Advertencia: este capítulo contiene descripción de escena sexual explícita. Sino te agrada o te hace sentir incómodo...bueno, hasta acá llegas jaja

De nuevo, Kisaki se recriminó a sí mismo la facilidad con la que aquella noche en especial su mente estaba yéndose lejos del lugar en donde realmente debía estar; cuando sus ojos enfocaron nuevamente la acera a través de la ventanilla del vehículo fue cuando notó que en algún momento de sus elucubraciones había comenzado a llover, las gotas de agua mojando el cristal e impidiéndole una visión óptima de lo que a esas horas de la madrugada era, en realidad, una calle casi desierta.

Sin desviar la mirada de la acera oyó el sonido característico del limpiaparabrisas. Aquí y allá, aquí y allá el ruido de la silicona friccionándose contra el cristal del parabrisas, una y otra vez.

— ¿Por qué te detienes en el semáforo? Mira la hora que es.

En realidad, su reproche distaba bastante de ser algo genuino. Poco le importaba si Hanma detenía el vehículo donde sea que se le antojase o si pasaba en rojo todos los semáforos; sin embargo, luego de que su mente había aterrizado de nuevo en el carro...por favor, ¿podía haber un poco más de tensión allí dentro transmitiéndose desde el asiento del conductor hacia la parte posterior del coche en donde él se encontraba sentado, el cinturón de seguridad ya molestándole y arrugándole el traje? Como no obtuvo respuesta, su rostro se ladeó en forma milimétrica hacia delante; parcialmente distraído por el sonido del limpiaparabrisas, Kisaki vio como Hanma se limitaba a observarlo a través del espejo retrovisor, su mirada insoslayable en esos momentos.

¿Kisaki estaba lo suficientemente agotado mentalmente como para no poder descifrar qué carajos quería transmitirle con esa mirada o realmente era la primera vez que Hanma lo observaba con aquel tipo de sentimiento de...de...eso era recriminación? ¿Hanma le estaba reprochando algo…?

Sin decir una palabra, Hanma aprovechó el momento y encendió un cigarrillo dentro del auto, el humo de la primera exhalación contaminándolo todo. Hanma sabía que Kisaki aborrecía que hiciese eso sin ninguna ventanilla abierta, por qué justo...

Cuando separó sus labios posiblemente para comenzar un intercambio de palabras agresivo que seguramente terminaría en otra discusión ya había sido demasiado tarde; el semáforo mostró un resplandor verde y el acelerador fue presionado con demasiada fuerza, el automóvil saliendo de su inmovilidad para desplazarse más rápido de lo que los nervios de Kisaki en ese momento podían tolerar.

— Hanma.

— Dime.

— ¿Se puede saber qué mierda te pasa ahora?

El silencio los envolvió de nuevo y la tensión aumentó exponencialmente con cada segundo que pasaba sin respuesta alguna; Kisaki abandonó su postura pasiva y encaró directamente a Hanma a través del espejo retrovisor, su ceño fruncido y su temperamento más intolerante que nunca.

Porque sí, no iba a reconocerlo abiertamente, pero la actitud esquiva y molesta de Hanma lo estaban poniendo nervioso, acostumbrado a que aquel estúpido lo acosara constantemente. No era la primera vez que algo así sucedía, pero sí que el mayor no parecía tener una respuesta clara y concisa para darle.

¡Si Hanma estaba completamente frontalizado y jamás temía expresar lo que pensaba, por qué justo ahora guardaba tanto silencio!

Hanma inhaló, e inhaló hondo. Sus ojos estaban en la acera y de vez en cuando, sus miradas se cruzaban a través del pequeño espejo; en uno de esos cruces, la mirada de Hanma cambió sutilmente y Kisaki divisó un dejo de sonrisa en sus ojos, más la felicidad que su rostro podía expresar falsamente no le llegaba a la mirada.

Luego, soltó el aire despacio, demasiado despacio. Kisaki cruzó y descruzó las piernas varias veces mientras aguardaba impacientemente algún tipo de declaración que no llegaba por lo que, cobarde como se sabía, no volvió a presionar y su mirada se deslizó otra vez hacia las calles húmedas por la llovizna que aún caía.

— Pasan...pasan muchas cosas.— Kisaki observó al espejo retrovisor, pero Hanma seguía mirando hacia delante.— Pero no son importantes, no te afectan.

