He estado intentando ponerme al día con todas las cosas pendientes, pero como este fic lo tengo fresquito, igual que el juego XD, podré ir actualizando más rápido :) para no perder la idea XDD

Sin más los dejo con la historia…


LA LEYENDA DE ZELDA: "Sangre de campeón"


En el capítulo anterior…

— Mi padre los está esperando —los interrumpió de pronto Sidon— le avise que los había llamado.

Los Hylianos intercambiaron una preocupada expresión, no sólo el extraño comportamiento de Vah Ruta estaba ahora en sus pensamientos.

Y entonces…

La bestia volvió a clamar con fuerza.

Era el sonido del lamento de Vah Ruta, el que les decía a gritos que el tiempo se les estaba acabando, nuevamente.


.-.-.-. Dictamen Real .-.-.-.


Avanzaron siguiendo a Sidon, quien encabezaba esa breve procesión.

El Zora observaba de reojo a los muchachos de tanto en tanto, y una extraña sensación de nostalgia recorrió su pecho, revolviendo recuerdos que había querido olvidar, pero no dejaría que el pasado siguiera marcando su presente, así que repentinamente golpeó su rostro con sus manos haciendo un sonido fuerte y claro que alarmo a la parejita que caminaba tras él.

— Me alegra que la hayas encontrado Link —les sonrió con esa característica simpatía tan propia del Zora.

Link se sonrojó de forma discreta y acomodando nuevamente el gorrito sobre su cabellera, afianzó el agarre con el que mantenía la mano de Zelda junto a la suya.

— Ha crecido mucho, Príncipe Sidon.

Había desviado el tema al notar la inquieta reacción de su pareja respecto a la relación que mantenían.

Sidon soltó una carcajada, y se volteó para seguir caminando dando pasos ahora en reversa.

— Y usted sigue igual de pequeñita —le dijo divertido— parece que los años no hubieran pasado por sus cuerpos, los recuerdo tal cual están ahora.

Zelda sonrió ante su comentario y Link parecía cada vez más incómodo.

Realmente Sidon había cambiado muchísimo, aún tenía claras imágenes de aquel día donde había visitado a la Princesa Zora para escuchar directamente su respuesta respecto al tema de los elegidos para formar parte de los campeones, en ese momento el Príncipe también había estado presente...

El día era luminoso y sobre aquel escarpado terreno el sonido de la cascada acallaba hasta sus más entramados pensamientos, era fácilmente audible a mucha distancia, pero ellas estaban justo sobre la parte alta. Habían venido a este lugar para mantener esta conversación en privado, aunque se les había colado un pequeño polizón.

La hija del rey Dorphan se encontraba inclinada sobre la plataforma que habían construido para que justo bajo ella corriera con naturalidad el agua de aquella cascada.

Ese pequeño travieso murmuró viendo a su hermanito justo a los pies de la caída de agua. Estaba dando pequeñas volteretas sobre sí mismo llamando evidentemente la atención de su hermana mayor.

No lo regañes Mipha Zelda sonrió divertida, como le hubiera encantado tener un hermanito o hermanita con quien compartir, pero su madre había muerto cuanto ella era muy pequeña Tiene un espíritu difícil de controlar.

Mipha soltó una risita y luego suspiró resignada. Pero dejo de lado momentáneamente al pequeño para incorporarse y tratar el importante asunto con la Princesa de Hyrule.

Dígame Princesa se volteó manteniendo la lanza entre sus manos, la joven Hyliana era casi una cabeza más grande que ella ¿Quiénes son los otros elegidos?

Zelda le sonrió amablemente a Mipha y manteniendo sus manos juntas delante de su cuerpo agregó.

El líder de los Goron, Daruk; el guerreo Orni, Revali; la matriarca Gerudo, Urbosa hizo una pequeña pausa y miro al frente un tanto perdida, para ese entonces ya tenía incomprendidos sentimientos respecto al último elegido y finalmente, el caballero portador de la espada maestra, Link.

La joven Zora abrazó su lanza y desviando la mirada nerviosa suspiró muy bajito. Finalmente estaba segura que Link también formaría parte del grupo.

Ya veo.

Avanzó un poco acercándose a la orilla de la plataforma y admiró su reino sintiendo como algo dentro de ella parecía decirle que se acercaban tiempos oscuros, tenía un presentimiento, uno que no podía sacarse de la cabeza y con algo de aprensión volvió a observar a su hermano, por primera vez tuvo miedo de no volverlo a ver.

