Durante el mes de diciembre, Enji Todoroki sentía mucho frío, más que la mayoría de los miembros de su familia, dados los quirks de sus tres hijos y su esposa, las venticas les proveían de vivacidad extra que en ocasiones solía escucharse cruzando el jardín cubierto con una leve sábana blanca de nieve, algunas flores terminaban quemadas por el frío pero en general las que perduraban bajo esos pequeños cristales helados siempre le saludaban con un rostro agradecido, el calor natural del cuerpo de aquel hombre siempre lograba llenar una habitación, no obstante en esas épocas prefería mantenerse bien abrigado. Su corpulencia era notable, de enorme espalda y estupenda altura, aquella casa tuvo que ser construída pensando en que era mucho más alto que el promedio de hombre japonés y que alguno de sus hijos podría heredar esa genética.
No obstante, Enji Todoroki tenía que atravesar algunas puertas ladeando ligeramente el cuerpo debido a sus anchos hombros. Se notaba a leguas que era pura fuerza bajo ese abrigo, y su cabellera rojiza que siempre resaltaba la palidez de su rostro solía verse opaca en esa época del año. El Héroe de las Flamas en invierno no era el de mejor humor en el mundo.
Se encontraba sentado mirando al Jardín de la casa, pues en épocas decembrinas sus hijos siempre preferían tener algo de frío corriendo por sus habitaciones, se abrigaban lo suficiente para no enfermar pero en general lo hacían para dormir en una casa cómodamente fría, su primogénito, Touya, que por entonces tenía 11 años apenas, compartiendo su quirk de fuego con él e incluso pudiendo hacerlo arder con mucha más temperatura se veía mucho más sano y fuerte en el frío. Por razones que ninguno de sus padres entendía, aún así Enji sentía enorme orgullo por el poder que su hijo estaba cultivando. Pues era el único que sentía el mismo ánimo por ser un héroe que su padre.
Enji no fue nunca un tipo de efusividades, era tradicional y atenido a lo que consideraba su deber, confiaba en los papeles familiares, en el equilibrio y la responsabilidad. No era la clase de hombre que se adapta rápidamente a las cosas, no era la clase de hombre que sabe relacionarse cariñosamente con el mundo, mirando a las canalones que colgaban por fuera de la casa, hechos para desviar la lluvia del techo en verano, estaban llenos de escarcha y se le ocurrió que eso le estaba pasando bajo la carne también.
Solía ser del tipo absorto, aunque no tenía mucho en qué pensar ese día, se encontraba guardando energías pues sabe que en esas fechas su familia siempre espera con ansias una visita especial que han recibido prácticamente desde que Touya era un niño pequeño, y conforme más crecía, más gustaba de hablar de lo que pasaba cuando Él iba a la casa.
— ¡Otōsan! — escuchó la voz púbere de su hijo llamarlo desde el otro lado del pasillo, tenía una bandita en el rostro y la camisa mal abotonada — ¿Estás listo? — sonaba impaciente, más como exortándolo a que tomara mayor actividad pues desde hace horas lo veía desviando la mirada hacia el reloj de pared instalado en lo alto del comedor, él que nunca fue del tipo dispuesto a ayudar en la cocina, pasó gran parte de la tarde metido ahí, haciendo a su madre perder esa enorme paciencia templada suya.
— Aparentemente tú no, ven, te voy a arreglar la camisa — el niño, sacudiendo lo brazos y echando miradas a todos lados cuestionó varias veces a su padre.
— ¿Va a venir este año también? —.
— Pues eso me dijo —.
— ¿Llamaste para recordárselo? —.
— Créeme, no necesita eso — le aseguró a su hijo tranquilamente.
— Natsuo estaba muy impaciente, le dije que se calmara — la determinación con la que Touya sentía que dirigía a sus hermanos siempre le conmovió, aunque no se notara la mayor parte de esos sentimientos en él, eran perpetuos y sinceros.
