KnY pertenece a la coco, yo sólo uso sus personajes y su mundo para jugar.
Ya vieron el último rumor taisho que emitió ufotable? Sino, qué esperan? A mi me dejó fangirleando como hace mucho no sentía jijiji y me dieron muchas ganas de escribir GiyuuShino a causa de ello, porque tío ufotable ama hacer dinero y nos da GiyuuShino!
Anyway, amé el rumor taisho sobre la sonrisa de Giyuu y Shinobu pinchando su brazo para ser cercana a él, hablándole de forma tan dulce y Giyuu aguantando con toda la paciencia del mundo que sabemos que no tiene jaja. De ahí viene esta idea, cortita, rápida, pero hecha con todo el amor para esta pareja. Los invito a empalagarse de ellos. A ver si luego los dibujo.
La Finca de las Mariposas ya se sentía vacía sin el ruido que producían Tanjirō y sus amigos, a pesar de que sólo habían pasado cinco minutos desde que se despidiera de ellos y que las niñas de la finca aún estuvieran con ellos fuera de la residencia. Shinobu sonrió apaciblemente ante la calma del lugar, antes de ingresar a su laboratorio y ponerse a trabajar. Deseaba con todas sus fuerzas que esos cazadores estuvieran bien.
Se sentó frente a su escritorio y procedió a leer las últimas anotaciones que había hecho sobre un nuevo tipo de veneno, cuando un par de golpes en la puerta la distrajo.
— Adelante — dijo, ordenando sus apuntes antes de dejarlos de lado.
La puerta se deslizó suavemente y la figura del Pilar del Agua se recortó contra la luz del medio día antes de que él ingresara a la habitación y cerrara la puerta. Shinobu se volvió en su asiento, sorprendida de verlo ahí.
— Tomioka-san, que extraño tenerte por aquí — saludó, sonriendo a pesar de que moría por preguntarle qué hacía ahí, porque no lucía herido ni enfermo.
— Kochō — llamó, estoico como siempre, antes de levantar su brazo y mostrarle una pequeña nota encerrada entre sus largos dedos.
Shinobu abrió sus ojos y su boca al imaginar que él le estaba mostrando la carta que le escribiera hace más de un mes atrás. Ella le había pedido hablar sobre los hermanos Kamado en esa ocasión, aunque entendía que Nezuko era diferente a otros demonios, deseaba conversar del tema directamente con su colega. Sin ser consciente de sus propias razones, necesitaba una explicación de parte de Tomioka para haber arriesgado de esa forma su propia vida por esos niños.
—Ara, ara~ Tomioka-san, hace más de un mes que escribí esa nota y nunca recibí respuesta — increpó risueñamente, mientras se levantaba de su asiento —. Pensé que se había perdido en el camino, pero mi cuervo nunca falla al entregar mi correspondencia.
Giyuu guardó la carta en el interior de su haori multipatrón y se cruzó de brazos, antes de desviar su rostro hacia su lado derecho. Shinobu sintió una de las venitas de su frente agrandarse y una sonrisa tensa se formó en sus labios. Todos los Pilares solían contestar sus cartas, incluso Shinazugawa le enviaba algún pequeño presente en lugar de escribirle, pero tenía la consideración de dar señales de vida de una u otra forma, antes de aparecer por la finca apenas pudiera.
Todos le contestaban. Todos, salvo Tomioka Giyuu y eso la irritaba. No había manera de llevarse bien con él, por más que lo intentaba. Las ganas de reiterarle que por eso todos lo odiaban picaba en la punta de su lengua venenosa, pero se aguantó, sólo porque él se encontraba en ese momento en su finca, con su nota en sus manos.
—El último mes estuve yendo de una misión a otra. —Se excusó y la animosidad de la joven se esfumó apenas entendió esas palabras. En su lugar, la risa ascendió por su pecho y garganta, envolviendo todo el ambiente con su melodioso sonido.
—¿Acaso no había un poco de papel dónde estuviste? Realmente es desconsiderado de tu parte, Tomioka-san y yo que quiero llevarme bien contigo — dijo, acercándose un poco al cazador, quien la miró de lleno. Su boca levemente fruncida, molesto por sus palabras.
