Una de nosotros

I

Royal Woods, Michigan.

Mitad del siglo XX

—¡Vamos, dilo! —comenzó a golpearlo con una jarra de cerveza y patadas también.

Estaban en un viejo bar. Maggie le había disparado tres veces y golpeado; Lincoln solo golpeado. Felizmente nadie se había percatado de que ellos habían regresado.

—Creo que… ya está… muerto —dijo Lincoln con cansancio.

—Espero que ese infeliz no se vuelva a referir a mí ni aquí ni en el infierno como lavaplatos —dio un respiro y luego miró a Mollie—. Ayúdame a llevar el cuerpo a la cajuela del coche.

Lincoln abrazó a Maggie para que se calmara, cuando ella se enojaba… se enojaba y era alguien intratable, era muy colérica si es que nos guiamos de la clasificación de temperamentos según Hipócrates. Le tuvo que limpiar la sangre de su rostro con delicadeza porque ella no iba a hacerlo por el enojo generado, la conocía tanto como para dejar que hiciera las cosas solas.

—Mollie: Desde que tengo memoria… siempre quise ser una gánster —lo decía con mucho orgullo.

II

—Mollie: Recuerdo que miraba de la ventana de mi habitación a unos tipos hacer lo que quisieran, eran unos maleantes… gánsteres. Para ellos no había reglas —lo decía muy admirada—. Mi nombre es Mollie Freilich, nací sin conocer a mi padre, un inmigrante alemán; pero mi madre… inmigrante italiana, me crio a mí y mis hermanos como hubiese querido mi padre —se levantó de la banca del parque donde estaba sentada y miró el lago—. Conseguí mi primer empleo mientras cursaba la primaria, atendía en el bar de esos tipos. Eso la alegró mucho, siempre decía que no debía ser como los niños americanos porque para ella eran unos mimados hijitos de papá.

La chica atendía en el bar, preparaba las bebidas, ese era su empleo principal. El segundo trabajo era ir a dejar recados y llamar de manera personal a los tipos que trabajaban para su jefe, el señor Bolhofner.

—Mollie: Fue un profesor de secundaria, también inmigrante alemán; me tomó afecto con el tiempo. Luego de saberse que él manejaba las notas de los escolares a su antojo, fue despedido y la escuela de educadores del país le quitó su licencia de manera indefinida. Se metió con los gánsteres por medio de su primo inglés, Wilbur T. Huggins —dio un respiro—. Ese tipo era director de mi escuela… eso solo era su manera de desviar la atención.

Ella tuvo trabajos como quemar el puesto de periódicos de un tipo que no pagó la protección, romper las ventanas de una tienda de herramientas, quemar el auto de un contador que no quiso ayudar a su jefe y muchas cosas.

Todo eso la llenaba de mucha adrenalina y ponía su vida en peligro las primeras veces, pero era eso o ir a la escuela y tener una vida aburrida. Para ella ser una maleante lo era todo. Algunos le decían que todo eso estaba en su sangre siciliana.

Era genial todo hasta que su madre se enteró de que faltó a la escuela y sobre algunas cosas que hacía por medio de un vecino soplón. Su vecino era un chico que tenía una banda que traficaba drogas, y que fue relegada a un territorio pequeño por los jefes del área. Nunca la había visto con buenos ojos porque creía que ella era una lamebotas de esos gánsteres. Mollie se enteró por medio de su hermano menor. Su madre la dejó sangrando en todo su rostro, no se contuvo.

—Mollie: Sinceramente no la odie, sabía que yo hacía mal, pero me gustaba, así que si quería seguir, debía recibir una que otra paliza, y por como lo veía… todos alguna vez la recibíamos… aunque eso no era del todo bueno porque para los chicos a veces no resultaba atractiva.

—Tengo que dejar todo esto —le dijo a Bolhofner con su ojo hinchado y su labio partido.

—¿En serio? ¡Lo echarás a perder todo! Mollie, tú eres vital —se levantó con enojo.

—Mollie: Le conté todo, fuimos a buscarlo donde estaba su pandilla —se sentó nuevamente—. Estaban en un maldito callejón fumándose su mercancía con sus amigos de color —comenzó a sonreír—. Esa fue la primera vez que vi al señor B. muy enojado y con un semblante asesino.

Había golpeado al chico con todo lo que había allí, lo dejó igual o peor como Mollie cuando recibió la golpiza. Sacó una pistola y le apuntó en medio de los ojos.

—Me entero de nuevo que dijiste algo sobre lo que hacía nuestra niña y te irá como a él —sin pensarlo disparó a uno de los de color que estaba allí —. ¿Entendiste?

—S-Sí… —estaba asustado como sus demás amigos.

—Vámonos, niña —lo dijo muy serio.

—Mollie: Desde ese momento, Bolhofner se dio cuenta que no debía dejar un cabo suelto por más que sea una joven. Le pidió a Huggins que me cubriera respecto a faltas, suspensiones y notas. Por el vecindario empezaron a caminar mirándome a los ojos. Las tiendas me atendían primero, y era el mismo dueño quien salía para eso. Un día los de la tintorería dejaron mis vestidos en la puerta de mi casa, ¿saben por qué lo hacían? Lo hacían por respeto.

Ahora Mollie tenía dieciséis y atendía en cada mesa con confianza, nadie allí se propasaba con ella porque era la bella flor que crecía en esa mala hierba, tampoco permitían que se propasaran con ella. Eran muy conservadores todos allí e incluyéndola a ella, por eso, solo vestía con ropa no tan llamativa en el bar o el restaurante, fuera de allí ella podía ir como quisiera.

En un momento dado, entró un chico de la misma edad que ella, pero de cabello blanco de anciano. Empezó a dar dinero a todos allí, por cualquier cosa simple.

—Mollie: En ese momento supe que encontraría a alguien que sería importante en mi vida —sonrió con algo de tristeza, pero luego volvió a la normalidad—. Su nombre era Lincoln Loud. Era de los más importantes, fue arrestado a los once años y desde hace dos años que es una de las manos derecha de Huggins.

—Servido para los caballeros —dijo Mollie con una agradable sonrisa al llevar las bebidas.

—Lincoln deja que te presente a nuestra flor hermosa. Lincoln, ella es Mollie; Mollie, Lincoln —lo decía con un tono educado.

—Encantada —le estrechó su mano.

—El placer es mío —le besó el dorso con una agradable sonrisa y dio veinte dólares.

—¡¿Qué?! ¡¿Ahora eres caballero?! —Bolhofner lo dijo de forma burlona.

—Mollie: Lincoln M. Loud era un chico estafador, tenía buen trato y sabía convencer, era un persuasor de primera. A él le encantaba robar, y estafar era de las formas más fáciles de hacerlo.

La rubia empezó a trabajar con Lincoln, lo acompañaba a hacer negocios y firmar contratos con ciertos negocios y, como ya se sabe, terminaban siempre en una grandísima estafa.

