Muy buenas, criaturitas del señor...
Ya, sabía que algún día lo haría, y ese día ha llegado. Una actualización de reverso, a casi un año de su publicación, madre mía.
Espero les guste.
Si nunca en sus vidas han sentido lo que es el verdadero temor, déjenme decirles que esto únicamente se debe a que, en sus vidas, han tenido que enfrentarse a la peligrosidad que significa tener que asistir a una de las clases de Lukic-sensei. Y, por supuesto, no me malinterpreten, con esto no quiero decir que ella sea un tipo de maestra "ogro", como sí se le podría llamar, tal vez, en mi condición, a la Profesora Finnelan, toda estricta y con sus reglas bien definidas. Sino más bien, me refiero al carácter de sus lecciones y a lo espeluznante que pueden llegar a ser sus gestos y facciones al moverse y hablar. Lukic era una maestra peligrosa, pero por las razones equivocadas, en especial, con una materia tan arriesgada a cargo. Porque, por un lado, y como les mencionaba anteriormente, Finnelan-sensei es muy estricta, pero sé que además de un regaño en sus clases no obtendré ningún otro tipo de daño efectivo, si saben a lo que me refiero; pasa lo mismo con las materias de la maestra Badcock o Úrsula-sensei; no así con Farmacología, alquimia y jurisprudencia.
Yo, por alguna razón, sentía que esta maestra obtenía algún tipo de placer al asustarnos a todas con su forma de hablar y reírse, además de su entusiasmo por lo grotesco, algo sumamente familiar para mí en mi equipo. Pero quizás, hoy, no era el día en que yo estuviese capacitada mentalmente para soportar tanta presión. Quizás yo, hoy, no quería atemorizarme por sus conspiraciones maquiavélicas ni las dificultades que traía consigo en sus clases. Quizás yo, hoy, no quería tener que estar sosteniendo los tubos de ensayo, ni los vasos precipitados o tener que cubrirme la boca y nariz de los extraños humos de las posiciones con una mascarilla que apenas sí funcionaba. Quizás yo, hoy, ni siquiera estaba facultada esencialmente para llevar a cabo ningún tipo de experimento, porque mi cabeza estaba totalmente distraída en la única persona que podía poner mi mundo de revés. Y estaba hablando justamente de Diana, con la cual, desde hace ya semanas, había comenzado una relación en secreto que se me escapaba de las manos.
- Sólo concéntrate, Akko. Recuerda lo que dijo la maestra Lukic… "Una gota de más puesta y acabarán haciendo desaparecer todo el salón".
Seguramente eso debía ser alguna fantasía de la maestra, que impulsaba a sus alumnas a estar más nerviosas que lo de costumbre y centradas al máximo en su tarea. Algo similar a como debería estar yo, pero con muy malos resultados.
- Lo sé, Lotte, tranquila, lo haré bien.
Aun así, intenté de darle algo más de confianza en mí, volviendo a lo que realmente me convocaba aquí: Colocar una mísera gota en el frasco de ensayo. No podía ser tan difícil, me decía internamente, moviendo mis manos en una inclinación que me permitiera verter el líquido purulento de forma perfecta en el frasco contrario, pero que incluso así, no dejaban de tiritarme. La posibilidad de fallar me atemorizaba, así que, suspirando, volví a donde estaba antes y tomé aire, conteniéndolo en mis pulmones antes de volver a tratar si quiera a mover uno de mis dedos. Sucy no se vio muy conforme con mi deceso.
- Este es el paso final. Si lo logramos, Akko, obtendremos un diez, seguro. ¿No quieres acaso tu primer diez, aunque sea grupal?
- Por supuesto que sí, pero…
- Entonces hazlo.
Muy bien, Sucy no estaba siendo muy considerada hasta este punto, lo que sólo me dejaba pensando en el por qué mejor no lo hacía ella. De nuestro grupo, era ella quien se sabía experta en creación de pociones mágicas y amante de las clases de Lukic-sensei. Dejarme las partes difíciles a mí, solo era una treta jugada únicamente para después poder echarme la culpa de los desastres y que todas las demás se enteraran de que fui yo, nuevamente, la torpe que devastó un salón completo. Qué injusticia.
Malhumorada, dejé los frascos sobre la mesa y me sostuve de ella, respirando en un intento desesperado por llamar a la buena suerte. Una vez lo hice, finalizando un cántico extraño que acababa de inventar, torné a sujetar otra vez los frascos y esta vez sí envalentonarme para hacer el intercambio, pero antes, una miradita al resto de los grupos no me haría daño ¿Verdad? Quiero decir, inspirarme para ejecutar las acciones que debía llevar a cabo, no es lo mismo que copiar ¿No? De igual forma, no me importa, así que lo haré de todos modos. Sólo una miradita, quizás… quizás al grupo de Amanda, porque apostaba a que ellas estarían en la misma situación de nosotras, la última gota.
