A pasado muchísimo tiempo T.T lo sé, pero bueno... más vale tarde que nunca, la verdad es que he estado full atareada, con estudios, trabajo, hijo, de todo un poco x0x en fin... la cosa es que hace mucho que quiero actualizar y mi vida agetreada, mi pc que murio (con muchas de mis historias) y el otro compu que tengo que nunca puedo enceder porque mi hijo no me deja, ha terminado en esto xD al final descargue la aplicación de FF para ver si puedo actualizar los fics desde el celular, espero lograrlo xD para así seguir actualizando todas mis historias.

Sin más los dejo con el fic.


LA LEYENDA DE ZELDA: "Sangre de campeón"


En el capítulo anterior...

— ¿Qué harás tú Sidon?

— Me quedaré y lucharé, ahora que los monstruos han vuelto a la vida tendremos mucho trabajo si queremos mantener el reino tranquilo.

No había más que decir.

Link extendió su brazo y estrecho la mano del príncipe con una amplia sonrisa, lo extrañaría a pesar de todo, y en verdad esperaba que cuando consiguieran regresar no fuera demasiado tarde, de verdad deseaba encontrar las respuestas que buscaban y liberar nuevamente a las bestias divinas antes de que Ganon se volviera más fuerte.

Zelda se unió a los chicos y apoyo una de sus manos sobre las que ellos aún mantenían estrechadas. Y con una sonrisa silenciosa pareció expresar aquel mismo sentimiento que en ese momento los tres compartían.

Se volverían a ver… aquello era una promesa.


.-.-.-. Ante sus ojos .-.-.-.


Finalmente habían alcanzado la zona de la meseta, lamentablemente la tabeta Sheikah se había desprogramado, por lo que se vieron absolutamente obligados a realizar el viaje a pie, claro no caminando, porque al menos sus corceles estaban con ellos. Probablemente, después de desentrañar el misterio que se escondía en el santuario de la vida y volver para ayudar a Sidon y recuperar el control de Vah Ruta, tendrían que hacer una breve parada en Hatelia, y no precisamente para ir a su casa... necesitaban la ayuda de Prunia para ver que diablos era lo que le estaba fallando a la tableta Sheikah. En verdad esperaban que para ese entonces ella estuviera ahí, porque hace meses ella y su ayudante no se encontraban en el laboratorio. Pero seguramente no les perdonaría el que ni siquiera se hubieran molestado en buscarla, seguro eso sería algo que tendrían que discutir mas adelante con ella y en verdad esperaban que los perdonara, después de todo y a pesar de la aparente calma en la que habían estado, no todo había sido tan tranquilo.

Zelda se detuvo, inclinándose para mirar unas pequeñas florcillas coloridas, habían miles por los campos de Hyrule y aquí en la zona de la meseta no era la excepción. Bueno al menos eso creyó Link que ella observaba, pero entonces la chica dió un respingo y poco después pudo ver como la traviesa mariposilla se elevaba.

Sin poder evitarlo sonrió, a pesar de la oscuridad que asechaba cada uno de sus pasos y de la intensa fuerza maligna que comenzaba a levantarse en la zona del castillo, ella con su sola presencia lo hacia olvidar hasta el mas tenebroso augurio

— ¡Mira Link! —Exclamó la chica emocionada mostrandole al chico con orgullo como la pequeña mariposilla se había posado sobre uno de sus dedos—. Parece que le agrado.

Su inocencia, su cálida escencia, aquella dulce sonrisa. En verdad hubiera deseado que momentos como estos perduraran por una eternidad, que aquella pequeña mariposilla pudiera alejar el enorme peso que comenzaba a acrecentarse sobre los hombros de la elegida por las Diosas.

— A mi también me agradas —agregó luego haciendo un ligero puchero consiguiendo que ella soltara una fresca risilla.

— ¿Celoso? —Agitó suave su mano para que el insecto retomara su rumbo y ella pudiera prestarle toda la atención a su caballero.

— Quizás... un poquito —habló bajo y desvío la mirada sintiendo que sus mejillas ardían—. De pronto recorde algo que había olvidado.

