Lo había declarado, no se iba detener hasta que Issei Hyoudo peleara de la misma forma en que él lo deseaba. Lo había advertido, deseaba hacerlo papilla. Lo había postergado y él deseaba sentir... algo.

Miró detenidamente la edificación frente a el, eran las doce del día, así que si decidía hacer algo en contra de la familia de su rival era posible que algunos humanos se dieran cuenta y tuviera que encargarse de ellos, aunque no dudaba que ya varias personas del barrio ya lo vieran como loco después de estar de pie frente a la mansión inmóvil, de hecho solo faltaba que lo vieran reír sin razón aparente para que llamarán a personal del psiquiátrico con el fin de apartarlo de su tranquilo vecindario.

La puerta de la casa de abrió y él estuvo tentado por un instante a darse la vuelta y continuar con sus maquiavélicos planes para otro día, sin embargo, se vio interrumpido en el que la mujer vestida con un blusón beige y un chándal negro, con el cabello atado en una sencilla coleta salió.

—¿Necesitas algo?

No, no necesitaba nada actualmente, quizá solo replantearse como acabar con aquellos dos seres que habían sacado un poco de quicio al Rojo y de verdad quiso simplemente ignorarla, pero por alguna razón no pudo.

—Solo por curiosidad ¿Aquí vive Issei Hyoudo? —su tono era neutro, obviamente la pregunta era para evitar levantar alguna sospecha, por lo que la mujer llegó a pensar que era otro de los chicos del pueblo que se venía a quejar sobre la actitud libidinosa de su hijo amenazando con interponer una demanda por acoso, así que no hizo más que suspirar y asentir preparándose para la cantaleta.

—Le conoces.

—Por supuesto la otra vez nos vimos en una reunión en su instituto.

La mujer se encontraba atónita, ni un reclamo o amenaza alguna en contra de la integridad o libertas de su hijo, solo el rostro impasible del chico. Soltó una sonrisa amable.

—¿Quieres pasar a comer con nosotros? Es posible que llegue a penas hayamos terminado de comer o se tarde un poco, él se encuentra en actividades de un Club o algo así.

Podría ser su oportunidad, atacar a esa familia, convertir por fin al torpe demonio reencarnado en un vengador, un rival a su mismo nivel asintió con una sonrisa galante y confiada. Siguió a la mujer hasta la cocina dónde se encontraba el padre del chico.

—Querido —anunció al hombre que ahora ponía los cubiertos en la mesa—, un amigo de Ise ha venido.

—¿A sí? —no es que le molestara, o tuviera algún problema con dejar entra a desconocido a su hogar, simplemente las amistades de Issei solían ser bastante... imprudentes y hormonales.

—Mas bien somos como... conocidos. Mi padre es encargado del club al que pertenece.

—Es maestro de la academia Kuoh —la pareja le miró sorprendido, alguien que salía del circulo tanto social como económico al que ello rondaban, sinceramente no les sorprendía sabiendo que cuando Issei conoció a Rias Gremory eso empezó a cambiar.

—Si.

—Adelante, siéntate —ambos hombres se sentaron, al parecer la mesa dentro de la cocina era notablemente más pequeña que la que encontraba en el comedor. No dudaba que aquellas mujeres que le seguían y las cuales se habían convertido en otro de los puntos débiles del Rojo vivían allí, de lo contrario para qué una mesa tan grande.

No comprendía a los humanos, pero ciertamente había encontrado un patrón en todos ellos, mientras más grandes y valiosas eran sus posesiones más solos se sentían, quizás él era igual sólo que su parte demoníaca tomaba control de su inconsciente, esa que entre más tenía más deseaba y actualmente le hacía deshacerse de todo porque él no tenía a nadie. Miró su alrededor todo hermosamente decorado, seguramente por los sirvientes de la familia Gremory, pero le parecía aburrido, con varias fotografías de la familia en las paredes ¿Eso hacían todos los humanos? Un plato hondo fue puesto frente a él y un aroma que revolvió sus entrañas le acompañó, su cuerpo entero se tensó cosa que se vio reflejada en sus manos.

—¿Pasa algo?

—No se utilizar palillos —mintió, la mujer sonrió y antes de sentarse a comer se dirigió al chico y los acomodó en su mano de forma delicada, y los llevó hasta el plato para enseñarle.

—No los tomes demasiado suave o se te resbalaran, ni con demasiada fuerza o no podrás comer.

Le daba temor probar esa ¿sopa? ¿fideos? ¿aquellos eran lo mismo, o no?, sin embargo sabía que por mera educación no debía rechazar la comida. Tomó el contenido del plato con miedo de que se resbalara entre los palillos. Se sentían tonto, mira que estar nervioso frente a esos humanos, se acercó al plato para que nada goteara sobre su ropa.


—Lo siento cariño, no encontré nada más —alzó la mirada levemente, evitando lo más posible mover cualquier otro músculo.

Una mujer italiana de cabello castaño y enigmáticos ojos color aceituna se acercó a él, su atuendo constaba de un simple vestido con mangas de tres cuartos andrajoso y unas sandalias que muy a penas se mantenían juntas por mera suerte, en sus manos traía un cuenco con un poco de comida que humeaba levemente. La comida —si podía llamarle así— era solamente era pasta hervida, sin nada más, sin embargo, añoraba aquello con todo su ser ¡era lo único que podía comer! Su padre y su abuelo se negaban a darle algo, entonces su madre lograba escabullirse hasta la cocina y tomaba a aquello.

