Ya estamos por el quinto capítulo, sí señor.
Espero que hayan tenido unas
FELICES FIESTAS Y QUE EL AÑO LES TEMRINE IGUAL.
Cualquier falta de ortografía, les digo desde ya que, me dio mucha flojera revisarlas, así que por supuesto que habrá y ningún hechizero lo hizo. Son mías con mucho cariño para ustedes ¡MUA!
Admito que, durante mi corta vida estudiantil, he tenido muchos momentos de peligro en los que me he sentido al borde del precipicio, en suspensión, con la punta de mis zapatos rozando el borde de la montaña mientras pequeñas migas de tierra se desprende debajo de ellos. Una tras otra, como gotas en el lavado. Pero jamás en mi vida ¡En toda mi vida! Había pasado por un momento tan adrenalínico como éste y del que dependía toda mi futura estancia en la academia. No quería rumores, ni comentarios, ni miradas extrañas. Mucho menos el rechazo, que ya de por sí me había costado tanto superar. Tuve que escalar tan duro, tan fuerte, tan decididamente, que el sólo pensar en volver a caerme, era como creer que otra vez mi historia se repetiría. Y yo no quería empezar desde cero, volver a hacer todo lo que en un pasado hice, sólo por un estúpido error del cuál no estaba pudiendo escapar. En el cual, mi cuerpo no cooperaba y se quedaba entumecido en su sitio, esperando lo peor. Cerrando los ojos. Conteniendo el aliento.
Sin embargo, no estaba sola. Yo tenía una persona conmigo, alguien astuta y resuelta, que por muchas adversidades que le pusiese el destino en el camino, siempre sabía como levantarse y seguir adelante. Siempre encontraba la solución a los problemas y actuaba acorde a ello, sin dudarlo. Y siempre estuvo allí, en los momentos en lo que más lo necesité. Como yo con ella. Por lo que, cuando apenas sentimos los pasos ajenos acercándose paulatinamente a nosotras, tras el cruce de la esquina derecha en el pasillo, Diana fue lo suficientemente rápida como para escondernos detrás de un pilar, guardando silencio y observando cautelosa la zona.
Una chica pasó por ahí, una cualquiera, de esas que no yo tenía el gusto ni el disgusto de conocer. Y que, por suerte o milagro, no se enteró de nada; de nada además de un brillante caleidoscopio dorado tirado en el piso, que no dudó en recoger y llevar consigo. ¡Hugh! ¡Ese era mío! ¿Cuándo lo dejé caer? Como fuese, ya estaba hecho y en cuanto ella se alejó por completo, Diana y yo salimos de nuestro escondite, ya respirando mejor, pero con un duro pesar en el pecho.
- Hoy, hermanos, estamos de duelo – Comenté viendo el pasillo por donde perdí mi juguete y Diana hizo igual, sólo que sus ojos no estaban realmente dolidos. Ella estaba bien, pues no había perdido nada. Ella nunca pierde.
- Si tanto te gusta puedo comprarte otro – Me dijo después y yo rápidamente levanté mi mano en desaprobación. No necesitaba hacerlo.
- No. Está bien. Dejémoslo así. No se debe llorar sobre la leche derramada.
- Insisto, de verdad no me costaría.
¿Quién lo sabe? Quizás sí le costase, porque nunca sería el mismo caleidoscopio, no tendría ni su color, ni sus espejos. No tendría la misma experiencia, ni pertenecería a la mismísima Chariot. Definitivamente, no sería mi caleidoscopio, y si no era el mío, entonces ¿Para qué querría otro?
- Y yo insisto en que no hace falta. Ni siquiera alcancé a agarrarle cariño.
- Eso no me hace sentir mejor – Diana dijo y me vio con seriedad, cruzada de brazos – Aunque advierto que persistir es innecesario en estos momentos. Así que, cambiando el tema, debo decir que te la has jugado mucho hoy.
- Ni que lo digas – Suspiré aliviada de eludir una posible catástrofe – Y no volverá a ocurrir.
- Eso tampoco me hace sentir mejor.
