Julio 1993

—Albus no puedes permitir tal cosa, los alumnos no pueden estar expuestos a esos monstruos, Harry estará bien en el castillo—Decía Minerva McGonagall.

—Lo se Minerva, lo se. Eh tratado de evitar esta situación, pero el ministerio lo ordeno y al estar el señor Black libre, creen que buscará a Harry—le respondió Albus Dumbledore con calma.

Ambos profesores caminaban por los pasillos del grandioso castillo, hablaban de los recientes acontecimientos el cual era que Sirius Black, quien había vendido a sus amigos los Potter al señor tenebroso lo cual los llevo a su inevitable muerte, recientemente había escapado de la impenetrable y difícil de escapar: Azkaban.

Los profesores se encontraban debatiendo con preocupación la decisión del Ministerio: Poner en los terrenos de Hogwarts a los horribles seres que custodian Azkaban, los dementores. Criaturas oscuras sin alma que se alimentaban de la felicidad de las personas dejándolos solo con tristeza, miedo y desesperación. Y también claro en la vulnerabilidad de Harry Potter, a quien Black buscaba para vengarse por la caída de su señor, el ministerio suponía que al Harry venir a Hogwarts para el siguiente curso era seguro que Black lo seguiría para matarlo.

—Albus, no puedes permitir esto. Es una terrible idea que pone en peligro a Harry y al alumnado. —insistía con fiereza la profesora McGonagall, quien estaba en desacuerdo con la decisión.—Solo hay que fortalecer la seguridad del castillo y sus alrededores.

—Querida, es lo que e insistido con tanta fuerza al ministerio como tú. No creo que el Señor Black sea lo suficientemente tonto como para venir a Escocia para tratar de matar a Harry estando nosotros aquí.

Mientras seguían su camino a la explanada, hablando sobre Potter y el señor Black, se pudo ver a una persona en la fuente leyendo un libro de magia, el hombre vestía con ropa vieja y grande, tenía un cabello castaño, una complexión delgada y muchas viejas cicatrices en el rostro.

—Ah, Profesor Lupin—saludo al hombre el viejo Dumbledore.

—Profesor Dumbledore, profesora McGonagall. —cerro su libro y se acercó. —Es un gusto verlos, ¿Cómo han estado?.

—Disgustados por las recientes decisiones del ministerio—respondió alzando los brazos la mujer.

El hombre mayor puso una mano en su hombro calmando su ira: —Era inevitable ante los hechos recientes. —miro al castaño quien miraba al suelo. —Pero dígame profesor Lupín, ¿Qué le pareció su habitación y despacho?

—Es excelente, ya acomodé algunas cosas en mi despacho y habitación, pero aún faltan algunas otras. Las traeré el día de inicio de curso.

—¿Vendrá en el tren? —cuestiono McGonagall.

Lupin asintió—Así es, me gustaría verlo a él y recordar los viejos tiempos. Después de todo tengo grandes recuerdos en ese tren. —dijo con melancolía.

—Está bien—asintió—solo recuerde profesor es menos doloroso aferrarse a esos viejos recuerdos, nada volverá a ser como antes me temo. —el profesor Dumbledore lo miró con los ojos brillantes esperando su respuesta.

Mientras tanto Lupín, pensaba en las palabras dichas por el profesor, era doloroso, había pasado los últimos doce años en duelo y lamentos por la muerte de sus amigos y la traición de uno de ellos, perdió muchas cosas esa noche y era cierto. Aún estaba aferrando a un pasado que nunca volvería, no se podían cambiar los hechos.

Un agitado y bajito Profesor Fliwick llegó corriendo a dónde estaban los magos.

—Filius, respire y cálmese ¿Cuál es su urgencia? —los profesores esperaron una respuesta del semi duende quien a duras penas y recuperando el aire grito.

—La barrera, ¡A sido penetrada!

McGonagall y Lupin se vieron con sorpresa.

—¿Cómo es posible? —dijo más para sí misma la profesora.

—¿Dónde, profesor? —el semblante del profesor Dumbledore había perdido toda serenidad y ahora era serio y con expresión dura.

—¡Cerca del sauce boxeador, dentro del bosque!

Dumbledore asintió y miró a la profesora:

—Querida, busque a Severus y avise la situación. —luego fijo su vista en Remus. —Profesor, si no le molesta, espero y me pueda acompañar.

El hombre asintió y con pasos rápidos fueron a ver qué es lo que sucedía, Hogwarts tenía hechizos anti aparición muy poderosos, entonces porque había sido violada la seguridad del castillo. ¿Será Sirius? Se preguntaba el hombre, un sentimiento de nerviosismo y ansiedad lo llenaba ante la posibilidad de volver a verlo después de tantos años. ¿Estaría detrás del pobre Harry? Ni siquiera quería pensar en esa posibilidad, se sentía avergonzado por haberles fallado a Lily y a James, por no haber sabido nada del niño en estos doce años, sabía que vivía con Petunia la hermana de Lily, pero eso era todo. No sabía cómo se veía, como estaba, lo que le gustaba y lo que no. Había olvidado al niño por hundirse en su propia miseria, pero tampoco podía estar cerca de él por su condición.