— ¿No?

— No, para nada.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro?

De nuevo, el silencio que tanto le molestaba. Hanma parecía hablar en clave y Kisaki no le entendía, y si eso le sumaba su cansancio y su mal humor…

— Porque te conozco mejor que nadie.

Kisaki frunció el ceño ante el tono de lamento con el que había dicho eso; de nuevo, un semáforo se interpuso en su camino y en ese instante que duró segundos, Hanma había apoyado el brazo en el asiento del acompañante y se había volteado hacia él, sonriéndole.

Aquella sonrisa no expresaba ningún tipo de felicidad sino resignación...y Kisaki no tenía que estar lo suficientemente lúcido como para entrever cierto aire de tristeza en la mirada ambarina del otro a través de la semipenumbra del coche.

El momento había durado eso, segundos, pero habían sido lo suficientemente intensos como para que Kisaki espavilara dentro del sopor del cansancio y el enojo; el coche arrancó de nuevo y mientras Kisaki parpadeaba, sorprendido por haberse quedado en blanco una fracción de segundo reconoció el camino hacia donde iban, la ira creciendo de nuevo como un sentimiento renovador y protector en su mente un tanto vapuleada al comprender parcialmente qué era lo que le estaba pasando a ese tarado.

— Dobla aquí.

— ¿Qué? Pero…

— Te he dicho que dobles ahí.— repentinamente, Hanma enarcó las cejas y sin comprender realmente, obedeció.— Sigue derecho.

— Kisaki, nos estamos desviando de tu piso.

— Y eso a mí qué me importa.

Con la mente literalmente en blanco, Kisaki desabrochó su cinturón y se reclinó hacia delante, las manos apoyadas en los dos asientos; afuera, la llovizna se había transformado en lluvia y las gotas de agua golpeaban con fuerza el techo y los cristales del vehículo, el limpiaparabrisas en esos momentos casi inútil por la intensidad del agua que escurría sobre el vidrio y el humo del maldito cigarrillo por doquier, asfixiándolo.

— Vas a seguir derecho unas...cinco cuadras más y luego vas a doblar y a meterte en la autopista.

Hanma pareció recalcular el nuevo destino y Kisaki rodó los ojos, incapaz de concebir que fuese tan idiota. Por suerte no tuvo que aclarar nada porque al cabo de unos segundos, aquella bestia pareció comprender adónde se dirigían y, lejos de cuestionar sus órdenes, aceleró.

Era tan básico...pero al mismo tiempo, Kisaki se alegró en su fuero interno de que el ambiente dentro del vehículo hubiese cambiado drásticamente, más relajado y soportable.

— ¿Seguro?

— Hanma, vamos antes que me arrepienta.

— Claro.

El camino fue silencioso pero lejos de la tensión inicial, ahora flotaba en el aire otro tipo de sentimiento compartido de ansiedad; lo que usualmente hubiese demorado unos diez minutos...si había algún sensor de velocidad en el trayecto, Hanma los había traspasado a todos arriba de los 100 km/h y habían arribado al lugar en menos de cinco minutos, el portón de ingreso abriéndose al presionar un pequeño dispositivo de bolsillo que Hanma tardó en localizar en la guantera del auto mientras Kisaki se recostaba en el asiento de atrás intentando no arrepentirse.

El ruido insistente de la lluvia menguó cuando el auto arribó bajo techo dentro del garaje; aún así, el sonido en el exterior se percibía cada vez más fuerte, sobre todo cuando Hanma apagó el auto, descendió y abrió la puerta trasera esperando a que Kisaki decidiese a bajarse, hecho que costó considerando las implicancias de…

— Ves que eres un animal, suéltame.

— No. Ahora ya no.

Sencillamente había cuestiones que no cambiaban ni aunque hubiese pasado una década de tiempo; Kisaki apenas había logrado poner un pie fuera del vehículo cuando la ansiedad de Hanma había sido incluso más fuerte que su propia resistencia y, antes de percatarse muy bien de la posición que ambos ocupaban estampados contra el vehículo, Kisaki se vio luchando otra vez con las manos atrevidas y escurridizas que se abrían camino incluso entre las capas y capas de ropa que llevaba puestas, los labios atacando su cuello al tiempo que Kisaki esquivaba como podía sus arrebatos.

