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Desde el primero momento que la vió, quedó prendado de su belleza, de esa melena rosa y esos ojos intensos como el sol... y también de sus grandes pechos, no lo negaba.

Después cuando luchó con ella, no pudo resistir molestarla y ver como reaccionaba, como cambiaba y la debilidad que demostró fuera de frialdad de antes, lo hizo actuar sin pensar. Cuando sintió lo labios, maldición, que bien sabían aquellos, tan intensa fue la emoción, y más al ver su expresión final, tan indefensa y a su merced, lo dejó cautivado y en la locura máxima. Aún no sabe si las verdaderas intenciones fueron esas, el de solo fastidiarla, o quizá no quiere ahondar más en ello y prefiere dejarlo como algo meramente superficial.

Se iba a entreter mucho con ella.

Pero todo cambió en esa fiesta.

Cuando quedaron en la azotea y se dió cuenta de la situación de Jeanne, no pudo desperdiciar la oportunidad de intentarlo con ella, de saber como se sentía aquella sensación tan íntima y que muchos disfrutaban. Que muchas veces había presenciado durante esos años. Quería eso, quería saber cómo se sentía con ella. Quizá lw iba a doler, quizá iba a morir por su descontrol, quizá solo sería algo pasajero y olvidable... Quizá. Pero ya no importaba, solo quería y sobretodo con ella. De alguna forma lo atraía verla así.

-Jeanne.

Fue su perdición cuando clavó esos colmillos en él.

¡Qué sublime!

Nunca se imaginó lo tan bien que se sentía, tenerla sobre él y succionandole la sangre de una forma tan... excitante y apasionante. No podía pensar con claridad ni controlar sus gemidos por el placer que sentía. Su cuerpo se estremecia sin poder evitarlo. Era algo que quería que siguiera y siguiera. Verla ahí con la Luna fue una vista inigualable y tan hermosa.

Jeanne, mi querida Jeanne.

No se esperaba ni él mismo que dejara esa marca de posesión. No le molestaba, sino que era una buena excusa de molestarla y ponerle un par de condiciones. Quería seguir sintiendo aquella sensación tan divina con ella. Tenían una química estúpidamente completa y alta. Al final sería beneficioso para los dos, así investigaba si es que tenia la maldición o solo tenía sed de sangre.

Ah, y también que lo llamara por su nombre. Aún quería fastidiarla a más no poder.

-Vanitas.

Y mientras disfrutaba nuevamente de aquello tan satisfactorio y excitante, en el fondo sabía que había una razón más profunda que solo molestarla. Había un tercero que estaba muy involucrado con los malos acontecimientos que estaban ocurriendo y era cercano a Jeanne. También, le parecía familiar todo aquello relacionado con ella, pero no sabía ni cómo ni qué exactamente y estaba dispuesto a descubrir esas interrogantes.