Shinobu sonrió, el cambio en el rostro estoico de él era prácticamente imperceptible y estaba muy segura de que nadie más notaría la sutileza de sus gestos, pero ella había pasado mucho tiempo observando a Tomioka, intentando descifrar sus pensamientos. Sin mucho éxito, pero lo suficiente para entender alguno de sus cambios de humor y lo gracioso que podía llegar a ser provocar ciertas reacciones en él. Tal vez por eso siempre se empeñaba en molestarlo. Todo para conseguir cambiar esa inexpresividad.
— No es un tema para hablar por cartas. Volví anoche y vine de inmediato, pero no te encontré— Se justificó y Shinobu ladeó su cabeza hacia su derecha, considerando las palabras de él. Que él hubiera ido de inmediato a la finca, la había conmovido. Entonces, golpeó la palma de su mano izquierda con su puño derecho, sonriendo ante una nueva idea.
— Tienes toda la razón, To-mio-ka-san~ — afirmó, levantando su dedo índice derecho —. Por eso, deberías acompañarme al pueblo a hacer unos mandados mientras conversamos.
Las cejas del hombre se fruncieron levemente, antes de volver a su posición normal, pero aquello fue suficiente para que la joven supiera que a él no le gustaba su idea. La sonrisa de Kochō vaciló, mientras él volvía a desviar su rostro, lejos de ella.
Shinobu suspiró, sintiendo la distancia infranqueable entre los dos, volviendo a sentir que, de todos sus colegas, Tomioka era con el que mayor lejanía había y, juraba por la memoria de Kanae, que ella no deseaba aquello. De un tiempo a la fecha, el juego de molestarlo se había transformado en la necesidad imperiosa de llamar su atención, para luego variar a la necesidad visceral de volverse cercana con él.
¿Para qué hacerlo? Si ella tenía una misión que completar. No lo entendía, pero cada vez que estaba cerca de él, ver su frío rostro cambiar a causa de sus tonterías le sabía a victoria. Molestar a Tomioka Giyuu era un vicio peligroso al que ya había sucumbido y del que no quería salir. Dio un par de pasos más hacia él y notó el muro que formaban sus brazos.
Shinobu no sabía si esa barrera era para protegerlo o alejarla. Aunque intuía que podría tratarse de ambas cosas. Frunció su ceño sólo unos segundos antes de armarse de valor y acortar distancias con él, si ni la agresividad ni el molestarlo servía para romper sus defensas, entonces recurriría a su arma secreta.
— Nee, nee~ To-mio-ka-san~, nee, nee~ — llamó, con su voz más dulce y melodiosa; su sonrisa ampliándose con cada picotazo que le daba en el brazo con su dedo índice —. Vamos a llevarnos bien, Tomioka-san. Nee, nee, Tomioka-san.
Shinobu sintió la mirada vacilante del Hashira sobre ella y una sonrisa verdadera surcó su rostro, la emocionaba que él respondiera a sus intentos de cercanía. Siguió picando el brazo del mayor, sintiendo como él tensaba el músculo cada vez que su dedo hacía contacto con su haori. No se rindió, él había volteado su rostro hacia el frente, pero se negaba a mirarla directamente, por lo que se acercó un paso más a él. Imaginó que con lo distante que era con todos, se alejaría, pero el pelinegro no se movió y aquello sólo la alentó a seguir invadiendo su espacio personal. Un nuevo paso y ya sólo los separaban unos cinco centímetros de distancia, pero eso no la detuvo. No quería pensar en la razón por la que esos escasos centímetros la incomodaban por razones completamente distintas a las habituales, porque lo que le molestaba era que aún se sentía lejos de Giyuu.
Se acercó un poco más a él, restándole un centímetro a esa insufrible distancia que le parecía excesiva a pesar de que casi se estaban rozando. Sin embargó, él seguía ignorándola.
— ¿Me escuchas, Tomioka-san? — preguntó y él la miró de reojo, sus mejillas temblando levemente en un gesto de incomodidad que a ella no le pasó desapercibido —. Tsun, tsun — murmuró, acompañando su susurro con un nuevo pinchazo de su dedo en su bíceps.
— ¿Qué estás haciendo, Kochō? — Se dignó a preguntarle, mientras sus brazos se aflojaban y Shinobu aprovechó para aumentar la velocidad de los picotazos.
—¿No lo sabes, Tomioka-san? — preguntó, alzando su mano, al fin él había volteado a verla —. Esta es una nueva técnica para volverse cercano a las personas — improvisó —. Es llamada «tsun, tsun»
— ¿Tsun, tsun…pinchazos? — preguntó él, alzando suavemente una de sus cejas, antes de volver a gesto inexpresivo habitual.
