Cien historias por contar
C2: Llévame contigo.
¨Iré al espacio¨-dijo cuando le preguntaron sobre sus sueños para el futuro, pero…-¨Iré ahora¨-…sus siguientes palabras, fueron las que descolocaron de lugar a todos los presentes. A pesar de lo ¨imposible¨ que dicho sueño les pareciera a ellos (adultos y niños por igual) en ese momento, él estaba diez billones por ciento seguro de que podía lograrlo. Por ello, trabajó duro en lograrlo, día tras día, sin cansancio, aun siendo solo un niño pequeño. Error tras otro, aprendiendo y comprendiendo más allá de la ¨simpleza¨ que rodeaba su mundo, fue avanzando diligentemente hacia esa, su anhelada primera meta, hasta llegar al día de hoy. Él ya era un estudiante de segundo año de secundaria, con sus catorce años de vida ya cumplidos.
¿Por qué empezaba a recordar con más frecuencia aquellos primeros momentos de su no tan lejana infancia, cuando todo apenas había empezado? Quizás estuviera siendo víctima de la llamada nostalgia…O tal vez, todo se debía a aquel presentimiento de que pronto, su sueño, dejaría de serlo…y con ello, llegaría la hora de…cumplir esa promesa.
Lo recordaba todo casi como si hubiera sido ayer: la misma noche que habían hablado sobre sus sueños para el futuro en clase, ambos salieron a escondidas al jardín del orfanato. Según le había comentado el peliblanco a su contraparte, esa noche ocurriría un fenómeno satelital denominado Superluna, en cual, una luna llena se encuentra a no más de un 10 por ciento de su punto más cercano a la Tierra en el recorrido de su órbita, haciendo que esta se note más grande y brillante de lo normal; y como dicho fenómeno causó en ella tanta emoción y curiosidad, no pudo sacarle de su cabeza la idea de ¨escaparse¨ por un momento a verla.
Sin más remedio, suspiro cansado. Bueno, lo peor que podría pasarles sería un simple regaño, así que, ¿por qué no intentarlo? Con ese pensamiento en mente, prácticamente se convenció a sí mismo para cometer aquella simple y algo traviesa ¨rebeldía¨. Si actuaban con cautela y no comentaban nada al respecto, seguro los maestros no se enterarían, y, además, conseguirían presenciar todo un espectáculo nocturno que solo ocurría cada 15 o 18 años. Y debía admitirlo, realmente valió la pena.
- ¿En serio piensas ir al espacio? –le preguntó ella de repente.
-Por supuesto-respondió él con simpleza.
- ¡Pero eso está muy pero que MUUUUY lejos! ¿¡Cómo piensas llegar hasta allá!? –la extrema incredulidad e inocencia en sus palabras, le resultaron a él algo molestas.
-Es muy fácil, solo tengo que construir una nave espacial-correspondió él con orgullo y decisión.
-Hmmm-le miró ella detalladamente por un par de minutos.
- ¿Qué? –dijo él confuso y ya algo irritado por su insistente mirada.
-Bien, ¡lo decidí! –exclamó de un salto- ¡Te ayudaré a hacerlo!
- ¿Eh? Pero…-toda protesta que este pudiera haber dicho, fue silenciada por la presión de un dedo índice sobre sus labios.
-Sin peros-expresó ella-Quiero ayudarte, y sé que necesitarás mi ayuda. ¿O acaso crees que tú solo podrás cargar con todo lo necesario? –a pesar del aparente tono divertido en sus palabras y su pequeña risa, se podía notar su convicción ante lo propuesto.
-Bueno, creo que un par de manos extras no estarían mal-comentó este con falso aburrimiento cuando por fin sus labios fueron liberados.
Tras una nueva y divertida risa, ella prosiguió diciendo:
-A cambio, solo prométeme una cosa-alzando el susodicho dedo índice hacia su propio rostro.
- ¿Qué? –preguntó inevitablemente. Conociendo la clase de condiciones que ella solía ponerle en otras situaciones, puede que debiera estar quizás…un poco preocupado.
-Cuando vayas al espacio…-su figura frente a sí mismo le hacía sombra a causa del intenso brillo de la luna, y sus sencillas palabras, le hicieron cambiar la visión de su futuro…
- ¡SENKU! -la fuerte (pero esta vez no tan ruidosa) voz de Taiju, en conjunto con el sonido del abrir de una puerta, lo llevaron de vuelta a la percepción de la realidad.
Curioso por la figura que acompañaba a su amigo, y por la cuestión que lo había llevado a verle en ese momento, Senku solo mantuvo su mirada silente sobre ellos, con su oído atento.
-Dijiste que querías una carga ligera-explicó este al entrar y acercársele, en compañía de la chica visitante-Por el momento, le pedí tres pasajeros a Yuzuriha Ogawa, del Club de manualidades-señaló a la mentada, quien procedió entonces a sacar algo de su bolso.
