Notas de Autor: Hola Gente! Después de pensarlo mucho pues me decidí y me lancé a escribir para el Eremika! ¿Y que mejor que comenzar en su semana en español?
Aclaraciones: Durante toda la semana, mi Eren y Mikasa van a ser un poquito OOC. ¿Por qué solo un poquito? Porque si Isayama nos dio a un Eren creando un AU solo para él y su chica, no veo como hacerlo un verdadero SIMP en mis historias estaría tan fuera de lugar. No lo digo yo, lo dice Yams. El chiquillo estaba loco de amor así que le haré honor a eso. Y dado que el canon nos dio demasiado angst, pues yo me haré la ciega y mis entradas bien pueden ser consideradas inductoras de caries con los fluff que son. Dicho eso, disfruten (es mi primera vez) y comenten *.* así se que tal les parece y seguimos mejorando!
Cocinar para ti es mi amor hecho tangible
No es como si Eren supiera lo que estaba haciendo.
Que no se malentienda, podía sobrevivir bastante bien estando solo en casa. Aunque era más que consciente que comer recalentados, pizza fría o comida chatarra no lo llevaría por buen camino. Aún así, ¿Qué tan difícil podría ser hacer una simple cena romántica para Mikasa?¿Y por qué creyó que sería buena idea considerando que su esposa trabajaba literalmente como chef?
Y es que aunque llevaban años en su relación, aún no era capaz de entender como la pelinegra era tan buena en todo lo que hacía. Con un mínimo esfuerzo podía hacer que las cosas que a Eren le daban migraña intentar, ella las perfeccionaba en un instante. Bueno, él se metió en este asunto -desde temprano antes de que Mikasa tomara su turno en el restaurant de la que era dueña junto a su hermano Levi- cuando le dijo que le tendría una sorpresa y que no comiera nada pesado antes de llegar a casa. Después de la mirada dudosa de su esposa, y su sexy pero innecesario comentario con doble sentido, preguntando también si él se encargaba del "postre", se retiró a su trabajo y le pidió que no se esforzara demasiado.
"Cariño, recuerda que tienes el día libre, y pues si vuelvo hambrienta, vas a tener que saciarme con creces luego, así que no te estreses tanto". Esa mujer y su afán de tener la última palabra y dejarlo estupefacto.
Es que en serio quería ser quién se encargará de los detalles, Miki trabajaba en esto todo el tiempo, y si bien, él y todos sus compañeros de trabajo sabían que su mujer cocinaba delicioso -cuando los imbéciles se empeñaban en robar parte de su comida a la hora de almuerzo porque sabían que ella hacía los mejores platos- pensó que sería un bonito gesto quitarle la responsabilidad y estar a cargo de todo. Además, en serio la amaba con todo su corazón, pero diablos esa mujer podía ser bastante quisquillosa con el servicio en otros locales cuando la invitaba a cenar fuera.
"A pesar de eso, esa bella mujer nunca se queja de mis huevos quemados o mis guisos sin condimentar" pensó mientras medía atentamente las porciones que necesitaría para su cena de dos. Las ventajas de haberse casado con una chef era que en casa tenía todo lo necesario para hacer algo simple. Siempre y cuando pudiera diferenciar entre todos los condimentos que su esposa tenía estrictamente organizados en la despensa. Solo lo había salvado el etiquetado en cada cosa -obra de ella porque seguramente sabía que de vez en cuando le gustaba husmear en sus cosas- así que pudo encontrar sus favoritos y comenzar a prepararlos.
Con la comida principal bastaba, no se creía capaz de hacer el postre. Recordó que a pesar de que estaba seguro que Mikasa lo amaría aún más si le tenía un pastel de fresas para terminar la velada, la última vez usaron demasiada crema batida en actividades nada relacionadas a la cocina, y si bien fue malditamente divertido, ahora cuando veía las latas en la congeladora, le pasaban dos cosas extrañas simultáneamente pero nada relacionadas- tenía una erección y comenzaba a dolerle el estómago. Dios, cada día estaba más loco y aún ni comenzaba a saltear las verduras.
