Fue consciente de su entorno, de lo que estaba pasando.

─ ¡A mi hijo no, suéltalo maldito infeliz!

Era otra pesadilla, pero la perspectiva era diferente ahora ella lo veía todo, en un ángulo diferente, pero lo veía.

─ ¡Mamá! ─grito, la mujer no la miraba seguía peleando por su hijo.

Kara se llevó las manos a la cabeza y comenzó a negar.

─Esto no es real, no lo es. No, no. ─intento acercarse, pero de un momento a otro estaba en una caja de vidrio. Golpeo, tratando de salir.

─ ¡Kara, no es real, no lo es! ¡Están muertos y Rosier en Azkaban! ─se dejó caer al suelo con las manos en los oídos, por más que se tapaba los oídos escuchaba todas las suplicas de su madre, las risas de Rosier y sus compañeros, el cuerpo de su pequeño hermano caer y sus propios gemidos.

─Basta, Basta, Basta.

─Kara, mi amor. ─una voz delicada la llamo, era su madre. No la miro, supo lo que seguía. ─Nunca dejes de pelear.

[***]

Se sentó en la cama con la respiración agitada y el sudor frio recorriendo su cuerpo, había tenido otra pesadilla. La misma por tercera vez esta semana. Se llevo la mano a la cabeza y se hecho el cabello hacia atrás, el fuerte dolor de cabeza y los mareos que la torturaban desde hace dos semanas estaba volviendo.

Se giro a su mesita de noche, tomo un bote de aspirinas que había comprado en el mundo muggle y saco dos del frasco, pensándolo bien, serian tres, se tomó las pastillas y se recargo en la cabecera de la cama; se quedó un rato sentada hasta que decidió levantarse y fue directo a abrir la cortina, el sol apenas estaba saliendo. Fue al baño, y lavó su rostro.

Levantó la mirada para ver su reflejo en el espejo, se quedó viendo sus ojos y las bolsas que las adornaban tenía dos semanas sin poder dormir a causa de las pesadillas. Tenía dos semanas encerrada en casa y las misma que tenía sin ir a trabajar, solo salía para comprar comida, tomó una toalla de un cajón y seco su cara, con una liga hizo una coleta alta, necesitaba un corte de pelo ya que este le llegaba a la mitad de la espalda.

Salió para preparar su desayuno y mientras lo comía se recargo en la barra miró por la ventana de su pequeña cocina, el sol acababa de salir, vio como comenzaban a abrir las tiendas en el conocido callejón Diagon, se preguntó ¿cuánto tardaría el señor George o Ron en llegar para abrir la tienda? Tenía tres años viviendo en el departamento que estaba encima de la tienda donde antes vivía George.

Puso la taza en la barra y camino hacia la pequeña sala la cual estaba hecha un desorden con papeles por aquí y por allá, en la mesa de centro estaba su varita con mano temblorosa la tomo y apunto hacia la sala, con decisión tomo aire y lentamente lo soltó levantó la varita y murmuró un sencillo hechizo de limpieza para acomodar todo el desorden, en cambió nada ocurrió las lágrimas y la frustración la invadió, volvió a hacer el hechizo; los papeles y algunos objetos explotaron así como el dolor en la cabeza explotó haciendo que cayera de rodillas.

Tenía dos semanas que había salido de San Mungos y era el tiempo que llevaba sin poder hacer un hechizo decente y sencillo, cada día que pasaba su magia perdía fuerza, las palabras de Grindelwald seguían como un recordatorio de lo que había hecho, los dolores de cabeza empeoraban de igual forma, la sangre salía por su garganta, nariz y oídos, su magia cada día se desvanecía más de ella por esa razón se había encerrado en su casa aislándose de todo y todos. Se arrastro hasta el sofá y se sentó, pasó una mano por su cabello jalándolo y grito de frustración.

¡Maldición! ─dijo en su lengua materna. ─Como me convertí en esto, soy una desgracia, ¡Doy pena! Sobreviví a una masacre y ahora, soy igual que un squib, como un muggle, sin magia, sin familia, sin motivos para seguir. Si tan solo no hubiera salvado a Harry, si tan solo no hubiera hecho el maldito hechizo.

Cuando termino de descargar su enojo, se quedo en silencio no podía creer lo que acababa de decir, cubrió su rostro con su manos y suspiro miró a su alrededor, y vio debajo de la mesa de centro el libro que había provocado este gran desastre se levantó después de que el dolor pasara, se dejó caer en el suelo frente a la mesita y lo tomó de abajo, tenía una ligera capa de polvo, regreso al sofá y puso el libro frente a ella en sus manos y sopló la capa de polvo, miro el libro y pudo ver los relieves hechos a mano, la piel verde esmeralda del libro parecía brillar, hacía años que no lo abría.

En la primera página del libro venia una inscripción.

"El poder trae consigo cosas inimaginables, pero también trae la destrucción. Puedes ser el amo o el desgraciado.

El poder de este libro y mi memoria decidirán el resto de tú destino este depende a la forma en la que usaste el poder que se te dio"

La tinta que indicaba al autor estaba corrida.