- Pero lo importante es guardar las apariencias. No querrás que alguien se entere de lo de nosotras. Yo no quiero que la gente comience a comentar cosas raras y demás. Suficiente tengo con mi ya desgastada reputación. No quiero que se burlen de mí.
Puede que tras decir aquello, una fibra sensible se removiera dentro del corazón de Diana, y la moviera hasta que sus brazos quedaran agazapados a mi cuerpo, de forma cariñosa y para nada aprensiva. Se sentía cálido sobre su pecho y su palpitar lento y rítmico daba la sensación de estar en un lugar seguro, lleno de protección y mimos. Justo como ella.
Por unos minutos, me dejé llevar por ese encanto, por su cuerpo pegado al mío y por su aroma escapando de su piel en una combinación de jabones y perfumes con esencia cítrica. Envolvente. Y, no sé exactamente qué sentía ella en esos momentos, pero esperaba que al menos se encontrara tan a gusto como yo lo estaba ahora. Como, ser atractiva para ella también ¿Sabes? Que su nariz oliese mi cuello y que éste oliese tan bien como lo hacía el de ella, sólo que, a diferencia de Diana, yo no usaba ningún perfume, ni siquiera alguna colonia. Eso era cosa de Lotte, ella sí se tomaba el tiempo para arreglarse de forma adecuada. Pero yo, era una historia completamente distinta. Podía bañarme si me levantaba temprano. Cosa que usualmente no pasaba, así que optaba por hacerlo en las tardes, a veces. Y de cosméticos y otras cosas, ni se hable. No es que particularmente no quisiera hacerlo, pero no era algo que rondara mi cabeza constantemente, era prescindible para mí.
Aun así, Diana debería considerarse con suerte al tener a alguien tan naturalmente linda como yo a su lado.
- No todos los días una chica tan bien parecida como yo, te deja abrazarla de forma tan íntima… Digo.
"Ay, no. Lo dije en voz alta."
Menos mal, la risa de Diana era disimulada, porque de haber sido otra, ya me hubiese querido morir. Ella me miró y dejó un beso en mi frente, apartándome el flequillo, para luego volver a ordenarlo en su lugar. Siempre tan perfeccionista.
- Estoy de acuerdo, no todos los días sucede – Dijo, y por más que intenté tomarlo como una broma, su rostro afable más me convencía de lo contrario. Ella estaba hablando en serio – Gracias por permitírmelo. En especial, porque estos días has estado actuando un poco extraño.
- No me conoces, quizás actúo así a menudo, sólo que tú no lo habías notado.
- A ver, sé que eres extraña, pero me refiero a tu ostentosa forma de rechazarme constantemente; evitarme, más bien dicho – Diana se alejó un poco de mí para mirarme a los ojos con sus inexpresivos ojos azules. Generalmente tenía esa manía de representar nada más que seriedad con ellos. Muy pocas veces parecían advertir otro sentimiento – No te siento cómoda, no te había sentido cómoda hasta ahora. Y sé que ya hablamos de esto y que quedamos en un acuerdo, pero… ¿Realmente quieres seguir? No quiero forzarte a nada y lo sabes…
- Y no me fuerzas, Diana – Yo repliqué, dando palmadas en su pecho hasta lograr separarme totalmente de él, fuera de su alcance – Y sé que la situación ha estado tensa desde ese entonces, pero que sepas que estoy tratando de solucionarlo.
- Tienes un problema – Ella expresó convencida y yo elocuentemente lo negué.
- ¡No! Es otra cosa… Es… Tú no lo entenderías.
- Si me lo explicaras, tal vez sí.
- Intenté explicártelo días atrás, pero no dio resultado. Diana, esto es más grande que yo y tomará tiempo para que decida qué hacer.
- ¿Y en tanto qué? ¿Quieres que te espere?
- Pues… sí, si eso quieres.
- No lo sé, se siente raro. Es como si solo estuvieras diciéndome esto, porque no quieres asumir que realmente no sientes lo mismo que yo por ti. Ya te lo dije una vez…
- Y no necesitas repetírmelo – Puse un dedo sobre sus labios y continué hablando yo – No sigas haciendo esto más incómodo de lo que ya es.