Con expresión confusa (y con cierto mal presentimiento), Senku vio y confirmó (con ligera pena) los ¨pasajeros¨ preparados para el próximo vuelo de prueba de su cohete SENKUU 3, los cuales, no eran ni más ni menos que unas copias de ellos mismos, pero en versión muñeco.
-Es algo vergonzoso hacer un muñeco de mí-comentó Yuzuriha con un aparente rubor en sus mejillas-Y, bueno, ¿para qué los usarán? –dijo con inseguridad y pena, pues se venía haciendo dicha pregunta desde que empezó a hacerlos.
- ¡Ah, solo los pondremos en el interior de un cohete experimental que está haciendo Senku! ¡No es nada malo ni raro! –la tranquilizó rápidamente Taiju con toda su energía. No quisiera que esta tuviera malas ideas o dudas sobre su pequeña participación en el proyecto.
- ¿Cohete experimental? –repitió esta algo sorprendida. Había oído hablar mucho sobre la inteligencia del peliblanco, pero nunca pensó que la misma llegaría hasta tal punto.
Mientras sus compañeros tenían una ligera conversación, Senku tomó a su respectivo muñeco en mano y lo miró a detalle. A pesar de la simpleza y representación demasiado…tierna de su persona para su gusto, debía admitir que los muñecos estaban muy bien hechos. Tenían un peso óptimo y eran lo suficientemente pequeños como para caber sin problemas en el compartimento requerido. Vaya, puede que la señorita Ogawa fuera una chica más útil de lo que pensara. Al mirar nuevamente a los respectivos ¨pasajeros¨, una idea en su cabeza surgió, seguida de un efímero recuerdo. Cierto…mucho antes de siquiera ser adoptado y conocer al grandullón de su amigo, ella fue su primer ayudante y compañera de ¨locuras¨.
-Hey, Yuzuriha Ogawa-llamó este su atención- ¿Crees que podrías hacer otro más de estos?
- ¿EH? –correspondió algo desubicada por la petición-A-Ah, sí, por supuesto-afirmó rápidamente, aunque todavía confusa por la razón detrás de ello.
- ¿Tienes pensado alguien en especial para el cuarto pasajero, Senku? –preguntó Taiju curioso. Por un momento creyó que la idea de los muñecos no le agradaría a Senku, pero ahora quería incluso añadir uno más al experimento. ¿Por qué sería?
-Pues…digamos que este pasajero ya tenía el vuelo reservado con varios años de antelación-respondió este entre una sonrisa ladina, la cual dejó aún más confundidos a ambos jóvenes.
Para la elaboración del cuarto muñeco, Senku al día siguiente le dio una foto a Yuzuriha. En ella, se le veía a él en el frente de una institución, siendo cargado en un brazo por un hombre algo mayor que parecía ser su padre adoptivo, mientras que, del otro, colgaba con expresión alegre y divertida una niña rubia, de ojos azules y con una coleta alta. Esa era la única foto que él tenía, la única que podía darle como modelo para su figura. En base a dicha imagen, Yuzuriha creo al cuarto pasajero, y por su propia cortesía, la vistió con el uniforme de su misma secundaria.
El día del vuelo experimental, al por fin ver a sus representantes llegar a flotar en la inmensidad del espacio, este involuntariamente esbozó una sonrisa de victoria. Una vez más, rememoró en su mente aquel momento de su pasado…
-…Cuando vayas al espacio, ¡llévame contigo! –expresó ella, sonriendo y dándole una mirada emocionada.
Después de medio minuto de mirar su oscura figura en contraste con la gran y resplandeciente luna, este por fin dijo:
-Bien, me parece justo-en un tono tranquilo.
- ¿Prometido? –le extendió la mano para levantarle.
-Prometido-afirmó este decidido, tomando su mano y levantándose (en parte) gracias a su impulso.
…y entonces, miró al cielo, cubriendo la fuerte luz del sol que casi encandilaba sus ojos.
-Heh, te dije que podíamos hacerlo…Kohaku-pronunció muy suavemente, tanto, que nadie más pudo oírlo.
El logro de ese día y su promesa cumplida, lo llevaron a reflexionar. Quizás…debería tratar de volver a verla.
N.A: Rayos, lo que es escribir con alguien viendo fútbol en el cuarto de al lado (vaya emoción, papá XD). Muchas gracias por el apoyo, como siempre, sus comentarios me alegran el día y me mantienen trabajando. Las ideas siempre se tienen, pero casi nunca se sabe CÓMO mostrarlas ni CÓMO iniciarlas, incluso cuando se cree que se sabe (y para colmo el frío me da ganas de no hacer nada O_O). Espero disfruten de esta serie, aunque sea muy… ¿en el aire? En fin, sin más que decir, espero nos leamos pronto.
