Cien historias por contar
C8: El arte de la seducción.
- ¿QUÉ? –la expresión de Kohaku era todo un poema de lo pasmada que estaba- Disculpa, creo que no lo oí bien… ¿podrías repetirlo, padre? –dijo a la par que se masajeaba suavemente la sien en pos de apaciguar una pequeña jaqueca.
-No Kohaku, has oído perfectamente: irás al reino Scientia como candidata a esposa del futuro nuevo rey-repitió el rey Kokuyo de forma seria e impasible, ya sabía de antemano que su hija tendría esa clase de reacción en cuanto se le comunicara la noticia.
-…No puedes estar hablando enserio, padre…-pronunció en un tono amargo, apretando los dientes y dejando en claro la furia que con todas sus fuerzas reprimía- ¡NO PIENSO IRME DE AQUÍ, Y MUCHO MENOS SI ES PARA VOLVERME LA ESPOSA DE UN VIEJO VERDE! –exclamó con fuerza a la par que se levantaba de su silla y daba un golpe sobre la mesa como muestra de su férrea decisión.
-Los preparativos ya están hechos, Kohaku-detalló el rey en un tono entre aburrido y muy serio-No tienes cómo negarte-expresó mirándola directamente a los ojos en esperanza de que su expresión firme como rey apaciguara un poco la peligrosa conducta rabiosa de su hija menor (aunque en el fondo estuviera algo tenso y asustado por los resultados que podrían causar la rabieta de la misma).
Esa frase solo hizo que Kohaku se molestara aún más, pero antes de que esta se dispusiera a reclamarle con más fuerza a su padre, el rey levantó una mano en señal de que se calmara un poco y lo dejara proseguir a él.
-Tranquilízate, entiendo muy bien tu descontento con esta situación, pero no saques conclusiones tan apresuradas hija mía. No te envió hacia allá con ese simple objetivo.
- ¿No? –pronunció ella ahora más confusa que molesta.
Su padre le hizo ademán de que volviera a tomar asiento antes de proseguir con la conversación, y ella (aunque con cierto desgano) ejecutó su pedido.
-Como ya deberías saber Kohaku, el rey de Scientia recientemente falleció sin dejar ningún heredero directo, por lo que su sobrino pronto será coronado y tomará su lugar en el trono. Sin embargo, antes de que se lleve a cabo la coronación, el príncipe debe primero escoger a su futura esposa y formalizar su compromiso para obtener entonces el derecho a la corona. Por ello, muchas princesas y jóvenes de clase alta ya han partido hacia Scientia para participar en la elección matrimonial…-comentó el rey con seriedad (aunque en la primera parte de sus palabras se pudo notar un ligero regaño entre líneas sobre el comportamiento indisciplinado que su hija tenía hacia sus estudios).
-Ajá, ¿y? Eso no debería de importarnos, ¿no? ¿O acaso ya se te ha olvidado que el reino de Scientia es nuestro enemigo jurado, padre? –insistió Kohaku de forma pesada, cruzándose de brazos. ¿Por qué tenía su padre que tardarse tanto en explicar cuál era su punto en esa historia tan problemática y complicada?
-Precisamente por ello es que irás también Kohaku-aclaró el rey con decisión y esto hizo que su hija levantara una ceja extrañada-Te presentarás como candidata en ¨muestra¨ de que el reino de Petreus quiere hacer un tratado de paz con Scientia…Pero eso es solo una fachada, en realidad tu misión es otra, hija mía.
- ¿Qué…quieres decir con eso…? –preguntó ella lentamente, preocupada por la mala idea que se estaba formando en su cabeza debido al sentido que tenían las palabras de su padre.
Tras un par de largos y tortuosos minutos de silencio, el rey por fin prosiguió diciendo en un tono demasiado serio:
-Una vez que tu compromiso con el príncipe esté decidido, la boda pronto deberá llevarse a cabo…y entonces…deberás matar al príncipe…
El rostro de Kohaku estaba atónito y muy pálido…Hace unos minutos atrás ella estaba muy feliz de haber sido llamada por su padre para una misión que requería de sus habilidades…Creyó que este por fin la reconocía y que le permitiría proteger a su reino en el campo de batalla como los demás soldados y generales de palacio…Jah, era tan bonita su ilusión…que solo hacía que el saber de su cruel realidad ahora le supiera más amargo…
- ¿Estás loco…? –inquirió Kohaku inmediatamente en un tono muy bajo, sin salir de su sorpresa- ¿¡ES QUE ACASO PRETENDES PROVOCAR UNA GUERRA!? –exclamó con furia y negación ante la ¨misión¨ insólita que su padre le encomendaba. Tuvo que contenerse con todas sus fuerzas para no levantarse de su asiento y golpearle para ver si así conseguía entrar en él algo de razón.
- ¡SINO LO HACEMOS LA GUERRA DE VERDAD ESTALLARÁ! –declaró el rey en un tono de voz tan fuerte y desesperado que hizo callar del susto a la joven princesa.
