Gracias a todos por venir a leer esta continuación inesperada de "reverso" (Siento que es el peor nombre que pude ponerle, pero bueno) Agradecimientos, abajo.


- ¡No me gustas! ¡Ni siquiera me agradas! ¡Eres la persona más detestable que he conocido en mi vida y ni siquiera una amistad quiero tener contigo! ¡PORQUE-NO-ME-AGRADAS!

Me sentí como una estúpida tras decirle aquello.

Mientras todas las miradas se concentraban en nosotras, mis ojos, no podían apartarse de Diana por ningún segundo. No supe realmente el por qué. Si fue porque tuve miedo de lo que las demás dijeran de mí o si temía por que Diana reaccionara peor de lo que yo estaba actuando. Pero no fue así, por lo menos, Diana no tomó ninguna represalia sobre lo que yo estaba haciendo. Sólo se quedó observándome, en silencio, parada a unos metros de distancia de mí. No me dijo nada en ese entonces y no me ha dicho nada desde entonces tampoco. Se ha mantenido a distancia, pero no de forma severa. A veces, me la topo en el pasillo y me saluda, aunque yo no le respondo. A veces, estoy tratando de realizar un truco de magia y las profesoras le dicen que se ocupe de mí, pero yo siempre me niego a recibir su ayuda. Y hace un par de días, la maestra Chariot le pidió que me hiciera una tutoría especial, a la que yo me negué enfrente de toda la clase y le dije cosas que realmente no pensaba o no pienso del todo.

Pero esto ocurrió porque a ella se le ocurrió la brillante idea de besarme en aquel día de la ceremonia de Luna Nova. Si bien Lotte y Sucy no nos dijeron nada luego de vernos, estoy casi segura de que sospechan de buena fuente lo que pasó entre nosotras dos y eso me desespera del todo ¿Y si malinterpretan las cosas? ¿Y si creen que yo y Diana…? No, me niego a pensar en ello. Pero, de todas formas, es injusto, porque yo no quería tratarla así. No fue justo de mi parte decirle todo lo que le dije y mi arrepiento. Y aun así y con todo esto, no me siento con el valor de ir a hablarle, ni verla, ni pedirle perdón ¿Por qué?

- ¿Por qué? – Azoté mi cabeza contra el escritorio, mientras chillaba insultos breves.

Que soy una cobarde, que tengo poco valor y poco respeto, que mi mamá no me educó para tratar así a las personas. Sin embargo, por mi cabeza corría el pensamiento de ¿por qué sólo a ella la trato así, por qué con ella es tan fácil? Bueno, no es como si no haya sido grosera con otras personas antes. Pero es que con Diana todo tenía que ir a un extremo. No podía sólo decirle que no me hablara más, sino que tenía que gritarlo. Y no podía sólo gritárselo a ella, sino que tenía que hacerlo frente a toda nuestra clase, incluso cuando ella no me había hecho nada malo. Definitivamente tengo que aprender algo de esto.

- ¡Ya está! ¡Iré a pedirle disculpas! – Me dije alentándome, mientras me paraba de la silla y afirmaba mis manos en el escritorio. Pero al momento de ponerme en pie, sentí que un temblor fino me recorría el cuerpo y con éste hubo que sentarme de vuelta. Y es que me sentía aterradamente nerviosa – ¿Y si ya no quiere verme?

La duda no era infundada. Había actuado de forma vituperable desde nuestro beso y muy posiblemente ya esté enojada conmigo, digo, se ha enojado por cosas menores. Pero, por otro lado, si no lo estuviera y me acepta de todos modos, sería como estar jugando con su corazoncito. Su lindo corazoncito…

- ¡Ay, Akko, concéntrate por favor! – Nuevamente golpeé mi cabeza contra el escritorio y entonces miré por la ventana, con la mirada nublada.

En serio no quería lastimar los sentimientos de Diana, pero ¿Qué había de los míos? ¿Sería correcto engañarme a mí misma y fingir algo que no siento? Tal vez, en ese entonces, cuando estábamos las dos, sólo me dejé llevar ¿Y qué podía hacer con ello? Bajé mi vista un momento, sosteniendo ahora mi cabeza con mis manos. Había muchas formas de ser cordial con una persona. Si lo pensaba bien, si lo pensaba como Diana, algo me decía que la manera correcta de disculparme primero, sería a través de una carta.