Kara se mordió el labio, para ser sinceros esa advertencia la tomó por sorpresa no esperaba que el libro contuviera esa advertencia, ni siquiera recordaba que estaba ahí.

Comenzó a hojear y leer los hechizos, fascinándose con algunos y aterrorizándose con otros, al final llego al que tanto buscaba

Tempus Mutatio. La descripción del hechizo, hizo que recordará que nunca leyó la hoja por completo solo había hojeado las páginas. Puso atención en el texto en latín. Al terminar de leer el texto que era lo que ya sabía de la parte del alma, los dolores y la perdida de la magia.

El libro era impresionante, y con sus hechizos ayudarían en grandes formas al mundo mágico, había hechizos médicos, de protección, saltos temporales y grandes maldiciones algunos de esos hechizos podían entrar en la categoría de prohibidos, y por eso no podía dejar que saliera a la luz. Tenía que desaparecer ese libro.

─ ¿Qué se supone que debo hacer? Tomando en cuenta que ya no tengo magia, solo es un pequeño rastro de ella. ─se dio un par de golpes en la cabeza. ─Vamos Kara, piensa en algo.

Un golpeteo en la ventana la saco de su búsqueda por una solución, se levantó y pudo ver una lechuza con un sobre. Para ser más precisos la lechuza de los Weasley mayores, y aún más precisos lo que traía no era una carta, más bien un vociferador.

─Con un demonio lo que me faltaba.

Agarro la carta que la lechuza le ofrecía y le dio un poco de pan, el animal hizo un sonido de agradecimiento y se fue dejando a Kara con aquel vociferador. Lo dejo en la barra con cuidado y dio unos pasos hacia atrás preparándose para lo que venía.

El sobre rojo se elevó en los aires y se abrió, la voz fuerte y autoritaria de una Molly Weasley resonó en el departamento.

─Kara Elizabeth Martínez, ¿qué significa eso de que no has salido del departamento desde hace dos semanas? ¡Dos semanas! Nadie ha sabido de ti en ese tiempo, ¡Ni siquiera le has abierto la puerta George! ¿acaso crees que no estamos preocupados? En este momento quiero que le escribas una carta a Ginny y a Harry, no está en discusión señorita y vendrás a la madriguera en el momento que este carta se destruya. Y si no vienes créeme que iré a sacarte a rastras de esa casa, estas advertida. ─al terminar, el sobre se hizo trizas, suspiro no se podía discutir con aquella mujer, la respetaba y la quería demasiado.

La señora Molly, era la única después de Ginevra que la hacía temblar del miedo.

Una idea cruzo su cabeza, como si un foco se hubiese encendido encima se su cabeza.

─Eso es, ya sé que voy a hacer con el libro. ─murmuró para si misma.

Se encamino a su habitación donde fue a escribir una carta para Ginny y Harry, después escribió una carta a Molly confirmando que llegaría en una hora, después de mandarlas, decidió bañarse y cambiarse.

Se vistió con unos jeans negros y una blusa azul, dejo su cabello suelto para que se secara y se puso un poco de maquillaje para cubrir sus ojeras, salió de la habitación y vio el reloj de la cocina que marcaba las 9:10, iba con tiempo justo.

Tomo su varita de la barra, aunque ya no pudiera hacer magia esta le daba una sensación de seguridad, dirigió la mirada al sofá donde estaba el libro, se mordió el labio pensando si llevarlo o no. Al final decidió llevarlo, lo envolvió en una tela y lo metió en una mochila y fue directo a la chimenea. Iría vía red Flu, ya que no se podía aparecer; tomo del polvo y dijo con voz fuerte y clara.

─ ¡La madriguera!

Las llamas verdes la envolvieron.

[...]

Salió disparada de la chimenea y se estrelló en la barra.

Molly quien se encontraba frente a la estufa, grito ante la inesperada llegada de la muchacha. Se acerco con una cuchara en mano a ver a la recién llegada. Kara se levantó gimiendo y sobando su cuello dejo caer la mochila y miro la chimenea.

─Lo siento, aún es difícil la parte del aterrizaje.

Volteo a mirar a la mujer frente a ella, quien la miraba ceñuda y con las manos en la cadera. Una muy mayor Molly Weasley con cabello blanco y arrugas la miraba, comenzó a gritarle.

─ ¡Eres una malagradecida! ─con la cuchara le dio un fuerte golpe en la cabeza.─¡Ni una miserable carta Elizabeth!─le dio varios golpes en el brazo.

─ ¡AUCH! ¡Molly, lo siento! ─se disculpaba mientras intentaba cubrirse de la furia de Molly con aquella cuchara. La mujer se detuvo.

─ ¡Quiero una explicación! ─le apunto de forma amenazante con la cuchara.─¡Y más te vale que sea creíble, o si no…!

Aquella amenaza quedo en el aire, ya que la puerta de la cocina se abrió mostrando a Arthur Weasley sin cabello y con una caña de pescar.

─ ¿Qué está pasando? ─pregunto al ver a ambas mujeres, una más amenazante que la otra.