Por lo que, con cautela, deslicé mis pupilas a través del rabillo de los ojos y me frené en cuanto hube divisado la cabellera enmarañada y bicolor de Amanda, siendo ésta, dentro de su grupo, la encargada del paso final. Entonces agudicé la vista para fijarme en cómo lo haría. Primero, tomando el frasco número 1 en su mano derecha y el número 2 en su mano izquierda, básico. Sonreí y seguí poniendo atención. Continuó ella con una sonrisa, mencionó algo que debió ser divertido a su parecer, pero no le entendí y, al parecer, ni Jasminka ni Constanze lo hicieron, ya que ni un ápice de risas se les escucharon; Amanda, por otro lado, fingió olvidarlo y seguir con su tarea, pero en el momento justo del derrame de la gota, una sombra negra opacó mi vista, logrando que mis intentos por emular a Amanda se vieran completamente frustrados. Y de verdad que hubiese reclamado de ser cualquier otra persona la que me estorbara, pero tratándose de la maestra Lukic, muy pocas posibilidades me hubieran quedado de aprobar esta materia de haberlo hecho.
Ella, con su figura encorvada, su cabello llegando casi hasta el suelo y su sonrisa arrugada y escalofriante, mirándome, fue suficiente para que yo me abstrajera y regresara de golpe a mi realidad, concentrándome de nueva cuenta en mis propios frascos. Pero antes de irse, la señora no tuvo reparo en burlarse un poco de mí.
- Espero que no esté mirando en otras direcciones cuando esté colocando la última gota de la pócima – Dijo y se giró estruendosamente, golpeándome la cabeza con el bastón antes de continuar. Menos mal y su golpe fue suave, pues, de lo contrario, todo el líquido de los frascos se me hubiese soltado – Concentración, señorita Kagari. No queremos más expedientes de explosiones en su hoja de vida – Yo reí forzadamente y asentí como respuesta.
- No se preocupe, Lukic-sensei, esta vez todo será seguro…
Y bajo mis risillas nerviosas, ella se alejó. Aunque algo en sus ojos no me dejó tranquila, porque en ellos podía leer claramente la palabra "FRACASO", iluminándose como cartel de neón. Ya nada. Suspiré. Si ni mi maestra ni mis compañeras de grupo se fiaban de mí ¿Cuál era el caso de que yo lo hiciera? A mi infortunio, le agrego nuevamente el zigzaguear el salón con mi mirada, recorriendo cada parte de él, buscando a la única persona que me importaba dentro. Diana estaba terminando el experimento con sus dos amigas y ninguna se veía incomoda con ello. Pues claro, bufé, con Diana cualquiera tenía un diez, asegurado, incluso siendo un burro.
Ahora que lo pienso, estas clases que no necesariamente son en grupos estratégicos, deberían ser aleatorias. Quiero decir, los grupos deberían seleccionarse al azar y no por el color de sus bandas. Sería justo para todas de ser el caso.
¿A quién quiero engañar?
Lo cierto, es que no me incomoda para nada trabajar con Lotte y con Sucy, ellas son mis mejores amigas, pero obviamente tendría una predilección especial por trabajar con Diana, si es que ello implicase obtener una nota más ventajosa para mi promedio final, además de poder pasar un poco más de tiempo con mi supuesta novia. Que, de novia, insisto, solo tenía el nombre.
Sin querer, terminé redundando nuevamente en el quehacer de un grupo ajeno al mío y cuando me detuve en el grupo azul, presté especial atención en Barbara, quien, contrario a lo que yo hubiese creído, siendo el paso más difícil y el que requiere mayor habilidad, estaba ejecutando el intercambio de la última gota. Con serias complicaciones, he de resaltar. Ella estaba sosteniendo los dos frascos frente a las miradas provisionales de sus restantes compañeras de equipo, Hannah un poco más suave que Diana, la cual parecía un témpano, cruzada de brazos y juzgando en todo momento los movimientos de su amiga. A Barbara, esto pareció afectarle y, por el breve segundo que la miró a los ojos, sus manos tiritaron con mucha más notoriedad. Hannah se percató, pero no dijo nada. Diana también se percató, pero por el tiempo en que se dedicó sólo a observarla, no hizo nada hasta comprender que debía ayudarla.
Así que, con una dulzura inherente a su recurrente actuar, ella le sonrió y posó una de sus manos sobre la de Barbara, dándole un par de instrucciones. Aquello no me fascinó de la mejor manera, pero me pareció que era lo indicado. Después, logrando un poco más de confianza, Diana volvió a dejar a Barbara actuar por sí sola, hasta que ésta, moviéndose más resueltamente, logró que ambas bocas de los frascos chocaran entre sí. Cuando esto sucedió, la rubia únicamente propinó un sublime golpe con el chasquido de sus dedos a la cara posterior del frasco en lo alto, provocando con ello que una sutil y necesaria gota cayese dentro de la pócima. El resultado fue como se esperaba, la gota cayó y una pequeña explosión de color rosado y brillos se esparció por el ambiente, dejando muy contentas a las tres integrantes del equipo azul.
¿Por qué nosotras no podíamos ser así de unidas?
