Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de Rumiko Takahashi. Sólo hago esto con fines de entretenimiento.

Este one shot fue creado para la dinámica lemon: #Sextember2 de la página de Facebook "Fanfics y Fanarts de Ranma Latino". Muchas gracias por su invitación.....


Secreto


Los vecinos vieron pasar a los prometidos de los que más se hablaba en Nerima, los que siempre estaban metidos en problemas y que discutían constantemente, viviendo todos los días nuevas aventuras.

El chico iba caminando al lado de la hija menor de los Tendo, seguro después de un día pesado de escuela, pero aquella tarde no estaban solos. El joven iba siendo perseguido por dos de sus otras prometidas, una con un gran obento entre sus brazos y la otra intentando meterse entre el joven de trenza y la más pequeña de las hijas de Soun Tendo, que se quejó cuando fue empujada por la castaña.

Aquellos jóvenes eran tan peculiares.

—No quiero comer, Shampoo.

—Tu siempre querer comer, airen.

—Ukyo, me estas pegando con tu espátula.

—Oh perdóname, Akane. Hazte más adelante entonces, o más atrás.

—¿Y por qué mejor no te la quitas de la espalda?

—¡Salgamos, airen!

—¡Ran-chan, saldrá conmigo!

Sí, eran una relación rodeada de otras relaciones, todo un enredo demasiado divertido para aquellas personas mayores que pasaban de largo y que solo podían recordar los buenos días de la juventud.

Sin embargo, para el artista marcial era un suplicio tener que aguantar los reclamos de las "prometidas". Cada una lo sostenía de un brazo, Shampoo como de costumbre apoyaba sus pechos contra él. Ranma estaba tan acostumbrado a esos intentos de seducción, que ya no reaccionaba, también el hecho de convertirse en mujer y sentir el peso de unos pechos más grandes que los de Shampoo debe haber influido en su falta de emoción.

Ukyo, aunque menos osada, también se imponía con terquedad. Tiraba del chico en su dirección constantemente, reclamando su posición, mientras Ranma solo se preguntaba cuándo se cansarían de aquella espantosa rutina.

—Idiota —escuchó por lo bajo el insulto de Akane y la vio adelantarse con una postura altiva, sin mirarlos, pasando como si ella fuera mucho para ese trío.

—Cállate, solo estas celosa.

Ella giró y comenzó a caminar de espaldas, mirándolos, las chicas demasiado atentas a su discusión, pero Ranma solo podía atender a esa sonrisa de suficiencia que ella le daba. Recordándole que lo que le dijo estaba lejos de ser cierto. Akane hablaba cada vez menos cuando alguna de esas dos chicas estaba, en su lugar solía darle una mirada que Ranma llegaba a interpretar perfectamente. Como sucedía en aquel instante.

—Me voy.

Y el cuerpo de Ranma se impulsó hacia adelante intentando seguirla, pero no pudo avanzar ni un paso.

¡No me dejes solo!Pero Akane se marchó sin mirar atrás.

Las dos chicas que discutían se percataron de que Ranma estaba ausente de esa situación. Para sorpresa de ellas, Akane se fue sin darles demasiada importancia.

Shampoo sonrió de lado.

—Chica violenta dejar de gritar y pelear por Ranma. Ella al fin rendirse.

—¿Rendirse? —Ranma preguntó confuso.

—¿Qué quieres decir? —inquirió Ukyo con una ceja alzada.

—Akane ya no enojarse como antes, tampoco golpear a prometido de Shampoo, menos discutir con él como antes. Sólo irse sin más. Fácil de entender. No interesar Ranma al fin.

Ukyo frunció el ceño, pero si se ponía a pensar en aquellos meses, la china tenía razón. Inclusive Ranma había dejado de insultarla tanto como antes, actuaban como si no les importara nada del otro y eso era extraño. Verlos dejar de discutir y pelear no entraba en lo normal de la relación entre ellos.