Kara miro al hombre y se acercó a abrazarlo, el hombre dejo caer la caña y la recibió entre sus brazos. Molly negó y comenzó a servir el almuerzo, pero una pequeña sonrisa se formó cuando les dio la espalda.

─Oh, mi muchacha. ─Kara lo abrazaba inundándose de su cálido calor mientras Arthur le daba unas palmadas en la espalda momentos después se separaron. ─Ven, ven sentémonos.─ fueron al comedor mientras Molly servía.

─Lo siento. ─se disculpó con la pareja. ─Por no comunicarme con ustedes, pero...tenía muchas cosas que pensar y hacer.

El hombre cubrió su mano con la suya y le regalo una sonrisa, de esas que solo están cargadas de cariño, las que solo un padre da.

─Nos tenías muy preocupados, recuerda que estuviste en coma durante semanas, se supone que tenías que estar por lo menos otras dos más pero escapaste, todos nos preocupamos.—negó y con aire despreocupado dijo.—Pero eso ya no importa, eres adulta y sabes que las decisiones que tomes son para ti, solo para la próxima avísanos. ─Kara miro sus manos unidas, contrastaban perfectamente; Arthur era un hombre pálido y ella tenía una especie de bronceado natural -gracias a su padre- Miro al hombre, dándole una sonrisa asintió.

Molly se sentó dejando un plato de salchichas, le dio una sonrisa que ella le regresó. Mientras almorzaban charlaban de cosas triviales, aunque a Kara se le notara distante, eso solo lo noto Molly. Cuando terminaron de comer, el señor Weasley se dispuso ir a su taller dejando a las dos mujeres solas.

Molly recogió la mesa con un movimiento de varita y los dejo en el fregadero para que Kara los lavara, esta se hizo una coleta y se puso a lavar los platos, mientras tanto la señora Weasley miraba atentamente todos sus movimientos. Se daba cuenta que la muchacha no había ni dormido como era debido, ni siquiera había estado comiendo como se debe. Aunque se cubriera con maquillaje y ropas holgadas, lo notaba.

Kara sintió la mirada de Molly: ─Molly, iré un rato a la laguna, no me iré hasta más tarde, así que regresare en un rato. ─seco sus manos y se quitó el delantal.

Molly estaba preocupada por la muchacha, pero sabía que era muy difícil para ella contar como se siente a los demás.

Se acerco y puso sus manos en sus mejillas, le dio una mirada preocupada. La muchacha, lentamente quito las manos de la mujer de su cara y las apretó.

─Estoy bien, tranquila solo será un paseo.

La mujer de cabello blanco suspiro sin estar convencida y dejo caer sus brazos.

─Ve con cuidado mi niña y no tardes. Estaré en la sala.

Kara le dio una pequeña sonrisa y asintió, tomo su mochila y salió por la puerta de la cocina directo al jardín, había una carpa donde toda la familia se reunía los domingos para comer, paso los tres aros del campo de quidditch y se adentró al bosque.

El viaje no duro más de cinco minutos, pronto vio como llegaba a su destino, un pequeño lago bajando una loma que era el lugar donde todos los nietos de los Weasley y ella se solían reunir en sus tiempos de escuela, cuando bajo la loma vio un gran roble, de verdad, muy grande. Tenía un viejo columpio colgando de sus ramas. Se acerco hasta quedar bajo las ramas del frondoso árbol, dejo caer la mochila y se sentó en el columpio.

Este era el lugar que compartía con James, cuando eran más jóvenes y sus demonios la torturaban con frecuencia, ella solía sentarse justo en ese árbol para contarle a James de sus pesadillas, él la escuchaba y después le subía el ánimo haciendo cualquier tontería. Sonrió recordando aquellos momentos, talvez no eran los mejores momentos de su vida, pero tenía buenos recuerdos. En ese lugar le había regalado un libro, el cual atesoraba. "Crónicas de la segunda guerra" era un libro histórico, donde contaba los hechos de la segunda guerra mágica con grandes detalles, este libro estaba escrito por los miembros del famoso ejército de Dumbledore, el trio de oro y algunos miembros de la orden del fénix.

"─Bueno, necesitas saber sobre el mundo mágico y como no creciste en el, me pareció buena idea darte el libro, digo para que conozcas sobre donde vives ahora. Tal vez no sea nuevo, pero sirve para lo mismo, yo me lo sé de memoria. Y por lo que pude ver sé que te gusta leer...así que, espero te guste. ─la cara de James era roja como el cabello de su madre."

Gracias a ese libro, había comenzado a hablar con él. Había sido un gesto tan tierno, que acepto el libro sin rechistar además le interesaba aquel libro, el cual guardaba en casa y leía algunas noches aunque ya se lo supiera de memoria.

Dirigió la mirada a la mochila que estaba tirada a su lado y la tomo, saco el famoso libró -el cual estaba envuelto en tela- y lo puso en su regazo.

─Aquí nadie lo encontrara.