Mientras se acercaban al bosque, ambos profesores eran un cúmulo de emociones y preguntas uno recordaba su pasado, el otro por lo sucedido ¿Quién sería capaz de penetrar los antiguos y poderoso hechizos de protección del castillo y sus alrededores?

Dentro del bosque prohibido una chica despertaba. Sentía el suelo irregular bajo su cuerpo, sin abrir los ojos palpó a su alrededor, sintió húmedo, ¿Tierra? Se sentía como tierra, sentía una corriente de aire recorriendo su cuerpo era como el verano.

¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?

Se sentó y abrió los ojos con lentitud siendo segada por el sol, pero cuando su vista se acostumbro pudo ver donde estaba. Un bosque, ¿Cómo había terminado en un bosque? Sintió un pinchazo en la cabeza que la hizo jadear pronto dentro su cabeza se reprodujo una película de los últimos acontecimientos, los recuerdos la inundaron y pronto el cansancio también, se dejó caer en el suelo irregular del bosque.

—No estoy muerta. —murmuro. Pero había algo extraño en su voz, se llevó una mano a su garganta. —que mierda...—exclamo, su voz se escuchaba suave y un poco aguda, se oía como cuando tenía ¿12? ¿13 años? Se volvió a sentar y paso las manos por su cuerpo.

—Esto está mal. —seguio recorriendo su cuerpo hasta que paró en: —Aquí falta algo. —bajo su vista hasta sus pechos. —¡¿Dónde mierdas están mis pechos?!

Se levantó con piernas temblorosas y se dio cuenta que tenía un vestido blanco, bueno ya no era blanco más bien estaba manchado de tierra, se sintió más bajita, paso las manos por su rostro y sintió las mejillas un poco regordetas.

—Rejuvenecí. —susurro y luego soltó una risa seca. —No morí, rejuvenecí. Acaso...mi magia también volvió. —se dejó caer de rodillas sobre la tierra y puso ambas manos en el suelo.

Se sentía como tonta, pero Lily le dijo una tarde que había hecho eso cuando tenía seis años, así se había dado cuenta que tenía magia, así que se dijo: ¿Por qué no? Además, nadie me está viendo. Puso ambas manos en la tierra, tomó una respiración profunda y cerró los ojos para concentrarse, sintió el aire recorriendo su piel y sintió la tierra bajo sus manos, sabía que la magia era producto del anheló del corazón, del deseó. Se visualizo así anhelando, deseando que naciera la magia en ella.

Sintió algo brotar de la tierra, algo pequeño y delicado al tacto, quitó sus manos y miró. Pequeñas flores blancas y amarillas habían brotado gracias a su magia, sonrió.

—Mi magia, volvió. —tan pronto como lo dijo sintió el aire vibrar, el ambiente cambiar. Se levantó lentamente mirando a sus lados. "Al menos mis instintos de autor siguen conmigo" se dijo, el aire dejo de correr y el ambiente se sintió amenazante. Dio un paso, uno muy lento sus pies los cuales estaban descalzos tocaron las pequeñas ramas y hojas.

De pronto un rayo azul rozo su mejilla, dio un salto y otro rayo salió de su derecha, sus instintos se apoderaron de ella y corrió detrás de un árbol, tan pronto como lo hizo otro hechizo se estrelló con el árbol donde se estaba protegiendo.

Su corazón estaba acelerado, sus movimientos habían sido muy lentos porque no estaba en condición, la adrenalina fue lo que evitó que el hechizo la golpeará. Puso atención a los sonidos a su alrededor, el bosque estaba mortalmente callado, no había señales de nada. Dejó la cabeza caer contra el árbol.

"¿Quién me ataca?" Era una magnífica pregunta, lástima que no sabía su respuesta, otro ruidito se escuchó, se dejó caer a un lado y el mismo rayo azul impacto en donde estaba su cabeza.

"Hora de correr" se dijo, se arrastró hasta levantarse con piernas tambaleante y comenzó a correr por el bosque con rapidez.

Mientras corría con el corazón a mil por hora pensaba, en donde había terminado, no estaba segura si estaba cerca de casa, o incluso en Inglaterra. Esquivo un árbol a duras penas, otro hechizo paso zumbando por su oreja, volteó para ver si aquella persona estaba cerca.

"Mala idea, si serás idiota Kara" Su pie tropezó con algo que lo doblo y la hizo caer, más bien rodar por el bosque.

Aturdida y desorientada, pudo sentir la sangre caer por su brazo y rodilla, giro para ver detrás de ella y pudo ver un borrón negro detrás de ella, intento levantarse y casi cae al suelo al darse cuenta que su tobillo estaba roto.

