DGM no me pertenece.

El amor que sentimos es mayor que la distancia entre nosotros

Road Kamelot estaba más que emocionada. Había esperado dos años a que ese día llegara. Se arregló lo mejor que pudo y salió de su casa.

—No vayas a llegar muy tarde, Road—le advirtió su padre.

—Papá—le dijo—el concierto comienza a las 8, claro que llegaré tarde.

—Si comienza a las 8, ¿por qué te estás yendo 6 horas antes?

—Para ganar lugar, papá.

Sheryl suspiró.

—Solo porque sé que al fin vas a poder ver a tu tan querido Allen, te estoy dando permiso, si fuera cualquier otro grupo, no irías.

—Gracias papá, eres el mejor.

—Cualquier cosa me llamas por teléfono.

—¡Sí! —le gritó ya estando en la calle.

Road llegó al lugar del concierto muy temprano y sin embargo ya había varias personas. Estuvo esperando en fila, hasta que dieron las 6 y las dejaron entrar. Road calculaba que en la fila ya habían más de mil personas, por suerte ella era la número 14.

—Qué suerte—pensó—el número favorito de Allen.

Road alcanzó por muy poco, colocarse en primera fila, no estaba al centro del escenario, pero no importaba, podría ver muy bien a Allen. A las ocho, las luces se apagaron, dando inicio al concierto.

Road no sabía que hacer, Allen acababa de aparecer frente a ella, se veía incluso más guapo en persona. Quería gritar, llorar o lo que fuere, pero su cuerpo no le respondía, simplemente lo miraba todo lo que podía y por supuesto, también lo escuchaba. Su voz era como la de un ángel, tan delicada y bella. ¿Acaso había alguien que tuviera tan linda voz? Y no solo eso, de Allen se sabía que era una persona altruista, siempre pensando en los que menos tenían. Era una persona excelente, la fama nunca se le subió a la cabeza, ni perdió sus orígenes, ya que él llegó ahí por su cuenta, después de ser adoptado por un payaso que conoció en el circo donde trabajaba. ¿Cómo es que un chico como él se había convertido en alguien tan importante para Road? Fácil. Cuando la madre de Road falleció hacía dos años y su padre padecía una terrible depresión por ello, no había nadie que la ayudara a ella. Siempre había sido una chica solitaria, su madre siempre había sido muy débil, por lo que siempre intentó no ser una carga para ella, así que se comportaba de la mejor manera, aunque eso fue un obstáculo para hacer amigos.

Una semana después de la muerte de su madre, estaba sentada en una fuente de la ciudad llorando desconsoladamente, cuando un niño que parecía uno o dos años mayor que ella, se acercó y se sentó a su lado. Ella apenas lo miró, pero él le limpió las lágrimas y le sonrió.

—No sé por qué estás llorando aquí sola, pero todo estará lo mejor posible pronto, encontrarás un nuevo camino para seguir viviendo, tienes todo mi apoyo.

Y al terminar de decirle aquello, se fue, dejándola totalmente sorprendida por su amabilidad y palabras de apoyo.

Al día siguiente, mientras almorzaba en la cafetería de la escuela, pasaron en la televisión que había allí, a un pequeño grupo musical, compuesto por tres chicos jóvenes. No le prestó atención al principio, pero la canción que presentaban le llegó al corazón, así que miró a la televisión para disfrutarla mejor.

—Es él—casi grita al ver al vocalista—es el chico de ayer.

Al llegar a su casa, no perdió tiempo de investigar más acerca de ellos. Escuchó todas sus canciones y se enteró que eran originarios de esa ciudad, pero la noche anterior había sido su último concierto de la temporada, ya que se dedicarían a sus estudios por un tiempo y luego volverían a reunirse.

—Hiatus, llegué en el maldito hiatus.

Sin embargo, mientras esperaba su regreso, se fue enamorando día a día de ellos. Sus canciones eran profundas, con un gran significado y le ayudaron mucho en esos momentos tan difíciles. Simplemente teniéndolos a su lado se sentía bien, se sentía con fuerza para enfrentar cualquier adversidad.

Tiempo después, cuando supo que regresarían con un nuevo disco y que su primer concierto sería en esa ciudad, no dudó ni un segundo en ir a verlos.