Se levanto con el libro en mano y se acercó al tronco del roble, había un hueco en la parte baja que daba hasta un pozo un poco profundo dentro del árbol, el agujero era pequeño, pero tenía el tamaño perfecto para dejar el libro dentro. Envolvió bien el libro había decidido dejarlo ahí porque el lugar era especial. Se puso de rodillas ya que el agujero estaba casi al raz del suelo e introdujo el libro, su brazo desapareció casi por completo hasta que sitio el fondo y dejo el libro.

Listo, lo había hecho. Soltó un sonoro suspiro, ahora tenía una cosa menos por la que preocuparse, pero pronto su ya conocido dolor de cabeza la ataco, su oído zumbo provocando una mueca, y sintió un líquido el cual era sangre.

─ ¡Maldición! ─ saco un pañuelo y limpio la sangre, se levantó y tomo la mochila. Seguramente había pasado menos de una hora desde que se fue por lo que inicio su camino de regreso con la cabeza a punto de reventar. El siguiente punto en la lista de Kara era resolver lo de la magia, pero eso lo había decidido desde hace días.

Abandonar el mundo mágico.

Era simple, su trabajo era emocionante pero realmente no lo amaba y sin magia no era exactamente la mejor idea, se había convertido en auror para atrapar a Rosier y ya lo había hecho por lo que no había nada que hacer. Tenía los ahorros de su padre en el mundo muggle, suficiente para iniciar de nuevo. Buscaría un empleo en una cafetería o en supermercado, como no había concluido sus estudios, eso era lo único que le quedaba. Tal vez podía iniciar un negocio de costura, como era su plan hace diez años.

[...]

La castaña casi cayó al suelo cuando entro a la cocina, pero logro recobrar el equilibrio una cabeza pelirroja estaba pegada a su estómago y un cuerpo pequeño estaba sobre ella.

—¿Reg? —murmuro separando al pequeño de ella. Vio la sonrisa del pequeño dirigida a ella.

—¡Kara! Te extrañe tanto. —la volvió a abrazar, Kara un poco aturdida le regreso el abrazo y le revolvió el pelirrojo cabello

—Yo igual, enano. —le respondió lo cual era verdad, se había olvidado por completo del pequeño en las últimas semanas. Escucho los pasos de dos mujeres acercándose.

La señora Weasley entró a la cocina junto a su única hija Ginevra Potter, quien al verla se llevó una mano al pecho y se acercó.

—Mamá, mira Kara está bien te lo dije. —anuncio el pequeño con excitación, Ginny le dio una sonrisa.

—Tenías razón querido, como siempre.—dirigió su mirada a Kara.—¿Cómo estás?—le pregunto

La castaña se sentía avergonzada por su reciente comportamiento, el hecho de escapar del hospital y aislarse en su casa sin avisarle a nadie la hizo sentir como una mala persona.

—Perdon. —murmuro, Ginevra ladeó la cabeza y la miró con duda.

—¿Por qué te disculpas? Por esconderte.

Su rostro se puso rojo y evadió su mirada, asintió y Ginny soltó una risilla. Se acercó y la abrazo por los hombros

—No importa, solo quiero que estés bien. —Ginny la miró de arriba a abajo. —Aunque no pareces muy bien, estás pálida y bajaste de peso ¿Fuiste a ver a un medimago?

Negó y entraron al comedor con el niño revoloteando alrededor. La castaña quería hablar con Ginny para contar su decisión de dejar el mundo mágico, omitiendo el hecho que la magia dentro de ella ya no era más que un mero recuerdo.

Ya en el salón, cuando tanto como Ginevra como la señora Weasley hablaban de cosas de las cuales no estaba poniendo atención ella en el sofá frente a ambas mujeres decidió decirles todo tomo una respiración nerviosa.

—¿Qué opinas tu querida? —pregunto la señora Weasley de pronto.

—¿So-Sobre qué? —tartamudeo. La pregunta le había tomado por sorpresa ya que no había puesto atención a la conversación de las mujeres por pensar en la manera en la que iba a hablar con Ginny.

—Mamá te pregunta, si puedes desgnomizar el jardín con James el día de la fiesta de aniversario y el cumpleaños de Victoire. —La pelirroja frunció el entrecejo—¿Segura que estás bien Kara?

—Si—se apresuró a decir. —Desgnomizar el jardín, anotado, yo lo haré. El viernes, ¿verdad? —Kara se levantó y tomo su mochila vacía

—Sábado. —corrigió la Señora Weasley.

—Si, eso. —revolvió el cabello de Regulus quien se rió.—Yo tengo que irme, tengo algunas cosas que hacer—le dio una sonrisa a ambas mujeres y fue directo a la chimenea donde desapareció bajo las llamas verdes.

Ambas mujeres se miraron entre si.

—Estoy preocupada hija, algo pasa con ella. ¿Notaste su aspecto?

—Si mamá, hablaré con Harry tal vez él pueda saber que le pasa. — tomó de su té, algo la tenía intranquila respecto a la mujer.

[...]