—Mierda. —sin importarle poco su tobillo o sus otras heridas comenzó a correr con un paso más lento. A lo lejos vio un gran árbol, intento llegar a él, pero alguien se interpuso en su camino, un hombre delgado y con muchas cicatrices, le asusto verlo aparecer de pronto con la varita alzada hacia ella, la vio de arriba abajo.

—Si solo es una niña. —alcanzo a escuchar que susurraba.

Dio unos pasos hacia atrás, de la nada otras tres personas aparecieron rodeándola todos apuntándole con sus varitas, se sentía indefensa y débil, temerosa y nerviosa, no le gusto sentir eso, ella solía infringir eso no le gustaba sentirse así, miró a los recién llegados levantó sus manos poco a poco para demostrar que estaba desarmada, escucho como dos de ellos hablaban entre susurros.

Uno de ellos se movió, giro de forma rápida, era un hombre mayor, se le hacía conocido, lo conocía ¿Pero de dónde?

—Tranquila. —le calmó, bajo sus brazos poco a poco. Seguía excavando en su cabeza tratando de averiguar quién era. —¿Cómo llegaste aquí, querida? —le dijo con voz serena.

Kara se sentía nerviosa ante su presencia, el hombre irradiaba poder, pronto algo dentro de su cabeza se iluminó, con consternación retrocedió. ¿Cómo era posible?, ¿Esto era una especie de broma?

—Usted...usted debería...—antes de siquiera decir esas palabras la oscuridad la abrazó arrastrándola a través de la inconciencia.

[...]

Albus

Minerva sostuvo el cuerpo de la niña antes de que tocará el suelo, con un hechizo que la hizo flotar.

—¡Severus! —reprendió la mujer.

Severus quien hace unos momentos había noqueado a la chica guardo su varita y la observó con curiosidad bien disimulada.

—Solo está inconsciente, Profesora. —me lanzo una mirada en busca de respuestas, no pude decir nada, no tenia idea de lo que pasaba mire a la niña que era sostenida por McGonagall.

¿Esta niña había aparecido dentro del castillo? ¿Cómo era posible?

—Es una niña. —dijo Lupin con impresión.

—Vaya, gracias por la observación Profesor Lupin. —respondió con ironía Snape.

Remus lo vio de reojo sin decir nada, dirigió su mirada al mayor.

—Profesor. —mire al castaño. —¿Qué va a hacer con la muchacha?

Necesitaba saber cuál era el motivo por el que aquella niña estuviera en el bosque, pero era algo que no podía decir a los presentes, el ambiente estaba tenso, tenía intención de mantener la calma y conseguir las respuestas antes.

—Profesora. —la nombrada me dirigió una temerosa. —¿Podría llevar a la muchacha con Madame Pomfrey para que cure sus heridas? —le pregunto. Minerva al no esperar aquella respuesta asintió confundida.

—Excelente, si no hay nada más. Regresemos al castillo, la muchacha necesita atención inmediata.

[...]

Escucho como una puerta era cerrada, poco a poco abrió los ojos y se topó con un techo alto y de piedra, parpadeó intentando reconocer el lugar, pero realmente no sabía dónde estaba, pronto los recuerdo llegaban a ella: la fiesta, su beso con Lysannder la cual fue el detonante de su gran pelea con James y su precipitada muerta.

"Mi precipitada muerte, eso se escucha perturbador"negó y paso una mano por su cabello.

Recordó su encuentro con su bisabuelo en el limbo y el cómo se habían despedido y su predicción de que su viaje aún no terminaba "Tenía razón el anciano", su llegada a este lugar, como la habían perseguido como a un perro y el cómo vio a mucha gente muerta. Se estremeció, giro a su izquierda y vio una mesita, en ella había una jarra llena de agua y un periódico.

Tenía la garganta seca y la cabeza le daba vueltas, con lentitud se sentó en aquella cama, se dio cuenta que estaba limpia y tenía una pijama, tenía algunas vendas que cubrían sus heridas y por suerte su tobillo estaba curado. Tomó el periódico, el famoso periódico "El profeta"

Con alivio se dio cuenta que seguía en Reino Unido, siguió viendo el periódico, lo abrió y leyó el artículo que abarcaba toda una hoja. Frunció el cejo y vio la foto de un hombre andrajoso, sucio y con una mirada de locura el cual le gritaba a la cámara, en la parte de arriba decía

"¡Escape de Azkaban!"

¿Cómo era posible una fuga en Azkaban? Desde que el ministro anterior había implementado el nuevo sistema de seguridad a unos pocos años de haber terminado la segunda guerra no habían tenido ninguna fuga. Siguió leyendo con curiosidad.

"El pasado 13 de julio se registró la fuga del preso: Sirius Black, quien era la mano derecha de quien-ustedes-ya-saben y quién entregaría a sus amigos los Potter para ser asesinados por su señor, se cree que Sirius Black busca al único hijo de los Potter y quién sobrevivió a la maldición asesina a manos de quien-ustedes-ya-saben para cobrar venganza por la caída de este. El ministro de magia ha dicho que la búsqueda del criminal se había extendido al mundo muggle dónde pusieron sobre aviso al ministro muggle de que un asesino muy peligroso estaba suelto. Seguiremos informando de los avances de parte del ministerio.