- ¿En serio sientes algo por mí?
- Eso creo.
- Muy bien…
A la hora de la cena, mientras la mayor parte de las alumnas ya se encontraban en el comedor, me topé con Diana de casualidad. Yo ya estaba sentada en mi mesa, la que generalmente acostumbrábamos a ocupar Lotte, Sucy y yo cada vez que veníamos a comer, y por azarosos movimientos de pupila, la mía cayó sobre la de ella, mientras ésta caminaba hacía otra mesa vacía, bastante alejada de la nuestra. Creo que la saludé sacudiendo los dedos disimuladamente y ella me sonrió de la misma forma, terminando por perderse una vez que yo me di la vuelta para seguir hablando con Sucy. Estábamos solas, Lotte ya se había ido hacía una hora y parecíamos bastante desanimadas sin una de nosotras presentes. Especialmente Sucy.
- A veces siento que no te entretienes lo suficiente conmigo ¿Sabes? – Comenté entonces, tratando de devolverla a la Tierra, mientras ella sorbía y sorbía una caja de jugo de hongos. Asqueroso. Sucy me miró y lentamente dejó de sorber, pero no me dijo nada – Es como la vez que Annabel estuvo aquí. Te veías tan sombría porque Lotte no había venido a clases y me molestaste todo el día.
- Bueno… A veces, usualmente, tiendes a ser muy ruidosa y yo necesito tranquilidad para hacer mis cosas o que te distraigas con alguien más. Con Lotte, por ejemplo.
- Así que ocupas a Lotte como chivo expiatorio. No lo había pensado – Deduje, frunciendo un poco la nariz – Eso es muy grosero con ambas. Sucy malvada.
- Tú opinión sobre mí es algo que realmente no me preocupa ni un poco.
- ¡Hugh! Estás más borde de lo usual ¿Problemas?
- No por el momento.
- ¡Oh!… ¿Sientes envidia de Frank?
No sé por qué lo dije, ni mucho menos sé de donde saqué la valentía para declarar una cosa como esa. No obstante, la mirada monótona y pérdida de Sucy, no fue lo que esperé en un inicio. ¿A qué sería peor atenerse? ¿A su tranquilidad o a su enojo? Lo cierto es que su actuar tan calmado, no provocaba nada de confianza en mí. Fue que, por ese lapso, ella siguió bebiendo, se detuvo, dejó la caja de lado y disimuladamente miró detrás de mi hombro, en una dirección fija. Yo me temí lo peor y, girando mi cuerpo para observar lo que veía a mis espaldas, me percaté de la mirada penetrante de Diana sobre mí.
¡¿Por qué justamente estas cosas me pasan a mí?! ¡¿Por qué Diana tiene que comportarse como una psicópata conmigo?!
Por supuesto que me volví lo más rápido que pude y me entregué de lleno a la leche de mi cena, a la vez que fingía que aquí nada ocurría, excepto por la mirada de Sucy menoscabándome.
- ¿Sabes? – Ella dijo tan repentinamente, que me congelé en mi puesto – He empezado a notar que Diana te mira mucho… ¿Acaso eso se deberá a que…?
- ¡No se debe a nada! – La frené antes de que continuara y aproveché de cambiar el tema – Lo que pasa es que te estás escapando de nuestra conversación anterior.
- ¿Por insinuar que de alguna forma me intereso por Lotte? ¿O que quizás me guste? – Yo asentí sonrojada hasta las orejas – Pues no, en absoluto. Solo la considero mi amiga.
- Pues bien, entonces deja de estar tan molesta por todo y anímate un poco más.
- Me pregunto porque ahora sacas a relucir tanto este tema.
- ¿Cuál tema?
- Ya sabes. Que te guste una chica… Yo creo que estás ocultando algo y lo haces acusando a otras personas.
- Eso es ridículo – Sonreí, cruzándome de brazos – En cualquier sentido es casi obvio que me gustan los hombres, ustedes mismas lo han notado.
