Cien historias por contar

C5: Creencia contraria a la razón.

Al bajar por fin del avión tras un largo y cansador vuelo, y entrar al área del aeropuerto, la joven rubia buscó insistentemente entre el gentío a sus conocidos. Ellos le habían confirmado hace un par de días que irían a recibirla y ella estaba muy ansiosa por volverlos a ver, después de todo, habían pasado ya varios años desde que ella se fue a los Estados Unidos para completar su entrenamiento y ahora, por fin graduada de la academia, había vuelto para trabajar. De hecho, ya tenía un trabajo conseguido, aunque todavía no sabía los detalles del mismo. Sin embargo, su futuro trabajo en sí, no era lo más importante que rondaba por su mente en esos momentos.

- ¡Kohaku, por aquí! –oyó ser llamada por una muy querida y reconocida voz.

Al girarse en dirección hacia dónde provenía dicho casi imperceptible sonido entre el bullicio, pudo al fin divisar a quienes tanto había estado buscando con la mirada: a su hermana mayor y su mejor amigo.

- ¡Ruri-nee! –exclamó emocionada y se apresuró a ir a su encuentro, tirándose a los brazos de esta nada más de hacerlo-Te he extrañado mucho Ruri-nee…-expresó al estrecharse más entre sus brazos, como si fuera una niña en busca de consuelo, pero no podía evitarlo, todo era culpa de la añoranza que por tanto tiempo había reprimido.

-Yo también te extrañé mucho, Kohaku-correspondió su hermana suavemente, siendo la felicidad que expresaba su voz también algo triste, hasta el punto de que parecía querer llorar.

Kohaku se apartó un poco de su hermana y la calmó. Si ella empezaba a llorar, lo más probable sería que ella también llorara, pero no debían hacerlo, su felicidad era demasiado dulce y reconfortante como para ser expresada a través de lágrimas.

-Bueno, haciendo de cuenta que las paredes hablan, esta le dice: ¨Bienvenida de vuelta, gorila¨-comentó entre broma y queja Chrome a su lado, haciendo gracia del hecho de que estaba siendo dejado de lado en esta situación a pesar de estar allí presente.

- ¿¡A QUIÉN LE DICES GORILA!? –gruñó Kohaku por inercia y este esbozó una sonrisa divertida, la cual ella correspondió y prosiguió más calmada-Es bueno volver a verte a ti también, Chrome.

Además del hecho de haber conseguido trabajo, la otra razón que había traído de vuelta a Kohaku a Japón, no era ni más ni otra que la boda de ambos. Ella lo había estado esperando por casi décadas enteras y por eso se emocionó mucho cuando supo la noticia, por lo que se aseguró de reservar un vuelto inmediato de vuelta a Japón en la fecha más cercana a la realización de la boda y por fin, hela aquí. Mañana mismo sería la ceremonia. No sería una boda demasiado grande ni ostentosa, pero había una buena cantidad de invitados, entre los cuales incluso, había compañeros de trabajo de los mismos.

Salieron del aeropuerto hablando sobre un poco de todo: la estadía de Kohaku en los Estados Unidos, detalles de la boda e incluso una pequeña broma acerca de la soltería de Kohaku (hecho que hizo que el futuro novio recibiera de su parte una ¨suave¨ colleja; puede que fuera oficialmente a ser su cuñada, pero eso no lo libraría de recibir sus golpes si ella lo creía necesario). Mientras el coche en el que iban avanzaba más y más por las calles del gran modernizado Tokyo, Kohaku posó por un momento su vista en el horizonte y pensó un poco más sobre dicho tema. El ver a su hermana feliz y con tal buena pareja, la hacía muy feliz a ella también, pero al mismo tiempo le daba algo de envidia. A lo largo de su vida, nunca había tenido interés en buscar y mantener una relación romántica con nadie, y ese hecho nunca le molestó, pues prefería centrarse en sus objetivos y demás cosas que creía más importantes, sin embargo, a medida que pasaban los años y se volvía más mayor, no podía evitar preguntarse si seguiría por siempre así. Para los futuros sobrinos que ella definitivamente tendría, ¿ella sería solo la buena, divertida y cariñosa tía solterona? Ugh, algo en el título en sí no le gustaba. No era como si se sintiera sola, de hecho, podría decirse que estaba bastante cómoda con su soledad, pero… ¿por cuánto más tiempo duraría esa percepción?