Rita Skeeter"

Bajo el periódico y se mordió el labio.

—Sirius Black era el padrino de Harry, pero se supone que murió en 1995, no tiene sentido. —se llevó una mano a la barbilla, pensativa. —A menos que...—una idea loca cruzo por su cabeza, no creía que aquella posibilidad fuera posible, pero con los recientes acontecimientos, vio el periódico buscando la fecha, existían hechizos con la capacidad de retroceder unos minutos incluso horas, aún quedaban alguna gira tiempos, pero nunca había escuchado de un hechizo o incluso de un artefacto que retrocediera años, pronto encontró lo que buscaba en la parte de arriba.

—20 de Julio de 1993. —esa revelación cayó como un valde de agua fría sobre su cabeza, llevo una mano a su boca y se dejó caer en la cama. —Santa mierda. — murmuró.

La puerta de la enfermería se abrió, Kara se incorporó de inmediato y un hombre con larga barba y túnica morada con estrellas y lentes con forma de media luna entró, Kara paso saliva. En verdad se trataba del grandioso Albus Dumbledore, el mago que venció a su bisabuelo -ni siquiera había considerado esa parte- el único al que Voldemort le temía más que a nadie en el mundo, el mago que estaba condecorado con la primera orden de Merlín y la lista seguía. El hombre entro con las manos en la espalda y ojos brillantes.

Kara supuso que estaba emocionado de alguna extraña manera por su llegada.

—Veo que ha despertado, señorita. —vio cómo se acercó al pie de la cama, tomó una silla y se sentó mientras tanto Kara observaba con atención sus movimientos. —Me presento, Soy Albus Dumbledore.

—Lo sé. —el hombre alzo una ceja y Kara quería darse una patada. —Digo...todos en el mundo mágico lo conocen. —trato de arreglar la situación.

El hombre sonrió y acaricio su barba. —Entiendo, espero que esté mejor. Pido una disculpa por la manera en la que fue tratada Señorita...

—Kara, Kara Martínez, Señor.

—Señorita Martínez, espero que entienda, pero la gente no aparece a menudo en los terrenos del colegio, burlando toda la seguridad, si no le molesta la pregunta ¿Cómo apareció en los terrenos del colegio? —cuestiono con tranquilidad, pero su mirada, esa era amenazante.

Kara se quedó callada y con la mirada abajo, ¿Cómo había aparecido en los terrenos del colegio? Tomando en cuenta que tenían hechizos anti aparición muy poderosos entendía el interrogatorio y el por qué la habían perseguido por el bosque.

—Yo...no lo sé. —levanto la vista para mirar los ojos azules del hombre. Fue una mala idea. Una punzada recorrió su cabeza y cuello, algunos recuerdos la inundaron. Legeremancia. Los sucesos de la redada atacaron su cabeza, la mirada de Harry, su discusión con James. Uso todas sus fuerzas para sacarlo de su cabeza y lo logró. Termino jadeando y fuera de la cama, la ira la invadió cómo se atrevía aquel hombre a entrar en su cabeza, ni que fuera la reina de Inglaterra.

Se puso de rodillas y se levantó con piernas como gelatina, sintió que iba a vomitar.

—Usted...cómo se atreve—su amenaza quedó al aire al ver la expresión de Dumbledore, está era dura, la miró y entrecerró los ojos.

—Una viajera por lo que pude ver.

Kara se paralizó, el hombre se levantó de la silla y rodeó la cama, la tomó del brazo y la ayudo a meterse a la cama de nuevo.

—Si no le molesta señorita Martínez, ¿Me puede contar como terminó en otro tiempo el cual no es el suyo?

Lo dijo tan tranquilo que Kara pensó que el hombre era bipolar, primero tenía una expresión de que te iba a destrozar y después era tipo "si a la paz, no a la guerra" considero si contarle o no lo que había pasado, si estaba atrapada aquí ¿no sería mejor tener un aliado? Podía contarle unas cosas.

"Contarle algunas cosas, él podría saber algo no por nada es el mago más poderoso del mundo, pero ¿Si le digo quien fue o bueno es porque no ha muerto todavía mi bisabuelo"

"Si no le dices aun así lo va a averiguar como lo hizo hace unos instantes" le dijo una voz en su cabeza.

Punto para la voz de mi conciencia. Pero si Kara le iba a decir algo sería bajo sus propios términos.

—Bueno, sé que no estoy en posición para poner condiciones, pero de alguna manera necesito protegerme. —le dijo al hombre, este solo asintió "Eso fue fácil" —Okey, aquí va: Primero no vuelva a entrar a mi cabeza sin permiso.

—Le pido una disculpa Señorita Martínez, pero tenía que asegurarme de que no fuera una amenaza, pero si le sirve de consuelo su Oclumancia fue excelente.