Aún así hace dos semanas, le había contado a su mujer que en sus andanzas en el supermercado había visto que los frutos rojos estaban en temporada y que pensaba que mezclarlos en algún postre sería genial para su aniversario, siempre habían sido sus favoritos -En especial desde que le recordaban a las tardes en su pueblo natal buscándolos junto a ella cuando apenas tenían diez años- pero como era un asco en la cocina quizás encontraba alguna pastelería que ofreciera opciones con ellos. Se ganó una mirada un tanto irritada de parte de su esposa.
Pudo haber sido porque no puedes simplemente decirle a una de las mejores cocineras de la región, que además eligió casarse contigo, que buscarás opciones externas respecto a un plato. Fue eso o porque esa misma mañana no encontró nada mejor que usar lo último del shampoo de Mikasa para lavar su cabello y tener su aroma con él. Edición limitada sus pelotas, en serio quería tenerla cerca cuando se iba a sus turnos, y pues la maldita marca de verdad dejaba la suavidad que profesaba en el envase.
Eso le hacía pensar ¿Cuántas veces había hecho esto por ella anteriormente? No podía recordar con exactitud, pero desde que comenzaron a salir cuando eran adolescentes, siempre supo que Mikasa comería lo que fuera que él preparara y viceversa. Tanto así que cuando aún estaba en la universidad, luego de emborracharse después de hacer el ridículo peleando con todo lo que se movía por el honor de su chica y amanecía con una resaca horrible, ella siempre tenía tiempo para hacerle algún plato que lo ayudara a recobrar fuerzas y el apetito. Su dignidad era algo más difícil de restaurar. Eso ni Mikasa podía solucionarlo a veces.
Se imaginó que esa fue una de las razones por las que decidió hacerse una chef profesional.
"Siempre he notado que te relajas considerablemente cuando comes algo que te gusta incluso cuando estás muy tenso y me gusta la expresión en tu rostro cuando te sientas a comer lo que preparé para ti. Si puedo replicar esa comodidad en otras personas supongo que no estaría nada mal dedicarme a esto. Además, tienes una alimentación horrible Eren. No quiero que a los 30 tengas alguna de esas enfermedades raras solo porque vives en base a hamburguesas. Voy a aprender a hacerlas de más y mejores formas para que no me dejes viuda antes de tiempo" Una en un millón, esa chica.
Y es que cuando estudiaba creyó haber oído alguna vez que ciertas comidas podían causar efectos químicos en el cuerpo, y generaban una sensación no solo de saciedad sino que también podían hacer sentir reconfortados, queridos y cálidos. Qué coincidencia, era lo mismo que le causaba verla sonreír.
Pero al principio, en la adolescencia, cuando le dijo acerca de sus pretensiones de hacerse chef, en su afán de cocinarle cosas y hacerlo feliz, llegó a sentir celos. ¿Más personas iban a comer sus platos? ¿Qué iba a pasar cuando alguien pidiera conocer a la autora de esos manjares? ¿Iban a sentir la calidez y buscarían quedársela?
Dios, cuando era un mocoso si que era un dolor en el culo. Gracias al cielo maduró, se armó de valor y la invitó a compartir sus vidas. Y cuando Mikasa se recibió de la escuela, ya había ahorrado lo suficiente por lo que se aseguró de que cuando un comensal pidió felicitar a la chef, ella se presentó con un bonito anillo en su mano izquierda.
Ugh, siempre le pasaba lo mismo. Cuando se quedaba solo, se prometía que haría un millón de cosas en la casa, luego todo le recordaba a su mujer, se iba por el camino de los recuerdos, comenzaba a fantasear en su vida juntos y así se pasaba el día entero hasta que ella volvía a casa.