Y ahí estaba, con el rostro bañado en lágrimas, mientras veía a Allen cantando frente a ella. Road podía incluso jurar que por un momento sus miradas se cruzaron y fue como si Allen la hubiera reconocido, brindándole una linda sonrisa.

El concierto terminó demasiado pronto para su gusto o por lo menos eso le pareció. Salió del recinto sin saber muy bien que había ocurrido, se sentía en las nubes.

Caminaba de regreso a su casa y no había avanzado mucho cuando una camioneta blanca se detuvo junto a ella.

—Hola—escuchó que le dijera una voz que ella conocía muy bien. Se quedó paralizada al ver que estaba en lo cierto.

—Allen…—susurró.

—¿A ti te conozco, verdad? —le dijo asomándose por la ventana—Hace dos años te vi sentada junto a la fuente de la ciudad, te reconocí enseguida—le dijo sonriente.

—¿Me recuerdas? — Road estaba más que impactada.

—Claro que sí, nunca olvido una cara bonita.

Lavi y Kanda que seguían también en la camioneta, se miraron extrañados. Allen nunca trataba así a las chicas, siempre ponía su distancia.

Road se sonrojó sin poderlo disimular.

—¿Estás yendo a tu casa?

—Sí—le contestó sin saber qué más decir.

—¿Sola?

—Mi casa no está lejos.

—Sube, te llevamos.

Road lo miró incrédula y mientras Allen le abría la puerta para dejarla pasar, ella pensaba si esa era una buena idea o no.

Ellos son buenas personas, lo sé, es como si los conociera desde siempre, además, ¿cómo puedo desaprovechar esta oportunidad?, pero si fuera otra situación seguramente estaría siendo secuestrada—pensaba mientras se decidía o no a subir.

—¿Vienes? — le preguntó nuevamente al ver que no se movía.

—No mordemos—bromeó Lavi riendo.

—Eso espero—rio Road también, mientras subía.

Fue un viaje demasiado rápido, unos 10 minutos nada más, pero Road logró contarle a Allen cómo se volvió su fan.

—Y nosotros que pensábamos que no habíamos hecho nuevas fans en estos dos años—rio Allen—, pero entrar en el hiatus debe ser desagradable.

—Lo fue—admitió Road—, pero confiaba en que regresarían.

Al llegar a su casa, Road se despidió alegremente, intentando guardar un poco la calma, tanto para no asustarlos a ellos, como para no alertar a su padre o sería regañada por la falta de prudencia al subir a un auto de unos desconocidos.

Definitivamente, Road no podría dormir esa noche.

El lunes por la mañana, Road yacía en su cama, negándose a ir a la escuela, no quería volver a la realidad, tuvo que utilizar toda su fuerza de voluntad para hacerlo. Pero, al salir de su casa, casi grita al encontrarse con una visita inesperada.

—Hola Road.

—¿Allen? ¿Qué haces aquí?

—Mis clases ya se han regularizado, así que, desde hoy, iré al mismo colegio que tú, solo que un año adelantado.

Road en verdad no podía estar más feliz. Desde ese día, Road y Allen se volvieron inseparables. Ella se enamoraba cada día más de Allen, no sabía que era lo que él pensaba, pero por el momento no le importaba.

Actualmente era la envidia de toda la escuela, pero ya que nunca había tenido amigos, no le importaba en lo absoluto, con tener a Allen le bastaba.

Todo parecía ir de maravilla, hasta que un día, cuando Road fue a comprar los víveres para la cena, se encontró rodeada por unas máquinas de las más extrañas, que tenían varios cañones y una expresión triste.

—¿Qué son estas cosas? —dijo asustada.

—Road-sama—escuchó decir a uno antes de comenzar a brillar, pero dicho brillo se detuvo cuando dicho objeto explotó frente a ella, al igual que las otras máquinas extrañas.

—¿Estás bien? —le preguntó alguien.

Road confundida, miró a la persona frente a ella, dándose cuenta de que era nada menos que Allen. Solo que ese no era el Allen que ella conocía, no tenía su brazo izquierdo y con la mano derecha sostenía algo parecido a una espada, además, de una gran capa blanca, y en su ojo izquierdo tenía un círculo sobresaliente como si fuera un engrane.

—¿Allen?

—Déjame explicarte.