—Bueno, si le sirve de consuelo eso fue suerte es la primera vez que logro usar Oclumancia con éxito. —dijo la chica con pesar, el hombre le sonrió. —Numero dos: solo le contaré lo que crea necesario, número tres: que me ayude ¿Acepta? —estiro su mano para cerrar el trato, si a eso se le puede llamar trato.

Dumbledore miró la mano la chica y luego a ella:

"Interesante, muy interesante"—se dijo, algo dentro de él le decía que esa niña era alguien especial y muy importante para lo que venía.

Dumbledore estrecho su mano completando aquel trató, Kara se soltó del agarre del hombre y se recargo en la cabecera de la cama de enfermería, los nervios la inundaron de repente.

—Bien, me llamo Kara Martínez, soy mexicana y tengo 25 años...—el hombre alzo una ceja al escuchar su edad. —...lo se parezco de 13, pero de alguna manera que apenas puedo explicar rejuvenecí; como decía soy huérfana, era aurora trabajaba el escuadrón de élite "Los cazadores" vengo del 2028 en ese tiempo el ministro de magia es Hermione Granger Weasley

El hombre sonrió: —No esperaba menos de la señorita Granger.

Kara sonrió con melancolía: —Si, es la mejor ministra y la primera hija de muggles, como decía, fui entrenada por Harry Potter.

—Me alegro escuchar que sigue bien. —dijo el hombre con cariño, Kara asintió.

—Después de que mis padres murieron a manos de mortifagos, Harry y su familia me acogió como a uno más de sus hijos, lo quiero como a un padre. —se llevó una mano al pecho.

Albus miraba a la muchacha quien hablaba con tanto cariño de su protegido, le alegraba escuchar que era feliz y que esté tenía una familia, pero le preocupaba que había mencionado a los mortifagos ¿Acaso Voldemort se alzó de nuevo? ¿Estarían sus subordinados repartiendo el terror en el mundo mágico y el muggle? Necesitaba que la muchacha dijera lo que sabía.

—Señorita Martínez, ¿Uso algún hechizo o artefacto para llegar aquí? ¿Quiere cambiar algo? —pregunto, estaba impaciente, aunque no lo demostró.

La chica lo miró y se removió incómoda.

—Estaba por llegar a esa parte...—murmuro y le miró—Vera, un mes antes de que viajará al pasado, hubo una misión, todo se complicó y Harry fue asesinado...—Dumbledore se sorprendió ante esa revelación. —Yo, yo me sentía culpable por su muerte, ya que si no hubiera perdido el control no hubiera muerto, yo hice una locura...algo realmente malo. Use magia negra, una magia muy oscura y antigua de un libro igual de oscuro y antiguo...—el hombre la escuchaba con atención. —Usé un hechizo, para retroceder unos minutos ya que solo quedan alguna gira tiempos en el futuro, lo usé y retrocedí. —la chica suspiro. — Pero no sé por qué viaje al pasado y como eso pueda afectar estando yo aquí. ¿Usted...tiene alguna idea de lo que pasó?

Dumbledore termino de escuchar a la muchacha, se acomodó los lentes, la castaña lo observó pensativo y sin decir nada, eso elevó sus nervios hasta el tope y su ansiedad también, pasaron unos minutos en total silencio hasta que el hombre la miró a través de sus lentes de media luna.

—Tengo una teoría, tal vez el hechizo desencadenó que viajará al pasado cuando uso el hechizo. De alguna forma que no puedo explicar creo una línea del tiempo alterna, una diferente a la original. Pero como le dije es solo una teoría. —la muchacha soltó un gemido lastimero y se cubrió el rostro. — ¿Cuál era ese hechizo?

Vio al hombre. —El...el hechizo se llama Te-tempus mutatio. —tartamudeo, el anciano suspiro.

—Me lo suponía, pero ¿Cómo consiguió aquel libro? Yo lo he estado buscando desde hace años, ¿cómo terminó en sus manos? —formulo con duda.

—Eso...eso puede ser una historia interesante y difícil de creer señor. —se sentía como si trajera una soga en el cuello de repente y alguien la estuviera apretando, lenta mente dejándola sin aire. —El libro, bueno, el libro era de mi bisabuelo, y mi bisabuela se lo entrego a mi abuela, y mi abuela a mi papá y mi papá a mi antes de morir. —Dumbledore frunció el cejo ante tal respuesta.

—¿Quién era su bisabuelo y porque le heredó tal libro?

—El porqué, no lo sé y con respecto a mi bisabuelo, bueno usted lo conoce...—miro sus manos, no se atrevió a ver al hombre.

—Así que, ¿Lo conozco? —Kara asintió sin verlo—Y dígame señorita Martínez, ¿Quién es su bisabuelo?

—Usted, usted lo metió en la cárcel...—movió sus manos con nerviosismo. —...lo venció en un duelo. —trago saliva y lo miró. —Él se llama, Gellerd Grindelward.