- ¡Sí! Eso parece buena idea…

Diana es una chica tradicional, así que si me disculpo con ella a través de una carta, seguro esto me facilitará el hablar con ella después. Pero debía ser cautelosa con lo que escribía, porque no quería dar paso a malos entendidos. Entonces tomé una pluma y el frasco de tinta en mis manos, después de haber acomodado una hoja blanca frente a mí. Me dispuse con todo lo que tuve a escribir algo para ella, para que no se sintiera mal. Tenía tantas ideas en mi cabeza para expresar, que al momento de poner la pluma sobre el papel, ya no tuve ninguna. Fue como si se hubieran esfumado de la nada y el nerviosismo se hubiese apoderado de mí.

- ¡¿Y ahora qué hago?! – Me levanté con la tinta y la pluma aún en mis manos y comencé a dar vueltas por toda la habitación – Son las siete de la tarde, si no escribo o hago algo antes de las nueve, las chicas llegarán y verán que estoy tramando hacer algo para Diana y comenzarán a dudar de mí.

Salté desde mi cama a la de Sucy en más de una oportunidad, todavía sin poder decidirme qué hacer. Ya era, la carta no sería, pero debía haber otra cosa. Quizás hablar con ella directamente, sería lo más sensato.

- Pero si no me acepta… – Me detuve en medio de mi escándalo y divagué un momento. Ya más no tenía qué perder, sería todo o nada – No me importa. Iré ahora a su cuarto y solucionaré este problema… Le pediré perdón y ya está, como una mujer madura.


Todo el camino a su cuarto me la pasé repitiendo lo mismo: Soy una mujer madura, soy una mujer madura, tantas veces como me duró el aliento, aliento que se fue con el viento cuando estuve parada frente a su cuarto. A la hora, entendí que debía tocar, pero cuando me dispuse a hacerlo, me di cuenta que había traído conmigo la tinta china y la pluma. De lo nerviosa que estaba, lo más probable es que ni siquiera haya pensado en dejarlos. Vista de este desprovisto, me dije que volvería después, pero justo cuando iba a marchar, la puerta enfrente de mí se abre y da paso a una de las compañeras de cuarto de Diana, Hannah.

- ¿Akko? – La escuché decirme y yo cerré los ojos rezando porque no mencionara nada a Diana. Pero al parecer, mis suplicas no llegan tan alto – ¿Vienes por fin a disculparte con Diana?

Abrí los ojos casi sin querer mirarla y por ello, me desvié para mirar al interior de la habitación. Equivocación incluso más grave, porque Diana estaba dentro y me la topé de ojo a ojo. Ahora tragué pesado y volvía mirar a Hannah, para negar cualquier acercamiento.

- N-no… no viene para eso, yo… ¡yo no quiero disculparme con nadie!

Dije y pensé que con esto podría escapar, pero fue todo lo contrario, porque, al parecer, en pos de mi defensa, Diana se terminó acercando y posando junto a Hannah para hablarnos a ambas.

- Hannah, no la molestes. Si vino aquí debe ser por algo importante ¿No, Akko?

Escuchar su voz, después de tanto, tan cálida y refugiante, me hizo sentir pequeña y ya no pude hablar más. En vez de eso, me retiré, sin decir nada. Pero antes, apreté el frasco de tinta negra en mis manos y se lo arrojé en la ropa a Diana, echándome a correr luego. Lo último que alcancé a escuchar de ellas fue como Hannah decía que si acaso para eso había ido y a Diana diciendo que no había importancia alguna. Mas, noté que si estaba molesta.


Sucy y Lotte durmieron plácidamente aquella noche de día sábado, pero yo no pude pegar pestaña en todas esas largas horas, pues cada segundo que pasaba pensando, era para recordar lo estúpida que fui al lanzarle la tinta encima a Diana. O sea, que si antes estábamos mal, ahora estaríamos peor. Acabada por estar largas horas de sueño sin dormir, al final me puse de pie y salí a dar una vuelta por los pasillos de la Academia, en fin, era todavía demasiado temprano como para que alguien más, a parte de las profesoras y hacedores de aseo, estuviesen despiertos. El sol estaba recién saliendo.

