cómo sacar a Esme. Así que solo… —Me aferro a su camiseta empapada e intenta soltarse de mis manos—. Tienes que hacer esto, Bell.
—No puedo dejarte —murmuro, luchando contra él para enterrar la cara en su pecho. Cede y me abraza con fuerza, respirando en mi cabello.
—Nena, tienes que hacerlo.
—Ven conmigo. Por favor —le ruego—. Por favor. No puedo ir allá sin saber si alguna vez lograrás regresar a mí.
Es egoísta de mi parte rogarle esto. Lo es. Pero me mintió. Dijo que vendría conmigo, y que Esme vendría después. No lo cuestioné porque, ¿por qué lo haría? El que Edward se quede crea demasiadas oportunidades para cometer un error. ¿Y si alguien descubre que regresó? ¿Y si se esparce el rumor y los ejecutores lo encierran? O peor, ¿y si lo matan? Es un fugitivo y evadió su fecha de emparejamiento. ¿Y si mi desaparición genera preguntas y deciden vigilar más de cerca la frontera, arruinando sus oportunidades de salir con su mamá? Todos esos riesgos no parecen valer la pena. Estamos aquí ahora y simplemente debería venir conmigo.
—No te quedes aquí —repito, el terror me llena los huesos.
—Tengo que hacerlo —murmura, y cuando empiezo a llorar, pasa una mano por mi nuca—. Te veré pronto. Muy jodidamente pronto. Te lo prometo. No puedo dejar a mi mamá. Lo sabes.
—No. No lo sabía porque me mentiste —lloro. Tal vez es estúpido concentrarme en eso justo ahora, pero estoy enojada—. Debiste habérmelo dicho antes, así pude haberme hecho a la idea. Ahora estamos aquí y se supone que debo… ¿dejarte? Al carajo con eso.
—Tal vez la cagué —murmura con culpa—. Pero sabía que no te irías sin mí. No tuve tiempo suficiente para arreglar la situación con mi mamá y mantenerte a salvo. Entiéndelo por favor, Bella. Por favor.
—Puedo esconderme. Hasta que Esme y tú puedan venir. No tengo que irme ya…
—Bella, no.
—Pero…
—Tienes que irte. Ya te están buscando, quiero decir… carajo. Fueron a la casa —me recuerda, mi estómago se retuerce con angustia sobre lo cerca que estuvieron de atraparnos—. Estás desperdiciando tiempo. —Lo dice como si ahora él fuera el molesto, y hace que mi estómago hierva de enojo.
—No. —Estoy sollozando y aferrándome otra vez a su camiseta, y él me está empujando. Toma mis manos e intenta romper el agarre que tengo en él, y carajo lo odio por esto—. Te odio —le digo, llorando y jadeando por aire.
—Yo también me odio. Pero te amo. Muchísimo —murmura, se le rompe la vez—. ¿Bien? Por favor, no lo olvides. Jake se asegurará de que llegues allá a salvo.
—Te amo —me retracto, temo que esas odiosas palabras puedan ser las últimas—. No me obligues a hacer esto. —Vuelvo a estirar las manos hacia él, desesperada por su confort.
—Shh —murmura, limpiándome las mejillas con sus pulgares. Pero luego veo sus ojos brillar, y no puedo contenerme—. Está bien. Estarás bien. Hay gente esperándote. Rose te está esperando. Ella te necesita. Estaré contigo pronto.
—Edward…
—No. ¿Crees que he luchado por tanto tiempo y con tantas fuerzas por ti, por nosotros, para dejar que todo se desmorone? No. No voy a dejar que suceda nada. Por favor, confía en mí, Bella. Solo… vete. Por favor. Vete carajo —me suplica, su voz se rompe—. Si no te vas, entonces dejaré que te quedes, y ya no podré seguirte alejando. Si te quedas, nos separarán y no puedo vivir así. Así que solo vete… por favor… —Sus palabras se van apagando, rompiendo mi corazón.
Tiene razón. Necesito confiar en él, y necesito ser fuerte. Por él. Por Rose. Y por Emmett también. Tengo el corazón roto y estoy más que aterrada de que él piense que esto es lo mejor, pero no hay tiempo para discutir. No hay tiempo para hacerlo cambiar de parecer. Hizo esto a propósito para asegurarse de que me viera obligada a ir sin él. Por muy enojada que esté, no lo odio. No es así. Nunca podría odiarlo. La culpa por haberle dicho eso me hace sentir enferma.
Se oye un leve sonido a la distancia y Jake se acerca, lanzándonos una mirada de advertencia.
Es hora.
Edward apoya su frente en la mía y exhala temblorosamente.
—Te amo —susurra cuando nos separamos—. Lo siento.
—También te amo. —Lo beso una última vez y reúno valor de sus labios—. Te amo —repito una vez más, esperando que lo sepa.
Con la cerca a solo centímetros de nosotros, miro su burlón zigzag de acero. Vacilo, así que Edward la toma primero mientras contengo el aliento. Justo cuando está a punto de tocarla cierro los ojos con fuerza. Estoy a la expectativa de que él sea sacudido a causa de la electricidad, pero solo hay silencio. Cuando abro los ojos, veo que sigue ahí parado, tocando la cerca fría e inerte. No tiene electricidad, justo como dijo.
Me hace una seña para que me vaya y respiro profundamente, estirando la mano para entrelazar mis dedos entre el patrón de diamantes. Con mano temblorosa, finalmente la toco.
Y nada.
No hay electricidad. No hay energía. Nada más que el control invisible que tiene sobre nosotros para mantenernos temerosos y en línea.
Se me atora la respiración en la garganta, cada mentira me golpea con plena fuerza.
Siento ganas de llorar o gritar, pero en vez de eso me lleno de una nueva determinación. Edward me besa una última vez antes de yo agarrar la cerca y trepar. No miro abajo, y me consuelo al saber que Jake estará justo detrás de mí. Tiene al menos quince metros de alto, o eso nos han dicho, pero se siente mucho más alta. Se siente frágil debajo de mí, y el acero se pandea ligeramente y se mece con cada movimiento. Duele debajo de mis manos, pero sigo avanzando, abriéndome paso. El miedo de estar tan expuesta y saber que podrían vernos o dispararnos sobrepasa mi dolor.
Cuando llego a la cima, mis miembros tiemblan al intentar saltar al otro lado para evitar el alambre de púas. Me atoro unas cuantas veces, las púas de metal rozan mi piel, haciéndome sangrar. Casi pierdo el balance y me resbalo, pero de laguna manera puedo detener el grito que burbujea en mi garganta. Jake está en la cima entonces, junto a mí, asintiéndome para darme ánimos. Mi dolor y su reafirmación me empujan para seguir moviéndome y pronto todo lo que queda es bajar.
De pronto me encuentro al otro lado con los pies sobre la grava.
De repente soy libre.
Jake salta los últimos metros para reunirse conmigo.
Miro hacia atrás y Edward está ahí, la cerca está entre nosotros. Se siente mal dejarlo atrás, y no puedo descifrar la mirada en sus ojos. No hay tiempo suficiente. Meto mis dedos entre el acero y estiro la mano hacia él una vez más. Entrelaza sus dedos con los míos, apretándolos una vez, y la mirada en su rostro me mata. Está devastado, como si no tuviera la fuerza para ver que me voy. Espero que diga un último "Te amo" o algo alentador, pero solo susurra:
—Vete.
Así que corremos.