Y bueno...sólo a él se le había ocurrido cambiar la dirección desde el piso donde vivía hacia la casa de Hanma.

— ¡Hanma, maldito seas, aunque sea déjame entrar!

Aquella risilla que tanto odiaba en momentos como ese fueron el preludio de la primera desgracia; pese a la fuerza que ejercía sobre los hombros de Hanma, Kisaki no podía moverlo ni siquiera un centímetro hacia atrás, como siempre. Este, mientras tanto, aprovechó el momento de forcejeo para finalmente estampar sus labios contra los ajenos y, cuando Kisaki comenzó a resignarse que ya no podría pelear más una batalla que ni él quería disputar, se percató que al final, Hanma siempre obtenía lo que quería de él.

Al final, ¿quién de los dos dominaba en esa relación extraña que llevaban teniendo hacía tantos años? Maldito fuese él por pensar que era quien daba las órdenes.

Mientras seguía forcejeando cada vez con menos fuerza, Kisaki se descubrió rememorando por qué había cambiado de opinión en tan pocos segundos. Se había percatado no sin cierta indignación que Hanma de alguna manera se había sentido desplazado y un tanto menospreciado por la falta de emoción que había expresado Kisaki cuando, rato atrás en la oficina al estar solos, le había confirmado la muerte de las personas con las que había deseado acabar hacía ya bastante tiempo para cerrar aquella maldita puerta que lo anclaba aún al pasado; con el paso de los años, Kisaki se había percatado que en cuestiones sentimentales se había ido aflojando pero, al darse cuenta que sólo lo había hecho con Hanma en ese tipo de situaciones había instalado un nuevo muro entre ellos, invisible pero palpable que, ante algunas circunstancias que Kisaki denominaba "especiales"...

...podría derrumbarse aunque fuese por un par de horas.

Si había algo que odiaba más que la incompetencia era ver a aquel idiota triste, sobre todo si era su culpa.

Para qué carajos meter excusas, si él también lo deseaba así.

— Despacio.— farfulló contra los labios enfebrecidos aún presionado contra el costado del coche.— No me voy a ir a ningún lado.

— Mmh…

Al menos parecía oírlo. Sus labios siguieron presionándose contra los suyos pero al menos ya no ejercían la misma fuerza; suspirando, Kisaki se arriesgó a llevar el ritmo de aquel beso apresurado y a transformarlo en algo más suave, cadente, lográndolo parcialmente. Se vio rodeado por los largos brazos y atraído con firmeza en un abrazo casi asfixiante, la lengua profundizando el beso sin que Kisaki se opusiera a ello.

— Te extrañé, yo…

— Cállate.

— Hace mucho que…

— No quiero oírlo.

— Te necesito, aunque no te guste oírlo.— Hanma lo había dicho con cierta disculpa en la voz y Kisaki resopló, indignado.

— Ya lo sé, infeliz. Me lo vives diciendo.— en esa ocasión, fue Kisaki quien buscó los labios de Hanma para evitar que el bochorno lo invadiese de repente si el otro seguía observándolo con tanta intensidad.

— ¿Y tú?

— Yo qué.

— ¿No me quieres, no me extrañas ni un poquito?

Dios, eres insoportable.

— Vamos, aunque sea miénteme para hacerme feliz un ratito.

La voz grave susurrada ahora contra su cuello mientras una mano luchaba contra el nudo de su corbata buscando ganar terreno despertaron un escalofrío que erizó los vellos de Kisaki.

— Tal vez un poquito, sí. Pero no te creas la gran cosa, Hanma.

— ¿Cuál de las dos?

— ¡Ya basta!

La fuerza de su grito perdió intensidad cuando Hanma no esperó a que terminara de insultarlo; Kisaki se vio alzado repentinamente casi como si se tratase de un costal de papas y, antes que tuviese tiempo de comenzar otra vez con los improperios se vio a sí mismo en el interior oscuro de la casa, los pasos - o mejor dicho, las zancadas - de Hanma dirigiéndose hacia el primer piso. Mientras Hanma subía los escalones sin encender una sola luz, Kisaki se replanteó lo que estaban haciendo, todo ello.