¡Sidon! apoyo la lanza sobre el suelo y volvió a alzar su voz ¡¿Qué haces?! ¡Ya estas acá, sube ya!

Zelda se acercó con cautela a la orilla, sintiendo como sus piernas temblaban ligeramente al ver la gran altura y con algo de desconfianza volvió a dirigirse a la Zora.

Princesa Mipha, quizás Sidon aún es muy joven para subir el solo la cascada.

La Zora movió nuevamente la lanza alejando su base del suelo.

Princesa... ¿Qué hará él... hizo una breve pausa para dirigirle una enternecedora mirada a Zelda ... cuando yo tenga que marcharme con Ruta?

Le sonrió con esa dulzura que caracterizaba a la heredera al trono de los Zoras. Y sin decir palabra alguna brincó hacia el vacío realizando una voltereta en el aire mientras caía, luego sus piernas chocaron contra el agua y con una habilidad y una gracia que sólo podía poseer aquellos de su especie se deslizó cascada abajo como si montara una ola gigantesca. Cuando estaba por llegar al final dio un último brinco y realizo un elegante clavado en la laguna haciendo que el agua salpicara, justo delante de su hermanito que la había observado con su mirada soñadora y esa clara admiración que no podía ocultar en su sorprendida sonrisita.

Ven aquí le dijo sonriéndole enternecida mientras su hermanito nadaba para darle alcance Esta vez yo te llevaré, para que puedas acostumbrarte lo invito a montarse en su espalda.

El pequeño Sidon se abrazó a su hermana y sintió como la emoción hacia que su corazoncito palpitara con fuerza, para él no había nada más estimulante que hacer aquello que su hermana ya dominaba con maestría.

Vamos... le aviso justo antes de tomar marcha y de un envión lanzarse contra la fuerza de la cascada e impulsarse hacia arriba usando sus piernas, dejando que su cuerpo quebrara el curso del agua.

Sidon se aferró a su hermana y abrió grande su boca queriendo decir algo, pero no pudo... la emoción que embargaba su cuerpo lleno de adrenalina cada uno de sus sentidos.

Al llegar a la cima, con el mismo impulso que llevaban, Mipha saltó fuera de la cascada, su hermano se soltó y ella antes de que cayera lo sujeto con su mano y lo jalo para que no se fuera de bruces al suelo.

Se hincó justo delante de Sidon y sujeto su rostro, levantando su miradita para que pudiera verla a ella, quería hacerle entender esto que sentía.

Escúchame le sonrió esperando que a pesar de su corta edad él pudiera comprender si algo me pasara esta región necesitara que protejas a su gente, ¿lo entiendes, Sidon?

El pequeño Zora asintió, sin saber realmente que aquellas palabras tomarían tanto sentido poco después del despertar del cataclismo, era como una despedida adelantada. Pero él ajeno al peligro sólo entendía que le estaban dando una responsabilidad, lo que le hacía sentirse importante y orgulloso.

Mipha volvió a sonreírle, mientras sentía como su corazón se estrechaba dentro de su pecho al ver la inocente miradita de su hermano. Quizás, esta preocupación que había despertado en ella no era más que parte de su gran aprensión por protegerlo.

Bien... en ese caso levanto su dedo índice con gracia ¿quieres intentarlo de nuevo?

Sidon sonrió, mostrando sus ya afilados y brillantes dientecillos. Y con orgullo Mipha apoyo una de sus manos en su cabeza y lo acarició al mismo tiempo que reía junto a al pequeño animadamente.

Era un buen niño.

Zelda quien observaba la escena detenida a un lado sólo pudo sentir ternura por la forma en que la Princesa cuidaba de su hermanito. Pero no pudo decir nada, porque un verdadero nudo se le había formado en la garganta, observó al horizonte y dejo que la brisa acariciara su rostro y agitara sus cabellos.

El sol aún resplandecía con fuerza.

Era increíble pensar todo el tiempo que había transcurrido, para él seguía siendo un abrir y cerrar de ojos, literalmente. Pensar que había conocido Mipha hace tanto tiempo, cuando él era sólo un pequeño niño, y luego había visto a Sidon, el adorable Príncipe de los Zoras cuando recién comenzaba con su club de admiradoras.

Y es que el joven Zora siempre había tenido un encanto especial, uno que seguro había heredado como su difunta hermana, que también había sido muy querida entre su pueblo.

— Ha pasado mucho tiempo, que bueno que los Zoras vivan tanto.

