Queridos todos, no me considero una persona románticamente cursi, pero he de admitir que con esto vomito corazones y arco-iris. Disculpen, esto va en contra de todas mis leyes sobre el amor, que debe ser rudo y masoquista (7V7 lol, por supuesto que no) Con todo esto, espero lo disfruten.


Bueno, cómo explicarlo. Cuando comienzas una relación, las cosas no siempre son tan fáciles. Al menos, yo creía que esto era así y, poco a poco, me he dado cuenta de que no, de que el concepto de pareja feliz es sólo una ilusión que te puede entregar el ser correspondida por primera vez a una persona. Sin embargo, durante estas semanas, el estar con Diana se ha vuelto algo fascinante como tedioso a la vez. Extrapolando el hecho de que nuestra relación no es formal y hemos decidido no decírselo a nadie, bueno, quizás yo he decidido por ambas no divulgarlo, pero Diana no ha estado en desacuerdo.

- "Si quieres que sea un secreto, será nuestro secreto".

No me malinterpreten. Adoro los pequeños momentos que puedo pasar con ella, pero son sólo eso, pequeños momentos. La mayor parte del tiempo cada una está haciendo sus cosas, cada una estudia por su cuenta, sale con sus amigas, realiza actividades y todo de forma individual. De todo lo que hacemos, no hay nada en lo que yo pueda decir: Esto sólo lo hago con ella, porque ella es mi pareja. Nada.

Aunque bueno, es cierto que a veces preferimos no decirle a nadie que qué es eso tan importante que nos surge, quizás, a mitad del almuerzo o en tiempo de descanso, que debemos irnos tan rápido. Tal vez, es cierto que de repente me invento una excusa con Lotte y Sucy y quiero escaparme a la biblioteca, sólo para saber que Diana estará allí esperándome. Si tuviera que llamar de alguna forma a nuestro pequeño momento, sería: el pequeño momento de Diana y Akko en la biblioteca. Generalmente está desocupada, no muchas alumnas de la Academia van allí en busca de un libro. Y si los buscan, Diana conoce el lugar perfecto a donde ninguna iría a por uno, porque esos ya son viejos y están en otros idiomas, lenguajes que ella entiende y que a mí me faltarían años todavía para poder comprender una sola palabra.

Por eso es que me sentí tan emocionada cuando la vi al entrar en la biblioteca. No lo habíamos planeado. Simplemente yo estaba allí y ella también. Nos encontramos sin querer, supongo yo. Pero sé que Diana se puso contenta, porque cuando sacó su vista del libro que leía y me miró, una sonrisa instantánea se generó en sus labios. Yo entré en silencio, manejando la puerta detrás de mí con delicadeza hasta cerrarla, me acerqué como si no quisiera ir por ella y terminé estando de pie frente a sí. Diana cerró su libro, dejándolo en el estante, y sonriéndome con gusto, me habló:

- No recuerdo haberte dicho que estaría aquí ¿Me estás siguiendo? – Su soberbia al decir, me provocó risa, porque sé que no lo decía en serio, pero aun así le salía bastante real. Luego me abrazó.

- No te estaba buscando… De hecho, sí vine a estudiar.

Le respondí separándome, sin apartar mis ojos de los suyos. Quizás esto la decepcionó, ya que en su rostro atisbó un deje de molestia. Pero no le di mucha importancia y fui por mi libro, porque realmente necesitaba estudiar.

- ¿Y qué buscas exactamente? Puedo ayudarte.

- La maestra Finnelan me castigó por llegar tarde a su clase hoy…

- Lo recuerdo.

- Y ahora debo hacerle un reporte sobre lo último que vimos de la lección – Dije y la observé, esperando resultara el puchero de cachorro que intentara entregarle en ese momento – ¿Crees que tú…?

- Soy tu novia, no tu esclava. Debes realizar tú misma tus deberes.

Está bien, me ofendió bastante que se negara tan rotunda a ayudarme, pero por otro lado, no pude contenerme. Cuando dijo ser "mi novia", inmediatamente sonreí y sentí mis mejillas sonrojarse. Y es que cuando Diana lo dice, siento que las palabras toman un valor especial, un significado más profundo para mí.

No le reclamé, ni le hice mala cara. Sino que la abracé y la apreté fuerte entre mis brazos, casi como si quisiera sacarle el aire, cosa que le molestó y me lo hizo saber en el acto.

- N-no… aprietes… De-de todas formas no te haré el trabajo…

- Jo. No te abrazo porque quiera convencerte de ello… - Debatí, sosteniendo mi quijada sobre su pecho – Te abrazo porque te quiero.

- No seas manipuladora.