Soltó un suspiro cansado. Quizás el tan largo vuelo le había afectado más de lo que creía, pues ella no solía tener esta clase de dudas y pensamientos. Sí, quizás lo mejor por hoy sería solo disfrutar la noche junto a su hermana y sus amigas para después irse a dormir con la cabeza más ligera. Después de todo, Kohaku nunca había sido una chica de deseos y tendencias románticas, y POR NADA DEL MUNDO, pensaba de repente volverse una. Por mucho que los cuentos de amor verdadero pudieran gustarle o haberle gustado alguna vez, ella sabía que no era la clase de chica que tendría la divina oportunidad de experimentar algo así en su vida; pero su hermana sí, ella sí tuvo esa fortuna, y con eso bastaba. De momento, no necesitaba ser la preferida del destino y tener al lado un príncipe o caballero, no, por ahora, su único amor sería su trabajo. ¿Qué podía decir? La acción, adrenalina y peligro que su oficio por partes le brindaba, le resultaban mucho más encantadoras que unas simples palabras de coqueteo de cualquier ingenuo o intrépido pretendiente de turno. Sí, así era mejor, porque, aunque creyera en el destino y en el amor, sabía de sobra, que todavía no era su turno para encontrarlo.

Justo como había decidido, se fue directamente a descansar nada más desempacar sus cosas en su nuevo apartamento y haber pasado un buen rato al lado de su hermana y su mejor amigo. Fue una noche de sueño reparador, de las que tanto quería y necesitaba, siendo aliviada por la nostalgia y el saber de estar de nuevo aquí, en su tierra natal. ¨Definitivamente, mañana sería un buen y especial día¨-le afirmó su conciencia mientras se iba entregando cada vez más a los brazos de Morfeo.

A la mañana siguiente, desayunó y se preparó rápidamente con el vestuario que había elegido de antemano para la ceremonia; estaba determinada a llegar a tiempo, no, de hecho, ¡debía llegar allí antes que nadie más! Por ello, no se escatimó en el pago del taxi (al fin y al cabo, pronto tendría una fuente de ingresos monetarios fija). Bien podría haber sido llevada nuevamente en el carro de ellos, pero ella no quiso causarles más molestias. Ellos pronto dejarían la ciudad por un tiempo para salir de luna de miel, y si ella pasaba mucho más tiempo con ellos, más de lo que ya estaba pasando, se le haría más difícil el dejarlos ir…mucho más de lo que ya era.

Se bajó del taxi en la entrada de un precioso y gran salón, cuyo espacioso jardín era toda una gloria que disfrutar; allí, justo en el lugar de ese bello paraje, sería la boda. Era realmente increíble, casi que ella no podía creer cómo ellos lograron costearse no solo el alquiler del lugar, sino también el costo del viaje. No obstante, ahora que lo recordaba, Chrome le había comentado que un compañero de trabajo suyo le había ayudado mucho con ello. A pesar de la estricta negativa que estos le habían dado, este continuó insistiendo hasta convencerlos, asegurándoles que toda ¨ayuda¨ que él les daba, podía ser considerada como un regalo de bodas de su parte. Aunque Kohaku estaba algo contrariada por lo ¨costoso¨ que eran dichos regalos, una vez que pasó la ceremonia y empezó con energía y ansia la fiesta, no pudo evitar agradecer en gran manera el hecho de que esta se realizaba en tan esplendido lugar.

Unos minutos después de haber empezado la pachanga (o sea la fiesta), esta dejó la pista de baile y se acercó a la mesa más cercana (la de las bebidas), tratando de hallar un poco el aire y tener un segundo de más calma antes de proseguir con la rebosante energía de la festividad. Uff, el estar tan centrada en el entrenamiento en la academia le había hecho olvidarse casi por completo de cuánto revuelo era lo que representaba una fiesta, sobre todo cuando los invitados presentes te conocen y te quieren casi tanto como a los mismos novios. Al pensar en ello, no pudo evitar soltar una pequeña risa: qué bien se sentía volver a casa, pues incluso la más vivas de las noches que le pudieran haber ofrecido en los Estados Unidos, no se comparaba en lo más mínimo con todo esto.

-Con permiso, ¿podría moverse? Está obstruyendo el paso-oyó que le decían de repente.

- ¡Ah, lo siento! –se movió de lugar y miró a la figura que le había hablado.

Era un chico de alrededor de su misma edad y aunque el traje que llevaba trataba de hacerlo parecer un simple invitado del montón, dicho efecto era completamente roto por la atrayente presencia de su extraño color de pelo, el cual estaba amarrado en una especie de coleta. La mirada fija de Kohaku sobre él siguió cada uno de sus simples movimientos, desde el rellenar uno de los vasos y llevarlo hasta sus labios para tomar de este un simple sorbo. Al terminar dicha acción, ella se sorprendió a sí misma no solo por lo que había hecho, sino también por el hecho de que él por un momento le devolvió la mirada.

-Acaso estoy haciendo algo del otro mundo, ¿querida hermana de la novia? –comentó este con simpleza.