Allen tuvo que contarle todo, le contó sobre el Conde, sobre los akumas y los exorcistas. Sabía que, con toda esa nueva información, era probable que Road se alejara de él y no la culpaba. Decidió darle todo el fin de semana para aclarar sus ideas.

Esa noche, Road no podía dormir, su cabeza le daba vueltas, pero estaba segura de una cosa, Allen era Allen, aunque fuera un exorcista y eso jamás desaparecería el amor que sentía por él. Aunque, tenía una gran duda, ¿por qué ese akuma la había llamado Road-sama? No pudo seguir pensando debido a un dolor agudo que le atravesó el cuerpo repentinamente e hizo que se desmayara.

Allen fue por ella a su casa el lunes en la mañana para que fueran juntos a la escuela. Estaba nervioso, porque no sabía cuál sería la reacción de Road, pero se hacía tarde y si no se apresuraban llegarían tarde a clases, así que decidió tocar a la puerta.

Un hombre que no conocía fue quien abrió, supuso que era el padre de Road.

—Buenos días—saludó Allen.

—Tú eres el chico que viene por mi hija a diario, ¿no? —le preguntó Sheryl sin rodeos.

—Sí, soy yo, soy Allen Walker, mucho gusto.

—Road no irá a la escuela hoy, está enferma.

—¿Enferma?

—Sí, pero nada de qué preocuparse.

—Ok, entiendo, entonces me voy, dígale de mi parte que deseo que se mejore pronto.

—Lo haré.

Eso había sido duro, Allen en realidad quería ver a Road, pero la actitud de Sheryl decía claramente, "no te acerques a mi hija", así que decidió llevar las cosas en paz. Solo esperaba que Road estuviera bien.

Pero, conforme pasaban los días y Road no aparecía, Allen comenzaba a preocuparse.

—Una semana, ya es una semana desde que Road no viene—se quejó con Lavi.

—Ella te está evitando, no debiste contarle.

—¿Qué querías que hiciera si estaba rodeada de akumas? La hubieran matado.

Casi acababan de iniciar las clases del día, cuando la puerta se abrió.

—Lo siento, llego tarde.

—Oh Road, estás de regreso, no importa, solo toma asiento—le dijo su maestro de historia.

Road se dirigió a su asiento sin mirar a Allen.

—La noto algo extraña—le mencionó Lavi a Allen.

—Estuvo enferma una semana, era de esperarse.

—Yo no siento que sea eso.

Allen estaba feliz por su regreso, aunque aún estaba preocupado. Quiso hablar con ella en el almuerzo, pero Road salió del aula tan rápido que por más que la buscó, no la encontró, hasta que estuvieron de regreso a clases y lo mismo le ocurrió a la hora de la salida.

Allen caminaba rumbo a su casa para ver si la encontraba cuando se vio rodeado por tres akumas de nivel dos. Estaba tan preocupado y distraído que no se había percatado de ellos. Combatió con ellos, pero su falta de concentración le estaba perjudicando.

—Deténganse—escuchó que dijeran. Los akumas se dieron la vuelta.

—Pero, Road-sama…

—He dicho que se detengan, váyanse a divertir con otro exorcista, pero con él no.

—¡Sí! —gritaron los tres akumas y se fueron de allí.

Allen veía con impacto a Road, quien tenía una expresión de culpa.

—Lo siento Allen, pero yo…

El chico pudo ver como la piel de Road se oscurecían y le aparecían siete cruces en la frente.

—Noah…—susurró—, ¡eres una Noah y no me lo habías dicho! —gritó con enfado.

—Mi despertar fue apenas la semana pasada Allen, yo no sabía nada de esto.

—Entonces, tú eres mi…

—No lo digas, Allen—interrumpió—, solo me iré de esta ciudad y espero que nuestros caminos nunca vuelvan a cruzarse, porque de lo contrario, tendré que matarte.

Del suelo surgió una puerta en forma de corazón en donde Road desapareció.

—Maldición.

.

Un año había pasado desde ese fatídico día. Allen no se había vuelto a encontrar a Road. Sin embargo, a pesar de las advertencias de Lavi, la seguía buscando a dónde quiera que fuera. A pesar de ser una Noah no podía sacársela de la cabeza. Su amigo, le dio la respuesta. Se había enamorado de ella sin saberlo.