Di vueltas por varios lugares, hasta que me decidí regresar, pero en un último impulso me propuse la meta de arreglar las cosas con Diana. Más no podía empeorarlo ¿Cierto? Corrí hasta llegar a su cuarto y toqué un par de veces, esperando que fuese ella quien me abriera y obviamente, que por ello, estuviese despierta. No tuve que esperar tanto, quizás segundos, para que alguien me abriera la puerta y me topase de frentón con Diana, la Diana de siempre, pero vestida diferente. Llevaba puesta una camiseta blanca y un pantalón buzo gris, no traía calzado y su cabello estaba amarrado en una coleta de caballo, hecho, notoriamente, con prisas. Al saberme frente a ella, su boca se torció y sus cejas se fruncieron, mostrando su confusión de verme ahí. Pero no era para tanto, tarde o temprano querría disculparme con ella, no le veía la gran cosa.

Al final, opté por hablar yo primero, pero sin mirarla más a la cara.

- ¿Crees que pueda hablar contigo un momento? – Le dije y ella no tardó en responder, inclinando su mano para invitarme a pasar.

- Claro. Hannah y Bárbara salieron a la ciudad, así que puedes sentirte cómoda.

Me sorprendió un poco su cordialidad al hablar, pero recordé que Diana siempre es así con los demás, así que sólo lo acepté. Entré y me quedé de pie en medio de su habitación, hasta que ella me señaló los sofás. Tomé asiento entonces y ella en el sillón contrario al mío, subiendo ambos pies sobre éste, mientras rascaba su cabeza. Incluso ella parecía nerviosa ahora.

- Bueno, y ¿de qué querías hablarme? – Me preguntó, como queriendo iniciar con buenos términos. Pero su mirada se centraba en las tazas de té que estaban sobre su mesita de centro. Yo también me concentré en ellas, para evadir su mirada y, al final, no pude contestarle su pregunta, sino que pregunté:

- ¿Por qué vas vestida así? No… No es normal en ti.

- Mmm ¿Lo dices por esto? – Ella dijo, sosteniendo su camiseta, y luego sonrió – Es que ayer una chica muy parecida a ti, vino y me lanzó tinta sobre el pijama. Y el problema es que la tinta china no sale tan fácilmente.

- Pudiste ocupar magia.

- Pero no todos los problemas se solucionan con magia, Akko. Como éste, por ejemplo.

Nuevamente introdujo el tema, "nuestro tema". El caso es que yo, hasta este momento, no quería hablar de él, todavía no quería asumirlo. Pero ella iba a insistir y lo supe porque al finalizar su frase, se puso de pie y fue a sentarse a mi lado, muy cerca de mí, sosteniendo sus manos sobre el borde del sillón, con sus ojos atentos a los míos. Y dijo:

- Si no quieres que pase, no pasará. Despreocúpate por ello – Acercó su mano a mi pelo para arreglarlo, pero cuando la sentí cerca, de inmediato la aparté, haciendo que volviera a hablar, esta vez, con más compasión – No tengo problemas en que me rechaces, porque no soy del tipo que se muere por amor. Aprendí a quererte y así mismo, puedo aprender a alejarme de ti. Y no tiene que ser para siempre, podemos ser solo amigas ¿Qué te parece?

- No quiero…

- Akko. Comprendo que esto te pueda incomodar, pero debes decírmelo. Sé clara ¿Qué significa ese no quiero? ¿No me quieres a mí, no quieres que sea tu amiga o no quieres que me aparte de ti, eh?

No le dije nada y esto le dio el pie para retirarse. Me dejó sentada en su sofá y ella se fue a sentar a su cama, bajo mi casual mirada. No se veía enojada, ni tampoco me hablaba de esa forma, pero sí lucía algo frustrada.

- Bien – Volvió a hablar, con la misma serenidad de antes – Entonces, me responderé yo sola y cuando acierte, tú me lo harás saber ¿Lo tienes? – Asentí despacio y luego de unos segundos, me acerqué hasta ella, para sentarme a su lado en la cama. Entonces comenzó a hablar – Tienes… miedo de sentir algo por una mujer – Negué – Ya estás enamorada de alguien – Volví a negarlo – De verdad yo no te agrado – No respondí a eso – No te sientes preparada para una relación – Casi sentí que atinaba con esa respuesta, pero todavía seguía insegura. No se lo aclaré – Quizás… Tienes miedo de decirme la verdad y lastimarme ¿No es cierto? – Mordí mi labio inferior, sin mirarla, cuando ella buscaba mi mirada incesante – Aceptaré la verdad que me digas… Vamos, confiesa.

