Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Epílogo
Cinco años después
El aniversario de la muerte de Emmett siempre trae consigo una tristeza renovada, pero encontramos alegría en nuestros recuerdos de él.
Tan seguido como nuestros recuerdos se sienten sanadores, hay otras ocasiones en que empeoran la pérdida. Como cuando el pequeño Em pregunta por qué su prima tiene un papi, pero él no. O cuando Rose está teniendo un día difícil y lo deja con nosotros por unas horas. Su nariz siempre está roja y sus ojos vidriosos al regresar. Sin embargo, no le gusta hablar de eso, así que dejé de intentarlo.
Ella no es la misma después de todo. Ninguno de nosotros lo es. Lo que vivimos fue traumático. La desesperada necesidad por escapar de un mundo tóxico, y luego la fuerza de voluntad para solo sobrevivir.
Y lo hicimos. Por cuatro años y medio, sobrevivimos en la naturaleza. Renunciamos a los lujos e incluso a algunas necesidades diarias para poder vivir libremente, algunos días no sé cómo lo lográbamos, en especial durante los inviernos que tuvimos que aguantar. Todo lo que sé es que si tuviéramos que hacerlo todo otra vez, lo haríamos porque habernos ido significa que estamos aquí ahora. De regreso en la ciudad, sin cercas ni fronteras encerrándonos. Habernos ido significa que pudimos evitar la revolución y el caos cuando la información que le di a Carmen llevó a otros a comprender que había una corrupción generalizada sucediendo.
Pero más importante que cualquier cosa, significa que jamás alterarán los recuerdos de mi hija. No alterarán los de nadie. Nunca más. Y tan solo eso hace que valga la pena el sacrificio que hicimos.
XXX
—Buenos días —murmura Edward con una sonrisa adormilada mientras se estira en nuestra cama.
Yo ya llevo horas despierta, disfrutando del silencio de él y nuestra hija durmiendo. Bueno, él durmió. Lilly se despertó a las cinco, luego se volvió a dormir cuando se metió a la cama con nosotros. Pepper, por supuesto, la siguió.
Ajustarnos a la vida en la ciudad ha sido más difícil de lo que imaginé. No necesariamente para Edward o para mí, sino para nuestra hija de cuatro años. Ha estado más apegada y me quiere tener a todas horas del día. No duerme en su propia habitación y llora cuando la dejamos. Pero tiene sentido. Éramos inseparables en las tierras no incorporadas porque no teníamos opción. Ella dormía en nuestra cama y estaba con nosotros en todo momento. Ahora que estamos de regreso en casa e intentando llevar una vida normal otra vez, ha sido difícil. A veces olvido que esto no es normal para ella. La naturaleza era su hogar. Algunos días me siento culpable por regresar. Otros días sé que esto es lo mejor.
Es una etapa. Saldremos adelante. Hemos pasado por cosas peores antes.
Lillian Esme Cullen nació casi ocho meses después de reubicarnos en las tierras no incorporadas. Tiene los ojos color avellana de su padre y su valor. Tiene mis labios y mi tenacidad. Mirar a Edward con ella es una de mis cosas favoritas en todo el mundo.
—¿Cuándo llegó? —pregunta en voz baja, apartándole un poco de su fino cabello castaño de la cara.
—Temprano esta mañana.
Se mueve para sentarse un poco y se inclina para besarme.
—¿Llevas despierta un rato?
Me encojo de hombros. Sí, pero está bien. Estoy nerviosa por lo de hoy, pero no necesariamente quiero entrar en eso ahora.
—Sabes que no tienes que hacer esto —murmura Edward porque lo sabe, incluso sin que yo tenga que darle voz a mis preocupaciones y dudas. Es demasiado intuitivo para no darse cuenta.
—Lo sé.
—De hecho, desearía que no lo hicieras.
No quiere que visite a Charlie y lo entiendo. Yo tampoco he tenido el deseo de verlo. Después de tener a Lilly, mi enojo y resentimiento hacia Charlie se convirtió en algo nocivo. Algo más oscuro. Después de tener a mi propia hija, lo entendí menos y no podía imaginar cómo es que él pudo lastimarme de esa forma. Yo moriría por Lilly. Haría cualquier cosa por hacerla feliz. Pero Charlie se preocupó por sí mismo y lo que era mejor para él. Nunca, jamás, entenderé su motivación.
—Sé que no quieres que vaya, pero… —me quedo callada.
—Iré contigo —insiste Edward.
—No te quiero cerca de él —digo con fervor—. Tampoco a Lilly.
Abre la boca para decir algo, pero Lilly se mueve y él se queda callado.