Me giré para contemplar a Sucy y Lotte hablando entre ellas. Sugiriendo que se habían distraído en algún asunto en particular, lo que no debería ocurrir si están en mi equipo y tenemos un trabajo por hacer.
- Ya, chicas ¿Quieres ayudarme por aquí? – Les espeté, apretando con una fuerza inusual los dos frascos de mezclas mágicas en mis manos. Ellas me miraron y Sucy fue la primera en hablar.
- Solo vierte la gota que falta y terminemos con esto, quedan como unos quince minutos de clase.
- Pero ayúdenme – Insistí devuelta, agitándome – ¿Y qué sucede si me paso? ¡El salón completo estallará!
- Akko, yo no creo…
- Y es justamente lo que no debe pasar.
Un nuevo golpe en la cabeza me advirtió de la presencia de la maestra Lukic a mis espaldas, y éste fue incluso más fuerte que el anterior. Me quedará un triste chichón en la coronilla si sigue así.
- Pero sensei – Me dirigí a ella, con todo mi cuerpo girándose – No quiero que me salga mal.
- No hay ninguna razón para que eso ocurra – Ella negó y volvió a poner su bastón detrás de su cuerpo, siendo persistente en su labor de vigilarme – Vamos, señorita Kagari, si no lo hace, usted junto a su grupo reprobarán, tiene diez minutos.
- Akko, debes hacerlo rápido.
No importa cuanta insistencia de Lotte o reclamos de Sucy me hubiesen llegado, el hecho de que ahora sea yo la única que resta del salón por finalizar la pócima, me deja en una perfecta exposición a los ojos de todos quienes quieran verme y juzgarme. ¿Por qué la vida tenía que ser tan injusta conmigo?
Un lamento al aire y este es el principio del fin.
Agarré valor entonces y me puse en posición. Las demás también lo hicieron, cubriéndose con las mesas o preparando sus varitas. Cielos, incluso pude ver a Diana aguantando su mano en su cinturón, por precaución a lo que yo pudiese provocar. Qué poca confianza en mis habilidades. Pero no importa. Un poco más de aire y… aquí voy.
Sólo una minúscula gota.
Sólo una minúscula gota y ya.
¡Sólo una maldita minúscula gota era lo que me faltaba! ¡¿Alguna excusa para hacerme estornudar en ese preciso momento, por las Nueve Antiguas Brujas?! Como predije, todo se convertiría en un caos. Pero Diana siempre fue más rápida y lista que yo, por lo que, previendo la situación, ni siquiera tuvo que pensárselo dos veces para encerrarme en una barrera contenedora y dejar que solo yo me llevara la explosión conmigo. Justo ¿No? Quiero decir, yo lo provoco, yo respondo, yo me expongo. Pero, pudo haber sido un poco más considerada y sólo haber encerrado mis manos, podría vivir con ello.
El dolor que sentí a partir de ese momento, no se lo deseo a nadie, porque era un escozor que me consumía de pies a cabeza, uno que me mareaba y hacía que todo me diese vueltas. Vueltas que se tomaron la gentileza de mostrarme a la gente que se arremolinaba ante mí, todas ellas con rostros preocupados o asombrados. Lotte fue la primera que supe se acercó en cuanto caí al piso, ella me gritaba clamando por mi consciencia, pero, ni siquiera era capaz de recordar que pasó hace exactamente medio segundo atrás, no le iba a responder. Sucy, por otro lado, debió soltar algún comentario sarcástico hacía mí, que fue vaneado, de inmediato, por un bastonazo de la maestra en su cabeza. Y lo último que me propuse a mirar, ya con las fuerzas residuales de mi cuerpo, fueron los ojos de Diana, contempladores. No me importó su gesto molesto y desaprobatorio, pues sabía debía estarlo fingiendo, pero sus ojos eran un cuento muy distinto, porque ellos eran incapaces de mentirme. Y sabía exactamente lo que ellos querían decir. De ahí en más, todo se tornó en un eco lejano y oscuridad.
Con una comodidad avasalladora, creo jamás haberme deslizado en el cielo como lo hago ahora. Rodeada de tersuras blancas, reposando dentro de una nube que era magníficamente regada por luz matutina, cerniéndose entre sus detalles. Paz y tranquilidad, elementos cruciales a la hora de dormir, que eran completamente saciados en este cuarto de paredes blancas, pisos blancos, y repisas blancas copadas de distintos medicamentos y vendajes. ¿Cuándo había muerto y reaparecido en el paraíso? Meciéndome en la cama, no dejé paso a respuestas innecesarias ¡Estaba muerta! ¿A quién le importa saber en qué momento morí, si ya lo estaba? Mejor dejarlo así, mejor disfrutar de los pequeños placeres que me entrega el más allá, como esta exquisita cama de almohadas mullidas, sábanas tersas y colchones bendecidos con el hundimiento perfecto y placentero. Podría acostumbrarme a esto para siempre.