Un día Lincoln robó un camión lleno de cigarrillos y los vendió por un callejón, estaba acompañado por una chica de cabello negro, piel pálida y pecas. Mollie al llegar lo saludó con una sonrisa encantadora, la chica la miró con extrañeza, eso incomodó a la rubia.

—Toma estos cigarrillos y ponlos en la cajuela, luego vienes —fueron las órdenes de Lincoln.

—De acuerdo.

Dejó las cajas de manera presurosa, estaba alegre de trabajar siempre con ese lindo chico. Pero algo en ese momento le quitaría esa sonrisa.

—Mollie, quiero presentarte a Margareth, mi novia, pero todos le decimos Maggie —le dio un beso en su mejilla, pero se notaba enojada.

—H-Hola —solo levantó su palma derecha y movió sus dedos para saludarla.

—Lo mismo digo —hizo lo mismo que ella y volvió a estar de brazos cruzados junto a una mirada seria.

—Mollie: Era su señorita novia… desde allí me di cuenta que debía dejar que mi atracción disminuyera y mi amistad cubriera ese gran espacio, pero… también me di cuenta que ellos serían unos de mis grandes y mejores amigos —encendió un cigarrillo—. La conoció de una manera estúpida, su primer encuentro fue en una fiesta de ella, su hermana de Lincoln hacía presentaciones para fiestas y él era asistente. Podrá ser un malhechor, pero Lincoln jamás dejaba de lado a su familia, mucho menos a sus hermanas. En ese tiempo Maggie le llevaba como dos o tres años… no recuerdo bien, el punto es que ella era mayor, pero en realidad no lo parecía, siempre estaba él a su lado para establecerle límites —lo decía con resignación y una sonrisa—. Todo cambió nuevamente el día que me arrestaron.

Ambas chicas estaban vendiendo productos de limpieza adquiridos de manera ilegal y en uno de los tantos camiones robados. Unos agentes detuvieron a Mollie por la posesión y se la llevaron. Maggie se había escondido y fue rápidamente al bar.

—¡Atraparon a Mollie con la mercancía! —lo dijo con mucho agotamiento.

—¡Vamos! —dijo Bolhofner.

Al lado de él fueron Lincoln y los demás gánsteres, querían saber cuál sería la reacción de la niña de ellos.

En el juicio, Mollie solo hacía lo que le decía su abogado y también se mantuvo callada en algunas interrogantes. Tuvo que pagar una fianza. Antes de que saliera, Lincoln se había inmiscuido en aquella sala, la tomó del brazo.

—Bien hecho, Mollie. Te graduaste —le dio un beso en su frente y le puso cien dólares en el bolsillo de su blusa.

—¿Bien? Me arrestaron —se notaba decepcionada de sí misma.

—No dijiste nada —solo sonreía.

—Porque pensé que se molestarían.

—No es eso, mírame —tomó su rostro con algo de fuerza, pero sin malicia— Jamás delates a tus amigos y siempre mantén la boca cerrada, esas son dos simples reglas en este mundo, ¿está claro?

—Sí —lo dijo sonriendo.

Al salir, se dio cuenta que todos allí la esperaban. Estaban contentos por lo que había sucedido.

—¡Al fin te graduaste, mi flor! —expresaba muy alegre Bolhofner.

—¡Eres una maldita perra! —Maggie expresó con regocijo.

Ella se sentía parte de ellos, era una de ellos. Jamás pensó sentirse en familia dos veces.

III

El tiempo pasó, ya eran casi siete años en esa ciudad de Michigan. Todo había cambiado un poco o lo suficiente para que ya fuera un poco más decente.

Todos en esos momentos estaban cenando en el restaurante Aloha Camarada, no había otro sitio más acogedor que ese, a veces iban al restaurante del padre de Lincoln. No era como esa cloaca de los franceses y mexicanos.

—Mollie: Invirtieron en el negocio del padre de Lincoln, necesitaban encubrir más dinero del que podían manejar. La mayor parte del tiempo la pasábamos en el Aloha Camarada, todo era de lo mejor. No podíamos ver la vida de otra forma. Tener empleos formales, esperar el autobús o respetar a la bandera… no era algo nuestro, eso era para perdedores.

Todos allí al ver a Mollie, siempre saludaban de una manera educada y después comenzaban con las vulgaridades. Ella vestía de una manera atractiva, pero no tan llamativa. Nadie de los jóvenes de allí se metía con ella por miedo a que les costara la cabeza. Los hombres allí querían a una tipa fácil, de eso se encargó Mollie porque ella ahora manejaba una parte del negocio de las prostitutas. Nunca faltaba diversión para sus chicos.

—Mollie: Bolhofner había subido un peldaño más en la jerarquía, cada vez estaba más cerca de estar como su primo. Huggins ya estaba con los viejos patriarcas, ya nadaban con los políticos. Podían tanto salvar como ahogar a cualquiera de ellos —quitaba las cenizas de su cigarrillo.

Era una noche normal en el restaurante, Maggie había bebido algo de más. Todos se divertían.

—Descansaba en la banca de un parque, entonces una policía se acercó a mí, y me dijo: "¿Qué hace aquí?". Yo le respondí: "Descanso". Ella me dijo: "¿Tiene algo más que decir?". Como me había levantado de mala gana le respondí: "Zorra" —Mollie y algunos se rieron—. La malnacida me quiso desarmar, me resistí y me golpeó como si lo hiciera con sus hijos —se escuchó la risa de todos—. Luego de unos minutos me desperté y me dijo: "¿Otra cosa más que decir". Le respondí: "¡¿No deberías estar robando gallinas?!" —todos en el restaurante se rieron—. Eso dolió, pero valió la pena al ver la expresión de esa zorra —contaba Maggie de manera entretenida.

—Eres simpática —dijo Mollie.

Repentinamente, Maggie se calló y la miró con confusión a su amiga.

—¿Cómo que simpática?

—S-Simpática, que sabes contar una historia.

—Maggie, él se refería a…

—¡Cállate, Jordan! ¡Ya no es una niña! —le dijo al chico castaño y luego miró a Mollie—. ¿Simpática? ¿Por qué sirvo para hacerte reír? ¿Por eso? —lo dijo con seriedad.

—No me refería a eso, eres simpática porque caes bien… por eso —se dio cuenta que su amiga seguía seria—. ¿Es una broma? ¡¿Estás bromeando?! —se dio cuenta que su amiga sonrió.

Maggie solo cuando estaba ebria y entre amigos, solía ser muy habladora y graciosa.

—¡Eres una maldita bruja, Mollie! —lo dijo riéndose—. Siempre pienso que puedes caer en un interrogatorio.

En ese momento, se acercó la dueña del lugar a Maggie y le dijo que le pagara los siete mil dólares que le debía. Eso enojó a Maggie porque la dejaba como una perdedora frente a sus amigos. Ella agarró de los cabellos a la dueña y le estrelló la cabeza contra un plato, se rompió por la fuerza y la mujer se fue sangrando.

