Luces, fama y glamour
I
Se encontraba vomitando en el baño de su casa, no había ido ni un periodista ese día. En realidad se estaba atorando con algo que comió por no resistir la dieta de esta vez. Logró expulsar ese trozo de hamburguesa y vomitar más de lo que había en su estómago.
—Lindsey: Esto de haber sido estrella en este mundo… realmente no fue algo glamuroso —con un paño húmedo se limpiaba los restos de lo que expulsó.
¡Encantos! Ahora les contaré como llegué hasta este lugar… bueno, no creo que se pueda llamar lugar… podríamos decirle sitio temporal hasta que te arrastren a lo más hondo del planeta, ¡Ustedes entienden, corazones!
II
Recuerdo que todo esto empezó en Royal Woods, Michigan. Siempre competí en esos concursos de belleza infantil —hay veces que me pregunto si eso estaba bien— y mi rival siempre era Lola M. Loud.
En ese tiempo, mis padres viajaban mucho por motivos de negocios y yo tuve que vivir con una nana que me llevaba a los concursos. Me sentí muy vacía porque al compararme con Lola… —su familia y en especial ese muchacho de cabello blanco le daban ese toque de motivación— era demasiado inferior —recuerden que una pelirroja jamás gana a una rubia, nenes.
Cuando cumplí nueve años recibí la peor noticia que un niño puede recibir. Mis padres habían muerto en un accidente automovilístico por escapar de un arresto por tráfico de drogas. Estuve por muchos meses sin querer comer o salir. Finalmente, una tía paterna se hizo cargo de mí.
La suerte —¡y sí, nenes! La suerte sí existe— se puso de mi lado cuando mi padre retiró un poco de dinero de una cuenta en suiza y, por medio de una amistad, darle el dinero suficiente a mi tía para solventar mis gastos hasta mi mayoría de edad.
Tuve que dejar los concursos de belleza, aunque a veces hacía una que otra sesión fotográfica. Pero… lo que no me gustaba de esas sesiones era que a veces los tipos de la cámara nos pedían poses algo sugerentes —sinceramente no diría nada de eso si hubiese tenido quince o dieciséis, pero yo tenía diez años— y eso me incomodaba como a muchas niñas o niños. El problema era que la mayoría de los padres poco se preocupaban de eso por recibir el cheque ese mismo día.
Mi tía no soportaba —en la mayoría de veces— mi actitud caprichosa. Eso se acabó cuando mi tía me dijo que los fondos se estaban acabando —mi tía no me decía que su exmarido era un mantenido y le daba parte de mi herencia. La boba era amable, pero una arrastrada de primera.
Tuve que trabajar en cosas simples como ser asistente de la oficina del amigo abogado, ayudante en un spa o cualquier empleo bien remunerado y que no maltrate mi figura —aunque en esos empleos nunca faltaba el señor "cariñoso" o la mujer "comprensiva"—. Siempre me mantuve "profesional" para no causar ni un problema, corazones.
Las pasarelas me tentaban y más cuando vi a Lola Loud concursando por Royal Woods por enésima vez, y sin contar que se posicionaba para tener una carrera universitaria también. Si ella triunfaba, era obvio que yo debía hacerlo.
Pero todo cambiaría cuando me hice amiga íntima de ellas… Mollie Freilich, Mandee Taylor y Katherine Mulligan.
III
—¡Hey, acomódate! —dijo una chica sentada en el borde de esa banca larga.
Muchas aspirantes a modelo de una agencia estábamos por hacer el casting y poder escalar en ese glamuroso mundo. La chica era algo mayor que todas nosotras.
—Deberías bajar de peso —dijo con malicia una chica de al lado.
—Mira a la oreja hablando de burros —respondió esa chica de cabello rubio oscuro con aires de diva.
—Lindsey: Sí, ella era Mollie. Era una chica que entró a ese mundo desde los trece —se estaba acomodando en un sofá colocado en su balcón.
Me parecía gracioso el cómo se portaba con todos, ella se creía la reina de ese lugar porque cuando le tocó su turno comenzó a corregir a los fotógrafos, a los de iluminación y a la del maquillaje —si estuvieran allí podrían creerme al cien por ciento, muñecos.
—Muévanse rápido, queridos —lo decía con un tono gracioso.
Ella dividió a las personas allí porque a algunas les pareció una chica algo agradable y a otras les pareció muy detestable. Pero lo que sí era muy cierto era que en ese momento Mollie estaba perdiendo el interés por las agencias.
Solo tenía veintiún años y ya querían acabar con su no tan extensa carrera en las pasarelas. Esa rubia oscura tenía que agotar hasta su último contacto para mantenerse.
—Mollie: Ese maldito anciano y la niña quiso arruinarme porque lo deje plantado una noche hace dos años —se refería a Lord Tetherby. Estaba sentada en la cama de una habitación con unas gafas negras y una bolsa con cubos de hielo en un lado de su frente—. Fui su maldita favorita hasta hace dos años, pero como me puse rebelde… ¡Ya ni quiero recordar eso, niñas! —cayó de espaldas en la cama.
Fue mi turno y estaba un poco nerviosa porque era la audición para ser la modelo de la agencia Sharon Demonet —sí, el mismo nombre de la antigua dueña de la casa de Lola M. Loud—. Una chica rubia quería sabotear mi audición. Para su mala suerte, Mollie se dio cuenta de ello y la mandó a sacar.
—¡Sigue, querida! Yo me encargo de esta golfa —lo decía con una sonrisa pedante.
—G-Gracias —se sintió en deuda.
Solo tenía que estar en mi mejor ángulo, posar de manera deseosa y sonreír, nunca olvides que tu sonrisa debe ser algo que los hombres agrade y a las mujeres comunes desagrade. El cuerpo… los hombres no eran de esperarse al prestar más atención a eso más que a nada —y así es como los puedes tener a tus pies, pero también ellos te pueden manipular.
Mollie, tres chicas más y yo pasamos la audición, eso no me lo esperaba —siendo sincera, desde que me desligue de ese mundo parcialmente, pensaba en que ya nada podría ser lo mismo.
Iba a buscar a la señorita Mollie para agradecerle lo que hizo por mi frente a esa rubia oxigenada. Me di cuenta que salió del cuarto de limpieza algo despeinada y con un guapo muchacho.
—¡Hasta luego, encanto! —dijo Mollie con un tono seductor.
El chico solo sonrió y comenzó a arreglarse para entrar a la junta de los altos mandos de la agencia —no tenía que tener una maldita licenciatura en… en… en esa carrera para saber que ella se tiraba a cuanto chico con cargo pudiera.
Mollie me miró y se dio cuenta que me di cuenta de lo que hizo. Solo sonrió y se paró frente a mí.