Ella sonrió dulcemente y sujeto sus cabellos con ambas manos, como queriendo amarrarlos en una coleta, pero luegonlos solto, dejando que la brisa volviera a agutarlos con el viento.

— Si me hubiera enterado antes que estaban compitiendo... —guardó silencio, no quizo continuar hilando la frase porque al parecer el chico ya sabía a donde quería llegar.

Pero Link estaba distraido, aún con las mejillas sonrojadas parecía divagar en su mente, se había perdido en esas imágenes del pasado, en aquellos recuerdos cuando aún los campeones estaban vivos.


Se habían reunido frente a una improvisada fogata para merendar, tomar un merecido descanso, tenían que retomar su marcha, todos lo sabían, pero también sabían que enfrentarse a alguna batalla con todo el cansancio que llevaban a cuesta no sería beneficioso para ninguno.

Los cinco campeones estaban allí, compartían cosas vanales, era una de esas tardes donde la tranquilidad reinaba por sobre los fuertes rumores del pronto despertar de la calamidad.

Deberían darle una probada a estas piedras Insistió Daruk ofreciéndole de buena fe su festin a todo el grupo.

Aunque claramente, a ninguno le parecia muy atractivo comer piedras.

Yo paso, amigo agregó Link con una sonrisa amable, quien después de darle una rápida mirada al goron volvió a clavar su vista en la princesa, la que se encontraba algo apartada del círculo, revisando notas y más notas.

Urbosa siguió su mirada y sonrió con picardia acariciando su barbilla, el chico era tan evidente que se notaba a leguas

la preocupación que en ese momento sentía. Era como un libro abierto, no necesitaba ser elocuente para no dejar en evidencia eso que sus ojos y su expresión denotaban en la distancia.

Princesa la gerudo había alzado su voz para llamar la atención de la chica. Venga y sientese a mi lado, la mente también requiere un tiempo para descansar.

Zelda pareció sobresaltarse al ecuchar a la gerudo, dejando caer la libreta junto a los papeles que examinaba.

Cielos... que torpe murmuró con un semblante de frustración que no pudo disimular.

Para ese momento Link ya había dejado de lado su comida y se había levantado para ayudarla.

Puedo...

Lo haré yo misma lo interrumpió ella sin darle tiempo de hablar.

Lo desafío con la mirada, como diciendo "quedate ahí " y se hincó para recoger los papeles, sus ojos parecieron vidriarse, como si deseara llorar, pero hizo un esfuerzo para no hacerlo, no quería que todo el grupo viera su quebrantada voluntad.

Link se quedo de pie junto a ella observando como la princesa Zelda recogia sus notas. Revali sonrió con sorna al ver la escena, disfrutaba de aquellos momentos incómodos para el caballerito hyliano donde la princesa de hyrule parecia restarle atención, a su modo de ver las cosas, él con su habilidad y su destreza siempre debió ser el campeón destinado a vencer a Ganon y no ese "niñito hyliano".

Princesa, no sea tan dura con el chico Urbosa volvió a intervenir, no encontraba forma de conseguir que ella dejara de lado esos estudios para que pudiera escuchar su corazón. Link sólo quiere ayudar.

Estoy tan cerca murmuró sin prestarle atención a la gerudo. Si mi padre me diera una oportunidad... podría mostrarle que podemos usar esta tecnología ancestral.

Link sintió como algo en medio de su pecho se oprimía, aunque ella disimulara su pesar sabía perfectamente que la frustración que sentía tarde o temprano terminaría por quebrarla, la había escuchado sollozar en silencio en su cuarto rogando a las Diosas para que escucharan de una vez por todas sus plegarias, la había cobijado con mantas cuando había caído presa del cansancio en medio de sus notas en lo alto de la torre donde estaba su pequeño laboratorio de investigación y le había extendido su mano cada vez que caía en aquellas peligrosas expediciones en busca de respuestas. Pero aun a pesar de las circunstancias que envolvían su mundo de tinieblas, ella volvía a pararse una y otra vez en aquella busqueda interminable de respuestas. Admiraba eso de ella, su ferviente devoción por el pasado, su inmensa curiosidad por el mañana y su arraigado dolor por el presente.