El rey miró a su hija con mucho dolor y culpabilidad, bajó la mirada y cubrió su rostro entre sus manos (las cuales mostraban un temblor casi imperceptible).
-Créeme…yo tampoco quería llegar a esto, pero…ya no hay otra salida, Kohaku…Es esto…o dejar morir a nuestro pueblo y ver a nuestro reino ser consumido en un mar de llamas…-pronunció el rey con dificultad. Él, un rey que antes había sido aclamado por su orgullo, firmeza y compostura, ahora estaba tan desesperado por proteger a su reino y familia a toda costa…que estaba dispuesto incluso a aguantarse su propio dolor por depositar un tan cruel y pesado destino sobre los hombros de una de sus propias hijas.
Al ver a su padre en ese estado, a Kohaku se le formó un nudo en la garganta. Quería decirle que todo iba a estar bien, que no había que llegar a tales extremos, que ella y su hermana harían todo lo posible por ayudarle…pero…por mucho que quiso…no pudo decir nada…por lo que como respuesta al desesperanzador pedido de su padre…solo pudo asentir en silencio…
A pesar de saber a la perfección el peligro y dificultad que tenía esta ¨misión¨, no solo sobre sí misma, sino también sobre todo su reino, Kohaku no sentía miedo de lo que le esperaba…Aunque desconocía los temores y consecuencias de la guerra, sabía que su padre los había vivido en carne propia hace mucho tiempo atrás, y al igual que él en su tiempo, ella estaba completamente dispuesta a derramar hasta su última gota de sangre con tal de proteger a su pueblo…Lo único que de momento la atormentaba, es que la sangre que debía derramar para salvarlos…no era precisamente la suya…
Como ya le había mencionado su padre, mañana mismo partiría rumbo hacia Scientia, siendo acompañada por Kinrou y Ginrou como sus escoltas, y por Amarylis como su dama de compañía (cuya principal tarea en este caso era volver más ¨femenina¨ a la princesa durante su estancia en el palacio). Ya estaba todo preparado (incluso sus maletas), pero Kohaku simplemente no podía dormirse, por lo que no paraba de dar vueltas y vueltas sobre su cama.
-Argh, esto en verdad es una locura-dijo al por fin parar de dar vueltas y quedar mirando al techo de su alcoba- ¿Cómo esperan que YO sea escogida de entre tantas candidatas? –le expresó al aire con pesadez y cierta incomodidad.
-Será fácil, solo tienes que seducirlo-expuso su amiga Amarylis acercándole con una taza de té como solución para su insomnio.
-Ah…estás bromeando, ¿verdad? ¡Sabes bien que soy tan seductora como una lechuga! –ciertamente, Kohaku era (y se sabía) guapa, pero entre serlo y usarlo a su favor había mil kilómetros de distancia.
- ¿Ah sí? ¡Pues perfecto, porque nuestro objetivo es un príncipe puerro! –comentó divertida esta.
- ¿EH? –dijo Kohaku confundida y desconcertada. Eso también era una broma… ¿verdad?
-En todo caso, ¡para ya de quejarte, Kohaku-chan! La situación no cambiará por mucho que protestes, pero si sigues así solo vas a hacer mi trabajo más complicado de lo que ya es-quejó ligeramente la joven dama de compañía.
-Arsh, sí, lo sé. Perdona, Amarylis…-correspondió la princesa algo apenada. A pesar de que le gustaba poder quejarse sin problemas con su amiga, le incomodaba pensar que ella misma pudiera ser la causa de sus problemas.
Su amiga le brindó una simple sonrisa como respuesta y se sentó a su lado en la cama. Acurrucó su cabeza sobre sus piernas como si estas fueran una almohada y empezó a acariciar los rubios cabellos de la princesa a la par que tarareaba una nana. A Kohaku, esta acción le recordaba mucho a su nodriza (quien prácticamente las había criado a ella y a su hermana ante la prematura muerte de su madre), y ante el sentir de tan nostálgico gesto, cayó rendida sin problemas entre los brazos de Morfeo.
Apenas salieron los primeros rayos del sol, Kohaku y su grupo se despidieron de sus amigos y familiares en palacio y partieron rumbo hacia Scientia. El viaje fue bastante largo y tortuoso, no solo porque duró más semanas de lo que pensaron, sino también porque el clima durante el camino no fue del todo favorable para ellos, pero, aun así, todos lograron llegar sanos y salvos hasta el palacio real de Scientia.
- ¿Estás lista, Kohaku-chan? –preguntó preocupada la dama a su princesa. Ahora mismo estaban a solo una puerta de enfrentarse con el mayor obstáculo y temor de su peligrosa y secreta misión, una persona cuyos rumores decían que su poder e intelecto podrían conquistar al mundo mismo si así lo quisiera-Estamos a punto de conocer al futuro rey Scientia.