- Para siempre – Mascullé, devolviendo mis palabras al mundo real, donde repiquetearon en los oídos de alguien más allí presente. Sin saber de quien se trataba, pues la pereza de abrir los ojos era más fuerte que yo.
- ¿Akko? ¿Estás despierta? – La figura dijo con preocupación y sorpresa, más, no le di el gusto de ser respuesta. Sólo atiné a estirar todo mi cuerpo, creyéndome poseedora del secreto más bien guardado de la humanidad, mientras abría mis ojos acostumbrándolos a la luz. No fue gran sorpresa ver como una de las primeras cosas que se aparecía ante mí, era un lindo angelito al pendiente de mis movimientos. Él, con su cabello rubio atado en una cola de caballo y sus ojitos azules mirándome, se inclinó un poco y volvió a preguntar si me encontraba bien. Sin embargo, mi respuesta otra vez fue nula. A cambio, lo tomé de las mejillas y le sonreí, acariciando su rostro de arriba abajo, como si no creyera en su existencia.
- Brillas, brillas, criatura celestial del señor.
- Muy… bien. Estás loca, así que supongo que eso significa que estás bien – El angelito habló despreocupado y procedió a dejarme un tierno beso en la frente, el cual logró que me sonrojara. Los angelitos no deberían hacer eso, es como, violar las leyes divinas del cielo y la confraternización con los humanos.
- Pero yo estoy muerta, así que no importa – Mascullé al final y, otra vez estaban allí, los ojos confundidos del ángel, observándome.
- No estás muerta, Akko. Solo te desmayaste por la explosión en la clase de la maestra Lukic… y acabas de despertar, lo que es muy bueno, me tenías muy preocupada.
Sí, recuerdo eso. Y por eso mismo es que digo que estoy muerta. Nadie en su forma más sana podría haber soportado una explosión así, ni siquiera yo, a prueba de todo maltrato en esta vida, habido y por haber. No. Me giré sobre mi costado y negué suavemente con la cabeza. No me engañaría este ángel volteado para caer en las brasas del infierno. Estoy a un nivel superior a eso.
- Lo dices para que caiga en tus mentiras, pero no lo haré.
- No te miento, Akko – Su voz siguió sonando tenue, aunque ya lo hubiese descubierto en sus truculentos juegos – Estuviste inconsciente como por dos días, ya es sábado en Luna Nova.
- ¡Dos días!
Y, de pronto, mis ojos encontraron la fuerza necesaria para abrirse de golpe y sacudir mi cuerpo fuera de la comodidad intrínseca de la cama de la enfermería, mirando en todas direcciones, desorbitada.
Inconsciente durante dos días ¡Pude haber muerto! ¡Y todo por culpa de Diana! Qué ángel más embustero me dieron.
- ¡Tú me pusiste en un coma! Diana ¿Tienes idea de lo peligroso que fue? – Finalmente le grité, sacándome esta molestia creciente de mi pecho. Ella, por supuesto, vaciló antes de contestarme cualquier aberración que se le ocurriese.
- Pues, soy consciente de ello, pero… ¿Qué querías que hiciera? No soy fan de tener que hacerte daño, Akko. Lo sabes. Pero antes que todos…
- Mejor uno ¿No? Y eso que soy tu novia, por favor no me quieras tanto si es así como tratas a los que amas.
- No es que no te quiera – La volví a escuchar hablar, pero la verdad no quise hacerlo. En vez de ello, me crucé de brazos y volví a recostarme, sólo que esta vez, mi espalda era todo lo que podría ver de mí, si es que ella se decidiese a permanecer sentada al lado de la cama, no siendo el caso. Diana se levantó de su silla y apoyó ambas manos flanqueando mi cuerpo, en un acorralamiento digno de una presa valiosa. Gracias, al menos eso es mejor que nada – Sabes lo que siento por ti y… de haber pensado mejor las cosas, quizás hubiese planeado algún otro movimiento. Pero pasó muy deprisa ¿Quién diría que estornudarías? Tenía plena confianza en que lo harías bien y… Bueno, la vida es un poquito más dura contigo.
- Bastante, diría yo – La secundé, girándome apenas para lograr ver su rostro a unos centímetros de mi hombro. Diana seguía pendiente de mí, guardando hasta el más mínimo detalle con su pupila. Entonces, yo volví a dejar de mirarla, concentrándome en la ventana más alejada del cuarto, mientras percibía como ella movía su cabeza, asintiendo a mis palabras.
- Lo suficiente. Recuerda que no a todos les toca fácil. Pero quiero ayudarte con eso, no quiero hacerte daño.
Su dedo índice se rosó con delicadeza contra mi mejilla expuesta y se deslizó inteligentemente hasta acariciar mis labios resecos, de posibles dos días sin beber ningún líquido. No lo creo, el enojo todavía no se evapora. Ni con todas sus caricias, ni con todo su infinito cariño escapando de sus ojos. Ni siquiera sus besos servirían en estos momentos, aunque se sintieran tan sabrosos en la coyuntura de mi cuello.