Los últimos días lo había pasado muy mal, sentía como si no fuera él y un dolor insoportable se apoderaba cada vez más frecuentemente de su cuerpo. No le había dicho nada a nadie para que no se preocuparan más de lo que ya estaban, pero estaba llegando a su límite.

Road lo había estado siguiendo a cada lugar a donde él iba, cada nueva misión a la que era asignado, ella siempre estaba ahí. Su padre, quien también era un Noah, siempre la regañaba por ello, pero ella seguía haciéndolo. Sabía que no podía estar con él, así que se conformaría con mirarlo a la distancia.

Así que, ese día cuando lo seguía de cerca, lo vio desmayarse y sin pensarlo corrió para ayudarlo. No sabía qué hacer, Allen no despertaba y tampoco podía dejarlo allí en el suelo. Decidió que lo mejor era llevarlo consigo.

Minutos después, Allen yacía en una cama, dentro del arca.

Road le secaba el dolor en su rostro, pero podía ver claramente cuanto sufría. Recordaba perfectamente cómo se sentía ese dolor. Road solo dejó de mirar con pena a Allen, hasta que Tyki entró a la habitación.

—¿Así que ese es el chico que trajiste? Sheryl me contó.

La chica ignoró su comentario.

—Tyki, mira.

Road alzó el flequillo de Allen, dejando al descubierto su frente. Para sorpresa de Tyki, en el centro había una pequeña pero perceptible cruz.

—Pero qué… ¿Acaso no es él un exorcista?

—Sí Tyki, su brazo izquierdo es su arma antiakuma.

—Pero, entonces él es…

—Al parecer él es el decimocuarto Noah, el que el Conde ha estado buscando para unir fuerzas y derrotar a la Orden.

—Eso es bueno, al fin lo encontramos.

—Pero, no sé cómo vaya a tomar la noticia.

—Pues lo veremos enseguida, mira…

Allen había empezado a abrir sus ojos. Road asustada, bajó a vista, después de todo hacía un año desde que no se veían. Allen parpadeó confundido, intentando descifrar donde se encontraba, hasta que su vista enfocó a la chica sentada a su lado.

—¿Road?

Ella alzó un poco la mirada, solo lo suficiente para que él entendiera que lo escuchaba.

—¿Qué haces aquí? O, mejor dicho, ¿en dónde estoy?

Tyki al ver que Road no respondía nada, suspiró y se lo explicó él mismo.

—Estás en el arca, Road te trajo al ver que te desmayaste.

—¿En el arca?

—En el arca de Noah.

—¿Y dices que ella me trajo? Pero, ¿cómo me encontraste? —le preguntó ahora a Road.

—¿No es obvio? —dijo Tyki—, ella ha estado…

Pero Tyki no pudo terminar de hablar al ser golpeado por Road en el estómago.

Allen comprendió que Road no le diría nada al respecto.

—Ahora que lo pienso, ¿quién eres tú? —le preguntó a Tyki.

—Me llamo Tyki Mikk, soy un Noah también.

Allen seguía confundido y aunque Tyki aún no lo conocía, lo notó enseguida.

—Hemos descubierto la razón de tus dolores y de tus desmayos, yo he pasado por eso y Road también hace un año.

—¿Hace un año? ¿De qué hablan? ¿Qué es lo que me sucede?

—Te estás convirtiendo en un Noah como nosotros.

Allen lo miró estupefacto, quedándose callado por unos momentos, tratando de entender lo que acababan de decirle.

—Pero, yo soy un exorcista y de tipo parásito, además, no puedo ser un Noah.

—Muéstrale Road, creo que eso sí puedes hacerlo.

Road tomó un espejo de mano que tenía en una mesita cercana y se acercó a Allen para ponerlo frente a él y levantó su flequillo.

—¿Qué es esto? —dijo Allen con miedo al ver una pequeña cruz en el centro de su frente.

—Son tus estigmas, ya te están apareciendo.

—No estoy entendiendo, ¿cómo puede un exorcista ser un Noah?

—El Conde siempre ha dicho que aparecerá un Noah con inocencia como tú que se unirá a nuestras filas y con su ayuda ganaremos.

—¡Pero yo no quiero que ustedes ganen!