-Sí, no te preocupes, Amarylis. Entremos ya-expresó Kohaku seria y decidida- (Sin importar qué clase de persona sea o lo que pase a partir de ahora…yo me mantendré en pie)
Con este pensamiento en mente, la princesa de Petreus abrió la puerta de entrada hacia la sala del trono, pero en cuento lo hizo, un extraño objeto le explotó justo enfrente y la hizo caerse de espaldas.
- ¡KOHAKU-CHAN! –exclamaron con pánico y preocupación sus acompañantes, pero ella los tranquilizó al reincorporarse rápidamente después de un par de minutos.
-Ups, perdona, no esperaba que se fuera en esa dirección-le dijo con simpleza una voz desconocida.
Al levantar algo molesta su mirada hacia el aparente culpable de su infortunio, Kohaku quedó sorprendida: sus ropas eran tan simples (y tan manchadas con polvo) que no demostraban su verdadera posición, sus ojos eran de un fuerte rojo carmín y tenía un peculiar cabello color blanco con puntas verdes (sinceramente, con ese pelo parecía en toda regla un vegetal). No había duda: ahora estaba cara a cara con el futuro rey del reino enemigo, Senku I. Scientia. Rápidamente al darse cuenta de esto, Kohaku se levantó, se limpió como pudo el polvo que tenía encima e hizo una reverencia ante el ¨rey¨.
-N-No ha sido nada, su alteza. Disculpe usted en cambio nuestra impertinencia por entrar sin avisar-le saludó lo más formal que pudo, las clases diarias de etiqueta que había tenido con Amarylis le fueron difíciles en su viaje (y sinceramente aún se le eran pesadas), pero eran su mejor opción en momentos como estos-Soy Kohaku K. Petreus, segunda princesa del reino de Petreus, hija del rey Kokuyo K. Petreus. He venido hasta aquí para presentarme a la elección matrimonial real y pediros humildemente que considere un tratado de paz con mi reino.
-Ummm…-a pesar de todavía estar con la cabeza baja, Kohaku podía sentir cómo el joven ¨rey¨ la examinaba de arriba para abajo con una expresión simple y aburrida, y eso la incomodaba mucho-…Entendido, ya puedes levantarte-expresó este tras soltar un pequeño suspiro de decepción y desinterés.
Al ejecutar su pedido, Kohaku solo pudo mirar confundida como el futuro rey se daba la vuelta y volvía a centrarse en otro raro cachivache mecánico sin prestar atención alguna a sus ¨invitados¨.
-Ah d-disculpe, ¿a-alteza…? –inquirió ella desubicada por sus acciones.
- ¿QUÉ? ¿Todavía estás aquí? Argh, que molesto-al percatarse de que la rubia esperaba unas palabras más de su parte, el joven rey se volteó a su encuentro y prosiguió diciendo con irritación-Sí, sí, sí, acepto vuestra propuesta y blah-blah-blah. Tienes permiso para quedarte aquí, pero sinceramente no me interesa para nada eso de la ¨elección matrimonial¨. Todo eso es solo una estúpida y problemática tradición impuesta por una laaaarga lista de generaciones ya muertas, y en lo que a mí respecta, no pienso seguir el juego. Así que te lo agradecería mucho si te vas a corretear por ahí y me dejas en paz. Puede que no lo parezca, pero tengo cosas más importantes que hacer que estar entreteniendo a cada ¨princesa¨ aprovechada que vienen a perturbar mi tiempo con la ¨esperanza¨ de gustarme-declaró sin tapujos este a la par que se rascaba la oreja.
Y así, sin decir más ni hacer menos, el peliblanco volvió a examinar el cachivache metálico ante las expresiones impactadas de sus invitados. De no ser por estar consciente de que estaba ante el futuro rey de toda una potencia enemiga, Kohaku lo habría mandado a volar por sus palabras y descaro, pero por suerte, se contuvo. A pesar de que se sentía inmensamente furiosa por el trato del joven de ojos rojos, Kohaku decidió solo dejar pasar ese mal rato y acomodarse con sus acompañantes, justo como este (imbécil) había sugerido. En lo que dejaba la sala del trono, Kohaku le dedicó una última mirada al objetivo de su misión y posible ¨futuro marido¨, lo cual la llevó a suspirar con pesadez y cansancio. Genial, sencillamente genial, de todas las opciones posibles, le tenía que tocar tener que seducir a un molesto príncipe puerro.
N.A: Eh…siendo sincera, no sé de dónde me salió esta idea XD. Últimamente he estado jugando mucho al Tokimeki Memorial Girl´s Side 3rd Story (el cual me conseguí de chiripa), ¡y es precioso! En apenas un par de partidas se está convirtiendo en uno de mis juegos preferidos. Por cierto, mi chico favorito es Sakurai Kouichi w . En fin, no los entretengo más. Ejem, ejem…Sin más que decir y deseándoles salud (porque en serio eso es lo que más hace falta hoy en día TT_TT), ¡espero nos leamos pronto!