—Muy bien, niña —empezó a inspeccionarme—. Tienes unas buenas medidas para tener dieciséis, seguro que cualquier juez o diseñador se acostaría contigo.
—¿Disculpa? —lo dijo un poco indignada.
—Nada de indignarse, fräulein —su rostro parecía observar despectivamente. Le puso el dorso de su mano frente a Lindsey—. Mollie, encantada de conocerte, linda.
—Soy Lindsey —no sabía cómo tomar la mano de ella—, mucho gusto.
—¿Primera vez en una audición? —preguntó mirando a todos lados.
—Sí antes solo… —fue interrumpida.
—¡Otro día me cuentas, nena! Tuviste suerte que Mollie estuviera contigo, esa maldita rubia oxigenada se cree la gran cosa, le di su merecido. No creo que se acerque a esta agencia en mucho tiempo —de su bolso sacó un celular y contesto mensajes.
—Muy bien… gracias por todo… creo que me voy —se disponía a salir.
—¡Oh, Dios mío! —estaba asustada— ¡No puedes escribirme eso! —miró con unos ojos lastimeros a la chica—. Encanto, tengo que presentarme en otra audición, pero mi compañera no va a poder darme el alcance, es para el papel en un capítulo de una serie de crímenes… seremos las asesinas en ese crimen, ¿qué dices? Solo ven conmigo, señorita —parecía que imploraba por algo muy importante.
En ese momento, no pensé que mi vida cambiaría por ese favor que el hacía a una desconocida que me ayudó. Pero no a cualquier chica le ofrecían ser parte un papel en un capítulo de una serie.
—Me encantaría.
—¡Nice, encanto! —buscaba algo en su bolso—. Vamos en mi Porsche.
Mi tía estaba en la casa de su exmarido, así que podía aprovechar en darme una que otra escapada a donde yo quisiese.
—Me llamo Mollie Freilich, soy rubia oscura, no soy una maldita castaña, que no se te olvide —lo decía mientras conducía con algo de imprudencia.
—Me llamo Lindsey Sweetwater y soy pelirroja no pelo naranja como muchos piensan —estaba algo asombrada por la manera en cómo se expresaba la chica.
—¡Mi cielo! Primera regla, la rubia siempre gana, y más si es rubia clara. ¿Acaso no has visto ese filme vintage de Los caballeros las prefieren rubias con Marilyn Monroe? —puso su rostro de horror al notar que se describía con simpleza—. Rara vez toman en cuenta a las modelos pelirrojas o pelo naranja, prefieren a las morenas antes que a ustedes, querida.
—Eso sí me sorprende, Mollie —ella nunca había pensado en eso.
—No pienses que siempre gano por mi cabello rubio, esas malditas oxigenadas se llevan lo mejor y si no son ellas son las estúpidas castañas —tomaba agua mediante una pajilla de su botella de agua mineral. Se mantenía conduciendo más serena—. Puedo sentir que no es tu primera vez en esto.
—Pues… sí, de pequeña siempre concursaba en la categoría de seis a nueve años en belleza.
—¿Eres de esta ciudad?
—Sí.
—¿Conociste a Lola M. Loud?
—Sí.
—¿Perdiste contra ella?
—Pues… sí…
—Entonces eres de las mías, mujer —dobló con brusquedad al final de la calle—. Esa pequeña sabandija se cree mejor que nosotras —miró nuevamente de pies a cabeza—. Sí… creo que ya te recuerdo… una vez fui a ver a Lola con Lincoln y su familia… quedaste en segundo lugar —se aparcó de improvisto—. Muy bien, solo sigue mis instrucciones y tendremos ese capítulo para nosotras —sonreía con confianza.
—Lindsey: Ya tenía todo arreglado, solo debía presentarse y ver a su "padrino". Era ese tipo llamado Doug, recordaba haberlo visto porque él fue junto a Michelle las personas que descubrieron a Lulu —con un abanico se hacía aire—. Solo memoricé bien unas líneas, no miré a la cámara y siempre actué de manera provocativa. Así le gustaban a Doug, no por nada fue el que le quitó lo inocente a Mollie antes que Lincoln cuando ella cumplió quince, nenes.
—Fue muy simple, niña —se echaba un poco de polvo en su rostro—. Le caíste bien a Doug, pensé que sería más difícil.
Estábamos en el tocador del set de grabación, la rubia estaba feliz porque salió mejor de lo que esperaba.
—En estas pocas horas que nos conocemos, has actuado como una gran amiga —se sentía mucha sinceridad en sus palabras.
—Lindsey: Mollie rara vez era sincera… créanme, niñas —no perdía nada diciendo la verdad.
IV
Me invitó a su casa —yo realmente debía ir a la mía, pero que una chica mayor que tú y con una personalidad de "hago lo que quiero cuando quiera" no se debe desperdiciar. Me dijo que vivía con una amiga que fue famosa años atrás en nuestra ciudad.
—Lindsey: Su nombre era Katherine Mulligan, la reportera ícono de Royal Woods… al menos lo era años atrás —buscaba un cigarrillo en su bata—. Ella empezó en el periodismo desde los veintidós, pero ya rondaba los sets de modelaje desde los quince. Su atractivo y actitud egocéntrica de hablar en tercera persona, le dieron un puesto en el reportaje y a veces en el set de las noticias —logró encender un cigarrillo.
Habían pasado diez años desde ese entonces, dejó el periodismo en el momento de su cima para hacerse un lugar en el mundo del modelaje. Le fue bien, pero al no ser una completa arrastrada… le duró a lo mucho unos cinco años de glamour.
Cuando su carrera estaba a inicios de la picada, conoció a la joven Mollie en el set de grabación de un comercial de perfumes, pero no se llevaron bien en un inicio —digamos que la rubia no es la mejor expresándose porque sin querer ser racista terminó siéndolo los primeros encuentros—. Le decía que ella podía hacer dúo con ella por tener un color de piel… algo… modesta, la otra le respondía que era mejor decirle que era negra y que eso la hacía perfecta para las audiciones en grupo.
—Cuando llegue Katherine, te caerá bien, ella es "hermana" —lo dijo con un acento de barrio negro.
No sentamos en el sofá de ella y me platicó mucho de ella. Después me observó bien, pero en su rostro se podía interpretar el asco que sentía, no por mí en sí, sino en la alimentación.
—¿Cuándo fue la última vez que fuiste donde el nutricionista? —preguntó la rubia asustada.
—Creo que desde hace mucho.
—¡Mi Dios! ¡Cariño, debemos ver uno! ¡Es muy urgente! —se sirvió un poco de licor—. No te puedo dar porque eres menor de edad… ¡Al diablo! Bebe un poco, querida —le sirvió en una pequeña copa.