El silencio reino en la enfermería, Dumbledore se levantó lentamente de la silla sin quitarle la mirada a la muchacha, de igual manera Kara no le quitó la vista de encima, se mordió el labio y calmó el impulso que tenía de saltar de la cama y correr lejos del hombre quien tenía un semblante sombrío.

—¿Me podría repetir lo que dijo señorita? Creo que no la escuché bien.

"Ay Merlín ayúdame acabo de revivir, no quiero volver a morir"

—Gellerd Grindelward, ese es el nombre de mi bisabuelo.

[...]

Después de decir eso Dumbledore salió de la enfermería sin decir palabra alguna, Kara suspiro de alivio y se quedó sola en la enfermería de eso habían pasado dos horas y el sol comenzaba a bajar dejando tenues sombras y la poca luz que quedaba se filtraba así se quedó, sola para pensar.

Si su teoría era correcta, entonces estaba atrapada sin nadie, sola y en el comienzo de una guerra. De todas las fechas que la mandaron porque precisamente a esta época, Kara negó y no dejo que los pensamientos negativos la inundarán, pudo haber sido peor, pudo terminar en medio de la primera guerra mágica. Por lo que sabía Voldemort regresaría de manera no oficial cuando se llevará acabo la última prueba del torneo de los tres magos, para eso faltaba un año.

Trato de concentrarse en el presente, en su situación la cual ya era muy delicada, no podía ir con su madre sabía que su familia era partidaria de Voldemort, aunque no supiera cual de todas las familias sangre pura era la de su madre, así que esa posibilidad quedaba descartada, ¿Con su padre tal vez? Pensó en donde estaba en ese momento, según le había contado, su padre se había graduado del colegio en 1990 y estaba recorriendo América, tenía que estar en alguna parte entre Brasil y Argentina. No tenía posibilidad de encontrarlo hasta que regresará a México en 1996, comenzaba a frustrarse ante su situación, no tenía a dónde ir y ni loca iría con sus abuelos, despreciaban todo lo que tuviera que ver con la magia, irónico ya que su abuela, padre y tía eran magos. ¿Podía quedarse aquí? Tal vez buscar un empleo.

Pero había una falla en su plan, estaba atrapada en su cuerpo de trece años cuando en realidad tenía veinticinco años y sin contar que no tenía papeles, ni varita. No existía en esta época y faltaban diez años para que naciera y eso sí llegaba a nacer ya que su sola presencia aquí ya había alterado demasiadas cosas.

Suspiro con frustración, alguien golpeó la puerta y entro, Kara pudo ver al hombre que la había asustado en el bosque, entro con timidez. Algo de aquella timidez se le hizo monstruosamente conocida. El hombre le sonrió y se acercó.

—Espero que estés bien, me presento soy Remus Lupín profesor de Defensa contra las artes oscuras del colegio. —dijo. Kara entendió porque esa timidez se le hacía conocida, era porque era la misma que mostraba Teddy, el hombre frente a ella era el padre de su amigo uno de los héroes de la guerra, el primer hombre lobo condecorado con el título de la primera orden de Merlín. Abrió y cerró la boca con impresión, claro el hombre iba a impartir las clases en ese año y era donde Harry lo conocería.

—¿Estás bien? —pregunto con preocupación ya que la chica solo abría y cerraba la boca.

Kara parpadeó con rapidez y salió de su shock, asintió

—Si...ah...yo, mi nombre...me, me llamo Kara Martínez un placer. —dijo dándole una sonrisa nerviosa y le ofreció la mano para estrechar la.

Remus le sonrió y acepto su mano.

—Igualmente Kara. —soltó se mano y se sentó en una silla, saco una barra de chocolate y la abrió, cortó la barra a la mitad ofreciéndole una mitad a Kara, con una sonrisa tímida Kara la tomó. —Así que dime...—comenzó el profesor. —¿Como están tus heridas?

La castaña miró sus brazos vendados y movió su tobillo debajo de la sábana para luego mirar al hombre: —Dentro de lo que cabe, estoy perfecta solo heridas superficiales y mi tobillo está curado.

Remus se llevó una mano al cuello—Me alegro, pido disculpas, mi colega fue quien provocó todas tus heridas, pero el solo hacia su trabajo. Severus no es tan malo una vez que lo conoces, solo está...amargado.

—¿Severus? —ignoro la parte de amargado.

—Perdona olvide que no lo conoces, Severus es el profesor de posiciones del colegio.

—Ah. —dijo, conocía al hombre, Severus Snape mano derecha de Voldemort y doble espía de la Orden.

—Y ¿qué edad tienes Kara? —volvió a cuestionar.

—Tengo 13 años.

—Ah, vas en tercero. —supuso

—Si, así es. —como que de repente estaba haciendo muchas preguntas, pensó Kara. Su experiencia le decía que algo quería.

El hombre se quedó en silencio, Kara lo miraba con disimuló mientras terminaba su chocolate, sabía que Remus la estaba analizando de una manera para nada disimulada.