— No lo sé Link, a veces no me parece tan divertido —volvió a voltearse para retomar su marcha mirando al frente, no quería que los jóvenes detectaran ese ligero pesar en su mirada.

— ¡Que va Sidon! —Sonrió animado, sin notar el cambio de ánimo en su amigo— si no fuera así, no nos hubiéramos vuelto a ver.

— Sabía que en el fondo sentías algo por mí —se burló el Zora soltando a reír de buena gana al ver de reojo el rostro encendido del Hyliano justo tras él.

Zelda acompañó la risa del Príncipe, y Link la observó con reproche al tiempo que detenía la marcha.

Acababan de atravesar uno de los muchos puentes de la Región, el puente de Arponen.

— ¿Tú también? —Le cuestiono, jalándola un poco para sujetarla con su otra mano de la cintura— ambos están confabulando en mi contra —agregó juntando su frente a la de ella para luego acompañar las risas de ambos.

Pero aquel grato instante fue interrumpido abruptamente por el potente barrito que proclamó la bestia divina a la distancia, trayendo de golpe la realidad a los tres jóvenes.

— Al parecer Vah Ruta se está impacientando —agregó el Príncipe, suspirando cansado.

Tristemente este reencuentro no podía ser una amena visita de amigos, había asuntos imperiosos que debían tratar.

Volvieron a retomar la caminata, y al cabo de unos minutos que les parecieron bastante largos a los Hylianos, ingresaron en la ciudadela, atravesando las primeras escalinatas, que parecían brillar cual cristal reflejando la sutil luz de esa luna que los acompañaba.

Por alguna razón que no conseguía comprender, aquella inquietud que sentía crecía en su interior, generándole una molesta sensación en la boca del estómago, se sentía extraña y demasiado ansiosa, tanto que su cuerpo se estremeció percibiendo como aquella bruma húmeda depositaba diminutas gotitas que brillaban con la luz fría de la noche sobre su cuerpo.

Respiró con algo de dificultad y presa de esa molesta sensación que la inundaba se estremeció, probablemente le había bajado la presión o algo por el estilo. Sin mucho recato se alejó de Link, hasta alcanzar el barandal más cercano en esa escalinata.

El paladín le dio una rápida mirada a Sidon, percatándose que el seguía su camino sin notar lo que estaba ocurriendo más abajo. Entonces con rapidez volvió a buscar a su Princesa, que ahora le daba la espalda y se aferraba a la orilla respirando agitadamente.

— ¿Sucede algo? —Volvió a tomar una de sus manos y jalándola con suavidad consiguió que ella volviera a voltearse.

Y con el mismo cuidado, se ayudó con su otra mano para levantar el rostro de la muchacha, buscando respuestas. En verdad le preocupaba esos constantes y repentinos cambios en su estado anímico y físico.

— No me siento bien —le confesó tratando de regular su respiración, haciendo que lentamente su cuerpo liberara la tensión que se estaba acumulando.

— Quizás tienes fiebre —conjeturo él, sujetando con sus dientes la tela de uno de los dedos del guante para quitárselo sin necesidad de usar la otra mano, y entonces apoyo su mano ahora desnuda sobre la frente de la joven y dejo que el guante se escapara de sus labios cayendo al suelo.

Zelda sonrió enternecida al ver la preocupación en su mirada, le parecía tierno que él se esforzara por encontrar una respuesta a su malestar. Pero curiosamente, estos extraños síntomas desaparecían tan rápido como venían, sin explicación alguna.

— Claro que no —agregó en un tonito dulce, mientras su mano libre sujetaba el brazo del chico tratando de apartar la mano de él de su frente.

Pero Link no se lo permitió, y al notar que ella trataba de alejarlo, bajo ese contacto firme desde su frente hasta su mejilla, las que ahora estaban adornadas por un sutil rosa.

Hubiera deseado detener el tiempo en ese instante, y es que sentir nuevamente el roce de su piel contra la yema de sus dedos lo hizo estremecer, y sin decir palabra alguna mantuvo esas caricias deslizando lentamente su dedo pulgar sobre la mejilla de ella mientras le sonreía, ya un poco más tranquilo al ver que el semblante de ella parecía ir recuperando color.

Las antorchas dispuestas en los pilares crepitaban con fuerza, siendo este sonido, más el de agua cayendo constantemente lo único audible que opacaba sus corazones ansiosos. Aquella iluminación fría cubría de forma basta el lugar y hacia que miles de reflejos de colores se elevaran desde cada peldaño traslúcido y cristalino.