Involuntariamente, dejé escapar un sonido que sonó muy extraño a través de mi garganta. Y si Diana lo escuchó, no lo sé, pero quise cubrirme la boca de todas formas, por si acaso volvía a pasar. No esperando que ella exhalara tan fuerte cuando presuntamente sí enganchó mi jadeo. A ello, le sumó, además, arrastrar la punta de su lengua por todo el largo y ancho de mi mandíbula, estremeciéndome a más no poder. Estos sentimientos dicotómicos no funcionan en mi mente, porque querer que siga y querer que se detenga, no pueden llevarse a cabo al mismo tiempo. Uno de ellos debía dominarme. Pero mi flamante novia no ayudaba en nada.
- Ya, Diana, detente. Este no es el momento ni el lugar para esto. Además, todavía no te he perdonado…
Quizás, el haberla empujado no fue lo más indicado de hacer, pero estando en mi posición, no veía más opciones aparentes. Diana estaba siendo extrañamente insoportable y pegajosa, y aquello comenzaba a fastidiarme.
- ¡Ya deja tus juegos y tómame en serio!
- Por supuesto que lo hago, Akko. Y para demostrártelo… – Ella me respondió y rápidamente se movió para retirar una bolsa de su bolsillo, agitándola frente a mis ojos. La sonrisa que apareció en su rostro, entonces, fue resplandeciente. Y supongo que creyó que yo me conformaría con eso, un tonto regalo sacado de tal vez dónde, con el que la perdonaría y todo esto quedaría en el pasado. Ah, pero no sabe cuan equivocada se encuentra. Aunque era llamativo, no le di importancia y seguí ignorándola, sin ninguna expresión aparente en la cara. Posiblemente, esto la confundiría más, pero ya no me interesaba lo suficiente – E-es un regalo… para ti.
- Puedes dejarlo en la mesa, lo abriré después.
- Correcto – Ella asintió, pero no hizo ningún amago de hacerme caso. Aquí seguía todavía, sin apartarse – Ah… Sé que tal vez no te importe ahora, pero te gustará cuando lo abras o, al menos, eso espero. Siento decir que no te conozco lo suficiente como para saber qué te gusta más.
- Por algo será ¿No? – Ella suspiró.
- Muy bien, no me quieres ver. Ya lo entiendo y lo mejor será que me vaya, antes de que alguien me vea contigo.
- Sí… genial… Haz lo que quieras.
Se despidió de mí con un beso en la sien y no agregó palabra incluso cuando cerró la puerta al salir de la enfermería. No pude verla marchar, pero algo dentro de mi pecho me decía que feliz no había estado. Aún así, no podía ser siempre tan blanda con ella. Habían pasado semanas en donde lo único que podía hacer con Diana era mirarla, a veces hablarle porque nuestros equipos se encontraban, otras porque de verdad necesitaba su ayuda en algo y, al final, parecíamos lo mismo que un par de amigas, amigas lejanas. Y sé, sé que es porque yo pedí que lo nuestro fuera un secreto, pero… No lo sé, yo a veces siento que esto se vuelve agridulcemente aburrido.
Al poco de pensarlo, acabé suspirando sobre la almohada y todavía así, ni siquiera tuve tiempo de lamentarme, pues cinco minutos después de que Diana desapareció por la puerta, ésta se abría de nuevo, dejando entrever a Lotte acompañada de Sucy y las demás chicas. Ellas al verme, se alegraron de que estuviera despierta y comenzaron de inmediato a narrarme todo lo que había pasado durante mi ausencia. Yo me senté para aparentar poner atención, sin embargo, no estaba muy concentrada en sus palabras. Sonreía cuando ellas lo hacían y asentía cuando escuchaba alguna pregunta. Y para mi suerte, estas acciones dieron frutos, pues ninguna sospechó nada… ¿Qué sospecharían de todos modos, si nada ha pasado?
- Déjame decirte que tienes mucha suerte – Amanda habló sobre todas las demás, por fin, captando mi atención. Yo la miré y alcé una ceja confundida, entonces le di el pie para que continuara – Lukic puede ser muy benevolente a veces, sólo a veces, y ha decidido dejarlas con una calificación de ocho. Nada mal para ser el único grupo que lo arruinó.
- Akko lo arruinó – Sucy dijo y yo suspiré, no queriendo escuchar más del tema. Y agradecía enormemente que Lotte estuviera conmigo para comprenderme.
- No creo que sea el momento para hablar de ello, pero sí… fue una buena calificación al final… - Ella sobó mis hombros con una sonrisa agraciada y luego se giró, sorprendida de ver una pequeña bolsa roja aterciopelada descansando sobre la mesita de noche al lado de mi cama – ¿Qué es esto? – Dijo y yo me apresuré a quitársela de las manos, ocultándola en mi pecho. Actitud demasiado sospechosa – ¿Algo personal?
- N-no… Bueno, sí… Es algo… Creo que es personal. Es que cuando desperté ya estaba aquí y… no lo he querido abrir por… por…
- ¿Por? – Amanda se aproximó con una actitud peligrosa – Vamos, Akko ¿Algún admirador secreto? Eso me parecería raro, ya que todas en la academia somos mujeres… ¿En qué juegos andas? – Su sonrisa ladina no me dejó tranquila y sujeté todavía más fuerte la bolsa entre mis manos.