Observaba por la ventana de una de las habitaciones del tercer piso como los hombres acomodaban las mesas y sillas en el jardín para cuándo llegarán los invitados, mientras tanto ella se sostenía del marco de la ventana, no se sentía del todo bien tenía náuseas y sentía su cuerpo en llamas por lo que se había refugiado en la habitación además se estaba escondiendo de la señora Weasley a quien había prometido desgnomizar el jardín, al final lo había hecho James y Lily.

En un momento todo se movió a su alrededor con brusquedad y por poco caía al suelo, pero logro sostenerse, tomó varias respiraciones y con pasos torpes camino hasta la cama y se llevó una mano al pecho.

—¿Qué me sucede? —murmuro para si misma con pánico.

La puerta de la habitación se abrió y entraron dos pelirrojas.

—Te digo que se lo va a pedir hoy. —dijo con seguridad la mayor.

Ambas mujeres cayeron en cuenta de la presencia de la castaña

—Oh, Kara aquí estás—dijo la otra chica.

—Lily, Dominique. —saludo a las chicas y se levantó de la cama. —¿Qué pasa?

—Pasa que la abuela está teniendo un ataque por que la comida no está lista y porque no desgnomizaste el jardín—respondió Dominique rodando los ojos.

—Eso, y papá te está buscando—agrego Lily, Kara soltó un suspiro

—Al parecer ya no puedo evitarlo más.

Se encaminó hasta la salida aún mareada, bajo las escaleras con lentitud, y entro al salón el cual estaba cubierto de fotografías, tuvo la sensación de ver las fotos, vio el tan conocido reloj, el cual marcaba donde estaban todos los hijos Weasley cada manecilla marcaba un lugar donde estaban, miró una de las fotografías en la que aparecían el joven trio de oro en sus tiempos de escuela, sonrió al ver a su mentor en ella, al joven señor Ron quien seguía con el cabello tan rojo y salvaje y la ministra quien era igual de bella como cuando era niña, en otra foto estaba el señor Percy quien estaba con su insignia de prefecto, siguió viendo las fotos de todos los hijos y nietos, ella salía en algunas otras, había una enmarcada en la pared que llamo su atención, dos chicos con unos lindos trajes uno morado y otro verde, posaban fuera de un gran local reconoció al señor George y el otro Fred, quien había fallecido durante la guerra, el verlos ahí tan felices un extraño sentimiento la invadió, algo cálido fijo su vista en el gemelo de traje morado quien seguramente era Fred, tenía una sonrisa grande y una brillo travieso en su mirada, nada comparado al señor George, lo vio y tuvo que admitir que era muy guapo.

—Aquí estás.—volteo para ver al recién llegado quien se puso a su lado, Kara no dijo nada solo lo vio un momento y regresó a ver la foto de los gemelos.

—Hoy es el aniversario número 30 de Fred, yo estaba ahí cuando pasó, murió con una sonrisa. —dijo Harry con melancolía, en un inesperado movimiento la rodeó con el brazo. —¿Por qué me evitas?

Kara apretó los labios y lo miró: —No te evitó, solo quería tiempo.

—¿Tiempo? ¿para qué?

Sus ojos verdes le resultaban tan penetrantes, aunque tenía esa cálida mirada de padre, desde que lo conoció el la leía como un libro abierto. Cómo le decías a un ser querido, que habías hecho algo tan terrible, no podía volver a ver esa mirada de decepción marcada en su rostro, lo amaba como a un padre y no quería decepcionarlo y mucho menos que se sintiera culpable. Suficiente tenía ya con este día, después de tanto tiempo seguía sintiéndose culpable de todas aquellas muertes; si le contara lo del hechizo, no quería que se culpara más de lo que ya lo hacía.

—Yo, yo tengo que decirte algo. Es algo serio. —Harry la soltó y se puso frente a ella.

—¿Qué sucede?

Era el momento de decirlo, si no lo decía ahora sería más difícil para ella de lo que ya era, tomó una respiración y se abrazó a si misma.

—Yo, yo voy a dejar el mundo mágico. Volveré al mundo muggle, está mañana envié mi renuncia la cual supongo que no has visto. —bajo la vista hacia sus pies— Después de lo que pasó en la última redada, siento que algo cambio dentro de mi -Si, una parte de mi alma murió- perdí el control, los puse en peligro. Ya no puedo hacer esto.

Listo, lo había dicho. Pasaron algunos segundos, decidió mirar a Harry y vio que la miraba con...con una mirada que no podía describir. No decía nada, lo cual la estaba volviendo loca y hizo que el dolor en el pecho la atacará, pero lo aguanto.

—Harry, dime algo por favor. —pidió con incertidumbre.

—Lo saben, ¿alguien además de mí? —pregunto a lo que Kara negó, había sido difícil decírselo a Harry ahora no se quería imaginar cómo iba a decirle a los demás.

—Lo voy a decir durante la fiesta.

—Papá—ambos miraron al recién llegado.

—James. — el chico miró a su padre y luego a Kara, quien al verla hizo una mueca.

—Te necesitan afuera, están llegando los invitados. —El mayor asintió antes de salir, le dio un apretón en el hombro y salió junto con James.