- ¡N-No-No, no es nada, disculpa si le incomodé! –se disculpó esta rápidamente, solo para caer al poco tiempo en cuenta de algo- ¿Cómo lo supo…? –preguntó incrédula.

-Bueno, el parecido es innegable, además de que me han comentado mucho sobre usted, a decir verdad-respondió él entre una sonrisa ladina y una muy pequeña y simple risa.

Esa respuesta plantó más dudas en Kohaku de las que había aclarado. Entonces… ¿era uno más de los susodichos compañeros de trabajo? Pero… ¿exactamente de quién? ¿De Ruri? ¿O de Chrome? Ummm, no sabía de cuál podría ser, y tenía temor a equivocarse.

-Ah pues…me temo que por mi parte yo…no he oído hablar mucho de usted…-pronunció dudosa, tratando de sacar de entre sus memorias cualquier posible pista mientras sus palabras avanzaban.

Ante lo dicho, el extraño alzó una ceja, confundido.

- ¿Ah sí? –detalló este, aunque sin interés y antes de dejarla siquiera responderle, volvió a dar un sorbo a su trago. Tras un momento, se giró y recostó un poco sobre la mesa a sus espaldas, quedando su vista de frente al resto de invitados-En todo caso, es bueno ver que lo están disfrutando.

- ¿Los invitados? –inquirió ella.

-No, me refiero a ellos-aclaró este apuntando con su mirada hacia más allá de la muchedumbre, en dónde se encontraban Ruri y Chrome, encarando con una sonrisa cada nueva foto que la fotógrafa contratada les tomaba.

-Sí, es cierto-correspondió Kohaku entre una gran sonrisa, tomando una postura parecida pero más relajada-La verdad, siempre he tenido la impresión de que ellos acabarían juntos, como si alguien los hubiera unido o incluso como si desde un principio ese fuera su destino.

Ante la mención de la contradictoria palabra ¨destino¨, el extraño dio de repente una mueca.

-Sé que no es de mi incumbencia, pero me resulta bastante ilógico pensar que creas en tal tontería-comentó con desgano y molestia.

- ¿QUÉ? –pronunció ella inevitablemente ante esa seca y amarga reacción, no pudiendo disimular su poco aprecio por la respuesta y la forma en la que esta había sido dicha.

-El destino, la magia, la adivinación, el espiritismo y demás, no son más que una larga serie de supersticiones, creencias contrarias a la razón y sin claro sentido alguno-expuso este con firmeza y decisión, cruzándose de brazos para marcar más aún su posición en el debate.

Sus palabras tan serias e intelectuales, causaron en ella algo más que solo molestia o fastidio, era una furia no por la opinión en sí de este sobre dicha temática, sino más bien por la forma en la que esta era expresada. Ella sabía que toda persona tenía su propia perspectiva de las cosas, pero vaya, nunca antes había conocido a alguien cuya visión del mundo fuera tan antagónica a la suya. Quería defenderla de alguna manera, pero las capacidades de sus conocimientos le quedaban un poco cortas para llevar a cabo todo el duro esplendor de dicha tarea y por ello, con sus mínimos y fallidos intentos, lo único que consiguió fue hacer que este frunciera más el ceño y quedar ella más irritada. Esta discusión entre ambos (sin alzar la voz), no podría considerarse para nada provechosa, para ninguno de los dos.

De repente, el sonido de un nuevo bullicio la hizo girarse de vuelta a los demás invitados, curiosa y por un momento algo más calmada. Su duda ante lo que estaba sucediendo, fue aclarada rápidamente: ya iban a tirar el ramo. Vio como un gran grupo de ansiosas ¨solteronas¨ se amontonaban alrededor de la ahora más cercana Ruri, quien, con un expectante y rápido movimiento, se dispuso a soltar el precioso y tan significante ramo por el aire, formando casi una parábola perfecta. Todas las mujeres siguieron con insistencia y algo de locura el ramo, solo para darse cuenta después de que este había quedado completamente fuera del alcance de todas y cada una de ellas, incluso a las últimas del montón. Para sorpresa y tristeza de estas, el ramo había caído sorpresivamente (sin quererlo realmente) en manos de quien menos lo pedía: la propia hermana de la novia.

Kohaku tenía los ojos muy abiertos de la impresión que esto le había causado. Ella no había ido tras el ramo, ni siquiera se acercó a la multitud de mujeres necesitadas, y, aun así, de entre todas las posibles y deseosas ¨futuras novias¨, ella había sido la… ¿desafortunada elegida? Rayos, ¡no necesitaba ser ¨predestinada¨ como la próxima en casarse si ni siquiera quería todavía encontrar pareja! A pesar del frustrado giro de emociones que pasaba por su cabeza, el sonido de una peculiar y fuerte risa a sus espaldas la hizo volver a la tierra.

