El tiempo ha pasado, pero he leído sus comentarios y me he sentado escribir y continuar esta historia, que juro por mis manos, tendrá un final.

A no seeeer...


- Hagamos un pacto…

- Muy bien.

- Podemos seguir siendo novias, pero dame un tiempo para ordenar mi cabeza ¿Sí?

Recuerdo que después de decirle aquello, el rostro de Diana no se quedó tan satisfecho como esperaba, pero yo ya no podía hacer nada más. Esta cosa, estos sentimientos que me persiguen, son inexactos y me hacen sentir confundida. Me hacen querer huir de ellos porque no entiendo el pavor que me provocan. Estar con alguien, tener una relación formal con una persona, no es sencillo. Requiere de tiempo y sobre todo cercanía, algo que casualmente nosotras dos no tenemos y que, debo aclarar, yo no he hecho más que aumentar.

Ayer por la noche terminamos nuestra pequeña charla. Diana se notaba algo abatida, sin embargo, su rostro no lo reflejó por mucho tiempo y volvió a ser el mismo de siempre, con aires petulantes e impertérritos. Aquello me dio risa, pero hice de todo para ocultarlo y finalmente nos separamos a medio camino. Ella siguiendo su curso hacia las placenteras habitaciones de la clase alta y yo regresando a mi humilde trinchera.

Quizás muchos crean que fui algo egoísta al decidir por las dos, pero definitivamente esto será lo más sano para ambas. Antes existía una distancia inexpugnable, que ninguna de las dos quería, y ahora ésta se convirtió en una consensuada paritariamente. ¡Qué mejor!

- ¿Qué mejor?

Continué repitiendo, mientras mi brazos y puños se aferraban a lo blando de mi almohada. Todavía no me levantaba y todavía no había necesidad de hacerlo, pues las lesiones en mi cuerpo me habían brindado un asilo temporal, por al menos, unos dos días más. Bien, porque así tendría tiempo de limpiar mi mente de malos pensamientos y alivianar mi cuerpo de responsabilidades y las futuras muecas en el rostro de Diana.

Ya podía imaginarla, mirando desde su altura, sobre su empinada nariz. Con su cabello rubio platinado cubriendo sus dos hombros, el que fácilmente retira con un movimiento de manos elegante. Dulzura de chica.

- Y es que, si lo pienso bien, realmente no me gusta tanto.

Me senté sobre el colchón y miré al techo con convicción.

- Quiero decir, de las muchas razones por las que podría gustarme están… ¡Uno! Que es bonita y ¡Dos! Que es inteligente… y cariñosa, cuando puede serlo. Digo, eso no se lo puedo quitar. Tiene motivaciones lindas para hacer las cosas, pero a veces siento que… son tan… incorrectas. ¡Es como si me extorsionara para aceptar salir con ella! ¡Y es por es que no me gusta!

- ¿Desde cuando adquiriste el hábito de hablar sola?

De pronto, la insólita presencia de Sucy en la habitación, hizo que mi cuerpo se petrificara del terror al haber sido descubierta en tremenda confesión. Pero para mi suerte, ella no parecía realmente sorprendida por algo, así que eso todavía me daba la ventaja. Únicamente tenía que actuar con cautela. A discreción.

- ¿Qué haces aquí, Sucy? ¿No tenías clases? – Pregunté, intentando cambiar el tema.

- Por supuesto – Y para mi suerte, ella respondió como esperaba. Neutral – Es que olvidé un libro y lo vine a buscar antes.

- Jo. Y luego a mi sí me retan por olvidar algo, supongo que ahora tengo el permiso para burlarme de ti – Sonreí con sorna y la observé poner una de sus caras de fastidio cotidianas.

- Como digas, pero si quiera lo intestes, yo publicaré a los cuatro vientos lo que has estado hablando.

Ridículo. Simplemente ridículo. ¡No pude ser descubierta!