¿Estaba bien permitir aquello si luego no iba a ceder en otras cuestiones más engorrosas? Kisaki no lo podía negar, como mínimo apreciaba a Hanma, le tenía cierto cariño y quizás era por eso que cada vez el otro podía traspasar los límites que Kisaki se había impuesto a sí mismo con mayor facilidad…¿pero eso no significaba que, a fin de cuentas, estaba jugando con los sentimientos de la única persona que lo conocía de verdad, que lo quería de verdad?

Porque, Dios Santo, Hanma realmente lo quería. Incluso se atrevería a decir que…

No, si Kisaki lo admitía significaba verse en la situación de admitirse a sí mismo sentimientos que, pese al paso de los años, aún no estaba listo para dejar a relucir.

¿A qué le tenía miedo?

De imprevisto y en medio del delirio, Kisaki se vio bruscamente lanzado hacia la cama, la luz de la luna filtrándose apenas a través de las cortinas.

— Bueno, yo sí que te extraño.

— Hanma…

Pronto, cuando las manos y el peso de Hanma estuvieron sobre él aplastándolo contra el colchón Kisaki dejó no solo de luchar, sino de discutir. Es más, hasta había comenzado a colaborar cuando la ropa comenzaba a estorbar, las corbatas, chalecos y camisas desperdigados y arrugados por ahí.

— Todos los días me levanto pensando en si quizás ese sería "el día" en el que te dejes querer un poco...aunque no me hago muchas ilusiones.— farfulló sobre su oído mientras forcejeaba contra el cinturón y la cremallera de los pantalones ajenos, la diversión filtrándose de nuevo en su voz.— Y cuando puedo, te miro y…

— No quiero saberlo.

— Mentiroso, sí quieres.— de hecho, era cierto. Kisaki disfrutaba en grado sumo cuando Hanma ventilaba de aquella manera desvergonzada el cómo fantaseaba con él en cualquier momento y lugar.— Me pregunto qué sería poder follarte en la oficina sobre ese escritorio siempre lleno de papeles.

— ¿Eso piensas cuando te hablo y no me contestas?

— Ajá. Admite que te atrae la idea.

— No, es espantosa.

— Seguro…

En ese instante, el forcejeo se detuvo no porque Hanma se hubiese rendido sino porque reemplazó la lucha por un tirón bastante fuerte no sólo de los pantalones de Kisaki sino también de su ropa interior quedando ambas prendas casi a la altura de sus rodillas; dándole un último beso en los labios, Hanma literalmente reptó sobre su torso hacia abajo lamiendo y mordiendo la piel en su camino mientras Kisaki de manera más resuelta y desvergonzada lo dejaba hacer, separando las piernas sintiendo la ropa deslizarse por sus piernas hasta sus tobillos.

— ...seguro te haría acabar mucho más rápido.

Kisaki justo había abierto la boca para replicar aquello, pero en ese momento Hanma le había jugado sucio, su lengua ávida y demasiado caliente lamiendo sin tapujos toda la extensión de su miembro más que dispuesto, reemplazando el insulto por un gemido mal contenido que se exacerbó cuando Hanma no detuvo sus atenciones; de un manotazo, Kisaki se deshizo de sus lentes y todo se volvió aún más borroso en medio de la oscuridad del cuarto y si a esa desorientación parcial le sumaba los sonidos húmedos y lascivos, la lengua y los labios cada vez más ansiosos y el calor que ya no podía ni quería controlar…

— Hanma...espera…

— ¿Mmh?.— Kisaki maldijo por lo bajo cuando la vibración de la pregunta no formulada golpeó directamente sobre su miembro, los labios engulléndolo en esos momentos.

— D-Detente de una vez…

— ¿Seguro quieres que me detenga?

Claro, Kisaki tendría que haber sabido que estaba jugando con fuego en la posición de indefensión en la que él mismo se había puesto; hacía ya varios minutos que Hanma se había acomodado entre sus piernas por lo que no tenía movilidad alguna y ese mismo hecho lo había dejado bastante expuesto; por supuesto, Hanma lo había aprovechado y casi en el mismo momento en el que había preguntado aquello en ese tono que tenía de todo menos inocencia, había colado un dedo en su interior, sobresaltándolo al tiempo que sentía el movimiento circular cada vez más rápido y luego la penetración de un segundo dedo que…

— ¿Me detengo? .— no pudo evitar jadear cuando a la dilatación de los dedos se le sumó otra vez la atención de aquella lengua demasiado escurridiza.