— Deberías dejar que alguien te revise —Insistió, ya no sabía cuantas veces le había repetido el mismo discurso, pero ella era tan terca.— Quizás mantener tu poder activo por tantos años pudo haber causado algo.

— Estoy bien, sólo fue un simple mareo —se justificó aun percibiendo las dulces carias de él sobre su piel— seguro son las luces y este piso que pareciera va a quebrarse en cualquier instante.

Soltó una risita divertido ante el comentario de la Princesa y acercó su rostro al de ella, percibiendo como sus respiraciones se entremezclaban por la cercanía.

— Prométeme que cuando volvamos a Hatelia dejaras que alguien te revise.

— Esta bien... lo haré.

Intercambiaron unas sonrisas enamoradas, de esas que te atrapan de forma inesperada y hacen que el mundo alrededor de uno desaparezca.

Link se acercó un poco más, casi consiguiendo que sus labios se rozaran. Aquel curioso nerviosismo lo tenía desconcertado, después de tanto tiempo no podía comprender como era que ella seguía haciendo que en su interior todo se revolviera, pero... había algo diferente en la joven, algo que no podía explicar con palabras.

Ella contuvo la respiración y entrecerró sus párpados esperando que los labios de él se juntaran con los suyos.

Y así hubiera sido... pero...

— Ejem...

El escuchar la voz del Príncipe tan cerca los hizo romper el encanto de ese instante perfecto. Avergonzados tomaron distancia, percatándose que Sidon estaba encima de ellos, demasiado cerca.

— ¡Demonios Sidon, no me asustes así! —Exclamó Link llevando la mano sin guante a su pecho, recordado por primera vez que había dejado caer la prenda hace unos segundos atrás.

— No me culpes, de la parte de arriba que vengo llamándolos —se defendió el Zora, encogiéndose de hombros— pero estaban tan acarameladitos, que ni siquiera se acordaron que existía —su sonrisa con aquellos afilados dientes dejo en evidencia lo divertido que él estaba de haberlos pillado en el momento menos oportuno.

— Lo siento Príncipe Sidon —ella se hincó para tomar el guante del Hyliano que estaba en mitad de un peldaño y otro— creo que perdiste esto Link.

Y le extendió la prenda a su guardia real, bueno quizás ahora era mucho más que eso, pero al menos con esos atuendos era la imagen que quería dejar, aunque evidentemente estaban haciendo una pésima actuación.

— Si quieres aún puedes besarla —se burló soltando a reír de buena gana— tienes el permiso del Príncipe de los Zoras.

Y con orgullo se irguió mientras apoyaba solemnemente su mano empuñada sobre su pecho.

— ¡Sidon! —Clamó el chico empuñando tratando de atrapar al Zora, pero este se le escabollú de las manos y echo a correr escalinatas arriba como si se tratara de un juego de niños.

Link quien sin darse cuenta había caído en el jueguito del Zora, salió disparado detrás del Príncipe con totas las intenciones de atraparlo.

La Princesa de Hyrule parpadeó un par de veces un tanto incrédula y luego sólo atino a sonreír divertida.

— Son como niños —suspiró, sujetándola la falda de su vestido para poder emprender la carrera tras sus compañeros, al menos el malestar había desaparecido completamente.


Aquella jugarreta de niños los llevo antes de lo que esperaban hasta la gran estatua que conmemoraba la memoria de la difunta Princesa Zora.

Link y Zelda se detuvieron respirando agitados, mientras Sidon parecía saludar a su hermana con orgullo, realizando una breve reverencia frente a su estatua. Los chicos tomaron aire y lo imitaron, y nuevamente aquello que había sido una divertida carrera había terminado con los cruentos recuerdos de una realidad que definitivamente no podían borrar.

Mipha estaba muerta y aquella esplendorosa figura no era más que un pequeño esbozo de lo que había sido realmente la encantadora sonrisa de la joven.

— Ya estamos aquí —los animo Sidon, apoyando sus manos sobre los hombros de los Hylianos.

Ahora sólo unas cuantas escaleras más separaban a los jóvenes de la reunión con el soberano de la Región.


Ingresaron en el salón, donde el Rey Zora los esperaba en su enorme trono, no podía ser algo más pequeño, después de todo su tamaño colosal y aquella filosa mirada no era lo único que intimidaba.