—Eso es porque no sabes nada, pero en cuánto despiertes por completo el Conde te contará todo.

Allen volvió a recostarse en la cama aún confundido y perplejo.

—Yo me voy—dijo Tyki—tengo cosas qué hace, nos vemos chico, Road.

—¡Espera Tyki!

Road intentó detenerlo, pero él se fue aprisa para dejarlos solos. La chica se sentía totalmente incómoda ahí, lo mejor era que se fuera, pero cuando se puso de pie para hacerlo, Allen le habló.

—¿Cuánto más tardaré en ser uno de ustedes?

—Yo tardé una semana, pero puede ser un poco más, depende de cada persona.

—¿Me harán quedarme aquí mientras tanto?

—Sí, no podemos dejar que te vayas.

Road ni siquiera lo miraba al hablarle.

—¿La semana que faltaste a clases fue por tu transformación?

—Exacto.

—Ya veo.

Road no quiso hablar más del tema y se fue lo más rápido que pudo de allí.

Durante los días siguientes, procuraba que Allen estuviera dormido para llevarle su comida, la cual fue obligada a entregarle, incluso a veces le pedía a Tyki que verificara que fuera así.

—No entiendo por qué no quieres hablar con él, ¿no es tu amigo?

—Es incómodo hablar con él, así que solo revisa y ya Tyki.

—Te gusta, por eso te avergüenzas.

Road abría y cerraba la boca intentando negarlo sin éxito alguno.

Tyki riéndose de ella, entró a la habitación del joven y prácticamente salió enseguida.

—Está profundamente dormido, puedes entrar.

—Gracias Tyki—le agradeció aun avergonzada y entró rápidamente, cerrando la puerta detrás de ella, pero se quedó quieta en la entrada al darse cuenta de que Tyki le había mentido. Allen no estaba dormido.

—Hasta que vienes cuando estoy despierto. ¿Tyki entró para cerciorarse de que durmiera? Pues al parecer te engañó.

Road empezó a retroceder, pero Allen se lo impidió.

—Hey, ¿Ni siquiera vas a dejarme mi comida?

Road mirando al suelo, se acercó a él y le tendió la bandeja llena de comida.

—Siéntate—le pidió a Road.

Ella se sentó en la silla que aún permanecía al lado de su cama.

—Gracias por la comida—mencionó antes de ponerse a comer felizmente.

Road sonreía divertida viendo como se terminaba absolutamente todo.

—Estuvo deliciosa, incluso sabe mejor que la comida de Jerry, ¿quién lo cocina?

—Yo—respondió avergonzada.

—¿Tú? No sabía que supieras cocinar.

—Mi mamá me enseñó, pero no practiqué mi cocina hasta que conocí a alguien con un apetito voraz.

—¿Yo? —respondió divertido—¿y por qué no me lo habías dicho antes?

—No tuve oportunidad.

—¿Y has practicado en este año? —Road asintió—pues la practica hace al maestro, está delicioso.

La chica prefirió cambiar el tema, así que le levantó el flequillo para ver su frente.

—Ya tienes cinco estigmas, solo te faltan dos y…

Road se detuvo cuando Allen tomó su mano.

—¿Hasta cuándo planeas huir de mí?

—Yo no...—Road no pudo decir nada más al ser lanzada a la cama. Allen estaba a horcajadas sobre ella, sosteniéndola de los hombros y besándola. Road anhelaba muchísimo ese beso, así que cerró los ojos y lo disfrutó. A pesar de que Allen prácticamente la había obligado, su beso era dulce y suave.

Allen dejó sus labios, la soltó y dejó la cama, dándole la espalda. Road se quedó unos segundos en la misma posición, intentando tranquilizarse, pero al no poder hacerlo, se fue corriendo de la habitación, golpeando a Tyki, quien estaba detrás de la puerta, esperándola.

—Vaya, vaya—dijo Tyki entrando a la habitación de Allen, encontrándolo sentado en su cama—, chico, ¿por qué no me cuentas cuál es tu relación con Road?

Allen suspiró, suponía que una opinión externa no le caería mal.

—Pero algo no entiendo—contestó Tyki luego de escuchar todo—¿por qué Road no se quiere acercar a ti si también serás un Noah?