Bebí con algo de dificultad, pocas veces he bebido a no ser que sea algo "festivo". No sabía nada mal.
Vivía en una casa de un primer piso, pero con un hermoso jardín y una decoración del interior muy envidiable. Ella me miraba fijamente.
—¿Piensas estudiar o dedicarte a esto, niña?
—No estoy muy segura, si puedo ser más sincera de lo que soy ahora. Por el momento quiero hacerme un nombre en esta ciudad, por lo menos.
—Eso es casi imposible, esta ciudad ya tiene uno, su nombre es Lola M. Loud, piensa en otro lugar.
Mollie me contó que Lola Loud la chantajeó con un secreto suyo e hizo que el año que compitieron juntas fuera muy difícil. Me dejó en claro que Royal Woods es solo un escalón para ser algo más. Habló sobre la publicidad y las agencias de modelos. Y lo más importante, me habló de la figura y la juventud —eso no era demasiado importante siempre y cuando tuvieras un respaldo o fama.
—Niña, lo primero es ir a un nutricionista, pero no a cualquiera, uno especializado en nosotras —hablaba con mucha confianza y esa sonrisa pedante suya—. No querrás ser una vaca toda la vida, ¿no?
—No pensé que me viera tan gorda.
—Descuida eso se arregla, si no es con un especialista es con la regla de los dos o tres dedos —se miraba en un pequeño espejo mientras le hablaba.
Pasamos muchas horas charlando sobre parte de nuestras vidas, hasta que llegó Katherine. Ella se sorprendió que Mollie llevara a una chica a la casa, usualmente era a un chico.
—¿Acaso ya bateas para nuestro equipo, rubia? —lo dijo algo asustada.
—No seas idiota y saluda a nuestra amiga Lindsey.
—Es un gusto —movió su mano derecha.
—Lo mismo digo… —miró a su amiga— ¿la llevaste a ella?
—Obvio, linda. ¿A quién más llevaría?
—No lo sé… a la primera chica que se te presentara.
Eso que dijo me hizo sentir como una herramienta, aunque básicamente fui eso hace unas horas, fui la excusa para que ella se mantuviera de personaje recurrente en esa serie.
—Pues… bienvenida a bordo, Lin... ¿te puedo llamar así?
—Por supuesto —le sonrió de manera amigable.
Las tres nos servimos las copas llenas y dimos un brindis por la naciente amistad. Katherine le dijo al oído a Mollie que quizás no dure en el modelaje.
V
Los mese corrían y me fue relativamente bien en la serie porque me llamaron para hacer de un personaje algo similar en un capítulo de otra temporada.
Lo importante era el modelaje, allí es donde todo importaba. Logré hacer cerca de tres comerciales de limpieza femenina. Mollie hizo cinco —los tres conmigo y otros dos de deporte y pastillas para dolores musculares.
Visitaba los fines de semana a mis dos nuevas amigas, las cuales solían estar con varios chicos en su casa —uno que otro siempre terminaba acercándose a mí.
—Lindsey: Mollie fue como una especie de protectora hasta que llegué a los dieciocho años de edad. No quería que ofreciera mi cuerpo en esos momentos como ella, decía que aún era del tipo que se deja llevar por unas bonitas palabras y terminan cargando con la criaturita. Mientras más corría el tiempo entendí el brillo y la oscuridad de ese mundo —cerraba los ojos.
Ya hacía comerciales de belleza femenina, quizás no era la que relataba su problema, pero el solo mostrar mis hermosas piernas, mis lindos pies, mi perfecta retaguardia y mi torso definido hacía que el dinero ganado fuera recibido con mucho esmero.
VI
Las cosas empezaron a subir de nivel cuando las tres nos mudamos a Nueva York —¡Sí! Sigue siendo increíble hasta en estos momentos, nenes—. Lo duro vino cuando la agencia Sharon Demonet fue más exigente.
—Lindsey: Allí sí fue lo más difícil porque era una nueva y última oportunidad para Mollie y Katherine, y mi primera y decisiva. Ellas anteriormente estuvieron en la mejor agencia que era la de Guil de Lily, de donde Lincoln sacaba los libros de modelaje para su hermana. Katherine ya estaba cerca de los cuarenta y Mollie tenía a muchos enemigos tras de ella —encendió otro cigarrillo—. Mi primera prueba, y las más denigrante, tener una cintura a la medida que ellos requerían.
Yo estaba en una sala donde había muchas personas mirándome fijamente. Unos hombres y mujeres se acercaron para que me diera vuelta y medirme con una cinta métrica.
—Necesitas perder unos cuatro centímetros para empezar, querida —decía la mujer que le quitaba la cinta.
—Exacto, tiene que ser para la semana que viene.
—¿Qué?
Suspiraron con resignación, sabían que siempre era lo mismo con las menores de veinte años. Le explicaron que así eran las cosas si quería modelar en las pasarelas que organizaban para marcas reconocidas. Se fue de allí muy pensativa.
—Eso no es nada, Lin —Katherine se lo decía con naturalidad.
—Eso es muy sencillo, solo que debemos estar dispuestas, nada más —Mollie le tomó el rostro a su pelirroja amiga y le dio una leve bofetada—. ¡Ánimo, nena! ¡Es hora de la regla de los dedos! —lo decía muy emocionada.
Esa maldita regla solo era ponerse un guante de látex y usar los dedos para intentar vomitar —eso era mejor que la anorexia porque no te volvería una trastornada sin remedio.
Primero intentamos con dos dedos directos a mi garganta, solo salió un poco de mi almuerzo y cena. Pero con los tres dedos de Katherine terminé vomitando hasta lo de hace dos días.
Eso más la dieta nos ahorraba el dinero de la liposucción, pero solo en casos de emergencia. Por eso hicimos una alcancía para ese caso, solo si realmente lo necesitáramos.
Logré lo imposible para las principiantes en ese mundo. Lo celebramos bebiendo y fumando poco porque necesitábamos estar preciosas para los siguientes días.
Katherine era la más avocada a mantenerse algunos años en ese mundo. Si lograba recuperar su fama probablemente le devolverían su noticiero o en alguna serie de televisión. No dudó en acostarse con las personas que pudiera para poder ser recomendada.
Esa solía ser una constante en distintos rubros, se necesitaba de contactos, y si eso no se pudiera —como en la mayoría de veces, queridos—, teníamos que recurrir a nuestros encantos de modelo.
Hasta para tener una mejor iluminación o mejor maquillaje —aunque es en vano con el maquillaje a no ser que fueras tan bonita y provocativa para encantar a un homosexual o mujer— tenías que dar tu recompensa aparte —no con todos, es más que obvio.