—¡Maldita! —se dio cuenta que todos se reían—. ¡¿Quieren reírse más?! Escuchen, la hija de perra me pidió que fuera la madrina de su hija —todos no paraban de reír.

—¡Oye, Maggie! ¡Eres simpática! —Mollie lo decía con gracia.

—¡Ven aquí! —le mostraba su pistola.

Todos se seguían riendo. Eso era rutina de todos los días. Una vida casi inalcanzable para personas que se arriesgaban demasiado en lo ilícito.

—¡Oye, Maggie! ¡De verdad eres simpática! —le dijo Silas que no pareaba de estar riendo.

—¡Ya estuvo! —se lanzó contra Mollie y los chicos.

—Mollie: Esos eran los mejores tiempos… bien, solo hasta que Hank y Hawk se revelaran contra Packowski, su jefe… pero eso ocurre cada cinco o seis años, se tiene que renovar la sangre —suspiró de alivio—. Yo tuve que hacer trabajos cada vez más difíciles y que me comprometían mucho, pero más que nada, siempre eran con Lincoln y Maggie. Íbamos a cada negocio a cobrar el dinero personal de Bolhofner y Huggins, nos reuníamos con famosos y políticos cercanos a Huggins, pero solo de esos que no querían acatar lo de Wilbur.

Los tres estaban esperando a que saliera de su casa la alcaldesa de Royal Woods, Huggins nos dijo que le diéramos un paseo. Apenas los vio y no dijo nada, ya sabía que era lo que tocaba.

Maggie la amenazó con cortarle el brazo con esos cortadores de hojas que había en esa fábrica de papeles abandonada.

—Wilbur ya le dio la advertencia, tiene que hacer que nuestro sindicato escoja a los camioneros, ¿me oyó? —acercó su rostro a esa vieja mesa de metal donde Maggie tenía estrellada la cara de la alcaldesa.

Días después había muchos amigos y familiares de los mafiosos de Royal Woods conduciendo un camión para llevar las cosas a todo el país. El problema que por una artimaña de leyes, la alcaldesa tenía derecho a inmiscuirse en esos asuntos, y ella no quería darle esa oportunidad a la gente de Wilbur, pensaba traer a personas de Hazeltucky. Y se empezó a repartir cargamento ilegal de Gran bretaña y Alemania.

—Mollie: Eso no quería decir que nosotros no teníamos nuestros propios asuntos. Los tres teníamos asuntos en las apuestas y la prostitución, pero lo expandimos a las Vegas, íbamos y veníamos de Nevada tres o dos días al mes. Lincoln nos llevaba del brazo a las dos cuando entrábamos a esos sitios y a conocer a Benjamin "Bugsy" Siegel, el de la idea de crear ese lugar.

Todo era luces y diversión en esos meses, se llenaron de mucho, pero mucho dinero, obviamente debían darle una parte a Bolhofner por permitirles salir de los límites de Michigan.

—Mollie: Pero lo que obviamos fue contarle de los problemas con las personas de allí, fue un gran error por parte de los tres —miró al suelo.

IV

Las Vegas crecía por todos los mafiosos y políticos que habían invertido en los casinos. Ese experimento estaba resultando excelente, un tipo llamado Meyer Lansky dijo que podían llevar esta idea al Caribe, especialmente a Cuba.

Un día Maggie se cruzó de palabras con el dueño de un restaurante allí, el tipo no quería pagar la parte que le debía a Lincoln.

—Solo te diré algo: —sacó su arma y lo mató en presencia de Mollie— "Su dinero es mi dinero" —estaba con silenciador, miró a la rubia—. Cierra la puerta.

Eran las once de la noche, estábamos en la cocina discutiendo con el tipo, pero Maggie no soportaba que le dieran excusas y con su actitud de pocos amigos… en realidad había pocas posibilidades de sobrevivir.

—¡¿Ahora qué haremos?! Este tipo le pagaba también a Wilbur —fue lo que dijo Mollie con miedo.

—Descuida —salió para hacer una llamada y luego entró—. Linky dice que nos espera en las afueras de aquí.

Llevaron el cuerpo a una parte del desierto de las afueras de la ciudad, en un punto en específico, estaba Lincoln esperando con palas. Cavaron hasta altas horas de la noche, necesitaban que el cuerpo no fuera descubierto.

—¡Te dije que me esperaras! —le recriminó de manera fuerte.

—¡Pero no podía dejar que ese infeliz se burlara de mi novio! —le respondió de la misma manera, pero le dio la espalda.

Lincoln se acercó a ella con serenidad, sabía que ella ahora estaba muy triste, ella podía pasar por alto muchas cosas, pero una de las que no era que su novio la gritara.

—Lo siento —la abrazó por la espalda, movió sus cabellos para besar su cuello—. Si quieres duermo en el sofá por esta noche.

—Deberías besarme en lugar de hablar, esa boca tuya puede convencerme de todo —volteó y le dio un beso apasionado.

La rubia solo era espectadora ante la relación alocada de ellos dos, al fin y al cabo, eran sus mejores amigos… tanto como Bolhofner.

—Mollie: Bolhofner no era de los que mostraba sus sentimientos o emociones de manera habitual, pero cuando era yo solía alegrarse mucho. Decía que era como la hija que no pudo tener y la amiga que siempre esperó. Algunos pensaban que por ser mitad alemana y la única en ese negocio me traba de ese modo. Se equivocan bastante. Él me lo dijo: "Así seas española o irlandesa o judía, serías alguien especial para mí, niña" —se formó una agradable sonrisa en su rostro con gafas negras.

Las cosas iban bien en Nevada, más que nada porque Benny, el amigo de la hermana de Lincoln, aceptó ser contador para vigilar el negocio de las Vegas, no confiaban más en el anterior contador judío.

Las cosas en Royal Woods estaban de lo más normal, pero eso se rompió cuando les dijeron que un cargamento lleno de diamantes se iba de la ciudad. Lincoln y Maggi estaban ansiosos de realizar ese robo.

A solo cinco días de que pudieran atracar ese cargamento, les contaron que alguien más ya lo había planeado, y con permiso de los viejos patriarcas.

—Mollie: Su nombre era Kotaro, era un viejo gánster japones que frecuentaba el bar, pero su territorio era el lado este de la ciudad. Lo habían metido a prisión hace cinco años por estar implicado en una extorsión. Ahora libre, iba a retomar sus actividades. Él había dado la información del cargamento por un contacto en la prisión, es por eso que necesitaba el permiso de todos los viejos allí y en sí todos recibirían algo, pero no tanto como él.

Lincoln estaba con Mollie en el viejo bar esperando a Maggie, pero antes de que ella llegara, Kotaro se presentó con algunos de sus hombres para celebrar su salida de prisión y el futuro atraco. Lincoln lo conocía porque trabajo junto a Maggie para él en algún momento.