No he visto ni hablado con Charlie desde la noche en que celebramos mi emparejamiento con James. Hay cosas que quiero decirle… a solas. Cosas que necesito sacarme del pecho. Podría evitarlo por el resto de mi vida y creo que él entendería la indirecta, que significa nada para mí y que me alegra que se esté pudriendo en prisión. Pero en el fondo de mi mente, sé que esta animosidad no me beneficia. No me sirve. Aunque finalmente estoy viviendo la vida que merezco, saber todo a lo que tuve que renunciar y lo duro que tuve que luchar para hacerlo suceder me sigue llenando de rabia. Creo que Charlie merece saber eso.
—No entraré, pero estaré ahí esperándote afuera —dice Edward con tono definitivo—. Lilly puede quedarse con Carmen.
—Bien —acepto, sé que tendremos que llegar a un compromiso en esto.
—Bien —repite Edward con una sonrisita en la cara—. Sabes que Lill saca su terquedad de ti.
—Usualmente te refieres a ello como tenacidad —me río en voz baja.
—Es terquedad cuando no quiero que hagas algo —aclara con ojos brillantes.
—Es una de las cosas que más amas de mí —lo provoco y se inclina para darme otro beso.
—Tienes razón. Sí lo es —murmura sobre mis labios—. Entre… otras cosas.
Lilly se remueve entre nosotros y nos congelamos cuando sus pequeñas pestañas revolotean para revelar unos adormilados ojos avellana.
—¿Mamá? —gimotea.
Paso una mano tranquilizadora sobre su mejilla y se relaja antes de darse la vuelta y acurrucar su cuerpo con el mío.
Pepper se levanta y se estira antes de acurrucarse más cerca de Lilly, acomodándose para tomar otra siesta.
Edward suspira.
—¿Preparo el desayuno?
Asiento y musito "te amo" antes de que él me vuelva a besar, luego le da un beso a Lill y se levanta de la cama.
XXX
El viaje para visitar a Charlie transcurre en silencio al no tener a Lilly en el asiento trasero parloteando. Miro por la ventana, repasando mentalmente todo lo que le quiero decir, pero todo en lo que puedo pensar es en las lágrimas de Lilly cuando Edward la sacó de su sillita para carro y ella comprendió que la íbamos a dejar con Carmen.
Desde que regresamos, Carmen se ha portado como una abuela para Lilly y el pequeño Em. Los ama con fiereza, de la misma forma en que nos amó a Emmett y a mí, y agradezco mucho tenerla otra vez en nuestras vidas.
—¿La traumamos al mudarnos de regreso? —pregunto.
—No. Tardará un tiempo en ajustarse, así que por favor deja de sentirte culpable —dice Edward con un suspiro resignado.
—Lo sé, lo sé.
—Oye. —Lo miro, y toma mi mano, su otra mano sigue en el volante. Sus ojos dejan brevemente la carretera para mirarme a mí, y se lleva mi mano a la boca para besarla—. Siempre hemos hecho lo mejor para ella. Esto no es diferente. ¿Cuál era la otra alternativa? ¿Vivir allá afuera para siempre?
Ahora que estamos de regreso no puedo imaginar estar otra vez allá. Pudimos haber regresado antes, o sea inmediatamente después de que tiraran la cerca hace dos años, pero nos esperamos un poco. Sentíamos reticencia, todavía inseguros por todos los eventos que habían ocurrido aquí. No queríamos quedar atrapados en el caos que rodeaba todo.
—Ella estará bien —me asegura Edward—. Apenas llevamos seis meses de regreso. Se acostumbrará.
Sé que tiene razón. Es que no puedo evitar preocuparme.
—Tal vez necesita un hermanito a quien cuidar —digo, mirando su perfil y esperando una reacción—. O una hermanita.
Alza las cejas y sonríe.
—¿Sí?
Después de que naciera Lilly, tomamos todas las precauciones posibles para no embarazarnos una segunda vez. Criar una hija en la naturaleza, bajo esas condiciones, fue razón suficiente para contenernos.
—Ella está creciendo muy rápido —digo, rememorando con cariño esos primeros días. Parece que cuidar a un recién nacido fue más fácil que esta etapa nueva—. Extraño los días cuando era bebé.
—Yo extraño hacer bebés contigo —dice Edward con una sonrisita, manteniendo los ojos en la carretera.
—O sea, no es que hayamos detenido por completo esa parte. —Todavía tenemos sexo siempre que podemos. No es como antes, pero aun así—. ¿Deberíamos intentarlo de verdad? —pregunto, ahora en serio.
Se queda callado mientras lo contempla.
—Me gustaría tener más hijos.
—Te daré todos los bebés que quieras —digo con dulzura, mi corazón se alza en vuelo.
—¿Hoy? —pregunta, su sonrisa es contagiosa.
—¿Qué? —pregunto sonriendo.
—¿Eso significa que podemos empezar a intentar hoy?
Me río.
—Tal vez.
—¿Tal vez? —repite, desanimado.