Sin meditar sus accciones y ante la mirada atenta de todos los campeones se hincó junto a ella aún ante la negativa que había recibido y sujeto los papeles que le faltaban para entregarselos.

Debería descansar.

Zelda parpadeó incrédula ante la repentina acción del muchacho, era como si de golpe la hubieran sacado de ese trance en el que ella misma se había obligado a someterse.

Gracias susurró bajito recibiendo los papeles y acomodandolos con torpeza dentro de la libreta.

Zelda volvió a incorporarse, y dedicándole una sonrisa amable al grupo, inclinó ligeramente su cabeza y se apartó.

Mipha quien había observado en silencio todo lo ocurrido notó como el joven hyliano empuñaba sus manos y volvía a seguir con la mirada a la princesa. A veces creía que Link se molestaba en ser demasiado amable con ella, pero era su deber serlo, después de todo había sido escogido para ser el caballero de la futura heredera al trono.

Deberías rendirte soltó de pronto Revali. Tus burdos actos no recuperaran la sonrisa de la princesa.

Link se levantó aún con las manos empuñadas, mientras Urbosa analizaba el tenso ambiente que de un segundo a otro se había formado

No hables como si la conocieras respondió sorprendiendo no sólo al orni, sino a todos los que estaban presentes.

Seguramente eres tú el culpable de su estrés volvió a soltar afilando cada palabra. Un caballerito tan incompetente jamás podrá complacer

los deseos de una joven tan refinada como ella.

¿Y tú si?

Revali se levantó.

No peleen Mipha también se había levantado, esperando que el tema quedara ahí.

Creo que alguien comió algo con mucho picante la risa de Daruk, tan espontánea e inocente pareció hablandar ligeramente la atmósfera.

Podrían arreglar sus diferencias puntualizó Urbosa con una gran sonrisa en el rostro, sabiendo que lo que estaba a punto de decir podría empeorar aún más las cosas. Me pregunto... ¿Quién de ustedes entiende realmente lo que está sintiendo la princesa? Se acercó a Link y le paso confianzudamente un brazo por los hombros. ¿Qué tal si lo demuestran?

¿Demostrar que? Link tenía un mal presentimiento de esto.

Que son capaces de recuperar la sonrisa de la princesa.

¡Yo ganaré! Revali se autoproclamo vencedor mucho antes de siquiera saber si podría lograrlo.

¡Demuéstralo! Urbosa sonrió aun más.

Mipha no sabía donde diantres meterse, la situación era tan incómoda. Pero en verdad deseaba que Link rechazará aquella boba apuesta.

Lo haré finalizó con firmeza, alzando la voz y desafiando a Revali con la mirada.

En verdad no quería que esto se transformara en una boba competencia, pero aún a pesar de ello, si anhelaba desde el fondo de su corazón poder volver a ver una sincera sonrisa en el rostro de la princesa, quería alejarla de sus preocupaciones que aunque fuera por un breve instante, pudiera olvidar los estudios y los rezos y observar aquello que la rodeaba.

Muy bien Urbosa se alejó de Link dándole dos palmaditas en su espalda. El primero en conseguir que la princesa deje de lado esa libreta de apuntes, gana.


Link se sonrojó aun más. En realidad le daba mucha pena, una porque en ese entonces Zelda y él no se llevaban del todo bien y aquella tonta competencia había dejado en evidencia lo que el sentía por ella para Urbosa, quien desde ese entonces no dejaba de molestarlo.

— ¿Link?

La princesa había aprovechado aquel breve instante en la que la mente del guerrero viajo al pasado para acercarse. Ahora lo miraba de frente, con una amplia sonrisa en el rostro.

— Nunca quise usarte para competir con Revali —le confeso rápidamente, sabiendo a la perfección que ella también había recordado aquel puntual instante en el pasado.

— Gracias.

— ¿Cómo? —ahora si que no estaba entendiendo nada. Había creído que ella se molestaría al recordar que él y Revali habían estado apostado metiéndola a ella de por medio.