— ¿Ah sí? ¿También tiene la camisa hecha un desastre? — una vez terminó de reparar el atuendo de su hijo mayor, detrás de él aparecieron otras dos cabelleras blancas y emocionadas, Fuyumi y Natsuo habían nacido con pocos años de diferencia con Touya, y tenían los dos quirks de hielo mucho menos potentes que el suyo; en parte eso le causaba gran alivio.
— Papá, ¿cómo nos vemos? — en las fechas anteriores al año nuevo sus hijos solían ponerse ropa que ellos consideraban especial, los hombres usaban trajes negros simples y las dos mujeres de la casa usaban yukatas con diseños de garzas blancas a pleno vuelo o de copos de nieve, aquella tela era predilecta de la familia Himura, la ascendencia de su esposa, y sabía que siempre sería con la que vestiría a su hija.
— Excelente, Fuyumi, Natsuo — les felicitó, a pesar de amable de sus palabras su gesto siempre era bastante severo, en casa ya se habrían acostumbrado a ello, parecían entender que tal vez el papel de su padre no era el de ofrecer una sonrisa a menudo.
Sabe que ello no podría importarles menos, ya que...
— ¡Enji, es el timbre! ¿Quieres que vaya a abrir? — el sonido de la campanilla sonando un par de veces detuvo a sus hijos en seco, para disparar el sonido del golpeteo de pasos infantiles apresurados hacia el amplio genkan de la casa, que era el sitio anterior a la entrada.
— ¡Abre! Yo en seguida voy — respondió y se levantó para acomodarse el cuello de la camisa.
El héroe de las flamas anduvo con paso calmo desde ese extremo de la casa al otro, sus hijos anduvieron con pasos veloces hasta que daba paso al engawa, o pasillo que conectaba un lado de la casa con el jardín. Vio sus sombras surcar los muros, y estas parecían diminutas al lado de la suya que podría bien cambiar el color de todo el jardín con el sol en la posición correcta.
Escuchó la risa de su esposa al otro lado de la casa y asomando desde un extremo del pasillo, el pensamiento recurrente de "¿por qué hacer tanto alboroto?" se le esfumaba un poco de la mente.
( ... )
Sostenía en sus manos una caja adornada que objetivamente no era precisamente pequeña, sino que sus manos eran ridículamente grandes. Aquella casa era alta e imponente, diseñada como los hogares de la alta sociedad japonesa hace cientos de años, con ciertas adecuaciones al mundo moderno. Siempre le pareció curioso cómo Endeavor se había resisitido tanto a la occidentalización del entorno, en comparación a él que muchas veces parecía mucho más americano que japonés.
Toshinori se vio en la pantalla diminuta de su celular para observar su peinado, fuera del trabajo no usaba ese característico copete en alto con dos puntas en forma de V, su cabellera dorada era lacia y no precisamente tan vistosa como en la televisión, tan solo recogida en una coleta hacia atrás dejando caer dos mechones a cada lado de su rostro bronceado. Al tocar el timbre de aquella casa una emoción dichosa escaló por su cuerpo y de pronto se encontró con el rostro de Rei, la esposa de Endeavor, era mucho más bajita que él, una mujer pequeña físicamente, de rostro apacible y cabellera blanca como el algodón. Usaba un yukata de tonalidades grises con una cinta roja color vino en la cintura y el cabello recogido en alto.
El Héroe Núm.1 casi nunca veía a otras personas tan de cerca, y le era difícil disimular su emoción.
— ¡Ya estoy aquí! — la radiante sonrisa del Símbolo de la Paz pareció hacer que un sol brillante derritiera ligeramente la nieve en esa calle.
