- Por último, le pones la fruta, la decoración es importante porque le dará el balance al pastel, o sea la acidez. Yo le pongo, kiwi y fresas, tal vez, puedes agregarle uvas. Pero eso es a tu elección Kasumi.-
Kasumi, anotaba frenéticamente en una libreta, el método que recién había aprendido de su amiga y mentora. Al fin ella pondría su propia pastelería y estaba muy nerviosa. Sinceramente creía que aún no estaba lista. Había conseguido un financiamiento, por parte del banco, si este negocio no prosperaba estaría en serios problemas.
-¿Sigues pensando en la probabilidad, de que fracase tu pastelería?- Kasumi asintió nerviosa.- Deja de pensar en cosas que no van a ocurrir, estás lista. Si no fuera así, no te hubiera permitido dar este paso. Yo pasaré el primer mes contigo.-
-¿Lo dice en serio? ¡Muchas gracias maestra!-
Kasumi se lanzó a abrazar a la mujer, delgada y un poco más alta que ella. Que le dijera eso era un alivio, para ser sinceros. Ella sería la que realizaría todas las actividades dentro de la pastelería, desde las funciones administrativas hasta la realización de los pasteles. Sus hermanos recién habían entrado a la preparatoria. No podía pedirles que la ayudaran. No quería que anda los distrajera.
-No es necesario que me lo agradezcas Kasumi. Cuando tu negocio prospere, ya verás que tendrás a muchas personas que te ayudarán. Ruego que esto funcione, te has dedicado en cuerpo y alma a tus hermanos desde que tu madre falleció. Rechazaste hasta a Muta-san. Sonará horrible, pero si al menos hubieras tenido una relación seria con el, no necesitarías trabajar, él es millonario, además se notaba que te quería.-
-Lo se, pero solo lo quería como un amigo. Nunca he conocido a un hombre que me atraiga, para que sea mi novio.-
-Kasumi, eres preciosa, la mayoría de los hombres que han pasado por esta panadería se han quedado hipnotizados por tu belleza. Estoy segura que a algunos ni siquiera les gusta el pan, solo vienen por verte a ti. Solo es cuestión que te decidas a intentar algo con alguien. Mírame a mi, nunca pensé que Nanami-san se fijaría en una mujer como yo y ahora soy muy feliz.
-lo intentaré.-
Un auto se transportaba a una velocidad considerable, en las calles casi desérticas de Tokio, eran aproximadamente las doce de la noche. Dentro del automóvil se encontraban dos hombres, uno de ellos estaba al borde de un estallido de ira. El otro al darse cuenta del estado del otro, hacía lo necesario para que eso pasara.
-Solo lo hago porque Itadori-kun, me lo pidió, solo lo hago porque Itadori-kun, me lo pidió.- Nanami repetía esa oración sin detenerse, era una especie de mantra para tranquilizarse.
-Nanamin, ¡Tengo hambre!, vamos a comer algo. Yo invito.- Satoru Gojo, comenzaba con los estragos del jet lag, nada que una dosis de azúcar no resolvieran. Acababa de llegar de un viaje de negocios desde Alemania. Había extrañado a sus amigos y hasta su familia, ayer había cumplido siete meses de que salió de Japón. Ver aunque sea a Nanami lo había alegrado.
-¡Ni hablar! Tengo que pasar por mi novia. Iré a dejarte a tu casa e iré por ella. Estoy con el tiempo justo para hacerlo.
-Nanami, lo hubieras dicho antes, si ella y tú van a escaparse para hacer cositas. Yo hubiera llamado a alguien del personal de la familia para que viniera por mi.
-¡No seas idiota! Pasaré por ella porque está ayudando a preparar los postres de mañana para una pastelería.
Nanami se arrepintió de darle una explicación a Satoru. La risa socarrona que puso al hablar de una pastelería, entendió de inmediato sus intenciones.
-¡No te llevare conmigo! Es muy tarde, para que ella aguante a un imbecil como tú.- Nanami comenzó a apretar el volante. Comenzó a imaginar, ¿Lo vería alguien si empujaba a Satoru, desde el automóvil en movimiento? Movió la cabeza frenéticamente para alejar esa idea. Ahora quería ver a su novia. El imbecil de Goji no arruinaría los planes que tenia con ella.