- ¡No digas ese tipo de cosas! ¡Yo no estoy interesada en… eso!
- ¿En eso? – Amanda se cruzó de brazos. Me sorprende lo persistente que puede llegar a ser esta chica – Bueno, y si no le haces a "eso". Significa que debe ser de otro admirador ¿No? La pregunta es… ¿Cómo Andrew se enteró de que estabas enferma? ¿O acaso fue coincidencia?
- ¿Y quién dice que es de A-Andrew? – Ella levantó una ceja. Yo me sonrojé completa ¿De dónde saca esas conclusiones? – ¡N-no es de Andrew!
- ¿Y cómo lo sabes si no lo has abierto?
- P-porque no lo es ¡Ya deja de molestarme!
- ¡Oh, Dios mío! ¡Andrew! ¿Qué hace aquí?
El movimiento para mi fue fraccionado y no sé cómo pude caer en un juego tan absurdo. Claro que Andrew no estaría en la academia, no tenía motivos. Pero incluso así, yo giré mi rostro para mirarlo por la ventana, al mismo tiempo en que Amanda arrebataba la bolsa de mis manos y la abría enfrente de todas. ¿Se puede experimentar un para cardiaco a mi edad? Porque prometo que siento que voy a morir.
- ¿Qué es esta cosa? – Ella elevó un lindo llavero de cristal entre sus dedos con la figura de Alcor en él, y comenzó a menarlo sin nada de cuidado – ¿Un llavero? Pues, tu caballero no es esencialmente romántico que digamos… - Suspiré con alivio – ¡Ah, pero queda algo más! ¡Hay una nota!
- ¡Noooo!
Me puse de pie sobre la cama intentando desesperadamente arrebatársela, pero Amanda me esquivó fácilmente, comenzando a leerla.
- Mi linda Akko, quizás nuestra relación no ha sido perfecta debido a la distancia, pero eso no significa que no recordaré los momentos más importantes de ella. Y espero que esta sea la prueba… Este es un pequeño presente para celebrar nuestro primer mes en pareja… Te quiero mucho… Andrew.
- ¡¿Qué?! – Grité confundida, y todas se giraron a verme y luego a Amanda, la cual agitó sus hombros riendo burlona.
- Ya, ya, no dice Andrew aquí. Pero por lo roja que te has puesto, puedo apostar que se trata de él ¿No? ¡Uy! Qué escondido te lo tenías ¡En una relación a distancia, señorita Kagari! ¡Te haces la mojigata!
- No es así – Volví a caer sobre la cama, rendida por tantas emociones – Yo no tengo porque hablarte de ello.
- Bueno, por lo menos, ahora ya sabemos la razón por la que te mantenías tan distraída.
- Mierda…
Nuestro primer mes juntas ¿Ya en serio? ¿Un mes? ¿Cómo puede pasar así de rápido el tiempo? En un momento ella acaba de pedirme ser su pareja y, al otro, ya me hace regalitos tontos para recordarme que es mi novia y que me quiere mucho. Suspiré, apoyada en mi escritorio y jugando con la figura de cristal de Alcor entre mis dedos. He sido terrible ¡Terrible! Ni siquiera me hubiese acordado de ello, con accidente o sin él. Por eso Diana se comportaba tan melosa, de haberlo sabido…
- ¡Hugh! ¡De haberlo sabido! – Gruñí en voz alta, sacudiendo mi cabello con ambas manos.
- ¿Y ahora por qué te irritas? Has actuado como idiota todo el día – Yo me levanté de mi escritorio y asentí a las palabras de mi más amargada amiga.
- Sucy, eres demasiado observadora, o quizás, yo demasiado legible, pero ahora no quiero pensar en ello. Necesito tomar aire, necesito levantarme de esta silla y salir a tomar aire.
- ¿A las nueve de la noche? – Lotte cuestionó desde arriba en su cama y yo volví a asentir, abriendo la puerta – Pero va en contra de las reglas.
- Eso jamás me ha detenido.
Crucé el pasillo casi tropezando en mis propios pasos. Jamás creí que la tarea de correr se me diera tan mal estando nerviosa, pero allí estaba, llegando por fin a la habitación de Diana y tocando la puerta exageradamente. Los siguientes segundos que pasaron posteriormente, me parecieron infernales, y no alejé la vista del techo hasta que la puerta se abrió. Pero, decepcionantemente, no era a Diana a quien tenía en frente. Barbara se arregló la bata antes de preguntarme que hacía allí a estas horas.
- Es que necesito hablar con Diana – Le respondí, pero su gesto no se mostraba muy satisfecho – Me surgió una duda sobre una materia y quiero que me ayude.