— Yagi-san, qué alegría de verte , llegaste algo temprano este año — con una sonrisa gentil recibió al hombre que era tan o más alto que su esposo, al punto en que tenía que dar un par de pasos hacia atrás para encontrar adecuadamente sus ojos. Le dejó entrar, y señaló al rincón donde podría dejar sus botas y se colocaría un par de pantunflas, él y su esposo tenían tamaños similares de casi todo el cuerpo, por lo que eran los únicos que las usaban similares.
— ¡Ha-ha! vine tan rápido como pude, tuve que escaparme de la prensa un momento ¡oh! disculpa, traje esto, no quería llegar con las manos vacías... — le entregó la caja, elegantemente decorada que contenía unos postres pequeños y coloridos — ...te ves muy bonita por cierto — le murmuró bajando su rostro un poco por el nivel del rostro de la mujer, quien aceptó su cumplido haciendo una pequeña reverencia, regresando el gesto de forma algo juguetona (no porque ella fuera así regularmente, sino porque ese hombre siempre parecía contagiar cierto ánimo positivo en todas las personas).
— ¡Wagashi! No te lo dirá, pero a mi esposo le encantan estos dulces, nunca le duran, y te lo agradezco, Yagi-san ... —.
— Lo sé, lo conozco bien ... — él regresó el gesto, bajando la voz y ampliando una risa de satisfacción antes de recibir una advertencia corta por parte de la señora de la casa.
— Oh-oh, cuidado Hiro-dono, que alguien le vigila — y al otro lado del pasillo pudo escuchar las voces animadas de dos niños que se aproximaban corriendo hasta él.
— ¡Ojisan!—
— ¡Ōru Maito-ojisan! —
— ¡Miren quién está aquí!— se hincó sobre una rodilla, y los recibió en sus enormes brazos donde parecían incluso más pequeños pero nunca inseguros de nada. Fuyumi se abrazó de su cuello y Natsuo se trenzaba a su cuerpo con afán de no soltarlo, el nombre con el que le llamaban era parte de lo que más le conmovía de verlos. Solían llamarle "tío" con toda la anuencia implícita de su padre, su cercanía les había logrado inspirar especial cariño y confianza por ese hombre que lejos de los reflectores y las cámaras tenía una sonrisa afable y brillante, no como aquella que se veía en los posters y en los espectaculares.
— ¡Viniste, Maito-ojisan! — exclamó Fuyumi emocionada.
— Por nada del mundo me perdería este año nuevo con ustedes ¡Fuyumi-chan qué bonita te ves! Natsuo-kun...— los bajó rápidamente para reincorporarse y medir la estatura de Natsuo respecto a su cuerpo, que era un poco gracioso considerando que el niño aún no alcanzaba a medir ni lo de una pierna suya — ... ¿estás más alto? ¡Es estupendo! ¡Ha-ha! — colocó una mano en el hombro de cada uno, dándose cuenta de pronto de algo importante — esperen, yo cuento dos aquí, ¿Dónde está...? — de pronto, desde el mismo punto donde empezaron a correr los otros dos pequeños apareció el más alto, con su cabello ligeramente más blanco que el año pasado y totalmente indiferente a mantener fajada su camisa. El niño avanzó hacia el hombre dando saltos y piruetas continuas, como si estuviera a la mitad de una competencia de gimnasia.
Para su edad, tenía un control corporal excepcional, eso Toshinori siempre lo ha sabido.
— ¡Watashi Ga Kita! — aterrizó con las plantas bien puestas en el suelo y haciendo una V con los brazos, su madre pegó una pequeña exclamación de asombro mientras All Might simplemente lo llenaba de aplausos y se acercaba a él con los brazos abiertos.
— Stunning! ¡Ha-Ha-Ha! ¡Ven aquí Touya-kun, abraza a tu tío! — Touya también se colgó de su cuello.