— No, ni se te ocurra parar…

— ¿Me vas a suplicar, Kisaki?

El miserable lo tenía a su merced, ahora sí. Había prácticamente detenido el ritmo de sus dedos aún totalmente en su interior haciéndolo bufar de frustración, la risilla dejándose oír otra vez. Hanma apenas hizo un movimiento y Kisaki tuvo que admitir que la batalla, al menos esa, estaba completamente perdida.

—Sí, sí, hijo de puta, te suplico todo lo que quieras pero continúa.

— ¿Cómo se dice?

— Dios…— Hanma movió de nuevo sus dedos en forma lenta, tortuosa mientras Kisaki separaba aún más las piernas.— Por favor…

— ¿Por favor, qué?

— Hanma….

— ¿Sí?

— Hazme lo que quieras.

Kisaki resopló y rodó los ojos, avergonzado por lo que acababa de decir, aún más cuando percibió la falta de aire en el otro.

Era más sencillo decirle aquello y que no jodiera con esas cuestiones a tener que suplicarle toda la noche por una atención que realmente necesitaba.

— ¿Lo que yo quiera? .— El tono de incredulidad alertó y preocupó un poco a Kisaki, inseguro de sus propias palabras.

— Mientras no me mates...oye, qué…

Bueno, no tenía derecho a réplica, él había empezado. Sin esperar mayores explicaciones porque seguramente Hanma tenía tanto miedo como el mismo Kisaki de que se arrepintiera de aquello, aquella bestia demasiado alta lo volteó sobre el colchón mientras retiraba lo que le quedaba de ropa, los pantalones aún enredados en sus tobillos; Kisaki se arrodilló casi en forma instintiva y con cierta ansiedad, percibió el sonido de la hebilla del cinturón a sus espaldas, las manos de Hanma trabajando más deprisa que de costumbre.

Sin embargo, Kisaki aguardaba...bueno, al menos su mente había esperado que se lo follara como el animal que era, no que...

— ¿No has dicho "lo que yo quiera"?

El tono de voz de Hanma había virado hacia algo más profundo, más oscuro. Las palabras sonaron algo roncas por la ansiedad y la expectativa que aquello parecía generarle; Kisaki no iba a ponerse remilgoso justo en ese momento, mucho menos con el nivel de excitación que ya no podía manejar, por lo que...las comisuras de sus labios se curvaron levemente hacia arriba cuando su lengua apenas rozó el miembro de Hanma frente a su rostro, la mano de largos dedos aferrándose a su cabello sin jalar demasiado fuerte, el espasmo en el cuerpo del más alto haciéndole sentir superior; poco a poco fue animándose a más y antes de percatarse realmente de lo que estaba haciendo ya había introducido en su boca todo lo que podía de la erección considerable, dura y caliente que golpeaba su paladar de vez en cuando, su mano masturbándolo a un ritmo lento, exasperante. Ahora que era él mismo quien producía aquellos sonidos húmedos y obscenos con los labios y la lengua no pudo evitar un intento de risa cuando Hanma presionó su cabeza un poco más, gimiendo mientras soltaba frases incoherentes que Kisaki no alcanzaba a comprender del todo.

— ¿Ya vas a acabar? Qué aburrido.— Kisaki aceleró el ritmo que imprimía su mano al tiempo que su lengua atendía aquella zona más sensible, Hanma lloriqueando ante sus palabras.

— No puedo evitarlo, me gustas mucho.

La voz grave, el componente oscuro e indecente y los gemidos roncos le hicieron saber a Kisaki que, efectivamente, Hanma no iba a aguantar ni un segundo más. Pese a que no solía hacer cosas así, de un momento a otro volvió a introducir el miembro en su boca ignorando las advertencias del otro en el preciso instante en el que el orgasmo lo arrolló, aquel líquido caliente y espeso golpeando su paladar, su lengua, su garganta. Lamió concienzudamente todo resto que había quedado ya sin vergüenza alguna.

Sin embargo, la calma duró demasiado poco; Hanma parecía haber sufrido un período refractario demasiado corto y, antes que Kisaki pudiese concebir que aquello era humanamente posible ya se encontraba otra vez de espaldas sobre el colchón, aquel sujeto apoyando todo su peso sobre él, entre sus piernas separadas, sus labios buscando los suyos incluso con más ansiedad que antes.

