Hijos de la oscuridad
Por Nochedeinvierno13
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Esta historia participa en "Casa de Blanco y Negro 2.0" del Foro "Alas Negras, Palabras Negras".
Condición: Brillar con luz propia.
II
La niña de fuego
Ella se miró en el espejo de mano; no le gustó el reflejo que éste le devolvía porque era un reflejo real y grotesco.
Los bucles castaños rojizos que le caían sobre el rostro no eran suficiente para disimular la piel quemada. La cicatriz estaba en el lado izquierdo de su cara y se extendía desde la frente hasta el mentón. El ojo de ese lado tampoco existía. El párpado superior se le había fundido sobre el inferior cuando el fuego llegó a la almohada.
—¿Otra vez con el espejo? —preguntó Frederick Mulciber. Aún no se acostumbraba a llamarlo «padre» o a llevar su apellido. Tampoco a estar en aquella casa tan grande, llena de retratos de personas que no conocía y jamás conocería—. Romperé todos los malditos espejos si sigues obsesionada.
Pero, ¿cómo no estarlo cuando su vida y su rostro habían quedado marcados para siempre?
—Que no haya espejos no borrará lo que me pasa —respondió Morgana—. Para ti es fácil decirlo. Usas una máscara todo casi todo el tiempo. —«Una de plata y otra de frialdad», añadió para sí misma.
Frederick Mulciber no se enfadó.
Le quitó el espejo y la tomó de la mano. Era la primera vez que lo hacía; su contacto era cálido y suave. La llevó por un largo pasillo que desembocaba en su habitación.
Él era el único que dormía en el primer piso; el segundo le pertenecía por completo a ella. Tenía un cuarto para dormir y otro para recrearse. Cuando le preguntó qué le gustaba hacer, Morgana respondió «leer»; al otro día, Frederick le entregó la llave de la biblioteca más grande del mundo, seguido de un «eso lo sacaste de mí».
—¿Tanto te importa tu belleza?
—La belleza lo es todo —contestó Morgana. Su madre siempre lo decía. Ella vivía de sus sonrisas y de su piel suave—. Sin belleza, estoy desnuda frente al mundo.
Pensó que le diría «Morgana, tienes solamente diez años», pero sus palabras fueron:
—Una vez amé a una muchacha hermosa. Era tan hermosa que dolía verla, pero fue por esa misma belleza que murió. —No estaba hablando de su madre. Morgana sabía que nunca hubo amor entre ellos. Razón para que no se casaran y su madre emigrara a Francia cuando estaba embarazada, sin decírselo—. Los hombres quieren poseer aquello que es hermoso, Morgana. Y son capaces de los actos más atroces para ello.
—En lo que quieres decir es que no debo preocuparme por mi belleza.
—Pienso que tus imperfecciones son lo que te hacen brillar con luz propia.
—Pero no es una belleza que los hombres vayan a codiciar —completó Morgana—. Quiero una máscara como la tuya.
Él abrió el cajón donde estaba guardada y la extendió en su dirección.
Morgana se la llevó al rostro. Se sentía fría sobre su piel, pero ocultaba por completo la quemadura y eso le hacía sentir segura. El mundo se veía diferente a través de los orificios.
—Ahora te pertenece.
Morgana Mulciber estaba seguro que podría olvidarse del mal recuerdo del incendio con aquella máscara.