-Pues felicidades, parece que tu más próximo ¨destino¨ ya ha sido elegido-comentó este sin poder apaciguar su risa (a pesar de que en parte lo intentaba), sin embargo, al poco decir esto, sintió recorrerle un escalofrío ante la fuerte y silente mirada de su contraparte, la cual demostraba toda su furia reprimida.

Tras parar abruptamente su risa, este tosió para aclararse la garganta e hizo una expresión más neutra medio a modo de solemne disculpa. Para tratar de evitar cualquier posible peligro que presentía que se le acercaba, este optó por solo hacer un simple gesto de despedida y perderse entre el resto de invitados sin más, para luego no ser visto más. Kohaku estaba más ¨aliviada¨ de por fin ver desaparecer al molesto y misterioso chico con el que tanto había discutido en tan poco tiempo, pues por momentos sentía que le daban unas ganas incesantes de matarlo o darle algún golpe (y no precisamente uno de los ¨suaves¨) y eso no era para nada bueno. Golpear a Chrome era una cosa, pero querer golpear a un completo desconocido era otra totalmente diferente. Al recordar la corta conversación de ambos hace un momento, la hizo suspirar con pesadez. ¿Por qué tenía el mal presentimiento de que lo volvería a ver más pronto de lo que se pudiera imaginar o en realidad querría? Lo peor de todo, es que esa clase de presentimientos de ella, solían ser acertados.

Y sí, justo como esta temía, lo volvió a ver demasiado pronto para su gusto. Fue apenas unos días después de la boda, al entrar en un gran y pulcro edificio en el que se encontraría con su actual cliente. Ella había sido llamada y parcialmente contratada por una de las secretarias del mismo, debido a su buen y prometedor currículo, pero sería hoy precisamente, que se encontraría con el propio cliente y formalizarían el contrato. Por fin, podría empezar a ejercer y disfrutar de su trabajo como guardaespaldas, y estaría más tranquila de conseguir suficiente dinero para costearse los gastos diarios y la renta de los próximos fines de meses. Sin embargo, podría haberse esperado cualquier cosa menos esto, y sinceramente, hubiera preferido cualquier cosa menos ESTO.

El que cliente y guardaespaldas tuvieran que quedarse incómodamente mirándose el uno al otro por alrededor de un par de minutos, era algo muy poco común en la empresa, pero fue algo inevitable en el caso de ambos. Ambos tuvieron ganas de exclamar sorprendidos al volverse a ver, no obstante, dichos sonidos fueron callados insistentemente por sus propios labios y dieron paso a un pequeño y sepulcral silencio, el cual fue solo roto después de medio minuto.

-Si según tu opinión, el ¨destino¨ es solo una creencia contraria a la razón y sin sentido, entonces, ¿cómo llamarías a esto? ¿Una casualidad? –le comentó ella cruzando los brazos, fastidiada por el maldito ¨milagro¨ que los había reunido y unido forzosamente.

-Más bien, lo definiría como una mala broma de las probabilidades-correspondió este sin ganas, llevándose una mano a la cabeza en pos de apaciguar una posible jaqueca, siendo su tono igual de molesto con respecto a la ¨curiosa¨ situación que había surgido.

-Uy, qué original el término-expresó ella sin evitar el sarcasmo.

-Yah, cómo sea-pronunció este con dificultad, tratando de no enfurecerse por tan poca cosa-Sígueme, todavía hay que formalizar el contrato-dijo secamente, dándole la espalda y empezando a caminar hacia su oficina.

-Sí, señor-profirió ella con simpleza y resignación al seguirle.

Por mucho que en lo personal le pudiera molestar este cliente, debería esforzarse por hacer a un lado esas emociones, después de todo, una de las primeras lecciones que había tenido que aprender era el dejar separadas su vida privada y la profesional. Sin embargo, al dedicarle una vez más a este una mirada, no podía más que afirmarse a sí misma esto con pesadez: este hombre le complicaría no solo el trabajo, sino también su propia vida.

N.A: Uff, vaya ¨tiempo libre¨ que estoy teniendo TT_TT, tengo más tareas que antes de que todo esto pasara. En fin, aun así, me las he ¨arreglado¨ para escribir algo (es increíble lo que uno logra cuando hay más y más ¨obstáculos¨ por el camino OwO). Como siempre, espero que estéis bien sanos y salvos cuidándoos donde quiera que estéis, yo de momento sigo y espero seguir bien. Cada vez que termino de escribir tengo unas ganas tremendas de publicarlo TT_TT, pero no puedo hacerlo desde mi casa, así que perdonen que estos ¨comentarios¨ míos sean algo ¨atrasados¨ con respecto al momento en el que ustedes los estén leyendo. Sin más que decir y deseando que todo esto mejore pronto, espero de todo corazón que nos podamos leer pronto.