No, ellos no tienen ninguna relación. Tal vez sea eso lo que ha cambiado. Incluso ellos se han dado cuenta que no tiene sentido ningún reclamo, se han dado cuenta que es mejor si se ignoran. Debería estar contenta pero algo dentro suyo le decía que era mejor verlos pelear que llevarse con esa extraña calma.

No debía ser paranoica.

Su prometido sólo ya no soportaba a Akane, tal vez a causa de todas las peleas se iban a terminar alejando del todo, y Akane… tal vez como dijo Shampoo, se rindió.

En la cabeza de Ranma lo único que buscaba era la manera de salir de ahí, escapar y dejarlas atrás antes de que alguna le rompiera el brazo del agarre tan posesivo que tenían sobre él.

¿Rendirse?

Akane no estaba luchando por él, no había razón para rendirse, ella no necesitaba rendirse, o tal vez se rinde con respecto a lo que sucede entre ellos, tal vez… no quiere seguir con aquello, con su pequeño secreto.

De un momento a otro Shampoo y Ukyo volvían a discutir, insistiendo en que Ranma no iría a ningún lado con la otra.

Fue en un breve momento en que el agarre que ejercían sobre él fue un tanto más débil que aprovechó la oportunidad de escapar con un salto ágil.

—¡¡¡Ranma!!! —las escuchó gritar al unísono.

No se detuvo ni por un segundo, sabía que venían por él y si quería perderlas de vista tenía que ser rápido.

Desde el tejado de una casa, a lo lejos vio el portón de los Tendo.

Tuvo que tomar un camino más largo, dar varias vueltas y por suerte se deshizo de ambas. Ahora lo único que quería era comer algo y recostarse en el piso fresco del dojo, podría incluso practicar un poco.

Sí, eso haría y luego podría comer sandia (si es que el glotón de su padre no se lo había terminado todo), con Akane, ambos sentados frente a las puertas abiertas que daban al jardín trasero y la fuente llena de luciérnagas bailando sobre el agua.

El calor del verano solo daba un respiro por las noches, cuando la brisa dejaba de ser caliente y se paseaba con simpleza.

De un salto bajó del techo y apretó el paso para llegar más rápido a su destino. Cruzó la entrada del hogar y silbando deslizó la puerta principal sacándose los zapatos en el genkan.

—¡Llegué!

Nadie respondió a su saludo. Se percató de que incluso no podía escuchar nada que no fuera el ventilador pequeño del comedor.

Caminó descalzo al interior de la casa, pensando si Akane habría llegado y si estaba arriba.

En el comedor no encontró a nadie. Era extraño. Su padre y el señor Tendo usualmente se sentaban ahí a holgazanear o jugaban un partido de shogi que terminaba en discusión. Esos dos no eran de los que disfrutaban estar fuera de la comodidad de la casa.

Pasó de largo al comedor, donde su madre y Kasumi solían estar y para sorpresa suya ésta también se encontraba vacía, no había señales de ninguna, todo se encontraba ordenado y limpio.

—¿Dónde están todos? ¿Y Akane?

Volvió sobre sus pasos soltando un suspiro. Moría de calor y hambre.

El aire caliente que el ventilador hacia circular le pegó contra la cara, demasiado suave y caliente como para sentirse aliviado, pero era el único que tenían, aunque en realidad ni siquiera era de ellos.

Antes le pertenecía a Nabiki, pero como ella ahora vivía en una residencia cerca de la universidad en la ciudad, pasó a formar parte del comedor.

Percibió el movimiento de alguien a su costado e inmediatamente se volteó para encontrar a Akane ya cambiada con un vestido blanco de tiras que había encontrado en el armario de su hermana Nabiki, ese que Akane, recordó, no veía desde sus quince años. Tal vez a esa edad le habría quedado bien pero ahora solo cubría la mitad de sus muslos y creía que era demasiado revelador.

Aunque nunca se opuso a que lo usara para andar por la casa.

Más de una vez había pispeado por abajo de la falda cuando Akane se ponía de pie y salía apurada a su habitación. La tela era liviana y con el movimiento descuidado de sus caderas Ranma podía saber de que color eran las bragas que usaba.