—Kara, tienes trece años, ¿Verdad? Dime, ¿Qué hace una muchacha como tú sola en el bosque?

Bingo, tenemos un ganador. Así que era eso, era normal que quisiera saber no todos los días una mocosa de trece años burla la seguridad del lugar más seguro en el mundo mágico. Kara estaba a punto de soltar una mentira.

—Ah, profesor Lupin. —Kara salto en la cama y tanto ella como Remus miraron a la puerta donde venía un más relajado y sereno Albus Dumbledore con un libro bajo el brazo. —Veo que ya conoció a mi ahijada.

Lupin la miró y luego al Profesor

—¿Es su ahijada? —pregunto con duda.

—¿Soy su ahijada? —murmuro con extrañeza, al parecer nadie la escucho ya que Dumbledore asintió.

—Así es profesor, fue una sorpresa para mí verla en el bosque. —miro a Kara y con voz suave le dijo. —Querida, te dije que no fueras al bosque, aún no conoces bien los alrededores y podrías perderte. Además los hechizos alrededor de los terrenos están perdiendo fuerza y no puedes andar merodeando por ahí. —El hombre se puso a un lado de ella y miró de nuevo a Lupin quién miraba confundido. —Supongo que ya se conocen profesor, mi ahijada llegó hace una semana de América, ella estudio en Ilvermornie y se transfirió a Hogwarts para continuar sus estudios, seré su tutor de ahora en adelante. Así que la verá muy seguido partir de hoy. —puso una mano en su hombro y le guiñó un ojo diciendo "Sígueme el juego"

—S-Si, yo salí del castillo a buscar flores y me adentré al bosque.

—Pero, profesor si es su ahijada y lleva una semana aquí ¿Porqué Severus la atacó? —el hombre junto sus manos y negó.

—Me temo que Severus no sabía de su existencia y su llegada, ya que apenas llegó ayer al castillo. Ya le expliqué la situación y se encuentra muy arrepentido por el malentendido. —miro a Kara y le dijo. —Querida, Severus pide disculpas por su comportamiento.

Kara asintió: —No, no hay problema...padrino, fue una confusión, acepto sus disculpas. —le respondió, el solo decir la palabra "Padrino" fue extraño para ella.

Remus los miró a ambos, Kara casi podía ver los engranajes de su cabeza girando, sospechaba, miró a Dumbledore quien la miró y le dio un guiñó.

—Profesor Lupin, si me disculpa quiero hablar con mi ahijada a solas. —Remus lo miró por un momento y asintió.

—Entonces, la veré en clase Señorita Martínez. —se despidió con un movimiento de cabeza, tan pronto como salió por la puerta de la enfermería miró a Dumbledore.

—Así que, ¿Soy su ahijada? —alzo una ceja y se acomodó en la cama, Dumbledore con un movimiento de mano puso un hechizo silenciador sobre la enfermería y se sentó en la silla donde Lupin había estado.

—Me pidió que la ayudara, señorita Kara y solo lo hice—respondió con simpleza

Kara apretó los labios y suspiró con cansancio por su complicada situación

—Me quería decir algo, no es así, ¿Qué es? —fue directo al grano, estaba comenzando a fastidiarse. Primero moría, luego termina atrapada en el pasado sin poder volver y ahora el viejo quien había salido huyendo cuando menciono que estaba emparentada con su gran enemigo dejándola aterrada y ahora sale el viejo chiflado con que debe fingir, -cosa que ya está harta de hacer-.

El hombre sonrió y puso el libro con el que había entrado bajo el brazo en la cama, ella miró el libro. Tenía los mismos relieves que su libro, el cual había escondido -y que esperaba que no encontraran- pero este era de un azul oscuro, no como el otro el otro que era verde. Lo miró con temor.

—Pero...pero pensé que solo era uno. —dijo con voz quedada mientras pasaba un dedo por la tapa, sintiendo su textura.

—En realidad existen cinco de ellos.— dijo el hombre recargando se en la silla..— Originalmente eran siete pero dos de ellos fueron destruidos, yo tengo uno, otros dos mi querido amigo Flamel.—Kara frunció el ceño.—Solo quedaba dos, los cuales creí perdido hace tiempo, pero al parecer me equivoqué.—Kara pudo notar que los ojos de Dumbledore brillaban con perspicacia.— Tú bisabuelo robo uno de ellos y desde entonces tú familia lo ha guardado celosamente, creo yo, que para que no terminará en manos equivocadas.

Kara no tenía intención de hablar del tema—Así que cinco, ¿Eh? Creí que era un libro único— tomó el libro y lo miró con cuidado. — Al parecer no. —lo abrió e intento leerlo.

Iba a preguntar que idioma era, pero Dumbledore se adelantó:

—Es griego antiguo, cada libro está escrito en una lengua antigua. —el hombre se levantó y extendió la mano, Kara entendió y le entregó el libro. —Cuando quiera puede ir a mi oficina a pedirlo. —comenzó su camino a la salida.