Con mis dedos todavía entrelazados con los suyos, se lleva otra vez mi mano a su boca, pero en esta ocasión deja un reguero de besos en la parte interna de mi muñeca y sube un poco por mi brazo. Me cosquillea la piel. Mi estómago da vueltas. Hay un dolor firme entre mis piernas cuando recuerdo cuánto tiempo ha pasado en realidad.
—Hoy —digo al fin, mi voz suena más baja y más seductora.
Sus ojos se mueven a los míos, juguetones y cachondos.
—Bien.
XXX
El cuarto donde espero a Charlie es estéril y vacío. Me inquieta, casi me recuerda a mis días en la clínica. No hay plexiglás, nada que nos separe. No estoy segura de qué estaba esperando, pero no era esto.
La puerta se abre y Charlie entra escoltado con las manos esposadas. También los tobillos. Me hace sentir mejor el tener un signo visible de que le han quitado su libertad. Sin importar cuánto poder crea que todavía puede tener, siempre estará aquí, pudriéndose. Incapaz de lastimar a alguien otra vez.
El guardia se para en la esquina de la habitación. Su presencia es abrumadora, pero lo aprecio.
Dejo que Charlie se acomode mientras analizo su apariencia. No ha envejecido para nada bien. Su cabello y bigote se han vuelto grises, su cara está desgastada y cansada. Me pregunto cuánto de esto tiene que ver con el tiempo y cuánto con el estrés.
Abre la boca para hablar, pero alzo una mano. No quiero que él tenga la primera ni la última palabra. No quiero escuchar lo que sea que cree que tiene que decir. Todavía no.
—Casi no vengo hoy —le digo.
—Me alegra que vinieras.
Eso me sorprende. Creí que sería la última persona a la que querría ver, en especial ya que probablemente sabe sobre mi involucramiento con todo. No fui yo quien tumbó el gobierno para nada, pero parece que la información que le di a Carmen fue la primera ficha de dominó que cayó.
Después de que Edward y yo escapáramos, todos los de la lista de personas que fueron obligados a hacerse el Procedimiento fueron contactados e informados sobre lo que les había pasado. Algunos lo creyeron. Otros no. Pero en definitiva eso generó algunas preguntas.
Pronto empezaron a salir persona tras persona para admitir su asociación con los Procedimientos forzados. Tal vez pensaron que si confesaban antes de que esa mierda explotara les tendrían clemencia. Los Procedimientos forzados iban desde políticos eliminando recuerdos para avanzar sus carreras, a otros que simplemente querían a ciertas personas eliminadas para su propio beneficio. Todo provenía de los celos y el control. Una manipulación completa del sistema. Cuando el gobierno se enteró de que había cierta verdad en la información que había sido filtrada, tomaron acciones y empezaron una investigación.
La decisión de prohibir el Procedimiento no ocurrió de la noche a la mañana. Escuchamos que fue un proceso extenuante y tomó años de protestas y motines, múltiples investigaciones y juicios para llegar al cambio. Nosotros esperamos pacientemente a que todo pasara. Vivíamos nuestra vida lo más lejos posible de todo esto, de la mejor manera que podíamos, hasta que nos sentimos lo suficientemente seguros para regresar.
Al parecer Charlie estuvo involucrado en mucho más que solo obligarnos a Edward y a mí. Usó el Procedimiento para su beneficio en todos los aspectos de su vida, desde la parte profesional hasta la personal. Tenía un equipo corrupto trabajando para él. Me dijeron que nunca confesó. Nunca aceptó su parte. Esperó hasta que llegaron los ejecutores y lo pusieron bajo arresto. Eso me hace odiarlo todavía más.
—¿Cómo está Edward? —pregunta Charlie, sacándome de mis pensamientos. Me resisto ante su jodido descaro, mi sangre ya está hirviendo.
—No vine aquí para hablar de Edward. De hecho, preferiría que mantuvieras su nombre fuera de tu boca. —Charlie se remueve incómodo, guardando silencio—. Vine aquí a ver si es que siquiera te sientes un poco arrepentido por todo lo que hiciste.
—Por supuesto que sí —dice sin emoción.
Escudriño su rostro.
—De verdad que intenté seguir adelante y soltar todo el enojo que siento por ti, pero… entre más crece mi hija, menos te entiendo.
—¿Tengo una nieta? —pregunta, su voz suena un poco más suave ahora.
—No. Edward y yo tenemos una hija. Tú no tienes nada —digo simplemente, sosteniendo su mirada.
—Bella, tienes que entender… —empieza a decir y casi me río.
—¿Vas a intentar convencerme de que lo que hiciste fue por mi propio bien?
