Hijos de la oscuridad
Por Nochedeinvierno13
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Esta historia participa en "Casa de Blanco y Negro 2.0" del Foro "Alas Negras, Palabras Negras".
I
El niño de aire
Los thestrals aparecieron luego de que Tiberius se fuera.
Eran criaturas extrañas. El relieve de los huesos le sobresalían de la piel negra, las alas de cuero se plegaban sobre sí mismas cuando no volaban y sus dientes eran tan afilados que cortaban de sólo rozarlos.
A Thomas le gustaba sentarse en el alféizar de la ventana y lanzarle hurones secos al aire. Los thestrals los atrapaban antes que llegaran al suelo, pero nunca se peleaban por el alimento, pues sabían que él tenía suficiente para todos.
Su padre tenía seis thestrals —pronto serían siete porque una hembra estaba embarazada— que tiraban de su carruaje de plata. Thomas quería tener más, quería que aquellas criaturas poblaran los terrenos de la familia Avery, pero su padre decía: «seis son suficientes para tirar del carruaje».
Garrett Avery no comprendía que Thomas anhelaba tener su propio thestral, uno con el que pudiera surcar los cielos cuando quisiera.
Cuando volaba en ellos, se sentía realmente libre; el viento agitándole el pelo y las nubes de algodón sobre su cabeza era lo que necesitaba. Había pagado un precio muy alto para conseguirlo.
¿Por qué no lo entendía?
—¡Thomas! —gritó él desde el piso inferior. Se había marchado toda la tarde, pero ni se molestó en avisarle. Thomas tampoco se enfadó, ya que le dejó los thestrals para que le hicieran compañía—. ¡Ven aquí!
Muchas veces pensaba en él como Garrett Avery y no como en «papá», al igual que le decía a «el otro niño» a Tiberius, su hermano gemelo. Pero aquellos eran pensamientos que Thomas jamás compartía en voz alta.
Lanzó el último hurón que le quedaba al aire y vio cómo el caballo más grande se imponía sobre los demás para hacerse con él.
Salió de la habitación sin mirar la puerta contigua. Allí estaba la habitación de Tiberius. Su padre no había ordenado desmantelarla sino sellarla; los únicos que tenían permiso para entrar en ella eran los elfos domésticos que la limpiaban y la mantenían como el día que él se fue.
Su padre estaba al final de la escalera de mármol. Vestía una túnica negra y una máscara plateada descansaba en su mano. Sin embargo, tenía una sonrisa en el rostro, algo impropio en él.
—Aquí estoy, padre. —Desde pequeño le había enseñado que la educación era la mejor arma de un caballero—. ¿Querías verme?
—Hoy ha sido un día productivo, Tom. —Siempre lo llamaba así, jamás por su nombre completo—. Estoy satisfecho y me siento benevolente. He pensado en lo que me pediste el otro día.
Su corazón latió con fuerza dentro de su pecho.
—¿Me dejarás volar?
Él asintió.
—Cuando nazca la cría, será tuya. Entrenarás al thestral para que te obedezca y puedas volar en él.
—Así lo haré —respondió con solemnidad.
Aquel día era el más feliz de su vida.
Le hubiera gustado que Tiberius estuviera allí para compartir su felicidad, pero arrojar a su hermano por la ventana y verlo estrellarse contra el suelo era la única forma de poder ver a los thestrals.