En ese tiempo me acosté con un chico que no sabía porque yo le pedía eso. Ambos pensamos mal del otro. Él se llamaba Skippy, era de Royal Woods, y estaba reuniendo dinero para estudiar mecánica automotriz. Se hizo un amigo cercano, esos de los que te pueden ayudar avisándote de cualquier cosa que suceda entre luces y tomas.
Mollie era la más avezada de las dos. No dudaba en acostarse con el tipo que sea, mayor o menor que ella. Pero la entendía porque sus amistades del pasado seguían poniéndole las cosas muy difíciles.
Cada vez que estaba para conseguir algo importante, siempre había un pero. ¡No es broma, señoritas! De cinco pruebas para algún comercial u oportunidad para modelar en una pasarela, en tres le decían que no era lo que necesitaban para esa campaña.
Algo que pasé por alto es a nuestra representante, su nombre era Mandee Taylor. Era una vieja amiga de Leni M. Loud y dedicada a ese rubro desde que Mollie cumplió los dieciocho.
Fue modelo reconocida, pero hubo un momento donde no pudo con toda la presión que ejercían sobre su cuerpo y su mente. Aunque no iba a dejar que fácilmente se llenaran sus bolsillos a costa suya.
Todo eso terminó por llevarla a meterse en la parte administrativa. Sabía muy bien cómo se mueve ese mundillo. Ella sí era castaña clara.
—Mandee: Esos idiotas creen que pueden ganarme, pues no. Decidí entrar a este mundo y me quedaré hasta que no pueda más. Sé las porquerías que se hacen aquí y sé que se gana demasiado. Solo necesito a unas tipas a las que debo representar —lo decía mientras se duchaba en su bañera y veía una película.
Mollie la tenía de representante porque no representaba una amenaza en la competencia de modelaje. Mollie realmente odiaba a las de cabello castaño.
—Muy bien, chicas —colocó varios documentos sobre la mesita de la sala estar—. Les conseguí unas entrevistas para este fin de semana.
Las tres estábamos limándonos las uñas y leyendo revistas de farándula, no le tomábamos tanta importancia a lo que decía. Eso la molestaba.
—¡Maldita sea! ¡Esto es muy importante para ustedes! —se notaba que no las soportaba.
—¡Relax! —Mollie se quitó sus gafas de lectura para estar más cómoda— ¡Nena, necesitas ir a un spa y relajarte! Te alteras y nos alteras a nosotras, castaña —todas apoyaron eso.
—Bueno… ahora que tengo tu atención y la de las demás… —lanzó un suspiro— Les conseguí una entrevista para una revista parecida a Cosmopolitan, pero que tiene cierta relevancia en algunos Estados —la miraron con desconfianza—. Su fama aumentará, ¿contentas? —trató de que no se confundan.
—¡Sí! —aplaudieron felices.
VII
La entrevista fue lo más chachi piruli que pudo haber en el mundo, creo que esa vez nos sentíamos tan importantes y felices como los líderes nazis en el poder —en serio, debieron ver a Katherine, la chica estaba muy excitada por aquello que se acostó con el maquillador de la entrevista. Creo que lo hizo creer nuevamente en las mujeres.
Otras agencias de modelaje nos requerían para algún spot publicitario o grabar algún comercial de crema embellecedora —sinceramente esa es la más grande farsa porque en sí se tiene que complementar con otros productos, y no necesariamente de esa marca. Por eso nos gastábamos un dineral en belleza, nenes.
Mollie no dudó en dejar su actitud infantil e inmadura de lado y dar una entrevista con cierto toque irónico y maduro. Me sorprendí de aquello. Eso era para demostrarle a la hermana de su exnovio, Lola Loud, que no podía arruinar su carrera.
Yo pensaba que mi rivalidad con Lola era la mayor, pero no… hasta llegó un momento en la vida de las dos que ya ni nos tomábamos en cuenta. Mollie tenía un historial de peleas detrás de las pasarelas con Lola. Yo no odiaba a Lola solo la detestaba un poco, pero fuera de todo era mi rival. Mollie la odiaba con toda su alma.
El problema era que Lola a veces jugaba sucio, eso no era algo que no supieran en los camerinos, sin embargo, ella lo hizo con Mollie porque la rubia oscura quería quitarle el lugar como representante de Royal Woods.
Cuando una chica terminaba de modelar el primer diseño, debía cambiarse rápidamente el segundo diseño porque siempre había alguien que podía tomarte una algo reveladora.
Mollie fue descuidada cuando tuvo diecisiete. Lola la chantajeó para que dejara de participar ese año para ir a la regional. Una chica de doce se impuso ante una casi mayor de edad. Eso no fue lo peor.
Ella tenía de mejor amiga en ese tiempo a Jordan Rosato. La chica no lo hizo a propósito, solo sucedió. Ella era la nueva novia de Lincoln Loud. Para Mollie fue la peor traición, aunque ella ya no tenía nada con Lincoln desde hacía un año.
Jordan por no saber cómo era realmente Lola, terminó por defender a la hermana de su novio porque creía que Mollie exageraba. Ahora entienden porque Mollie odia a las castañas. Jamás creyó que su antigua mejor amiga fuese competencia también, pero en el amor.
VIII
—Lindsey: Las cosas se acumulaban y a veces tenía poco tiempo para darme un respiro. Sentía que me ahogaba con los desfiles para nuestra agencia, entrevistas para diversas revistas o programas de televisión, infinitas sesiones de foto que solían ser una eternidad y más cosas que me llevaron a encontrarme con el mundo de los estupefacientes —dejaba la pequeña colilla de su tercer cigarrillo en el cenicero.
Estaba en frente del espejo del baño del camerino, no sabía que podía hacer, me sentía muy estresada y agotada por todo eso. Todas al inicio pensábamos que solo es saber caminar con un libro sobre la cabeza una, pero es más que eso, corazones.
—¡Hey, niña! —una chica le hablaba de afuera— Tengo lo que necesitas.
—¿Las ganas de retroceder en el tiempo y retractarme en mis decisiones? —fue muy sarcástica.
Abrí la puerta con fastidio, ella notó mi agotamiento y estrés con dibujar en su mirada algo de asombro.
—Nos quedan cuatro horas de sesiones —sacó de su bolso un pequeño paquete—. Inhala esto.
Yo noté que era algo blanco, y en menos de dos segundos me di cuenta que era droga.
—Lo siento… no soy una adicta.
—Niña, nadie dice que es necesario ser una adicta… —metió nuevamente el paquete y sacó unas pastillas— solo tómate dos y deja que la cosa fluya.