—Sería bueno para ti conocer toda la historia —aclara, se inclina un poco hacia adelante, posa ahora sus manos esposadas sobre la mesa—. Solo hacía lo que se había estado haciendo durante años incluso antes de que yo fuera alcalde. Nada de esto fue mi idea. Nada de…
—Entonces, no estás aceptando nada de responsabilidad —digo rotundamente, ya me siento indiferente ante cómo está resultando esto. O sea, supuse que él intentaría culpar a otros por sus acciones, solo que no pensé que lo intentaría desde tan pronto—. No importa qué política o corrupción estaba ahí antes de ti. Lo que importa es que tú seguiste con eso. No lo detuviste. Y luego lo usaste para tu beneficio. Amenazaste al hombre que amo. Borraste mi memoria. Lo alejaste de mí cuando tenía el derecho de elegir con quién quería ser emparejada —digo, mi tono suena más agudo ahora—. ¿Cómo carajos te atreves?
—Sí me siento mal por eso —murmura, pero no siento nada de remordimiento proviniendo de él.
—¿También te sientes mal por Renée? —pregunto, y al fin sus ojos brillan con algo cercano al arrepentimiento.
—No me hables sobre tu madre —me ruega en voz baja—. Por favor.
Nunca conoceré la profundidad del involucramiento de Renée en todo esto. Nunca la volví a ver después de esa noche que hablamos en la oficina de Charlie. Todo lo que sé es que, poco después de que todos fueron inculpados, Renée tomó cartas en el asunto con píldoras y alcohol. La policía debió encontrarla debido a que Charlie ya estaba encerrado y sentenciado a una vida en prisión.
—¿Qué quieres de mí? ¿Viniste aquí para hacerme sentir culpable? —pregunta Charlie, sacándome de mis sombríos pensamientos—. Isabella, lo siento. No hay dudas de que lo siento. Me odio por lo que te hice. Tu madre y yo de verdad creíamos que era lo mejor, pero ahora veo que estaba equivocado, y yo… —se queda callado—. No puedo volver atrás. No puedo cambiar nada de esto.
—Si pudieras, ¿lo harías? —pregunto, y no me responde. Al menos puedo apreciar su silencio si no puede ser honesto conmigo—. No quiero nada de ti —digo tranquilamente—. Solo quería asegurarme de que de verdad estuvieras encerrado para que no puedas volver a lastimarme a mí ni a mi familia ahora que estamos de regreso. Y quería que supieras que soy feliz. No es que mi felicidad te haya importado en algún momento, pero… —Soy yo la que se queda callada esta vez, y sus ojos brillan con lágrimas contenidas—. Jamás te perdonaré.
—No espero que lo hagas.
—Bien. —Al fin algo en lo que podemos estar de acuerdo—. Sabes, es el aniversario de la muerte de Emmett.
Baja la vista a su regazo.
—Lo sé.
—¿Sabías que estaba muerto? ¿Todo este tiempo?
—No. Asumí que había escapado —admite.
—Escapó —digo con orgullo—. Arriesgó su propia vida para proteger a Rose y a su bebé. También salvó la vida de Edward ese día. Em habría sido el mejor de los papás. Pero tú le quitaste eso.
—Intentó escapar por voluntad propia —replica Charlie—. Yo no tuve nada que ver…
—Se fue porque no le diste opción. Él quería estar con Rose. Y tú no lo habrías dejado. Así que sí, también te culpo por su muerte.
Charlie deja caer la cabeza y suspira.
—Lo siento. Nunca quise que pasara nada de esto.
Me encojo de hombros y me paro de la silla. Incluso si él no quería que pasara nada de esto, aun así dejó que ocurriera. Y eso no es lo suficientemente bueno. Nunca será lo suficientemente bueno. Me doy cuenta ahora de que no necesito su disculpa. Nunca la he necesitado.
—Una parte de mí solía desear que el Procedimiento siguiera vigente para poder hacerte lo mismo. Pero no te lo mereces —digo en voz baja. Durante un momento se ve sorprendido, luego añado—: Eso sería demasiado fácil. Creo que saber que tienes que vivir con lo que has hecho por el resto de tu vida es particularmente satisfactorio.
Le doy la espalda en ese momento, ya había dicho lo último que necesitaba decir.
Cuando llego a la puerta, él habla.
—¿Cómo es ella? —pregunta, y asumo que se refiere a Lilly.
Volteo para verlo y durante un momento veo un destello del hombre al que solía amar incondicionalmente. El hombre al que admiraba y adoraba. Pero su amor venía con condiciones, y su promesa de mantenerme a salvo fue una mentira.
—No mereces saber nada sobre ella —le digo con fuego tras mi mirada—. Ella tampoco sabrá nunca de ti.
Tal vez si un día Lilly pregunta por su abuelo, le contaré sobre él. Hasta entonces no pronunciaré su nombre. Él no se merece ocupar la mente de mi hija. Y para cuando ella sea lo suficientemente mayor para saber la verdad sobre todo, él ya estará muerto.
XXX
Edward está esperándome afuera cuando termino con Charlie.