—¡Vamos a celebrar mi regreso! —dijo alzando su copa, vio que alguien entraba al bar—. ¡¿Pero qué ven mis ojos?! ¡¿Maggie?!

Ella entró con una sonrisa que escondía incomodidad y enojo, les dijo a Lincoln y Mollie que procuraría irse rápido de allí por la culpa de Kotaro.

—Hola Kotaro —dijo con incomodidad.

—¿Cómo has estado? Por como veo, puedo decir que Lincoln supo escoger bien, ¡¿Quién más escogería a una lavaplatos?! —eso hizo reír a sus hombres.

Eso hizo que Lincoln tratara con Maggie antes que nada, pero Maggie le dijo que todo estaba bien.

—Ya no lavo platos, Kotaro —bebió un poco de su copa—. Ahora soy como tú —se podía notar en el tono de su voz que no estaba contenta por lo que dijo él.

—¡Por Dios, Maggie! ¡Solo es una maldita broma! —le respondió.

—Claro, pero ya no la hagas —fue seria la pelinegra.

—¿O si no qué? ¿Lavarás mal mis platos? —se rio junto a sus hombres.

—Eres un hijo de p… —su novio la calmó.

Maggie se fue llorando de la impotencia, Lincoln fue detrás de ella. Mollie le reclamo lo que le dijo a su amiga. No dijo más porque estaban allí solo por negocios. Kotaro quería que Lincoln tratara de ayudar en planificar el robo ya que él era el "hombre del plan".

Ya era medianoche, sus hombres de Kotaro se fueron porque lo que planearía sería de forma privada.

Se escuchó el sonido de la puerta al abrirse, seguido de un disparo directo al pecho de Kotaro.

—¡Ahora di algo, maldito bastardo! —disparo dos veces más, pero al rostro. Tomó una jarra de las de cerveza y la estrelló contra la cara del falleciente Kotaro—. ¡¿Quieres que lave tus platos?! ¡¿Por qué no le dices eso a una de tus putas, eh?!

Lincoln también golpeaba con Maggie al cuerpo con poca vida de Kotaro. Pocas veces Mollie los había visto de esa forma.

—¡Cierra la puerta, no te quedes parada! —le ordenó el peliblanco.

Lo hizo y vio que estaban ensangrentados, más que nada la pelinegra. Pero ellos seguían golpeando el cuerpo del infeliz. Metieron el cuerpo en la cajuela y se fueron a una parte del bosque para enterrarlo. Kotaro era muy importante, y ellos necesitaban borrar evidencia, sabían que serían los primeros sospechosos.

—Necesitamos palas, vamos a la casa de mi madre —dijo al cambiar de dirección con el auto.

—¡¿Qué?! ¡Estás loca! —tomó el manubrio, pero ella se lo impidió.

—No, solo un poco demente —lo dijo muy sonriente.

Se aparcaron sin apagar el auto, los tres fueron a la cochera con cautela, pero la madre de Maggie escuchó los pasos y los vio al abrir la puerta que daba con la casa. Les preguntó sobre lo que pasó, Maggie le dijo que habían atropellado a un ciervo y debían enterrarlo. Su madre no preguntó más, pero ella quería prepararles un té. Terminaron aceptando.

—Mollie: Su mamá de Maggie era negra, pero en realidad no era su madre. Había sido su nana cuando ella nació, su madre murió en el parto. Cuando ella tuvo cuatro años, su padre, un inglés dueño de un antiguo negocio de ropa, murió y la herencia quedó entre Maggie y su nana, más que nada porque fue su amante dos años antes. La nana se encariñó tanto con Maggie que la crio como su hija. Nuestra amiga sabía la historia, pero ella no se sentía menos, y no soportaba las bromas sobre negros en su presencia, menos si se metían con su madre. Todos nos absteníamos de bromear sobre los de color, solo por Maggie, nada más, ¿Saben por qué? Porque ella era una de nosotros —lo decía con satisfacción.

Luego de varios días, nadie pudo encontrar el cuerpo de Kotaro. Su gente de él estaba furiosa, pensaban que los jefes lo habían traicionado. Esos días fueron un caos. Bolhofner interrogó a Mollie.

—Solo estuvo un momento en el bar, luego se fue —lo dijo con seriedad.

—Mollie… solo te voy a decir que los patriarcas están muy molestos por lo que ha pasado… esto puede generar una guerra de familias… ¡¿Sabes lo que cuesta una?! ¡¿Lo sabes?! —hizo sentir mal a Mollie—. Solo mantén tus ojos en Lincoln y Maggie, ¿de acuerdo? —le habló de un modo paternalista.

—De acuerdo —respondió con una sonrisa.

—Mollie: La guerra no estallaría hasta después de un incidente, absurdo para muchos, significativo para mí y Lincoln —lanzó su cigarrillo al pasto.

Pasaron semanas y la comisión decidió que ya era tiempo de que alguien ascendiera, Maggie era perfecta para eso. Su novio y su amiga estaban contentos por ello.

—Mollie: Ella era inglesa por parte de padres, hasta su nana era de allá, no como nosotros. Yo era mitad italiana y mitad alemana; Lincoln, mitad escocés y americano. Para la comisión ser escocés o irlandés era como ser alguien de clase baja. No es como en siglos anteriores donde los esclavos irlandeses costaban menos que los negros, pero los jefes de la comisión eran conservadores cuando les complacía.

Lincoln fue el más feliz de todos, era como si a él lo hubieran ascendido. Ya había pensado en todas las movidas que harían ni bien Maggie estuviera en la comisión como Bolhofner.

La amiga de ellos estaba preparando su mejor vestimenta para la ceremonia, su madre estaba muy feliz por lo que ella lograría.

El día de la ceremonia, ella debía asistir sola a una dirección dada. Pero mientras conducía, Jordan le hizo el alto con prisa.

—¿Qué sucede? —preguntó la pelinegra.

—El jefe te necesita, cambio de último minuto —se notaba algo nervioso.

—Claro, vamos —le abrió la puerta de su coche para que le dijera el lugar.

Estaba tan distraída por su ascenso que no notó extraño a su amigo. La llevó a una casa a las afueras de la ciudad, al entrar se dio cuenta de lo vacío que estaba el lugar.

—¡Oh, maldic… —recibió un disparo en la cabeza por parte del chico.

—Mollie: Bolhofner y Huggins lo sabían, pero querían probar que tan precavida era. Días después el cuerpo de Jordan apareció en un congelador de carnes, se tuvo que dejar tres días descongelándose para que los forenses revisaran el cuerpo. Jordan chico pasaba información a las familias del este desde hace un par de años, su trabajo fue acabar con la vida de la asesina de Kotaro. Para la comisión era como acabar con la mala semilla y un traidor. Pero para mí y Lincoln… —se notaba más triste.

Lincoln no quiso salir de la casa de su novia, estaba consolando a su madre sobre la perdida, lo peor fue que en el funeral, no pudieron abrir el ataúd porque Jordan le destrozó el rostro con el disparo, su madre se hubiese muerto al ver el rostro de su hija.