- No lo soy…

Dije y pasé mis brazos por su cuello, inclinándome un poco para poder alcanzar su altura. No era tanta la diferencia, así que sólo me costaría un poco de esfuerzo. Al tener mis ojos frente a sus ojos azules, le sonreí todavía más y ella me miró extrañada. Ya sabía Diana qué tipo de cosas tenía en mente, pero ella seguía siendo muy precavida para acercarse a mí. Después de nuestra última gran conversación, siempre esperaba a que yo le diera una señal y entonces pudiese luego ella tomar la iniciativa. Para eso, era gentil y paciente.

- No aceptaré un beso como soborno.

- Apuesto a que sí.

Sonreí.

Diana se sonrojó antes de apoyarse en mi frente. No se veía muy convencida de hacerme caso, pero tampoco se negaba. Más bien, parecía hacerse del rogar, aunque no le durase por mucho tiempo. ¿Quién diría que yo me convertiría en su punto débil, aquello de lo que no puede escaquearse?

Tomé su mentón con ambas manos, acercando sus labios a los míos, esperando a que me besara. Lo hizo apretujando su boca húmeda contra la mía y, no sé si por costumbre o por reflejo ya, también abrí mi boca. Jamás creí que podría dar este tipo de besos, al menos, no a esta edad. Sin embargo, me acostumbré tanto a hacerlo con Diana, que ahora se siente totalmente bien, raro, pero bien.

Nos quedamos de pie en medio de la biblioteca, besándonos por algunos minutos. Diana a veces se alejaba de mí para verme a los ojos y sonreírme, después aproximándose de nuevo a mi boca. Ella gustaba de darme besos fugaces en los labios y en seguida convertirlos en uno más profundo, uno donde hacía que su lengua chocara con la mía. Al principio, y lo recuerdo bien, me causaban arcadas, no por asco sino por invasión. Me imagino que los primeros besos de toda chica, sí, más de las chicas que de los chicos, son un poco traumantes. No que uno no los disfrute cuando se dan con la persona indicada, pero de todas formas siguen siendo traumantes.

Aunque si lo pienso mejor, pudo ser peor ¿no? Diana tiene muchas cualidades que la convierten en la candidata perfecta para dar tu primer beso, porque tiene unos labios finos y suaves, húmedos, la mayor parte del tiempo. Y cuando te acercas a ella, huele bien, y créanme, esto es un factor importante a la hora de dar un beso.

Cuando ella te besa, lo hace con delicadeza, creo haberlo dicho antes. Tiene cuidado de acercarse y casi siempre rosa su nariz con la mía precedente a la aproximación final. Además, le gusta mirarme primero a los ojos y luego a la boca, porque sonríe cada vez que lo hace. Y sus ojos son otro gran punto a tocar, porque cuando Diana me besa, veo que sus ojitos azulitos brillan, me mira atenta y después los va cerrando poco a poco hasta que se deja llevar totalmente por nuestro beso. Lo sé, porque muchas veces me quedo viéndola cuando lo hace. Tiene una forma particular de besar y eso es lo que me gusta de ella.

Pero, ahora que lo pienso ¿Qué es lo que ella pensará de mí? ¿Huelo bien? ¿Le gustarán mis labios? ¡Rayos! Vengo de almorzar y no me he lavado los dientes ¡¿Qué es esto?!

Terminé separándome abruptamente de Diana y ella me observó desconcertada.

- ¿Pasa algo? – Me dijo, con las cejas confusas y una mano flotando en el aire – ¿Te sientes bien?

- Ah-ah, sí… Pff, claro – Exhalé – Sólo que debo hacer el reporte y no se hará sólo. Ya sabes.

- Ah, sí. No te preocupes… yo te ayudo. Pero sólo será ayudar.

- No te pedí nada más…


El sábado por la mañana, apenas sentí el sol entrando por la ventana de mi habitación, me levanté ipso facto de la cama y salí corriendo por los pasillos. Sé que Lotte me gritó que la esperara si quería ir a comer algo, pero yo no estaba apurada porque tuviera que comer, no esta vez, por lo menos. Sino que hoy día, Hannah y Bárbara saldrían a la ciudad y eso significaba que Diana estaría sola, lo que significaba…

- ¡TIEMPO DE CALIDAD EN…!

- ¿Akko?

Mis pies se detuvieron derrapando en el piso. Hannah y Bárbara me miraron enrarecidas.

- ¿Por qué estás tan animada?

- Tanto que ni te dio tiempo de cambiarte la pijama – Las dos sonrieron con sorna al hablarme, y yo observé mi ropa y sacudí mis hombros ignorante. Diciendo:

- ¿No se decía el pijama?

- ¿Qué?

- ¿Qué?

- ¿Qué?