— ¿Viste que hice cinco piruetas seguidas? ya casi te alcanzo —
— Me di cuenta, Touya-kun, te haz esforzado mucho — el rubio felicitó al primogénito de su mejor amigo, podría decirse que era al que mejor conocía de los tres pues estuvo con Enji el día de su nacimiento, recordaba especialmente los nervios en la cara de sus padres por ser primerizos, y la emoción en el rostro del Núm.2 al verlo por primera vez.
— Por supuesto que lo ha hecho, él será el siguiente Núm.1 — parecía que lo había invocado con sus pensamientos pues justo detrás del trío de niños que tan felizmente salieron a sacibirlos estaba la enorme sombra del Héroe de las Flamas., usaba un abrigo negro especial para preservar el calor de su cuerpo en invierno, siempre vestía de forma sobria y elegante, a comparación de él que solía siempre usar pantalones cargo, ahora llevaba un sueter blanco de cuello alto que se señía mucho a su cuerpo y su chaqueta de cuero favorita. Los hijos de Enji solían notar que siempre iba vestido como esas estrellas de cine americanas.
— Oi Todoroki-kun! Mi viejo amigo, ¡qué alegría me da verte! — se apresuró hacia él, verlo sonriente era costumbre, pero así, en la suerte de intimidad de la familia era algo que le causaba alivio. Su sonrisa de comercial a veces era odiosa.
— Qué bueno que llegaste antes este año, Toshinori-san — intentó saludarle extendiéndole la mano pero sabe que al Núm.1 no le gustan las formalidades y rápidamente también le hizo espacio sobre su pecho.
— ¡Oye no seas frío! Vengo desde Hokkaidō a verte, también dame un abrazo— Siempre era el rubio quien iniciaba los brazos o las palmadas de felicitación en el hombro, era del tipo que gustaba de demostrar su afecto y Enji eventualmente dejó de resisitirlo tanto. En ese instante de cercanía, parecían detectar aromas familiares: Enji siempre olía a ropa recién planchada, Toshinori olía a sol y a colonia occidental.
— ¿Estabas en Hokkaidō? ¿Qué tanto hacías allá? — cuestionó el pelirrojo frunciendo el seño, más con algo de disgusto, parecía que ese hombre de verdad tenía demasiado tiempo para trabajar.
— ¿No es obvio? ¡Cosas del Símbolo de la Paz! — exclamó un emocionado Natsuo que rápidamente no pudo soltarse del lado de Toshinori.
— Natsuo te estuvo viendo , claro — agregó Rei.
— De verdad me honras, pequeño Natsuo — a él, que tantos niños siempre le decían cosas semejantes, nunca pareció conmoverle menos escuchar palabras así.
— Estaba preocupado porque no pudieras llegar — repuso Enji, andando por delante de todos camino al comedor, Rei mientras tanto trataba de reparar la ropa que Touya se desarregló en su demostración gimnástica.
— Ah sí, el frío allá está causando varios percanses, yo solo atendí aquellos que necesitaban, ya sabes, maquinaria pesada — aquella prefectura estaba especialmente rejos, casi colindante con Rusia, era donde más fuerte pegaban las heladas provocando muchos accidentes con tuberias congeladas o personas que sufrían percanses en las carreteras por el hielo. A veces no se daban abasto las grúas y se necesitaba contener verdaderos desastres en segundos.
Se sabía en todo Japón que las cualidades que distinguían al Héroe Núm.1 eran su capacidad de contener tragedias en sus manos y resolverlas rápido, pero sobre todo, hacerlo como si no le costara nada, aunque Enji siempre tuvo sus sospechas sobre esa actitud: desde que llegó notó rápidamente las fuertes quemaduras de hielo que tenía en las manos.
— Sabes que de esas emergencias se encarga la agencia, tenemos como tres días libres al año, por todos los cielos — protestó el pelirrojo, a lo que All Might simplemente obsequió una risita nerviosa.