Ambos sabían que culpar a Bolhofner o a Huggins estaba de más, ellos no tenían todo el poder, la comisión más los otros patriarcas fueron los que decidieron el destino de Maggie.

Pero ese evento se juntó con el de Kotaro y sumió a las familias en posibilidades de estar en atentados futuros. Y en ese momento, fue cuando inició una guerra sin bandos por miedo.

Lincoln y Mollie quisieron estar lejos de todo eso, sin embargo, fue imposible porque todos debían cuidarse las espaldas mutuamente.

Comenzaron a salir muchas cosas a la luz, y una de las tantas inculpó a varias personas allegadas la familia Huggins, o sea, nosotros.

—Mollie: Lo gracioso fue que me dieron doce años por ser cómplice en el asesinato de Kotaro. Sí, encontraron el cuerpo y mis huellas estaban en una de las sábanas que cubrían al cuerpo, en esa ocasión debí hacerle caso a Lincoln cuando dijo que tenía que ser con cuidadosa al desaparecer un cuerpo —miró al cielo y luego encendió otro cigarrillo—. El primer año recibía visita de mi familia, Lincoln, Bolhofner y algunos de los chicos, pero… después de ese año… solo iba mi familia de sangre —expulsaba el humo con calma—. Mis ganas de vivir se apagaban… mi voz se apagaba hasta que ya no quise hablar con nadie. Estar encerrada era lo de menos, pero parecía que ya no era una de ellos, solo era Mollie Freilich, nada más…

V

—Le llevo su maleta señorita —lo tomó con amabilidad.

Mollie se quedó viendo al tipo, no podía creer que fuera él quien las esperaría. Estaba con un sombrero gris y traje del mismo color.

—¿Señor Bolhofner? —no estaba segura.

—Me recuerdas, eso es bueno —dejó la maleta en el piso.

La abrazó con mucho cariño, ella lo hizo con fuerzas. Le dio un beso en su frente y trató de calmarla. Ella solo sonreía por ver a uno de los suyos. Mientras Bolhofner conducía, ella no hablaba.

—¿Puedo hacer algo por ti? En todo este tiempo no pude arriesgarme a visitarte, en mi posición actual debo ser muy cuidadoso, lo siento —se notaba muy apenado.

—Descuida… solo es un hábito mío desde que estuve dentro para estar tranquila —lo decía con sinceridad.

Los lugares que ella frecuentaba habían cambiado mucho en esa casi década que pasó. Estaba en el asiento del copiloto del coche de Bolhofner.

—Le agradezco por cuidar de mi madre y hermanos, señor —lo dijo con mucha sinceridad.

Bolhofner frenó de manera intempestiva el coche, miró con seriedad el manubrio y luego a Mollie.

—Si estás muy molesta, dilo. Si crees que he sido un mal amigo, puedes decirlo. ¡Dios santo, Mollie! No me digas señor Bolhofner, siempre me has llamado Hof —en ese momento la miró con algo de miedo—. ¿Te hicieron algo adentro esas perras? Dime la verdad.

—N-No es eso… solo que… —se rascaba la cabeza— el no verlos me hizo pensar que ya no éramos amigos, ya no era de los buenos muchachos, ya no era una de nosotros —suspiró y trató de ser muy sincera—. He sabido algunas cosas por mi familia, y es por eso que también entendí el que no me visitaran… es normal, no les iba a ayudar venir a verme.

—Mollie: Bolhofner entendió más allá de lo que le dije, el sabía exactamente lo que sentía —miró el panorama del parque, ya estaba oscureciendo—. Me dejó en la casa de mi madre, me pidió que no saliera del vecindario por lo menos unos seis meses. Él iba a arreglar algunas cosas sobre mis antecedentes, me necesitaba como su mano derecha y está vez serían otros tipos de trabajo.

Bolhofner llamó a Mollie exactamente unos siete meses, se tardó debido a que sus amigos se querían rehusar en algunos favores. Se reunieron en el Aloha Camarada, pero ahora lucía más elegante.

—Mollie, discúlpame por todo lo que te pasó.

—Descuida, Hof.

—Y es por eso que necesito hacer lo que debí hacer hace mucho.

El barman le entregó una bolsa de papel pequeña, revisó el contenido sin abrir tanto la bolsa, dio su aprobación al tipo. Mollie no comprendía. Estaban sentados en la barra.

—Hace tiempo debí endurecerte —le entregó la bolsa—. Desde ahora harás unos trabajos que quizás no te gusten, pero es lo necesario para que sigas con nosotros porque te necesitamos… te necesito, niña.

—Hof… entonces, ¿así será desde ahora? —lo dijo con comprensión.

—Sí, Mollie. Ya no quiero que nada malo salga, hablo en plural. Por eso confío en ti —puso su mano sobre la de ella—. Ya no puedes hacer trabajos simples, desde hace años estamos yendo en serio —silbó y Liam volteó a verlo—. Él te dará las instrucciones exactas.

Ella se fue lentamente donde Liam, estaba algo confundida por el pedido, pero eso no le impediría seguir en ese mundo que tanto quiso años atrás.

—Mollie: Ahora haría los trabajos sucios, eso era lo que Bolhofner quería. En el tiempo que estuve en prisión cambiaron muchas cosas, y el cómo se movían las cosas no era la excepción. Huggins estaba muerto, muchos de los viejos patriarcas también. Bolhofner tenía un cargo que se situaba entre los viejos y la comisión. Era como si fuera el consejero de un Don siciliano o intermediario, pero de la comisión y los viejos. Bolhofner era el que indicaba si algo estaba bien o no. ¿Tenías dudas sobre como sobornar? Le preguntabas a Hof. ¿No sabías cómo desaparecer un dinero? Le peguntabas a Hof. ¿Había una pelea de familias? Le pedías a Hof que interceda. Y muchas cosas le tenías que consultar. Si le hacías un favor a él, no era por dinero, era por respeto y de manera personal; como decía Hof: "No necesito que dos caminos vengan a mí, solo uno basta".

Mollie fue donde había un tipo que iba a atacar un negocio que le pertenecía al doctor Feinstein y a Hof. El tipo era conocido de Mollie, se llamaba Miguel, era un marica que trabajó de manera legal, pero al final terminó entrando para una familia de gánsteres de Nueva York. También era amigo de Leni, una de las tantas hermanas mayor de Lincoln.

—¿Siciliana? Sí, eres tú. Hola Mol… —cayó inmediatamente al suelo por dos disparos.