- ¿Lo dices por Andrew? – La vergüenza pudo más que yo y asentí, sonrojándome todavía más – Entonces es cierto lo que dijo Amanda ¿Estás saliendo con él?
- ¿Eh? – Parpadeé – Por supuesto que no.
- ¿Y de quién era el regalo que te mandaron?
- Pues, no lo sé… La carta no tenía remitente ¿No?
- Es un fallo técnico, nada difícil de comprobar. Teniendo la caligrafía de la persona en cuestión podríamos saber a quién pertenece… Lástima que fuera solo Amanda quien la leyó… Y tú, claro.
- No me fijé en eso ¿Cómo podría?
- ¿Y no se te hace extraño? De la nada alguien te deja un regalo y te dice que, de hecho, han estado saliendo durante un mes completo y tú lo niegas todo… No me creo que exista alguien lo suficientemente loco como para inventar una relación contigo, mucho menos si se trata de ti. Además de que te has estado comportando de forma extraña, a veces desapareciendo por largos periodos de tiempo. Y si no es alguien de Luna Nova… Teniendo en cuenta que no conoces más personas fuera de la academia, no podría poner en duda de que se trata de Andrew o… Quizás, alguien que comparta más contigo… ¿Qué tal Diana?
Estoy completamente segura de que Sucy no podría estar diciendo esto, sino hubiese escuchado lo que dije aquella vez en la habitación. Esto estaba siendo simplemente un juego del que ella estaba segura iba ganando. Pero yo no se lo dejaría tan fácil. Así que ahora me tocaba actuar con naturalidad y fingir no saber de qué hablaba.
- Andrew o incluso Diana, son personas a las que respeto muchísimo y ambos me agradan, pero no pasan de eso. Ser personas agradables. A Andrew con suerte lo veo y Diana… Ni siquiera somos lo suficientemente cercanas como para que insinúes que tenemos algo, además del claro hecho de que es una chica… Respecto a la carta, estoy considerando que se pudo tratar de una broma y, por supuesto que me avergonzaría de una broma así, eso es jugar con algo muy personal y que me cuesta aceptar… Y… ¿No te parece raro que Amanda se tomara tantas molestias para quitarme la carta y burlarse de mí? ¿Qué tal si ella misma la plantó? Regalarme un llavero es tan insignificante, que es como si alguien lo hubiese planeado a la rápida y lo hubiese puesto ahí sin más. Un juego de niños, hasta a mí se me hubiera ocurrido algo mejor.
- Mmh… No lo había pensado de esa manera, puede que estés en lo correcto, por primera vez en tu vida.
Amenaza neutralizada.
Cuando Lotte llegó a la habitación pasadas las ocho de la noche, su rostro se mostró sorprendido al tenernos a todas allí dentro. A nosotras y al grupo de Amanda compartiendo un rato de ocio. Claro esto no la molestó y, con su siempre amable sonrisa, saludó a cada una con un movimiento de mano tímido y calmado. Pasó a sentarse junto a Sucy, a los pies de su cama, mientras todas permanecíamos haciendo un círculo en derredor, sentadas en el escritorio o en las camas sobrantes. Y luego de eso, se formó la expectación e incertidumbre de su salida con Frank, cosa que todas queríamos saber, pero que Lotte no parecía advertir.
Ella se veía como si nada, viendo nuestros rostros pendientes de sus movimientos. Hasta que preguntó:
- ¿Qué pasa con ustedes? – Sintiéndose incómoda, mientras se arreglaba los lentes.
- ¿Qué sucede contigo? – Le pregunté yo devuelta, queriendo saber más – Saliste con Frank ¿No? ¿No piensas contarnos cómo te fue?
- Ah, pues, no es realmente nada – Lotte se acomodó más sobre el colchón y sonrió – Llegué temprano a la biblioteca y me puse a mirar libros… Frank llegó unos minutos después y me acompañó un momento. Luego me invitó a tomar helados, pero le dije que tenía otras cosas que hacer… Básicamente me acompañó a todo lo que iba y… ¡Cierto! Eso me recuerda – Ella dijo de pronto y se giró a su bolso para sacar de él un paquete, extendiéndolo a Sucy – Encontré esto… Creo que te sirve para una de las pociones que estabas intentando hacer ¿No?