Ella se apoyó en el marco de las puertas del comedor y mostró en su mano una hoja de papel doblado a la mitad.

—Se fueron.

—¿A dónde?

Ella le lanzó el papel, Ranma lo atrapó al vuelo entre su índice y anular.

"Querida Akane.Hemos ido al nuevo restaurante cerca del Neko-Hanten, ¿lo recuerdas? Es el que vende comida occidental, el maestro ganó una cena gratis en el concurso de bebida que hacen. No nos esperen, los queremos.Ah, dile a Ranma que haga su tarea. Lo revisaré apenas llegue"

—No es justo. Yo también quería ir a ese restaurante. Ni siquiera nos esperaron. Son unos-

—Ranma.

— (...) desgraciados. Ese viejo seguro insistió en que se marcharán, él junto con el viejo libidinoso del maestro.

—Ranma.

—¿Desde cuándo gana algo de manera limpia ese anciano decrépito? —vociferó cada vez más alto.

—¡Ranma! —le gritó Akane.

—¡¿Qué?!

Ella lo miraba como esperando que comprendiera la situación, pero el cerebro de su prometido no captaba el qué. Estaba molesto y con hambre, sólo podía pensar en la comida deliciosa que había en ese restaurante, porque había entrado más de una vez pero no tenía dinero para comprar nada. El restaurante llamaba tanto la atención que había escuchado a Shampoo insultarlos en repetidas ocasiones por perjudicar al restaurante de la vieja Cologne.

—Eres un idiota.

—¿Por qué me insultas? ¡Ah! Y no creas que he olvidado cómo-

No pudo terminar porque Akane de dos zancadas se acercó a él y de repente estaban demasiado cerca pero la mirada que ella le dedicaba parecía la promesa de un golpe.

—¿No te das cuenta que estamos solos? —preguntó exasperada.

En ese instante sus neuronas conectaron y entendieron la situación en la que estaban. Sus ojos se abrieron de la sorpresa y aquel azul obtuvo un brillo distinto.

Solos.

No están.

Ninguno de ellos.

Ranma dejó caer el papel donde su madre le pedía que hiciera su tarea y dejó caer el maletín donde estaba dicha tarea, pero eso no tenía la menor importancia en ese momento en que comprendió que en aquella casa estaban Akane y él, nadie más que ellos dos, después de tanto tiempo...

—Estamos solos.

—Sí, no hay nadie que nos vea, nadie que nos escuche —le dijo con un tono de voz más calmado y dulce.

Akane tomó las manos de Ranma entre las suyas y las llevó a su cintura con delicadeza. Pero su prometido la miraba con ansias, el hambre que tenía ya no pedía algo que no fuera ella.

La apretó contra él y la escuchó jadear de la sorpresa. Iba a decirle algo pero él uso su boca para tonat la de ella inmediatamente.

Era un beso ansioso, desenfrenado, bruto y sin pausa.

Ella colocó sus manos en el pecho varonil e hizo presión para intentar alejarlo un poco. La puerta estaba abierta de par en par, cualquiera podría verlos. Además no sabían desde que hora todos estaban afuera y bien podrían estar por llegar. Tenían que ser cuidadosos.

Pero contradiciendose, las fuerzas parecieron abandonarla, porque cuando Ranma la tomó de la nuca buscando más profundidad, dejó de "luchar" y correspondió de la misma manera.

Akane le permitió la entrada a la lengua caliente de Ranma, tocándola con la suya, jugando a saborearse. Su cuerpo atrapado con la fuerza de su prometido se vio empujada contra una de las paredes del comedor, aprisionada bajo el cuerpo de Ranma, que en aquel año había obtenido una complexión un poco más grande, con músculos más definidos.

Ranma soltó su nuca y llevó su mano a la falda de aquel corto vestido, con sus dedos subiendo la tela para sentir la suave y tersa piel de aquellos muslos. Su mano agarró y apretó, dejando un leve enrojecimiento en la suave piel blanca.