—Mollie: Mis trabajos serían ser la sicaria de Hof y la familia de Royal Woods o, como le decíamos, pintar casas. También algunos trabajos sucios, pero con más seriedad —sacó una pequeña botella del bolsillo interno de su gabardina y dio un sorbo—. En cada asesinato vestía de jeans, chaqueta negra, gorra negra, botas y mi peinado cola de caballo, también debía usar una nueva arma y, como todos al terminar el asunto, la lanzaba al lago Míchigan, mejor dicho nuestra frontera con Canadá. Si un buzo se metiera allí podría armar a un país pequeño o a unos guerrilleros de Sudamérica y África. Todo eso me hizo centrarme más en la vida de mafiosa, pero faltaba una cosa…

Bolhofner llamó a Mollie después de haber cumplido dos meses haciendo esos trabajos. Ahora hablaba un poco más, pero igual mantenía su silencio adquirido. Le alcanzó un teléfono para que conteste. Mollie se quedó muda por la voz.

—¿Mollie? ¿Estás ahí? Hof, debiste decirle que su amigo Lincoln la iba a llamar —se notaba algo fastidiado.

—H-Hola Lincoln —no sabía qué más decir.

—¡Mollie! ¡Maldita bastarda! ¡Te he extrañado mucho! —recordó que la llamada también era por negocios—. Mollie, He escuchado que ahora pintas casas, ¿es cierto?

—C-Claro, Linc —no se esperaba esa llamada.

—Creo que no te sientes un poco bien. ¿Te parece que si mejor hablamos cuando vengas? Hof te dará algunas instrucciones, nos vemos —colgó el teléfono.

—Mollie: Cuando estuve en la penitenciaría, me enteré que Lincoln se estaba haciendo un camino en el mundo del sindicato de camioneros. Tiempos después me enteré que estaba postulando a la presidencia de allí. Tiempo después me enteré que viajaba por todo el país. Siempre decía en sus reuniones televisadas: "¡Si usted tiene algo en su casa, es porque un camión se lo llevó!" —bebió nuevamente—. Antes de verme con Lincoln en Chicago, tuve que ayudar al sindicato de camioneros.

Ella procedió a dirigir asaltos a establecimientos y destrucción de propiedad de los sindicatos rivales de una manera confiable y segura. Luego se reunió con Lincoln a solas en un hotel de allí.

—¿Estás molesta? Sí, eso debe ser —dejó de abrazarla.

—No es eso, me sorprende de verte después de tiempo —lo decía con sinceridad.

Se sentaron en los sofás de esa habitación, solo estaba una radio encendida, las ventanas estaban abiertas.

—Pensé que al estar con un camino un poco más alejado de lo que hacías antes… pues… tendría que aceptarlo —su voz se notaba apagada.

—¡Eso nunca, jamás pienses eso! ¡Eres mi amiga! —le ofreció un cigarrillo—. No pensé que te sacarían cuatro años antes, y Bolhofner no me dijo nada, hasta hace unos meses —exhaló el humo.

—Pensé varias veces en dejar este mundo, en ya no seguir más… —lo dijo con mucha sinceridad.

—¿Te refieres al mundo de los gánsteres, no? —no recibió respuesta—. ¡Por Dios! No pienses en eso, ya. Estás fuera —le dio un abrazo.

—Supe que tienes familia, una nueva vida… era lo lógico, ¿no? —estaba muy acongojada.

—No, eso no puede ser lógico —hizo que lo mirara a los ojos—. Jamás te he olvidado y jamás olvido a Maggie —exhaló nuevamente le humo—. Visito dos o tres veces al mes la tumba de Maggie y su madre. Mi esposa lo entiende perfectamente —le dio un abrazo fuerte, un beso en sus mejillas, en su frente y un inolvidable beso en sus labios—. Eres una de nosotros, recuérdalo... Ah, y ese beso, es como un regalo de bienvenida —se fue a acostar riendo.

El durmió en su habitación y ella en una cama de metal acomodada al lado del sofá. Ella sería la mano derecha y seguridad de él.

—Mollie: Conocí a Carol, la esposa de Lincoln, amiga de su hermana mayor. Y a sus hijas e hijo: Lina, Laika, Lyle y… Lara. Todas ellas eran encantadoras, y su hijo era un niño educado. Pero algo me inquietaba de ellos, mejor dicho de una… Lara me incomodaba —dio un último sorbo de su licor, no se notaba ebria—. Incontables veces nos reunimos, todos eran encantadores conmigo, pero Lara… ella era inexpresiva, más que nada cuando yo o alguno de los mafiosos que se acercaban a su papá —rio un poco por ello—. Volviendo al asunto del sindicato, Benny dejó las Vegas y ahora era el contador del sindicato, Lori era la abogada personal de su hermano, y muchas personas de Royal Woods se metieron en este negocio. Lincoln manejaba todo el dinero del sindicato, e invertía mucho con ello —se sentía relajada.

Eran tiempos de elecciones, se disputaban el puesto en la Casa Blanca: Nixon y Kennedy. Todas las mafias de Michigan, ayudaban a Kennedy. Lincoln había apoyado con un par de verdes a Nixon. Mollie era una gran espectadora ante toda esa trama. Las mafias de Michigan e Illinois le inflaron el voto a los Kennedy.

—Mollie: La mafia quiso a Kennedy, y a Kennedy lo tuvieron —lo decía con un tono irónico.

En su casa, Lincoln veía como Kennedy juramentaba y se paseaba al lado de su esposa en su coche por Washington.

—¡El idiota ganó! —lo decía con mucha rabia.

—Linc, los niños —reprobaba su forma de expresarse.

—No importa si el tipo es irlandés o católico o lo que carajos pueda ser —miraba a Lyle y a Laika—. Pero jamás, de los jamases pongas a un hijo de millonario en la presidencia.

—En eso tienes razón —en eso sí estaba de acuerdo.

—¡El maldito de Kennedy nos llevará a la guerra!

—Mollie: ¿Y saben cuál fue su pago de los Kennedy? Empezaron a irse contra todos los que lo pusieron allí —se reía—. Lincoln tenía razón, no debió entrar Kennedy. Lo peor que hizo fue poner a Bobbie, su hermano, en el Senado —suspiró—. Su primera acción fue perseguir a Lincoln, sabía que él había ayudado a Nixon con dinero del sindicato.

Bobbie no dejaba de seguir a todos los gánsteres en torno a Lincoln y los que apoyaron a su hermano. Lincoln estaba muy enfadado y estresado. Mollie le contaba con lujo de detalles a Hof lo que sucedía en Chicago y las interrogantes de Lincoln sobre el apoyo a los Kennedy.

—Su viejo, Joe, hablará con sus hijos. Les dirá a John, a Bobbie y a Jack: "¡Recuerden a quién carajos le deben!" —expresó Hof con tranquilidad.

—Pero yo tampoco entiendo, ¿por qué? —se sentía confundida.

—Mi bella flor, no es necesario que entiendas todo, solo te puedo decir que él nos ayudará a botar a los Castro, a recuperar casinos y crear más —sonreía con serenidad.

El tiempo le dio más razón a Lincoln Loud. El asalto a Bahía de cochinos fue un desastre que todo el mundo vio. Bobbie Kennedy metió a personas cercanas a Lincoln a prisión, pero él quería el plato principal.