Las noté algo llamativas e inofensivas, no puedo asegurar qué pensaba en ese momento, queridas. Pero lo que sí puedo jurarles era que estaba muy desesperada por sentirme serena o tener una emoción positiva.
—¿Por qué me ayudas?
—Todas las demás están igual o peor que tú, es algo que aprendí con las de arriba —se refería a las modelos más cotizadas—. Solo no te dejes vencer, cariño.
—E-Espera, ¿cómo te llamas? No lo recuerdo, lo siento.
—Me llamo Chloe, un gusto.
—Lindsey: Esa chica de rasgos asiáticos era una maldita traficante. Volvió adicta a la mayor parte de las chicas de aquella vez —se levantó y procedió a recargar sus codos en su balcón para mirar el panorama—. Aquella vez me sentí más desinhibida… pareciera que podía hacer lo que tanto quisiera… lo que una chica como yo quería.
Me sentía entusiasmada y con ganas de hacer muchas cosas. Cuando nos mandaron a posar, me era muy imposible quedarme solo con esas órdenes, me sentía muy arriesgada a hacer de todo.
Les dije que necesitaba una y otra cosa, hice que los iluminadores pusieran las luces como yo las quería, la forma en que los trataba, más allá de esa expresión imperiosa, me dijeron que era mejor.
Dirigí a las chicas y les dije que deberíamos tomarnos fotos en determinado orden, lo cual solo era pura suerte de espontaneidad. A muchas personas de allí les gustó la dirección que tomaba. Me sentía como Mollie en aquella vez que la conocí —sentía que podía hacer lo que quería.
—Pensé que me había equivocado contigo, niña —Chloe se expresaba con alegría—. Nos tomarán en cuenta, especialmente a ti.
Yo en ese momento me sentía algo cansada, sentía que el furor se iba y ahora solo quedaba algo de dolor y cansancio.
—Sí… claro —la chica ya se iba, pero al detuvo—. ¡Hey, querida! ¿Tendrás más de esas… cosas?
En pocas semanas, llevé en mi bolso muchas pastillas y el "polvo de sueños" como le decía a la cocaína. Se las ofrecí a Mollie y las demás. La castaña se mostró negativa ante lo que les ofrecía Lindsey.
—Mandee: ¡Esa maldita bruja estaba loca! —salpicó agua de su bañera al piso— Mejor dicho al final sí estuvo loca, pensé escucharían mis palabras y que sería algo que solo usaría para casos extremos como la liposucción de Katherine… Pero no, ellas no escuchan más que las tonterías que salen de sus pequeños cerebros —quitó de la pausa a la película que miraba.
IX
Dejando por estos momentos en segundo plano lo de las drogas, se iba a celebrar un evento de modas en el Madison Square Garden en las semanas que venían. Muchas agencias desfilarían las prendas del otoño. La noticia ya tenía casi tres meses.
En el departamento, Mollie estaba vomitando, no por querer bajar unas tallas, no era eso. Lola M. Loud estaría allí y como la modelo más cotizada para ese momento.
El evento nos daría para sorprendernos a la belleza revelación de esta época. Personas que estaban en ese evento nos daban la pista de que Lola Marie Loud sería aquella persona. No es que lo dijeran en sí, pero hace días se estaba confirmando con casi cien por ciento de seguridad aquello detrás de las pasarelas.
—¡Esa sucia mocosa no arruinará mi paso a la fama! ¡O sea… Hello! Ya nos la cruzamos en anteriores eventos, pero esto… ¡¿Con cuántos habrá tirado?! —se expresaba de manera despectiva.
—Con muchos, amiga. Eso te lo aseguro —le daba la razón Katherine mientras se pintaba las uñas con esmalte carmesí.
Podríamos decir que Katherine estaba feliz porque estaría como persona invitada en el desfile. Todas tendríamos menos de treinta allí, y que la llamen para que sea partícipe de ese evento… debía ser que su regreso a las pantallas sería pronto.
—¡Nenas, no debemos desconcentrarnos! ¡Ánimo! —la pelirroja les quería borrar la expresión de enojo.
—Lo que sea, pelirroja —dijeron al mismo tiempo las dos.
Mandee entró con su paraguas húmedo, lo dejó en un perchero al lado de la puerta. No nos saludó, se sentó al lado nuestro y encendió la televisión para sintonizar TMZ.
—Y yo que pensaba que la chica tenía algo de neuronas —el chico hizo que todos carcajearan—. Pero seamos serios, ¿es verdad? —dejó su risa de lado para estar serio.
—Imágenes mandadas desde Royal Woods nos detallan un poco del vientre algo prominente de Lola —una conductora dijo con asombro mientras mostraban imágenes de la rubia con aquello dicho—. Se puede apreciar al lado a su representante y hermano, el cual se muestra tratando de evitar ser visto con ella —lo decía porque ambos estaban con capucha y lentes negros.
—Tal parece que Lola no estará en el evento, y claramente ella era la que iba a portar el sujetador más caro creado hasta el momento, con esto se confirma que ella era la revelación —otro conductor.
—Ya está al ojo de todos, abortar no sería una opción, no cuando apoyó una causa por las madres de África —decía la misma conductora.
—Una oportunidad como esta no se presenta, pero el verdadero motivo es por qué ocultarlo —eso dejó a todos pensando.
Mientras todos los del programa daban sus posibles teorías sobre el embaraza de Lola como buitres, Mollie no hizo esperar sus comentarios ácidos.
—¡Se lo merece por zorra! ¡Por eso las rubias claras son estúpidas! ¡Su cerebro es del tamaño de una goma de mascar que sacaba su hermana Lana de la basura!
—Oye, chica, no es para tanto, está esperando un hijo —le reclamó Mandee con severidad.
—¡Ese hijo puede ser de cualquiera! ¡Eso es más que obvio!
—Ya déjala, rubiecita. Ella ya está fuera, ya no te preocupes —Katherine le pidió comprensión.
—¡Es más! ¡Puedo apostar hasta que pudo ser tan zorra que el hijo que espera es de mi Lincoln… ¡Digo! De su hermano.
—Voy a cambiar de canal —dijo Lindsey tomando el control para tratar de hacer que ella se mantuviera en silencio.
—Pueden poner otra cosa, corazones… pero no dejaré de burlarme por su salida de las pasarelas… por algo lo ha hecho en secreto… puedo estar segura que Linky la engrió tanto que le permitió cogérselo. No tengo pruebas, pero tampoco dudas.
—Lindsey: Seguiría toda la noche hablando sobre Lola. Lo que en realidad venía era el ápex de nuestra carrera en el modelaje —lo decía mirando el hermoso jardín de un vecino.
