Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 1
Contrario a la creencia popular, la primera vez que Lambo uso la bazuca de los 10 años fue un accidente, desconocido por su familia y con un arma aun sin terminar.
- ¡Bam bam! – Las risas y efectos especiales de sonido que solo podía producir un niño jugando era lo único que se escuchaba en el lugar. - ¡Lambo-sama ha ganado nuevamente! – Risas de victoria siguieron.
En medio de un almacén de armas se encontraba un pequeño niño con traje de vaca y un afro, jugando con el arma más grande que había podido encontrar. Los "trofeos" de cada una de sus victorias decoraban el suelo, muñecos que habían sido derrotados por el niño y un arma que apenas podía sostener, junto con otros tipos de armas, polvo y objetos diversos que se podían conseguir en una armería.
- ¡Y ahora iras tú! – Con gran dificultad el niño apunto con su arma favorita de la tarde a otro de los muñecos de práctica, a uno de los pocos que quedaba, y disparo.
Humo rosa lleno el lugar, junto con las risas de un niño que no veía nada de malo en jugar con cosas que en verdad no eran para jugar. El lugar había sido dejado abierto y la curiosidad y el aburrimiento hicieron todo lo demás. Luego de que el humo se dispersara, el muñeco estaba en el suelo, "derrotado", cosa que solo hacia sonreír de sobremanera.
O al menos así fue hasta que se tropezó con unas balas y cayó en su cara, perdiendo el agarre de su arma.
- Debo… debo… - No iba a llorar, los grandes guerreros no lloraban, así que-¡puff!
-… intolerable, no vamos a tener más opción que aniquilarlos Juudaime. - ¿Eh?, pensó mientras trataba aun de no llorar, ¿pero no era que no había nadie?
Ojos de un color marrón chocolate fue lo primero que vio, unos ojos muy dulces, como los de su nana. Esa persona, un completo desconocido, le sonrió como su nana.
- Hey, ¿cómo te sientes? – El hombre, porque no sabía de qué otra forma llamarlo, se llevó una mano al bolsillo de la camisa y para su sorpresa saco caramelos. – ¿Quieres?, son muchos para mí. – Tanto los ojos como la sonrisa eran muy cálidas, muy amables.
- ¡Así nunca va a aprender Juudaime! – Su mirada se desvió a un hombre que en verdad si le daba miedo, en especial con esa cara de rabia. No le gustaban esas caras, siempre significaba gritos y regaños y castigos…
- Hayato, por favor retírate. – Pestañeo varias veces al ver a la otra figura levantarse.
- Pero-
- Retírate. – Con un gran ceño fruncido, el hombre murmuro algo por lo bajo y se fue casi lanzando la puerta. – Lambo, ¿verdad?
El desconocido llego hasta donde estaba, agachándose a su altura y revolviendo su cabello con una mano, ofreciendo un caramelo con la otra.
- ¿Cómo sabe el nombre del gran Lambo-sama? - ¿Y por qué le sonreía así?, solo su nana le sonreía de tal modo.
- Porque es imposible no conocer al gran Lambo-sama. – La sonrisa se hizo más grande, pero no de mala manera. – Soy Tsunayoshi, pero solo puedes decirme Tsuna si gustas. – Alejándose un poco el señor abrió uno de los caramelos para sí, llevándoselo a la boca. - ¿Seguro y no quieres uno?, hay muchos.
Tímidamente tomo uno de la mano del hombre, sin saber cómo tomar esta ocurrencia. Este no era su sitio de juegos, no tenía ni idea de quien era esta persona o en donde esta-
- No seas tímido, ten. – Con manos amables, el señor junto sus manos y dejo muchos caramelos. – Son todos tuyos, pero no le digas a nadie quien te los dio, ¿sí? – El señor le sonrió aún más y le guiño el ojo, como alguna especie de secreto.
Abrió la boca para preguntarle quien era, porque le daba esto, pero todo se llenó de humo rosa y se vio solo, de regreso con todos sus "enemigos caídos". Su arma favorita de la tarde cayo a su lado, aun soltando algo de humo rosa.