Mollie se había quedado en casa de Lincoln por tres días porque él iba a viajar a República Dominicana para una conferencia del sindicato, pero Lincoln se fue unas horas antes que ella.

Bajó de forma silenciosa para no despertar a nadie, pero al abrir la puerta alguien apareció detrás de ella.

—¿A dónde vas?

—Voy a trabajar con tu padre. Regresa a dormir, Lara —se puso el abrigo delgado de su blusa y salió.

Lara miraba desde la ventana como su tía se sentaba y sacaba de su maleta un revólver y lo dejaba en la guantera del coche.

—Mollie: Mi amigo estaba muy preocupado, demasiado diría yo. Desde Bobbie ya no tenía tanta vitalidad y paciencia, más que nada lo último. Es por eso que surgió de manera intensa un nuevo tipo. Se llamaba Chandler McCan, era un conocido de los dos. Era un irlandés que migró a los seis años y se metió en el mundo de la mafia. Tenía tanta popularidad como Lincoln, y es por eso que tenía que mover sus fichas de manera veloz. Iba y a postular a un amigo de su hermana Leni. Se llamaba Chaz Schlatter, era un tipo regordete que solo serviría de cara amigable, nada más. Para Linc, él solo servía para jugar al golf con el presidente. Lincoln solo necesitaba a alguien que fuera una tapadera, él seguiría moviendo las cosas… o eso pensaba.

El presidente Kennedy había muerto, Lincoln en un acto de desprecio no dejó que una bandera fuera izada a media asta. Chaz había ganado la presidencia del sindicato. Pero eso no evitó que pocos meses después fuera apresado por malversación de fondos.

En la prisión se encontró con Chandler que había terminado allí por extorsión. Se pelearon porque Lincoln no quería soltar el dinero de las pensiones y había insultado a Chandler diciendo: "Es culpa de tu pueblo".

Cuando Nixon llegó a la presidencia, indultó a Lincoln. Mollie lo espero en el momento de la liberación, las cámaras lo esperaban, él decía que recuperaría la presidencia del sindicato.

—Mollie: Cuando Lincoln estuvo en prisión, congeló el dinero. Eso no les gusto a los viejos y a la comisión. Eso más la prepotencia de sus declaraciones, le darían su fin —ahora se sentía triste.

—Debes hablar con él, debes calmarlo —le pidió Hof.

—Lo sé, pero… es muy prepotente, no escucha —decía la rubia.

—Cada vez se parece a Maggie, eso es por pasar gran parte de su juventud con ella. Si sigue así, lo que va a pasar será… —prefirió guardar silencio.

—Mollie: Fingí no escuchar, preferí ignorar eso.

Lincoln mandó a su amiga para que le diera una advertencia a Benny Stein. Ahora el chico jugaba para Chaz y ambos manejaban a su antojo el dinero. Mollie solo hizo que explote el coche de Benny segundos antes de que lo aborde. Chaz entendió eso y también mandó a explotar un coche cerca del salón de belleza que frecuentaba Carol, y segundos antes de salir.

—Mollie: Lo peor no fue eso, sino otro tipo que se metió en nuestro camino, ese era Grant. También era de mi ciudad. Era un inmigrante ingles que no trabajaba con los suyos, prefería a los judíos, italianos y de color en sus filas. Era del tipo que se fotografiaba y se vestía elegantemente. Más parecía alguien del espectáculo americano. Se metió en nuestras cosas y mataba a los que eran de nosotros.

—Mollie… que sea rápido —fue lo que dijo antes de cenar.

—Claro, Hof —fue su respuesta con serenidad.

Fue a un restaurante vestida con chaqueta y jean, esperó hasta que Grant estuviera ebrio y, usando una pistola ruidosa, fundió el pánico allí dentro. Todos corrían para salvarse, Mollie sacó al exterior a Grant a razón de golpes con el arma y patadas.

—¡L-Lo siento! ¡Mollie, n-no… —tres balas en su cuerpo lo callaron.

Lincoln se reuniría acompañado de Mollie con Chandler y Flip, uno de los que conformaba la comisión. Todo eso fue en Florida. El motivo era conseguir el apoyo de Chandler para poder ganar la presidencia del sindicato, ya que nadie soportaba a Chaz.

El encuentro fue muy acalorado, no porque fuera Florida, sino por el comportamiento de Chandler y Lincoln.

El pelirrojo llegó tarde y vestido con shorts de playa. Eso molestó mucho a Lincoln. Chandler iba a darle el apoyo solo quería que se disculpara por insultar a su pueblo. Ahí recién se enteraron del por qué de la pelea en prisión. Lincoln le dijo que primero él se disculpe por llegar tarde, pero McCan se mostraba reacio.

—¡No me disculparé por su maldito pueblo alcohólico! —dijo en forma despectiva.

—¡Lo ven, el maldito se cree superior! —expresó con mucho enojo.

Se pelearon nuevamente, solo que esta vez Lincoln tomó la delantera. No llegaron a nada y Chandler se unió con Chaz.

En una fiesta del sindicato, todos los conocidos posibles fueron invitados, incluyendo a la mafia de Royal Woods. Últimamente, Lincoln tiene muchos problemas con ellos porque no deja que sus contadores dejen el dinero que invirtieron. Les prometió eso cuando recuperara su sindicato.

Esa noche, Lincoln discutió con todos los viejos patriarcas y los de la comisión. Pero hubo dos discusiones más importantes: con Hof y Mollie.

—Unas personas que conozco quieren su dinero.

—No, Hof. No hasta que haya recuperado a mi sindicato.

—Ellos no están contentos, necesitan eso ya.

—Tendrán que esperarse, así como esperé para salir de prisión.

Mollie observaba sentada al medio de Lara y Carol. Su sobrina la miraba de manera inexpresiva, Carol estaba muy preocupada. Su amiga fue a tratar con él.

—Linc… los jefes no quieren esperar más o…

—¿O qué? ¿Me matarán? ¿Me estás dando su amenaza?

—¡No, claro que no! Solo quiero que te serenes y no hagas algo de lo que te arrepientas.

—No les tengo miedo a esos putos europeos, tengo pruebas, tengo muchas cosas. No podrán conmigo —estaba muy convencido. Miró con seriedad a su amiga—. ¿Estás conmigo? ¿Cerrarás la boca, verdad?

—Linc, tú sabes que sí.

—Bien porque tú sabes perfectamente que este es mi sindicato, mi sindicato.

Lincoln se fue minutos después con su familia, Lara no dejaba de observar a las personas que miraban con cólera a su papá. Mollie se sentó en otro lugar más alejado con Bolhofner.

—Ten, es para ti —le dio un anillo.

Era de plata y tenía la Cruz de hierro alemana de símbolo. Era algo que le recordó a las fotos de su abuelo paterno en la Primera Guerra Mundial. Era de la hermandad germano-americana.

—Solo dos personas en el mundo la tienen, y una de ellas es germano-italiana-americana —lo decía con mucho cariño.