X
Vestir Gucci, Versace, Prada, Balenciaga, Louis Vuitton, Zara y muchas marcas más era algo deslumbrante, y más cuando se lo mostrabas al público. Solo duraba lo de la pasarela, se debían devolver —pero siempre se podía negociar por esas prendas tras bastidores, linduras.
Modelar al lado de Mollie era de las cosas más reconfortantes y divertidas, ella y yo hacíamos la pareja perfecta. Esa vez nos pedían fotos para ponerlas en primera plana. Posábamos como si estuviéramos en nuestros dulces dieciséis.
Después de ese evento, nos llovieron ofertas de todo. Mandee tuvo mucho trabajo con las tres porque Katherine fue llamada para protagonizar una serie de crímenes al estilo NCIS o CSI.
—Katherine: Yo tenía fe en que nos fuera muy bien, y así lo fue… ojalá ellas hubiesen tenido mi misma fe o esperanza de no recaer —lo decía mientras estaba de turista en una isla europea al lado de su esposo—. Yo sinceramente no tenía la misma ambición que ellas dos… ellas no se llevaban tanto y aún se podían quedar en ese mundo… para mí… ya no había nada… esa fue la primera y última vez que me llamarían para un evento así —se notaba algo triste.
Pasaron los años y me volví alguien muy requerida en ese mundo, como también Chloe fue requerida por mí… más que nada lo que ella vendía. Ella lo tapaba con la tapadera de ser una modelo que tenía de hobby cocinar postres, y que también era una de sus pasiones.
Antes de la pasarela y después de la pasarela inhalábamos un poco de cocaína o éxtasis o metanfetaminas. Mollie separaba las partes del polvo de sueños, a veces se excedía.
Teníamos que controlarnos, pero a veces era imposible. Lo malo era que nos despeinábamos o quedábamos con el maquillaje arruinado.
Tenía veintiséis y ya era requerida en audiciones para menores y para chicas de dieciocho. También Mollie, pero ella prefería ignorar eso y meterse en el espectáculo y crear una que otra noticia falsa, solo por puro sensacionalismo o amarillismo.
Me llamaron para una audición en Hazeltucky. Llegué y no me quite las gafas porque lucía muy fatal —nadie podía verme así de horrible, nenes.
Las audiciones fueron de lo más normal, no había algo que resaltar, sinceramente pensaba que el talento se estaba diluyendo con los años. Pero algo llamó mucho mi atención.
Antes de salir, vi a una niña rubia queriendo ser obligada a ir con uno de los jueces de esa audición. Tuve que intervenir para que no llegue a mayores. No iba a hablar porque sabía que ese tipo tenía contactos. La mayoría de nosotras sabíamos sobre el abuso de menores, pero era mejor callar porque entrometerse en esos asuntos era una muerte en las pasarelas y hostigamiento seguro en tu vida. Solo me llevé lejos a esa niña en mi coche.
—Gracias, señorita.
—Sí… ¿Dónde vives? ¿Dónde están tus padres? —le pregunté algo fastidiada.
—En mi casa.
—Claro… ¿dónde queda y dónde está tu familia?
La niña suspiró con tristeza, necesitaba tomar valor para contarme que escapó de casa para seguir sus sueños de ser una modelo como una de sus hermanas mayores
—Tienes que saber que en esta profesión nada es tan fácil como parece… hay que tener buen criterio y buen carácter... en su mayoría de veces.
—Lo sé, pero… al ver a mi hermana mayor entre las mejores… pensé que quizás yo podría aspirar a aquello.
—Ella debió ser una gran inspiración para ti.
—Lo sigue siendo… aunque haya cometido cosas… todos cometemos errores, ¿no?
—Nadie te lo va a negar —de repente le picó el bicho de la curiosidad—. ¿cómo se llama ella?
—Seguro que has escuchado de ella, se llamaba Lola Loud.
Frené de manera intempestiva y la miré con asombro. Después de Lola estaba Lisa y…
—¿Lily? ¡¿Eres Lily?!
—Claro, soy yo —respondió algo asustada.
—La última vez que te vi eras una bebé —aceleró nuevamente.
—Todos dicen eso… y eso es por lo que quiero ser modelo, todos en mi familia son reconocidos… menos yo. Por eso nadie me reconoce cuando estaba al lado de ellos, lo único bueno que hice hasta ahora es ser una maldita bebé —se notaba muy deprimida.
—Lindsey: La rubiecita de cabello corto me generó algo de empatía, lo de ella era aún peor porque tenía que cargar con la superación de la valla impuesta por sus hermanos. Lily sería la que indirectamente llevaría a parte de nuestro mundo por la borda —encendió otro cigarrillo.
XI
Acordé con sus padres en ser su tutora, se impresionaron de que la antigua rival de su hija Lola fuera la que guiaría a Lily en ese mundo.
Mollie no quiso tener a la hermana de esa bruja en nuestro departamento, pero meses después lo aceptó para poder saber más cosas de la estúpida rubia.
Lily nos contó que su hermana Lola vivía alejada de todo eso, criando a su pequeña Leia. No nos dijo ni siquiera la descripción del padre, pero eso no era necesario mientras su hermano cuidara de ellas. Eso me pareció sospechoso a mí, pero Mollie ya había sacado sus conclusiones.
El tiempo pasaba y Lily pudo estar en los mejores lugares, le ahorramos toda esa explicación de como obtener lo mejor en las audiciones o en las sesiones de la agencia Sharon Demonet u otra. Le prohibí a Mollie hablarle de la regla de los dos o tres dedos. Había mejores métodos tanto naturales como artificiales. Y ese fue un gran error, negarle experiencias duras en este mundo.
Ella no llegó a conocer a Katherine Mulligan porque ella se había casado hace tres años con el hijo del dueño de una cadena televisiva de este país. Su boda fue en una isla del caribe y su vida se trasladó a Italia. Mollie lloró mucho durante tres meses porque una de sus mejores amigas se iba para consolidar una mejor vida. Su amiga morena se iba. Ya no serían esclava de ébano y esclava de marfil… sí, aún no dejaba sus desatinos racistas. Ambas se iban a extrañar mucho.
Pasaba el tiempo y Mollie ya hacía comerciales siendo ella la protagonista de aquello o era llamada como yo a ser jurado en pasarelas u otro formato. Pero ella no dejaba el amarillismo de lado, decía que eso la hacía sentir muy importante.
Tenía derecho a portarme como una persona muy importante, pero no abusar de ello —lo admito, fui malita algunas veces, dulzuras—. Lo peor de mí se notaba cuando no había inhalado cocaína o tomado alguna que otra pastilla.
—¡Derecha, hombros atrás, nena! —decía con autoridad la pelirroja—. ¡Esto es una pista de modelaje, no una subasta de esclavos! —tenía un capuchino de Starbucks en su mano derecha.