El aire del ventilador chocó contra ellos pero ni siquiera lo percibieron, el calor de ambos se mezclaba con el del ambiente y una fina capa de sudor hizo brillar los hombros de Ranma y el cuello de Akane.

Demasiado acalorada, necesitaba de aire y le sorprendía siempre la capacidad de Ranma de aguantar largo tiempo sin otra cosa que la boca de ella. Con todo pesar, giró su rostro rompiendo el beso y tomando una bocanada de aire.

—Ranma… Ranma, espera…

Pero el chico ya estaba demasiado perdido en ella. Llevaban tanto tiempo sin tocarse que las hormonas eran incontrolables y su deseo por Akane lo estaba mareando. Dejó una hilera de besos calientes por el fino cuello de su prometida y tomó la pierna de Akane subiéndola a la altura de su cadera, ella se agarró a sus hombros y Ranma se empujó dejándola sentir lo loco y excitado que estaba por ella, ganándose un gemido de la boca dulce y femenina. Akane mordió su labio inferior, su prometido estaba tan duro que un estremecimiento la recorrió entera.

—Debemos… calmarnos —murmuró entre jadeos pero engancho ambas piernas a la cadera de Ranma y se movió contra él buscando más fricción. Se sentía tan húmeda y lista para él que la razón la abandonaba.

—Hace tanto que no estamos juntos, hace tanto que no te veo así —dijo sin perderse detalle de ese rostro sonrojado y el agitado respirar que hacía subir y bajar los pechos redondos y firmes de Akane, ella mordía su labio y apoyaba su cabeza contra la pared mientras sus dedos se aferraban como garras a los hombros anchos de él, su prometido, su amante.

Ranma tomó con delicadeza una de las delgadas tiras del vestido y lo deslizó por el hombro derecho con lentitud, más y más abajo hasta que vislumbró la pequeña aureola rosada de su pezón. La boca se le hacia agua ante la deliciosa vista. Su miembro apretado contra la tela de su pantalón y aquel palpitar a causa de como se agolpaba la sangre en él, provocándole espasmos de placer.

Con su boca tomó el botón rosado y chupó de él con ganas, sacándole un grito y sintiendo las cortas uñas de Akane contra su piel.

Los gemidos subían en volumen, y Akane intentó acallarlos apretando su mano contra sus suaves labios pero Ranma quería oírla, quería escucharla gritar de placer. Pasaban demasiado tiempo escondiéndose, dándose miradas furtivas, compartiendo cortos besos por las noches cuando Ranma entraba a su habitación sin permiso, susurrando y tratando de hacer el mayor silencio posible. En ese momento solo quería escuchar sus gritos y gemidos lo más fuerte que pudiera.

Bajó el otra lado del vestido con una brutalidad que hizo a Akane abrir los ojos y sostenerse de nuevo con ambas manos de los hombros de Ranma. La tomó con su boca y saboreó de nuevo. Sus manos grandes, masculinas, fueron al trasero redondo de ella, apretando y acercándola aun más a su masculinidad vibrante y caliente.

Desde que empezaron con esa relación secreta, con esos encuentros furtivos como amantes, tuvieron sexo solo dos veces, ambas fueron memorables para Ranma, terminaba tan perdido y con el corazón a mil que creía que tocaba el cielo, pero para Akane solo la segunda vez fue un poco más placentera. En ese momento, en el que estaban solos, quería que disfrutará tanto como él, quería que ella no pudiera cerrar los ojos sin recordarlo todo, que sus ojos no fueran sagaces al día siguiente, como últimamente eran, sino avergonzados y con un brillo lujurioso.

A veces les era difícil creer que todo ocurría de verdad. Despertaban al otro día y recordaban las pequeñas caricias nocturnas que no duraban más de cinco minutos, las palabras susurradas que no decían todo lo que ellos querían y todo parecía ser parte un sueño. Pero las miradas que compartían, los silencios que ellos sabían que significaban, como un idioma que nadie más hablaba, les recordaba que todo realmente sucedía.