El comedor de la casa era amplio y elegante, una larga mesa de madera negra donde descansaban varios cuencos de porcelana blanca con dorado en las orillas, en el centro había pequeñas veladoras que se acostumbraba encender cuando todos tenían la oportunidad de cenar juntos. En el centro de la mesa había un cuenco grande para la soba, y otro para el arroz, rodeados de pequeños recipientes con jengibre, rábano crudo y al lado de cada plato los oshibori helados para las manos de Rei, Natsuo y Fuyumi.
La mesa de los Todoroki muy pocas veces se veía realmente completa debido a que el padre vivía demasiado tiempo enfrascado en el trabajo, como uno de los héroes más importantes del país. Por parte de su compañero era una historia diferente y es que a pesar de expresarse con mucha más soltura que Endeavor, era sumamente reservado sobre su vida personal, nadie sabía si tenía familia o dónde vivía exactamente, pero siempre actuaba como parte de la familia y eventualmente lo fue.
— Y en esos tres días libres siguen hablando de trabajo ustedes dos — reprochó Rei sonando aún bastante calmada mientras todos se sentaban a la mesa, Enji a la cabeza, a su derecha Rei y a su izquierda All might siempre con Natsuo a su lado y después de él, Touya, Fuyumi era la única que se sentaba al lado de su madre.
— Sumimasen, Todoroki-san — habló el Símbolo de la Paz frotándose las manos.
— Solo digo que pudiste haberme llamado — repuso su compañero sin mirarlo a los ojos, aparentando cierta indiferencia.
— No te sacaría de tu casa en estas fechas, amigo, no fue gran cosa, solo me quedó de paso — palabras así eran las que indiaban que ya no quería seguir hablando de lo mismo y por lo general ya no le insistía "sabe lo que puede soportar, no soy su niñera" se dijo Todoroki.
— Bueno mientras los señores se entienden, permítanme servir la soba para mis niños —
— ¡Qué rico, soba! —
— Y para los héroes, incluído Touya, Fuyumi tuvo la idea de preparar Katsudon, para ser tan pequeña sabe moverse bien en la cocina — con diez años Fuyumi solía ser demasiado responsable de sus hermanos, al punto en que podía ser una segunda madre, hubiera parecido inevitable eventualmente.
— ¡Sé que es tu favorito, Ojisan! — exclamó Fuyumi haciendo brillar los ojos azules de su tío, él y Enji tenían ojos azules, pero Toshinori los tenía rodeados de una bruma oscura donde solía haber blanco.
— Fuyumi-chan llenas de dicha el corazón de este viejo — Enji chistó ligeramente "no eres ningún viejo", no por otra cosa, insinuarse viejo era contarlo a él también.
— Ojisan, Otōsan cuando terminemos ¿podemos jugar en la nieve?— se apresuró a preguntar Touya.
— Toshinori-san y su padre han estado trabajando demasiado duro todo el mes, niños, denles tiempo de comer aunque sea — finalmente Rei estableció algo de calma en la mesa, mirando cómo ambos hombres a la cabeza bajaban la frente y juntaban las manos, parecía preguntarse cada cuánto podrían comer como "personas normales" que parecían siempre comprometidos con difrutarlo.
— ¡Itadakimasu! —.
— Itadakimasu —.
Cuando terminaron la cena, Toshinori se quedó un momento con Rei y Fuyumi para recoger la mesa, a mucha gente le parecía un gesto inusual pero en él parecía natural siempre querer ayudar. Y durante toda la tarde los dos hombres y los niños salieron a jugar en el jardín aprovechando los quirks de Natsuo y Fuyumi que se desarrollaban a pasos agigantados a pesar de no ser precisamente del tipo combativo.
All Might tenía una musculatura formidable como la de Endeavor, los dos eran especialmente fornidos, parecían cubrir el suelo con sus imponentes sombras y cuando aparecían en una escena del desastre juntos las cosas se sentían solo dispuestas a mejorar.