"Está vez si que no, Eren. Ok, tienes listas las verduras, los guisantes que Mikasa ama ya están casi listos y pues la carne ya está en el horno" Aja, el matrimonio lo había vuelto meloso, pero también mejoró su habilidad en el multitasking.
Bueno quizás ahí exageraba un poco.
Después de un largo día en el trabajo, y a pesar de los incesantes gritos de los empleados corriendo de aquí para allá con los platos, las peleas sin sentido con Levi cuando tenían que decidir el menú principal y las caras algo idiotas de los nuevos ayudantes de cocina cuando la veían por primera vez, lo mejor de la jornada era llegar a casa a relajarse con su esposo.
A veces los turnos no coincidían, en especial cuando Eren los tenía dobles, por lo que al ser su aniversario le avisó a su hermano que saldría más temprano, el restaurant tenía a todo su personal, incluyendo a los chicos nuevos -que por alguna razón se desconcentraban con facilidad cuando ella les pedía que hicieran algo en la cocina- además dudaba que ese enano se negaría a su decisión considerando que ella solía afilar bastante su santoku favorito durante las reuniones administrativas.
Tanto fue el entendimiento de su hermano mayor, que hasta le dio tiempo para relajarse mientras los nuevos se adecuaban al trabajo. A veces podía ser adorable. Pero, en lugar de hacerlo, obviamente Mikasa utilizó su tiempo -y los recursos de Levi en implementos- en preparar algo simple con frutos rojos para su amado esposo.
Había estado lanzando indirectas desde hace varias semanas, acerca de sus frutos favoritos y como irían bien con algún postre, incluso había tenido el descaro de hablar de la posibilidad de solicitar los servicios de alguna pastelería cerca de la casa.
"En mi libro, eso es el equivalente a una infidelidad" Pensó la pelinegra mientras terminaba de adornar su nueva obra para que su esposo sea el primero en probarla.
Sin nada de crema batida.
Tenía la sensación de que Eren aún no se reponía del todo de sus juegos de la última vez. Una verdadera lástima, dado que tenía pensado hacerle algún postre para que llevara a un seminario que tendría pronto -Siempre con más de una porción, ya que a sus colegas les gustaba evaluar sus dotes culinarios- Un golpecito en la espalda para ella misma, en serio era una esposa dedicada.
Al final del día, cuando llegó a su hogar, y al abrir la puerta, lo primero que notó fue un delicioso aroma a carne asada y la frescura de una salsa que le había enseñado a hacer a su esposo cuando aún eran universitarios. Era una de sus obras maestras, porque Eren se volvía loco cuando la ponía sobre sus hamburguesas favoritas, y pues sus reacciones eran su más grande premio a la hora de cocinar para él.
"Creo que el postre que hice irá perfecto con la cena que preparó" Susurró mientras se sacaba las zapatillas en la entrada.
"Mi amor, estás en casa y como nunca tengo todo listo. ¡Hasta encendí velas, soy un romántico!" Gritó Eren desde la habitación.
"Si que lo eres cariño" Mikasa observaba todo lo que su esposo había organizado para su aniversario. Técnicamente ya había pasado hace 3 días, pero hoy ambos habían coincidido con el día libre.
"Hice tu plato favorito, me lo has enseñado tantas veces que ya ni tengo que seguir la receta, además no es algo que pidan los estirados que van a tu restaurante así que sé que nunca te aburrirás de comerlo. De todas maneras, sabes que tengo el número del único lugar que aceptas en el caso de que lo haya arruinado. Lo que sí sé que nunca vas a rechazarme es mi "postre especial de aniversario" si sabes a lo que me refiero" Dijo Eren mientras se acercaba a saludarla, al mismo tiempo que ella miraba de reojo todas las cucharas de medida sobre la encimera en la cocina. Podía jurar que nada estaría en su lugar, su marido tenía tantas buenas cualidades, pero era bastante desordenado y no sabía mentir ni para salvar su vida.