Shinobu sonrió sinceramente ante su frialdad quebrada y su paciencia revelada, estaba segura de que si se tratara de Shinazugawa-san o Iguro-san, no hubiera podido ni acercarse a ellos, mucho menos pincharlos. Increíblemente, Tomioka-san tenía una paciencia infinita con ella.
— Así es — dijo, antes de susurrar "tsun, tsun" y picotear al hombre.
— Detente, Kochō. — Le pidió suavemente, ocultando sus ojos azules tras sus párpados cerrados. Shinobu dejó caer su brazo, antes de hablar.
—¿Eh? ¿por qué? ¡Vamos a llevarnos bien! — dijo, dando pequeños saltitos a su lado, impaciente por verlo reaccionar. Sin embargo, Giyuu siguió con sus ojos cerrados y sus brazos cruzados. Infranqueable.
Shinobu formó un pequeño puchero con sus labios, pensando en cómo colarse entre los muros cada vez más altos del hombre junto a ella, pero ninguna idea venía a su cabeza, por lo que siguió pinchando el brazo de su colega, con insistente anhelo. Deseando que él abriera sus ojos, aunque fuera para regañarla.
— To-mio-ka-san ~ — llamó, con la misma ternura que le había hablado todo este tiempo, mientras seguía atacando su brazo con su dedo. Entonces lo vio mover sus ojos aún cerrados y fruncir su boca, como si resistiera el impulso de contestarle, pero eso sólo la alentó a seguir adelante con su pobre estrategia.
— Por favor, To-mio-ka-san~ seamos cercanos y acompáñame al pueblo — pidió alegremente, insistiendo en picar el brazo del Hashira, ya no esperaba que él respondiera, sin embargo, estaba disfrutando con la pequeña distancia a la que estaba de él y del hecho que Giyuu no se hubiera alejado.
Sin embargo, nunca esperó que él abriera sus ojos y los clavara directamente en los morados de ella, antes de aflojar por completo el cruce de sus brazos y dejarlos caer a sus costados. Shinobu se paralizó ante la intensidad de los ojos azules de él y su dedo se congeló en el aire, momento que el del haori multipatrón aprovechó para tomar entre sus manos la pequeña mano de su compañera.
— Tú ganas, Kochō — aceptó Giyuu, con una voz levemente temblorosa y tan suave que, si Shinobu no hubiera estado tan cerca de él, no habría podido escucharlo.
La Hashira abrió su boca, mientras un chillido emocionado se colaba desde su garganta y, antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, se liberó de las manos de él y terminó colgada del cuello del mayor. Feliz de haber acortado la distancia con Tomioka Giyuu.
— ¡Ya verás que nos divertiremos, Giyuu-san! — exclamó, el nombre de su colega escapando impulsivamente de sus labios. Aún estaba aferrada del cuello de Tomioka, cuyo rostro expresaba tal incredulidad que Shinobu se habría reído por toda la eternidad si lo hubiera logrado ver bien. Los ojos agrandados, los labios separados y un pequeño gesto asustado y desconcertado le daban una apariencia de fragilidad humana que nunca mostraba al resto.
Giyuu, quién seguía sin saber qué hacer, había optado por mantener ambos brazos separados de su cuerpo y del de Kochō, además de agacharse levemente para que ella pudiera atraerlo hacia sí misma sin tanta dificultad.
Aún así, la vio alzada de puntillas, luchando por mantener su equilibrio y algo en el interior de Giyuu se rompió, conmovido profundamente porque alguien como ella actuara tan feliz sólo porque él aceptara acompañarla a hacer unos mandados.
— ¡Ya verás que será divertido! Luego podemos pasar a comer daikon con salmón — susurró Kochō en el oído de su colega, mientras los mechones de cabello de él le hacían cosquillas y su felicidad se manifestaba en forma de una risa imperiosa y melodiosa que no era capaz de controlar.
Giyuu nunca la había escuchado reír así y algo cálido se instaló en su interior al darse cuenta de que, en parte, se debía a él. El hielo que solía sentir y la calma que había aprendido a mantener se habían deshecho ante la impulsividad y la calidez de Kochō.
— Está bien— respondió en otro susurro, optando por mover su cabeza, buscando el oído de la Hashira, causando un pequeño estremecimiento en ella.
Shinobu sintió el tacto de las vacilantes manos de Giyuu en sus costados y sonrió sinceramente por ese intento de cercanía de parte de él.