En el epicentro de las risas infantiles a su alrededor los dos parecían dos enormes robles que protegían a los niños con sus infinitas sombras, los dos tenían una encandescencia inexplicable emanando de ellos: eran totalmente opuestos, eso lo sabían, pero no de una forma irreconcibliable. Parecía consecuencia de pasar tanto tiempo preocupado por la vida del otro , o tal vez esa hermandad curiosa que ocurría entre los héroes, algo que nadie que no lo viviera no podría entender.
El sol apenas comenzaba a teñir el cielo de un tono dorado que no lograba calmar el frío, los cristales de escarcha reflejaban hermosas luces antes de que finalmente se aoagaran y quedara un dejo de violeta en el cielo, uno a uno los niños se fueron cansando hasta que cayeron dormidos y entre los tres adultos se los llevaron a arropar a sus habitaciones.
Finalmente Enji se quedó junto a Toshinori en el enorme estudio donde rara vez no se discutían asuntos relacionados al trabajo, con un ademán, Endeavor encendió la chimenea y abrió la caja de wagashi que su amigo había traído.
— ¿Cuánto te quedarás en Shizouka? — le preguntó observando cómo intentaba calentarse las manos y parecía aliviado.
— Oh, conseguí un hotel donde quedarme una noche, por este año logré que no me llamaran a las campanadas de Tokio, me gustaría ver los fuegos artificiales con los niños y... resolver un par de cosas aquí — su forma gentil y al mismo tiempo desconfiada de hablar ya no le era extraña, no obstante, muchas veces sentía que en el futuro podría ser un problema. Por ahora se limitó a apartar ese pensamiento para otro momento.
— Estarán felices de que lo hagas ¿cuándo fue que viniste? creo que en el cumpleaños de Natsuo, sus amigos estaban privados de la emoción — reconoció ofreciendo un gesto más bien benévolo pues en el fondo siempre sintió algo de celos hacia la admiración que su hijo volcó en ese hombre. No fue posible evitarlo, en un mundo donde los dos casi nunca estaban , que Toshinori apareciera era la novedad más especial.
— Me pareció buena idea desde que cumplimos el mismo mes — sabe que no podría reprocharle por ello, era demasiado afectuoso con todo el mundo.
— Sí, siempre haz sido su favorito...—.
— ¿Tú haz estado bien, Todoroki-kun? — la tonalidad suave de su voz que era grave pero no tan cavernosa como la de su compañero hizo al otro turbarse con cierta pose orgullosa, cruzando los brazos en leve rechazo a su inevitable preocupación.
— Idiota, me ves diariamente en televisión, trabajamos juntos ¿recuerdas? — el rubio rió, e intentó esclarecer sus palabras.
— Bueno sí, pero no tan seguido fuera de él — Todoroki reconocía la preocupación de su compañero pero en parte le hacía sentirse abrumado.
— ... Sí, he estado bien, de hecho, hay muy buenas noticias en casa. Touya está fortaleciéndose con el paso de los días, entrena muy duro incluso cuando no se lo pido. Tiene intenciones de entrar a la U.A también — dijo y en su rostro asomó algo cercano a una sonrisa orgullosa.
— Oigan, los niños ya se durmieron, quedaron totalmente agotados, tuve que ponerles la pijama como cuando eran pequeños — de pronto apareció Rei con el cabello suelto y una botella de sake que mantenían recervada para un par de noches al año. Se acercó a ellos con dos cuencos especiales para sake y extendió uno para cada uno.
— Gracias, Rei — dijo Enji. El rubio únicamente hizo una reverencia corta.
— Bueno, suena a que han tenido... maravillosas noticias de los niños, Touya-kun debe llenarte de orgullo ahora que también va a convertirse en héroe, los tres son maravillosos — dijo antes de dar su primer trago de sake, su rostro se torció ligeramente ya que casi nunca bebía.