Analiza mi cara y la preocupación le nubla la expresión.
—Eso fue rápido —dice, se aleja de la pared de cemento en la que está recargado.
—No tenía mucho que decirle.
Me jala a un abrazo, y me paro de puntillas para rodearle el cuello con los brazos.
—¿Estás bien? —pregunta, exhalando en mi cabello.
Cierro los ojos con fuerza y tomo una respiración sanadora.
—Estoy bien.
—¿Te sientes mejor?
—Todavía no lo sé —murmuro, apartándome para verlo. En realidad no sé cómo me siento—. ¿Me llevas a casa?
La mirada de Edward se suaviza.
—Bien.
—Podemos recoger a Lilly de camino.
Niega con la cabeza.
—¿Por qué no la dejamos quedarse con Carmen un ratito más? Acabo de llamar hace unos minutos y Rose ya había dejado a Em, así que están ocupados jugando.
—¿No está suplicando volver a casa?
—No, está bien.
Con un beso en mi sien, Edward me guía de regreso al carro.
La casa está silenciosa sin Lilly corriendo por ahí. Pepper se mete de inmediato entre mis piernas, maullándome.
—Tu mejor amiga volverá pronto —le digo a Pepper, frotando su cabecita.
El teléfono de Edward suena y responde, saludando a nuestro abogado. Me muevo hacia la sala para dejarlos hablar, no quiero enfocarme en todo eso justo ahora.
Después de que todo terminara, a todos los que se vieron obligados a hacerse el Procedimiento les dieron una gran cantidad de dinero para arreglar los delitos del gobierno. Esto nos ayudó a establecernos cuando regresamos. Pero es el dinero que Renée dejó lo que nos mantendrá de pie por mucho tiempo.
Una semana antes de quitarse la vida, cambió su testamente para dejarme todo. Sin embargo, lo descubrimos apenas hace un mes. Al principio yo no quería tener nada que ver con su dinero por lástima. Pero después de muchas conversaciones largas con Edward, y por la necesidad de mantener a Lilly y a nuestra familia, acepté el gesto de Renée por lo que era. Una disculpa, una admisión de culpa, y la oferta de una vida cómoda, todo eso era lo mínimo que me debía.
Con Edward todavía al teléfono, empiezo a limpiar al instante, recojo diferentes artículos que tienen que guardarse. Juguetes. El desayuno de esta mañana. El proyecto de arte abandonado con el que intenté distraer a Lilly, y a mí misma, antes de visitar a Charlie.
Cuando ya no puedo escuchar los murmullos de Edward y asumo que ya terminó la llamada, le hablo.
—¿Qué quieres de cenar?
Me encuentra en la cocina, llenando el fregadero para lavar los trastes sucios.
—Bell. —Cierra el agua, me está mirando.
—¿Qué?
—Yo puedo hacer todo esto —insiste.
—No me molesta —le digo, estoy desesperada por la distracción.
—Tómate un minuto, nena.
—Estoy bien —digo de forma automática—. ¿Qué quería Jenks?
Edward me mira, pero dice:
—Solo tenemos que llenar unos cuantos documentos más antes de que todo quede arreglado y a tu nombre.
—Bien. —Vuelvo a abrir el agua, regresando a los trastes, pero Edward la cierra otra vez.
—Oye.
—¿Qué?
—Acabas de ver a tu padre por primera vez en… años. Está bien solo… sentir.
Estoy a punto de protestar otra vez, pero me permito asimilar sus palabras.
—Está bien —repite, esta vez de forma más gentil, acomodándome un mechón de cabello detrás de la oreja.
La forma en que lo dice con tanta sinceridad, tan suavemente, hace que me duela el corazón. Me disuelvo en mi tristeza, y me acerco más a él, apoyando la cara en su pecho. Con sus brazos a mi alrededor, cedo ante mis emociones. Había mantenido esta fría fachada por tanto tiempo, necesitando que mi enojo me alimentara. Necesitando sobrevivir por él y por Lilly. Necesitando ser fuerte para Rose y el pequeño Em. Nunca me permití tener el tiempo para llorar apropiadamente la vida que de pronto había dejado atrás y la familia que había perdido. La familia que me despreció.
Parada ahí en medio de la cocina, me permito derrumbarme y llorar. Edward solo me abraza. Fuerte y firme y reconfortante. Me permite el espacio para soltarme y solo estar… triste. Sin embargo, debajo de ese tono sombrío, me siento agradecida. De verdad que sí. Hay una sensación de alivio que viene con la confrontación. Aunque me resultó difícil responder su pregunta de hace rato, sí me siento mejor. No exactamente sanada o completa, y definitivamente mi corazón todavía se siente vulnerable y en carne viva. Saber que Charlie pasará el resto de sus años entendiendo lo ultrajada y resentida y destrozada que he estado me hace sentir ligeramente enmendada. Tal vez es algo retorcido, pero siento que puedo seguir adelante.