-Lo siento mucho Nanami -kun, pero tendrás que llevarme. No está a discusión, aunque me lleves a mi casa, no me bajaré del auto. Así que tú eliges si quieres internar sacarme de aquí y perder el tiempo para que veas a tu novia.-
Nanami aceleró aún más. Maldiciendo a Satoru y pensando cómo podría reprender a Yuji. Le debía un favor y ya pensaría como se lo cobraría.
-¡Esto huele delicioso! Te dije que está pastelería sería un éxito Kasumi. El trabajo será duro, pero ya tienes lo más importante, los clientes, ¡Felicidades! Creo que a mi ya no me necesitarás, solo estaré contigo, hasta que consigas al personal que te apoyara.
Kasumi apenas terminaba de decorar algunos bizcochos, para meterlos al refrigerador. Acaban de terminar con los pasteles que habían encargado algunos clientes, para mañana.
-Gracias, sin ti no lo hubiera logrado, al parecer si seguimos con las ventas que tenemos ahora, podré ahorrar tres meses del pago del préstamo, ¡Estoy feliz!
Las dos empezaron a guardar los pasteles que quedaban en las vitrinas, cuando el teléfono de Aiko, comenzó a vibrar.
-¡Es Nanami-san! Iré a abrirle Kasumi. ¿Te molestaría si le doy una bebida caliente? Por lo que me dijo venía del aeropuerto, fue a recoger a un amigo, y lo fue a dejar a su casa. Debe estar exhausto. Te dejo las llaves de mi auto, como ya habíamos dicho. Me lo devuelves mañana.-
Kasumi se dirigió a la cafetera a preparar una bebida caliente, para el novio de su amiga. Sabia que Nanami-san, le gustaba el pan, sin embargo le daría un trozo de pastel. Se agachó para tomar unas tazas que tenía en un cajón. Pero el sonido de dos personas peleando, hizo volteara al instante hacia donde provenían las voces. La voz de Nanami la llamo. Estaban del lado de entrada y ella seguía en la cocina.
-Lo siento Kasumi-san. Este idiota, quiere contarte algunas cosas. Ya le dije que no es un horario de venta, pero él está insistiendo.
Kasumi llevaba cuatro tazas servidas de café en una charola. Decidió entonces llevar un pastel para las tres personas que estaban del otro lado . Se giró de espaldas, para poder abrir la puerta de la cocina y al girarse lo vio. Un hombre alto, delegado y con un porte que enseguida la hizo sonrojar, esa persona le gustó en cuanto la vio. Decidió disimular, porque ese hombre al parecer, ni siquiera se tomaría la molestia de entablar una conversación con el.
-Kasumi-san, te lo agradecemos. No debiste tomarte esta molestia. Nanami hizo una reverencia para agradecer a Kasumi y almidón tiempo obligó a Gojo a hacerla también.
Satoru, se había quedado al parecer por primera vez en su vida sin palabras. Esa mujer que llevaba la bandeja con café y un pastel que olía exquisito. Le gusto, tenía unos pechos dignos de admirarse. Con la experiencia que tenía. Sabía que cabrían perfectamente en su mano y eso querían grandes. Piernas torneadas, y una cara de ángel. Había conocido a muchas mujeres hermosas, pero esta mujer lo dejó sin palabras.
Kasumi intentado disimular, se dirigió a una de las mesas, donde los clientes comían, y sirvió de manera mecánica, tratando de no derramar el café. Estaba con los pelos de punta. Sentía que ese hombre, no le quitaba la mirada de encima.
-Por favor, Nanami-san, usted y su amigo deben de estar cansados y con el frío que hace en estos momentos. Necesitan beber algo caliente. Espero que les guste.- Kasumi estaba nerviosa, ese hombre no dejaba de verla, sus pezones estaban erguidos lo sabia, porque estaban muy sensibles. A pesar de que ese hombre tenía unos lentes oscuros, sentía la intensidad de su mirada.
Satoru sonrió, a pesar de que esa mujer se veía muy joven, quería una noche con ella. Se las arreglaría para conseguirla. Por ahora trataría de acercarse a ella lo que pudiera para lograr su objetivo. Nanami, se le adelantó e hizo las presentaciones pertinentes, los dos hicieron una reverencia y los dos se dispusieron a comer. Gojo se sorprendió, esos pasteles estaban deliciosos. Él había viajado a varios países y los pasteles de esta mujer podían competir con los de los mejores reposteros. Kasumi seguía llevando más pasteles y Gojo los seguía devorando. Aiko lo observaba divertida y Nanami lo observaba asqueado.