— Oye…¿no te cansas nunca?.— si bien había reproche en sus palabras, la frase perdió autoridad cuando se había entremezclado con un quejido al sentir nuevamente la invasión de aquellos dedos en su interior.

— ¿De ti? Jamás.

Si había algo que a Kisaki le gustaba de Hanma en aquellas cuestiones era la intensidad que manejaba; era un bruto, un ansioso y un salvaje en todos los sentidos, pero su parte primitiva se acentuaba sobre todo en la cama y mientras más demandante y ávido se pusiera, más se excitaba Kisaki. Aún así, sin embargo...cierto pensamiento cruzó por su mente justo en el instante en el que Hanma había decidido morder su hombro al tiempo que reemplazaba sus dedos por su hombría dura, ansiosa e insistente sobre su entrada que cedía poco a poco.

— Hanma…

El llamado surgió en un suspiro placentero y contenido al mismo tiempo, el peso del cuerpo ajeno y la contención de los músculos relajándose y contrayéndose para permitir la penetración quitándole un poco el aire; el aludido se limitó a entrelazar sus dedos con los de Kisaki, sus manos por encima de su cabeza sobre la cama.

— ¿Duele?

— ¿Tienes a alguien más?

La pregunta había descolocado tanto a Hanma que había detenido todo tipo de movimiento, incluso su respiración. En medio de la penumbra interrumpida solo por la luz mortecina que se filtraba por la ventana, Kisaki pudo ver la expresión consternada en el rostro de Hanma a escasos centímetros del suyo, tal y como si estuviese esperando que aquello fuese una broma.

— Me estás jodiendo, no.

— Te lo estoy preguntando en serio, imbécil.

Increíblemente, Hanma reaccionó de una manera que Kisaki no tenía previsto ni en el peor de los panoramas; lo oyó bufar, luego chasquear la lengua y acto seguido, se incorporó arrodillándose sobre la cama soltando sus manos en el proceso, la sensación de vacío más presente que nunca.

— ¿Qué sucede?

— ¿Y todavía lo preguntas?

— Hanma, qué…

Consternación era una palabra que se quedaba demasiado pequeña para describir lo que sentía Kisaki en esos momentos. Hanma se había tomado aquella pregunta como un agravio y el menor no podía entender por qué, visto y considerando que nunca habían tenido una relación amorosa como tal.

— Vivo por y para ti. Sacrifiqué todo lo que tenía y lo que probablemente no voy a tener por ti. No, no me interrumpas. No me arrepiento de haberlo hecho, Kisaki. Y no jodamos, sabes muy bien lo que siento por ti desde hace años, no te hagas el ingenuo ahora.

Hanma había soltado todo aquello tan rápido y en un tono de voz tan incrédulo e indignado que dejó sin palabras a Kisaki, una cachetada detrás de la otra. Claro que sabía que había dejado toda su vida de lado porque básicamente convivía con él casi todo el tiempo...y por supuesto que sabía lo que sentía por él. Las palabras a veces no hacían falta, menos entre ellos.

— ¿No vas a decirme nada?.— Hanma aguardaba una respuesta que Kisaki no parecía poder dar, aún recostado en la cama apoyado sobre sus codos.

— ¿Entonces no hay nadie más?

— ¿Me has oído, Kisaki?

— Ven aquí.

Ambos guardaron silencio en el momento en el que Kisaki extendió una mano hacia él, Hanma pareciendo evaluar la situación; finalmente estiró la mano y tomó la que Kisaki le ofrecía, el tirón posterior obligándolo a recostarse de nuevo sobre él.

— ¿No hay nadie más?.— repitió en un susurro sobre sus labios en un tono más pasivo.

— No, no hay nadie más.

— Bien. No quiero competencia.— Hanma lo observó sin comprender y luego rió tomando sus manos nuevamente negando con la cabeza.

— No la tienes, ni por asomo.

Kisaki interrumpió la risa tonta de Hanma besándolo e instándolo a continuar, sus piernas rodeando otra vez la cintura del otro.

— ¿Vas a tomar tu recompensa o no?