- ¿Qué es? – Esta lo tomó con curiosidad, pero sus ojos no lo dejaron entrever con seguridad. Levantó el paquete entre sus manos y allí lo dejó, frente a frente.
- Mmh… Se llama "Rayo de luz Azul" y es una esencia para pociones curativas, que puede ser usado en otras cosas igualmente. Pensé que te serviría…
Creí ver una sonrisa más tímida en Lotte entonces, y sus ojos azules se mostraron brillantes a través de sus lentes. Parecía feliz, ella se veía feliz. Pero no podría asegurar de que se trataba por algún sentimiento o anhelo de ser reconocida por Sucy. Eso es casi imposible. Ella misma me lo dijo, que la consideraba sola una amiga. Pero ¿Qué pasaba si se daba el caso de que Lotte no la considerara de la misma forma? ¿Y si a Lotte le gustaba Sucy?
Involuntariamente, me quedé mirando la escena por más tiempo del debido. Y mis orbes se volvieron a topar con los de Sucy, monótonos e inexpresivos. Durante ese momento, sentí que extrañaba a Diana y quería ir a verla, pero al mismo tiempo, pensé en lo raro que sería si lo dijera en voz alta. Como…
- Me pregunto por qué siempre nos juntamos todas nosotras, pero nunca invitamos a Hannah, Barbara y Diana… Ellas también son como nuestras amigas ¿Saben?
Decirlo fue mucho más fácil que pensarlo y al segundo ya tenía a todas sobre mí, asombradas.
- ¿Qué quieres decir? – Preguntó Amanda – Qué te gustaría pasar tiempo con ellas?
- Es un decir, sólo me lo preguntaba… Lotte se lleva bien con Barbara y a Hannah le gusta la comida de Jasminka…
- ¿Qué hay de Diana? – Sugirió Lotte luego, planteándose la misma pregunta.
- A ella nadie la soporta, y sus dos amigas no son mejores.
- Pero a mi parecer Diana es muy cordial con nosotras – Siguió hablando Lotte, en respuesta a Amanda – Quizás es porque no te has detenido a conocerla bien. Yo pensaba que Barbara tampoco era muy simpática, pero me equivoqué y ahora la considero una buena amiga.
- No podría decir lo mismo ni de Hannah ni de Diana. La señorita perfección es muy aburrida y con ella me sentiría prisionera y Hannah es bastante grosera cuando se lo propone.
- No tiene muchas diferencias contigo, entones – Me burlé, sacando alguna que otra sonrisa, excepto de mi amiga pelirroja.
- Lo que sea. Prefiero mantener una relación distante con ellas… No quiero escucharlas gimotear y decir: Ay, allí viene la delincuente. O cosas como esas. Pobre de las personas que se emparente en algún caso con ellas, sufrirán como no tienen idea.
- Yo creo que exageras…
- Tú me lo dirás. Son prejuiciosas, discriminadoras y Hannah y Barbara jamás le hubieran hablado a Akko si no fuera porque esta loca salió detrás de Diana. Nos hubieras ahorrado un dolor de cabeza de no haberla devuelto.
- Y no hubiéramos liberado la magia al mundo, si no hubiera estado ella.
- Sobrevalorada.
Sobrevalorada.
¿Será acaso esa la palabra que define a Diana? A mi me parece mucho más que eso o, quizás, mucho menos, dependiendo de cómo se le mire. Aunque definitivamente sus dos amigas no son mejores y, en cierto modo, Amanda tiene razón, ni Hannah ni Barbara me hablarían si Diana no se comportase más dócil conmigo. Incluso puede que todavía ni siquiera les agrade ni un poco. Y ¿Qué dirían si Diana les revelara que está saliendo conmigo? ¿Le dejarían de hablar? ¿Dejarían de ser sus amigas? O ¿Fingirían que no pasa nada? Como ahora ¿Qué dirían mis amigas si se enteraran de que salgo con Diana? Amanda por supuesto que estaría en desacuerdo ¿Y las demás? ¿Fingirían que no les importa?