"¿Y ya?, ¿Eso era todo?" Kara necesitaba respuestas y claramente no las había obtenido, más bien ahora tenía más preguntas. Quería saber cuál sería su situación en ese tiempo, no tenía nada ni dinero, ni una casa, familia y ni siquiera existía en esta época, pero si con solo verla se notaban mal las cosas. ¡Tenía trece de nuevo, tendría que sufrir la pubertad de nuevo!

—Pe-pero, ¡Profesor! —grito, saltando de la cama.

Agradeció el no desplomarse, Dumbledore la miraba mientras está se acercaba. —¿Qué... qué va a pasar conmigo? Le hizo creer al profesor Lupin qué era mi padrino, cosa que no soy—dijo con negativa.

Dumbledore se llevó una mano a la barba pensativo: —Dígame, señorita Martínez ¿Cree poder repetir sus años de escuela? Incorporarse al tercer año, permítame decirle que presiento que con su estadía en el colegio puede ser un año más emocionante de lo que ya lo es. —termino acomodando sus lentes de media luna.

Esa propuesta dejo a Kara sin palabras: —Profesor, pero yo ni siquiera asistí al colegio. —murmuro

—¡Aún mejor! —exclamo—Nunca es tarde para terminar de estudiar, esta es la mejor oportunidad. Así que le pregunto: ¿Le gustaría incorporarse al tercer año?

La castaña negó. —Profesor, esto es muy precipitado. Este es un asunto muy serio, estamos hablando de mi futuro y usted me dice que si quiero incorporarme a la escuela. — La voz de Kara se alzaba y la mujer se sentía al borde del colapso. Pero Albus seguía tan relajado, como si nada pasara.

—¿No quería que la ayudará? no comprendo la razón de su preocupación, mi objetivo es su seguridad y tranquilidad, Señorita Martínez.

—Señor, no existo en este tiempo. —en ese punto de la situación, kara estaba aterrada. —Viaje treinta y cinco años en el pasado, tengo 13 años de nuevo, estoy completamente sola, no puedo buscar a mis padres y no tengo ni idea de que hacer. — sus ojos se habían empañado por unas gruesas lagrimas que amenazaban con salir, los temblores que recorrían su cuerpo eran evidentes. Se sentía aterrada, asustada, humillada y patética. No tenía control de sus emociones, podía culpar a sus hormonas adolescentes -las cuales eran un completo caos- o podía culpar al cansancio. No importaba cual fuera la razón estaba vulnerable, cosa que no le gustaba.

Dumbledore sintió lastima por aquella muchacha, no podía imaginar lo duro que podía ser. Pero no podía cambiar su situación, le dio unas palmadas en la espalda ya que la muchacha se encontraba temblado y sollozando sin control.

—Querida, no podemos cambiar los hechos lo único que le queda es adaptarse y intentar rehacer su vida, se que puede ser difícil. Per no esta sola, estoy con usted y se que si le contamos a la profesora McGonagall y a Severus ellos también estarán ayudándola en todo lo que necesita. —Kara no había considerado contárselo a la profesora McGonagall y a Severus Snape, parecía irreal toda esta situación. Albus guio a Kara de regreso a la camilla y la hizo regresar a la cama. —resolveremos esta situación juntos Kara, usted solo necesita preparase para lo que viene, por lo demás no se preocupe. De ahora en delante usted está bajo mi cuidado, velare por usted y la protegeré ya que su llegada puede ser peligrosa, si alguien se entera de sus conocimientos no tardaran en buscarla.

Kara no dijo nada, sabia que lo dicho por el mago era verdad, tenia miedo, mucho miedo. Pero no pudo evitar preguntarse ¿Qué tan malo podía ser? El comenzar de nuevo, ser feliz y no cometer los mismos errores del pasado, podía evitar la muerte de sus padres, evitar que su madre se convirtiera en mortifago aun si con eso evitaba su propio nacimiento. Podía ayudar con la guerra que estaba por venir, acercarse a Harry y guiarlo a hacer las cosas bien, evitar la muerte de los padres de Teddy, o la de Fred Weasley. Podía cambiar todo el rumbo de la maldita guerra y cambiar el resultado para mejor, evitar todas aquellas muertes de muggles y de hijos de muggles, de aquellos mago que estaban en contra del mago tenebroso.

Inhalo, y cerro los ojos. Tratando de buscar algún motivo para no hacerlo, su cabeza estaba en blanco, probablemente la caída en el bosque la había vuelto loca, oh tal vez eran sus hormonas que estaban jugando con ella haciendo que tuviera aquellos cambios de humor tan repentinos, eso podía explicar el sentimiento de valentía que surgían lentamente de lo profundo de su pecho. Exhalo y abrió los ojos, limpio las últimas lagrimas que bajaban por sus mejillas.

—Bien, tengo una idea ¿Por qué no cambiamos la historia? Ya que estoy aquí, arruinándolo ¿por qué no lo hago bien? —Albus no esperaba esa respuesta.