- ¿Y a estas horas se te ocurre preguntar? Vaya, si Diana ni siquiera está aquí – Barbara se quejó y prontamente Hannah la acompañó, separando la abertura de la puerta para poder mostrarse entera. Yo la miré, tal vez con la misma cara de desesperación con la que le respondí a Barbara. Ésta se cruzó de brazos y no le dio más rodeos al asunto.
- Diana está haciendo la ronda centinela, como todas las noches. Si quisieras encontrarla, tendrás que estar fuera. Normalmente no le gusta que la molesten después de ella; se pone a estudiar; así que es tu única oportunidad para preguntarle lo que quieras preguntar.
- Extrañamente amable – Proclamé sin querer en voz alta, y antes de partir, les di una pequeña reverencia por la ayuda – Gracias, chicas.
- Sí, ya solo vete.
Nuevamente corriendo, al final, me preguntaba de qué tanto serviría todo este escándalo que estoy montando. Lo mejor sería que dejara a Diana tranquila por esta noche, que la dejara descansar y no sobre pensar las cosas que recientemente pasaron. Ella podría estar molesta sí, o mucho peor, herida y triste. Pero eso solo me hace pensar en que abandonar esta adrenalínica aventura sería lo mejor para las dos. Yo necesito pensar más lo que voy a decirle, más lo que ella podría querer escuchar, más de lo que realmente está pasando en esta pseudo-relación. Por lo que, me detuve a medio camino, entre los corredores externos de la academia y el patio principal, mirando la soledad del lugar y lo espeluznante de las estatuas en mitad de la noche. Sus sombras esparcían miedo en mi interior, pero la sensación reconfortante que encontré al echarme la mano en el bolsillo y sujetar a Alcor de cristal en mis dedos, me dio la confianza necesaria para seguir adelante, sintiendo el pasto haciéndome cosquillas en la planta de mis pies descalzos. Sólo ahora me daba cuenta de que no traía los zapatos puestos, mala suerte.
En fin, que, de igual forma, me propuse a andar por allí, curioseando los misterios que entregaba la oscuridad, tan silenciosa y fría. El viento también soplaba diferente, además de helado, escalofriante. No me imaginaba que así podía sentirse andar de noche por Luna Nova, completamente sola y sin ningún propósito rondando en mi cabeza. Todo vacío. Pero así era. Inmensamente apasionante.
Decidí, entonces, tomar asiento sobre la grama, estirando mis piernas y afirmándome con las manos. Allá, el cielo a lo alto, se veía bellísimo, tan lleno de estrellas y luces blancas. Ellas inspiraron en mí un sosiego tan grande, que involuntariamente cerré los ojos y me puse a respirar profundo, reteniendo el olor de la noche, su fragancia singular. Hasta que el eco silencioso de pisadas sobre el suelo, me advirtió de la presencia esperada de otro personaje misterioso. Al verla, sus ojos azules se me confundieron con lo majestuoso del cielo e, inconscientemente, alargué mis labios para recibir un beso de Diana, pero ella pasó de eso y se sentó a mi lado, después de que su capucha cayera sobre mi pecho. Mal, porque abría sido un beso perfecto, pero agradezco el hecho de recibir un poco más de calor. Me agarré del abrigo y terminé recostada en el suelo, siguiendo el recorrido de la vía láctea.
Diana, por otro lado, parecía muy ensimismada en sus pensamientos, lo que provocó un serio retraso en su posterior discurso.
- Hace frío – Ella profirió con gran prudencia, guardando su escoba a un costado de su cuerpo. Yo no le respondí nada – Y no deberías estar fuera, Akko. El toque de queda comenzó hace un buen rato.
- Tú estabas acá ¿Cómo es que puedes y yo no?
- Pues, yo hago las rondas nocturnas para evitar que alumnas como tú se mueran de frío. Es por eso por lo que tengo el derecho…
- Un privilegio, diría – Suspiré, girándome hacia ella y recordando la razón por la que estaba en este sitio en primer lugar. Yo llevé mi mano hasta el bolsillo de mi pantalón corto y de él saqué a Alcor, haciéndolo volar a través de las estrellas. Diana me miró, totalmente silenciosa, sin siquiera sonreír – Ya sé porque lo haces.
- ¿El qué?
- Las rondas de vigilancia… - Diana frunció los labios, no convencida de lo que hablaba. Aun así, quise continuar – Es porque cada vez que las llevas a cabo, puedes maravillarte con un cielo precioso, te envidio.
- Supongo que puedes tener razón en eso.
Pronto la vi recostándose a mi lado, a una distancia considerable, pero con la misma actitud relajada que podía ser común ver en mí, muy extraño verlo en ella. Sin preverlo, sus facciones se descomprimieron y una paz exquisita la envolvió, haciéndome sentir completamente embelesada por su tranquilidad. Diana podría ser como la noche, ella era como la noche, tan calmada y misteriosa a la vez. Tan oscura que me perdía, pero tan clara que me arrullaba. Yo no la entiendo, ni entiendo qué fue lo que vio en mí para decirme que le gustaba. Sin embargo, sus acciones eran muy decididas. Me gustaría tener esa confianza en mí misma, el poder de decir con toda certeza qué es lo que siento por ella, no complicarme, simplemente sentirla como algo innato en mí y, de la cual, no me será fácil escapar. Me gustaría no sentir la necesidad de, a veces, querer tenerla lejos y, otras, tenerla tan cerca que me asfixie, que no me deje vivir si no está a mi lado.