Lo que hacía por Lily, en cierta forma, cubría por ese tiempo todo lo turbio que salía de alguna que otra que yo hacía fuera de las pasarelas. Acostarme con hombres para favorecer de cierto modo a mi protegida. Claros signos de haberme drogado en varias fotografías que mostraban en programas, en la red y revistas. Implicación en robo y transporte de piedras preciosas.
Tengo que aclarar que antes de introducir de lleno a Lily en este mundo, Mollie y yo nos metimos en transportar diamantes o cualquier piedra preciosa para el extranjero. Nos las colocaban en el cabello, el cual tenía una forma precisa para que no sea inspeccionado y no se perdieran —fueron muy listos los tipos—. Otras veces las colocaban en los interiores de nuestros bolsos o cualquier accesorio.
XII
Ya tenía mis treinta años y me era difícil creer que haya llegado hasta allí. Pero no estaba contenta porque mis medidas ya no eran las mismas de antes y la regla de los tres dedos no era suficiente.
Lo que cambió en ese tiempo fue el comportamiento de mi protegida. Lily a espaldas de mí se metió en las drogas y comenzó a tener el comportamiento prepotente de su hermana.
—Lindsey: La tonta rubia no se acoplaba al verdadero mundo de las pasarelas… debí dejar que se tirara a alguien… como me dijo Mollie en aquel entonces… —se sentó de mala manera en su sofá.
¿Alguna vez se preguntaron que sucede con las que no llegan tan alto como nosotras, pero aún así se mantienen cotizadas? Las chicas sin pasaporte las suelen llamar.
A veces la misma agencia les ofrece algo parecido a —queridos, no seamos inocentes, ellas se convierten en prostitutas del mundo y de los millonarios— ser una acompañante.
Viajan en transporte privado, no suele haber necesidad de revisar el pasaporte. Recuerdo que me ofrecieron una vez para hacer aquello, pero Mollie me dijo que una vez que estás allí, la agencia no te dejará libre porque el requiera no te dejará tranquila y es como un efecto expansivo. Todas las personas importantes te llamarán y tenía que despedirme de mis ganas de seguir en una pasarela seria.
Lily se fue con unas amigas y Chloe con unos malditos jeques árabes. Skippy me avisó un día antes de la partida. Yo la busqué, pero no la encontré con ninguna amiga, fue por Chloe misma que me enteré que Lily estaba con ella porque hizo una videollamada conmigo mientras estaba en una piscina con los árabes y Lily ya estaba besándose con el príncipe.
—¡Espera a que vengas a USA, pequeña zorra! —se escuchaba muy furiosa.
Chloe cortó la videollamada. Esa maldita asiática desde hace tiempo que está siendo investigada por el FBI y unían los lazos de una parte de la mafia japonesa con ella.
En los últimos años ya no le compraba tanta mercancía a ella porque Skippy me contó que unos tipos que eran agentes del FBI le hicieron muchas preguntas, y varias de ellas tenían que ver con Chloe.
La agencia quería que hiciera una campaña con varias modelos en fase de retiro, claro que yo todavía podía seguir, pero eso era algo muy directo. Yo adquirí cierto poder en la agencia, no por acciones o esas cosas por el estilo, nenes. Ellos sabían que tenía muchos contactos y amigos, no tanto en los más altos cargos. Eso sí, las principiantes eran como mis adeptas, era su consejera al lado de Mollie.
XIII
—¡Cálmate, solo fue un viaje!
—¡No, no es eso! ¡Es tu maldita carrera!
—Me hice amiga del príncipe, es mi primer contacto, vieja.
Ella se estaba portando de manera irrespetuosa, Mollie no decía nada porque en sí era mi problema por no dejar que ella misma consiguiera lo del principio. Más que aconsejarle, le facilité todo.
—El príncipe es amigo de cualquier mujer que le haga una maldita felación, ¿no entiendes eso?
—Pero yo se la hice dos veces, jaque mate —se fue a su habitación con aburrimiento generado al escucharla.
Se iba de manera rápida y sin preocupaciones. Pero Sweetwater no había terminado con ella.
—¡Hey! ¡Nos falta hablar sobre esas cositas que inhalas! ¡Vi los vídeos de Chloe, no digas que no!
—Pelirroja, te lo dije la primera vez, las rubias siempre ganan.
—Pero ella se está perdiendo.
—Ganó que gastaras tu confianza en ella, ganó un rápido ascenso en nuestro mundillo, ganó poder zafarse de tu cuidado, ¿quieres que siga, linda?
—No, con lo primero bastaba.
—Bueno… dame un poco de polvo, ayer no tenía nada.
Nos fuimos a su habitación a inhalar un poco de aquello y conversar sobre nuestro cierre de carreras. Estos años se pasaron de manera veloz y el retiro estaba en un abrir y cerrar de ojos.
Con lo que la agencia nos mandaba hacer… lo más probable es que nos mandaran lejos. Mandee no podía hacer tanto contra esas decisiones porque nos iban a ofrecer peores cosas o nada. Teníamos que aceptar y tratar de que Mandee viera que nos den un retiro digno.
XIV
—¡¿Qué?! ¡¿Perder siete tallas en menos de dos semanas?!
—Encanto, podemos expulsarte y traer a las jodidas europeas, y te aseguro que esas malditas escandinavas manejan al revés y al derecho la forma en que moldean su masa corporal —le explicaba la jefa de la agencia.
—¿No hay una forma más civilizada? —cuestionó la castaña.
—¿En serio? ¿Tú me lo preguntas, Mandee? —lo dijo con mucha ironía.
—Está bien… déjame hablar con Lin —se la llevó a fuera de la oficina.
Tuve una seria discusión, Mandee me dijo con seguridad que de aquí en adelante tenía pocas oportunidades. Tenía que volver a la liposucción y el método que sea necesario para permanecer. Eso que no cuento mi problema con Lily y su rebeldía.
—¿Estás segura? —preguntó Mollie— Hace mucho que no te haces una.
—Pero esas no fueron la gran cosa, la de este momento es necesaria, querida —respondió Lindsey decidida.
—Yo no opino —agregó Mandee.
—Pero primero dame un poco del polvo —le dijo a Mollie.
Mandee se fue de allí porque no le agradaba ese problema que estaba agravándose en nosotras. Nos volvimos muy adictas… mejor era decir que éramos dependientes de ello para poder hacer algo.
Íbamos a un desfile, participábamos como jurado, antes de una entrevista, el solo despertarnos… todo empezaba con una buena raya blanca. Lo peor era que Lily se metió de lleno en eso y empezaría semanas después de mi fallido intento por mantener las tallas.