-¡Esto está delicioso Kasumi-chan! Ten por seguro que vendré todos los días a comprar pasteles.- Gojo seguía devorando todo lo que Kasumi le había llevado.
-Vámonos ya idiota. Tengo que ir a dejarte a tu casa.- Nanami hace más de quince minutos que había terminado lo que le sirvió Kasumi. Comenzaba a hartarle, que él parecía que no tener límites. Sinceramente comenzaba a asquearlo.
-No te preocupes Nanamin. Llame a Ichiji, cuando estabas saludando a Aiko-san. Vendrá por mi, en veinte minutos.- Gojo sonrió, era mentira pero quería quedarse a solas con Kasumi. Él era un hombre de acción y comenzaría desde ahora su plan para llevarse a esa mujer a la cama.
-Entonces, lo esperaremos afuera Kasumi-san está por irse. No le quitaremos tiempo.
-Está bien Nanami-san. Kasumi tiene unas cosas más que hacer. Iré por mi cosas. Acompáñame Kasumi, por favor.-
Kasumi se acercó a Aiko y de forma atropellada la primera se acercó a la segunda y entraron a la cocina. Al ver que se cerro la puerta de la cocina. Aiko comenzó a hablar.
-Kasumi, está es tu oportunidad, Gojo es soltero y guapo, además de gracioso. Se ve que le gustaste y a ti también. Aprovecha que tus hermanos están de vacaciones y ¡Carpe Diem!- Aiko fue por sus cosas y se marchó corriendo.
Kasumi solo miro la dirección en la que se fue su maestra y comenzó a meditar. De verdad ese hombre le había gustado mucho. Se sonrojó al saber qué tal vez la atracción era recíproca. Nunca en sus veinticinco años, un hombre la había gustado al grado de excitarse. Trago grueso. Aiko tenía razón. Llegaría con ese hombre hasta donde se tuviera que llegar.
Miwa por regla general vestía bien. Pero ahora se alegró de usar ropa interior linda, hasta provocativa. Se quitó lo que quedaba de su uniforme. Se aseguró que las llaves del gas estuvieran cerradas y apagó las luces. Tomo las cosas y se dirigió a la entrada. Se sorprendió que su maestra ni Nanami- san ya no estaban. Busco con la mirada a Gojo, pero se asusto cuando él la sorprendió peinó espalda.
-Lo siento Kasumi-chan. Aiko-san me dijo donde, tenía que dejar la bandeja con las cosas que nos trajiste. Tengo un favor que pedirte. Aiko-san, me dijo que tienes su automóvil, el empleado al que le pedí que viniera por mi, tuvo un contratiempo y ya no podrá ver ir por mi ¿Podrías llevarme a mi casa?- Satoru expresó un puchero, sus lentes bajaron al puente de su nariz.
Kasumi pudo ver sus ojos. Azules, los suyos también lo eran pero los de Satoru eran de un azul hermoso. Contigo un suspiro. Definitivamente, estaba haciendo lo que ella consideraba correcto. Nunca ningún hombre le había gustado como este hombre lo hacía.
-Claro Satoru-san. Vamos, solo indícame la dirección de tu casa.- Kasumi sonrió de manera dulce y se acercó a él.
Esa fue la gota que derramó el vaso para Satoru y sin mas la acercó a él y la besó. Esperaba su merecida bofetada y esta nunca llegó. Al contrario solo sintió lo que él consideraría como un beso torpe. Él ayudó a Miwa a continuar el ritmo que él había comenzado. Sin mas el decidió subir la intensidad y comenzó a pellizcar los pezones de Miwa. Ella gemía en el beso. A Miwa comenzaba a dolerle el arco de los pies, ella estaba de puntitas para alcanzar a Satoru y él también ayudaba flexionando su espalda para que ella no se estirara, pero era inútil más de treinta centímetros los separaban de sus rostros.
-Bueno esto será difícil, ¿Quieres ir a mi departamento?- Gojo, estaba ansioso. Nunca había estado tan ansioso por estar con una mujer como lo estaba ahora. Al escuchar la respuesta afirmativa, por parte de Miwa. La llevo a rastras al auto de Aiko. Al subirse al automóvil comenzó a tocarle la pierna y se dirigió a acariciar su intimidad. Estaba seguro que esto sería el mejor sexo de su vida y lo iba a disfrutar.