- Ese es un problema…
- ¿Ven? Akko sí está de acuerdo conmigo.
Cuando el atardece se pone, las estelas que escapan del sol trepan hasta llegar a lo más alto del cielo, sin alcanzar la oscuridad. Cuando ellas llegan a este punto, se distinguen tres colores, el azul oscuro, el violeta y el anaranjado, los cuales forman una postal hermosa en la cual se pueden apoyar mis ojos, mientras mis pensamientos se pierden en la inmensidad de la vida, aquí, en lo alto de la Torre Luna Nova. A veces me pregunto por qué este lugar siempre está tan vacío si la vista es bellísima, hasta que recuerdo que está prohibido venir aquí sin permiso y entonces me comienzo a preocupar. Menos mal a Finnelan-sensei jamás se le ha ocurrido que yo podría llegar tan alto, porque de lo contrario ya me hubiera bajado de un tirón de orejas.
En fin, sucede que necesitaba descansar, despegarme un poco de la realidad y subir a soñar, como lo hacía en un principio. Imaginando que algún día seré tan grande como Chariot y alcanzaré las estrellas, montana en una escoba casi tan rápida como la Shooting Star. Eso sucederá, algún día, pero por lo pronto, me toca esperar y desearlo con todo mi corazón.
- ¡Cielos!… ¡Qué ganas de ver a la siempre maravillosa Diana!...
Procuré decirlo en un decibel loable, al mismo tiempo en que mi espalda se extendía sobre el frío piso de piedra. Sin embargo, jamás esperé que mis plegarias fueran cumplidas con tanta diligencia con tal de que, al abrir los ojos para evitar dormirme, la imagen de Diana apareciera sobre mi cabeza. Su rostro se veía extrañado y era sombreado por la solapa de su gran sombrero de bruja, el cual iba a juego con el uniforme de la academia. Ella me observó y sonrió, y yo rápidamente me senté, sintiendo mi corazón a mil.
- ¿Y tú que rayos haces aquí? ¿Acaso ahora me espías, psicópata?
Aquella frase no pareció sentarle muy bien y su expresión se endureció un poco. Diana se había ofendido.
- Si estoy aquí, no es precisamente por ti. Tengo asuntos que resolver en mi casa que es a donde me dirijo.
- Vaya, vaya. Así que eso era…
Dije y me apresuré a ponerme de pie, escondiendo las manos en los bolsillos de mi chaleca naranja, a la par que escrutaba con diversión la figura de Diana. Ella estaba nerviosa, aunque no sé por qué. Yo no estaba haciendo nada del otro mundo más que mirarla, mirarla y acercarme. Hasta que me posicioné detrás de ella y la abracé por la cintura, apegándome a su cuerpo. Entonces pregunté:
- ¿Y por qué no me llevas contigo y me presentas a tu tía como tu novia?
- ¡¿Qué?! – Diana se crispó de inmediato – Es un juego ¿Verdad? – Yo me reí y la solté.
- Por supuesto que sí ¿Acaso enloqueciste? Nunca me presentaría ante tu tía de nuevo, me mataría si le dijésemos lo nuestro.
- Muy probablemente. Sacas de quicio a cualquiera con tus tonterías.
- Pero aun así me amas…
Fibra sensible. Diana a veces podía ser tan débil cuando se trata de mí. Ella simplemente se sonroja y todo comienza a fluir por su cuerpo, y se siente incluso estando a un par de centímetros. Su respiración pesada y sus movimientos torpes.
En un principio, puedo declarar, que esto no siempre fue así. Ella antes sabía controlarse mucho mejor, parecía tan segura de todo lo que hacía. Pero desde el día en que me dijo que me amaba, todo se volvió un tropiezo para ella. Ahora dudaba mucho y se avergonzaba más a menudo, en especial cuando yo se lo recordaba en tono de burla.
