Cien historias por contar

C3: Cicatrices.

Entre la oscuridad de la choza ligeramente iluminada, no había nadie más que ellos. En ella, no podía percibirse sonido alguno más que sus entrecortadas respiraciones y algún que otro suspirar. Por fin, después de esperar con tanta impaciencia, habían logrado obtener esa noche un poco de privacidad.

Al ir redescubriendo la piel bajo la tela de su vestido, él recorría cada rincón de su cuerpo con su mirada, y disfrutaba del sensible tacto que esas sensaciones de piel con piel le brindaban…aunque hoy ese gusto se vio de repente interrumpido por la llegada de una nueva información a su cerebro: ella tenía una nueva cicatriz, ubicada cerca del área de su cuello. Su mirada recayó por un momento sobre aquella nueva marca encontrada, y entonces, las preguntas invadieron su cabeza por un segundo. ¿Cuándo fue que la obtuvo? ¿Dónde fue que la obtuvo? ¿Cómo fue que la obtuvo? ¿QUIÉN fue el que la causó?

Él sabía que era una pérdida de tiempo el inundar su mente con dichas preguntas, ya que la mayoría podía respondérselas él mismo o las terminaba por responder ella, pero…siempre que, al recorrer los caminos de su piel, descubría una nueva cicatriz, no podía evitar sentirse algo culpable de ello. Después de todo, él era el principal causante de las mismas. Él la había llevado junto con todos los demás a seguir el camino más espinoso que había, y aunque todos lo seguían por elección propia, un muy pequeño rastro de culpa todavía en lo profundo de su conciencia se escondía. Si él no los hubiera involucrado, sus vidas serían más simples y quizás…más felices. Quizás estarían mejor si solo se hubieran preocupado por mantener y cuidar su aldea, ajenos a la verdad y el misterioso peligro que habitaba ese mundo, pero no…él nunca pudo darles esa libertad. No podía más que admitirlo: él era la causa detrás de todos sus bienes y sus males, el que, con su mala suerte y planes de recuperación de la humanidad, había puesto a todos (sobre todo a quienes más le importaban) en peligro.

Él sabía que nunca podría alejarla del peligro. Rayos, ¡si prácticamente su principal trabajo era enfrentarse a la mayor amenaza que en su camino se interpusiera! Sabía que nunca podría evitar que en su cuerpo surgieran nuevas cicatrices como esta, por mucho que le dijera que se cuidara, y que por mucho que deseara borrarlas, nunca podría hacerlo.

Era algo inevitable: sin importar lo difícil o peligrosa que fuera la situación, ella siempre daría un paso adelante, y con su fuerza de voluntad e ingenio, la superaría, sin importarle arriesgarse por los demás o salir herida en el proceso. Él mejor que nadie lo sabía: ella era esa clase de chica…y eso…era una de las cosas que más le atraían de ella.

Cada cicatriz en su cuerpo (por pequeña o grande que fuera), era una prueba de su valentía, una muestra de su determinación por ayudar y salvar a aquellos que tanto quería y por quienes tanto se preocupaba. Eran las pruebas de cada victoria, cada dificultad superada, cada peligro enfrentado…eran parte de la historia de su vida. Las razones, recuerdos y emociones que cada una llevaba sobre sí eran distintas…y él no conocía dichos detalles sobre casi ninguna…pero…quería saberlos.

Sin importar cuál fuera la historia detrás de cada herida, él estaba decidido a cambiar su significado. Por eso, cada cicatriz ya encontrada y nuevas por surgir, estaban marcadas a tener un mismo destino: convertirse en un punto fijo sobre el cual plantar muchos besos y algunas caricias.

Al verla mirarle algo confusa y estar a punto de decir algo (intuyendo de antemano la temática de su pregunta), él silenció sus palabras de la mejor forma que sabía: sin duda, le gustaba ver la expresión que ella le mostraba al verse sorprendida, sobre todo cuando la causa era un beso. Permaneció así durante unos minutos, presionando con fuerza y deseo sus labios contra los suyos, hasta que por fin sus pulmones le reclamaron volver a respirar. Al separársele, su apacible mirada le pidió calmarse…Le expresaba que no había nada por lo que debiera estar preocupada, y eso, la hizo relajarse. En serio, era realmente increíble cómo sin palabra alguna…él lograba convencerla.

Ahora con su contraparte más tranquila, él pudo dedicarse por completo a aquello que ya había planeado, por lo que colmó aquella cicatriz y el área a su alrededor de suaves besos, queriendo curar así cualquier mal recuerdo que esta pudiera representar. Era todo un regocijo el oírla, el ver y sentir sus reacciones ante el más mínimo de sus estímulos.

Por su parte, a ella no le gustaba verle ni sentirle culpable por algo como esto, pues toda marca en ella grabada, sabía que había sido por su propia causa o irresponsabilidad, y de nadie más. Pero por mucho que no le importaran sus cicatrices, no podía más que sentirse alagada de que él quisiera aliviarlas, aunque no hubiera realmente algún dolor oculto en ellas.

Lo que ella no sabía, era que él…también tenía sus propias cicatrices, solo que a diferencia que las de ella, estas no eran visibles. No estaban grabadas sobre su piel, pero sí sobre todo aquello que lo formaba…sobre su mente y hasta su propia ¨alma¨. Ella no sabía cuánto en verdad lo ayudaba…cuánto sus palabras, sus gestos, incluso su mera presencia, curaban el dolor y saber de sus profundas e imperceptibles heridas…Ni ella ni nadie más lo sabía…solo él mismo era consciente de ello…y por eso, procuraba siempre demostrar con sus acciones (ya que con las palabras a veces no podía) todo el afecto que hacia ella sentía.

-…Senku…-resonó muy suave su voz, con cierta dificultad debido a la…timidez que sus acciones le provocaban.

Ah, qué bien se sentía escucharla pronunciar su nombre en ese tono tan especial…En serio, nunca se cansaría de ello, incluso si lo escuchara diez billones de veces. Por eso, en estos únicos instantes que podían estar a solas, deseaba más que nunca no ser molestado. Lo único que le interesaba era seguir disfrutando de esos íntimos momentos…junto con todo lo que estos conllevaban y representaban…para ambos. Solo por esos momentos, el resto del mundo y su situación no le importaban…incluso si afuera de aquella choza…el mismo mundo se llegara a acabar.

N.A: Uff, por fin logro escribir algo más ¨adaptado¨ al propio mundo de Dr. Stone. Lo siento por eso, es que tiendo a escribir muchos AUs independientemente del fandom (como que me sale solito XD). Como siempre, gracias por su apoyo y comentarios y ¡espero nos leamos pronto!