—N-No sé qué decir —estaba sombrada.

—Solo recuerda quienes somos, y recuerda que todo lo que hagamos es por nuestro bien, ¿entendido, niña? —le colocó con delicadeza el aro.

—Mollie: Ese anillo es algo con un enorme valor, y también significado. Después de eso vendría mi última tarea —se secó sus lágrimas que brotaban—. Pasé mis vacaciones acompañando a Hof, y fue cuando me reveló que la comisión y los viejos no iban a darle una oportunidad más a Lincoln.

—Hicimos lo que pudimos, Mollie. Sé como te sientes. Ellos accedieron a que tú participes, y si lo hicieron fue porque me respetan. Lincoln perdió su oportunidad, sabes que empezó a comportarse como Maggie y eso a nadie conviene —lo dijo sentado en la piscina del hotel.

Le habían dicho a Lincoln que tendrían una reunión con él todos los de la comisión, pero debía esperar en una gasolinera. Se quedó esperando por más de una hora.

Mollie había pasado por ahí, pero antes debía ir a una casa donde estaba Skippy arreglando la casa donde se daría la reunión con Lincoln. En sí estaba limpiando una mancha de sangre de hace años que estaba en el suelo.

Luego de eso fueron a recoger al peliblanco que estaba furioso, pero se calmó al ver a Mollie en el coche. Charlaban en voz baja para tratar de hacer un plan si acaso querían hacerle algo malo.

Al llegar, bajaron del coche. Esperaron que el vehículo se perdiera en el horizonte y entraron. Ninguna persona estaba allí, Lincoln se dio cuenta que era una trampa.

—¡Es una trampa, Mollie! ¡Vam… —unas dos balas en la nuca hicieron que impactara contra la pared al lado de la puerta y pintara con sangre esa parte.

Tiró la pistola y salió de allí con cautela de esa casa afueras de la ciudad. Más tarde Skippy volvería con otros hombres para limpiar la escena y cremar el cuerpo de Lincoln. No debía haber una mínima evidencia.

Habían pasado cinco días y Mollie recién se había dignado a visitar a Carol y los chicos. La esposa de Lincoln estaba llorando y le preguntaba si sabía algo más sobre su esposo.

—¿Recién vienes a ver a mi madre? —Lara preguntó con enojo.

—S-Sí…

—¿Por qué?

—Lara… tu tía Mollie está también afec… —no pudo continuar porque su hija se fue enojada y con lágrimas a su habitación.

—Mollie: Las chicas y el chico la siguieron, desde allí supe que había muerto para ellos y para mi familia —su tono de voz se pagaba—. Nos interrogaron a todos, pero todos nos escudábamos en la quinta enmienda. Y aquello fue aún más sospechoso.

—Tengo un problema con Skippy, ha ido a la policía, sin avisarnos… hazle saber nuestras quejas —charlaba con Mollie en el Aloha Camarada.

De noche, Mollie se cruzó con Skippy y antes de que terminara de saludarla, le voló los sesos con tres balas.

No obstante, salieron a la luz mucha documentación que comprometía a todos, tanto los del sindicato. Todos, pero todos fueron a parar a la cárcel.

—Mollie: Sabíamos que Lincoln nunca planeo eso, aunque… yo sospecho quién pudo haber sido porque solo era pura documentación que Lincoln tendría en su casa y que cualquiera de su familia podía tener acceso.

Todos tenían condenas de más de diez años, los viejos patriarcas que aún seguían con vida, se suicidaron. Los que quedaban solo eran jóvenes y eran de los que no sabían que era no tener un pan y un revólver en la boca.

Ellos hicieron lo que Stalin y Hitler hicieron a los viejos militares. Purgaron a la mayoría, no hubo misericordia porque ellos sabían muchas cosas y los jóvenes querían empezar de cero.

Mollie tuvo una charla última con Hof, pero fue vía llamada telefónica. Ella marcó de su prisión el número de la prisión de Bolhofner y él espero su llamada.

—¿Recuerdas cuando todo era solo entregar recados y acompañarme a algún teléfono a llamar?

—Sí… eran buenos tiempos.

—Tampoco olvidaré a Lincoln y Maggie… eran unos buenos muchachos… como unas ovejas fuera de su camino, pero buenos…

—Sí.

—Mollie, niña, eran ellos o éramos nosotros, y me dije: "¡Qué se jodan ellos!".

—Pero… ellos eran…

—Lo sé, eran uno de nosotros. Siempre lo tendré en mi mente. Yo soy uno de nosotros.

El silencio imperó por unos pocos segundos, había algo en el tono de voz de Hof que le daba mala espina.

—Recuérdalo, eres una de nosotros, nunca lo olvides.

—Mollie: Esa sería la última vez que hablaría con él porque los de la nueva comisión mandaron a ahorcarlo allí en la prisión. Los guardias lo sabían, pero lo dejaron pasar para saber si le viejo era astuto.

VI

Salió de prisión luego de pasar en prisión hasta sus cuarenta y seis años de edad, su buena conducta le dio la garantía de eso. Ya no tenía familia y amigos porque los habían purgado y a voces se rumoraba que ella y otras personas más mataron a Lincoln Loud, el orgullo de Royal Woods. Solo se dignó a sentarse en un parque cerca de la calle donde era casa de su amigo.

—Mollie: Ya nada es como antes. Si cuando salí la primera vez los modos de hacer las cosas en la mafia y mis amigos cambiaron… esta vez fue más fuerte, ya no tenía a nadie ni nada. Todavía me queda una vida por delante, pero… ¿en qué? Desde que pienso quise ser una mafiosa… ahora ya no lo quiero, no es la gran cosa si no estás con personas con las que te sientas unida. Todos allí nos pertenecíamos porque teníamos la misma meta —fumó un último cigarrillo para lo que venía—. "Uno, no delates a tus amigos; dos, mantén la boca cerrada". Ese silencio me serviría con uno de nosotros, pero los demás ya no están. Ni por ser mitad siciliana… la nueva comisión no me dará misericordia —alguien la golpeó por detrás al terminar de hablar.

Ya no había nadie a esa hora en el parque, el grito de dolor de Mollie no se escuchó por ninguna persona.

Mollie solo pudo ver a una chica joven, de cabello negro y sombrero negro de domo plano. Se notaba que era alguien prepotente, le recordaba mucho a su fallecida amiga Maggie.

Por unos breves instantes, recordó todo lo que vivió con los suyos. Especialmente a Maggie, Lincoln y Bolhofner.

Miró a la chica, pero solo se enfocó en la mitad de su cuerpo. La chica apuntó lentamente y le disparó varias veces con dirección a su mirada.

Ahí se iba una de nosotros…

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Lo escribí inspirado en las películas: Uno de los nuestros (Goodfellas) y El irlandés (The irishman). Espero que lo hayan disfrutado. Fue hecho por el día de la muj… nah, no es cierto xD