— Está bien — aseguró la joven de mechones morados, dándole seguridad a las manos de él, quien terminó por abrazar a la Hashira.
Shinobu acomodó su cabeza en el hombro de Tomioka, riendo por haber logrado superar los muros de aquel hombre.
— Nunca dejemos de ser cercanos, Tomioka-san — pidió y lo sintió tensarse entre sus brazos antes de separarse de ella. Shinobu sintió el frío que dejó el cuerpo grande y cálido de él y lo miró preocupada por haber dicho algo inapropiado, pero el rostro de su colega era algo que siempre mantendría en su memoria.
Giyuu la miraba con sus labios y sus cejas fruncidas, pero no en molestia, más bien como si estuviera luchando por no decir algo inadecuado.
— ¿Qué sucede, Tomioka-san? — preguntó y él volvió a fruncir sus labios, sus ojos desviados, lejos de ella — Tsun, tsun —pinchó sus mejillas y las vio temblar.
— ¿Por qué? — preguntó y los ojos de Shinobu se agrandaron —. No soy como tú, no deberías perder tu tiempo conmigo.
Y el tono amargo en que dijo esa frase la hizo entender que se estaba despreciando a sí mismo y no a ella. Shinobu rio a gusto, ganándose una mirada ofendida por parte de su colega, pero ella nunca entendería su afán por intentar alejarla, si ya debiese saber que ella perseveraba hasta obtener sus metas. Y Kochō Shinobu realmente deseaba ser cercana a él.
— Porque no necesito que seas como yo — contestó, mientras tomaba su brazo, tirando de él mientras abría la puerta de la oficina y lo instaba a seguirla. No dejaría que él se echara para atrás con sus palabras —. Sólo que compartas conmigo. Gi-yuu-san~.
Y la ternura con que ella arrulló su nombre lo hizo desistir de todo intento por convencerla de alejarse de él. No la entendía, pero le gustaba la forma en que Shinobu no dejaba que se aislara por completo. Así fuera con esas extrañas maneras suyas y su voz empalagosa repitiendo «tsun, tsun» sin parar, mientras atacaba alguna parte de su cuerpo con su dedo índice, insistentemente.
Giyuu suspiró, incapaz de luchar en contra de la voluntad de su pequeña colega, porque sabía que ella era una fuerza imparable de la naturaleza, tan tenaz que había logrado ascender al rango de Pilar sin cortar la cabeza de ningún demonio.
— Está bien — aceptó, dejándose guiar por ella. Dudaba decírselo algún día, pero internamente disfrutaba de su compañía.
Shinobu no soltó el brazo de Tomioka en ningún momento y, si hubiera estado un poco más atenta, se habría dado cuenta de la pequeña sonrisa que se formó en los labios de él, mientras un pequeño sonrojo cubría sus pálidas mejillas. Pero cada vez que ella volteaba a verlo, Tomioka desviaba su rostro y usaba todas sus habilidades para mantenerse impasible.
Porque Kochō Shinobu se había convertido en la segunda causa de que apareciera su sonrisa y aún no deseaba compartir ese conocimiento con la aludida, porque ella ya sabía demasiado de él. No por nada, era la única que lo había visto sonreír, aquella vez que había cenado juntos tras una misión y estaba seguro de que hoy volvería a sonreír frente a ella cuando comiera el daikon con salmón, pero no deseaba que descubriera que también lo hacía por estar a su lado. No se sentía capaz de soportar su reacción. Sea la que fuere.
Sin embargo, en un momento de distracción, Shinobu había admirado la sonrisa sutil de Giyuu y su leve sonrojo y se quedó prendada de esa imagen. Tomioka se veía más joven y atractivo con esa sonrisa y aquello la desconcertó, pero le agradó la sensación de seguir siendo la única que había apreciado ese gesto en él.
Shinobu sonrió sinceramente, feliz de haber conseguido traspasar las defensas de Giyuu y de, al fin, ser cercana a él.
— Tsun, tsun, Giyuu-san~, vamos por ese daikon con salmón— dijo, pinchando el brazo que había entrelazado con el de ella.
— Vamos — aceptó el mayor, dejándose guiar por esa perseverante mujer a la que no había podido alejar.
No sabía bien como terminarlo, pero bueno, me encantó escribirlo. Espero que a ustedes también y que me lo hagan saber!
Nos leemos