En cuanto salió Kara se recargó en la pared y se llevó la mano al pecho, se sentía un poco mejor el informar a Harry sobre su decisión, al menos ya era un avancé lo que no mejoraba eran los dolores en el pecho los que con el paso de las horas aumentaba.

[...]

Los aplausos inundaron la carpa, en el centro una chica rubia muy guapa le dio un beso al chico que le acababa de pedir matrimonio, el chico en cuestión recibió a la chica entre sus brazos mientras su cabello cambiaba de color a un rosa intenso. Kara miraba con una tímida sonrisa a la pareja, se lo veía venir ya que Teddy Lupín estaba planeando el pedirle matrimonio a Victoire y como su amiga ella le venía ayudando desde entonces y ahora el verlos a ambos tan felices la llenaba de alegría.

Alguien tocó su hombro, cuando miró a la persona que la buscaba le sonrió tímidamente:

—Lysannder. —saludo al rubio dándole un abrazo este le respondió y le dio un beso en la coronilla.

—Por Merlín Kara, ¿Dónde demonios te habías metido?—le reprendió sin soltarla.

Kara se sintió mal, el pobre Lysannder, ni siquiera lo había tomado en cuenta. Inhaló su olor, le encantó como olía. Chocolate, extraño, pero ese era su olor característico.

—Lo siento mucho Lys, enserio me siento tan mal por abandonar San Mungos y desaparecer, pero necesitaba estar sola.—se disculpó, Lysannder la separó de su cuerpo y miró alrededor luego la miró a ella.

—Vamos a otro lado, aquí hay mucha gente y mucho ruido. —Kara estuvo de acuerdo necesitaba platicar con Lysannder, él era la persona quien solía escucharla y aconsejarla. La tomó de la mano y salieron de la carpa, pero antes de salir Kara logro divisar a James quien la veía con furia, pero fue tan rápido para cuándo ya estaban fuera de la carpa.

Se alejaron unos diez metros de la carpa. El Scamander se puso frente a ella y le sonrió sin soltar su mano.

—Bien, aquí podemos hablar sin interrupciones. Ahora cuéntame ¿Por qué desapareciste? —le pregunto mientras alzaba una ceja.

Kara se mordió el labio: —Bueno no es como si allá desaparecido, más bien me encerré en mi casa para...pensar.

Lysannder negó y le sonrió: —Me pregunto porque las mujeres son tan difíciles. Eso ya no importa, lo que importa es que estás aquí, conmigo y estás bien. —la mano libre del rubio acaricio la mejilla de Kara lo que hizo que se sobresaltara. Se quedaron en silenció, mientras se miraban el uno al otro sin decir nada.

Kara se empezó a incomodar: —Ya vez que estoy bien Lys, sabes que me puedo cuidar sola. No tienes que preocuparte.

Lysannder dejó caer su mano y la miró con seriedad: —No eres inmortal Kara, te lástimas y enfermas no puedo evitar preocuparme. —el Scamander miró sus manos las cuales seguían unidas mientras Kara lo escuchaba atentamente—Ese día, el de la redada cuando te vi caer al suelo. Nunca en mi vida sentí tanto miedo y cuando vi la sangre salir de tu boca, creí que te iba a perder. —Kara apretó sus labios y lo abrazó, le pareció que era lo único que le podía dar para consolarlo.

—Te prometo que no vas a volver a sentirte así, conozco el sentimiento y no quiero que lo vuelvas a sentir Lys.

Mentira, eres una mentirosa

Mientras escuchaba eso, Lysannder decidió creer en sus palabras amaba a esa mujer que lo envolvía con sus brazos, tenía que decírselo. El casi perderla le dio la valentía que necesitaba. La separó de él, la mujer lo miró con sorpresa ya que no se esperaba que rompiera el abrazo tan pronto, en cambio Lysannder la agarró por la cintura y la besó.

Kara estaba ciertamente sorprendida, Lysannder la estaba besando, a ella. Cuando se separó, Lysannder la miró:

—Se que esto es sorpresivo, pero yo estoy realmente enamorado de ti desde hace mucho, nunca creí que te diría esto y mucho menos que algún día te besaría. Te amo con toda mi alma Kara, de verdad que lo hago.

—Yo...—Kara seguía en una especie de trance, lo miró abrió y cerró la boca, no sabía que decir.—Yo, tengo que ir al baño.

Se giro y casi corrió hasta la gran casa dejando al rubio plantado ahí, decidió no seguirla.

Si serás idiota. —se dio un golpe en la frente mientras entraba con rapidez a la casa la cual estaba sola. —Como se te ocurre decirle eso, Kara estúpida. —camino de un lado a otro en el salón con el corazón acelerado y la cara roja.

—Ciertamente por primera vez estoy de acuerdo con la parte de que eres una idiota. —Kara se sobresaltó al escuchar a James quien estaba sentado en una silla del comedor jugando con su varita, verlo ahí le causó escalofríos.

—¿Qué... qué haces tú aquí? No se supone que deberías estar en la carpa con Teddy. —le pregunto con acidez.

—Bueno, yo estaba por ahí celebrando que mi hermano se casa con mi prima, pero vi a una arpía escurrirse fuera de la carpa con mi mejor amigo así que decidí ver qué tramabas.