Quién iba a creer que habían pasado de los insultos y peleas a una forma diferente de ataque, uno que los dejaba derrotados y en el que ninguno perdía.

—Vamos… arriba… ellos, pueden venir en cualquier momento. ¡Ah, Ranma!

Los labios del chico subieron hasta la boca pequeña y llena de Akane pero ella se negó a besarlo y ante el intento insistente por parte de su prometido, tomó la trenza negra y tiró de ella alejándolo.

—¡Agh!

—Vamos arriba, Ranma.

Sabía que no podría tocarla si no hacia lo que le pedía. Akane, tenía el control en esos momentos pero Ranma no se molestó por eso, porque él tomaba las riendas en el mejor momento.

Sin demora la soltó y tomó de la mano para llevarla casi corriendo escaleras arriba. Akane apenas pudo recolocarse el vestido y seguirle el paso. Ambos estaban deseosos de continuar, cada vez con más intensidad a medida que el roce de sus cuerpos les enseñaba el fuego intenso que podía hacerlos sentir desde adentro.

Ranma empujó la puerta haciendo que el patito de madera que colgaba con el nombre de su prometida se moviera de un lado a otro. Akane cruzó tras él pero su cuerpo no pudo ir muy lejos a causa del agarre en su muñeca que la atrajo hacia él con demanda.

Ranma la necesitaba entre sus brazos tanto como respirar, en ese instante se daba cuenta de que en realidad no bastaban las noches soñando con ella, no bastaban las duchas frías pensando en ella, no bastaba nada, solo tenerla de verdad con él.

—Te extrañé —dijo en voz baja contra el pulso de su prometida, erizándole la piel, mientras que esa mano que antes la sostenía, tocaba las puntas del cabello corto y alborotado que siempre olía a jazmines. Era ese delicioso aroma el que no podía imaginar, el que no podía visualizar en su cabeza en las noches donde no lograba dormir y terminaba con una ereccion dentro de sus sábanas.

Hundió su nariz dentro de aquella cortina negra azulada y tomó de ella el dulce aroma que no sabía cuando volvería a sentir con tanta libertad.

—Me haces cosquillas —el pecho de Akane vibró por una pequeña risa que no pudo contener y lo hizo sonreír contra su cuello—. No podemos seguir así, Ranma.

Las pequeñas manos empezaron a desabotonar la camisa con una rapidez que a él le encantaba. Deslizó la camisa por los brazos trabajados y admirables de un artista marcial como su prometido y cayó al suelo revelando su piel tostada.

—Corremos riesgos y lo sabes —continuó y Ranma no quería seguir escuchando lo que decía.

Cerró los ojos llevando su cabeza hacia atrás cuando los dulces labios de la joven se posaron en su pecho, subieron hasta sus hombros, y cruzaron por su cuello masculino, repasando suavemente con sus dientes su mandíbula.

—Yo no quiero que paremos —logró decir y soltó un gemido cuando ella rozó con sus dedos su entrepierna, tanteando la zona más alarmante de su cuerpo, la que hace tiempo pedía consuelo.

Akane sonrió con una picardía que le era imposible ocultar. Ella tampoco quería detenerse pero era consciente de las miradas que el comportamiento de ambos a veces provocaban. Podía jurar que su tía Nodoka sospechaba y si cometían un error no quería que un matrimonio se diera a cabo.

No después de la última vez en la que había aceptado por dejarse enredar con ellos y fue lo más humillante y decepcionante que pudo pasar.

Quería a Ranma, y aunque él no se lo digiera con palabras, sabía que también sentía lo mismo por ella. La entrega de ambos hubiera llegado tarde o temprano, con el tiempo, con la edad, tal vez las circunstancias, pero definitivamente estaba agradecida de que no viniera por obligación marital aunque tal vez esa era la única forma correcta. Dentro del matrimonio.

—Quería estar contigo, quería sentirte de nuevo —confesó el chico de ojos azules. Akane presionó su mano contra su miembro y tocó de arriba abajo por sobre la tela—. Oh, por Kami, Akane… Akane…

—Aquí me tienes ahora, Ranma. Me tienes para ti ahora. Solo una vez más.