- Siento… siento haber derramado tinta sobre tu pijama – Terminé diciéndole y ella se sorprendió en un principio, pero su sonrisa calma y sus ojos apacibles y generosos, me dijeron que no tenía problema con ello, por eso proseguí – Y también siento haberte dicho que no me agradabas, cuando es todo lo contrario… Me agradas mucho.

- Qué bien, al menos así nos llevare…

- Y siento haberte apartado de mí la noche que Lotte y Sucy casi nos vieron besarnos. Es que… no soy muy buena con esto de las relaciones.

- Descuida, sería mi primera vez de todos modos. No me hubiera gustado tener público en aquella oportunidad… Además creo que me sentí más confiada por lucir como varón, al menos así, tenía la mínima ventaja de que no me rechazaras tan feo.

- … Sí que es confuso esto – Dije, luego de soltar todo el aire de mis pulmones. Fue cuando creí tener la confianza necesaria para hablarle mirándola directamente a la cara, sonriendo – Te mentiría si te dijera que no me gustas… Pero también mentiría si dijera que me gustas… Esto es complicado, porque cuando te portas tan amable conmigo, así linda y gentil, tengo muchos deseos de estar contigo, pero conozco la otra parte de ti, y no me gustaría que estuvieses riñéndome por todo o menospreciándome. A veces puedes ser muy grosera y tosca.

No escuché que me respondiera de inmediato, de hecho, no lo hizo. Al oírme hablar, pude verla reposar su espalda contra el colchón de su cama, en dirección a la ventana que tenía frente a ésta, donde el sol iluminaba su rostro. También, pasó sus brazos por detrás de su cabeza y así se quedó mirando hacia afuera, tal vez el cielo o alguna otra cosa, no supe con exactitud, pero sus ojos se quedaron fijos en algún punto del mundo. Decidí acercármele con cautela, arrodillándome justo a su lado, ella no se percató de mí y siguió como si nada, paciente.

- ¿Crees que soy grosera?

- No con las demás… sólo conmigo – Respondí.

- Tú me sacas de quicio muy a menudo.

- Podrías reclamarme con más cariño, así me demuestras tu amor ¿No?

- ¿Crees que estoy enamorada de ti?

- ¿No lo estás?

Diana calló de nuevo y tomó asiento sobre el colchón, afirmada en sus brazos y manos, para mirarme cara a cara. Sus ojos estaban sobre los míos y sus labios muy cerca también. Pude sentir su respirar. Y pude sentir cómo se detuvo el tiempo entre las dos, enlenteciendo todo a nuestro alrededor. Su boca demoró una infinidad en moverse, en hablarme, en responderme. Incluso para mí iría más rápida una tortuga que ella, pero debió ser mi desesperación, quería que lo dijera ya, quería oírlo ya. Y cuando me lo dijo, todo volvió a ser como antes.

- Tú me gustas mucho, Akko. Pero no sé si es amor…

- Mm…

Mentiría si dijera que sus palabras no me afectaron. Pero es así ¿no? Ella estaba siendo sincera cuando me dijo que no sabía si estaba enamorada y yo, bien, estoy en su misma posición. No tengo idea de si me siento así por ella, pero me gustaría averiguarlo. Así que me acerqué a sus labios, lentamente, cerré mis ojos y busqué su contacto como la otra vez. Ella me recibió sin oposición alguna y en mí recargó su boca, comenzando con un beso bastante suave y tierno. De pronto, su respirar me hizo cosquillas en la nariz y terminé sonriendo, mientras Diana se acomodaba para sostener mi mejilla con una de sus manos. No sé si lo que sentí fue amor, pero mi corazón golpeaba mi pecho cada tanto, diciendo que por favor no me separara porque no estaba lista para ello. Pero que yo lo escuche, no significa que Diana haga lo mismo, así que ella se separó, buscó aire y volvió a besarme, pero su beso cada vez se hacía más superficial, hasta rosar mis labios con delicadeza y acabar por alejarse.

- No sé si esto es amor, pero se asemeja bastante ¿No crees?


Cualquier falta de ortografía o texto incoherente, como siempre digo: ¡Un hechicero lo hizo!

Espero les haya entretenido.

L-Lauriet

Ahora sí, gracias por todos sus comentarios, verán que me dedico a leerlos, y agradezco que gusten de mis historias. No me atrevo a hacerlas muy largas porque me conozco y no suelo terminarlas. Pero esta la continué, porque sentí que podía agregar un poco más, para no dejar un final abierto. Aún así lo volví a hacer, así que ahí se ven.