¿Desde cuándo he estado en esta vergonzosa situación? Postrado en esta silla de ruedas me pregunto si he hecho algo muy horrible para terminar así, solo quería la victoria, pero esa luz se me escapó totalmente de las manos, caí tan fuerte contra el asfalto que mis piernas ya no se movieron más, al menos conservo la sensibilidad... Pero no soporto estar en ésta silla, en esta habitación las 24 horas del día, a veces recibiendo visitas de Mizuta, Ishigaki, Sakamichi y de mi familia o conviviendo con otras personas dentro del hospital con el mismo problema que yo.

Lo más insoportable es él. Imaizumi. No sé qué pretendes, cada fin de semana vuelves aquí, no dices absolutamente nada, te quedas mirando por la ventana, me irrita tu compañía, me asquea que cada vez quieras perturbar más mi paz viniendo los días de semana. Puede que me sienta envidioso... Sí, puede ser, después de todo tú si puedes mover tus piernas, yo estaré mínimo un año o dos tratando de recuperar lo que perdí.

Muchas veces desperté sin motivación para existir, las enfermeras y las rehabilitaciones en el hospital evitan que piense demasiado en ello o que siquiera intente atentar contra mi vida. En días como estos es peligroso que observe el paisaje cerca de la ventana, los deseos de tirarme por ella son muy fuertes, toco el marco de la ventana mientras pienso qué habrá sentido mi madre postrada en el hospital, he estado tantas semanas aquí, sin subirme a una bicicleta que sus recuerdos llegan de golpe, mi corazón duele, es asqueroso, me repugna sentir este dolor, lo peor de todo, es que en este momento no puedo subirme a mi De Rosa y alejar estos pensamientos. Me pregunto hace cuanto no he llorado, aprieto los labios y oculto mi cara con una de mis manos, tal vez así sienta menos rechazo hacia mi mismo por llorar como estúpido, odio sentir que estoy estancado, lo odio. Lo único que deseo en este momento es que mis piernas se muevan como yo deseo, no puedo parar de llorar, extraño el ciclismo, extraño a mi madre.

—Toma, lo necesitas. —Esa voz que tanto detesto me interrumpió, te miré entre mis dedos, ¿por qué tienes esa maldita cara de lastima?

—Kimo, no lo necesito. —Me volteé hacia la ventana con la idea de que te fueras de una vez.

—Midousuji, no estoy intentando burlarme de ti, solo quiero ayudar.

—¿Para que ayudas a alguien que odias? Por esa razón eres débil —dije con demasiada seriedad, no tengo ánimos ni de sonreír para burlarme de ti.

—No soy débil, tengo sentimientos que es diferente —dijiste y sentí tus manos en mi barbilla, volteaste mi cabeza, cerré fuerte los ojos antes de que con un pañuelo me limpiases con brusquedad mis lágrimas—. No soporto ver al Midousuji que conozco en este estado, ¿por qué no te tomas las cosas de mejor manera? ¡Yo sé que puedes salir de esa silla de ruedas si lo intentas de verdad!

Ni siquiera me diste tiempo de responderte, te marchaste, esta atardeciendo y el sol pega directamente en mi cara, me asqueas tanto, ni siquiera ver el atardecer funciona para quitarme tus estúpidas palabras de la cabeza, no me conoces para nada, no tienes idea todo lo que tuve que pasar para llegar hasta donde estoy, y así como así todo se me fue arrebatado. Eres asqueroso, Imaizumi.

Creí que esa sería la última vez que te vería, pero regresaste al día siguiente luego de mi rehabilitación, dijiste que le pediste permiso a las enfermeras para llevarme afuera, por supuesto me negué a ir contigo, lo último que deseo es pasar tiempo con alguien tan asqueroso y débil como tú, aún así en contra de mi voluntad tomaste mi silla de ruedas. Me llevaste unas calles más allá, el hospital queda muy cerca del mar, mi habitación da para la montaña así que la verdad nunca tuve tiempo de observarlo. Pero debo admitir que fue refrescante sentir la brisa, y como sutilmente la arena se colaba entre los dedos de mis pies, en este momento al menos mis piernas se mueven un poco, tengo un buen pronóstico, pero no es suficiente para mi, mi ceño se frunció por la frustración, creo que otra vez me siento perdido. Tu espalda frente a mis ojos me sacó de mis pensamientos.

—Midousuji, ven, te llevaré al agua.

—¿Haa? Kimo, no planeo subirme a tu asquerosa espalda, Yowaizumi-kun —aclaré con una sonrisa, tan cruel que pude sentir tu sangre hirviendo.

—Sube, no podrás llegar solo.

—¿Todo esto es para recordarme que no puedo pararme de esta silla?

—Claro que no, estúpido, solo intento ayudar, ¿está bien?

—Como pensé, sigues siendo débil —reí un poco y suspiré.

Miré un segundo más tu espalda, tomé un pequeño impulso y logré agarrarme de tus hombros, esto me asquea, odio sentir tu lastima, odio depender de otras personas y detesto con todo mi ser el contacto humano, me repugna que tengas que sostener mis piernas con tus asquerosas manos, mientras me perdía en mis pensamientos me llevaste caminando lentamente hacia el mar, dentro de poco pude sentir el agua mojando mis pies, luego mis piernas, y luego el torso, este tonto me llevó muy profundo, las enfermeras lo regañaran por mojar las ropas del hospital y seguramente terminemos empapando la silla de ruedas también.

Mis pensamientos se interrumpen continuamente por la sensación del oleaje en mi cuerpo, el agua se mueve me tira y me regresa, el sabor de pequeñas gotas de agua en mi boca, el olor a sal, el calor del sol, todo eso ayudó a apaciguar mi mente un poco. Tal vez deba venir más seguido, apreté el agarre en tus hombros y una sonrisa sincera apareció, apoyé mi frente en tu espalda con la idea de que no la vieras, me niego a mostrarte otro signo de vulnerabilidad, Imaizumi, me niego rotundamente.