Y Ranma se sentía el chico más invencible del mundo.

No la dejó decir más nada, inmediatamente su boca tomó la de su prometida mientras tiraba de su vestido hacia abajo, dejándolo caer. Los pechos se libraron de la tela y con sus manos los envolvió, masajeando suavemente, sacándole gemidos llenos de placer, dejándole saber cuánto le gustaba.

Ella lo sujetó de la cinturilla y empezó a soltar el cinturón de su pantalón negro, empujó hacia abajo junto con el bóxer, deslizándolos por los glúteos firmes que de paso apretó entre sus manos.

Su mirada chocolate bajó a la virilidad de su prometido, ruborizándose por su tamaño, por como se alzaba en toda su longitud. Podía decir que Ranma era perfecto de pies a cabeza, su belleza no excluía ni una sola parte de su cuerpo.

Con su mano lo rodeó con suavidad, demasiado lento para el fuego que se acrecentada en el interior de su prometido, que lo mareaba y abrazaba sin escape.

Los brazos masculinos se estiraron hasta apoyar las palmas de las manos en la puerta, doblando sus dedos contra la madera y gruñendo del placer, jadeando y cerrando los ojos con fuerza.

—Maldición… espera…

Akane movía más rápido su mano y presionaba la punta repetidas veces, enloqueciendolo, llevándolo a su límite.

—Te quiero sentir mío, Ranma. Quiero tenerte entero, hazlo.

Dobló sus brazos acercando sus cuerpos, presionando los senos de Akane contra él, juntando su miembro contra el monte de venus que su dulce prometida que aún cubría con una fina tela blanca de encaje por la que Ranma metió su mano, sus dedos acariciando el pequeño rastro de vello y bajando hasta tocar dentro de sus suaves pliegues, más adentro, más profundo.

Las piernas de Akane se doblaron, que de no ser porque Ranma la apretaba contra la puerta habría caído de rodillas ante él.

Sus corazones latían con rapidez y tan fuerte que creían que el otro podía escucharlo perfectamente.

Ella estaba tan húmeda y caliente. Ranma metió un dedo dentro de ella, luego otro, y empezó a penetrarla sin darle un respiro. Sin embargo, la tortura de sentirla lista y escucharla tan excitada le dolía. Ranma no quiso esperar más tiempo. Al igual que ella tiró de la única prenda que aún tenía, dejándola caer hasta los pies de ambos y sin decirle nada la alzó de la cintura. Akane enredó sus piernas a su alrededor, abrazandose a él sin miedo, sin ansiedad, sin nada más que un sentimiento abarcador y cálido, suave, delicioso, bello. Porque aquel sentimiento podía sentirlo con casi todos sus sentidos. Era el que Ranma le hacía experimentar con cada beso, cada sonrisa, cada mirada, cada caricia, cada embestida.

Sobre la almohada los cabellos de Akane se extendieron con libertad, igual que sus cuerpos. Sus ojos buscaron el azul de los suyos y en una mirada se entregaron el alma.

Enterró los dedos entre los cabellos oscuros y soltó la trenza hasta dejar que el pelo largo y rebelde de Ranma cayera sobre sus hombros, haciéndole cosquillas en las puntas de sus pezones.

—Akane…

Ella sintió la nueva invasión en su interior y acaricia con sus pulgares el rostro de su amado.

—No te dejaré hacerlo, no lo dejaremos. Es nuestro secreto —sentenció Ranma, aunque tal vez no podría cumplir con su palabra.

Entró en ella despacio. Akane lo recibió sin problemas, mucho mejor que las anteriores veces. Sus paredes lo apretaban provocándole un placer increíble. Akane se complementaba perfectamente con Ranma.

—No quiero dejarlo.

—Oh, Ranma… ¡Ah!