Alternativamente, siento que quisiera tenerla encima de mí todo el tiempo, tanto, que ni siquiera el más fino alfiler pudiese interponerse entre nosotras. Quisiera respirar el mismo aire que ella respira. Quisiera ser todo lo que sus ojos ven y que ella fuese todo lo que yo veo. Como ahora, que lo siento tan fuerte que hasta duele. Duele estar tan cerca de ella, pero a la vez tan lejos. Duele mucho.
- Oye ¿Qué tienes? – Sorprendida, miré a Diana acercándose a mí y arrugué el entrecejo, confundida de lo que me preguntaba.
- ¿Qué tengo de qué? – Le dije después, sintiendo como sus manos limpiaban lágrimas que de mis ojos salieron, sin que me diese cuenta. Ella viéndome preocupada.
- Estás llorando ¿Acaso estás triste por algo? – Asentí, bajo su consternada mirada – ¿Y qué es? ¿Por qué te has puesto de pronto así?
- Tengo miedo… Tengo miedo a que esto siga y ya no lo pueda detener, Diana. Un mes es mucho tiempo, es el suficiente. No más…
- ¿Quieres terminarlo ya? ¿Ahora?
Diana se acomodó entre mis piernas y apoyó sus codos al nivel del piso, mirándome intensamente. Se notaba preocupada, pero dudo que sea por lo que le estoy diciendo. Después de todo, ella siempre me pidió sinceridad con respecto a mis sentimientos y aquí estoy yo, siendo sincera con ellos.
- Es que no puedo hacerme cargo de todo esto, es mucho más grande que yo y no puedo. No puedo con la necesidad de quererte cerca todo el tiempo – Agarré su cara – O que no te separes de mí… No quiero ni imaginarlo, ni siquiera pensar en lo fuerte que esto se volverá y que, en algún punto de nuestras vidas, se tenga que terminar. Prefiero que sea ahora, que todavía me encuentro capaz de superarlo.
- Akko…
- Por favor, Diana. Terminemos con esto ¿Sí? Yo no soy buena para ti.
Hay silencio, yo cierro mis ojos, y como un murmullo que suena a través de todo lo que existe, solo su voz me paraliza al escucharla decir:
- Si quieres que terminemos, eso haremos.
Un alivio tremendo se generó en mi pecho tras oír aquello. Y como un globo de aire que lo pierde lentamente, me deshice sobre el pasto, sintiendo mi cuerpo totalmente relajado. Qué bien se sentía poder escucharlo, que saliese de sus labios y que lo entendiera tan bien. Porque esa es Diana, la chica que no se queja de lo que su vida le regala, ni de las decepciones, ni las tristezas. Aquello solo la hace más fuerte. Y eso es lo mejor para las dos, para ambas.
Sin embargo, ¿Qué es esta sensación que abruma todos mis sentidos? ¿Por qué Diana une nuestros labios cuando acabamos de terminar nuestra relación? Esto es exactamente lo inverso a lo que debería hacer. Ni su boca debería estar acariciando la mía, ni mi lengua acariciando la suya. No debería abrazarme y yo no debería abrazarla a ella, ni acercarla más, ni poseerla más. Por lo que, resistiéndome con un ímpetu impertérrito, logro increparla con dificultad, sobre su boca.
- Aléjate
Ella no demora en responderme, sin ningún signo de que vaya a hacerme caso.
- Nunca podría hacerlo.
Aquello me molestó de sobre manera y apreté más su cuerpo sobre al mío, preguntando con desagrado al hablar:
- ¿Por qué no? – A lo que ella respondió nuevamente, con gracia en sus palabras.
- Porque me tienes atrapada.
No sé si lo dijo de forma figurativa o no. Pero si de algo debiese estar segura, hasta este punto, es que lo de nosotras todavía no se acababa y, quizás, tenga mucho más para contar.
- Te amo…
Continuará (?)
Bueno, bueno, lo que digo siempre: Cualquier falta de ortografía, un hechizero lo hizo.
Y, ¿A qué no saben porque esta historia se llama reverso? (Un nombre bastante flojo)
Cambiando el tema, aprovecharé para dar gracias a todos los comentarios de mis One-Shot, que como son One-Shot, no puedo contestarlos, pero sí que los leo y les agradezco que gusten de mi forma de escribir y que esto los entretenga. Un poco de Diakko no le hace mal a nadie.
Así que, gracias a: LostNeko120, jaydisita.8709, Syaoran Li Clow, Fer, Darksun17, Weirdown25, Vanss Izumi, Wendy Dragnell y Yuzuchi Mbp (Escribiría más, pero me falta la tinta)
Que tengan buena tarde, día, noche.
L-Lauriet.