—Supongo que porque sabe que mis ideales como exorcista son muy fuertes.

—Pero, ya has tomado una decisión, ¿no?

—¿A qué te refieres?

—¿De qué lado estás? ¿Del nuestro o del de la Orden?

Allen dudó unos segundos.

—Ahora no lo sé, quiero escuchar su versión de la historia para poder decidir, pero de algo estoy completamente seguro, quiero estar con Road.

Tyki sonrió.

—Es obvio que ella igual, solo habla con ella y dile lo que me acabas de decir.

—¿Dónde está?

—Probablemente en su habitación.

—¿Puedo ir?

—Claro, te llevaré, pero antes dime algo, ¿por qué Road salió corriendo de aquí? ¿Qué le hiciste o qué le dijiste?

Allen se sonrojó. ¿Tenía este tipo que preguntar precisamente eso?

—La besé…—confesó a regañadientes.

—Oh, el primer beso de Road fue robado, me voy a burlar de ella.

—¡Oye! ¡No la molestes con eso! En lugar de ello, llévame a su alcoba.

Road estaba hecha un ovillo bajo sus sábanas, totalmente sonrojada. ¡Allen la había besado! Ya estaba perdidamente enamorada de ese chico. ¿Podía guardar esperanzas después de aquel dulce beso? Probablemente sí, pero por el momento solo debía tranquilizarse, pero alguien interrumpió sus pensamientos al tocar a su puerta.

—¿Road, puedo pasar? —preguntó Tyki.

—Sí, Tyki, pasa—se quitó las sábanas de encima, pero al ver quien entró en realidad a su habitación, se quedó callada. Segunda vez que era engañada por su tío en el mismo día.

—Perdón por eso, pero si te decía que era yo no me ibas a dejar pasar.

—¿Qué pasa?

—Quiero hablar contigo.

Road también quería hablar con él, pero estaba bastante avergonzada aún como para hacerlo.

—¿De qué?

Allen se acercó a ella y se sentó al borde de la cama.

—Del beso.

La chica enrojeció.

—Qué directo eres.

—No quiero irme por las ramas, ya no.

Road suspiró y se armó de valor.

—Entonces, habla.

Allen se quedó mirándola unos segundos sin decir nada.

—¿Y bien? ¿No que querías hablar?

—Sí, verás, es que yo… ¡demonios! Escúchame bien, solo lo diré una vez. ¡Me gustas! ¡Siempre me has gustado! Desde el día en que te conocí, cuando nos encontramos por primera vez en aquella fuente. Y ya sé que la razón por la que te alejaste de mi es porque eres un Noah y yo era un exorcista, pero hablé con Tyki y él tiene razón, ahora seré un Noah también, ¿no? Aún no sé su versión de la historia y por ello no sé que lado elegir, pero de algo estoy seguro, quiero estar contigo, no me importa lo demás, pase lo que pase, yo te elegiré, siempre a ti, Road.

Allen terminó de hablar completamente avergonzado. Road lo miraba sonrojada, esa era la primera vez que alguien se le declaraba y al ser Allen quien se lo dijo, resultó ser lo más hermoso para ella.

La chica actuó sin pensarlo demasiado y besó a Allen con delicadeza, se alejó de él prácticamente enseguida, pero él se lo impidió, tomándola de la parte trasera de su cuello para volver a acercarla.

Le dio un largo pero delicado beso, quería transmitirle correctamente sus sentimientos, pero tampoco quería asustarla. Se separó a regañadientes de sus labios, pero como ser humano que aún era necesitaba oxígeno para respirar.

—¿Debería interpretar eso como que tú sientes lo mismo? —le preguntó aún cerca de su rostro, tanto que podía sentir su respiración agitada sobre el suyo.

Road le dio un puñetazo en el pecho.

—¿A qué se debió el golpe?

—Tonto—le contestó—, ¿no es obvio? Me gustas desde el día en que nos encontramos en la fuente, el mismo día que tú.

—Oh, fue amor a primera vista, al parecer.

—Mientras sea amor verdadero, está bien para mí.

Ese día, Allen la pasó muy bien con Road, riendo y disfrutando de su cercanía, pero al día siguiente el dolor regresó peor que nunca.

—Probablemente hoy termine de despertar—decía Tyki.