— No solo eso, también estamos esperando uno nuevo... ahora serán cuatro — anunció la mujer acariciando su vientre cariñosamente y abrazando el hombro de su esposo, el más alto contuvo una celebración más ruidosa pero se le veía entre asombrado y totalmente gustoso de escuchar aquello.
— ...¡Ah! ¡oh , wow! —.
— No alces la voz, los niños duermen — Endeavor pretendió evitar sus efusividades pero no le fue posible y más pronto que tarde se encontró estrechado en un fuerte abrazo que casi le levantaba del suelo sin esfuerzo alguno. Su actitud y su fuerza eran tan incongruentes que a veces le hacían bufar de fastidio.
— ¡Ha-ha! ¡es maravilloso, Enji! ¡Felicidades! — celebró en voz bajita.
— Te digo que te controles, hombre — reprendió Endeavor, aunque su esposa siempre encontrara esas demostraciones algo adorables. Eran como un gato huraño que odia el frío y un enorme labrador que ama a los niños.
— Déjalo, también le emociona mucho —,
— Sí, sí disculpa, estas noticias siempre me hacen muy feliz... Y ¿Cuándo le piensan decir a los niños? ¿ya pensaron en un nombre? — preguntó soltando al pelirrojo.
— Por ahora no hemos decidido nada, pero tengo la esperanza de que sea varón, quisiera llamarle Shoto —.
— Sí, aunque si fuera niña también podría llamarse Shoto... bueno, creo que no podré acompañarlos por obvias razones, no se acaben la botella, ¿Sí? Buenas noches — repuso Rei a la sugerencia de su esposo antes de dejar la botella en el escritorio y echar un bostezo en el dorso de la mano.
— Ten bonita noche, Rei-san, y muchas felicidades — se despidió cariñosamente Toshinori, y ella le tendió la mano recibiendo un beso corto en los nudillos. Por otra parte se giró hacia su esposo para darle un beso en la mejilla y recibir uno en la frente.
— Buenas noches, Rei — y al irse ella, cerrando aquella enorme puerta de roble, un silencio acogedor se apoderó de los dos hombres, dejando únicamente el crujido tenue de la chimenea.
— Yyyyyy, se fue —
— ¿Tienes de ese tabaco americano tuyo? Salgamos a fumar — sugirió Endeavor, los dos casi no bebían ni fumaban pero eso no significaba que no disfrutaran hacerlo, les daba calor a ellos que poco toleraban el invierno y era una excusa para desvelarse conversando sin tantos tapujos como pudieran exigir los protocolos en el trabajo.
— ¿Puedes...? — Toshinori le pidió fuego al pelirrojo, y ambos se encendieron un cigarrillo sentados en el porche que daba hacia el jardín trasero donde ahora solo se veía una creciente luna apareciendo entre la vegetación y los arreglos de rocas que lucían como espectros quietos clavados en el suelo. Una nube de humo suave salió de sus labios y miró al rubio a su lado que simplemente clavó la mirada en la quietud del estanque del jardín.
— ¿En qué piensas? estás menos parlanchín de lo normal —.
— Oh nada, solo... en cómo vuela el tiempo, un día asistí a la ceremonia de tu boda. Al otro... de pronto Touya tiene 11 años, no sé, no me había dado cuenta de todo el tiempo que llevamos siendo compañeros — dijo , y en su rostro no había más una sonrisa ni simpática ni nerviosa ni risueña, era una expresión quieta, serena. Absolutamente insólita.
— Cierto, ha sido mucho...—.
Cuando miraba atrás, al tiempo en el que conoció al Símbolo de la Paz, más que haber imaginado la forma en que cambiaría su vida, su disposición para dejarle entrar en ella seguramente le hubiera asustado. Enji Todoroki deseaba salvar a un mundo con el que no sabía relacionarse, deseaba formar parte de lo que All Might había construído. Pero más allá de la leyenda, hubo un hombre que fue su amigo, y le llevó a cumplir un sueño...