Curiosamente, aquella noche había muchos guardias reunidos en el salón. Algo que evidentemente Sidon no paso por alto, pero aún presa de su incertidumbre avanzó hasta Muzun, quien también como era de esperarse, estaba junto a su padre.

— Su majestad Dorphan —Zelda realizó una reverencia y Link hizo lo mismo aún detenido junto a ella.

— Ha pasado mucho tiempo... Princesa Zelda.

La voz del Zora retumbo en la estancia, mientras su enorme cuerpo se acomodaba en el asiento que parecía hacerse pequeño. Sus ojos ambarinos escudriñaron a los recién llegados, y su semblante no dibujaba una expresión muy amena.

Sidon observó extrañado a su padre, su tono de voz denotaba algo raro, y por alguna razón tuvo un mal presentimiento. De pronto noto que los soldados acechaban peligrosamente a su alrededor, se acercaban con cautela cada vez más, con cada segundo que pasaba se estrechaba ese espacio entre el Rey y los Hylianos.

— ¿Que pasa Muzun? —Observó a su consejero y al notar que este no parecía tener intenciones de responder, decidió interferir. Pero antes de dar un paso el anciano lo detuvo esbozando una sonrisa que le pareció de lo más lasciva y peligrosa—. ¡Padre! —Exclamó con reproche, pero el Rey sólo levanto su mano para hacer callar a su hijo. No quería que él se entrometiera.

— Joven Link... héroe que carga la Luz de Farore —sonrió mientras se levantaba.

El Hylian nunca había visto de pie al enorme Zora, y casi por inercia busco a su Princesa, queriendo sujetarla de forma sobreprotectora, pero entre él y ella se interpusieron tres guardias que se mantuvieron estoicos, observando al joven héroe con miradas amenazantes.

— El reino Zora sigue en deuda por sus heroicas hazañas —avanzó un poco, haciendo temblar el piso mientras se movía— al contrario de usted, joven regente de Hyrule, su deuda con este pueblo no tiene límites, tanto ciudadanos como este padre aún recienten la perdida de a quien usted puso en sus manos una misión que acabaría en desagracia.

Zelda agachó su mirada sabiendo que cada palabra que el Rey pronunciaba eran ciertas, no había justificación para los errores que había cometido en el pasado. Pero tan pronto como la angustia comenzó a apoderarse de su cuerpo, las molestas nauseas habían vuelto a ella en el momento menos esperado.

El Hyliano notó como otro par de guardias se acercaba peligrosamente a la Princesa y sin medir consecuencias, desenvaino su espada dispuesto a enfrentar a los Zoras si era necesario. Los guardias respondieron su reacción apuntándolo con sus lanzas, listos y dispuestos para atacar.

— ¡Suéltame! —Exclamó al anciano, quien no pudo con la fuerza del Príncipe.

Aunque tan rápido como se liberó, cuatro guardias se interpusieron en el camino del joven Zora.

— Toani, déjame pasar —le indicó reconociendo a una de los guardias, era una joven Zora de piel roja como la suya— es una orden.

— Lo siento Príncipe Sidon —bajo su mirada apenada, ella era parte del club de admiradoras del Príncipe y además formaba parte de su escolta personal, para ella era sumamente doloroso tener que desafiarlo— esto también es una orden.

El Rey Zora volvió a dar un paso al frente y extendió su mano con uñas largas y afiladas hacia la indefensa Princesa.

— Mi señor —se hincó en suelo en un acto de sumisión, trataba de respirar pausado para que ese malestar interno no quedara en evidencia junto con aquellas dolorosas cicatrices que aún no sanaban.

— ¡Enciérrenla! —Dictaminó sin miramientos.

Continuará...


OMG! XD acabo de dejar la grande ya desde el segundo capítulo! XP

Aunque no los dejaré con la intriga por mucho owo, pronto estaré actualizando XD, como estoy tratando de hacer capítulos breves (al menos eso intento XD)

Quiero agradecer la enorme ayuda de Yahab (quien me facilito muchos nombres que me hacían faltan XD y que irán apareciendo en los siguientes capítulos) y a IA, con quien discutimos una parte de la historia X3 que espero logre quedar bien jajajaja XD, bueno ella sabe de que se trata XP

También quiero agradecer a todos los que dejaron sus comentarios, fav y avisos, muchas gracias a todos, en especial a Fox McCloude, Zelink 94, LordFalconX, Yahab y Goddess Artemiss, en verdad muchas gracias por su apoyo :D

Saludos!