Kara frunció el entrecejo

—¿Me acabas de llamar arpía? —pregunto incrédula.

James se levantó de la silla y fue hasta la salita donde estaba Kara. Le sonrió con burla ante su mirada sorprendida.

—Oh, prefieres que te llame puta. —se inclinó un poco ya que él era más alto que ella.

La furia empezó a subir dentro de Kara, decidió que no iba a perder los estribos se había dado cuenta que era la persona más odiada por James desde aquel día que hizo el hechizo

—No voy a caer en tus juegos. —dijo entre dientes, se giró dispuesta a salir.

Cosa que James no iba a dejársela fácil, con un movimiento de su varita cerró la puerta corrediza del salón, dejándolos encerrados a ambos. Kara apretó los puños y giro con furia a ver a James quien estaba sonriendo con satisfacción al ver qué cumplió su cometido.

Tú, maldito cerdo, cabron, abre ahora mismo. —le grito y a tres zancadas estaba frente a él.

Este la miró con fastidio: —En ingles, no todos somos bilingües querida.

—Abre, la maldita puerta James, ahora. —le gritó. —¿Qué es lo que quieres ahora conmigo? No te he hecho nada.

—Segura. —le cuestionó con frialdad. —¿Qué intentas con Lysannder, Kara? Te vi besándolo, quiero que te alejes de él. —demando

Kara lo miró con indignación y enfadó

—A ti que te importa que me allá besado con él, no es asunto tuyo y no me voy a alejar de él. No te metas en mi vida. Ahora abre la puta puerta, estas colmando mi paciencia Potter. — a Kara comenzó a dolerle la cabeza y sintió un conocido sabor en la garganta.

Frunció el entrecejo: —No estoy para juegos. —le apunto. —Mas te vale que te alejes de él o te vas a arrepentir.

—Me amenazas.

James se giró y con un movimiento de varita abrió todas las puertas

—Me conoces y sabes que yo no amenazó, yo actuó. No quiero que le arruines la vida a él también. —le escupió y comenzó a caminar fuera del salón.

—Todo esto es por Stella. —cuando escucho a Kara mencionar a esa persona en específico, se llenó de furia y regresó con pasos rápidos y la agarró de los brazos.

—¡No te atrevas a hablar de ella después de lo que hiciste! —bramo James con furia, mientras apretaba con fuerza

—Me estás lastimando, suéltame ahora.

—Oh, Kara esto es solo un poco de dolor, nada comparado a lo que sentí yo. —James se río con sequedad.

Kara comenzó a luchar por soltarse y mientras su dolor de cabeza aumentaba también: —Es por ella, me odias por lo que pasó con Stella.

—¡Cállate!

—¡No! ¡No puedes culpar a todos por lo que pasó ese día!

James la empujó, Kara muy apenas pudo mantener el equilibrio, rodeó un sofá y corrió a la salida, pero un furioso James la tomó por la muñeca y la jalo.

—¡Si no la hubieras buscado ese día, ella y mi hijo seguirían aquí, pero tú maldita sed de venganza fue más fuerte!

De un jalón Kara se liberó de su agarré.

—¡¿Buscarla?!, ¡Ella fue la que me busco! ¿Sabes por qué? ¡Porqué te descubrió revolcándose con Miller en la oficina! Justo cuando llegó nos avisaron de que el escuadrón tenía una misión de emergencia, yo le dije que no fuera por su condición pero ella insistió, si buscas culpar a alguien, culparte a ti.—grito Kara

Tan pronto como lo dijo, salió a pasó rápido de la casa. Mientras recorría el terreno rumbo a la carpa la cual estaba a unos siete metros, un fuerte dolor invadió en su pecho lo que hizo que parara, podía sentir a James detrás de ella, pero aún así paró. De un momento a otro James le dio un fuerte tirón sintió que le iba a arrancar el brazo. Pero antes de que comenzará a gritarle Kara le dio una bofetada tan fuerte que James retrocedió, estaba fastidiada de está situación, durante los últimos cinco años James la culpaba por algo que no había estado en sus manos.

—¡Estoy cansada James, cansada de la misma mierda! —grito, sabía que estaba llamando la atención poco le importó. —¡No me puedes seguir culpando por algo que yo no hice!

—¡Claro que lo hiciste, la mataste! —el dolor en el pecho la hizo llevarse una mano a su lado derecho, pronto Harry junto con Ron venían, todas las personas dentro de la carpa miraban con curiosidad.

—Ella...—Jadeo apretando su pecho—Ella era mi amiga James. Yo la quería.

—¡Tu no quieres a nadie! —James se iba a lanzar para agarrarla, pero Ron fue más rápido y lo agarro antes.

—Cálmate, estás haciendo un escándalo. —le dijo el pelirrojo, pero James seguía furioso.

—¡Ya basta! —ese fue Harry quien miró a James. —Tu y yo vamos a hablar, ahora cálmate...Y tú. —fue el turno de Kara, pero Harry se detuvo al verla su rostro hizo una expresión de pánico.