XV
La pequeña bruja estaba en una fiesta de los hijos de unos políticos desde hace dos días en las Bahamas. Se estaba inyectando de todo e inhalaba cocaína sin parar.
Ya no quería ser modelo como Lola, ese mundo de ser una modelo sin pasaporte le atraía más, pero más que nada por la mala compañía. Chloe no velaba por ella como yo lo hacía, pequeños.
Regreso con Chloe y las demás a Nueva York, pero a Lily le dio una sobredosis de tantos estupefacientes. Chloe llamó rápidamente a una ambulancia a su casa para su amiga. Eso dio pie a algo que se esperaba desde hace tiempo para algunos.
En ese momento de desesperación, el FBI procedió a allanar la casa de Chloe y descubrió muchas maletas con drogas que no aparecían en ningún registro de equipaje de aeropuertos. Por eso se hizo una chica sin pasaporte.
No solo eso, Chloe estaba muy ligada a una red de prostitución de menores que también tenían que ver muchas agencias de modelos. Sharon Demonet fue una de ellas.
—Lindsey, cuando escuches esto quiero que sepas que Lily está en el hospital y en una situación grave. Chloe y varios de los altos mandos de la agencia han sido detenidos e implicados en prostitución de menores… llámame cuando escuches el mensaje —ese mensaje dejó Skippy a la grabadora de voz de la pelirroja.
Mollie y yo estábamos acostadas en la cama, ella estaba en lencería y su servidora estaba con un bikini. Nos drogamos tanto que jugamos a ser modelos de Victoria's Secret.
El FBI nos intervino, se quedaron estupefactos ante tal escena, pero eso no era lo peor. Al registrar mi habitación, encontraron un pequeño bolso lleno de droga; al registra a la de Mollie, un pequeño bolso de diamantes.
El caso de la agencia Sharon Demonet y la demás giró por todo el mundo. No todas éramos culpables, pero sí nos dejaron como personas que eran culpables.
Lo que sí es que nos iban a mandar un buen tiempo a prisión, pero prevaleció la defensa de nuestros abogados que Mandee nos contrató. Nos mandaron a rehabilitación cerca de dos años.
Lily despertó después de unos cinco días de inconsciencia. Su familia se hizo presente y el FBI pidió testimonios para aclarar algunas cosas. Por suerte que Lily nos delató, creo. Solo dijo que la droga ya estaba en las fiestas que organizaban.
—No pensé que mi retiro fuese así.
—L-Lo siento.
—No te preocupes rubiecita. Creo que es mejor pienses en que será ahora de tu futuro, y no todo es brillar.
—L-Lo tendré en cuenta.
—Ignora la camisa de fuerza.
Me había ido a visitar a mí y a Mollie después de un año. No estaba feliz con todo lo que siguió. Nadie estuvo feliz. Ni siquiera Mandee.
Katherine al enterarse quiso regresar, pero su esposo le dijo que no podía ganar mala fama y que era mejor esperar a que nos rehabilitáramos. Estaba en contacto con Mandee.
Todo parecía haberse acabado en ese momento, por lo menos lo que tenía que ver con modelar en una pasarela.
XVI
¿Qué hace una modelo cuando está cerca del retiro? Algunas optan por casarse y tener una familia, otras optan por mantenerse ligada a ese mundo y de ahí que salgan revistas de moda y farándula, otras se mantienen dentro del mundo y en puestos clave.
Mandee se mantuvo siendo nuestra representante, pero nos consiguió, más que nada, entrevistas para saber sobre el mundo de la moda y mi opinión sobre los centros de rehabilitación.
—Creo que son la peor porquería del mundo, pero funcionan… ya no soy adicta —expresaba Mollie en vivo en un canal.
—¿Y usted qué puede decirnos, Lindsey?
—Pienso que el mundo de la moda… es algo que solo las rubias dominan al revés y al derecho su peso —lo decía tan convencida que poca gente del público de ese programa se lo tomó en broma.
Los años pasaban en todo, procuramos conservar nuestra figura. Pero algo que la regla de los tres dedos y las rutinas no reparasen.
Logré casarme con un hombre mayor que yo por veinte años que recibió una enorme fortuna debido a una parte de una herencia que le pedía estar con pareja.
Mollie no sabía qué hacer con su vida en ese momento. Tenía dinero, no le interesaba un chico en específico, pero ya no tenía a sus amigas.
Eso lo resolví de la manera sencilla, la ayudé a mudarse a un par de casas a la mía. Ese lugar era para personas muy adineradas.
—Lindsey: Últimamente ya me quiero desligar del mundo del glamour, pero mi amiga Mollie me sale contando muchas cosas de allí que se entera por amistades —se dio cuenta que estaba atardeciendo—. Mi esposo salió de viaje hace horas, él siempre dice que tiene trabajo con inversionistas extranjeros de Europa, pero ese cuento ya me lo sé —se notaba enojada—. Se casó conmigo porque la herencia no iba a ser heredada si se casaba con una mujer que su familia no quería… y justo ella es su amante —suspiró de tristeza—. La adicción solo se trasladó a los cigarrillos que logran tenerme calmada, pero… no me quejo, tengo todo lo necesario para seguir sintiéndome como una modelo… tengo el pasado y solo mis arrugas y cabello blanco acabarán con mi pasión por las luces… luces que no acaban —se escuchó el sonido de un auto entrando a la casa—. Ahí está el chico que me sigue iluminando.
Del auto bajó el tipo que conducía para mi marido y era casi hombre de confianza cuando él se iba de viaje.
—Buenas tardes señora Lindsey.
—Buenas noches señor Skippy.
Nos sonreímos de manera cómplice, no era necesario todo un ritual para nos acostáramos día y noche sin parar —aunque a veces quería sentirme importante, queridos.
—Me encanta tu gorra, querido. Está bien chachi —le expresó la pelirroja.
—Pues gracias… señora —lo decía de manera seductora.
Yo solo me acosté en la cama esperando que se lanzara y le hiciera el amor a Lindsey Sweetwater, la modelo más requerida en algún tiempo atrás.
—Mollie: Me encanta que Skippy me haga primero el amor y después vaya satisfecho donde Lindsey… ¡¿qué?! Las rubias siempre obtenemos todo, no es algo a propósito. De manera natural nos persiguen las luces, la fama y el glamour. Eso es todo, nenes —terminó aquello colocándose la bolsa con hielos por debajo del vientre, eso le calmó solo un poco lo excitada que le dejó aquel muchacho.
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Me faltó aclarar que la llamo Mollie Freilich y Mandee Taylor por integrantes del Staff. Usualmente complemento los nombres de personajes con apellidos del Staff de TLH (ya que varios crean personajes como ellos en apariencia y que aparecen en diversos episodios).