Al tercer día, ya sin excusas de por medio, en el desayuno estuve con la mirada fija a la tostada con mantequilla en mi plato, sin la capacidad de sostenerle ¡en ningún momento! la mirada a Sucy. Con la palabra "pánico" escrita en medio de la frente. Si era cierto lo que ella profesaba saber, yo estaba perdida y dependía exclusivamente de su silencio. Pero no había nada concreto. Solo paranoia pululando alrededor de mi cabeza.

Y quería que se detuviera, que se detuviera ¡ya!

- Akko.

- ¡¿QUÉ?!

Observé, con la espalda tensa, como Sucy y Lotte se taparon los oídos al oírme, e inmediatamente me giré hacia la persona que me llamada, teniendo el infortunio de que fuese Diana quien me recibía con una mirada inocente y sorprendida. No podía tener más mala suerte.

- Mmh… Buenos días, yo sólo quería ofrecerte mi desayuno. Pensé que tendría hambre por la mañana, pero la verdad no me encuentro muy bien, así que pensé en dártelo, ya que veo que el tuyo no te termina de convencer.

- ¿No te encuentras bien? ¿Qué te pasa?

Pregunté, e hice el ademán de levantarme, pero me detuve antes de hacer algo estúpido. Tenía a Sucy detrás de mí, tenía a Sucy detrás de mí.

- Es un dolor de cabeza – Diana respondió y dejó el pedazo de tarta sobre la mesa, a la vez que reacomodaba todos los demás objetos para que éste tuviera cabida, con la delicadeza de una dama – Me provoca ligeros mareos y prefiero no arriesgarme con los alimentos.

Okay. Quizás hasta este punto exista gente que se pregunte cómo es que Diana tiene un pedazo suculento de tarta, mientras que yo tengo como platillo principal una tostada con mantequilla fundida. La razón es más sencilla de lo que creen y se debe al dicho: "A quién madruga, Dios lo ayuda". Sólo que en este caso no es Dios, sino los cocineros que horneaban una cantidad fija de tartas para aquellos que se levantaban temprano y pedían una, las cuales se acababan hasta quedar solo pan con algún otro acompañamiento. Mi menú recurrente.

- ¿No crees que deberías ir a la enfermería, Diana? Quizás tengan algo para tu dolor.

Afortunadamente, Lotte también demostró interés en la salud de Diana y se convirtió en mi cuartada perfecta, porque ¿Qué hay de malo en que una amiga se preocupe por otra? Jaque mate.

- Supongo que es una buena idea y debí empezar por ahí. Muchas gracias.

Ambas se sonrieron amablemente. Y de alguna forma, me pregunté cuánto más podrían parecerse entre las dos. Atentas, educadas y respetuosas. Buena combinación.

- Entonces las dejaré.

- ¡Oh, Diana! Antes ¿Podrías decirle a Barbara que, si quiere pasar a buscar el volumen de Nightfall que quiere, lo haga antes de las cinco? Debo salir después.

- Lo haré, no te preocupes.

Entonces se alejó. Y aunque se vio tan normal como siempre, siendo la misma Diana que conocí en un principio, tuve la sensación de que aquella cortesía había sido totalmente planificada. ¿Se siente mal, se levanta temprano y pide un pedazo de tarta? Eso no me lo creo…

Sigue mimándome, indiscutidamente. Y viendo el dulce, puedo comprobarlo con certeza. Ni siquiera lo tocó. ¡Extorción!

- ¿Qué pasa? ¿Por qué lo miras tanto? – Sucy me habló de repente, sonriendo traviesa – ¿Temes que le haya echado veneno?

- Eso suena más a algo que harías tú.

- Y no lo discuto. Pero cambiando de tema ¿A dónde saldrás hoy, Lotte?

- ¿Uh? Ah – Lotte saltó desprevenida en su silla y sonrío avergonzada luego – No es nada, iré a la biblioteca de la ciudad y Frank me acompañara.

- Siguió insistiendo, ¿No? - La voz plana de Sucy y los sonrojos avergonzados de Lotte, me hicieron tantear los ojos de lado a lado, como en un partido de tenis. Esperando aquello que respondiese mi amiga en su lugar.