Como si al fin, finalmente, fuera libre.
Eventualmente mis lágrimas se detienen y nuestro abrazo se convierte lentamente en un beso. Son mis labios los que encuentran los suyos. Mis manos que lo jalan, necesitándolo más cerca. Nuestro beso es casto y amoroso. Lento y dulce.
—Nena, no tenemos que… —empieza a decir, y niego con la cabeza.
—Déjame amarte. Por favor.
Traga y busca algo en mi cara, luego besa un camino de mi boca, hacia mi mandíbula, hasta mi cuello. Me inclino en sus caricias, ninguno de nosotros intenta apurar este tiempo a solas que rara vez tenemos.
Cuando sus manos bajan por mi cuerpo y acunan mi culo, gimo. Me alza para rodearle las caderas con mis piernas, y con las bocas todavía pegadas, nos lleva hacia la habitación. Me recuesta con facilidad y se acomoda entre mis piernas, y nos tomamos un momento.
Me mira como si estuviera analizando cada pequeño detalle. Como si no pudiera tener suficiente. Como si fuera la mejor cosa que ha visto en su vida. Yo lo bebo con la misma intensidad, me siento tan abrumada y tan, tan jodidamente amada y afortunada y solo… agradecida.
—¿En qué estás pensando? —pregunta con voz grave, con los ojos en mis labios.
—En ti.
Su sonrisa es tímida.
—¿Qué hay conmigo?
—Lo bueno que eres conmigo. Y Lilly.
—Ahora no es el momento de pensar en Lilly… —se queda callado, riéndose de forma autocrítica.
—Sabes a qué me refiero —me río y sonríe.
—Lo sé. —Suspira, acurruca su cara en el hueco de mi cuello, deja el beso más gentil del mundo en mi piel. Otro beso luego, pero esta vez permanece ahí y hay fuego detrás de él. Esta vez, empuja sus caderas contra las mías, haciéndome gemir.
Nos tomamos nuestro tiempo al desvestirnos, y nos deleitamos en la libertad de hacerlo. Ir lentos y enfocarnos únicamente en nosotros es algo que muy pocas veces podemos hacer ahora. Usualmente es sexo rápido entre momentos apresurados, esperando que Lilly no aparezca. Justo ahora es lento y apasionado, tierno y dulce.
Es como solía ser, y me hincha el corazón.
Cuando embiste en mí, no tengo que ser callada. Y cuando lo monto, lento y deliberadamente para torturarlo, él tampoco tiene que contenerse. Gime y maldice en voz alta mientras me dice que lo monte más rápido, así que le doy lo que quiere.
Me corro primero y la ola de placer parece durar más tiempo y es más intensa de lo que he sentido en un muy largo tiempo.
—Maldición, te sientes tan jodidamente bien —dice entre dientes, sintiendo que me tenso a su alrededor, su boca se abre cuando ve hacia el punto donde estamos conectados—. Carajo, me voy a correr —advierte, pero luego el alivio pasa sobre su rostro cuando recuerda que no tiene que salirse en esta ocasión.
Luego flojeamos un poco y nos quedamos en la cama tanto como podemos. Riendo y tocándonos. Siendo dulces entre nosotros. Nos quedamos desvestidos y absorbemos los momentos libres de niños que todavía están disponibles para nosotros.
—Entonces… —se queda callado, baja besando por mi cuerpo desnudo, alza la vista hacia mí con los ojos más intensos del mundo antes de presionar su boca en el lugar donde él estaba apenas hace veinte minutos—. ¿Segunda ronda? —pregunta, su voz vibra alrededor de mi clítoris.
—¿Oh? —pregunto, intrigada y excitada y tan, tan dispuesta.
—Quiero decir, solo en caso de que la primera vez no funcionara —se ríe, se queda entre mis piernas, pero se pone de rodillas—. Nos vendría bien intentarlo tanto como podamos.
—¿Segunda ronda para el bebé número dos?
—Tiene sentido para mí —acepta, con voz profunda y ronca y tan jodidamente sexy mientras se acaricia un par de veces antes de deslizarse otra vez dentro de mí.
No hay nada lento en esta ocasión. Es rápido y necesitado. Salvaje e innecesario. Perseguimos nuestro placer, ambos nos corremos al unísono hasta que su cuerpo queda inerte sobre el mío.
Cuando alza la cabeza veo cierto brillo en sus ojos. El sudor hace que se le pegue el cabello a la frente y se lo aparto.
—Te ves muy complacido contigo mismo —me río.
—Diría que me siento más que un poco complacido —dice sin aliento, quitándose de encima de mí—. ¿Dos veces seguidas? Eso no pasa nunca.
—Pasará todavía menos con otro hijo —digo como reflexionando.