— En ese entonces no te lo dije... pero —desvío su mirada ligeramente sonrojada— gracias por estar ahí y traerme de vuelta a la realidad, estaba tan sumergida en mis estudios de las reliquias, que no era capaz de ver lo que me rodeaba, ni siquiera de verlos a ustedes... tú, Urbosa, Daruk, Mipha... inclusive Revali, todos estaban ahí para ayudarme y yo lo vi muy tarde.

Un sentimiento extraño recorrió su interior al escuchar esas palabras. La joven parecía un tanto dominada por un infundado nerviosismo, ante una confesión que aunque pareciera de lo mas insignificante, para él, tenía un valor inigualable.

Quizás aquel ridículo que había hecho ese día no había sido del todo en vano

como lo había pensado.

Y entonces otra loca idea se paso por su mente.

— Quiero que me acompañes —dijo de pronto sujetando las manos de la muchacha entre las suyas.

La jaló suavemente y la guió a través de la meseta. Los corceles que iban con ellos los siguieron, manteniendo una distancia de aproximadamente un metro. Pero eran obedientes, los seguirían aunque sus amos no los llamaran.

— Espera... ¿El santuario no esta por ese otro lado?

— Si, pero esto no puede esperar — estaba mas seguro que nunca, debía hacerlo ahora.

Si algo le había dejado en claro el horrendo pasado al que se habían enfrentado, es que no podía dejar para mañana algo de lo que luego podría arrepentirse. Quizás el Rey Zora tenía razón en algo... y había llegado el momento de hacer aquello que él había obviado porque tenía a Zelda a su lado.

— ¿A dónde vamos?

Estaba confundida, pero aún así lo siguió sin chistar. De reojo le dedicaba una mirada, su rostro parcialmente iluminado por aquel brillante sol que coronaba el cielo enmarcaba su radiante sonrisa, aquella seguridad en su mirada y esa repentina premura hicieron despertar aún más su curiosidad.

Había un clima agradable, corría una brisa fresca y el sol a esas horas de la tarde no era molesto, mas bien, se sentía como un cálido abrazo en medio de la refrescante brisa.

Por suerte, la meseta no estaba atiborrada de monstruos como las demás regiones. Sus equinos compañeros aún los seguían de cerca, pero en ese momento los chicos iban a pie, avanzando delante de ellos con una incomprendida prisa.

— Es aquí —soltó de pronto el Hyliano, deteniéndose justo frente a una edificación en ruinas.

La princesa no había estado poniendo atención al paraje, se había perdido en el rostro del muchacho, es más, sólo había estado embobada en pensamientos como que Link se veía muy atractivo hoy, bajo ese sol que los rodeaba, con el cabello alborotado por la agradable brida y su inigualable sonrisa.

— ¿Estas son...?

— Las ruinas del templo del tiempo.

Frente a ellos estaba la entrada destruida de la edificación, el temblo no era mas que escombros, piedras echas añicos y guardianes petrificados, pero aún así no perdía su encanto místico.

— ¿Por qué estamos aquí? —insistió la muchacha aún sin entender.

— Sigueme —le respondió con una sonrisa, jalandola suavemente hacia el interior de lo que quedaba del templo.

Los corceles al verlos entrar al edificio en ruinas agitaron sus colas y relicharon en signo de reproche, pero al ver que sus amos no volvían agitaron sus cabezas y se resignaron a quedarse allí, así que no tenían más que aprovechar la tranquilidad del lugar y dedicarse a pastar amenamente.

Adentro, las paredes destrozadas aún resguardaban al fondo la enorme esfinge de la Diosa, una pequeña escalinata los llevaba a una tarima elevada en donde se encontraba la figura, aún magnífica, iluminada por un tenue sol que atravesaba cada grieta y espacio, cada vitral roto, dibujando danzante y coloridas luces sobre la estatua.

— Princesa —le dijo de forma solemne, deteniéndose justo frente al primer peldaño de la escalera que llevaba a la Diosa. Se hincó sin soltar la mano de la muchacha que hasta ese momento había sostenido y la observó intensamente antes de volver a hablar, observando la genuina confusión en el rostro de ella— con la Diosa como único testigo, quiero pedir su mano, quiero que unamos nuestras vidas aquí y ahora.

Continuará...