"Sabes que nunca rechazaría nada de lo que cocinas para mi, amor. Y tienes razón con que en el trabajo nunca preparo estas cosas, solo llego a comerlas cuando tu las haces, esa es la razón por la que es mi plato favorito, tonto." Su beso de bienvenida, junto con su aroma tan único -tan él- era lo que la motivaba cada día a soportar cada tontería que pasaba en su trabajo.
"Bueno entonces, vamos a comer. Luego de eso podemos ver alguna película aburrida en la TV para luego justificarme con que la trama no es nada interesante y comenzar a distraerte tal como lo hacíamos en la casa de mis padres cuando teníamos 17" Le dijo su esposo, mientras tomaba su abrigo para ayudarla a colgarlo y buscaba las ensaladas que tendrían de acompañamiento.
Tomó su mano para detenerlo y mirarlo un minuto a sus bellos ojos.
"Antes de eso, mira lo que hice para ti. Es un Tiramisú de frutos rojos. Así es, noté que tenías ganas de comerlos en algún postre y pues hace días que venía pensando cómo combinarlos con algo que te guste. Supuse que te pondrías algo triste por no hacer mi pastel preferido, pero en función de que tu relación con la crema batida aún es algo delicada, me encargué del postre...El literal, el figurativo y nuestro favorito es tu misión después de que te deje desconcentrarme de una película que seguramente yo si encontraré interesante, en el sillón tal como cuando teníamos 17" Dijo mientras sacaba su preparación de la caja con el logo de su restaurante y se dirigía a la habitación a ponerse ropa más cómoda para que cenen juntos.
Se estaba soltando su larga cabellera, cuando se dio cuenta que su esposo no le había respondido nada. Así que se dio la vuelta para observarlo. Notó de inmediato como se le habían nublado los ojos, y eso significaba solo una cosa.
"Te amo. Y en serio quiero olvidar mi esfuerzo en esta cena y llevarte a nuestra habitación para demostrarlo. Te he dicho miles de veces que no puedes hacer cosas tan lindas por mí, mirarme con esos ojos y esperar a que no me lance sobre ti a la primera oportunidad que tenga, Mikasa. ¿Qué no sabes que contigo no se del autocontrol?" Le dijo Eren mientras se acercaba a pasos agigantados, para luego besarla y arrinconarla contra la puerta.
"¿Qué va a pasar cuando te diga cosas que sí considere dignas de tu pérdida de autocontrol, cariño? ¿Ahora no solo tengo que preocuparme de mi viudez temprana por tu alimentación sino que también debo ser cuidadosa con mis palabras? Para ser el hombre más lindo del mundo, si que eres propenso a estás reacciones. Recuérdame prepararte sutilmente cuando comencemos a planear nuestros hijos. No quiero ser viuda, y dejar a nuestros bebés sin un padre" Le dijo su esposa cuando le devolvía sus besos y comenzaba a sacarle la camisa y la corbata, que casi nunca se ponía. En serio se había esforzado muchísimo.
"Negociemos, Mikasa. Siempre podemos comer la cena que hice después de hacer el amor. Aún no deberíamos usar comida en nuestros juegos, así que el postre que me hiciste lo comeremos como corresponde después de bajar mi presión, en especial ahora que mencionaste hijos. Pero nuestra cena tendrá que esperar, vida mía. Ahora estoy en una misión e implica probar mi verdadero postre favorito" Ambos ya habían perdido la parte superior de sus atuendos. A Eren podía tomarle 20 minutos pelar una verdura, pero para desvestir a su mujer era un maldito genio.
Quizás les tomaría un tiempo volver a la mesa, pero siempre podía recalentar la cena. Un verdadero sacrilegio para una chef. Pero considerando que su esposo los guio a su cuarto sin interrupciones y con una meta en mente, supuso que era mejor priorizar las cosas importantes y disfrutar del postre primero.