—Kara estás sangrando de la nariz y los oídos.

Ni siquiera había notado ese detalle, dio unos pasos y le dijo a James.

—No me vas a volver a ver en tu miserable vida. —Sentía que sus piernas se doblaron en cualquier momento, Harry la agarró por el brazo.

—Necesitas un médico. —le murmuró, ignorando a Harry miró al chico que seguía con el rostro desfigurado por la furia.

—Me voy del mundo mágico, porque ya no puedo hacer magia.

Ante su revelación los tres hombres la miraron con incredulidad.

—¿Qué tú qué? —cuestiono Ron. Kara hizo una mueca y el dolor en su pecho aumento haciendo que se desplomada, Harry la sostuvo por la cintura y la castaña sintió que todo lo de aquel día se repitiera.

Las náuseas la invadieron y sin más vacío su estómago en el jardín, esta vez estaba consciente de todo y pudo ver qué era sangre, otra arcada la invadió y volvió a vomitar, Ron la sostuvo mientras Harry corría a la carpa por ayuda.

James miraba boquiabierto la escena, en cambio Kara sintió el dolor más insoportable, grito y sintió llegar a Harry con Lorcan -Hermano de Lysannder quien era medimago- Bill y el mismo Lysannder quien sustituyó a Ron y la sostuvo boca a abajo, comenzó a acariciar su cabello.

Lorcan mientras tanto murmuraba hechizos, pasando la varita por su espalda, se detuvo a la altura de su corazón.

—No, no, no. —comenzó a negar.

—¿Qué demonios, pasa? —grito Bill

—¡Hermano! —grito con desesperación al sentir como la temperatura de Kara bajaba.

—Tenemos que ir a San Mungos, Las pulsaciones de su corazón están disminuyendo.—se levantó.—Su corazón se va a detener en...

No pudo terminar, Kara en cuestión comenzó a vomitar, la sangre salía en grandes cantidades. Lysannder gritaba, mientras Lorcan y los demás la acomodaban.

Kara

Me siento, me siento tan tranquila. Mi corazón ya no duele.

Voy a morir. Seguía escuchando los gritos de la gente, pero ya eran muy lejanos.

Estaba parada en medio de... ¿King Cross?, me miré y estaba vestida de blanco, toda de blanco. Camine y mire a mi alrededor, todo era como la estación, pero no había trenes ¿Cómo abran sacado los trenes?

Seguí caminando, a unos metros vi a alguien en una banca, eso era raro. Decidí averiguar quién era, me encaminé y pude ver qué era un hombre, tenía la sensación de que lo conocía.

—¿Grindelward? —el hombre quien al parecer veía al horizonte me miró.

—Tardaste mucho, ¿Qué te tomo tanto tiempo? — el hombre se levantó y sacudió su saco. Mientras yo seguía sin entender que hacía el aquí, no se supone que no lo iba a volver a ver.

—¿Qué... qué haces aquí? Me dijiste que no te volvería a ver.

Gellerd se encogió de hombros y me ofreció su brazo: —Caminemos. —mire a mi alrededor. "¿Caminar a dónde?" Aún así tome su brazo y comenzamos a caminar por la extensa e iluminada blancura de King Cross.

—Bien, ahora te preguntarás: ¿Qué hago aquí? Y te responderé, no lo sé. —dijo con simpleza

—Espera...—me detuve y lo miré. —No lo sabes, no estás aquí para guiarme al otro lado. —el hombre rodó los ojos.

—Acaso no prefieres que alguien más te guíe al otro lado, alguien como tú padre. —Tenía un punto—No sé qué hago aquí, pero algo te puedo asegurar, no estás muerta, al menos no espiritualmente

—¿Qué? —eso me sorprendió. —Pero...pero entonces que hago aquí, ¿a qué te refieres con que no estoy muerta espiritualmente?

—Como lo escuchas, estás muerta en el mundo físico tu cuerpo murió, pero tú alma -aunque este fragmentada- y tu espíritu siguen vivos en este lugar. El hechizo está muy unido a todo esto.—explico

Procesando la información me di cuenta de que esto era mucho más grande de lo que creí, pensé: ¿Qué va a pasar conmigo? ¿A dónde voy a ir a parar? Tal vez iba a quedarme en este lugar por toda la eternidad, pero algo muy dentro de mí me decía que había algo más.

—Mi tiempo se acaba contigo. —miro al horizonte, parecía estar viendo algo invisible para mis ojos. —Estoy seguro que no nos volveremos a ver.

Pasé saliva, abrí y cerré las manos: —Ten buen viaje—le dije, me miró de reojo y me sonrió de lado.

—Lo mismo digo, y suerte. Algo me dice que tu viaje será más largo que el mío. —dijo con aire distante, sin decir nada más comenzó a caminar.

Quería decir algo más, pero nada salió de mi boca, vi cómo se alejaba y sentí el ambiente vibrar, miré alrededor y todo se comenzó a iluminar, la luz era tan cegadora, me cubrí con la mano pero la luz seguía filtrándose por entre mis dedos.

Tú viaje no ha acabado, solo está comenzando