La mujer —su madre—, se arrodilló frente a él, colocó el cuenco en el suelo y acercó al niño a su regazo para alimentarlo, inmediatamente el niño comenzaba a soltar pequeñas lágrimas de forma silenciosa, ella tomaba el cuenco y le daba pequeños sorbos y de vez en cuando dejaba pequeños besos en su cabeza.

—"Tu dormi, Ninno mio, ma intanto il core, non dorme, no, ma veglia a tutte l'ore. Deh, mio bello e puro Agnello"

Le cantaba después de que terminara de comer, era peligroso que su madre siguiera allí y aún más después de que hubiese rastros de comida pues se le tenía prohibido ver al niño y también alimentarle y él lo sabía, sin embargo, lo único que podía hacer por el momento era llorar, llorar al tiempo que su madre le consolaba.


—Gracias —habló con un hilo de voz después de terminar de comer—. Supongo que por ahora me retiraré y después buscaré a...

—Estoy en casa.

La gentil madre de su rival se levantó para recibir a su hijo, quién venía con una gran sonrisa hasta que vio al chico de cabellos plateados en la mesa comiendo con su padre. Trató de recomponer el gesto alegre que anteriormente tenía.

—Vali —soltó con sorpresa, no sabía si era genuina o estaba mezclada con ira.

—Hey Hyoudo —respondió sin ganas aún con la mirada puesta en el plato.

Si bien el Emperador Rojo lo había visto a penas tres cortas veces en su vida supo reconocer que algo le pasaba, le hacía falta toda su arrogancia y... absolutamente todo aquello que lo había hecho odiarlo y odiarse por no ser más fuerte.

—Si. Eh. Vamos a charlar a mi habitación —los padres de chico asintieron y Vali le siguió como autómata.

—¡¿Qué mierda intentabas hacer?!

Inmediatamente al llegar a la habitación lo cogió de las solapas de su chamarra al mismo tiempo que le gritaba todo aquello. Vali se quedó quieto y sin emitir ningún sonido. Él le miraba sin embargo no sabía que era lo que veía realmente.

—¿Es así realmente Hyoudo? —el muchacho no entendió a lo que se refería, le miro curioso y alejando toda la ira en su interior con el fin de comprender un poco al demonio.

—¿Qué es real? —preguntó con curiosidad. Por fin pudo ver realmente sus ojos azules en los cuales a una velocidad alarmante las lagrimas se juntaban en ellos con el fin de desbordarse.

—Esto... —señaló todo el lugar con sus brazos extendidos al mismo tiempo en que derramaba lagrimas—, ¿es real que una familia pueda ser así? ¿así se siente y no solo... odio? —quiso reír, quiso lanzar un comentarios sarcásticos o... algo con tal de no verse de esa manera frente al estúpido y débil pervertido frente a él, pero fallo estrepitosamente y no pudo hacer otra cosa que caer al suelo de rodillas mientras que con sus manos intentaba limpiar y detener sus lágrimas.

Issei se encontraba en shock, ¿ese era el Vali que conocía? El mismo estúpido arrogante que había amenazado con asesinar a sus padres todo con la única razón de pelear con él porque solo quería demostrar ser más fuerte. Miró al chico en el suelo y se arrodilló frente a él. Con temor quitó las manos de su rostro y fue limpiando las lágrimas del rostro del chico.

—No lo sé —respondió con sinceridad—. Quiero decir mis padres siempre fueron así, es... algo normal, quizá sean una torpe pareja de humanos tratando de sobreproteger a su hijo pervertido, por culpa.

El medio demonio miro a su rival ¿culpa? Por que esos humanos habrían de sentir culpa. Issei alcanzó a notar toda confusión en el rostro de Vali así que se sentó en el suelo en forma de indio.

—Cuando era pequeño mamá y papá no pasaban mucho tiempo conmigo, trabajaban a sol y a sombra los dos porque no podían permitirse muchas cosas porque yo estaba allí. Ellos son relativamente jóvenes para tener un hijo de mi edad, haciendo cuentas mamá me tuvo más o menos a los diecinueve, quiero creer, enserio lo quiero hacer, que no fui un error en su vida.

Los ojos de Vali se centraron en el chico que, a medida que hablaba, se encogía cada vez mas en su lugar, al parecer siguiendo la lógica del chico era su turno de... hacer que no se sintiera tan mal, así que colocó una de sus manos en su cabeza y lo acarició como al gato que a veces iba con Kuroka. Issei levantó la mirada al sentir aquello quiso reclamarle que no era una mascota o algo así para que hiciera eso, pero se abstuvo al ver la pequeña sonrisa en el rostro del chico.

—Ya veo —soltó de pronto con el mismo tono de voz con el que había hablado las veces anteriores que se había encontrado con el—. Creo que esta vez si es tiempo de que me marche. Nos volveremos a ver —se levantó y salió de la habitación con pasos relajado y confiados. El también se levantó y le siguió—. ¿Qué sucede? —preguntó al verle a su lado.

—Bueno, creo que es por educación el irte a acompañar a la puerta, creo —como Vali no comprendía mucho a los humanos simplemente asintió. Una vez fuera de la casa, Issei recordó un detalle que había pasado por alto—. ¿Qué hacías en mi casa? —preguntó en tono serio.

Vali le miró entrecerrando los ojos, no es que por su momento de debilidad se haya olvidado de eso, simplemente: ¿qué le diría? Lo meditó un rato y sopesó bien sus palabras, sinceridad ante todo.

—Planeaba matar a tus padres, sin embargo, me recordaron a alguien. Vivirán —dio la vuelta y se fue sin mirar atrás e Issei le miró hasta que desapareció al dar la vuelta al final de la cuadra.


17-09-2020