—Nos daremos el tiempo —promete, sus labios encuentran mi hombro antes de dejar el más dulce de los besos en mi abdomen—. Sé un niño por favor, ¿sí? No creo que mi corazón pueda aguantar a otra niña —le dice a mi estómago.
Me río y lo jalo.
—Vente acá arriba, rarito.
—Me amas —dice con una sonrisa orgullosa que le hace entrecerrar los ojos.
—Por supuesto que sí —le digo con sinceridad—. Siempre te amaré.
Con nuestro tiempo a solas llegando a su fin, nos bañamos juntos, tallamos la espalda del otro y cada uno lava el cabello del otro. Yo permanezco debajo del chorro de agua caliente, pero él se sale antes de mí, me insta a quedarme en casa y relajarme mientras él va a recoger a Lilly.
Cuando salgo de la ducha, mi toalla y mi bata ya me están esperando en la encimera, y un corazón borroso está dibujado en el espejo. Sonrío, mi pecho se hincha con cariño mientras añado un segundo corazón dentro del suyo.
XXX
En vez de limpiar la casa, le tomo la palabra a Edward y me relajo. Me sirvo una copa de vino y abro un libro que llevo tiempo queriendo leer, deleitándome del silencio todo el tiempo que pueda.
Cuando pasa una hora y Edward sigue sin volver con Lilly, empiezo a extrañarlos. La casa está demasiado callada. Demasiado solitaria. Estoy a punto de llamarlo y ver dónde están cuando escucho su carro entrar a la cochera. Me reúno con ellos en la puerta, cargo a Lilly que viene corriendo directo hacia mí.
—¡Mira! —grita, alzando un cisne de papel, los mismos que Carmen solía hacer conmigo cuando era más joven—. Es un pajado —dice, su "r" suena muy parecida a una "d".
—Me encanta —me río cuando ella finge que lo hace volar y lo aterriza en mi cabello húmedo.
Edward sigue detrás del carro, bajando unas cosas. Con Lilly en mi cadera, me acerco a él para encontrar una casa de campaña y sacos de dormir, y unos cuantos haces de leña en la cajuela.
—¿Qué es todo esto? —pregunto.
—Puede que le haya prometido a Lilly que podíamos acampar en el patio esta noche. Como en c-a-s-a —deletrea Edward, dedicándome una mirada. Ella sigue refiriéndose a las tierras no incorporadas como su casa, así que a veces evitamos decirlo—. Fue la única forma en que me permitió dejarla con Carmen esta mañana.
—Acampar, ¿eh? —repito, no detesto la idea—. Pero ya casi es invierno.
—Sí, supuse que cuando ella se duerma podemos mover esto adentro —dice en voz más baja.
—Bien. Supongo que vamos a acampar —digo animadamente, besando la mejilla de Lilly. Si podemos encontrar un compromiso para permitirle ajustarse lentamente a esta nueva vida, estoy totalmente de acuerdo.
—Le dije que podíamos preparar malvaviscos con galleta. ¿Verdad, Lill? —Pellizca la mejilla que acabo de besar—. Chocolate y malvaviscos y galletas… definitivamente no teníamos todo eso en el bosque.
Lilly se concentra en nosotros otra vez, y se anima ante la mención de las galletas con malvavisco, intenta decir la palabra "malvavisco". La destroza por completo, haciéndonos reír en el proceso.
Cuando se acerca la noche, los tres nos abrigamos y nos sentamos en el patio alrededor de una fogata. Nuestra casa de campaña nueva está alzada al otro lado del patio, tiene los sacos de dormir que actualmente están ocupados con todos los animales de peluche que Lilly quiso traer consigo.
—Mamá, mira —se ríe, señalando—. ¡Una estrella fugaz!
Alzo la vista. Las estrellas no son tan brillantes ni visibles como lo eran en la naturaleza, pero es mejor que nada. Ver a Lilly iluminarse de la manera en que lo hace ahora hará que valga la pena el dolor de espalda que probablemente Edward y yo tendremos en la mañana después de haber dormido en el suelo.
—Papi, ¿la viste? —le pregunta a Edward, moviéndose de mi regazo al suyo.
—Me la perdí. Estaba ocupado viendo a mis chicas —le dice juguetonamente, pero sus ojos están en mí y mi puto corazón se derrite.
—Verás la siguiente —le dice ella con una determinación que me hace sonreír.
Él le besa la mejilla y susurra:
—¿Sabías que existe una estrella por cada cosa que amo de ti?
Ella se ríe como si fuera lo más gracioso y él deja que su barba le haga cosquillas a propósito en la oreja, sacándole más risas adorables.
Capto su mirada sobre la cabeza de Lilly y sonrío con cariño.
—Eso es lo que solías decirme a mí.
Él también sonríe, pero la comprensión que aparece en sus ojos rápidamente se convierte en confusión.
—Espera, ¿qué? —pregunta.