- En fin, yo ya me voy.
- Muy bien, no veremos cuando vuelvas.
Diana se montó en su escoba y, tan pronto como recitó el hechizo, se detuvo en medio del aire, flotando, para luego voltearse en mi dirección con la cara totalmente roja. Aquello me sorprendió muchísimo y me pregunté qué era lo que le ocurría, pero sin moverme ni un ápice de longitud. Ella seguía estática y vacilante.
- Ahm… Me ausentaré por dos días – Comentó y yo sonreí de lado, sacudiendo los hombros.
- Vaya, dos días sin mi acosadora ¿Qué será de mí sin ti? ¿Acaso quieres que te dé un recuerdo?
- Bueno, más o menos.
Diana bajó de la escoba y volvió a ponerse delante de mí, un poco más segura de lo que había estado segundos atrás. Entonces supe que seguía a continuación, pero se me daba excelente fingir demencia para estas cosas, por lo que hoy tocaba torturarla un poco. Solo un poco, nada más.
- Bien, siendo ese el caso – Yo hablé y tiré de uno de mis cabellos, tendiéndoselo luego con una gran sonrisa en la cara – Puedes quedártelo y olerlo cuando quieras.
- No es a eso a lo que me refería.
- ¿Acaso quieres uno más íntimo?
- ¡¿De qué diablos estás hablando?!
- Me refiero a un objeto más personal – Me mordí la lengua, divertida – Como… Una pestaña o… Una pelusa de mi bolsillo derecho.
- A veces ni siquiera sé por qué lo intento – Ella suspiró – Pero ¿Sabes? Esta vez no caeré. Ni siquiera lo intentaré por todo lo que ha estada pasando.
- Una lástima porque sí me hubiera gustado un besito de despedida.
"Sé que quieres demostrar que eres más fuerte que esto, Diana, pero ahora verás que es imposible. Esto es una fuerza envolvente que te atrapa sin dejar salida. Tira y empuja, y tu no harás nada para cambiarlo, porque dependes tanto física como mentalmente de ello. Te vuelves frágil e indefensa. Y cualquier cosa que haga yo a continuación puede dañarte más de lo que podría cualquiera. Igual como me pasa a mí contigo. Amar a alguien es un suplicio."
"Un verdadero calvario del que he querido huir todo este tiempo, pero del que todavía estrecho un lazo demasiado fuerte como para romperlo. Odio tanto quererte. Mi vida sería tan sencilla si no tuviera que estar contigo. Si no me hubiera dado cuenta de lo mucho que me gustas y de lo divertido que puede ser pasar el rato a tu lado, incluso cuando no hacemos nada, incluso cuando solo te veo ocupada o de lejos. Incluso cuando sé que todo sería maravilloso como antes, si no me viera enlazada al inmenso cariño que te tengo."
"De verdad te quiero, pero no quiero volverme más frágil."
Bueno, en este capítulo, yo creo que por fin entendemos lo que pasa realmente por la cabeza de Akko. Pero lo importante es lo que sigue a continuación, el cómo Akko se adaptará y qué desiciones tomará a partir de esto. Que, esperemos, sean las correctas para ella y no necesariamente para su relación.
Siento que al escribir desde dentro de la cabeza de Akko, empiezo a darle más razón a ella que a lo que sucede fuera. Es parte de escribir, supongo.
Por otro lado, agradezco mucho que les siga gustando esta historia, que me digan como se sienten (Frustrados y sufridos porque Akko no trata bien a Diana) Y la deuda de los 20 dólares la dejaré pasar, por ahora Bl Sólo por tratarse de ustedes.
Respecto a Diez pasos hacia ti, esa no está terminada, tengo que hacerlo, LOL.
No olvides dejar tu hermoso comentario en los reviwes de este capítulo, porque si no lo haces me da la lesera (me frustro) y no escribo nada. Así soy yo, me rayo demasiado con las cosas y luego me oculto hasta nuevo aviso.
Y, una última pregunta ¿Qué opinan del omegaverse?
Yo ahí lo dijo.
L-lauriet