- Bueno, sí. Lo ha hecho tanto que no creo que sea malo darle una oportunidad.

- ¿Vas a salir con Frank? – E impertinente como ella sola, Amanda llegó a nuestro lado, guindando del cuello a Lotte – Más secretos en el grupo, eso no lo podemos permitir ¿Qué traman?

Jasminka y Constanze se unieron consecuentemente a la mesa.

- N-no, no es nada, A-Amanda – Lotte dijo, intentando aflojar su agarre, pero como no lo logró, fui yo la que tuvo que ir en su rescate, golpeando disimuladamente el brazo de mi única amiga americana e imprudente.

- Cuellos delicados - Dije y ella lo comprendió.

- Cierto, cierto. Pero ¿Qué pasa con ustedes chicas? Primero Akko con Andrew y ahora Lotte con Frank ¿Qué sigue? Sucy con… con… - Amanda se giró a la susodicha y la miró en seco – ¿Y a ti quien te gusta?

- Pues, tú podrías ser una candidata perfecta si quisieras prestarte para mis experimentos.

Amanda se rió con suficiencia.

- No me gusta por donde van los tiros, eso es raro.

- Y no soy la única rara en el grupo ¿No es así?

Aunque no lo dijo, sé perfectamente que Sucy se refería a mí, mirándome por el rabillo del ojo. Sin embargo, nadie entendió realmente a qué se refería, por lo que, la única en reír fue Amanda.

Esto se convertirá en un verdadero infierno, si sigue así.


Hoy estuve husmeando, sin querer, entre las cosas de la maestra Úrsula. Y con "sin querer", me refiero a aprovechar el tiempo en que no estaba, para así poder entretenerme con algo. Un papiro, una bola de cristal o algún artilugio mágico que tuviese que fuese lo suficientemente interesante como para mantenerme ocupada, pero como no lo encontré; a cambio, levanté un caleidoscopio común y corriente que me fascinó por sus colores y formas. Al llegar Úrsula y darme el pequeño repaso de su materia, también me dijo que podía llevármelo si me hacía tanta ilusión y yo acepté sin pensármelo dos veces. Un caleidoscopio podía ser muy interesante si se utilizaba de la manera correcta. Por lo que ahora, solo tenía que ocurrírseme cómo, mientras caminaba mirando por su lente multicolor, que me abstrajo lo necesario como para hacerme chocar con alguien.

Quitándomelo, no me tomó mucho tiempo descubrir la espalda de Diana frente a mí. Ella me miró, con una ceja alzada y un poco molesta. Y sabiendo que era yo, esa mueca no cambió.

Por otro lado, yo tragué forzadamente la saliva acumulada en mi boca.

- Perdón, no te vi.

- Ya me doy cuenta – Ella dijo y cerró el libro que la había mantenido distraída, para así seguir hablando – ¿Nuevo juguete?

- Me lo dio Úrsula-sensei. Muy bonito ¿No? – Yo respondí con real emoción en mi voz, extendiéndolo frente a sus ojos. Ella miró el caleidoscopio dorado y luego lo ignoró, como si no fuese tan grandioso. Preguntando a cambio otra cosa.

- ¿Qué pasó con el regalo que te di?

- ¿Qué regalo?

- ¿Nunca lo abriste? Fue el que te di en la enfermería… Pensé que tú…

- ¡Ah! El llavero, dices.

Entonces lo comprendí y asentí lentamente a ello, sonriendo de lado. Diana se alegró, de alguna forma, de que lo hubiese recordado y me lo dejó saber por esa sutil sonrisa ilusionada que me dio y que no tenía idea de que iba a quebrar tan rápidamente. Ni siquiera sé por qué lo dije.

- Lo perdí.

Con una sencillez tremenda, como si no me importara. Como si aquel pedazo de vidrio no tuviera nada especial para mí. Como si no fuera el primer regalo que recibo de una persona que me dice que me ama. Eso fue caer bajo, incluso para mí. Y aun así y con todo esto, no me dolió que su sonrisa se desvaneciera y sus ojos se entristecieran. Aquello me quemó por dentro.