Como respuesta, Hanma no fue sutil a la hora de penetrarlo nuevamente, su miembro ingresando en su cuerpo rudamente haciéndolo jadear; por supuesto, el sexo no era suave ni mucho menos romántico y así era como debía ser: rudo, pasional, impulsivo. Hanma se hundió por completo en su interior mientras besaba, lamía y mordía toda la piel que tenía a su alcance, el calor y los gemidos aumentando y volviéndose cada vez más indecorosos momento a momento.

— No sabes...cómo disfruté...matar a esa puta de una vez.— las palabras agitadas de Hanma apenas se entendían, las penetraciones más rápidas y vehementes.

— ¿S-Sí?

— Ajá...nunca te mereció, tenía que morir.

En medio de la agitación y los sonidos indecentes, Kisaki no pudo evitar reír ante los dichos de Hanma.

— ¿Qué…?...Dios, qué estrecho eres...deja de apretar así porque…

— Yo no...no aprieto nada, infeliz…¿qué...qué ibas a…?

— Ah...sí...espera, ya me olvidé…

De nuevo, Kisaki estalló ahora en carcajadas por la incapacidad mental que ambos tenían y que parecían potenciarse en esos momentos; Hanma rió contagiado por su risa mientras aumentaba el ritmo de sus embestidas.

— ¿Hanma? No puede ser…— ahora era Hanma quien estaba sufriendo el ataque de risa y contagiándose y, en ese instante, a Kisaki le dio la impresión de que ambos parecían borrachos intentando no parecerlo...sin éxito alguno.

— No me acuerdo, dame un…¡ah, si! Que...gané por partida doble, sí...me deshice de ella y tengo a ti aquí, conmigo…

Mientras Hanma hablaba entrecortadamente, Kisaki cerró los ojos sintiendo el orgasmo demasiado cerca, las palabras del otro sirviéndole de incentivo; las embestidas eran rápidas y duras, pero los labios de Hanma sobre la piel de su cuello y su rostro eran suaves, cariñosos. Kisaki ladeó el rostro hacia un costado buscando su boca abrazándose a su cuello, completamente ido por el placer.

— Siempre estoy contigo…— la mirada de Hanma se suavizó y un brillo extraño pero apacible surgió en sus ojos al oírlo.

— Es verdad, sí.— las manos entrelazadas por encima de sus cabezas presionaron el agarre, los dedos apretando los suyos al tiempo que el torso de Kisaki se arqueaba sin poder contener los gemidos por mucho que mordiera sus labios.— Te amo.

Aquello había sido prácticamente susurrado contra su oído en el instante en el que el orgasmo embargaba cada fibra de su cuerpo y de su mente; no era la primera ocasión en la que Hanma se lo decía pero sí la primera vez que se sintió un poco conmovido por la abnegación que tenía con él pese a tantos años de…

— Yo también, tonto. Yo también.

Claramente aquello le había servido a Hanma de detonante y su propio orgasmo no tardó en llegar mientras Kisaki acariciaba su espalda pensando en qué carajos acababa de decir. Cuando las cosas se relajaron entre ellos el silencio volvió a instalarse y, pese a que no era tenso, parecía ser un poco incómodo.

— No te arrepientas, por favor.— Kisaki chasqueó la lengua y golpeó a Hanma, ahora recostado sobre su torso.— No al menos de lo que me has dicho.

— Yo nunca me arrepiento de nada.

— Dímelo de nuevo.

— No.

— Por favor.

— Ya te he dicho que no.

Hanma no sólo se limitó a reírse sobre el pecho de Kisaki que ya estaba un tanto adormilado sino que se incorporó sobre sus codos buscando su mirada.

— ¿Qué? Dios, Hanma, ya conozco esa expresión. La respuesta es no.

— Aún no he dicho nada, quizás te interese.— Kisaki rodó los ojos mientras acomodaba los cabellos desordenados del otro en un acto de ansiedad.

— A ver, qué.

La sonrisa de Hanma se ensanchó y Kisaki conocía perfectamente esa expresión. No era alegría de la sana, para nada.

— Si acabo también con Hanagaki, ¿me lo dirás?

Kisaki puso mala cara al oír el nombre enterrado en su subconsciente. Hanma aguardaba pacientemente una respuesta en medio del silencio que se generó entre ambos. Finalmente, Kisaki suspiró, derrotado.

— Está bien. Trato hecho. Esa será tu próxima recompensa.