Y de la nada, el encuentro se había vuelto completamente incómodo. Decidimos, bajo el mutismo y la unanimidad, que sería mejor dejarlo hasta ahí. Y siguiendo cada una su camino, nos dispersamos por los pasillos hasta que, volteando a nuestras espaldas, no nos viéramos más. Menos mal, suspiré luego, al menos así no di paso a las preguntas realmente incomodas. Continué mi marcha sobre mis pies, llegando hasta la habitación de Diana, toqué un par de veces rítmicamente y a los segundos me abrió, ya vestida con el uniforme de la Academia, una lástima, porque pensé en pasar la mañana recostadas un rato. Linda vida en pareja.

Ella me saludó, sonriendo.

- Sabía que vendrías.

- Pues si sabías, debiste esperarme en la cama ¿No crees?

- ¿Disculpa?

¿Cuánto tiempo pasó? Dos, tres segundos. Ya para ese entonces había caído en cuenta de lo mal que había sonado aquello. Pero para mi suerte, Diana no lo había malinterpretado, y el único vestigio de mi comentario, fue el repentino sonrojo que se me subió a la cabeza después.

Cuidado con las palabras, Akko.

- Sólo pensé que… podríamos pasar un tiempo juntas.

- Quisiera, pero tengo cosas que hacer, perdona. Voy de salida a hablar con la directora – Me respondió, cerrando la puerta detrás de ella. Yo la seguí con la mirada.

- ¿Algo importante?

- No mucho. Quieren discutir algo conmigo, respecto a los siguientes exámenes… Estoy viendo si puedo encargarme de algunas tutorías, para ayudar a las maestras.

- ¿Tutorías para mí? – Le sonreí, esperando que siguiera mi broma, pero o no la captó o de frentón me ignoró. Su respuesta fue seria.

- Tutorías para todas, pero especialmente para ti. Me preocupan un poco como van tus notas.

- Cada vez van más alto… La vez anterior saqué cincuenta puntos.

- En un examen de cien.

- Me sirvió para aprobar.

Diana suspiró y se detuvo para hablarme.

- Sé que no debería meterme en esto, son tus calificaciones y tu responsabilidad. Verás tú como decides vivir tu vida, pero… no puedo evitar pensar que lo estás haciendo mal. Y me llego a sentir culpable porque yo también soy parte de tu distracción…

- No es para tanto – Reí, sacudiendo la mano. De verdad no lo era – Ya logré pasar muchas materias… Sólo quedan las de Finnelan-sensei y la de la profesora Nelson. Pero ella misma dijo que ya estaba mejorando en el vuelo ¿Qué te parece?

- Que debes estudiar más.

- ¿Para poder estar a tu altura?

Se lo dije con enfado y lo admito. Detesto que nos divida y fue justamente por esto, que en un principio, no quería aceptar ser su novia. Ella se paró frente a mí, alzando una ceja y se acercó para abrazarme, pero no será suficiente. Suspiró.

- Sabes que no me refiero a eso. Quítate esa idea de la cabeza ¿Qué es eso de "altura"?

- Que eres superior a mí y necesitas que yo esté a la par o no podremos estar juntas.

- Eso es estúpido.

- Y ahora me llamas estúpida.

Recargué mi barbilla sobre la de ella y comencé a gruñir, como ella suspiraba cansada. Luego de segundos sin pedirme disculpas, decidí castigarla jalando de su labio inferior con mis dientes, cosa que también le disgustó.

- Akko no muerdas – Me dijo y la solté, antes de que se enojara de verdad – Sabes que no me gusta que lo hagas.

- A mí tampoco me gusta que me muerdas – Le reclamé, mostrándole el flanco de mi cara. Ella respondió:

- Yo no te muerdo.

- Pues… No me gusta que no lo hagas, entonces.

Nos separamos finalmente y ella me dio una de esas miradas que te dicen: "No te regañaré, pero debería hacerlo. Así que agradécemelo". Yo bufé, cruzándome de brazos.

- Espero acabar lo más pronto posible con la reunión… - Llamó mi atención hablando y luego soltó una carcajada por lo bajo, mordiéndose el labio – ¿No quieres que comamos juntas después? – Sonreí inevitablemente.

- Sí, no estaría mal.

Creo que ambas fuimos incapaces de mirarnos a la cara, pero yo estaba que moría por la alegría y Diana debiese estar por las mismas. Cuando se despidió, yo la vi marchar, y cuando se perdió doblando la esquina del pasillo, yo di media vuelta y volví a mi habitación. No sé qué es esto y porque me hace tan feliz, pero de seguro sólo Diana puede provocarlo.


Cualquier falta de ortografía o texto incoherente, como siempre digo: ¡Un hechicero lo hizo!

Espero les haya entretenido.

L-Lauriet

Gracias Fer, gracias Diana y a todos los que comentan (no es necesario que lo hagan, pero se les agradece) y...

Fer, nunca lo tomé por el lado de que esto fueran etapas del amor, pero me pareció muy entrete' la idea y la tomaré, este capítulo demuestra que la tomaré, Arigato Gozaimasu xD