- Entiendo, así que no te gustó.

- Era precioso, Diana. Pero tú me conoces… No soy muy buena cuidando las cosas.

- Posiblemente.

Su congoja fue palpable en ese instante y sentí las imperantes ganas de consolarla, sin embargo, no había razón para ello cuando yo lo había provocado a sabiendas. Simplemente, mi mirada se pegó sobre el caleidoscopio y se deslizó por él, de punta a punta, distrayéndome antes de que Diana quisiera volver a hablar, derrotada.

- Akko – Ella me llamó y levanté la mirada, sin que sus ojos llegaran a toparse realmente con los míos. Los de ella parecían, más bien, lejanos, apartados de la realidad terrenal.

- ¿Qué pasa? – Respondí entonces, sintiendo la garganta apretada.

- ¿De verdad sigues siendo mi novia?

Pregunta capciosa, difícil de responder. Incluso retórica, no debía responder. No debía mentirle y no debía ser sincera. Tenía que guardarlo y mostrarlo a la vez. Que ella me entendiese sin explicárselo. Y no hallando mejor solución al asunto, opté por un beso. Algo sencillo para las dos, algo que había ocurrido entre nosotras en más de una ocasión y que hace tiempo no pasaba. Sus labios tocando los míos o, más bien, lo míos enteritos sobre los de ella. En un movimiento abrupto, sorpresivo. Casi la hice trastabillar y su cuerpo involuntariamente se tiró hacia atrás, pensando en un ataque, pero resultando ser mucho más satisfactorio que aquello.

Un beso que funde y que no respira, que me provoca deshacerme arriba de ella, porque sé que me sostendrá, pero no sé hasta cuándo. Uno del que no me separo, pues tiene sabor a gloria y fresas dulces y frescas, que se vuelve fruicioso al sentir su jugo resbalando por mi boca. Yo lo quería de verdad, de verdad, verdad. Pero Diana…

Con su agarre firme en mis mejillas, no hizo falta que me lo aclarase. Supongo que lo estaba esperando y fue mi mejor movimiento.

Hasta que alguien se asomó de entre los pasillos.


Primero y lo aclaramos de inmediato: Cualquier falta de ortografía que pillen por ahí, ya saben ¡Un hechizero lo hizo!

Y segundo, pues, como ven es un capítulo corto y más consiso, ya que busco que sea más simple de leer y queden en claro algunas cosas que ya irán tomando forma. Comenzando por a entender a Akko.

Por otro lado, pretendo continuar esta historia y terminar las que queden pendientes, para así hacer nuevas, de otras temáticas tal vez.

Y aprovecharé también, para responder a algunos usuarios que me han estado pidiendo algunas cosillas.

- Primero, otro día en el paraiso está terminada, no more capítulos, aunque dije que sí, sólo porque no quiero que pase lo mismo que pasó con esta historia xD (que haya bloqueo autorístico escritil). Es malo forzarlo :v

- Segundo, alguien me preguntó (Un Guest, ¿Jade West? Ah, no,no, un Guest) que en qué otros sitios podía contactarme y para ello les digo, tengo un instagram con el nombre de L-lauriet, en donde puden seguirme si quieren preguntarme algo en concreto o alguna otra cosa, ya ven que si no subo historias es complejo poder responderles a tiempo y eso me produce pesar. Así que cualquier inquietud que tengan, ya saben donde encontrarme, además de aquí :D (y subo Diakko, lindo Diakko) *SPAM*

ADEMÁS QUIERO SABER SI ALGUIEN SIGUE PENDIENTE DE ESTA HISTORIA, ASÍ QUE SI QUIERES QUE LA CONTINÚE, NO DUDES EN DEJARME UN COMENTARIO Y 20 DOLARES, PARA QUE ESTA COMUNIDAD SIGA CRECIENDO.

like, favoritos.

L-lauriet

*No paro con el SPAM*

Sígueme ;D

*No paro*