—Sí, pero me duele verlo así.

—Tranquila, bien sabes que pronto pasará.

Road no podía hacer nada por él mientras se revolcaba de dolor en la cama y su frente sangraba y sangraba.

Por suerte, pocas horas después, se detuvo y Road y Tyki lo observaban expectantes.

Allen abrió los ojos, pero ahora el color gris había sido reemplazado por un bello dorado. Miró detenidamente toda la habitación, incluyendo a los dos Noahs presentes. Se sentó en la cama y fijó la vista en Road.

—¿Cómo te sientes, Allen?

—Creo que bien—le respondió tocando su frente—ya no me duele, ¿ya me aparecieron todas las cruces?

—Sí, ya tienes las siete.

—Fue muy doloroso, ¿ustedes igual pasaron por lo mismo?

—Así es chico, pero ya estás listo, el dolor no volverá.

—Eso espero, es algo que no quiero repetir.

—¿Por qué no comes, te das un baño y descansas?

—¿Tú cocinarás? —le preguntó a Road emocionado.

—Claro, me gusta que disfrutes de mi comida.

—Entonces sí quiero.

—Son tan cursis ustedes dos—mencionó Tyki con burla.

Los dos implicados bajaron la cabeza avergonzados.

Al día siguiente, una vez que Allen descansó lo suficiente, se arregló elegantemente, ya que tendría su primera cena en familia.

—¿Nervioso? —preguntó Road al verlo pensativo, la cual llevaba un pulcro vestido blanco hasta la rodilla.

—La verdad es que sí estoy un poco nervioso.

—Yo estaré contigo, no te preocupes.

—No te alejes de mi en ningún momento por favor, Road.

—No lo haré, lo prometo.

Ambos entraron al comedor en donde ya los esperaban en la mesa, los otros doce Noah.

—Buenas noches—saludó lo mejor que pudo.

—Buenas noches, Allen, toma asiento con confianza, ahora eres uno de nosotros—le invitó el Conde del Milenio luciendo resplandeciente.

Road tomó la mano de Allen para guiarlo a su asiento, pero no pudo hacerlo, ya que Allen cayó al suelo repentinamente sosteniendo su cabeza.

—¿Allen? ¿Qué te ocurre?

Todos los Noah se acercaron a él sin saber qué era lo que ocurría, pero el Conde los tranquilizó.

—Tranquilos, cuando Allen me vio, simplemente recordó su misión como el decimocuarto Noah, estará bien en unos momentos.

Y tal y como dijo, en pocos minutos, Allen alzó la vista hacia Road, estando ya más tranquilo.

—¿Te sientes mejor, Allen?

—Road…

Todos los presentes se quedaron literalmente con la boca abierta, al ver como de manera repentina, Allen besaba a Road. Ella tampoco se lo esperaba, y ese beso no se comparaba con los pocos que le había dado antes. Tyki incluso tuvo que sostener a Sheryl, para que no se lanzara a separarlos.

Allen se separó de Road, quien, sin aliento, lo miró sonrojada.

—Te amo, Road.

—Conde, creí que dijiste que Allen recordó su misión no que intensificó su amor por Road—mencionó Wisely mientras reía.

El Conde solo alzó los hombros restándole importancia.

Todos se sentaron nuevamente en la mesa, y esta vez Allen también mientras aún sostenía la mano de Road.

—Y bien Conde, ¿cuándo comenzamos con nuestra misión?

—Hoy solo celebraremos tu llegada, mañana será un nuevo día.

Después de la cena, Allen se encontraba con Road en su habitación.

—Después de todo sí elegiste quedarte a mi lado, Allen.

—Por supuesto y desde mañana iniciaremos con el plan.

—¿Y tus amigos?

—Será duro, pero tendré que hacerlos entrar en razón.

—Yo te ayudaré.

Ambos permanecieron en un extraño silencio sin saber qué más decir.

—Por cierto, Road…—el chico se acercó a ella para susurrarle al oído—¿te quedarás conmigo esta noche?

Road sonrojada, rio un poco.

—¿No tienes miedo de que mi padre se entere?

—No del todo.

—Eres más atrevido de lo que pensé, pero acepto Allen.

—A mi no me culpes de ello, Road.

Un beso más fue el inicio de su nueva vida juntos.