—Ese primer verano que estuvimos juntos, cuando acampábamos en mi patio y mirábamos las estrellas; me decías que existía una estrella por todo lo que amabas de mí —reitero. El tiempo antes de nuestros Procedimientos forzados se siente como si hubiera sido hace toda una vida, pero esos primeros meses que estuvimos juntos fueron muy mágicos a pesar del oscuro futuro que se nos avecinaba.
—¿Recuerdas eso? —pregunta Edward, casi perplejo.
—¿Sí?
—No hemos hablado de eso desde… desde que pasó —explica, mirándome—. Eso nunca ha sido mencionado.
—¿No?
—No.
Ha pasado un tiempo desde la última vez que le pedí que detallara algo de nuestro pasado que no podía recordar. Eventualmente dejamos de lamentar lo que no podía recordar y empezamos a hacer nuevos recuerdos. A concentrarnos en el presente.
—¿Qué más puedes recordar? ¿Sobre la primera vez que estuvimos juntos? —pregunta Edward, su tono suena optimista y emocionado.
—Yo… yo no sé —digo, intentando pensarlo—. Recuerdo el autobús. Verte todos los días. Y a Pepper. Llevarla al veterinario… y beber cerveza en tu habitación —enlisto—. Recuerdo nuestra primera vez. —Me doy cuenta, encontrándome con su gentil mirada.
—¿Lo recuerdas?
—Bailamos en tu sala, ¿cierto? Tú estabas jugueteando con un tocadiscos. ¿Se estaba reproduciendo Sea of Love? Fue justo antes de… —No profundizo en lo que hicimos con exactitud porque Lilly está justo aquí. Cómo es que la habitación se sentía sofocante, el sol del verano brillando a través de las ventanas. Cómo él se movió entre mis piernas, sacando los sonidos más dulces de mi boca—. Bailamos justo antes de entrar a tu habitación. Esa fue también la primera vez que me dijiste que me amabas —recuento, mi corazón se eleva al vuelo.
—Lo recuerdas —murmura, casi con incredulidad—. De verdad lo recuerdas.
—Mamá, ¿recuerdas? —repite Lilly, y aunque no tiene idea de lo que estamos hablando, Edward y yo nos reímos con lágrimas llenándonos los ojos.
Después del escándalo, la ciencia detrás del Procedimiento explicó más adelante que nadie se eliminaba por completo de la mente de alguien, sino que las conexiones a esa persona solo se… perdían. Se desprendían. Es por eso que era tan importante que los amigos y la familia nunca mencionaran a esa persona, y por qué todos los recuerdos o fotos tenían que ser confiscados. Habíamos escuchado de otros que eventualmente habían recuperado todos sus recuerdos, y personalmente sabía que les había ocurrido a James y a Bree, que ahora estaban juntos y criando a su hijo Liam. Pero eso no me pasó a mí.
No hasta ahora, supongo.
No sucede de golpe. No veo cada recuerdo que me fue arrebatado siendo reproducido. Los recuerdos están solo ahí, como si nunca se hubieran ido. Es por eso que no me percaté que recordar el comentario de Edward sobre las estrellas era un recuerdo que había estado perdido para mí antes de este momento.
Lilly deja a Edward para ir a ver cómo están sus animales de peluche, ajena a este momento monumental.
—Cuéntame todo —me anima Edward, jalándome para sentarme en su regazo.
Por supuesto, con los buenos recuerdos llegan también los malos. Ser separada de Edward y obligada a realizarme el Procedimiento. Mi padre entrando justo antes de que los técnicos me inyectaran, y explicando que eso era por mi propio bien. Incluso ahora puedo recordar el odio profundo y el miedo que sentía. Cómo había repetido una y otra vez lo mucho que lo odiaba. Y lo decía en serio. Todavía lo digo así.
Le cuento a Edward todo lo que ha estado extraviado en mi mente. Cada pequeño recuerdo que creí que nunca podría recuperar. Y es justo como él había dicho en aquel entonces. Cómo él recordaba cada caricia, cada risa, cada beso y cada pelea. Yo también lo recuerdo. Ahora ya está todo ahí.
—No puedo creerlo —murmura, el alivio sale de él y me llena completamente el pecho.
—Lo sé —me río con suavidad, estoy casi sin palabras porque todavía no puedo creerlo. Me inclino y acaricio su cara antes de besarlo. Acuna mi mejilla y me corresponde profundamente el beso.
—Cuéntamelo otra vez —susurra Edward sobre mi boca, apoyando su frente en la mía.
—¿Qué parte?
—Todo —dice, todavía fascinado—. Empieza desde el inicio.
XXX
Algunos dicen que el amor es ciego.
Yo no.
El amor tiene los ojos bien abiertos.
Lo ve todo.
No olvida nada.
Y ahora, yo lo recuerdo todo.
Fin