Empezó a empujar contra ella, un movimiento de cadera que los hizo perder la conciencia, no sabían que hora era, si alguien los escucharía, si afuera seguía haciendo calor o si había alguna brisa fresca, no había nada fuera de lo que en ese momento compartían como uno solo.

Cuando las embestidas aumentaron de velocidad Akane clavó sus uñas en la espalda de Ranma que le dejaría marcas aunque él en ese momento no sintiera dolor.

—Eres… hermosa, tan hermosa, Akane —le costaba hablar sin soltar algún sonido gutural pero quería decirle lo que en ocasiones anteriores se privaba de hacer—. Quiero que sepas que… ¡Yo! Que yo te…

Ella soltó un grito de placer y estiró su cabeza hacia atrás regalándole una buena vista de su cuello, el cuál besó inmediatamente sin dejar de moverse dentro de ella, con más fuerza, con menos control, pero con más libertad que nunca.

La cama golpeaba contra la pared, los gemidos de Akane no terminaban nunca. Adentro y afuera repetidas veces, con más fuerza, con más desespero.

Ranma apoyó la cabeza en el pecho de Akane y escuchó el latir de su corazón, tan loco como el suyo propio.

—Te amo, Ranma.

Y él se detuvo.

¿Acaso había escuchado bien?

—¿Qué dijiste? —preguntó.

Ella… se lo había dicho. Se había adelantado…

—No pares, Ranma —le pidió empujándolo con sus piernas largas—Si te detienes ahora, te mataré.

Ranma comenzó a moverse de nuevo, levantó la cabeza para mirarla pero Akane mantenía sus ojos cerrados, moviendo su rostro de un lado a otro en la almohada.

La escuchó jadear con más fuerza, rasguñarlo con más necesidad, y apretarse alrededor suyo mandando como descargas eléctricas por todo su cuerpo, sabía que ella estaba por venirse, y verla arquear su espalda soltando un profundo gemido era fascinante.

Pero Ranma aún no se había corrido.

Agotado por sostenerse con sus brazos para no aplastarla, la tomó por la espalda y la levantó para sentarse con ella en la cama, sin separarlos en ningún momento, sosteniéndola contra sí en un abrazo, Akane comenzó a moverse sobre él sin perder el ritmo. Sus pechos saltaban frente a su cara.

—¡Sí, sí! Sigue, Akane. Hazme tuyo. Hazlo.

—Eres mío, siempre lo has sido.

—Dímelo de nuevo Akane. Por favor… dímelo.

Pero ella no soltó más que gruñidos y gemidos de placer. Ranma apretaba su cintura y levantaba el trasero de Akane con cada golpe de sus cuerpos.

—Dímelo, Akane.

Pero ella no lo hizo.

Ranma estaba al borde, las venas de su cuello se marcaron y el sudor de su piel lo envolvía, su cuerpo entero se estremeció de placer. Acostó a Akane de nuevo para dar las últimas arremetidas antes de salirse y terminar manchando las sábanas.

Ambos jóvenes tomaban bocanadas de aire, los cuerpos uno al lado del otro. Ranma dejando caer un brazo por la cintura de Akane y ella subiendo sus piernas sobre las de él.

—Te amo, Ranma.

Pero su prometido tenía los ojos cerrados, perdido en un sueño que de seguro incluía otra noche con ella.

Fin


Me encantan las dinámicas, aunque muchas veces me cueste empezar con una historia que me satisfaga. Ya antes hice un reto lemon pero era AU y ahora quería hacer uno donde Ranma y Akane sean los que nosotros conocemos.

Es una historia que siempre creí podría darse, los de afuera viendo lo que ellos querían mostrar mientras que en la soledad ambos daban paso al deseo.

Me gustó hacer esta narración y espero que te guste también a ti.

Respecto a mi larga ausencia, quiero pedir disculpas, no fue porque quisiera, simplemente surgieron demasiadas cosas. Aún tengo una historia sin terminar y varias más por escribir. No me iré del todo pero no prometeré fechas.

Muchas gracias por leerle y espero tengan un buen inicio de primavera. Saludos!!!